¿Cómo fue la muerte de Jesús?

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Francisco Varo

Jesús murió clavado en una cruz el día 14 de Nisán, viernes 7 de abril del año 30. Así se puede deducir del análisis crítico de los relatos evangélicos, contrastados con las alusiones a su muerte trasmitidas en el Talmud (cfr. TB, Sanhedrin VI,1; fol. 43a).

La crucifixión era una pena de muerte que los romanos aplicaban a esclavos y sediciosos. Tenía un carácter infamante, por lo que de suyo no podía aplicarse a un ciudadano romano, sino sólo a los extranjeros. Desde que la autoridad romana se impuso en la tierra de Israel hay numerosos testimonios de que esta pena se aplicaba con relativa frecuencia. El procurador de Siria Quintilio Varo había crucificado en el año 4 a.C. a dos mil judíos como represalia por una sublevación.

Por lo que se refiere al modo en que pudo ser crucificado Jesús son de indudable interés los descubrimientos realizados en la necrópolis de Givat ha-Mivtar en las afueras del Jerusalén. Allí se encontró la sepultura de un hombre que fue crucificado en la primera mitad del siglo I d.C., es decir, contemporáneo de Jesús. La inscripción sepulcral permite conocer su nombre: Juan, hijo de Haggol. Mediría 1,70 de estatura y tendría unos veinticinco años cuando murió. No hay duda de que se trata de un crucificado ya que los enterradores no pudieron desprender el clavo que sujetaba sus pies, lo que obligó a sepultarlo con el clavo, que a su vez conservaba parte de la madera. Esto ha permitido saber que la cruz de ese joven era de madera de olivo. Parece que tenía un ligero saliente de madera entre las piernas que podría servir para apoyarse un poco, utilizándolo como asiento, de modo que el reo pudiera recuperar un poco las fuerzas y se prolongara la agonía evitando con ese respiro una muerte inmediata por asfixia que se produciría si todo el peso colgara de los brazos sin nada en que apoyarse. Las piernas estarían ligeramente abiertas y flexionadas. Los restos encontrados en su sepultura muestran que los huesos de las manos no estaban atravesados ni rotos. Por eso, lo más probable es que los brazos de ese hombre fueran simplemente atados con fuerza al travesaño de la cruz (a diferencia de Jesús, al que sí clavaron). Los pies, en cambio habían sido atravesados por los clavos. Uno de ellos seguía conservando fijado un clavo grande y bastante largo. Por la posición en que está podría pensarse que el mismo clavo hubiera atravesado los dos pies del siguiente modo: las piernas estarían un poco abiertas y el poste quedaría entre ambas, la parte izquierda del tobillo derecho y la parte derecha del izquierdo estarían apoyados en los lados del poste transversal, el largo clavo atravesaría primero un pie de tobillo a tobillo, después el poste de madera y después el otro pie. El suplicio era tal que Cicerón calificaba a la crucifixión como «el mayor suplicio», «el más cruel y terrible suplicio», «el peor y el último de los suplicios, el que se inflige a los esclavos» (In Verrem II, lib. V, 60-61).

Sin embargo, para acercarse a la realidad de lo que supuso la muerte de Jesús en la cruz no basta con quedarse en los dolorosos detalles trágicos que la historia es capaz de ilustrar, pues la realidad más profunda es la que confiesa «que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras» (1 Co 15,3). En su entrega generosa a la muerte de Cruz manifiesta la magnitud del amor de Dios hacia todo ser humano: «Dios demuestra su amor hacia nosotros porque, siendo todavía pecadores, Cristo murió por nosotros» (Rm 5,8).

Me hice congoleña

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Nuria Mata ha vivido dos guerras, dos saqueos, se ha enfrentado al fusil de un niño soldado y ahora, tras veinte años en el Congo, preside la fundación navarra Profesionales Solidarios

Opus Dei -

¿Cómo nació Profesionales solidarios?

De un modo bastante fortuito: estaba en la peluquería, cuando  la chica que me atendía me dijo que acababa de venir de una reunión de profesionales. Al poco, en una cafetería, una camarera estaba contando  que había estado en un curso de formación… Si estas profesiones se preocupan por su formación y su profesionalización –me pregunté-  ¿por qué no hacerlo también con todo lo relacionado con la acción social? Puse en marcha la idea de esta fundación y me encontré, afortunadamente, con un grupo de personas que se sintieron muy motivadas: personas con experiencia profesional, que saben qué es lo importante y qué no, y que han superado esa etapa de la vida en la que se  busca el triunfo a toda costa. Comenzamos con ciclos de conferencias, y luego vinieron los cursos de formación para labores sociales, las publicaciones…

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Yo venía de un Congo donde había dejado a muchas personas a las que quiero muchísimo: gente muy cercana, que viven en condiciones paupérrimas… Gente maravillosa, con estudios, inteligentes, buenos… Gente que pasa hambre y es muy generosa. A veces venían a traerme un mango, porque deseaban colaborar conmigo. “Muchas gracias –les decía- pero es mejor que se lo des a tus hijos!”, porque sabía en qué condiciones vivían.

Llegué a España en el 2001 y me encontré con una sociedad muy crispada en la que reina don Confort y don Consumo, y donde a veces se arrincona a los mayores, que en África son un tesoro, la autoridad moral de las familias… Pensé que debía hacer algo, y transmitirles lo que había conocido.

¿Cuál es la clave de Profesionales Solidarios?

Quizá la clave es haber sabido sumar y hacer equipo. Al principio era yo la que impulsaba; ahora todas las decisiones se toman en la Junta, de forma que cada uno puede aportar algo: la periodista, la secretaria, el médico… Hace poco se presentó una madre con dos niños pequeños diciéndome: “me gustaría echar una mano” y ya tiene tarea. Sólo tenemos a una persona contratada. Los demás colaboran de forma voluntaria, contentos de trabajar.

Al año de estar allí me planté ante mi misma y me dije: “o les quiero y hago por ser una de ellos, o me vuelvo”. Y así lo hice. Me hice congoleña, y aprendí a quererles,

¿Qué acogida han tenido en las instituciones?

Muy buena. Además, pienso que en Navarra se conserva un gran sentido de la solidaridad y de la profesionalidad. Veo como la idea gusta.

¿Africa o España?

Ahora España. Quiero vivir el hoy y ahora, lo que toque en cada momento Tenía 28 años cuando el Prelado del Opus Dei me preguntó si quería irme a ejercer mi profesión y a empezar el trabajo apostólico en el Congo. Dije que sí, y me fui a África llena de ilusiones. Pero los comienzos fueron muy duros. El choque cultural fue total. Al año de estar allí me planté ante mi misma y me dije: “o les quiero y  hago por ser una de ellos, o me vuelvo”. Y así lo hice. Me hice congoleña, y aprendí a quererles, hasta que aquello –su vida, sus costumbres- era mío.

Pasaron veinte años y  mi madre se puso enferma, con un cáncer muy duro y comprendí que, por un conjunto de razones, había llegado el momento de regresar. El actual Prelado, Mons. Javier Echevarría, me dijo que mi experiencia podía ser muy útil en España. Y eso es lo que procuro hacer.

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¿Fue duro volver?

Al principio, sí. Al poco de llegar fui a comprar unas verduras al supermercado. Al ver toda aquella abundancia, aquellas ofertas de tres por el precio de uno… noté como si me faltara el aire y tuve que salir a reponerme. Es curioso; yo, que me había enfrentado a tantas cosas… La riqueza está muy mal repartida, y tenemos que transmitir un mensaje de solidaridad y de sobriedad, para saber utilizar sólo lo que necesitamos y saber encauzar bien lo que sobra, sin caer en el despilfarro. El otro día leí algo sobre los viajes turísticos por el espacio. No puedo entenderlo. Que se investigue, bien, pero emplear tanto dinero para divertirse, cuando hay tanta gente que carece hasta de lo más elemental…

Haz lo que quieras

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D. Jesús Muñoz Chápuli falleció el pasado 24 de septiembre en Nigeria. Recogemos la transcripción del testimonio que hizo durante su última estancia en España

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Un amigo suyo escribía en un blog: estuvo en Granada, -su ciudad natal, porque su tierra era ya Nigeria-, antes del verano, cuando pude estar con él por última vez y doy fe de que no paró quieto ni un momento, siempre buscando recursos y ayudas para su querida patria africana. En un par de semanas contabilicé más de cincuenta gestiones, con personas, instituciones públicas y privadas, empresas…, presentando proyectos, memorias, solicitudes…, hablando, rogando, convenciendo…, y aguantando más de un portazo en las narices. Hoy, precisamente, ha llegado la noticia de que una entidad financiera ha decidido aportar una cantidad sustanciosa de euros para un centro de capacitación de jóvenes en una zona de nueva desecación cerca de Lagos.

Procuramos -continúa el blog- esos días de junio pasado hacerle descansar, reponer su desvencijado ropero, alimentarlo –estaba en los huesos- y revisarlo bien por dentro; creíamos haberlo devuelto a Nigeria como nuevo; pero Dios sabe más: aunque nos duela su repentina muerte, aunque ahora nos falte su incansable trabajo a favor de ese inmenso y poblado país, la verdad es que había merecido de sobra un descanso de verdad, como sólo Él puede dar.

Granada, años cincuenta

Conocí el Opus Dei gracias a mi padre, que fue uno de los primeros supernumerarios del Opus Dei en Granada, junto con don Eduardo Ortiz de Landázuri. Pero mi contacto más directo fue por medio del Club Montañero de Estudiantes de Granada, que comenzaron dos universitarios del Colegio Mayor Albayzín.

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Yo estudiaba entonces tercero de bachillerato en los Maristas, y era muy amigo de Manolo Ortíz de Landázuri. Y un día nos enteramos de que había un club que estaba comenzando, dirigido a chicos como nosotros, en el que organizaban excursiones de montaña.

La idea nos interesó y comenzamos a ir por el Club. A mí me gustaba mucho el tenis y el montañismo y aprendí a esquiar, se me daba muy bien. Me llamó la atención durante esas excursiones el ambiente de alegría que había en el land rover en el que subíamos a Sierra Nevada. Íbamos cantando por el camino en un ambiente de gran alegría.

Fui descubriendo el espíritu del Opus Dei –la santificación en medio del mundo-y muy pronto comprendí con claridad que Dios me llamaba a servirle en ese camino.

Cuando terminé el bachillerato me trasladé a Madrid, para estudiar Económicas. Luego me trasladé a Barcelona y regresé de nuevo a Madrid en cuarto curso. Durante aquel año cuando me propusieron ir a Roma. Acepté encantado.

En Roma, con San Josemaría

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Y al acabar la carrera me fui a estudiar a Roma, donde conocí a San Josemaría y tuve la suerte de estar muchas veces con él. Vivía en el Colegio Romano, que entonces tenía su sede en Villa Tevere. Eran los años del Vaticano II y se acababa de elegir a Juan XXIII.

Recuerdo que durante aquellos años venían muchos Padres Conciliares y obispos a Villa Tevere para hablar con San Josemaría, que seguía con grandísimo interés y con un profundo amor a la Iglesia la marcha del Concilio.

Al cabo de dos años, cuando terminé mis estudios eclesiásticos en Roma, me trasladé a la Universidad de Navarra, para hacer la tesis en Derecho Canónico. Vivía en un centro de universitarios que estaba en la calle Paulino Caballero, del que yo era director. Poco después, en 1966, me ordené sacerdote en Segovia; y regresé al mismo centro, como sacerdote, para acabar la tesis.

Durante ese tiempo se estaba comenzando el trabajo apostólico en Nigeria. Estaban allí seis personas del Opus Dei: tres sacerdotes y tres laicos, y de vez en cuando nos llegaban noticias. Hasta que un buen día me preguntaron si estaba dispuesto a marcharme a aquel país.

-Donde haga falta –contesté.

Nigeria

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Y comencé a informarme sobre Nigeria, al que ya consideraba mi nuevo país. Contacté con un grupo de africanos que estaban estudiando en la Universidad gracias a unas becas, y me empezaron a contar cosas de Nigeria. Uno me dijo que los nigerianos tenían un gran deseo –hambre, me dijo- de formación y que en el país había mucha religiosidad, pero se necesitaban muchos sacerdotes.

El consiliario del Opus Dei en Nigeria, don José Domingo Gabiola, me contó en una carta que ya tenían una casa alquilada, y que ya habían tenido un retiro con chicos jóvenes y otro con profesores de la Universidad. Y así, durante esos meses, seguí los comienzos de Nigeria, por las cartas que me enviaban.

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Y en cuanto defendí la tesis me fui para allá, con un año de experiencia sacerdotal. Pero no pude conseguir el visado porque el país estaba en una situación difícil: había estallado la guerra de Biafra y habían expulsado a todos los sacerdotes extranjeros. Era una medida de castigo contra los misioneros que permanecían junto a los ibos que iban a segregarse.

Eso me hizo cambiar de planes, y tuve que quedarme en Kenia a la espera de conseguir el visado que me permitiera entrar en Nigeria. Y allí estuve un mes, dos meses, cuatro, cinco, seis meses esperando; y al cabo de… ¡casi un año! me concedieron el visado y pude entrar en Nigeria.

Nigeria es muy diferente de Kenia. Los kenianos son muy serenos, casi flemáticos, como los ingleses de la época de la colonia. En Nigeria me impresionó, nada más llegar, la vitalidad de las calles, abarrotadas de gentes. Me llamó la atención la alegría de vivir que bullía por todas partes, el altísimo número de niños, y el amor por el baile: me dio la sensación de que había aterrizado en medio de una muchedumbre colorida y danzante.

El color negro de la piel de los nigerianos me sorprendió, por su gama de tonalidades: en unos tendía al rojo, en otros era casi chocolate, en otros, aceitunado. Para andar por las calles tenía que hacerme paso. Nada más verme por la calle, los niños me rodearon y empezaron a cantarme la típica canción que se canta a los blancos. La tonadilla que sonaba algo así como:

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¡Oibo, oibo, peck, peck!

Es una canción muy divertida que viene a significar: mírale, mírale: no tiene color en la cara: ¿Qué le habrá pasado? Tiene la piel roja, del color de la pimienta y tiene pelos en las manos…

¿Qué tengo qué hacer?

Cuando llegué a la casa que habían alquilado se me cayó el alma a los pies. Fue mi primer contacto con la pobreza de África. Todo era completamente elemental. La puerta de la calle daba directamente al comedor, de tal forma que se comía y se vivía casi en la calle. Tras la comida le dije a don José Domingo:

-Muy bien, ya estoy aquí: ¿Qué tengo qué hacer?

Esperaba que me diera algunos encargos pastorales, o que me indicara que debía atender a tales o cuales personas, pero se quedó mirándome con gesto divertido y me dijo:

-¿Qué tienes que hacer? ¡Lo que quieras!

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Comprendí que tenía que hacerlo todo, porque todo estaba por hacer.

Nuestro primer objetivo era sobrevivir y mantenernos económicamente. Alberto Alós, uno de los laicos, daba clases de física electrónica en la Universidad. Y don José Domingo, el consiliario, además de sus tareas sacerdotales, daba clases de matemáticas. El otro sacerdote también daba clases.

Sí: estaba todo por hacer. Nos esperaba el país entero. Pensé en San Josemaría, que para llegar a todos había comenzado con los universitarios y me dirigí a la universidad -caminando, naturalmente, porque no disponía de otro medio- a eso de las cinco de la tarde, a la hora en que la calor remitía un poco.

Mi sotana blanca no pasó inadvertida en el campus, y empecé a conocer a varios estudiantes y a trabar amistad con ellos. Vi a unos que jugaban al fútbol y me acerqué. Entre ellos estaba Ondó, que era católico, y pronto nos hicimos amigos y me invitó a conocer la Residencia donde vivía. Y al poco tiempo me convertí en el capellán de aquella Residencia, porque los estudiantes comenzaron a pedirme consejo y a pedirme que los confesase. Entre otros medios de formación empezamos a tener una meditación semanal en el centro.

Con mis amigos sacerdotes

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Dentro de esa línea de iniciativas, en el marco de “Haz lo que quieras”, fui conociendo a alumnas y alumnos de los Colleges del campus. Poco tiempo después organizamos unas clases semanales sobre la fe cristiana y me pidieron que les celebrase la Santa Misa el domingo. Los estudiantes católicos eran una minoría, pero colaboraban mucho y tenían ganas de formarse.

Y me acerqué al Seminario, donde fui haciendo amigos entre los profesores y los seminaristas. Me hice especialmente amigo de algunos sacerdotes jóvenes, como Job Alaba, que era de mi misma edad y tenía un gran sentido del humor. Félix –ese era su nombre cristiano- acababa de volver de Roma donde había estado formándose durante un tiempo, y en muchas ocasiones hablábamos de nuestros recuerdos de Italia.

Y así, de esta forma tan sencilla, fuimos comenzando el trabajo del Opus Dei en Nigeria, superando, como todos los que comienzan, muchas dificultades.

Por ejemplo, al principio nos engañaron con el precio del alquiler. Fue mi primera experiencia con el problema de la corrupción en Nigeria, un problema que aún pervive. Desgraciadamente hay algunas personas que siguen aprovechándose de las necesidades y de la indigencia de los demás, sea extranjero o no.

En aquellos momentos se había empezado a explotar el petróleo y se respiraba cierto ambiente de prosperidad, ya que algunos se habían enriquecido rápidamente. Las calles estaban abarrotadas de automóviles que formaban un caos de tráfico inimaginable. Sin embargo, muchos estudiantes seguían viviendo –o más bien sobreviviendo- con el plan 0-1-0.

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El plan 0 -1- 0

El plan 0 -1- 0 -0 el 0 -0- 1- era el más común y sólo lo resistían los que gozaban de una constitución más fuerte. Consistía en hacer una sola comida al día, porque no tenían dinero para más. Algunos, más afortunados, hacían el 1-0-1.

No es que la comida fuese cara; al contrario, era llamativamente barata; lo que sucedía es que sus padres no les podían ayudar económicamente en nada, ni siquiera en eso, a pesar de que la matrícula era simbólica y el alojamiento en la Universidad les salía gratis. La mayoría tenían que hacer grandes equilibrios para estudiar y sobrevivir.

Esto es un reflejo de la situación de gran parte del país. En Nigeria hay una gran necesidad de desarrollo: la mayoría de la población sigue viviendo por debajo del umbral de la pobreza, y hay un amplio sector que no sabe leer ni escribir. Algunos se manejan con un inglés elemental, una especie de dialecto creado para entenderse. Y la mayoría vive con menos de un dólar al día… en el caso de que tengan trabajo y puedan ganar algo de dinero.

Y lo paradójico es que Nigeria es un país rico, que cuenta con una importante reserva de petróleo. Pero ese dinero va a parar a las multinacionales y a sectores gubernamentales, ya que un porcentaje de la venta del crudo se destina al gobierno. El presupuesto general del Estado se financia así, por ley.

Esto genera grandes desequilibrios sociales. Los poquísimos que viven en el entorno de las multinacionales llevan una vida de opulencia, con grandes casas y un alto nivel de vida. Algunos más –poquísimos- viven gracias al empleo que les puedan proporcionar esas multinacionales o el trabajo en los bancos. ¿Y el resto? ¿Qué hace el resto de la población, en un país sin industria y sin desarrollo? El resto intenta sobrevivir en situaciones humanamente terribles, de miseria y de hambre. Y en esa espiral de la pobreza, no es extraño que muchos acaben en la corrupción y en la delincuencia.

Eso nos movió a promover, coincidiendo con el centenario de San Josemaría, una escuela técnica, I.T.I., para ofrecer formación profesional a muchas de esas personas que no tienen nada.

La historia que voy a contar es una entre muchas. Uno de los que han estudiado en el I.T.I. era un muchacho que se ganaba la vida voceando periódicos por las calles. Un día vio el anuncio de la Escuela y fue, para ver de qué se trataba. Ahora, con los conocimientos que ha adquirido, trabaja como técnico en una universidad y ha conseguido que su familia no pase hambre.

Por esa razón necesitamos muchos donantes generosos que contribuyan con becas para ayudar a chicos como éste, de forma que consigan romper la espiral de la pobreza que les atenaza y logren encontrar un trabajo digno. No basta con darles ayudas puntuales; hay que enseñarles a llevar una vida digna, dándoles los medios para que puedan valerse por sí mismos, de forma que puedan crear pequeños negocios y puedan mantener dignamente a su familia.

Esta escuela es una siembra de virtudes humanas y cristianas, como la honradez y la justicia social. Como es bien sabido, Nigeria sufre un alto grado de corrupción. Durante años ha encabezado, desgraciadamente, la lista de los países corruptos del mundo. Se han promulgado algunas leyes para evitarlo, pero resultan insuficientes.

Algunos miembros del Opus Dei han impulsado una escuela de dirección en Nigeria, para la formación de empresarios, que se propone difundir los valores de la honestidad, la responsabilidad y la justicia en este ámbito profesional. Es muy importante que el país cuente con personalidades que sean un punto de referencia, yo conocí a algunas de ellas en su juventud: personas que tras muchos años de trabajo y esfuerzo, ocupan cargos de responsabilidad en el país.

Lo mismo me sucede en otros ámbitos bien diferentes del empresarial. A mi amigo Job, tres años después de conocernos, todavía muy joven, le nombraron obispo de Ibadan. Recuerdo que quiso que yo le diera el retiro previo a su ordenación. Ahora es Arzobispo de Ibadán y le acaban de nombrar Presidente de la Conferencia Episcopal.

Algunas actividades de Harambee

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Cena benéfica en Valencia y XIª Olimpiada Deportiva Solidaria pro HARAMBEE a favor de África.

Cena benéfica en Valencia

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Se están desarrollando, a lo largo y ancho de la geografía española, numerosas actividades en apoyo de este proyecto internacional.

Por ejemplo, en octubre se celebró una cena benéfica en el Club Náutico de Valencia, a la que asistieron 200 personas. El doctor Cissé-Luc Mbongo, uno de los fundadores del Hospital Monkole en Kinshasa (Congo), les habló de los principales retos de la sanidad en África.

Los fondos recaudados en la cena benéfica se destinaron a cuatro proyectos de solidaridad en Kenia, Congo, Madagascar y Sudán.

XIª Olimpiada Deportiva Solidaria pro HARAMBEE a favor de África


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Con motivo de su 25º aniversario, el Club Almedina de Almería, celebró en noviembre la XIª Olimpiada Solidaria, que sirvió para recaudar fondos para el proyecto Harambee. Con ellos se ayudará a la creación de tres centros de urgencias infantiles en los alrededores de Kinshasa, para la atención de 600 madres.

Participaron once asociaciones juveniles de toda España –Murcia, Valencia, Granada, Jaén, Alicante, Madrid, Marbella y Cádiz- junto con el club anfitrión, que compitieron en diversas modalidades deportivas: atletismo, natación, voleibol y baloncesto.

La Olimpiada Solidaria concluyó con la entrega de Trofeos a cargo, entre otros, del Concejal de Deportes y de la Concejala de Turismo del Ayuntamiento; de Flora Bondomo Ondo, enfermera africana, en representación de Harambee; de la Directora Técnica de Almedina y de padres de los participantes en esta Olimpiada Solidaria.

“Gracias a una amiga de mi barrio”

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Primera parte del testimonio de Christian Kadjo, numeraria del Opus Dei de Abidjan, capital de Costa de Marfil, país francófono situado al oeste de África, donde los católicos suman el 12% de la población.

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Me llamo Christian y  soy de Abidjan, Costa de Marfil, un país francófono situado al oeste de África, donde los católicos somos solamente el 12%. La mayoría de la población es animista, una religión natural donde la gente cree en Dios, en unos espíritus buenos y malos, pero nada más.

Yo fui bautizada recién nacida, lo mismo que toda mi familia, porque mis padres son católicos.

Conocí el Opus Dei de una forma muy sencilla. Un día, saliendo de Misa, me encontré con una amiga de mi barrio que me dio una estampa de San Josemaría. En esta época era Siervo de Dios.

Mi amiga me contó que había conocido el Opus Dei y había ido por un Centro donde vivían unas mujeres, europeas en su mayoría. Me contó como vivían y rezaban, y me invitó a ir a este Centro.

Opus Dei - Situación de Costa de Marfil

Situación de Costa de Marfil

La verdad es que al principio me resistía a ir, porque no sabía de qué se trataba. No sabía si el Opus Dei era algo católico o no, hasta que una tía mía me dijo que había ido a Misa en un Centro. Entonces pensé: bien, voy a ir, aunque sólo sea para  ver qué se hace allí.

Pero lo dejé para más adelante porque estaba preparando un viaje a Inglaterra. Yo estudié empresariales y el programa de estudios de mi carrera, de cuatro años, incluía un viaje a Inglaterra. Yo estaba en cuarto y a punto de salir para Bryton, en el sur de Inglaterra. Así que le dije a mi amiga que cuando volviera del viaje iría a ver el Centro.

La meditación

A la vuelta fui a verlo. Era una casa sencilla, un chalet, y ese día tenían una actividad que llamaban meditación. Me explicaron que  una meditación es una oración personal de media hora, predicada por un sacerdote.

Aquello me hizo mucho bien. Nunca había oído hablar así del Evangelio, de Dios, de los mandamientos.

Me encantó: nunca había oído hablar de la meditación; era una cosa nueva para mí. Todavía me acuerdo del tema de la meditación, hace ahora 20 años: era el cuarto mandamiento. El sacerdote nos hablaba del modo de tratar a los padres y explicaba cómo, siendo una buena estudiante, se podía ser una buena cristiana. Aquello me hizo mucho bien. Nunca había oído hablar así del Evangelio, de Dios, de los mandamientos. Y terminó se acabó, pensé: “este lugar es estupendo”.

Encontré a varias amigas del colegio, que no sabía que iban por allí, y tras la meditación me quedé a charlando con ellas.  Pensaba ir la semana siguiente, pero no pude porque tuve que asistir a una boda. Pensé: “bueno, aunque sólo sea por educación,  voy a llamarlas para decirles  que no puedo ir, y que ya iré el sábado que viene”. Y a partir de entonces, fui una de las asistentes regulares a las meditaciones en Kaisedra, que así se llamaba el centro. Antes era para jóvenes; ahora se dirige a señoras casadas.

Entonces acudían por allí personas de todas las edades porque era el único Centro que había. Organizaban programas de formación muy diversos: un club para niñas, actividades para bachilleres, universitarias como yo, para señoras…

Católicos chinos en Torreciudad

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Una imagen de Ntra. Sra. Emperatriz de China, traída por alumnos de una escuela de Hon-Kong, presidió los actos

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Una pequeña comunidad de chinos católicos en España celebró el pasado día 24 de mayo, en el Santuario de Torreciudad, la Jornada de Oración por la Iglesia en China respondiendo al llamamiento general del Papa Benedicto XVI, en solicitud de apoyo a los fieles del continente asiático.

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El encuentro estuvo encabezado por el sacerdote José Zheng, que ejerce labores pastorales en Salamanca desde hace tres años, y el rector del Santuario, Javier Mora Figueroa. Entre los asistentes se encontraban varias familias orientales procedentes de Madrid, Barcelona y Zaragoza.

Algunos de los asiáticos presentes han abrazado recientemente la fe católica, como la joven Zhao, sol de la mañana en castellano, que se bautizó en la catedral de Barcelona el año pasado o su amiga Lan, que se incorporó a la Iglesia en Roma en la Semana santa pasada.

La historia de Raimundo

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Testimonio del coordinador de las actividades de voluntariado del Colegio Altair, obra corporativa del Opus Dei en Sevilla

Opus Dei - Varios alumnos de Altair con José María, a la puerta de una chabola

Varios alumnos de Altair con José María, a la puerta de una chabola

Desde los comienzos del Colegio Altair hace más de 40 años, la preocupación social siempre ha estado presente. No en vano, el colegio nació en una modesta barriada de Sevilla, entre personas necesitadas de ayuda de diverso tipo, también material.

Hace un par de años ofrecimos al Colegio desde la ONG en la que trabajo, una serie de actividades de voluntariado para los alumnos de Secundaria y Bachillerato. La respuesta de los alumnos ha sido magnífica.

Hasta el mes de febrero se hacían visitas a residencias de personas mayores y a domicilios particulares. Las razones por las que elegíamos los domicilios eran evidentes: soledad, dificultades económicas, enfermedades, y en muchos casos, todo a la vez. Aún así, estábamos buscando ampliar el ámbito de estas visitas.

Opus Dei - Con Raimundo, en la explanada, el día siguiente al incendio de su chabola

Con Raimundo, en la explanada, el día siguiente al incendio de su chabola

Paseando un domingo por la tarde, a unos 10 minutos de Altair, me fijé en la hilera de seis chabolas junto a la tapia de las naves principales de Correos, en el barrio de Palmete. He pasado muchas veces por allí, pero nunca había pensado aventurarme a entrar y charlar con esos vecinos. Esa tarde me lancé. La primera persona a la que saludé fue Raimundo: después de interesarme por él, comprendí que muchos alumnos debían conocerle.

Raimundo tiene 69 años, ha trabajado toda la vida en el campo y desde hace más de 20 años vive en una de las denominadas chabolas. Junto a él vive José María, su hijo, de 25 años, sordomudo.

En febrero, comenzamos las visitas semanales, llevando algo de comida, ropa, y sobre todo, ganas de escuchar las necesidades de estas familias. Cada vez que nos encontrábamos con Raimundo siempre nos recibía con mucha educación, alegría y agradecimiento.

Opus Dei - Con Raimundo y José María, después de la rehabilitación de la chabola

Con Raimundo y José María, después de la rehabilitación de la chabola

Volvimos otra vez a visitarle después de Semana Santa y nos quedamos de piedra: las dos chabolas, anteriormente mencionadas, de padre e hijo, habían quedado reducidas a cenizas.

Raimundo nos contaba, con desolación y a la vez con mucha fortaleza: “se prendió todo; estábamos dormidos y se había quedado una vela encendida, se cayó y el plástico se quemó a toda velocidad. Tuvimos que salir corriendo con lo puesto. Cuando llegaron los bomberos, sólo pudieron salvar las siguientes chabolas”. Se quedaron con lo puesto, ya que las pocas pertenencias guardadas habían ardido.

Desde entonces el voluntariado ha sido aún más importante, como se puede comprender. Junto a gestiones administrativas para que el Ayuntamiento de Sevilla colabore, Raimundo, sin pausa, ha ido levantando su nueva casa. Los alumnos de Altair han continuado con las visitas: cada semana, un grupo distinto de 6 ó 7 alumnos, desde los 14 a los 18 años.

Actualmente, Raimundo ha vuelto a levantar su casa y a muchos de nosotros, su ejemplo y valor ante las dificultades nos ha edificado aún más.

Aún nos queda una pequeña batalla por ganar: conseguir que deje de llamarnos “señor” antes de mencionar nuestro nombre.

“Sed apóstoles”

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El  14 de junio de 2008, Benedicto XVI se dirigió a los jóvenes en Brindisi (capital de la provincia homónima en la región de Apulia en Italia). “Sois el rostro joven de la Iglesia –dijo el Santo Padre-; no dejéis de ofrecerle vuestra aportación”

Opus Dei - Vista de Brindisi

Vista de Brindisi

El Papa recordó que Brindisi, que había sido “un lugar de embarcación hacia Oriente”, sigue siendo “una puerta abierta hacia el mar” y en ese puerto desembarcan ahora numerosos prófugos del Este de Europa, que reciben “refugio y asistencia”.

“Esa solidaridad -subrayó- forma parte de las virtudes que constituyen vuestro rico patrimonio civil y religioso. (…) Entre los valores enraizados en vuestra tierra quisiera recordar el respeto de la vida y especialmente el apego a la familia, expuesta hoy al ataque de numerosas fuerzas que intentan debilitarla. ¡Qué necesario y urgente es, también frente a estos retos, que todas las personas de buena voluntad se comprometan a salvaguardar a la familia, base sólida sobre la que construir la vida de toda la sociedad!”.

Dirigiéndose después a los jóvenes, el Santo Padre afirmó que conocía muy bien tanto sus ganas de vivir como los problemas que les afligían. “Conozco en particular -dijo- el peso que grava sobre tantos de vosotros y sobre vuestro futuro debido al fenómeno dramático del desempleo. (…) Del mismo modo sé que vuestra juventud está asediada por la lisonja de fáciles ganancias, de la tentación de refugiarse en paraísos artificiales o de formas distorsionadas de satisfacción material”.

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“¡No sucumbáis a las insidias del mal! -exclamó-. Buscad ante todo una existencia rica de valores, para dar vida a una sociedad más justa y abierta al futuro. (…) Depende de vosotros (…) que el progreso llegue a ser un bien para todos. Y el camino del bien tiene un nombre: amor”.

“El amor de Dios tiene el rostro dulce y compasivo de Jesucristo. Este es el fulcro del mensaje cristiano: Cristo es la respuesta a vuestras preguntas y problemas. (…) Seguidlo fielmente y para encontrarlo amad a su Iglesia, sentíos responsables de ella, no huyáis de ser, cada uno en su ámbito, protagonistas decididos”.

“Sois el rostro joven de la Iglesia -concluyó Benedicto XVI-; no dejéis de ofrecerle vuestra aportación para que el Evangelio que proclama se difunda por doquier. Sed apóstoles de vuestros coetáneos”.

Concluye en Roma la fase diocesana de la causa de canonización de don Álvaro del Portillo

D. Álvaro  Tagged , , , , , , , No Comments »

El  jueves 26 de junio de 2008, en el Palacio del Laterano, el cardenal Camillo Ruini presidió la sesión de clausura del proceso diocesano sobre la vida y las virtudes del Siervo de Dios Álvaro del Portillo (1914-1994), obispo y prelado del Opus Dei.

Opus Dei - Juan Pablo II y Mons. Álvaro del Portillo.

Juan Pablo II y Mons. Álvaro del Portillo.

Ese mismo día, la Iglesia celebra la memoria litúrgica de san Josemaría, fundador del Opus Dei.

El proceso se abrió el 5 de marzo de 2004. El actual Prelado del Opus Dei, Mons. Javier Echevarría, fue reconocido por la Congregación para las Causas de los Santos como obispo competente para instruir la causa de canonización de su predecesor.

Sin embargo, Mons. Echevarría pidió al cardenal Ruini que se nombrase un tribunal en el Vicariato de la Diócesis de Roma para que recibiera su testimonio y el de algunos otros testigos.

El resto de testigos han sido escuchados por el tribunal de la Prelatura en Roma o por tribunales de sus diócesis de residencia.

Mons. Flavio Capucci, Postulador de la causa, ha agradecido al tribunal del Vicariato el trabajo desarrollado. Con esa ocasión, ha recordado que en 1978, cuando comenzó el proceso de san Josemaría, Mons. Álvaro del Portillo insistió en que, al pedir al Papa el inicio de la causa del Fundador, el Opus Dei no buscaba su propia gloria, sino la de la Iglesia. “Hoy –ha dicho Capucci- con todo el corazón hacemos nuestras esas palabras”.

El próximo paso del proceso se dará cuando el tribunal de la Prelatura concluya las sesiones del proceso que instruye. Con el material que ambos tribunales hayan recogido, el Postulador elaborará la positio, que es una biografía del Siervo de Dios y un estudio de cómo ha vivido las virtudes cristianas en grado heroico.

En su momento, el Postulador enviará la positio a la Congregación para las Causas de los Santos para que sea estudiada.

Fotos de la Clausura del proceso de don Álvaro en Roma

D. Álvaro  Tagged , , , , , , , No Comments »

Galería de fotos del acto celebrado en el Vicariato de Roma. El cardenal Ruini presidió la clausura del Proceso diocesano de Mons. Álvaro del Portillo.

Un notario levantó acta de la clausura del Proceso diocesano de la causa de Canonización de Mons. Álvaro del Portillo (Fotos de Juan Mª San Millán).

El cardenal Camilo Ruini, vicario del Santo Padre para la diócesis de Roma, dijo que don Álvaro “fue un ejemplo de fidelidad en el seguimiento del espíritu de santificación en el trabajo y en la vida ordinaria”.

“No olvidaré -ha dicho el cardenal Ruini- el afecto de don Álvaro cuando venía a visitarme al vicariato. Dejaba siempre un recuerdo y testimonio de su dedicación a Cristo”.

A continuación, todos los documentos con las declaraciones de quienes han participado en el Proceso se han custodiado en cajas.

El notario ha lacrado las cajas, que se enviarán a la Santa Sede para que continúe el proceso.

Mons. Flavio Capucci, postulador de la Causa.

El acto se celebró en la Sala de los Pactos de Letrán, en el Vicariato de Roma.

Al acto asistió Mons. Javier Echevarría y otros obispos que trataron a Mons. Álvaro del Portillo.

“Vemos en el queridísimo don Álvaro -ha dicho el Prelado- el hombre íntegro, el cristiano auténtico, el buen pastor, el hijo fidelísimo de San Josemaría”.

Muchas personas acudieron a ver las cajas lacradas con la documentación recogida.


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