Textos y referencias bibliográficas de San Josemaría

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Sobre el nazismo, el fascismo y el pensamiento totalitario

Opus Dei -

1. San Josemaría ante el nazismo, el fascismo y el pensamiento totalitario

- Declaraciones de San Josemaría

- Textos y referencias bibliográficas sobre San Josemaría y el nazismo

2. Algunos textos sobre el Fundador del Opus Dei

3. Actitud de la Falange ante el Opus Dei y el Fundador

4. Textos y referencias bibliográficas

15 días con Josemaría Escrivá

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Textos del libro “15 días con Josemaría Escrivá” de D. Guillaume Derville, editado por Ciudad Nueva

Opus Dei -

Como un personaje más

Que busques a Cristo, que encuentres a Cristo, que ames a Cristo (Camino 382): ésta era la dedicatoria habitual de Josemaría Escrivá en la primera página de los libros que relataban la vida de Jesús y que aconsejaba leer, una invitación que también grababa con letras de fuego en los corazones. ¿Cómo llegar a ese encuentro personal con Cristo (cf. Es Cristo que pasa 59, 110, 118; Amigos de Dios 264)?: Leyendo su vida para que quede impresa en la memoria como las imágenes de una película.

Josemaría no se contenta con leer el Evangelio, lo vive como un personaje más (Surco 672; Forja 8). Esta fórmula lapidaria ilustra lo que él mismo hace: entra en la vida de Jesús, o mejor, nuestro Señor se convierte en su vida, introduciéndose en su corazón. En el Evangelio descubrimos la vida de Jesús, pero también la nuestra: Todo, cada punto relatado, se ha recogido, detalle a detalle, para que lo encarnes en las circunstancias concretas de tu existencia (Forja 754).

¡Cuántas personas han conocido a Jesús durante su vida terrena! Las páginas que siguen ofrecen una luz sobre algunos de esos encuentros. El lector está invitado a tomar parte en la escena. En esa contemplación, el Verbo de Dios habla e invita a seguirle. Ahí está la santidad: responder día tras día a una llamada que se dirige a cada uno, una llamada amorosa, exigente, divina, que hará de Josemaría, en cierto modo a pesar suyo, pero a la vez apasionadamente, su heraldo singular.

Agradecemos a la editorial Ciudad Nueva que nos haya permitido reproducir algunos párrafos del  libro “15 días con Josemaría Escrivá”, escrito por D. Guillaume Derville.

La Anunciación

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Textos de San Josemaría sobre esta escena del Evangelio

En el sexto mes fue enviado el ángel Gabriel de parte de Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón de nombre José, de la casa de David, y el nombre de la virgen era María (Lc 1, 26-27).

“No olvides, amigo mío, que somos niños. La Señora del dulce nombre, María, está recogida en oración. Tú eres, en aquella casa, lo que quieras ser: un amigo, un criado, un curioso, un vecino… —Yo ahora no me atrevo a ser nada. Me escondo detrás de ti y, pasmado, contemplo la escena: El Arcángel dice su embajada… ¿Quomodo fiet istud, quoniam virum non cognosco? —¿De qué modo se hará esto si no conozco varón? (Luc., I, 34.)

La voz de nuestra Madre agolpa en mi memoria, por contraste, todas las impurezas de los hombres…, las mías también.

Y ¡cómo odio entonces esas bajas miserias de la tierra!… ¡Qué propósitos!”.

La Anunciación, Santo Rosario

“Nuestra Madre es modelo de correspondencia a la gracia y, al contemplar su vida, el Señor nos dará luz para que sepamos divinizar nuestra existencia ordinaria. A lo largo del año, cuando celebramos las fiestas marianas, y en bastantes momentos de cada jornada corriente, los cristianos pensamos muchas veces en la Virgen. Si aprovechamos esos instantes, imaginando cómo se conduciría Nuestra Madre en las tareas que nosotros hemos de realizar, poco a poco iremos aprendiendo: y acabaremos pareciéndonos a Ella, como los hijos se parecen a su madre.

Imitar, en primer lugar, su amor. La caridad no se queda en sentimientos: ha de estar en las palabras, pero sobre todo en las obras. La Virgen no sólo dijo fiat, sino que cumplió en todo momento esa decisión firme e irrevocable. Así nosotros: cuando nos aguijonee el amor de Dios y conozcamos lo que El quiere, debemos comprometernos a ser fieles, leales, y a serlo efectivamente. Porque no todo aquel que dice Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos; sino aquel que hace la voluntad de mi Padre celestial [i].

Hemos de imitar su natural y sobrenatural elegancia. Ella es una criatura privilegiada de la historia de la salvación: en María, el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros [ii]. Fue testigo delicado, que pasa oculto; no le gustó recibir alabanzas, porque no ambicionó su propia gloria. María asiste a los misterios de la infancia de su Hijo, misterios, si cabe hablar así, normales: a la hora de los grandes milagros y de las aclamaciones de las masas, desaparece. En Jerusalén, cuando Cristo —cabalgando un borriquito— es vitoreado como Rey, no está María. Pero reaparece junto a la Cruz, cuando todos huyen. Este modo de comportarse tiene el sabor, no buscado, de la grandeza, de la profundidad, de la santidad de su alma.

Tratemos de aprender, siguiendo su ejemplo en la obediencia a Dios, en esa delicada combinación de esclavitud y de señorío. En María no hay nada de aquella actitud de las vírgenes necias, que obedecen, pero alocadamente. Nuestra Señora oye con atención lo que Dios quiere, pondera lo que no entiende, pregunta lo que no sabe. Luego, se entrega toda al cumplimiento de la voluntad divina: he aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra[iii]. ¿Veis la maravilla? Santa María, maestra de toda nuestra conducta, nos enseña ahora que la obediencia a Dios no es servilismo, no sojuzga la conciencia: nos mueve íntimamente a que descubramos la libertad de los hijos de Dios[iv]”.


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