El Papa: “La verdad es Alguien”

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Resumen de todas las intervenciones de Benedicto XVI en su viaje a Estados Unidos. El Papa ha animado a los católicos estadounidenses a demostrar con su alegría y su vida coherente que los cristianos tenemos una propuesta para el mundo, tenemos a Alguien.

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DISCURSO ANTE LA CASA BLANCA

Libertad y responsabilidad: “Vengo como amigo y anunciador del Evangelio, como uno que tiene gran respeto por esta vasta sociedad pluralista”.

“Confío en que los americanos encuentren en sus creencias religiosas una fuente preciosa de discernimiento y una inspiración para buscar un diálogo razonable, responsable y respetuoso en el esfuerzo de edificar una sociedad más humana y más libre.”

“La libertad es no sólo un don, sino también una llamada a la responsabilidad personal. La defensa de la libertad es una llamada a cultivar la virtud, la autodisciplina, el sacrificio por el bien común y un sentido de responsabilidad ante los menos afortunados. Además, exige el valor de empeñarse en la vida civil, llevando las propias creencias religiosas y los valores más profundos a un debate público razonable”.

ENCUENTRO CON LOS OBISPOS EN WASHINGTON

Cristo, el centro. “La gente necesita que se le recuerde cuál es el fin último de su vida. Sin Dios, nuestras vidas están realmente vacías. La meta de toda nuestra actividad pastoral y catequética, el objeto de nuestra predicación, el centro mismo de nuestro ministerio sacramental ha de ser ayudar a las personas a establecer y alimentar semejante relación vital con “Jesucristo nuestra esperanza”.

La vida matrimonial. “Un tema de profunda preocupación es la situación de la familia dentro de la sociedad. El divorcio y la infidelidad están aumentando, y muchos jóvenes hombres y mujeres deciden retrasar la boda o incluso evitarla completamente”.

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“Es vuestro deber proclamar con fuerza los argumentos de fe y de razón que hablan del instituto del matrimonio, entendido como compromiso para la vida entre un hombre y una mujer, abierto a la transmisión de la vida. Este mensaje debería resonar ante las personas de hoy, ya que es esencialmente un “sí” incondicional y sin reservas a la vida, un “sí” al amor y un “sí” a las aspiraciones del corazón de nuestra común humanidad, a la vez que nos esforzamos en realizar nuestro profundo deseo de intimidad con los demás y con el Señor”.

Acompañar a los sacerdotes. “Uno de los signos contrarios al Evangelio de la vida es el abuso sexual de los menores. Habéis recibido de Dios una responsabilidad como pastores de vendar las heridas causadas por cada violación de la confianza, favorecer la curación, promover la reconciliación y acercaros con afectuosa preocupación a cuantos han sido tan seriamente dañados”.

“La gente necesita que se le recuerde cuál es el fin último de su vida. Sin Dios, nuestras vidas están realmente vacías”.

“En este momento una parte vital de vuestra tarea es reforzar las relaciones con vuestros sacerdotes, especialmente en aquellos casos en que ha surgido tensión entre sacerdotes y obispos como consecuencia de la crisis. Es importante que sigáis demostrándoles vuestra preocupación, vuestro apoyo y vuestra guía con el ejemplo”.

Oración. “Tenemos que redescubrir la alegría de vivir una existencia centrada en Cristo, cultivando las virtudes y sumergiéndonos en la oración. El tiempo pasado en la oración nunca es desperdiciado, por muy importantes que sean los deberes que nos apremian por todas partes”.

Secularismo. “Lo que necesitamos es un mayor sentido de la relación intrínseca entre el Evangelio y la ley natural por una parte y, por otra, la consecución del auténtico bien humano, como se encarna en la ley civil y en las decisiones morales personales.

“El Evangelio debe ser predicado y enseñado como modo de vida integral, que ofrece una respuesta atrayente y veraz, intelectual y prácticamente, a los problemas humanos reales. Creo que la Iglesia en América tiene ante sí en este preciso momento de su historia el reto de encontrar una visión católica de la realidad y presentarla a una sociedad que ofrece todo tipo de recetas para la autorrealización humana de manera atrayente y con fantasía”.

El abandono de la práctica religiosa. “La salvación -la liberación de la realidad del mal y el don de una vida nueva y libre en Cristo- está en el corazón mismo del Evangelio. Hemos de redescubrir, como ya he dicho, modos nuevos y atractivos para proclamar este mensaje. En la liturgia de la Iglesia, y sobre todo en el sacramento de la Eucaristía, es donde se manifiestan estas realidades de manera más poderosa y se viven en la existencia de los creyentes; quizá tenemos todavía mucho que hacer para realizar la visión del Concilio sobre la liturgia como ejercicio del sacerdocio común y como impulso para un apostolado fructuoso en el mundo”.

Opus Dei - El Papa con  los obispos de EEUU en el Santuario Nacional de la Inmaculada  Concepción.

El Papa con los obispos de EEUU en el Santuario Nacional de la Inmaculada Concepción.

Escasez de vocaciones. “La oración misma, nacida en las familias católicas, fomentada por programas de formación cristiana, reforzada por la gracia de los sacramentos, es el medio principal por el que llegamos a conocer la voluntad de Dios para nuestra vida”.

MISA EN EL NATIONALS PARK STADIUM

Cultura católica para cambiar la sociedad: “Percibimos signos evidentes de un quebrantamiento preocupante de los fundamentos mismos de la sociedad: aumento de la violencia, debilitamiento del sentido moral, vulgaridad en las relaciones sociales y creciente olvido de Dios”.

“La fidelidad y el valor con que la Iglesia en este país logrará afrontar los retos de una cultura cada vez más secularizada y materialista dependerá en gran parte de vuestra fidelidad personal al transmitir el tesoro de nuestra fe católica. Los desafíos que se nos presentan exigen una instrucción amplia y sana en la verdad de la fe”.

“Pero requieren cultivar también un modo de pensar, una “cultura” intelectual que sea auténticamente católica, que confía en la armonía profunda entre fe y razón, y dispuesta a llevar la riqueza de la visión de la fe en contacto con las cuestiones urgentes que conciernen el futuro de la sociedad americana”.

La Confesión: “Confiemos en el poder del Espíritu de inspirar conversión, curar cada herida, superar toda división y suscitar vida y libertades nuevas”. Estos dones se encuentran sobre todo en el sacramento de la Penitencia.

“El Evangelio debe ser predicado y enseñado como modo de vida integral, que ofrece una respuesta atrayente y veraz, intelectual y prácticamente, a los problemas humanos reales”.

“La fuerza libertadora de este Sacramento necesita ser redescubierta y hecha propia por cada católico. En gran parte la renovación de la Iglesia en América depende de la renovación de la regla de la penitencia y del crecimiento en la santidad”.

UNIVERSIDAD CATÓLICA DE WASHINGTON

En la Universidad, Fe tangigle: “La identidad de una universidad o de una escuela católica no es simplemente una cuestión de número de estudiantes católicos, sino que es una cuestión de convicción. ¿Creemos realmente que el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado? ¿Aceptamos la verdad que Cristo revela? En nuestras universidades y escuelas, ¿la fe es “tangible”?

Alumnos y amor a la verdad: “Los educadores cristianos pueden liberar con confianza a los jóvenes de los límites del positivismo y despertar en ellos la receptividad por la verdad, por Dios y por su bondad. De este modo, ayudaréis también a formar su conciencia, que enriquecida por la fe, abre un camino seguro hacia la paz interior y el respeto por los demás”.

“Cuando no se reconoce nada como definitivo por encima del individuo, el criterio último de juicio es el yo y la satisfacción de los deseos inmediatos del individuo”.

ENCUENTRO INTERRELIGIOSO EN CENTRO JUAN PABLO II

Convivencia interreligiosa. “Hoy, jóvenes de todas las religiones se sientan uno al lado del otro en todas las escuelas del país, aprendiendo unos con otros y unos de otros. Esta diversidad plantea nuevos retos que imponen una reflexión profunda sobre los principios fundamentales de una sociedad demócrata”.

Derecho a la libertad religiosa. “¡Ojalá otros asegunden con valor vuestra experiencia dándose cuenta de que una sociedad unida puede ser el resultado de una pluralidad de pueblos con la condición de que todos reconozcan la libertad religiosa como un derecho civil fundamental”.

“Los líderes espirituales tienen el deber y la competencia de poner en primer plano las preguntas más profundas de la conciencia, de despertar a la humanidad al misterio de la existencia humana, de dar cabida en un mundo frenético a la reflexión y la oración”.

Las huellas de Jesús. “De cara a estos profundos interrogantes que tocan el origen y el destino del género humano -señaló el Papa- los cristianos proponen a Jesús de Nazaret. El deseo ardiente de seguir sus huellas lleva a los cristianos a abrir sus mentes y sus corazones al diálogo”.

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“Quizás en la tentativa de descubrir nuestros puntos comunes hemos olvidado la responsabilidad de discutir con calma y claridad de nuestras diferencias. Mientras unimos siempre mentes y corazones en búsqueda de la paz, debemos escuchar también con atención la voz de la verdad”.

DISCURSO A LA ONU

Reglas internacionales y libertad. “En el contexto de las relaciones internacionales, es necesario reconocer el papel superior que desempeñan las reglas y las estructuras intrínsecamente ordenadas a promover el bien común y, por tanto, a defender la libertad humana. Dichas reglas no limitan la libertad. Por el contrario, la promueven cuando prohíben comportamientos y actos que van contra el bien común, obstaculizan su realización efectiva y, por tanto, comprometen la dignidad de toda persona humana”.

Los derechos humanos, ¿legales o justos? “La experiencia nos enseña que a menudo la legalidad prevalece sobre la justicia cuando la insistencia sobre los derechos humanos los hace aparecer como resultado exclusivo de medidas legislativas o decisiones normativas tomadas por las diversas agencias de los que están en el poder”.

“Quizá hemos perdido de vista que en una sociedad en la que la Iglesia parece a muchos que es legalista e ‘institucional’, nuestro desafío más urgente es comunicar la alegría que nace de la fe y de la experiencia del amor de Dios”.

“Cuando se presentan simplemente en términos de legalidad, los derechos corren el riesgo de convertirse en proposiciones frágiles, separadas de la dimensión ética y racional, que es su fundamento y su fin. Por el contrario, la Declaración Universal ha reforzado la convicción de que el respeto de los derechos humanos está enraizado principalmente en la justicia que no cambia”.

Creyentes y ciudadanos. “Obviamente, los derechos humanos deben incluir el derecho a la libertad religiosa, entendido como expresión de una dimensión que es al mismo tiempo individual y comunitaria, una visión que manifiesta la unidad de la persona, aun distinguiendo claramente entre la dimensión de ciudadano y la de creyente”.

Es inconcebible, por tanto, que los creyentes tengan que suprimir una parte de sí mismos -su fe- para ser ciudadanos activos. Nunca debería ser necesario renegar de Dios para poder gozar de los propios derechos.

Constructores de la sociedad. Los derechos asociados con la religión necesitan protección sobre todo si se los considera en conflicto con la ideología secular predominante o con posiciones de una mayoría religiosa de naturaleza exclusiva. No se puede limitar la plena garantía de la libertad religiosa al libre ejercicio del culto, sino que se ha de tener en la debida consideración la dimensión pública de la religión y, por tanto, la posibilidad de que los creyentes contribuyan la construcción del orden social”.

CATEDRAL DE SAINT PATRICK

Comunicar la alegría de la fe: “Quizá hemos perdido de vista que en una sociedad en la que la Iglesia parece a muchos que es legalista e ‘institucional’, nuestro desafío más urgente es comunicar la alegría que nace de la fe y de la experiencia del amor de Dios”.

La metáfora de las vidrieras: “Los ventanales con vidrieras [de una iglesia], vistos desde fuera parecen oscuros, recargados y hasta lúgubres. Pero cuando se entra en el templo, de improviso toman vida; al reflejar la luz que las atraviesa revelan todo su esplendor. Igualmente [la Iglesia debe] atraer dentro de este misterio de luz a toda la gente”.

“No es un cometido fácil en un mundo que es propenso a mirar ‘desde fuera’ a la Iglesia, igual que a aquellos ventanales: un mundo que siente profundamente una necesidad espiritual, pero que encuentra difícil ‘entrar en el’ misterio de la Iglesia”.

Opus Dei -

“También para algunos de nosotros, desde dentro, la luz de la fe puede amortiguarse por la rutina y el esplendor de la Iglesia puede ofuscarse por los pecados y las debilidades de sus miembros. La ofuscación puede originarse por los obstáculos encontrados en una sociedad que, a veces, parece haber olvidado a Dios e irritarse ante las exigencias más elementales de la moral cristiana”

SEMINARIO DE SAN JOSÉ

[A enfermos]

Discapacitados: “A veces es un reto encontrar una razón a lo que parece solamente una dificultad que superar o un dolor que afrontar. No obstante, la fe nos ayuda a ampliar el horizonte más allá de nosotros mismos para ver la vida como Dios la ve. El amor incondicional de Dios, que alcanza a todo ser humano, otorga un significado y finalidad a cada vida humana”.

[A seminaristas]

Libertad bien entendida. “hay que salvaguardar rigurosamente la importancia fundamental de la libertad”, que “puede ser malentendida y usada mal, de manera que no lleva a la felicidad que todos esperamos, sino hacia un escenario oscuro de manipulación, en el que nuestra comprensión de nosotros mismos y del mundo se hace confusa o se ve incluso distorsionada por quienes ocultan sus propias intenciones”.

“Lo más importante es que ustedes desarrollen su relación personal con Dios. Esta relación se manifiesta en la oración. No temáis el silencio y el sosiego; escuchen a Dios, adórenlo en la Eucaristía”.

“A menudo se reivindica la libertad sin hacer jamás referencia a la verdad de la persona humana y en lugar de la verdad -o mejor, de su ausencia- se ha difundido la idea de que, dando un valor indiscriminado a todo, se asegura la libertad y se libera la conciencia. A esto llamamos relativismo.

La Verdad no es algo sino Alguien. “La verdad no es una imposición. Tampoco es un mero conjunto de reglas. Es el descubrimiento de Alguien que jamás nos traiciona; de Alguien del que siempre podemos fiarnos. En definitiva, la verdad es una persona: Jesucristo. Ésta es la razón por la que la auténtica libertad no es optar por “desentenderse de”. Es decidir “comprometerse con”.

Cuatro tesoros: “Hay cuatro aspectos esenciales del tesoro de nuestra fe: la oración personal y el silencio, la oración litúrgica, la práctica de la caridad y las vocaciones”.

“Lo más importante es que ustedes desarrollen su relación personal con Dios. Esta relación se manifiesta en la oración. No temáis el silencio y el sosiego; escuchen a Dios, adórenlo en la Eucaristía. Permitan que su palabra modele su camino como crecimiento de la santidad”.

GROUND ZERO

Paz y conversión. Dios de la paz,
concede tu paz a nuestro violento mundo:
paz en los corazones de todos los hombres y mujeres
y paz entre las naciones de la tierra.
Lleva por tu senda del amor
a aquellos cuyas mentes y corazones
están nublados por el odio.

Algunos escritos de Josemaría Escrivá

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Breve biografía sobre el Fundador del Opus Dei escrita por José Miguel Cejas

Un aspecto importante de la siembra de santidad de Josemaría Escrivá en los cinco continentes es el de sus escritos. Su obra más popular es Camino, gracias a la cual se han acercado al Señor miles de almas. En el año 2002 se habían editado cerca de cuatro millones y medio de ejemplares de este libro en 43 idiomas.

Dios le concedió lo que había pedido en su oración años atrás: escribir libros de fuego: A pesar de sentirme vacío de virtud y de ciencia (la humildad es la verdad…, sin garabato), querría escribir unos libros de fuego, que corrieran por el mundo como llama viva, prendiendo su luz y su calor en los hombres, convirtiendo los pobres corazones en brasas, para ofrecerlos a Jesús como rubíes de su corona de Rey.

Camino

Se considera este libro un clásico de la espiritualidad cristiana de nuestro tiempo. Consta de 999 puntos para la meditación personal. En 2002 apareció un documentado estudio crítico-histórica de este libro, a cargo de Pedro Rodríguez.

Santo Rosario

Josemaría Escrivá compuso este libro para facilitar el rezo del Rosario y la contemplación de los misterios, a la luz de la vida de infancia espiritual. Concluyó con unos breves comentarios sobre las letanías a la Virgen. Lo redactó en la iglesia de Santa Isabel de Madrid, durante la acción de gracias tras la Comunión, un día de la novena de la Inmaculada de 1931.

Es Cristo que pasa

Es una recopilación de 18 homilías pronunciadas por Josemaría Escrivá entre 1951 y 1971, ordenadas conforme al año litúrgico.

Conversaciones con Mons. Escrivá de Balaguer

Este libro recoge siete entrevistas con periodistas de importantes diarios y revistas de la prensa internacional, concedidas por Josemaría Escrivá durante los años 1966-1968. Se abordan en estas entrevistas cuestiones muy diversas: desde las libertades individuales al puesto de la mujer en la sociedad

Se incluye la homilía que pronunció en el Campus de la Universidad de Navarra, en 1967, titulada: Amar al mundo apasionadamente.

Amigos de Dios

Colección de 18 homilías, pronunciadas entre 1941 y 1968, que abarcan diversos aspectos de la vida cristiana. Fue la primera obra póstuma aparecida tras el fallecimiento de Josemaría Escrivá.

Vía Crucis

Esta obra, nacida de la oración personal de Josemaría Escrivá, consta de textos y puntos de meditación sobre las catorce Estaciones. Sigue muy de cerca el relato evangélico de la Pasión de Cristo. Fue la segunda obra póstuma que salió a la luz.

Surco

Este libro, de estructura similar a Camino, consta de 1000 máximas de meditación espiritual, que Josemaría Escrivá había dejado ordenadas en 32 capítulos antes de fallecer.

Forja

Esta obra consta 1055 puntos de meditación espiritual, con una estructura similar a Camino.

Amar a la Iglesia

Josemaría Escrivá hace en esta obra profundas y hermosas reflexiones sobre la Iglesia y el sacerdocio. El libro recoge tres homilías pronunciadas por el Autor entre 1972 y 1973: “El fin sobrenatural de la Iglesia”; “Lealtad a la Iglesia”; “Sacerdote para la eternidad”.

ITALIA El secreto del Opus Dei

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“El Opus Dei: Ficción y realidad”, es un libro de M.J.West

Roma, marzo de 1986. A pocas personas, en la Ciudad Eterna, debieron pasarles inadvertidas las acusaciones realizadas durante ese mes. Todos los periódicos del país dieron la noticia. Se acusaba al Opus Dei de ser una sociedad secreta. Se decía que los 80.000 miembros de la organización estaban gobernados por unos estatutos secretos, que el Opus Dei era la versión católica de la proscrita Logia Masónica P2. Una coalición de miembros anticlericales del Parlamento italiano exigía que el Gobierno declarase la organización fuera de la ley.

El caso se inició con una serie de acusaciones hechas en la revista radical L’Expresso. Otros diarios y revistas de parecida tendencia hicieron lo mismo. Para muchos observadores estaba claro que todo se reducía a una campaña de calumnias lanzadas desde la prensa. Las medidas que acto seguido tomó el Parlamento eran más serias. Se iniciaron con una serie de preguntas sobre la naturaleza del Opus Dei. La punta de lanzas de las imputaciones era que el Opus Dei tenía una oscura finalidad política, que sus “leyes secretas” exigían que sus miembros obedecieran en todo y mantuviesen oculta su pertenencia a la organización.

Hacía años que todo esto se venía fraguando. Algunos comentaristas venían utilizando, en sus artículos sobre el Opus Dei, una terminología propia de la intriga política y el espionaje internacional. Ahora bien, si se analizaban esos artículos y se prescindía de la retórica, no quedaba más que la afirmación gratuita de que el Opus Dei era una asociación secreta.

El Opus Dei no se cansaba de repetir que sus miembros podían tener la postura política que quisieran; que la Obra era una institución de la Iglesia de finalidad exclusivamente espiritual; que no tenía ninguna finalidad política, ni siquiera una doctrina propia; que seguía en todo las enseñanzas de la Iglesia Católica.

Algunas personas aceptaban estas explicaciones; otras las rechazaban y seguían insistiendo en que el Opus Dei tenía un trasfondo político.

El sensacionalismo en torno al Opus Dei surgió poco después de que un joven sacerdote, don Josemaría Escrivá, lo fundase en España en el año 1928. Una de las primeras acusaciones, hechas ante un tribunal especial, era que el Opus Dei constituía una rama judaica de la masonería. Pero la imagen política no adquirió carta de naturaleza hasta finales de la década de los años cincuenta, cuando algunos miembros del Opus Dei se convirtieron en ministros del Gobierno español. En los años sesenta, los más prominentes fueron Gregorio López Bravo y Laureano López Rodó, conocidos como “los lopéces”. Ambos ocuparon diversas carteras ministeriales, aunque su labor fue especialmente importante en Industria y Planificación. Muchos les consideraban los principales artífices del milagro económico español y su labor les mereció la etiqueta de “tecnócratas”. Otro miembro del Opus Dei, Vicente Mortes, que llegó a ser ministro de la Vivienda, procedía, sin embargo, de las filas del falangismo.

Todos ellos mantuvieron siempre que sus motivaciones políticas eran personales y no tenían nada que ver con el Opus Dei; que en su vida profesional eran completamente libres y actuaban con plena independencia. A pesar de todo, se fue extendiendo la idea de que el Opus Dei pretendía hacerse con el poder en España. Lo curioso era que muchos miembros del Opus Dei se oponían al Gobierno. Algunos incluso llegaron a ser encarcelados por motivos políticos. Otros fueron expulsados de España, como Rafael Calvo Serer, editor del diario Madrid, periódico que fue suspendido por oponerse al Gobierno del que formaban parte López Bravo y López Rodó. Pero todo esto era mucho menos tenido en cuenta que el hecho de que varios miembros del Opus Dei estuviesen en el Gobierno.

El ataque desencadenado contra el Opus Dei en Roma, el año 1986, tenía otras características. Estaba claro que apuntaba más arriba. Prominentes figuras de la vida pública tomaban posiciones. Conocidos elementos anticlericales, personas que no habían recibido educación religiosa, eliminada de las escuelas italianas, atacaban al Opus Dei. Uno de los críticos era Franco Bassanini, que había sido líder de una asociación católica antes de alinearse en las filas de los enemigos de la Iglesia, y que ahora era también miembro del Parlamento.

Entre los que defendían al Opus Dei estaban Flaminio Piccoli, líder de los cristiano-demócratas, y Giuseppe Azzaro, vicepresidente de la Cámara Baja del Parlamento.

Era evidente que lo que habían publicado algunos periódicos había oscurecido la reputación del Opus Dei, por lo que algunos parlamentarios urgieron al Gobierno que tomara cartas en el asunto.

Así las cosas, el Gobierno decidió ocuparse seriamente del tema. El doctor Oscar Luigi Scalfaro, ministro del Interior, juez y abogado, anunció que iba a abrirse una investigación y que se informaría con detalle al Parlamento. Por fin iban a ponerse sobre el tapete las acusaciones contra el Opus Dei.

Mientras esperaba el resultado de la encuesta, me dispuse a investigar por mi cuenta…

Al sudoeste de Roma, en un suburbio que pocos turistas se aventuran a visitar, unos cuantos chavales surgen de un inmueble medio en ruinas y empiezan a vagabundear por la calle. Uno de ellos arrima un montón de leña junto al muro y luego lo arroja contra una empalizada que hay encima. Otros dos se sientan en el quicio de una puerta; uno de ellos, más pequeño, llora; el otro tiene la mirada perdida en las pintadas y en los amarillentos carteles políticos que adornan las paredes. La ropa tendida cubre las fachadas de los sucios bloques de- viviendas humildes. En una bandera de confección casera puede leerse: Risanamento inmedi’ato! Risanamento totale! (¡Saneamiento ahora! ¡Saneamiento total!).

Así era el Tiburtino. Los pobres afluían a él procedentes del sur de Italia (de Sicilia, de Calabria, de los Abruzos) en busca de unas migajas de la prosperidad industrial. Algunos encontraban empleo y mejoraban sus condiciones de vida, pero la mayoría tenían que refugiarse en viviendas hediondas. Los chiquillos buscan un sitio entre los coches aparcados para jugar al fútbol. Otros, más mayores, buscan otras maneras de descargar sus tensiones… (En un bloque de apartamentos vi tres jeringuillas hipodérmicas arrojadas junto a la acera.)

Fue en este escenario donde el Opus Dei estableció el centro ELIS. Ahora, los campos de fútbol y de baloncesto del mismo están repletos de jóvenes. Alrededor se alza una residencia, una escuela de formación profesional, y un centro de formación de profesores para los países en vías de desarrollo, incluidos Nigeria, Etiopía y China. El centro femenino, SAFI (Scuola Alberghiera Femminile Internazíonale), consta de una residencia, un centro de formación hotelera, secretariado y ciencias domésticas, así como de un complejo deportivo y un club.

El barrio Tiburtino ha sido siempre un bastión comunista. Le pregunté a uno de los fundadores del ELIS, el doctor Bruno Picker, sí se había acusado al Opus Dei de hacer política en aquel centro.

“Cuando comenzamos nuestra labor -me dijo-, toda la vecindad pensaba que nos íbamos a dedicar a la propaganda política. Pero el Opus Dei nunca hace eso. Se limita a dar una formación cristiana: luego, cada cual es libre. Después de celebrarse dos o tres elecciones, cuando la gente vio que no hacíamos ningún tipo de propaganda política, muchos empezaron a aceptar que no teníamos ninguna finalidad de ese orden. Bastantes comunistas de la zona, qué es comunista en un 50 por 100 aproximadamente, comenzaron a valorar lo que estábamos haciendo. Se dieron cuenta de la importancia de ELIS desde el punto de vista profesional y de la ausencia de objetivos políticos. Ahora, los hijos de varios comunistas se forman aquí. Un anciano contratista de obras que era uno de los primeros comunistas de Italia vino a vernos. Dijo que estaba dispuesto a ayudarnos, pero que antes quería conocer de cerca nuestras actividades diarias y echar un vistazo a nuestros libros. El Centro ELIS, entonces, estaba sin acabar, en crecimiento, y cuando se puso al tanto de todo, nos dijo que quería acabar su vida ayudándonos a terminar el ELIS. Nos dio mucho dinero, insistiendo en que no quería que le diéramos las gracias.”

El doctor Picker se refirió también al interés que puso Moseñor Escrivá en el proyecto del ELIS. Me dijo que el fundador del Opus Dei quería que una de sus funciones fuese propagar la doctrina social de la Iglesia en cuestiones como la cooperación en la industria, el reparto de la propiedad privada y la familia. Pero Monseñor Escrivá insistía en que quería dejar muy claro que quienes trabajaban en el ELIS no estaban en contra de nadie; “no somos anti-nada ni anti-nadie”. “Estamos a favor de la gente; no tiramos piedras a los demás, sino que tratamos de elevarlos”.

La reputación del complejo del Centro ELIS no ha cesado de aumentar desde que se abrió en 1964. Tanto es así, que recibe ayuda económica del gobierno local, incluso cuando está en manos de los comunistas.

El 15 de enero de 1984, durante una visita al centro ELIS por el que habían pasado ya 18.000 jóvenes, el Papa Juan Pablo II comentó: “Este centro es un claro ejemplo del interés de la Iglesia por las clases trabajadoras”. Y citó unas palabras del Papa Pablo VI en el acto inaugural: “Ésta es una obra evangélica, no un mero hotel, un mero taller o una mera escuela; no es tan sólo un complejo deportivo, es un centro en el que la amistad, la confianza, la felicidad crean una clara atmósfera en la que la vida cobra dignidad, significado, esperanza; es la vida cristiana la que aquí se afirma y se pone en práctica…”. En esa misma visita pastoral, Juan Pablo II exhortó a los miembros del Opus Dei a “convertirse cada vez más en Opus Dei”; y añadió: “realizad el Opus Dei en todos los aspectos del mundo humano y de las cosas creadas”.

Era sábado y, en la plaza central, chiquillos de diversas edades jugaban bajo la mirada atenta de sus madres, que charlaban, sentadas en unos escalones. También había padres que habían venido a ver cómo sus hijos practicaban diversos deportes. El matrimonio Marchetti tenía un hijo de diez años, Maximiliano, que llevaba un año frecuentando el Club Deportivo del Centro Elis. Estaban convencidos de que allí le habían enseñado a poner en práctica una serie de, principios morales y a portarse bien. “Todos los meses ponen a los chicos una meta, como ser generosos o tener espíritu deportivo”, me explica la señora Marchetti. “En un barrio como éste, nadie enseña a los chavales esas cosas.” “Nuestro hijo tiene un preceptor -añadió el señor Marchetti- al que puede hablar de sus cosas y contarle sus problemas.” Y la señora Marchetti: “Ha descubierto que otros chicos tienen problemas parecidos, y tratan de resolverlos juntos. Desde que viene por aquí ha madurado mucho. Me he dado cuenta de que trata de ayudar a otros.”

El señor Nicola, por su parte, tiene un hijo de 15 años que juega al baloncesto. “Cuando vino, siempre quería ganar, ser el mejor. Ahora sabe que ésa no es forma de comportarse.”

Y otro padre comenta: “Enseñan a los chicos a convivir, a tener amigos, a ser diligentes en todo, no sólo en los deportes”. Unos esposos me dicen que su hijo ha aprendido a organizarse, a tener tiempo para estudiar y para jugar al fútbol. Y la señora Chiappini, viuda, comenta que sus tres hijos han aprendido a pensar en el futuro. “El centro Elis les ha ayudado a comprender que es muy difícil obtener un buen empleo en Italia, y que tienen que trabajar duro. El mayor, ahora, estudia aquí para mecánico. Si no fuera por eso, no sé lo que sería de él.” Otra madre me habló de dos nuevos programas del ELIS destinados a ayudar a encarar el problema del desempleo juvenil y el de las drogas, muy grave en la zona.

Uno de los entrenadores de baloncesto del Centro ELIS es Roberto Castellano. Antes había sido capitán del equipo del Banco di Roma (campeón en su categoría) y, según una revista deportiva, uno de los jugadores más populares de Italia. Poco antes de nuestra entrevista, Roberto había declinado un ofrecimiento que habría potenciado su carrera deportiva. Había dicho que no porque el equipo que quería ficharle no era de Roma y él quería seguir enseñando a jugar al baloncesto en el Centro ELIS. Decisión que a muchos compatriotas les pareció insólita. Un periodista llegó a preguntarse si tendría algún problema psicológico.

“El deporte es muy importante para la juventud -me dijo reflexivo-. Primero, para aprender a tener espíritu deportivo, que es mucho más importante que ganar… cosas como la generosidad, la honradez, el juego limpio… Si un chaval aprende a practicarlas en el deporte, luego podrá practicarlas en la vida. Cuando tenía 19 años tuve la suerte de conocer las enseñanzas de Monseñor Escrivá y el espíritu del Opus Dei, un espíritu de trabajo y de apostolado que me entusiasmo. El Opus Dei es algo nuevo y, explicárselo a los que no practican su fe, puede ser difícil. Mis amigos sólo comprenden lo que se palpa.

Por eso, procuro explicar el Opus Dei ante todo con mi vida y luego trato de que aquel a quien se lo explico se acerque a Jesucristo. El Opus Dei es, un camino de santidad en la Iglesia. Hay otros muchos, pero éste insiste en la santificación del trabajo. Muchos de mis amigos trabajan sólo por dinero, pero yo les digo que es fundamental que encuentren a Jesús en su vida. Muchos piensan que sólo se puede encontrar en la Iglesia, no fuera, en el trabajo o en otras cosas… Trato de explicarles que no pueden vivir sin Dios; que la razón de vivir, de todo lo que hacemos, es Dios mismo.

Pascua de Resurrección en Roma. Peregrinos de todo el mundo se agolpan en las calles. Entre ellos, miles de estudiantes que han venido para participar en el UNIV, un congreso universitario internacional que se celebra anualmente. Aunque el UNIV no es una actividad propia del Opus Dei, muchos de los que participan en él sí son miembros de la Obra. El Congreso lo organiza el Instituto para la Cooperación Universitaria (ICU), qué colabora con la Comunidad Económica Europea y con diversas organizaciones internacionales que forman profesionales en todos los países, especialmente en los subdesarrollados.

Unos 5.000 estudiantes de cuarenta países tomaban parte en el Congreso. Durante una alocución’ dirigida a los participantes, Juan Pablo II habló calurosamente del Opus Dei y de su. fundador. Los actos del Congreso eran una mezcla de sesiones de trabajo y conferencias celebradas en el Salón de Conferencias de la Biblioteca Nacional y de excursiones y visitas a los principales monumentos y lugares históricos de Roma.

Durante una de esas excursiones en autobús por los alrededores de Roma, Father Michael Barret, un joven sacerdote norteamericano procedente del Bronx neoyorkino, me habló de su relación con el Opus Dei. ¿Qué pensaba -le pregunté- de lo que se decía sobre los secretos del Opus Dei? “Pienso -me respondió- que es una tontería, pues es sencillísimo saber todo lo que se quiera del Opus Dei. No creo que uno solo de mis amigos, ni siquiera un conocido, ignorase que yo era del Opus Dei incluso antes de ordenarme sacerdote, o al menos que trataba de ser un buen católico en un ambiente en que no todos lo eran cuando yo trabajaba en los despachos de Wall Street, mis compañeros de trabajo, mis jefes, todos, sabían perfectamente que Barret era un tipo que trataba de vivir su fe. La mayoría descubrió el Opus Dei porque salía en la conversación.”

¿Los sacerdotes del Opus Dei hablan de política?, le pregunté. “Si hay algo de lo que procuro no hablar es de política. Lo cual a veces es difícil. Estoy acostumbrado a expresar mis opiniones personales, pues habiendo ejercido una profesión laical durante muchos años he estado implicado en política y conozco bien esos temas. Pero ahora me doy cuenta de que, manteniéndome al margen de decisiones políticas, soy mucho más útil a la gente que necesita el consejo o la orientación de un sacerdote. La gente espera que los sacerdotes les resuelvan problemas de conciencia realmente importantes, cosas a las que no puede responder cualquiera. Por eso, si se habla de política y se mantiene una determinada opinión, se pierde eficacia y prestigio; en el Opus Dei siempre se ha insistido en este punto. Un sacerdote debe ser un experto en teología, pero no en política. Si hablase de política, la gente podría creer que lo es. Por eso tiene que esforzarse por no abusar’ del poder que le confiere el sacerdocio hablando de política.”

Entonces, ¿qué enfoque daría a sus orientaciones espirituales un sacerdote del Opus Dei si viniera a pedirle consejo por ejemplo, un profesional de la política, un miembro del gobierno? “Le dará orientaciones útiles para su vida espiritual, para sus relaciones con Dios. Los consejos que le dé tendrán que ver únicamente con los principios éticos que mantiene la Iglesia. A él le corresponderá aplicarlos a su vida para procurar acercarse más a Dios mediante los sacramentos, la oración, la lectura espiritual, clases de formación, etcétera. En cuanto a los principios morales, corresponderá a su conciencia decidir el camino a seguir, pues los temas políticos casi siempre son opinables.. El estar a un lado de la valla o al otro, no tiene nada que ver con la moralidad, de ordinario. Los problemas se pueden abordar y resolver de maneras muy distintas. Cuando la moral está por medio, el sacerdote puede explicar cuál es la doctrina de la Iglesia, lo que ha enseñado en relación con algunas cuestiones sociales. Un sacerdote del Opus Dei nunca dirá qué propuesta política es la más adecuada, porque no lo sabe, ya que no es un político.”

¿Cómo conoció Father Barret el Opus Dei? “A través de un amigo mío que pertenecía a la Obra. Solíamos hacer muchas cosas juntos: ir a bailar, a alternar, y cosas así; a veces, tomando unas cervezas, hablábamos de cosas importantes para nosotros. Él me contaba lo que hacía como miembro del Opus Dei y, poco a poco, animado por él, empecé a hacer oración mental y lectura espiritual y a ir a Misa entre semana. Fui con él a un centro del Opus Dei y me gustó lo que vi; cómo una gente cordial, amable y alegre se tomaba en serio el trabajo y el estudio, y, sobre todo, su fe. Creo que empecé a tener vida interior, y luego un amigo me sugirió que tal vez pudiera tener vocación al Opus Dei, como él. No me pareció que fuera absurdo ni que se opusiera a mis intereses o a lo que pensaba hacer en la vida. Por entonces estaba estudiando pre-medicina en la Universidad de Columbia. Antes me había especializado en ciencias. La idea de la santificación en medio del mundo me había conmovido. Me parecía algo fantástico… Así que el Opus Dei era fantástico: ser médico o cualquier otra cosa y al mismo tiempo esforzarse por hacerse santo y ayudar a otros a llegar a serlo.

En febrero de 1972 pedí la admisión en el Opus Dei. Tras graduarme en Columbia me coloqué en la Gulf Oil Corporation, en Nueva York. Me fui a vivir a un apartamento con otros tres miembros de la Obra -un sacerdote y dos laicos- e iniciamos la labor en ese pequeño centro. Además de procurar ayudar a mis amigos y colegas a vivir mejor su fe, en aquel apartamento dábamos formación espiritual a personas de todas las edades.

“Mi trabajo profesional estaba relacionado con la industria petroquímica, y lo que había aprendido en el Opus Dei me ayudó mucho a ver el significado espiritual de mi trabajo profesional.”

A mí siempre me había fascinado Wall Street, aunque lo conocía muy poco. Pero la mejor manera de conocerlo mejor era trabajar allí, así que busqué un trabajo. Lo encontré con uno de los corredores de bolsa, Merrill Lynch. Yo diría que lo más importante era tratar de encontrar un motivo sobrenatural en lo que estaba haciendo, por,, vulgar y corriente que fuera, y procurar ayudar a mis colegas a ser consecuentes con la fe que profesaban. Trabajaba en un mismo despacho con cuatro personas. Uno era el director. Los demás éramos vendedores y muy buenos amigos. Trabajábamos y viajábamos juntos a menudo, por lo que podía hablar con ellos durante horas y horas. En nuestros viajes pasábamos juntos las veladas. Uno de ellos, católico, estaba casado y tenía varios hijos. Me hacía preguntas, porque no tenía las ideas claras. No estaba seguro de cómo debía comportarse, pero quería ser un buen católico. Nos hicimos muy amigos. Hablábamos mucho sobre temas de fe y procuré que la viviera de forma más correcta.

El otro era soltero y no practicaba. Se había alejado de la Iglesia. Nos hicimos también buenos amigos y yo procuré que volviera al seno de la Iglesia. Era algo que él siempre había deseado hacer, pero que no era capaz de hacer sin ayuda.

“Y luego estaban los clientes. Tras el almuerzo, después de hablar de negocios, abordábamos diversos temas. Hablábamos de deportes, de política, de religión, porque siempre se termina hablando de temas religiosos. Se quedaban impresionados cuando les decía que era posible vivir la propia fe en la vida ordinaria. Esto era lo que se llama un apostolado espontáneo, nada organizado. Mis amigos casi siempre terminaban yendo a confesarse o hablando con un sacerdote que les explicara cómo vivir su fe y les resolviera sus problemas personales.”

-Pero algunos dicen que eso es “instrumentalizar” la amistad, convertirla en un medio de captar gente para el Opus Dei. ¿Qué opina sobre esto?

-”Bueno, cada cual tiene su forma de ser, pero yo siempre he tenido muchos y buenos amigos. Algunos los considero casi como hermanos, y seguimos siendo amigos aunque han pasado los años y estamos lejos unos de otros. Hablábamos durante horas y horas sobre nuestros proyectos,

nuestros sueños,… y nos animábamos mutuamente diciendo: “¡Adelante! Tú puedes hacerlo”. Y cosas así. Y cuando me hice del Opus Dei seguí obrando de la misma manera, haciendo nuevos amigos y hablándoles con la misma franqueza. Les contaba mis cosas, y una de ellas era que ahora había puesto toda mi vida en manos del Opus Dei. No hablar de ello habría sido tan ridículo como no hablar de una chica fabulosa que uno ha conocido.

A veces, un amigo me preguntaba: “¿Por qué no te has casado?” O bien “¿Por qué gastas tanto tiempo en trabajar con los chavales y les organizas tantas cosas?”Y cuando yo les explico lo que me mueve a hacerlo, se alegran por mi vocación, lo mismo que yo me alegro cuando ellos, tras buscar una buena esposa o un buen trabajo, por fin lo encuentran.”

El autobús en que viajábamos acababa de llegar a Villa Tevere, sede central del Opus Dei. Está situada en el número 75 de la calle Bruno Buozzi, y en ella reside el Prelado del Opus Dei, Monseñor Alvaro del Portillo. En ella se encuentra también la iglesia prelaticia, Nuestra Señora de la Paz. En su cripta bajo una sencilla lápida de mármol verde oscuro, con una inscripción en letras doradas que dice simplemente EL PADRE, descansa el cuerpo de Monseñor Escrivá. Visitantes de todos los países rezan ante la tumba, adornada por rosas rojas,, y se arrodillan para besar la lápida y formular sus peticiones: padres, madres, abuelos, hijos, gentes de todas las clases sociales y géneros de vida. La cripta de Santa María de la Paz se ha convertido en un lugar de peregrinación no sólo para los miembros del Opus Dei, sino para otras muchas personas que veneran privadamente a Monseñor Escrivá.

El fundador del Opus Dei, en una entrevista concedida a un periódico (La revista Palabra. Entrevista realizada por Pedro Rodríguez. Madrid, octubre 1967) respondía así a la pregunta que el entrevistador le hacía sobre la supuesta influencia política de la Obra: “Es evidente que, siendo el Opus Dei una Asociación de fines espirituales, apostólicos, la naturaleza de su influjo -en España como en las demás naciones de los cinco continentes donde trabajamos- no puede ser sino de ese tipo: una influencia espiritual, apostólica. Lo mismo que la totalidad de la Iglesia -alma del mundo-, el influjo del Opus Dei en la sociedad civil no es de carácter temporal -social, político, económico, etc.-, aunque sí repercuta en los aspectos éticos de todas las actividades humanas, sino un influjo de orden diverso y superior, que se expresa con un verbo preciso: santificar.

Y esto nos lleva al tema de las personas del Opus Dei que usted llama influyentes. Para una Asociación cuyo fin sea hacer política, serán influyentes aquellos de sus miembros que ocupen un lugar en el Parlamento o en el Consejo de ministros. Si la Asociación es cultural, considerará influyentes a aquellos de sus miembros que sean filósofos de clara fama, o premios nacionales de literatura, etcétera. Si la Asociación, en cambio, lo que se propone es -como en el casó del Opus Dei- santificar el trabajo ordinario de los hombres, sea material o intelectual, es evidente que deberán considerarse influyentes todos sus miembros: porque todos trabajan -el general deber humano de trabajar tiene en la Obra especiales resonancias disciplinares y ascéticas-, y porque todos procuran realizar esa labor suya -cualquiera que sea- santamente, cristianamente, con deseo de perfección. Por eso, para mí tan influyente -tan importante, tan necesario- es el testimonio de un hijo mío minero entre sus compañeros de trabajo como el de un rector de universidad entre los demás profesores del claustro académico”.

Cuando tuve que abandonar Roma, el Gobierno italiano no había concluido todavía su investigación en torno al Opus Dei. La tarea iba a durar más de seis meses. El 25 de noviembre de 1986, cuando el ministro del Interior hizo públicas sus conclusiones, el diario La Stampa las resumía así en los titulares: El Opus Dei no es secreto. El deber de obediencia se refiere exclusivamente a temas espirituales. Informaciones similares aparecieron en l l Tempo y La Republica. El artículo de este último diario citaba unas palabras del ministro en las que decía que el Opus Dei no era una asociación secreta ni de hecho ni de derecho. Que aunque ninguna organización estaba obligada a hacer públicos los nombres de sus miembros, los de los directores del Opus Dei se conocían perfectamente, así como las direcciones y actividades de sus centros. Que sus miembros no sólo no trataban de ocultar su pertenencia a la Obra, sino que los Estatutos se lo prohibían. Unos Estatutos que se suponía eran secretos y que el ministro citaba con frecuencia… Y es que antes de que se empezase a hablar de que eran secretos, no se habían publicado, lo mismo que suele suceder con los de otras organizaciones de la Iglesia; sin embargo, para demostrar que no había nada que ocultar, el Prelado del Opus Dei pidió al Vaticano que se le permitiera publicarlos; y cuando el Vaticano autorizó su publicación, se pusieron ejemplares más que suficientes a disposición del público; sin embargo, ninguno de los que habían acusado al Opus Dei de secreto se tomó la molestia de examinarlos.

En relación con la cuestión de si el Opus Dei busca tener poder político, el ministro del Interior aludía a que sus miembros gozan de la misma libertad que los demás católicos en sus asuntos particulares. Para reafirmar este punto citaba el párrafo 3.2 del artículo 88 de los Estatutos, que dice que la Prelatura no hace suyas las actividades profesionales, sociales, políticas o económicas de ninguno de sus fieles y que “las autoridades de la Prelatura deben abstenerse por completo de darles consejo en esos temas”. Que esto refleja exactamente la forma de actuar del Opus Dei lo garantizaba la Santa Sede, que ponía de relieve .el hecho de que el Opus Dei, ahora, formaba parte de la estructura constitucional de la Iglesia.

Los argumentos que el ministro adujo en el Parlamento para apoyar su convicción de que el Opus Dei no era una sociedad secreta fueron prolijos y detallados. Los miembros anticatólicos del Parlamento no aportaron ningún argumento que contradijera los hechos. ¿Quería decir eso que el Opus Dei ya nunca volvería a ser considerado una sociedad secreta? La respuesta es por lo menos dudosa. En Australia, por ejemplo, las imputaciones contra el Opus Dei que condujeron a la investigación del Gobierno italiano tuvieron mucho eco en los medios de comunicación, pero, que yo sepa, ninguno informó de los resultados de la investigación.

¿Por qué es tan perdurable la imagen de sociedad secreta que, para algunos, ofrece el Opus Dei? Como ya he dicho antes, la publicidad que se dio en los años sesenta a los miembros del Opus Dei que formaban parte del Gobierno español contribuyó mucho a reforzar la idea de que el Opus Dei tenía una finalidad política. Esta creencia se ha visto también apoyada por la sospecha, más general, de que los católicos, cuando se asocian por su cuenta, fuera de los templos, lo hacen por motivos mundanos. Al fin y al cabo, abundan los precedentes.

En otros tiempos, diversos grupos de Acción Católica tenían por objeto estudiar cómo las enseñanzas de la Iglesia podían aplicarse a situaciones políticas concretas. Algunos católicos, sobre todo a principios de siglo en Francia y en Italia, constituyeron asociaciones para defenderse de grupos o partidos anticlericales y fundaron sindicatos, bancos y sociedades de crédito “católicos” ¿No es posible -dicen los escépticos- que estas actividades sean realizadas ahora, de manera subrepticia, por el Opus Dei? Además, si los católicos quieren tener ayuda espiritual, ¿por qué buscarla al margen de la propia parroquia? Por eso, cuando el Opus Dei asegura que sus fines son exclusivamente religiosos y que sus miembros gozan de completa libertad en todo lo demás, tales afirmaciones caen, para los escépticos, en saco roto. Dan por supuesto que el Opus Dei actúa por motivos políticos.

Quienes creen que eso es así, no es extraño que se pregunten: ¿Por qué el Opus Dei no da la cara? Al fin y al cabo, ningún político se declara miembro del Opus Dei, ni hay representantes del Opus Dei en las reuniones políticas, ni el Opus Dei como tal ofrece alternativas políticas… De donde concluyen, sin apelación posible, que el Opus Dei es una sociedad secreta. No hay que desdeñar, por otra parte, el apoyo que les prestan aquellos que se oponen por principio a la Iglesia Católica.

Los anticlericales, los anarquistas, etc., es lógico que se sientan amenazados por cualquier organización católica con gran número de miembros en todas las profesiones, en los medios de comunicación, en los negocios. Crean o no en lo que proclaman, les interesa fomentar el escándalo, sembrar dudas y sospechas sobre el Opus Dei, tanto entre los católicos como entre los no católicos.

Tal vez el lector se pregunte, al llegar a este punto, cuál es la relación del que escribe esto con el Opus Dei. La respuesta es que cuando inicié mi encuesta sobre el Opus Dei estaba considerando mi posible vocación, y había dado los primeros pasos para cerciorarme. Así pues, tenía poderosas razones para conocer la verdad, y decidí viajar por diversos países para entrevistarme con el mayor número posible de miembros y conocer las tareas que tenían entre manos.

En lo que sigue, he procurado no rebajar los ideales de sus miembros, su constante referirse a la búsqueda de la virtud y a la lucha por servir a Dios y a los hombres. Trato de proporcionar al lector un relato exacto de lo que he visto y oído.

Italia fue la segunda parada en mi viaje, un viaje que había empezado cuando partí de Australia en pleno verano, el mes de febrero de 1986, y llegué a Tokio horas después, en pleno invierno…

INGLATERRA E IRLANDA. Un espíritu que une

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Capitulo de “El Opus Dei: Ficción y realidad”, un libro de M.J.West

El conductor del autobús que había tomado en el aeropuerto de Dublín era un hombrecillo sonriente que no paraba de interesarse por los viajeros. Cuando llegaban a su punto de destino, saltaba de su asiento, sacaba el equipaje del maletero lateral y volvía a subir antes de que tuviesen tiempo de darle una propina. No he visto un hombre tan servicial en ningún otro sitio. Mientras estábamos parados en un disco, se dirigió a mí y me preguntó dónde quería bajarme. Yo iba a Dartry Road, no lejos del centro de la ciudad, y mi idea era bajarme allí y tomar un taxi. “No necesita tomar un taxi -me dijo volviendo a agarrar el volante Puede enlazar perfectamente con otro autobús que le llevará hasta allí.” En cuando llegamos a una parada volvió a aparecer, recogió mi equipaje y me explicó: “Ahora, cruce la calle. ¿Ve aquella parada de autobuses? Tome el número 14. Le dejará en la puerta”.

Irlanda ocupa un lugar especial entre los países anglófonos.

Es celebrada por su encanto, su música, sus leyendas, pero, sobre todo, por sus gentes. Su atractivo se nota en el gran número de norteamericanos que se atribuyen un origen irlandés, el doble aproximadamente de los que realmente lo tienen. Y lo mismo sucede en Australia.

La actitud inglesa hacia Irlanda es distinta. Los conflictos habidos a lo largo de los siglos han desunido a esos dos países. Actualmente, la hostilidad entre ingleses e irlandeses es más aparente que real, pero no se puede negar que, en algunos sectores de la población, sigue existiendo.

Si, como hemos visto en el capítulo precedente, el Opus Dei fomenta la diversidad, también es cierto que, cuando es necesario, aboga por la unidad. Algo que se aprecia claramente en estos dos países. Gran Bretaña e Irlanda; una unidad cuyo fundamento es el espíritu de servicio.

La necesidad de tener espíritu de servicio brota del mismo Evangelio. Cristo mostró claramente que servir a los demás es algo necesario para mantener la unidad. Una verdad que se subraya en el libro Illustrissimi, escrito por el cardenal Albino Luciani, patriarca de Venecia, antes de ser elegido Papa. En él, Juan Pablo 1 hablaba de un general coreano que, al morir, va a parar el cielo, pero le es permitido ver antes el infierno. Y resulta que el infierno es un salón inmenso, lleno de gente sentada a largas mesas en las que hay grandes cuencos de arroz; lo malo es que los palillos son tan largos, que es imposible comérselo. El resultado es un conjunto de personas terriblemente frustadas que sufren un espantoso tormento cada vez que intentan alimentarse.

La escena, en el cielo, es muy parecida: Grandes cuencos de arroz, largos palillos… Pero allí no hay problema, pues cada cual da de comer con los palillos al que tiene enfrente. Y todos tan contentos.

El fundador del Opus Dei dijo en cierta ocasión: “Desearía realmente que nosotros, los cristianos, supiéramos servir, pues sólo sirviendo se puede conocer y amar a Cristo y hacer que los demás le conozcan y le amen… Si hemos de servir a los demás por Cristo, hemos de ser muy humanos. Si nuestra vida no es humana, Dios no construirá nada sobre ella, pues de ordinario no edifica sobre el desorden, el egoísmo o el vacío. Hemos de comprender a todos; hemos de vivir en paz con todos; hemos de perdonar a todos”.

En Gran Bretaña e Irlanda muchos miembros del Opus Dei de muy diversas profesiones y clases sociales, me hablaron de servicio.

Después del almuerzo, Noel Duff, propietario de uno de los hoteles más antiguos de Dublín, Buswell’s, me dijo que, para él, servir significa procurar que quienes se alojan en su hotel se encuentren a gusto y no les falte de nada. “Me reúno una vez a la semana con el personal para estudiar los detalles y discutir los posibles fallos. Incluso les explico, a quienes les interesa, lo que yo he aprendido sobre la santificación del trabajo ordinario. Sé que algunos dirán: “Como hotelero tienes obligación de servir a los demás, si quieres ganar dinero”. Pero precisamente ahí está el detalle: no hacerlo por ganar dinero… Además, no se trata de servir sólo en cosas materiales, sino de interesarse por las personas, dedicarles tiempo… Antes de conocer el Opus Dei, solía despachar a los clientes a toda prisa; ahora, como si no tuviera otra cosa que hacer que atenderles a ellos.”

Stan Cosgrove, veterinario de mediana edad, es una autoridad en caballos de carreras. Ha recorrido el mundo trabajando para entrenadores de primera fila, como Robert Sangster o el australiano Tommy Smith. Hombre cordial, al que le gusta alternar y charlar ante un vaso de cerveza, me dice que la idea del servicio -algo nuevo para él- le ha dado una visión más amplia de las cosas. “Cuando yo era joven se insistía mucho en el sexto y el noveno mandamientos. Creíamos que cuando los cumplíamos nos salían alas o poco menos, pero nos olvidábamos por completo de otros pecados, como el orgullo o la pereza… Y luego estaba el extremo opuesto, como las misiones que solíamos tener en mi parroquia. Recuerdo una vez que vino un cura que tronaba imprecaciones. “¡Todos los de esta parroquia estáis condenados!”, gritó desde el púlpito. Y un individuo, en un banco, se echó a reír. “¿Por qué te ríes?”, le preguntó el cura. “Porque yo no pertenezco a esta parroquia contestó. Bromas aparte, en aquellas misiones se amenazaba mucho y se hablaba muy poco de amor. Por eso, el Opus Dei fue para mí algo nuevo, que ensanchó mi horizonte. Yo diría que antes de conocer el Opus Dei estaba buscando la autosuficiencia; no depender de nadie, bastarme a mí mismo. Ahora veo eso como algo bajo y rastrero… Una especie de fariseísmo. El Opus Dei ha cambiado todo eso, mostrándome que todos nos necesitamos.”

Henry Kobis es un perfumista londinense que lleva 37 años en la profesión. Ha creado muchos perfumes y cosméticos, desde jabón en polvo hasta creaciones para diseñadoras tan famosas como Mary Quant.

Crear nuevas fragancias es una ocupación absorbente que ha sido comparada con la de compositor. Pero Henry asegura que, para él, la actitud de un perfumista -el deseo de proporcionar placer a otros- es más importante que la técnica. Algo que intenta inculcar en los jóvenes perfumistas, con el amor a su profesión. “Les digo que, si no ponen el corazón en su trabajo, al perfume siempre le faltará algo.”

Para Henry, el saber escuchar forma parte del espíritu de servicio, pues en su trabajo hay que hablar con mucha gente: ejecutivos, diseñadores de moda, modistos… “Una de las cosas que uno aprende en el Opus Dei es a ser sincero. Mucha gente se cierra, pero cuando te sinceras con ella, se abre, se quita la careta. Una de las cosas que he descubierto es que la gente está terriblemente sola, incluso la que triunfa. Y eso les pasa porque tienen miedo de ser ellos mismos. Aunque ganen mucho dinero y tengan casas lujosas y coches magníficos, se sienten insatisfechos. ¡Cómo les gusta que te quites la careta! Si te muestras tal cual eres, con tus limitaciones, se dan cuenta y se te abren.

Otra cosa que he descubierto es que todo el mundo tiene un anhelo sobrenatural, hasta el hombre de negocios más metalizado. Conocí un director técnico al que todo el mundo detestaba, porque daba la impresión de que carecía de sentimientos. Pero un día, después de varios meses de trato, me dijo que tenía miedo. No estaba seguro de sí mismo. Yo le dije que confiara en el Todopoderoso y le contase cuál era su problema. Me hizo caso y empezó a cambiar. Se hizo menos duro, y la gente se dio cuenta.”

Geraldine O’Connor, una radióloga dublinesa, conoció el Opus Dei cuando estudiaba en Inglaterra. Mujer alegre, con la típica afición irlandesa a contar anécdotas, me contó algunas relacionadas con las visitas que había hecho a los pobres y a los enfermos con “amigas bien” que nunca se hubiesen aventurado a ir ellas solas. “Una de ellas, belga, me acompañó a ver a un anciano que vivía en una casa mísera. Cuando llegamos, estaba intentando prender fuego sin lograrlo, así que se lo encendimos. Estábamos comiendo con él unas galletas cuando oímos un ruido en la parte de atrás. “Ya están ahí otra vez”, dijo con voz quebrada, abriendo los ojos. Yo no sabía lo que quería decir y pensé que era alguien que venía del hospital o algo así. Pero no. Hablaba de las ratas y, de pronto, una saltó y cruzó por delante de nosotros. No pude aguantarlo y me fui corriendo. Pero. mi amiga se quedó. Cuando volví a verla comprobé que había cambiado. Estoy convencida de que la gracia actúa en estos casos.”

También en un club para chicos de Dublín, el Anchor Club, situado en un área industrial con muchos hogares rotos y bastante delincuencia juvenil, me contaron anécdotas relacionadas con la atención a los pobres. El club ayuda a los jóvenes a aprovechar el tiempo organizando para ellos cursos de mecánica, albañilería, reparaciones, etc., así como carreras de bicicletas y de carts. Jim Murray, ajustador y tornero que da clases en el club, me habló de una visita que hizo con un chico del club, llamado Eddie, a un anciano que acababa de quedarse viudo. Había sido un magnífico jardinero, pero ahora estaba desolado no sólo por la muerte de su esposa, sino porque unos golfillos habían roto los cristales de su invernadero y arrancado las plantas. Eddie le hizo muchas preguntas y le pidió que le mostrara el invernadero. “Cuando vio los destrozos que los chavales habían causado quedó impresionadísimo”, me dijo Jimmy.

Al cabo de un par de días, la madre de Eddie telefoneó a Jimmy. “¿A dónde llevaste a mi hijo el otro día?”, le preguntó. “No ha abierto la boca desde entonces… Está como ido.”

Jimmy, entonces, fue a ver a Eddie, para averiguar qué le pasaba. “Estaba preocupadísimo por lo del jardinero, dando vueltas en la cabeza a lo que pensaba hacer. Hasta que fue a verle y le pidió que le dejase arreglar el invernadero. El anciano asintió y Eddie empezó a trabajar. Luego se enteró de quiénes eran los chavales que lo habían destrozado y fue a hablar con ellos. No sé lo que les diría pero todos decidieron ayudarle. Eso dio ánimos al anciano, que volvió a cobrar ilusión. En fin, que aquello sirvió para hacer bien a todos: al anciano jardinero, a Eddie y a los golfillos.”

En Inglaterra e Irlanda, los miembros del Opus Dei han hecho del espíritu de servicio un fundamento básico de las obras sociales que han emprendido. En el año 1952 hacía apenas cinco años que el Opus Dei estaba en Inglaterra. Los primeros miembros eran estudiantes, no tenían dinero y la idea de .abrir una residencia de estudiantes era un ambicioso proyecto. Pero el esfuerzo y sacrificio de muchas personas, incluidas algunas no católicas, dio como fruto Netherhall House, una residencia de estudiantes situada en el barrio londinense de Hampstead que ha acogido desde entonces a estudiantes de 100 nacionalidades.

Cuando la reina madre inauguró una nueva ampliación de Netherhall en 1966,. dijo que era importante tener un hogar “en el que desarrollar las creencias y pautas de conducta que permanecen a lo largo de la vida”. Y añadió: “No puedo imaginar un lugar mejor para fomentar esas pautas que Netherhall House, que está basada en tradiciones cristianas, sobre todo la tradición de servicio”.

Netherhall en Londres, lo mismo que Grandpont House en Oxford y Greygarth Hall en Manchester, anima a los estudiantes a considerar el estudio como una obligación seria, pero también a ser generosos y ayudar a los demás, ideal que encuentra su expresión en la leyenda de un repostero de la sala de estar de Netherhall, que dice: “El hermano ayudado por el hermano es como una ciudad amurallada”.

Netherhall House promueve la idea de que el trabajo profesional, además de un medio de vida, puede y debe ser un servicio, idea recogida en la revista conmemorativa del XXV Aniversario de Netherhall, que explicaba cómo el fundador del Opus Dei quería que centros como ése extendieran el espíritu de servicio mediante el ejemplo. Algunos resultados eran ya tangibles: clubs de chicos como el Netherhall Boys Club o el Kelston Club, al sur de Londres; otros no tanto, como la labor de los antiguos residentes que han ido a prestar sus servicios en países como Kenya, Nigeria, Japón, Malaysia y Filipinas; entre ellos un oculista Keniata y un científico ruso que antes era ateo…

A orillas del Támesis, cerca de la casa en que vivió Santo Tomás Moro, se encuentra Dawliffe Hall, una residencia de estudiantes que alberga también el Tamezin Club, un club femenino para jóvenes que ofrece instrucción en diversos deportes, música, danza y teatro. En un artículo publicado en el London Daily Telegraph se decía de este club: “Es difícil no elogiarlo de tal forma que no parezca demasiado bonito para ser verdad…”.

Dos de las jóvenes que dirigen Tamezin, Eileen Cole y Margaret McCreadie, me explicaron que en el club se procura “centrar” a las jóvenes, sobre todo a aquellas que proceden de algunos de los muchos hogares rotos de la zona. “Tratamos de formarlas de tal forma que lleguen a ser mujeres responsables, buenas madres de familia, trabajadoras… Muchas de ellas se casan y dejan de venir, pero bastantes vuelven.”

El club Tamezin tiene una filial en Brixton,, uno de los barrios más deprimidos de Londres, conocido en el mundo por los disturbios raciales que han tenido lugar en él. Incluso en períodos de calma, no es recomendable. Margaret me habló de una de sus primeras visitas: “Fui con una amiga. Acabábamos de salir del metro y le estaba diciendo que el barrio daba el más alto índice de delincuencia de Londres cuando un individuo nos robó todo lo que llevábamos.

No fue fácil establecer un club allí. Algunas de las chicas se dedicaban a robar en las tiendas… Una especie de deporte en el barrio. Hay mucha injusticia allí, y hasta que las chicas empiezan a adaptarse a lo que se les enseña en el club, ocurren esas cosas”.

Antes de abandonar Dawliffe Hall, hablé con la administradora, Lynn Hinge, sobre su actitud respecto al espíritu de servicio: “Bueno, considero que soy una madre de familia -me dijo-. Ésta es una familia bastante numerosa, pero para mí es una familia como cualquier otra. Me preocupo de todas. Si alguna no se encuentra bien y hay algo que le gusta, procuro complacerla para que se sienta mejor. Y lo mismo con la ropa o con las comidas. Si alguna echa ropa a lavar y hay una prenda rota, procuro devolvérsela cosida, aunque no es mi obligación, porque así aprendo a quererla más. La gente que nos visita y lo ve todo limpio y en orden, se. da cuenta en seguida de que somos una familia. ¿Sabe usted? La familia es la base de la sociedad. ¿A quién le puede extrañar que las cosas no marchen bien cuando la familia no es lo que debería ser?”.

En Ipswich, Inglaterra, un pequeño grupo de miembros del Opus Dei ha iniciado un club juvenil dirigido por los propios padres. Los fundadores -el director cinematográfico John Pitt y el doctor Tom Word- lograron que el veterano actor Sir Alec Guinness lo patrocinase. “El club se financia mediante tómbolas, rifas y subastas. También ayudan un ministro congregacional y sus parroquianos. Tom Word procuró buscar benefactores; “uno de ellos le contestó, escéptico: ¿Cómo se le ocurre dar formación moral hoy en día?” Tom, entonces le telefoneó, le explicó el asunto y, como continuaba dudando, le dijo que se olvidase del dinero, pero que no dejase de rezar. Poco después me envió por correo un cheque por valor de 10.000 libras. Tuve. que contar los ceros varias veces para creérmelo. Debajo había escrito: “El poder de la oración”.

El club organiza cursos de realización cinematográfica, ordenadores, vela, wind surfing, piragüismo y tiro con arco. Tom describe la labor que allí se realiza como un intento de suministrar al adolescente medios para que se independice: El Fundador del Opus Dei recordaba con frecuencia la importancia de que los laicos asumieran sus propias responsabilidades. “Si trasladamos a otros nuestras obligaciones -explica Tom-, ya sea a la jerarquía de la Iglesia o a otra organización, es señal de que las cosas no marchan”.

Después de enseñarme las instalaciones, John Pitt me invitó a su casa para que conociera a su esposa, Joanna, y a sus hijos. Después de cenar, John y Joanna me explicaron que al principio habían sido muy cautos con el Opus Dei. Tenían recelos a causa de un artículo aparecido en The Time en el que se describía al Opus Dei como un grupo muy cerrado dentro de la Iglesia. Un hijo suyo, Guy, se había hecho del Opus Dei y estaban muy preocupados. John, entonces, procuró informarse bien. Estaba decidido a no dejar marchar a Guy sin lucha. Le siguió, se enteró de lo que hacía e incluso empezó a participar en algunas actividades de la Obra. El resultado fue que también él pidió la admisión en el Opus Dei.

En el Opus Dei hay una estrecha relación entre el espíritu de servicio y la voluntad de hacer las cosas lo mejor que se puede. El fundador del Opus Dei insistía en que Cristo quería no tanto que sus seguidores fueran pobres como que fuesen pobres de espíritu. Lo cual supone estar desasido de los bienes materiales, de tal forma que se pueda poner al servicio de Dios y del prójimo lo mejor que se tiene. Algo que se aprecia mejor que en ningún otro sitio es Cleraun Study Centre, de Dublín, el primer centro que el Opus Dei construyó de nueva planta en Irlanda. Aunque quienes lo construyeron carecían de recursos económicos, procuraron que estuviera bien hecho, con buenos materiales y con buen gusto. Algunas de las inversiones que al principio se pensaban hacer en el edificio, se emplearon luego en mejorar la calidad.

En cierta ocasión, Monseñor Escrivá de Balaguer describía así el espíritu de pobreza y el desprendimiento:

“Para mí, una manifestación de que nos sentimos señores del mundo, administradores fieles de Dios, es cuidar lo que usamos, con interés en que se conserve, en que dure, en que luzca, en que sirva el mayor tiempo posible para su finalidad, de manera que no se eche a perder. En los Centros del Opus Dei encontraréis una decoración sencilla, acogedora y, sobre todo, limpia, porque no hay que confundir una cosa pobre con el mal gusto ni con la suciedad. Sin embargo, comprendo que tú, de acuerdo con tus posibilidades y con tus obligaciones sociales, familiares, poseas objetos de valor y los cuides, con espíritu de mortificación, con desprendimiento. .

Hace muchos años -más de veinticinco- iba yo por un comedor de caridad, para pordioseros que no tomaban al día más alimento que la comida que allí les daban. Se trataba, de un local grande, que atendía un grupo de buenas señoras. Después de la primera distribución, para recoger las sobras acudían otros mendigos y, entre los de este grupo segundo, me llamó la atención uno: ¡Era propietario de una cuchara de peltre! La sacaba cuidadosamente del bolsillo, con codicia, la miraba con fruición, y al terminar de saborear su ración, volvía a mirar la cuchara con unos ojos que gritaban: ¡Es’ mía!, le daba dos lametones para limpiarla y la guardaba de nuevo satisfecho entre los pliegues de sus andrajos. Efectivamente, ¡era suya! Un pobrecito miserable, que entre aquella gente, compañera de desventura, se consideraba rico.

Conocía yo por entonces a una señora, con título nobiliario, Grande de España. Delante de Dios esto no cuenta nada: todos somos iguales, todos hijos de Adán y Eva, criaturas débiles, con virtudes y defectos, capaces -si el Señor nos abandona- de los peores crímenes. Desde que Cristo nos ha redimido, no hay diferencia de raza, ni de lengua, ni de color, ni de estirpe, ni de riquezas…. somos todos hijos de Dios. Esta persona de la que os hablo ahora, residía en una casa de abolengo,, pero no gastaba para sí misma ni dos pesetas al día. En cambio, retribuía muy bien a su servicio y el resto lo destinaba a ayudar a los menesterosos, pasando ella misma privaciones de todo género. A esta mujer no le faltaban muchos de esos bienes que tantos ambicionan, pero ella era personalmente pobre, muy mortificada, desprendida por completo de todo. ¿Me habéis entendido? Nos basta además escuchar las palabras del Señor: bienaventurados los pobres de espíritu porque de ellos es el reino de los cielos.

Si tú deseas alcanzar ese espíritu, te aconsejo que contigo seas parco, y muy generoso con los demás; evita los gastos superfluos por lujo, por veleidad, por vanidad, por comodidad…; no te crees necesidades. En una palabra, aprende con San Pablo a vivir en pobreza y a vivir en abundancia, a tener hartura y a sufrir hambre, a poseer de sobra y a padecer por necesidad: todo lo puedo en Aquel que me conforta. Y como el Apóstol, también así saldremos vencedores de la pelea espiritual, si mantenemos el corazón desasido, libre de ataduras”.

El fundador del Opus Dei creía que este espíritu de pobreza, unido al espíritu de servicio, podía tener un importante papel en la tarea de unir a la gente, no sólo a ingleses e irlandeses, sino a todo el mundo. Ambas cosas forman parte del espíritu que promueve el Opus Dei en todos los países. Según ese espíritu, el servicio es algo que debe informarlo todo, hasta la actividad diaria más pequeña. Una de sus expresiones más obvias es la labor que el Opus Dei desarrolla con los pobres.

«Terriblemente exigente y terriblemente libre»

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“La herencia de Mons. Escrivá de Balaguer”, escrito por Luis Ignacio Seco.

–¿En qué se basa fundamentalmente el apostolado del Opus Dei?

–Creo que en la amistad y en un auténtico cariño… –dice María Luisa, profesora universitaria–. Me ha pasado en muchas ocasiones empezar a hablar con algunas universitarias y te encuentras que lo que tienen es un problema de confusionismo terrible. A mí me indignan cuando se habla de las generaciones jóvenes. ¡Pero si no les ha dado tiempo a hacer muchas tonterías! ¡Las tonterías las hemos hecho los mayores! Pienso que tenemos que recordar cómo éramos nosotros cuando no teníamos nada que conservar y todo por hacer… Y la experiencia que tengo es que cuando te ven que vives con autenticidad y les explicas las razones de tu actitud, te aceptan siempre.

–¿No resulta difícil vivir en su posición la virtud de la pobreza?

–Pasa lo mismo que con otras virtudes. Hay que vivirla de cara a Dios y es muy personal. A mí nadie me ha dicho que tenga que aportar una cantidad determinada al mes, porque eso dependerá exclusivamente de mi generosidad. Por supuesto, la pobreza la tienes que vivir tú, no tu marido ni tus hijos. Para una persona será prescindir de un perfume o de una marca de cigarrillos, o de la merienda, o de los vestidos de modisto. Cada uno conoce sus puntos débiles y, como todo, creo que es un problema de no escurrir el bulto. La pobreza del Opus Dei está hecha de muchas cosas pequeñas y de muchas cosas que cuestan.

–¿Y no se puede desvirtuar la vocación en un momento dado?

–Bueno… depende de la exigencia, claro, porque desde luego la libertad es terrible. Éste es un examen que se tiene que hacer cada uno. Pero creo que resulta muy difícil aburguesarse dentro del Opus Dei, por los medios de formación, que te van recordando tu entrega y tu amor a Dios constantemente… Además existe una dirección espiritual muy personal, donde te van ayudando y exigiendo. Esto te hace estar al día. Además el OpusDei es una familia y sientes el cariño de la gente que te rodea… si pasas una temporada difícil, sabes que cuentas siempre con la oración y el cariño de todos. Y desde luego, la situación de una persona aburguesada es insostenible. Se marcharía sola, porque además la puerta está completamente abierta para salir. Cuando llevas unos cuantos años encuentras que tienes todo el cariño, la comprensión y la ayuda, pero que todo depende de ti. Yo diría que el espíritu del Opus Dei es terriblementeexigente y terriblemente libre. A mí lo que más me impresiona es que estoy aquí porque me da la gana y soy responsable de mis actos.

–¿Y evolucionará con los años ese espíritu del Opus Dei?

–Cambiarán las personas –concluye María Luisa–, pero el espíritu seguirá siendo el mismo, porque es la doctrina de la Iglesia, el querer de Dios y los medios tradicionales de piedad. Esto no puede cambiar. Yo me río, porque pienso que muchas cosas que vivo perteneciendo al Opus Dei las he aprendido de mi abuela. No defiendo la doctrina del Opus Dei, sino la doctrina de la Iglesia. Y hay una serie de temas que no cambiarán nunca, coma puede ser el tema del matrimonio. Yo di una serie de charlas a universitarias y lo entendían perfectamente. Comentaban que era muy duro, y estoy de acuerdo. El matrimonio es un camino de santidad y esto es exactamente igual para unos que para otros.


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