Olvidar y perdonar

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Breve biografía sobre el Fundador del Opus Dei escrita por José Miguel Cejas

La guerra había dejado en el país un clima de recelos y sospechas; y tras la persecución religiosa, don Josemaría tuvo que sufrir una nueva persecución, esta vez contra su predicación y su figura: habladurías, murmuraciones, calumnias. Uno de aquellos ataques pudo costarle la vida: llegaron a denunciarle, en la espiral absurda de acusaciones sin fundamento, ante el terrible Tribunal para la represión del marxismo y la masonería.

Ante esos hechos, su enseñanza constante fue siempre olvidar y perdonar. Aconsejaba:

—No juzgues a los demás;

—no ofendas ni siquiera con la duda;

—ahoga el mal en abundancia de bien;

—siembra lealtad, justicia y paz;

—pasa por alto las interpretaciones torcidas;

—habla cuando pienses en conciencia que debes hablar;

—perdona, siempre, pronto, y todo con la sonrisa en los labios;

—y deja todo en manos de nuestro Padre Dios.

Tenía los brazos abiertos para todos, aunque le hubiesen ofendido seriamente, y sembraba la paz y el perdón, en medio de aquel clima exaltado de odios y rencores. A uno, que le hablaba de venganzas y penas de muerte contra unas personas enemigas de la fe, le explicó que él, por el contrario, deseaba todo el bien a esas personas; y oraba para que se convirtiesen y se acercasen al Señor. A otro, que quería levantar una cruz donde habían asesinado a un pariente suyo, le aconsejó que no lo hiciera, porque —le dijo con claridad— le movía el odio hacia los asesinos, y el odio es incompatible con la Cruz de Cristo. Escribió en su libro Via Crucis: Hay que unir, hay que comprender, hay que disculpar. No levantes jamás una cruz sólo para recordar que unos han matado a otros. Sería el estandarte del diablo. La Cruz de Cristo es callar, perdonar y rezar por unos y por otros, para que todos alcancen la paz.

El 15 de julio de 1943, víspera de la Virgen del Carmen, falleció en Madrid, con fama de santidad, Isidoro Zorzano, uno de los primeros fieles del Opus Dei. En octubre de 1944, mientras predicaba unos Ejercicios Espirituales a los agustinos de El Escorial, diagnosticaron a don Josemaría una grave enfermedad: diabetes mellitus. Siguió predicando, a pesar de su grave estado físico. Y acogió estas nuevas penalidades redoblando su esperanza en Dios.

Mientras tanto, se fueron dando los primeros pasos de carácter jurídico y pastoral, y el 25 de junio de 1944 tuvo lugar la ordenación sacerdotal de tres fieles del Opus Dei: José María Hernández Garnica, José Luis Múzquiz, y Álvaro del Portillo, su más fiel e inmediato colaborador.

Meditaciones

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“La fundación del Opus Dei”. Libro escrito por John F. Coverdale, en el que narra la historia del Opus Dei hasta 1943.

Escrivá empezó pronto a organizar días de retiro espiritual para estudiantes universitarios. Se tenían una vez al mes en la cercana iglesia del Perpetuo Socorro, de los Redentoristas. Se empezaba pronto por la mañana y se terminaba a media tarde. En esas horas había Santa Misa, Via Crucis, tres o cuatro meditaciones predicadas por Escrivá y espacios para la reflexión personal.

El estilo de las meditaciones de Escrivá no tenía nada que ver con la florida retórica que caracterizaba a los predicadores de esa época. Solía leer en voz alta algún pasaje del Evangelio y lo comentaba de un modo íntimo y personal. Aunque tenía una sólida formación escriturística, sus comentarios no eran nunca exégesis erudita, sino conversaciones personales con Cristo sobre su vida y las consecuencias que de ella se podían sacar.

El objetivo de las meditaciones no era tanto transmitir unos conocimientos sobre el Evangelio como llevar a sus oyentes a conocer personalmente a Jesucristo, a conversar con Él, a asimilar su mensaje y ponerlo en práctica en su vida cotidiana. Como dijo un autor, la esencia no era la instrucción y las explicaciones, sino el real encuentro con Cristo de quienes escuchaban, el diálogo, un sobrenatural tú a tú. La clave para captar el carácter de sus meditaciones está en que para Escrivá predicar no era un ejercicio retórico; se trataba de su oración personal con Jesucristo que mantenía en voz alta. A menudo se dirigía al sagrario y hablaba a Jesús, realmente presente allí mismo. También cuando no hablaba directamente al sagrario, resultaba claro a los oyentes que estaba conversando con Él. El Cristo con quien hablaba no era un personaje pasado, sino un ser vivo y cercano a quien amaba familiar y profundamente.

Las meditaciones eran fruto de su propia vida interior y de su experiencia de director de almas. Es frecuente que los asistentes tuvieran la impresión de que se dirigía a cada uno en particular, ya que Escrivá hablaba de los mismos problemas y aspiraciones personales que ellos tenían. Al oírle, se experimentaba un deseo enorme de amar a Dios, de servirle, de entregarse a Él. Escrivá abría amplios horizontes en sus oyentes. Lo que a alguno le parecía un bonito sueño, en la predicación de Escrivá se presentaba como algo completamente real, que se podía alcanzar con la gracia de Dios y la lucha personal de cada día.

Un agustino que asistió a unos ejercicios espirituales predicados por Escrivá relató, años más tarde, que expresaba con palabras lo que llevaba en el corazón y que nunca había oído comentar los textos del Evangelio como en aquella ocasión. A otro sacerdote, que participó en otros ejercicios, le llamó profundamente la atención la fuerza de sus palabras y su ánimo para sacar a las almas de la mediocridad espiritual, lo cual revelaba su total dedicación al servicio de Dios.

Si el objetivo del apostolado del Opus Dei con los jóvenes es convertirlos en “hombres de oración”, esto se ponía particularmente de manifiesto en las meditaciones de Escrivá. Ayudaba a los asistentes a rezar por su cuenta, les enseñaba a conversar con Cristo en el silencio de sus corazones. Escrivá decía a sus oyentes que no se sintieran obligados a seguir el hilo de su discurso. Lo importante, les explicaba, no era escuchar sus palabras, sino hablar con Jesús sobre su vida y la de cada uno, siguiendo las inspiraciones del Espíritu Santo. Muchos coinciden en señalar que era imposible permanecer como un espectador cuando predicaba Escrivá, ya que él mismo rezaba e introducía a quienes escuchaban en la oración, ayudándoles a responder interiormente al Señor, a hablarle cada uno por su cuenta. Unas veces movía a hacer actos de compunción, de amor y de generosidad. Era frecuente que se volviera hacia el sagrario y dijera en voz alta que él estaba hablando con Dios y que los demás debían dirigirse también a Él, que no podían estar sentados en los bancos del oratorio como sacos de arena, sino que debían hablar personalmente con Dios.

Muerte en la Cruz

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Textos de San Josemaría sobre esta escena del Evangelio

Entonces se lo entregó para que fuera crucificado. Tomaron, pues, a Jesús; y él, con la cruz a cuestas, salió hacia el lugar llamado de la Calavera, en hebreo Gólgota, donde le crucificaron, y con él a otros dos, uno a cada lado, y en el centro Jesús. Pilato escribió el título y lo puso sobre la cruz. Estaba escrito: Jesús Nazareno, el Rey de los judíos(Ioh, 19, 17-19) .

“Ahora crucifican al Señor, y junto a El a dos ladrones, uno a la derecha y otro a la izquierda. Entretanto Jesús dice:

Padre, perdónales porque no saben lo que hacen (Lc XXIII,34).

Es el Amor lo que ha llevado a Jesús al Calvario. Y ya en la Cruz, todos sus gestos y todas sus palabras son de amor, de amor sereno y fuerte.

Con ademán de Sacerdote Eterno, sin padre ni madre, sin genealogía (cfr. Heb VII,3), abre sus brazos a la humanidad entera.

Junto a los martillazos que enclavan a Jesús, resuenan las palabras proféticas de la Escritura Santa: han taladrado mis manos y mis pies. Puedo contar todos mis huesos, y ellos me miran y contemplan (Ps XXI,17–18).

¡Pueblo mío! ¿Qué te hice o en qué te he contristado? ¡Respóndeme! (Mich VI,3).

Y nosotros, rota el alma de dolor, decimos sinceramente a Jesús: soy tuyo, y me entrego a Ti, y me clavo en la Cruz gustosamente, siendo en las encrucijadas del mundo un alma entregada a Ti, a tu gloria, a la Redención, a la corredención de la humanidad entera”.

XI Estación, Vía Crucis.

“En la parte alta de la Cruz está escrita la causa de la condena: Jesús Nazareno Rey de los judíos (Ioh XIX,19). Y todos los que pasan por allí, le injurian y se mofan de El.

Si es el rey de Israel, baje ahora de la cruz (Mt XXVII, 42).

Uno de los ladrones sale en su defensa:

Este ningún mal ha hecho… (Lc XXIII,41).

Luego dirige a Jesús una petición humilde, llena de fe:

Señor, acuérdate de mí cuando estés en tu reino (Lc XXIII,42).

En verdad te digo que hoy mismo estarás conmigo en el paraíso (Lc XXIII,43).

Junto a la Cruz está su Madre, María, con otras santas mujeres. Jesús la mira, y mira después al discípulo que el ama, y dice a su Madre:

Mujer, ahí tienes a tu hijo

Luego dice al discípulo:

Ahí tienes a tu madre (Ioh XIX, 26–27).

Se apaga la luminaria del cielo, y la tierra queda sumida en tinieblas. Son cerca de las tres, cuando Jesús exclama:

Elí, Elí, lamma sabachtani?! Esto es: Dios mío, ¿por qué me has abandonado? (Mt XXVII,46).

Después, sabiendo que todas las cosas están a punto de ser consumadas, para que se cumpla la Escritura, dice:

Tengo sed (Ioh XIX,28).

Los soldados empapan en vinagre una esponja, y poniéndola en una caña de hisopo se la acercan a la boca. Jesús sorbe el vinagre, y exclama:

Todo está cumplido (Ioh XIX,30).

El velo del templo se rasga, y tiembla la tierra, cuando clama el Señor con una gran voz:

Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu (Lc XXIII,46).

Y expira.

Ama el sacrificio, que es fuente de vida interior. Ama la Cruz, que es altar del sacrificio. Ama el dolor, hasta beber, como Cristo, las heces del cáliz”.

XII Estación, Vía Crucis.

Palabras de un santo (en 2009)

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Miles de personas se sirven hoy de los textos del Fundador del Opus Dei para intentar mejorar su vida cristiana y profundizar en las raíces de su fe.

Opus Dei -

Durante 2009 se han publicado en el mundo, en más de 30 ediciones, unos 50.000 ejemplares de los libros de San Josemaría Escrivá de Balaguer. Desde Venezuela, Colombia, México o Argentina hasta Indonesia, India y China pasando por Italia, Francia, Eslovenia o España. Culturas y lenguas muy diferentes, pero unidas en el sentido de lo trascendente común a hombres y mujeres de todo el mundo.

Camino, Surco, Forja, los libros de homilías Amigos de Dios y Es Cristo que pasa, Santo Rosario, Via Crucis, y el libro de entrevistas Conversaciones con Mons. Escrivá de Balaguer siguen siendo best sellers de la literatura espiritual con millones de ejemplares vendidos.

Miles de personas se sirven hoy de los textos del Fundador del Opus Dei para intentar mejorar su vida cristiana y profundizar en las raíces de su fe. De todos los libros emana una rica experiencia pastoral en el cuidado de las almas.

El Prelado, en Loreto: “Corredimir con Cristo, junto a María”

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Loreto –lugar que custodia los restos de la Santa Casa- ha dedicado un Paseo a San Josemaría en el que se puede realizar el Via Crucis. El Prelado del Opus Dei acudió a su inauguración y relató algunos recuerdos.

Opus Dei - El Prelado del Opus Dei, el Vicario general y el arzobispo de Loreto.
El Prelado del Opus Dei, el Vicario general y el arzobispo de Loreto.

El Paseo san Josemaría nace en el párking a donde llegan los autobuses de peregrinos que acuden a rezar ante la Santa Casa (cada año, más de 4 millones de personas), muy cerca de la Basílica.

La subida hasta la entrada del templo describe siete curvas en las que se han colocado las catorce escenas de la Pasión, acompañadas de un breve texto extraído del Via Crucis de San Josemaría. Los presentes en la ceremonia de inauguración rezaron esta oración junto con el obispo de Loreto y el Prelado del Opus Dei.

Al final, mons. Javier Echevarría dijo estas palabras: “Al revivir el Via Crucis en el camino que hoy será dedicado a San Josemaría, pienso de nuevo que este santo ha sido elegido por Dios para recordar a tantas personas de todas las condiciones sociales que se han abierto los caminos divinos de la tierra”.

Opus Dei - El Paseo San Josemaría, que sube al Santuario de Loreto.
El Paseo San Josemaría, que sube al Santuario de Loreto.

“Cualquier situación humana noble, cualquier trabajo, profesión o estado de vida de una persona, puede sercamino de santidad, camino para ir al Cielo, lugar para encontrarse con Dios y servir a los hermanos y hermanas. Por eso a san Josemaría le gustaba mucho la palabra Camino

(con la que tituló uno de sus primeros libros) y la palabra “calle” (decía que los cristianos deben ser santos en medio de la calle). Le gustaba asimismo contemplar a Cristo que pasa por los caminos del mundo haciendo el bien”.

“¡Cuántas veces [San Josemaría] nos ha dicho que si queríamos ser cristianos coherentes, y por lo tanto apóstoles, debíamos encontrar la Cruz en nuestro camino! ¡A cuantas personas ha enseñado a amar y abrazar la Santa Cruz de Cristo como único camino hacia la Resurrección, Pentecostés y la gloria del Cielo!”

Mons. Echevarría recordó que cuando acompañaba a San Josemaría a realizar esta devoción cristiana, el santo “llevaba escritas, en su pequeña agenda, las catorce estaciones del Via Crucis, de ese modo podía meditarlo con frecuencia, especialmente durante la Cuaresma”.

Opus Dei - Numerosos vecinos de Loreto, devotos de San Josemaría y autoridades eclesiásticas realizaron el Via Crucis.

Numerosos vecinos de Loreto, devotos de San Josemaría y autoridades eclesiásticas realizaron el Via Crucis.

“Recuerdo que un día mientras nos enseñaba con devoción y respeto una reliquia de la Cruz, nos habló durante un largo rato de la Pasión y la Muerte de Nuestro Señor. Nos decía: Nosotros amamos la Cruz, debemos amarla de modo sincero, porque donde está la Cruz, está Cristo con su Amor, con su presencia que todo lo llena”.

“Nos animaba a conservar en la memoria, como si fuese una película, los momentos en los que se lleva a cabo la redención de la Humanidad, de forma que pudiésemos meternos en aquellas escenas, como un personaje más, para arrepentirnos de nuestras omisiones, para estar junto a Jesús, para amarlo, para sentir que Dios nos llama a corredimir con Cristo junto a María”.

Ya cerca del Santuario de Loreto, el Prelado habló de la Cruz y de la Madre de Cristo. Citando una frase de Santo Rosario, dijo que: El principio del camino, que tiene por final la completa locura por Jesús, es un confiado amor hacia María Santísima. En el camino del Via Crucis, la tradición siempre ha visto la presencia de María. Por esto me alegra especialmente que esta Via Crucis lleve al Santuario de la Santa Casa”.

En la homilía de la Misa que Mons. Javier Echevarría celebró en el Santuario, recordó la peregrinación que realizó en 1951 con el Fundador del Opus Dei, cuando el santo vino a confiar a la Virgen el futuro del Opus Dei, por entonces incierto: “Estaba absorto en la oración, sereno como un niño en los brazos de su madre”.

Opus Dei - Tras el Via Crucis, Mons. echevarría y Mons. Giovanni Tonucci rezaron ante la Virgen dentro de la Santa Casa, donde en 1951 San Josemaría celebró la Eucaristía.
Tras el Via Crucis, Mons. echevarría y Mons. Giovanni Tonucci rezaron ante la Virgen dentro de la Santa Casa, donde en 1951 San Josemaría celebró la Eucaristía.

Y continuó el Prelado: “El Señor no sabe, no quiere, negar nada a quien se dirige a Él con humildad. Antes bien, está siempre atento a acoger nuestras peticiones. Pero no olvidemos que la oración es sincera cuando es humilde, cuando estamos dispuestos a aceptar y cumplir todo lo que Él quiere de nosotros”.

“El Señor concede a los santos una gran humildad. Ellos se saben pecadores mientras llevan a cabo grandes obras en servicio de la Iglesia y de las almas. Muchas almas han aprendido de San Josemaría un apasionado amor a la Iglesia, aplicándolo a sus situaciones personales”.


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