Los primeros

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Breve biografía sobre el Fundador del Opus Dei escrita por José Miguel Cejas

Fueron años de fe; años de dificultades que don Josemaría fue superando con la ayuda de Dios; y también, años de frutos, que fueron llegando poco a poco. El 24 de agosto de 1930 Isidoro Zorzano, un joven ingeniero de origen argentino, se dispuso a vivir su vocación bautismal con el carisma del Opus Dei.

Y a éste siguieron varios hombres más. En los primeros días de 1932 se vinculó a los afanes del joven fundador José María Somoano, un sacerdote asturiano de su misma edad —treinta años—, que era capellán de un Hospital de tuberculosos.

Fue creciendo también, por otro lado, la labor con mujeres. El 9 de abril de ese mismo año se incorporó al Opus Dei una andaluza, María Ignacia García Escobar, enferma en el Hospital del Rey.

Universitarios, obreros, artesanos, maestros, artistas y pequeños empresarios como Luis Gordon, que se incorporó en 1932. Fe, dificultades, frutos…

No os podéis imaginar lo que ha costado sacar adelante la Obra. Pero ¡que aventura más maravillosa! (…) Es como cultivar un terreno selvático: primero hay que talar los árboles, arrancar la maleza, apartar las piedras…, para después arar la tierra a fondo (…). Una vez roturada, hay que dejar reposar la tierra, para que se airee bien. Luego viene la siembra, y los mil cuidados que exigen las plantas: prevenir las plagas; el temor a que descargue una tormenta…

Cuando parecía que superaba una primera dificultad, se presentaba otra, y luego otra, y otra… En esos primeros años, cuando contaba con un puñado de personas, que casi se podían contar con los dedos de las manos, Dios se llevó consigo a tres de los primeros: José María Somoano falleció el 16 de julio de 1932, en la fiesta de la Virgen del Carmen, en el mismo hospital que atendía, posiblemente envenenado por los enemigos de la Fe. Luis Gordon murió santamente tras una breve enfermedad, pocos meses después, el 5 de noviembre; y María Ignacia falleció al año siguiente, en septiembre de 1933, también en olor de santidad.

Fue una dura prueba para don Josemaría, que se unió con toda su alma a la Cruz de Cristo, renovando, entre lágrimas, su confianza en Dios: ¿Lo quieres, Señor?… ¡Yo también lo quiero!

Con el tiempo fue comprendiendo los planes divinos. Fue providencial que se muriese Luis —comentaba muchos años después— , porque así el Opus Dei continuó naciendo en la más grande pobreza: si hubiese vivido, hubiésemos tenido medios materiales, medios temporales, que quizá nos hubiesen producido daño. Era menester que la Obra naciese en la pobreza, como nació Jesús en Belén.

Dios le fue señalando, entre sucesos a menudo desconcertantes, el camino a seguir; y desde el 3 de enero de 1933 pudo contar en su empeño apostólico, entre otros, con Juan Jiménez Vargas, un joven estudiante de Medicina;y unas semanas después, el 21 de enero, dio la primera clase de formación espiritual del Opus Dei, en una sala del Asilo de Porta Coeli, que había pedido prestada a las religiosas que trabajaban allí.

¡Todos llamados a la santidad!

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Breve biografía sobre el Fundador del Opus Dei escrita por José Miguel Cejas

En Brasil una persona le preguntó si alguna vez le habían llamado loco. ¿Te parece poca locura —le contestó don Josemaría— decir que en medio de la calle se puede y se debe ser santo? ¿Que puede y debe ser santo el que vende helados en un carrito y la empleada que pasa el día en la cocina, y el director de una empresa bancaria, y el profesor de universidad y el que trabaja en el campo, y el que carga sobre las espaldas las maletas…? ¡Todos llamados a la santidad! Ahora esto lo ha recogido el último Concilio, pero en aquella época —1928—, no le cabía en la cabeza a nadie. De modo que… era lógico que pensaran que estaba loco.

Muchas personas, incluso no creyentes, encuentran en las enseñanzas de Josemaría Escrivá un estímulo y un aliento para mejorar en su vida cotidiana. Con razón se le ha llamado, —además de “el santo del trabajo”—, “el santo de la vida cotidiana”. Su mensaje ha revitalizado la vida cristiana en muy diversos ambientes, y acuden a su intercesión todo tipo de personas, con los más diversos carismas. En la actualidad, por ejemplo, hay jóvenes religiosos que han elegido Josemaría como su nombre en religión

Josemaría Escrivá hizo en el mundo —y sigue haciendo— una gran siembra de santidad y paz. Se ofrecen a continuación los perfiles de varios hombres y mujeres, que lucharon por identificarse con Cristo siguiendo su carisma y sus enseñanzas. Algunas de estas personas se encuentran en camino de canonización.

Alvaro del Portillo, obispo. Prelado del Opus Dei (Madrid, 11.III.1914 — Roma, 23.III.1994). Fue el más estrecho y fiel colaborador de Josemaría Escrivá. Pertenecía al Opus Dei desde 1935, fue ordenado sacerdote el 25.VI.1944. El 15.IX.1975, el Congreso General electivo del Opus Dei lo escogió para llevar el gobierno de esta porción de la Iglesia, tras el fallecimiento de su Fundador. El 28.XI.1982 Juan Pablo II erigió el Opus Dei en Prelatura personal y le nombró Prelado del Opus Dei. El 6.I.1991 fue ordenado obispo. Falleció santamente en Roma en 1994, a la vuelta de una peregrinación a Jerusalén. El Santo Padre acudió a rezar ante sus restos mortales en la Sede Central del Opus Dei.

Isidoro Zorzano, ingeniero de RENFE (Buenos Aires, 13.IX.1902 — Madrid, 15.VII.1943). Es uno de los primeros fieles del Opus Dei. Nacido en Argentina, en el seno de una familia de emigrantes, Isidoro Zorzano conoció a Josemaría Escrivá hacia 1915, cuando —tras el regreso a España— estudiaba el Bachillerato en Logroño. Durante la persecución religiosa en España dio pruebas de caridad y valentía heroica. Tuvo un gran afán por mejorar la situación laboral de los trabajadores de la empresa de Ferrocarriles en la que trabajaba. Sobrellevó cristianamente una enfermedad larga y dolorosa, y falleció santamente en la víspera de la fiesta de la Virgen del Carmen de 1943. Uno de los que le acompañaban escribió estas notas, que sintetizan su vida: “Pasó inadvertido. Cumplió con su deber. Amó mucho. Estuvo en los detalles. Y se sacrificó siempre”. Su Causa de Canonización se abrió en Madrid el 11 de octubre de 1948.

Luis Gordon Picardo, empresario cervecero (Cádiz, 20.VIII.1898 — Madrid, 5.XI.1932). Nació en Jerez de la Frontera, en el seno de una familia profundamente cristiana de dieciséis hijos, de los que muchos eligieron el camino del sacerdocio o de la vida religiosa. Estudió Ingeniería cervecera en la Facultad de Ciencias de la Universidad de Nancy. Dirigió una empresa familiar —una pequeña fábrica de cerveza— en Ciempozuelos. Fue uno de los primeros del Opus Dei, al que se incorporó en 1932. Falleció santamente en Madrid el 5 de noviembre de aquel año, atendido por el Fundador, tras una vida de abnegación y sacrificio. Se preocupó hondamente por los obreros de su fábrica y los enfermos de los hospitales.

María Ignacia García Escobar. (Hornachuelos, Córdoba, 1896 — Madrid, 13.IX.1933). Fue una de las primeras mujeres del Opus Dei. Falleció con fama de santidad tras una larga y dolorosa enfermedad, en el Hospital del Rey de Madrid, atendida por el Fundador. Desarrolló un profundo apostolado, lleno de alegría y sentido de reparación y desagravio, con las personas que la rodeaban.

José María Somoano Berdasco, sacerdote diocesano (Arriondas, Asturias, 5.II.1902 — Madrid, 16.VI.1932). Fue el hijo mayor de una familia asturiana, muy cristiana, con doce hijos. Se ordenó sacerdote en Madrid en 1927. Fue capellán de la Enfermería del Hospital del Rey y estuvo junto a Josemaría Escrivá en los comienzos del Opus Dei, vinculándose estrechamente con los afanes del fundador. Dedicó sus mejores esfuerzos apostólicos a los niños abandonados de Madrid y a los enfermos de tuberculosis del Hospital del Rey. Falleció santamente, posiblemente envenenado por los enemigos de la Fe, en la fiesta de la Virgen del Carmen, a la que tenía gran devoción.

Montse Grases, estudiante de Escuela Profesional (Barcelona, 10.VII.1941 — 26.III.1959). Esta joven barcelonesa, nacida en el seno de una familia numerosa y profundamente cristiana, era alegre y emprendedora, muy deportista y con gran afán de almas. Estudió en la Escuela Profesional para la Mujer de la Diputación de Barcelona, y se incorporó al Opus Dei en plena juventud, el 24.XII.1957. Pocos meses después se le diagnosticó un cáncer de huesos, enfermedad que llevó con gran sentido sobrenatural, fortaleza, y abandono en Dios. Falleció en olor de santidad el 26 de Marzo de 1959, Jueves Santo. Está abierta su Causa de Canonización.

Eduardo Ortiz de Landázuri, médico (Segovia, 31.X.1910 — Pamplona, 20.V.1985).Nació en Segovia, en el seno de una familia cristiana, y estudió Medicina en Madrid. Tras el fusilamiento de su padre, el 8.IX.1936,durante la guerra, sufrió una crisis espiritual que le llevó del alejamiento práctico de la Iglesia a una vida intensamente cristiana. Casado, padre de siete hijos. El 1.VI.1952 pidió la admisión en el Opus Dei. Se incorporó en 1958 a la naciente Facultad de Medicina de la Universidad de Navarra, en cuya Facultad —y Clínica Universitaria— trabajó hasta su jubilación, desviviéndose por sus enfermos.Falleció santamente en la Clínica Universitaria de la Universidad de Navarra, en Pamplona, el 20.V.1985. Su Causa de Canonización se abrió en Pamplona el 11.XII.1998.

Ernesto Cofiño, pediatra (Ciudad de Guatemala, 5.VI.1899 — 17.X.1991). El “doctor Cofiño” —como le llamaban miles de indígenas guatemaltecos— nació en el seno de una familia numerosa de Guatemala. Casado, padre de cinco hijos. Pidió la admisión en el Opus Dei el 6.XII.1956. Es el pionero de la Pediatría en Guatemala y en Centroamérica, donde ejerció la docencia universitaria y promovió numerosas obras sociales en beneficio de la infancia. Se ocupó muy especialmente de las necesidades del mundo indígena. Impulsó la creación de escuelas para campesinos, para obreros, para universitarios, junto con numerosas iniciativas a favor de las personas más pobres de Centroamérica, siguiendo las enseñanzas sociales de la Iglesia. Falleció con fama de santidad el 17 de octubre de 1991 a causa de un cáncer, enfermedad que sobrellevó cristianamente. Su Causa de Canonización se abrió en la Ciudad de Guatemala en el año 2001.

Alexia González-Barros, estudiante de Bachillerato (Madrid 7.III.1971 — Pamplona, 5.XII.1985) Esta adolescente madrileña nació en el seno de una familia numerosa. Estudió los primeros cursos de Bachillerato en el Colegio Jesús Maestro, dirigido por las religiosas de la Compañía de Santa Teresa de Jesús. Por deseo de sus padres, que tenían gran devoción al Fundador del Opus Dei, hizo la primera Comunión el 8 de mayo de 1979, en la Cripta del Oratorio de Santa María de la Paz, donde estaba enterrado Josemaría Escrivá. “¿Te das cuenta, Alexia —le preguntó Monseñor Álvaro del Portillo—, de que vas a ser la primera niña que haga la Primera Comunión a los pies de nuestro Padre?” Alexia contestó ilusionada: “Sí”.

Al día siguiente, asistió vestida de Primera Comunión a la Audiencia General en la Plaza de San Pedro, y entregó una carta a Juan Pablo II. El Pontífice le hizo entonces el signo de la cruz sobre la frente. “La cruz sobre Alexia”, intuyó su madre. Esa intuición se hizo pronto realidad: en enero de 1985 comenzó a sentir fuertes dolores de cabeza y el 4.II.1985 se declaró su grave enfermedad. Comenzó a sufrir diversas intervenciones quirúrgicas, que llevó con gran fortaleza, afán de almas y sentido sobrenatural. Murió con la ilusión de poder entregarse en el Opus Dei, a cuyo fundador tenía gran devoción. Falleció santamente el 5.XII.1985. Pronto se expandió su fama de santidad en numerosos países. El 11.V.2000 el Postulador de su Causa, Flavio Capucci, entregó en Roma la Positiosobre la heroicidad de su vida y virtudes.

Toni Zweifel, directivo de una ONG de Ayuda al Desarrollo (Verona, Italia, 15.II.1938 — Zürich, Suiza, 24.XI.1989). Este suizo, nacido en Verona, estudió ingeniería industrial en Zürich. Trabajó como colaborador científico en un Instituto de Termodinámica. En 1962 pidió la admisión en el Opus Dei, y diez años después creó una Fundación para la Ayuda al Desarrollo, que llevó a cabo cientos de proyectos de promoción humana y solidaridad en más de treinta países de cuatro continentes. Miles de personas se beneficiaron de su amor de Dios y solicitud por todos, especialmente por los más necesitados. Vivió con heroísmo las virtudes cristianas en la normalidad de una vida corriente. Falleció con fama de santidad en Zürich el 24 de noviembre de 1989, donde se abrió su Causa de Canonización.

Guadalupe Ortiz de Landázuri, química (Madrid, 12.XII.1916 — 16.VII.1975). Nació en Madrid el día de la fiesta de la Virgen de Guadalupe. Estudió Ciencias Químicas en la Universidad Central y pidió la admisión en el Opus Dei en 1944. El 5 de marzo de 1950 se trasladó a México, donde comenzó la labor apostólica con mujeres del Opus Dei de diversos ambientes sociales. Permaneció en México hasta 1956. En los años siguientes, obtuvo el doctorado y se dedicó a la docencia, mientras realizaba un intenso apostolado. Tras una vida de intensa oración, mortificación y búsqueda de la identificación con Cristo mediante la santificación de su trabajo, falleció santamente el día de la Virgen del Carmen de 1975. Su Causa de Canonización se abrió en 2001 en Madrid

¡Todos llamados a la santidad!

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Breve biografía sobre el Fundador del Opus Dei escrita por José Miguel Cejas

En Brasil una persona le preguntó si alguna vez le habían llamado loco. ¿Te parece poca locura —le contestó don Josemaría— decir que en medio de la calle se puede y se debe ser santo? ¿Que puede y debe ser santo el que vende helados en un carrito y la empleada que pasa el día en la cocina, y el director de una empresa bancaria, y el profesor de universidad y el que trabaja en el campo, y el que carga sobre las espaldas las maletas…? ¡Todos llamados a la santidad! Ahora esto lo ha recogido el último Concilio, pero en aquella época —1928—, no le cabía en la cabeza a nadie. De modo que… era lógico que pensaran que estaba loco.

Muchas personas, incluso no creyentes, encuentran en las enseñanzas de Josemaría Escrivá un estímulo y un aliento para mejorar en su vida cotidiana. Con razón se le ha llamado, —además de “el santo del trabajo”—, “el santo de la vida cotidiana”. Su mensaje ha revitalizado la vida cristiana en muy diversos ambientes, y acuden a su intercesión todo tipo de personas, con los más diversos carismas. En la actualidad, por ejemplo, hay jóvenes religiosos que han elegido Josemaría como su nombre en religión

Josemaría Escrivá hizo en el mundo —y sigue haciendo— una gran siembra de santidad y paz. Se ofrecen a continuación los perfiles de varios hombres y mujeres, que lucharon por identificarse con Cristo siguiendo su carisma y sus enseñanzas. Algunas de estas personas se encuentran en camino de canonización.

Alvaro del Portillo, obispo. Prelado del Opus Dei (Madrid, 11.III.1914 — Roma, 23.III.1994). Fue el más estrecho y fiel colaborador de Josemaría Escrivá. Pertenecía al Opus Dei desde 1935, fue ordenado sacerdote el 25.VI.1944. El 15.IX.1975, el Congreso General electivo del Opus Dei lo escogió para llevar el gobierno de esta porción de la Iglesia, tras el fallecimiento de su Fundador. El 28.XI.1982 Juan Pablo II erigió el Opus Dei en Prelatura personal y le nombró Prelado del Opus Dei. El 6.I.1991 fue ordenado obispo. Falleció santamente en Roma en 1994, a la vuelta de una peregrinación a Jerusalén. El Santo Padre acudió a rezar ante sus restos mortales en la Sede Central del Opus Dei.

Isidoro Zorzano, ingeniero de RENFE (Buenos Aires, 13.IX.1902 — Madrid, 15.VII.1943). Es uno de los primeros fieles del Opus Dei. Nacido en Argentina, en el seno de una familia de emigrantes, Isidoro Zorzano conoció a Josemaría Escrivá hacia 1915, cuando —tras el regreso a España— estudiaba el Bachillerato en Logroño. Durante la persecución religiosa en España dio pruebas de caridad y valentía heroica. Tuvo un gran afán por mejorar la situación laboral de los trabajadores de la empresa de Ferrocarriles en la que trabajaba. Sobrellevó cristianamente una enfermedad larga y dolorosa, y falleció santamente en la víspera de la fiesta de la Virgen del Carmen de 1943. Uno de los que le acompañaban escribió estas notas, que sintetizan su vida: “Pasó inadvertido. Cumplió con su deber. Amó mucho. Estuvo en los detalles. Y se sacrificó siempre”. Su Causa de Canonización se abrió en Madrid el 11 de octubre de 1948.

Luis Gordon Picardo, empresario cervecero (Cádiz, 20.VIII.1898 — Madrid, 5.XI.1932). Nació en Jerez de la Frontera, en el seno de una familia profundamente cristiana de dieciséis hijos, de los que muchos eligieron el camino del sacerdocio o de la vida religiosa. Estudió Ingeniería cervecera en la Facultad de Ciencias de la Universidad de Nancy. Dirigió una empresa familiar —una pequeña fábrica de cerveza— en Ciempozuelos. Fue uno de los primeros del Opus Dei, al que se incorporó en 1932. Falleció santamente en Madrid el 5 de noviembre de aquel año, atendido por el Fundador, tras una vida de abnegación y sacrificio. Se preocupó hondamente por los obreros de su fábrica y los enfermos de los hospitales.

María Ignacia García Escobar. (Hornachuelos, Córdoba, 1896 — Madrid, 13.IX.1933). Fue una de las primeras mujeres del Opus Dei. Falleció con fama de santidad tras una larga y dolorosa enfermedad, en el Hospital del Rey de Madrid, atendida por el Fundador. Desarrolló un profundo apostolado, lleno de alegría y sentido de reparación y desagravio, con las personas que la rodeaban.

José María Somoano Berdasco, sacerdote diocesano (Arriondas, Asturias, 5.II.1902 — Madrid, 16.VI.1932). Fue el hijo mayor de una familia asturiana, muy cristiana, con doce hijos. Se ordenó sacerdote en Madrid en 1927. Fue capellán de la Enfermería del Hospital del Rey y estuvo junto a Josemaría Escrivá en los comienzos del Opus Dei, vinculándose estrechamente con los afanes del fundador. Dedicó sus mejores esfuerzos apostólicos a los niños abandonados de Madrid y a los enfermos de tuberculosis del Hospital del Rey. Falleció santamente, posiblemente envenenado por los enemigos de la Fe, en la fiesta de la Virgen del Carmen, a la que tenía gran devoción.

Montse Grases, estudiante de Escuela Profesional (Barcelona, 10.VII.1941 — 26.III.1959). Esta joven barcelonesa, nacida en el seno de una familia numerosa y profundamente cristiana, era alegre y emprendedora, muy deportista y con gran afán de almas. Estudió en la Escuela Profesional para la Mujer de la Diputación de Barcelona, y se incorporó al Opus Dei en plena juventud, el 24.XII.1957. Pocos meses después se le diagnosticó un cáncer de huesos, enfermedad que llevó con gran sentido sobrenatural, fortaleza, y abandono en Dios. Falleció en olor de santidad el 26 de Marzo de 1959, Jueves Santo. Está abierta su Causa de Canonización.

Eduardo Ortiz de Landázuri, médico (Segovia, 31.X.1910 — Pamplona, 20.V.1985).Nació en Segovia, en el seno de una familia cristiana, y estudió Medicina en Madrid. Tras el fusilamiento de su padre, el 8.IX.1936,durante la guerra, sufrió una crisis espiritual que le llevó del alejamiento práctico de la Iglesia a una vida intensamente cristiana. Casado, padre de siete hijos. El 1.VI.1952 pidió la admisión en el Opus Dei. Se incorporó en 1958 a la naciente Facultad de Medicina de la Universidad de Navarra, en cuya Facultad —y Clínica Universitaria— trabajó hasta su jubilación, desviviéndose por sus enfermos.Falleció santamente en la Clínica Universitaria de la Universidad de Navarra, en Pamplona, el 20.V.1985. Su Causa de Canonización se abrió en Pamplona el 11.XII.1998.

Ernesto Cofiño, pediatra (Ciudad de Guatemala, 5.VI.1899 — 17.X.1991). El “doctor Cofiño” —como le llamaban miles de indígenas guatemaltecos— nació en el seno de una familia numerosa de Guatemala. Casado, padre de cinco hijos. Pidió la admisión en el Opus Dei el 6.XII.1956. Es el pionero de la Pediatría en Guatemala y en Centroamérica, donde ejerció la docencia universitaria y promovió numerosas obras sociales en beneficio de la infancia. Se ocupó muy especialmente de las necesidades del mundo indígena. Impulsó la creación de escuelas para campesinos, para obreros, para universitarios, junto con numerosas iniciativas a favor de las personas más pobres de Centroamérica, siguiendo las enseñanzas sociales de la Iglesia. Falleció con fama de santidad el 17 de octubre de 1991 a causa de un cáncer, enfermedad que sobrellevó cristianamente. Su Causa de Canonización se abrió en la Ciudad de Guatemala en el año 2001.

Alexia González-Barros, estudiante de Bachillerato (Madrid 7.III.1971 — Pamplona, 5.XII.1985) Esta adolescente madrileña nació en el seno de una familia numerosa. Estudió los primeros cursos de Bachillerato en el Colegio Jesús Maestro, dirigido por las religiosas de la Compañía de Santa Teresa de Jesús. Por deseo de sus padres, que tenían gran devoción al Fundador del Opus Dei, hizo la primera Comunión el 8 de mayo de 1979, en la Cripta del Oratorio de Santa María de la Paz, donde estaba enterrado Josemaría Escrivá. “¿Te das cuenta, Alexia —le preguntó Monseñor Álvaro del Portillo—, de que vas a ser la primera niña que haga la Primera Comunión a los pies de nuestro Padre?” Alexia contestó ilusionada: “Sí”.

Al día siguiente, asistió vestida de Primera Comunión a la Audiencia General en la Plaza de San Pedro, y entregó una carta a Juan Pablo II. El Pontífice le hizo entonces el signo de la cruz sobre la frente. “La cruz sobre Alexia”, intuyó su madre. Esa intuición se hizo pronto realidad: en enero de 1985 comenzó a sentir fuertes dolores de cabeza y el 4.II.1985 se declaró su grave enfermedad. Comenzó a sufrir diversas intervenciones quirúrgicas, que llevó con gran fortaleza, afán de almas y sentido sobrenatural. Murió con la ilusión de poder entregarse en el Opus Dei, a cuyo fundador tenía gran devoción. Falleció santamente el 5.XII.1985. Pronto se expandió su fama de santidad en numerosos países. El 11.V.2000 el Postulador de su Causa, Flavio Capucci, entregó en Roma la Positiosobre la heroicidad de su vida y virtudes.

Toni Zweifel, directivo de una ONG de Ayuda al Desarrollo (Verona, Italia, 15.II.1938 — Zürich, Suiza, 24.XI.1989). Este suizo, nacido en Verona, estudió ingeniería industrial en Zürich. Trabajó como colaborador científico en un Instituto de Termodinámica. En 1962 pidió la admisión en el Opus Dei, y diez años después creó una Fundación para la Ayuda al Desarrollo, que llevó a cabo cientos de proyectos de promoción humana y solidaridad en más de treinta países de cuatro continentes. Miles de personas se beneficiaron de su amor de Dios y solicitud por todos, especialmente por los más necesitados. Vivió con heroísmo las virtudes cristianas en la normalidad de una vida corriente. Falleció con fama de santidad en Zürich el 24 de noviembre de 1989, donde se abrió su Causa de Canonización.

Guadalupe Ortiz de Landázuri, química (Madrid, 12.XII.1916 — 16.VII.1975). Nació en Madrid el día de la fiesta de la Virgen de Guadalupe. Estudió Ciencias Químicas en la Universidad Central y pidió la admisión en el Opus Dei en 1944. El 5 de marzo de 1950 se trasladó a México, donde comenzó la labor apostólica con mujeres del Opus Dei de diversos ambientes sociales. Permaneció en México hasta 1956. En los años siguientes, obtuvo el doctorado y se dedicó a la docencia, mientras realizaba un intenso apostolado. Tras una vida de intensa oración, mortificación y búsqueda de la identificación con Cristo mediante la santificación de su trabajo, falleció santamente el día de la Virgen del Carmen de 1975. Su Causa de Canonización se abrió en 2001 en Madrid

Los primeros

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Breve biografía sobre el Fundador del Opus Dei escrita por José Miguel Cejas

Fueron años de fe; años de dificultades que don Josemaría fue superando con la ayuda de Dios; y también, años de frutos, que fueron llegando poco a poco. El 24 de agosto de 1930 Isidoro Zorzano, un joven ingeniero de origen argentino, se dispuso a vivir su vocación bautismal con el carisma del Opus Dei.

Y a éste siguieron varios hombres más. En los primeros días de 1932 se vinculó a los afanes del joven fundador José María Somoano, un sacerdote asturiano de su misma edad —treinta años—, que era capellán de un Hospital de tuberculosos.

Fue creciendo también, por otro lado, la labor con mujeres. El 9 de abril de ese mismo año se incorporó al Opus Dei una andaluza, María Ignacia García Escobar, enferma en el Hospital del Rey.

Universitarios, obreros, artesanos, maestros, artistas y pequeños empresarios como Luis Gordon, que se incorporó en 1932. Fe, dificultades, frutos…

No os podéis imaginar lo que ha costado sacar adelante la Obra. Pero ¡que aventura más maravillosa! (…) Es como cultivar un terreno selvático: primero hay que talar los árboles, arrancar la maleza, apartar las piedras…, para después arar la tierra a fondo (…). Una vez roturada, hay que dejar reposar la tierra, para que se airee bien. Luego viene la siembra, y los mil cuidados que exigen las plantas: prevenir las plagas; el temor a que descargue una tormenta…

Cuando parecía que superaba una primera dificultad, se presentaba otra, y luego otra, y otra… En esos primeros años, cuando contaba con un puñado de personas, que casi se podían contar con los dedos de las manos, Dios se llevó consigo a tres de los primeros: José María Somoano falleció el 16 de julio de 1932, en la fiesta de la Virgen del Carmen, en el mismo hospital que atendía, posiblemente envenenado por los enemigos de la Fe. Luis Gordon murió santamente tras una breve enfermedad, pocos meses después, el 5 de noviembre; y María Ignacia falleció al año siguiente, en septiembre de 1933, también en olor de santidad.

Fue una dura prueba para don Josemaría, que se unió con toda su alma a la Cruz de Cristo, renovando, entre lágrimas, su confianza en Dios: ¿Lo quieres, Señor?… ¡Yo también lo quiero!

Con el tiempo fue comprendiendo los planes divinos. Fue providencial que se muriese Luis —comentaba muchos años después— , porque así el Opus Dei continuó naciendo en la más grande pobreza: si hubiese vivido, hubiésemos tenido medios materiales, medios temporales, que quizá nos hubiesen producido daño. Era menester que la Obra naciese en la pobreza, como nació Jesús en Belén.

Dios le fue señalando, entre sucesos a menudo desconcertantes, el camino a seguir; y desde el 3 de enero de 1933 pudo contar en su empeño apostólico, entre otros, con Juan Jiménez Vargas, un joven estudiante de Medicina;y unas semanas después, el 21 de enero, dio la primera clase de formación espiritual del Opus Dei, en una sala del Asilo de Porta Coeli, que había pedido prestada a las religiosas que trabajaban allí.

En la fiesta de la Virgen del Carmen

Sta María de la Paz  Tagged , , , , , No Comments »

San Josemaría decía que “pocas devociones marianas tienen tanto arraigo entre los fieles y tantas bendiciones de los Pontífices”.

16 de julio de 2009

Opus Dei -

Madre! -Llámala fuerte, fuerte. -Te escucha, te ve en peligro quizá, y te brinda, tu Madre Santa

María, con la gracia de su Hijo, el consuelo de su regazo, la ternura de sus caricias: y te encontrarás reconfortado para la nueva lucha.
Camino, 516

Lleva sobre tu pecho el santo escapulario del Carmen. —Pocas devociones —hay muchas y muy buenas devociones marianas— tienen tanto arraigo entre los fieles, y tantas bendiciones de los Pontífices. —Además ¡es tan maternal ese privilegio sabatino!
Camino, 500

No estás solo. -Lleva con alegría la tribulación. -No sientes en tu mano, pobre niño, la mano de tu Madre: es verdad. -Pero… ¿has visto a las madres de la tierra, con los brazos extendidos, seguir a sus pequeños, cuando se aventuran, temblorosos, a dar sin ayuda de nadie los primeros pasos? -No estás solo: María está junto a ti.
Camino, 900

Permíteme un consejo, para que lo pongas en práctica a diario. Cuando el corazón te haga notar sus bajas tendencias, reza despacio a la Virgen Inmaculada: ¡mírame con compasión, no me dejes, Madre mía! -Y aconséjalo a otros.
Surco, 849

Nuestra Madre es modelo de correspondencia a la gracia y, al contemplar su vida, el Señor nos dará luz para que sepamos divinizar nuestra existencia ordinaria. A lo largo del año, cuando celebramos las fiestas marianas, y en bastantes momentos de cada jornada corriente, los cristianos pensamos muchas veces en la Virgen. Si aprovechamos esos instantes, imaginando cómo se conduciría Nuestra Madre en las tareas que nosotros hemos de realizar, poco a poco iremos aprendiendo: y acabaremos pareciéndonos a Ella, como los hijos se parecen a su madre.

Imitar, en primer lugar, su amor. La caridad no se queda en sentimientos: ha de estar en las palabras, pero sobre todo en las obras. La Virgen no sólo dijo fiat, sino que cumplió en todo momento esa decisión firme e irrevocable. Así nosotros: cuando nos aguijonee el amor de Dios y conozcamos lo que El quiere, debemos comprometernos a ser fieles, leales, y a serlo efectivamente. Porque no todo aquel que dice Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos; sino aquel que hace la voluntad de mi Padre celestial.

Hemos de imitar su natural y sobrenatural elegancia. Ella es una criatura privilegiada de la historia de la salvación: en María, “el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros”. Fue testigo delicado, que pasa oculto; no le gustó recibir alabanzas, porque no ambicionó su propia gloria. María asiste a los misterios de la infancia de su Hijo, misterios, si cabe hablar así, normales: a la hora de los grandes milagros y de las aclamaciones de las masas, desaparece. En Jerusalén, cuando Cristo —cabalgando un borriquito— es vitoreado como Rey, no está María. Pero reaparece junto a la Cruz, cuando todos huyen. Este modo de comportarse tiene el sabor, no buscado, de la grandeza, de la profundidad, de la santidad de su alma.

Tratemos de aprender, siguiendo su ejemplo en la obediencia a Dios, en esa delicada combinación de esclavitud y de señorío. En María no hay nada de aquella actitud de las vírgenes necias, que obedecen, pero alocadamente. Nuestra Señora oye con atención lo que Dios quiere, pondera lo que no entiende, pregunta lo que no sabe. Luego, se entrega toda al cumplimiento de la voluntad divina: “he aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra”. ¿Veis la maravilla? Santa María, maestra de toda nuestra conducta, nos enseña ahora que la obediencia a Dios no es servilismo, no sojuzga la conciencia: nos mueve íntimamente a que descubramos la libertad de los hijos de Dios.
Es Cristo que pasa, 173


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