Un periodista norteamericano

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“La herencia de Mons. Escrivá de Balaguer”, escrito por Luis Ignacio Seco.

En un artículo aparecido en el semanario norteamericano OurSunday Visitor, el periodista Dennis H. Helming cuenta también á su modo su experiencia personal:

«Cuando yo conocí el Opus Dei en Harvard, en 1956, me sentí liberado en muchos sentidos: libre de lo que consideraba como un ambiente aplastante, de la idea de que, para vivir a fondo el cristianismo, tendría que abandonar el mundo; libre para encontrar a Dios en mis ocupaciones habituales y ayudando a otros a hacer igual descubrimiento, dentro de mis limitaciones y circunstancias.

»Yo antes me había enfrentado con estas palabras de San Agustín: “Ama y haz lo que quieras”. Ahora estoy seguro de que no las había comprendido, a no ser como tapadera para buscarme a mí mismo. Mi creciente contacto con el Opus Dei me ayudó a descubrir su sentido. Empecé a ver que lo más importante no es “lo que” uno hace, sino “por qué” lo hace. O mejor aún: no “por qué” –una abstracción, un ideal, una idea–, sino “por Quién”, una Persona, Dios. Gradualmente entendí que el amor a Dios y su servicio no se limitaban a las cosas “sagradas”, a un detcrminado estado o actividad. En la medida en que yo busque a Dios sobre todas las cosas y personas, no es tan importante que yo sea historiador, jurista, médico o periodista; que me case o que permanezca soltero; que vote a los demócratas o a los republicanos; que adopte entre lo que es teológicamente opinable unas opiniones u otras… Y así fue cómo se convirtió en una liberación, para mí, comprobar que Dios es compatible con todo lo auténticamente humano.

»Ahora bien, ese descubrimiento no me incitaba a devaluar las cosas humanas, ni a cultivar sólo las “buenas intenciones”. Precisamente por el hecho de esforzarme en lograr la perfección humana a través de cualquier carrera o profesión, serviría a Dios y a los demás. Y me di cuenta de que tal actitud entraña una lucha decidida por evitar la pereza, el egoísmo, la frivolidad, cualquier forma, en definitiva, de buscarse a uno mismo (…).

»El Opus Dei no quiere –ni puede– sacarte las castañas del fuego. Eres un ser libre, un animal racional: has de pensar y elegir por ti mismo. La tarea del Opus Dei es recordarte constantemente tu decisión de hacer bien todas las cosas y poner a Dios como fin. Tendrás que administrar tus propios talentos y oportunidades. Dios te hizo libre; no dejes que nadie te arrebate esa libertad.

»A los hombres nos resulta difícil tomarnos en serio el Primer Mandamiento, en el hogar, en la oficina, en la misma calle. Nos parece, en cierto modo, la plenitud de la vida cristiana demasiado alta y exigente, asequible únicamente a los selectos, unos pocos escogidos; es decir, sólo para superhombres. Pensamos así porque somos pesimistas; estamos demasiado familiarizados con nuestra tendencia a darnos por vencidos, a tomar el camino más fácil.

»El Opus Dei me ayuda a superar ese pesimismo de la siguiente manera: Hablándome de Dios como El es, mi Padre amoroso, todopoderoso, infinitamente paciente; animándome a ser fiel y sincero, para corresponder a su llamada de amor y de servicio; mostrándome las consecuencias de esa vocación en todo cuanto hago; señalándome los medios humanos y sobrenaturales para asegurar la fidelidad a esos fines; proporcionándome el buen ejemplo, lleno de vigor y alegría, de quienes aspiran a la santidad; mostrándome dónde y cómo deberé luchar para dominar y vencer mis debilidades, etc.

»El Opus Dei es un medio y un camino para gente que quiere alcanzar su fin sobrenatural. Es un camino concreto –uno entre otros muchos posibles– para que los cristianos corrientes vivan su fe. En el caso de los miembros de la Obra, su decisión de vivir la plenitud de la vida cristiana en el Opus Dei comporta el compromiso personal de difundir ese espíritu propio, ese camino».

Cinco titulares para una jornada de periodistas

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Varios expertos ofrecieron el sábado 25 sus reflexiones sobre la actual crisis en la XIII Jornada de Comunicación Siglo XXI del Colegio Mayor Albayzín de Granada.

Opus Dei -  Los ponentes de la Jornada

Los ponentes de la Jornada

En el periodismo “hacen falta personas que sepan contar lo que pasa”
Durante la sesión que tenía por título, “¿Qué perfiles profesionales necesitan los medios? Decálogo para trabajar en empresas de comunicación”, Miguel Ángel Jimeno, freelance y consultor de Innovation International Group, ha insistido en que los medios de comunicación tienen que “invertir en personas” que son las que “generan la esencia de cualquier empresa”.

La gran cuestión se encuentra en “hacer periodismo” en que haya personas que sepan contar lo que pasa, en “recuperar la brújula”, ya que -ha asegurado utilizando una frase de Iñaki Gabilondo- “estamos en unos tiempos en los que estamos más preocupados en contar ciudadanos que en contar cosas a los ciudadanos”.

Para Miguel Ángel Jimeno una de las áreas más descuidadas de los medios de comunicación han sido los talentos. No se ha sabido retenerlos, de forma que hay periódicos que “han sufrido una verdadera sangría de talentos” que han huido a otros tipos de empresas.

Opus Dei  - Lourdes Maldonado con un grupo de asistentes a la XIII Jornada de  Comunicación Siglo XXI

Lourdes Maldonado con un grupo de asistentes a la XIII Jornada de Comunicación Siglo XXI

“Ni todo es crisis, ni la crisis es un episodio aislado”
La presentadora de los informativos de fin de semana en Antena 3, Lourdes Maldonado, planteó la necesidad de que los periodistas sean rigurosos y expliquen bien las noticias en general y las referentes con la crisis en particular. Para la periodista de Antena 3, “aunque es verdad que abusamos de las malas noticias” no son inventadas sino un reflejo de la realidad en el que hay que el periodista tiene que ser  muy riguroso porque hay muchos intereses, además de explicar bien las cosas para que no se queden en titulares.

Opus Dei - Jim  Palos, Presidente del IME de Nueva York

Jim Palos, Presidente del IME de Nueva York

Uno de cada cinco periodistas ha sido despedido en Estados Unidos entre 2001 y 2008
La disminución de subscripciones, el éxodo de la publicidad y la explosión de la información en Internet ha provocado una fuerte crisis en las empresas periodísticas en Estados Unidos, lo que ha hecho que uno de cada cinco periodistas haya perdido sus empleos entre 2001 y 2008. Y en 2009 se espera que la situación sea aún peor.

Estos datos facilitados por el presidente del Institute for Media and Entertaimente de Nueva York, Jim Palos, que afirmó también que los medios de comunicación han sido una víctima de las demandas de los consumidores de la plataforma digital, algo que era inevitable, pero que ha restado muchos ingresos a estas empresas sin que se hayan repercutido por otra parte.

Opus Dei - El General Díez de Villegas y el presentador Agustín  Dnbour

El General Díez de Villegas y el presentador Agustín Dnbour

“La libertad parte de la buena información”
Vicente Díaz de Villegas, ex teniente General, Force Commander de La MONUC en el Congo, en la sesión titulada “Gestión de Crisis. Una experiencia concreta de resolución de conflictos” insistió en que “uno de los problemas de la crisis es que la información verdadera y real no ha llegado correctamente”. Para Díaz de Villegas el problema de la crisis es un problema de liderazgo, donde la propaganda es clave porque lo que hace es sembrar la duda.

Opus Dei - Rosa María  Calaf.

Rosa María Calaf.

Espectadores y periodistas deberían movilizarse para exigir una información veraz
La ex corresponsal de TVE, Rosa María Calaf, asegura que los espectadores se deben de movilizar junto a los periodistas para conseguir una información veraz y para que la noticia no se convierta en una mercancía más.

La periodista, que clausuró, con una ponencia titulada “El periodista sin estereotipos y silencios en la construcción de la paz social”, la XIII Jornada de Comunicación siglo XXI en el Colegio Mayor Albayzín de Granada, criticó que en la televisión se busca en estos momentos más el espectáculo que la información veraz.

Cree que malgastamos mucho tiempo en discutir banalidades que no tienen ninguna trascendencia para el ser humano, y que en muchos casos “lo más importante es lo que impacte y no lo que importa”.

“Las noticias aparecen desestructuradas, sin explicar, lo que hace que la gente menos preparada tenga problemas para comprenderlas”, lo que se une a que nuestra realidad nunca ha estado más mediatizada y que tenemos una sobrecarga de información que es muy difícil de digerir.

“A Dios también se le puede encontrar en Wall Street”

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Entrevista al Prelado del Opus Dei en el periódico italiano “Il Sole 24 Ore”

Opus Dei -

El Obispo Javier Echeverría, español de Madrid, de 74 años, está desde 1994 a cargo del Opus Dei, estrecho colaborador del Fundador, san Josemaría Escrivá, habla sin reticencias en esta entrevista al Sole-24 Ore.

La santificación del trabajo es un elemento central del mensaje del Opus Dei

El trabajo se ve como una realidad positiva, buena, y el Fundador decía que reconocemos a Dios no solo en el espectáculo de la naturaleza, sino también en la experiencia de nuestro trabajo, de nuestro esfuerzo.

De aquí parte esa búsqueda de la perfección, signo característico de las personas del Opus Dei…

Si el trabajo se convierte en el lugar de encuentro con Dios, precisamente por esto debe de ser realizado de la mejor manera posible, con profesionalidad. Pero no importa la escala del prestigio social, la santidad no está determinada por el salario o por el estatus.

¿Y los que están en el paro?

Una prioridad es ayudar a aquellas personas, especialmente a los jóvenes, a aprender una profesión para ponerla al servicio de la sociedad. En Roma la Obra tiene desde hace 40 años el Centro Elis en el barrio Tiburtino, donde se forman jóvenes, y son ya más de diez mil los que han encontrado trabajo.

¿Cómo puede encontrar el camino de la santidad una persona que trabaja en el mundo de las finanzas, en medio de la especulación?

A veces se encuentra todavía el viejo prejuicio de mantener las finanzas, el justo beneficio, y las actividades relacionadas con el mercado de capitales como una cosa necesariamente negativa o peligrosa para un cristiano. Pero también esta realidad, si se orienta al servicio de los demás y se vive con honestidad, puede convertirse en ocasión de dar gloria al Señor. En definitiva, a Dios también se le puede encontrar en Wall Street.

Entonces, ¿también la especulación es un camino hacia Dios?

La especulación no debe de ser sobre las personas, y por eso se necesita una ética sólida. Pero también los empresarios deben de dar fruto a sus talentos, lo ha dicho Jesucristo.

La mayoría de los empresarios no piensan en hacer fructificar sus “talentos” cuando compran o venden…

A veces actuar con rectitud en el mundo de los negocios puede requerir heroísmo, porque exige enfrentarse con unas malas prácticas consolidadas que una persona de bien no puede aceptar en conciencia. De hecho la santidad es heroísmo. Todos estamos llamados a la santidad: y todos en consecuencia, somos capaces, con la ayuda de Dios, de tomar decisiones “heroicas” cuando las circunstancias lo requieren.

¿Los miembros de la Obra tienen alguna indicación especial en estos campos?

No reciben ninguna indicación sobre el desarrollo de la profesión. En el Opus Dei reciben formación cristiana que les ayuda a profundizar en las exigencias morales. Esa formación significa un estímulo para crecer, para mejorar. En otras palabras, se les ayuda a cultivar la virtud y buscar la santidad, es decir, a ser honestos, leales, laboriosos y comprensivos, a dialogar y aprender de los propios errores, aprendiendo también a pedir perdón.

¿Por qué dicen muchos que la Obra tiene tanto poder, especialmente en la economía y el mundo de los negocios?

Solo son lugares comunes, establecidos por quienes han querido obstaculizar nuestro trabajo. Entre los miembros del Opus Dei hay personas influyentes, pero sobre todo personas normales, de todas las profesiones. Pero estas últimas no son “noticia”…

Entonces ¿no hay “acuerdos” o “pactos de asociación” del Opus Dei en el campo de los negocios?

Si se diese cualquier cosa de este tipo, los primeros en revolverse contra este “pensamiento único” serían los propios fieles del Opus Dei. San Josemaría repetía que deseaba dejar como herencia a sus hijos espirituales el amor por la libertad y el buen humor. Puedo decir que así es.

En definitiva, en su trabajo los miembros ¿van cada uno por su cuenta? ¿No forman una red?

Ciertamente, no la forman. Se ha visto con frecuencia a personas del Opus Dei que persiguen intereses contrapuestos, buscando cada uno el bien de la sociedad para la que trabajan. No se pueden atribuir a la Obra las actuaciones de sus miembros individuales: cada uno es personalmente responsable de sus actuaciones en el campo profesional, tanto si triunfan como si fracasan.

¿ La ética es un tema central a la hora de  santificar el trabajo?

Efectivamente, pensar que el trabajo tiene solamente una dimensión técnica, detenerse sólo en sus facetas  específicas y prácticas, sería algo empobrecedor. Necesariamente, en cuanto acción humana, el trabajo tiene una repercusión en la personalidad del sujeto, y lo vuelve mejor o peor persona; tiene un valor trascendente y por tanto una dimensión ética, que va más allá de la técnica.

¿Ética como valor individual o colectivo?

Cuando afirmo que la ética hace más perfecto al individuo no quiero hacer un discurso individualista. Todos estamos de acuerdo en que un nivel alto de ética profesional resulta útil para el bien común. Una persona que no estafa a sus clientes, que paga sus impuestos, que respeta los acuerdos, atrae indirectamente la confianza y contribuye al buen funcionamiento de la sociedad.

Ya hemos hablado de los parados. Pero ¿cómo se puede santificar el trabajo en lugares donde la gente  se está muere de hambre?

Todo cristiano está llamado a reaccionar, a no quedarse en el desconcierto y escándalo frente a la miseria y volcarse en acciones concretas, buscando y encontrando soluciones para remediarla. Nadie puede considerarse eximido de esta responsabilidad. Es un tema central de la enseñanza de San Josemaría.

Biografía de José María Hernández Garnica

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José María Hernández Garnica nació en Madrid el 17 de noviembre de 1913. Doctor ingeniero de Minas, en Ciencias Naturales y en Teología.

Pidió la admisión en el Opus Dei el 28 de julio de 1935.  Falleció en Barcelona el 7 de diciembre de 1972.

Supo responder con generosidad a la llamada específica de Dios, y su vida, centrada en la Santa Misa, fue apostólicamente fecunda. Estuvo siempre muy unido a san Josemaría, Fundador del Opus Dei, que depositó en él una gran confianza.

Tenía grandes talentos humanos que puso, movido por Dios, al servicio de la Iglesia y de todas las personas que le trataron. Su sencilla humildad, y su extraordinaria sinceridad y franqueza hicieron que su personalidad fuera atractiva, aunque él se sintió siempre servidor de todos.

El 25 de junio de 1944 recibió la ordenación sacerdotal. Después, san Josemaría le encargó especialmente el impulso de la labor apostólica del Opus Dei entre las mujeres de España, lo que compaginó con otras muchas tareas sacerdotales por todo el país.

Más tarde, marchó a desarrollar su ministerio sacerdotal en varios países de Europa. Trabajó en Inglaterra, Irlanda, Francia, Austria, Alemania, Suiza, Bélgica y Holanda.

Se santificó en sus tareas profesionales y luego en las propias del sacerdote, con gran generosidad: aprendió varios idiomas, se adaptó a diferentes ambientes e hizo frente a incomodidades de todo orden en países en los que comenzaba la labor apostólica del Opus Dei.

Sufrió con gran paciencia y espíritu de sacrificio diversas enfermedades y de modo especial el largo proceso de su última dolencia, que duró más de un año. Dios quiso llevárselo en la víspera de la solemnidad de la Inmaculada del año 1972, mientras hacía oración.

Biografía de Eduardo Ortiz de Landázuri

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Nació en Segovia (España) el 31 de octubre de 1910. Estudió la carrera de Medicina. Obtuvo la Licenciatura en 1933 y el grado de Doctor en 1944.

Comenzó el ejercicio de su profesión en el Hospital del Rey, de Madrid. En 1935 amplió estudios en Alemania. En 1940 se incorporó al Hospital Clínico de Madrid, para trabajar con el Dr. Jiménez Díaz, a quien consideró siempre su maestro en la medicina.

En 1946 obtuvo la Cátedra de Patología General de la Facultad de Medicina de Cádiz, pero se trasladó pronto a la de Patología Clínica y Médica en la Universidad de Granada.

En septiembre de 1958, se incorporó a la naciente Facultad de Medicina de la Universidad de Navarra, en cuya Facultad —y Clínica Universitaria— gastó sus años de trabajo hasta el día de su jubilación.

Al comenzar la guerra civil española, su padre, militar de profesión, fue detenido en Madrid y condenado a muerte. Eduardo, su madre y su hermana pasaron con él la noche anterior a su fusilamiento, que se produjo el 8 de septiembre de 1936.

Refiriéndose a aquellos días diría más tarde: «Fueron los más dolorosos de mi vida». Aquel hecho dejó una honda señal en su alma y supuso el inicio de una profunda crisis religiosa, que originó el proceso interior de su conversión a Dios.

El 17 de junio de 1941, contrajo matrimonio con Laura Busca Otaegui. Se habían conocido en 1935, en el Hospital del Rey, donde también ella trabajaba, en el departamento de Farmacia. Tuvieron siete hijos. Su familia —su mujer y sus hijos— fue el primer campo de servicio en su vida.

El 1 de junio de 1952, pidió la Admisión en el Opus Dei. El encuentro con la Obra supuso el inicio de una seria lucha por el mejoramiento continuo de su vida cristiana, siguiendo el camino abierto por la vida santa y las enseñanzas de su Fundador, san Josemaría Escrivá de Balaguer, al que llegó a querer entrañablemente.

Poco a poco, consciente de su filiación divina, adquirió una piedad sencilla y recia. Externamente se le veía siempre con una profunda paz y gran alegría, manifestada de modo natural incluso en los contratiempos y en los momentos de cansancio.

Su actividad profesional alcanzó una intensidad sorprendente: la jornada comenzaba muy temprano, con un tiempo dedicado a la oración y a la Santa Misa, y terminaba, de ordinario, en las primeras horas del día siguiente.

Atendió con solicitud a sus colegas y colaboradores; para los estudiantes fue maestro y guía, tanto en lo profesional como en lo humano. Trataba con afabilidad a cada uno y procuraba estar siempre disponible; a la vez, era exigente consigo mismo y con los demás, porque quería hacer rendir para Dios los talentos recibidos.

Los enfermos encontraron en él a un verdadero amigo, pues se interesaba por todas las facetas humanas de las personas, para ayudarles a mejorar tanto corporal como espiritualmente.

En el Opus Dei aprendió el valor de la unidad de vida. Entendió así que el cuidado de su familia, el estudio y el trabajo, el trato con los amigos, colegas y estudiantes debía estar impregnado de sentido cristiano; cada actividad, ordenada y realizada en su momento, le ayudaba a dirigir el alma a Dios: era el ofrecimiento de su vida, convertido en verdadera oración contemplativa.

En 1983, dejó la docencia, a los 73 años de edad. Poco después se le diagnosticó un tumor canceroso. Al ser operado, se descubrió que el cáncer era incurable porque estaba muy extendido.

Desde el primer momento fue consciente de la gravedad de su enfermedad y la aceptó uniéndose cada vez más a los padecimientos de Cristo en la Cruz, por la Iglesia. Sus dos últimos años de vida fueron aún de gran actividad profesional, llena de afán por acercar muchas almas a Dios.

El 1 de mayo de 1985, ingresó definitivamente en la Clínica Universitaria de Pamplona, testigo de sus infinitos desvelos por los enfermos, donde falleció a las 9’10 de la mañana del día 20, mientras repetía esta oración: ¡Señor, auméntame la fe, auméntame la esperanza, auméntame la caridad, para que mi corazón se parezca al tuyo!

Desde aquel momento se manifiesta la fama de su santidad que muchos ya apreciaban en su vida y son cada día más los que confían en su intercesión ante Dios.

Como los primeros cristianos

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Testimonio de Julia Burfitt, profesora de francés en Sidney (Australia). Su esposo James también es profesor. Tienen siete hijos.

“Los círculos en los que me movía eran muy materialistas. Siempre tenía la sensación de que debía elegir entre amar el mundo o amar mi fe. Tenía la impresión de que quienes se tomaban en serio la religión –cualquiera que ésta fuera– no estaban muy interesados en empeños humanos. Cuando conocí el mensaje del fundador del Opus Dei, mi visión cambió totalmente. Encontré personas extrovertidas y alegres, que estaban al día de las últimas tendencias y que eran creyentes. ¡Eran tan positivas frente a la vida! Empecé a entender que era justamente amando las cosas del mundo, como podemos poner en práctica plenamente la fe.

¡Dios nos quiere viviendo en el medio del mundo! Como los primeros cristianos, debemos respirar el mismo aire que respiran todos, sin formar camarillas católicas. Después de todo, ¿cómo podríamos llevar el mundo a Dios si no estuviéramos en contacto con ese mundo?

Cuando leí el primer punto de Camino: Que tu vida no sea una vida estéril… me di cuenta de que hasta ese momento había estado desperdiciando el tiempo. Y cuando descubrí que podía mantener una relación personal con Jesucristo a través de las cosas de cada día, mi vida adquirió su sentido real.

Busco la amistad con cada uno de mis hijos para hablar de su mundo y, sobre todo, escucharles y responder a lo que preguntan. Un día, mi marido y yo nos decidimos a fomentar en casa un tiempo de silencio. Durante media hora, antes de la cena, los niños hacen algo por su cuenta: leer, dibujar, armar un puzzle, etc. Les animamos a que no hablen entre ellos durante esos minutos. ¡Los niños encuentran muy pocas oportunidades de estar en silencio! ¿Cómo llegarán a tener una relación personal con Dios si no saben retirarse del ruido para meterse en sí mismos?…

Sé que si mi familia está en primer lugar, tengo toda la libertad para esforzarme por alcanzar metas profesionales. Gracias a esta convicción, logré completar una maestría en literatura francesa, mientras tenía cuatro niños en casa. Iba a la universidad una noche a la semana y hacía los trabajos mientras los niños dormían o jugaban fuera. Los medios de formación me ayudaron a ser más disciplinada en el uso del escaso tiempo que tenía.

Ahora la vida me parece una aventura extraordinaria. Sé que mi personalidad, las circunstancias en las que estoy, mis talentos, mis amistades, la carrera profesional, etc. interesan a Dios. Lo que haga con ellos, las decisiones que tome, son la arena en la que debo ejercitar mi fe”.

“Entendí que hablar con Dios es como hablar con un padre”

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Cecilia Deustúa nació en Lima en 1951, hija de diplomáticos. Después de recorrer con sus padres más de diez países, conoció en Canadá al que iba a ser su marido. Trabaja como psicóloga clínica en Barcelona. Es madre de ocho hijos y supernumeraria del Opus Dei.

Cómo conocí el Opus Dei

Me enteré que existía el Opus Dei en Canadá. Mis padres eran embajadores en ese país y allí conocí a Víctor, mi futuro marido, que era Supernumerario y trabajaba entonces en la embajada de España. Fue él la primera persona que me habló del Opus Dei.

Mis padres eran católicos, pero en casa había una actitud que daba por supuesto que la piedad era cosa de mujeres. Al terminar el colegio, yo me desprendí de todo ese mundo religioso, que no había calado para nada en mí.

Víctor, en cambio, era un hombre de una gran fe. Cuando iba a regresar a Roma, para presentar mi tesis, me pidió que visitara la tumba de un sacerdote muy bueno, que está enterrado en tal sitio. No tenía idea de que se trataba de San Josemaría. El lugar estaba en la calle Bruno Buozzi, en el barrio del Parioli, donde yo había vivido durante años. Había pasado todos los días por delante de aquella casa, y nunca supe que era la sede del Opus Dei. Para complacer a mi novio, llamé a la puerta de la casa de Bruno Buozzi.

Encuentro con Don Àlvaro

Cuando salía ya e interiormente acababa de despedirme para siempre de aquel lugar, vi entrar a tres sacerdotes. Me fijé especialmente en el que estaba en el centro. Tenía unos ojos muy celestes, una mirada llena de bondad. Supuso que era amiga de alguna de las chicas de la Obra presentes y se dirigió a mí: “las amigas de mis hijas son como hijas mías”. Me impactó la bondad de su mirada. Pregunté como se llamaba el sacerdote: don Álvaro.

A partir de ahí entendí clarísimamente que no soy yo quien ha elegido el Opus Dei, es Dios quien me ha elegido para la Obra.

Cuando llegué a casa le escribí una carta a don Álvaro. Le conté mi historia. No sé por qué lo hice. Pero esa misma tarde llevé la carta a Bruno Buozzi. Esa misma noche, la chica que me había atendido me llamó de parte de don Álvaro del Portillo. Así comenzó mi relación con el Opus Dei. Fue el inicio de un proceso que me llevó a descubrir realmente a Dios.

Mi encuentro con el Opus Dei fue realmente de Dios. Nunca había pertenecido a nada, tenía tal sentido de provisionalidad viviendo cada poco tiempo en un sitio diferente… Encontrarme con el Opus Dei hizo que se reestructurara mi propia existencia, fue como encontrar un camino, encontrar a Dios. La religión me había parecido hasta entonces el refugio de los inseguros. Lo veía todo muy ritualista y empalagoso y me sofocaba, me generaba una cierta aversión. Me quedaba en las formas, no entendía los contenidos. Comencé a entender los porqués, me cambió la vida. A partir de ahí entendí clarísimamente que no soy yo quien ha elegido el Opus Dei, es Dios quien me ha elegido para la Obra.

Para mí rezar era entrar en una iglesia. A través del Opus Dei aprendí a hacer que todo fuera una conversación con Dios, fue algo revolucionario. Entendí que el trato con Dios y la vida cristiana no suponían salir del sitio donde se está. El trabajo, la familia, eran precisamente el entorno donde encontrar a Dios. Al principio, evidentemente me costó adquirir hábitos de piedad, hasta que entendí que hablar con Dios es como hablar con un padre. Para mí estar con Dios es charlar con Él.

Una doble vocación profesional: la Psicología clínica y el hogar

Si no me hubiese podido dedicar a la vida intelectual no hubiera sido feliz, no hubiera sido feliz sin un espacio a mi campo profesional, la Psicología. No siempre he podido dedicarme a la Psicología con la misma intensidad. Ha habido momentos en que la familia me necesitaba y he tenido que dejar mi trabajo para seguir a mi marido y empezar desde cero en otro sitio. Siendo madre de familia numerosa, además, he tenido bastantes problemas. No podía tener un trabajo profesional cualquiera, de esos de fichajes y horarios largos. He tenido que trabajar a horas convenidas, tanto en Roma como en Barcelona he tenido despachos privados. En Italia, con un neuropsiquiatra catalán. En Barcelona, primero trabajé en una clínica, y en varias cosas, hasta que pude montar un despacho con un psiquiatra. Ahora es un gabinete que ha crecido mucho. Podemos atender a muchas personas, desde niños a ancianos, en el ámbito psiquiátrico y en el ámbito de psicoterapia.

Hay que respetar mucho la libertad de las personas, pero si me abren las puertas y me lo posibilitan -y lo hacen muchas personas- puedo introducir también el aspecto espiritual, porque forma parte de la vida del ser humano.

Siempre digo que lo nuestro no es un trabajo profesional, es una misión. Una misión especialmente bella porque te permite consolar, te permite hacer bien, en concreto, a personas concretas. No es un trabajo de exhibición, pero es un trabajo de una alta gratificación.

Puedes actuar a muchos niveles. La buena educación es la base para sacar adelante a una persona, para que entienda valores, reestructurar su personalidad, reorientar su propia vida, aunque sólo sea humanamente hablando. Si no hay una enfermedad mental que impida u obstaculice la percepción de la vida de una persona, si se puede hacer con ella este tipo de labor, aunque solo sea en los primeros substratos, es enormemente positivo. Cualquier persona que se equilibre tenderá siempre a la Verdad y podrá potenciar la dotación vital, es decir, sus talentos no desarrollados.

Hay que respetar mucho la libertad de las personas, pero si me abren las puertas y me lo posibilitan -y lo hacen muchas personas- puedo introducir también el aspecto espiritual, porque forma parte de la vida del ser humano. Y como forma parte de la vida del ser humano y a mí lo que me importa es su vida íntegra, si a ella le importa, yo hablo también de esto. Pero aunque solamente hables en el ámbito humano, muchas de estas personas ya están orientadas a la búsqueda de la verdad. No nos inquieta a qué punto lleguen ni en qué circunstancias se encuentren porque siempre se puede hacer algo por ellas. Siempre, siempre.

La formación de los hijos

Gracias a nuestros hijos, mi marido y yo hemos podido hacer tantas cosas. Al contrario de lo que suele decirse, la familia numerosa es lo que ha multiplicado nuestras habilidades, porque por ellos hemos trabajado y por trabajar nos hemos multiplicado. Gracias a nuestros hijos y al esfuerzo que ha supuesto para nosotros dos hemos podido progresar dentro de lo que cabe. Hubiéramos podido tener una vida mucho más cómoda, pero de menos calidad humana.

Para educar a los hijos, lo importante es la formación personal. En qué te quieres convertir. A quien quieres ver en el espejo cuando te levantas ¿Quieres ver una persona buena, educada, generosa? Pues constrúyela. Descubrir que uno puede construir eso es maravilloso. A los hijos les ayuda percibir un testimonio de lucha de los padres, no un testimonio de perfección, sino de lucha, en el que caben los errores, cabe recomenzar… Todo esto he aprendido en el espíritu del Opus Dei y es lo que intento vivir.

“En la lucha contra el SIDA no sobra nadie”

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El Doctor Manuel Leal es especialista en Medicina Interna, trabaja en el Servicio de Enfermedades Infecciosas del Hospital Virgen del Rocío de Sevilla y dirige el laboratorio de Inmunovirología

Lleva trabajando desde principios de los años 80 con pacientes infectados por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH), agente causante del SIDA. Fue el primer médico en comunicar en Europa que había pacientes hemofílicos que estaban infectados por VIH.  Su labor profesional se reparte entre atender a pacientes infectados por el VIH, la dirección del laboratorio de investigación y la labor docente de pregrado y posgrado.

El Doctor Leal es uno de los principales impulsores de la Red de Investigación en SIDA (RIS), creada en 2002. La RIS es un espacio de investigación en un campo complejo que exige  un esfuerzo multidisciplinar, y que reúne a un total de 90 investigadores básicos y clínicos. Actualmente la RIS investiga los casos de más de 4.000 pacientes, recogidos en diferentes centros especializados que permiten tener una radiografía de la investigación y los perfiles de los enfermos a nivel nacional. Este modelo en red permite acelerar el desarrollo de tratamientos eficaces en la lucha contra el SIDA y mejorar la asistencia al enfermo.

¿Se podrá encontrar una solución definitiva al SIDA?

En tan sólo quince años la mortalidad causada por el VIH ha disminuido debido a la disponibilidad de tratamientos antivirales cada vez más eficaces. Sin embargo, desafortunadamente, el virus no puede ser erradicado del organismo; en consecuencia la infección sólo puede ser controlada, no curada.

Es importante señalar que las consecuencias a largo plazo de tener en el cuerpo un virus de las características del VIH (aunque esté controlado por los medicamentos) son en gran parte desconocidas, pero observaciones recientes indican que estas personas son más vulnerables a padecer cánceres y a experimentar un envejecimiento prematuro de su sistema inmune. En consecuencia lo más importante en la lucha contra el SIDA sigue siendo la prevención, no infectarse.

Hay que precisar que la epidemia del SIDA es de escala planetaria, y además incontrolada en el momento actual. Tenga en cuenta que la marcha de una epidemia no se mide por la disminución de la mortalidad, sino por la aparición de nuevas infecciones. Desgraciadamente el número de nuevas personas infectadas sigue creciendo en todo el mundo, y por supuesto en España. Las personas más vulnerables a la infección son los jóvenes y la ruta más frecuente de transmisión del VIH son las relaciones sexuales (tanto homo como heterosexual).

Fachada del rectorado de la Universidad de Sevilla

En mi opinión las campañas de prevención están lejos de ser satisfactorias, ya que se centran exclusivamente en el uso de preservativos Se comete, además, el grave error de estigmatizar y excluir instituciones que subrayan otras medidas preventivas eficaces, tales como una educación sexual sólida acorde con lo que es el hombre y la fidelidad dentro de la pareja. Le diré algo: las dimensiones de la epidemia del SIDA son tan dramáticas, que en su prevención nadie sobra, incluido instituciones (no necesariamente religiosas) que aporten soluciones no “políticamente correctas”.

¿Cómo tratar a un paciente infectado que sabe que su enfermedad no tiene curación?

Son muchos años los que llevo atendiendo a pacientes con Sida, desde 1983 cuando era médico residente en el Hospital Virgen del Rocío de Sevilla. Los primeros años fueron muy duros; carecíamos de tratamientos frente al virus y se nos morían entre 2 y 4 pacientes por semana. El SIDA ha condicionado prácticamente toda mi vida profesional, tanto en su vertiente de asistencia clínica directa en sala de hospitalización y consultas, como en investigación y docencia. He cerrado los ojos a muchos enfermos/amigos.

Al poco tiempo de empezar a tratar enfermos con SIDA se produjo en mi vida interior cambios profundos que me llevaron, como hijo pródigo, a Dios y a la Iglesia Católica. Mi encuentro con Dios, a través del Opus Dei, hizo desplegarse en mi interior un sinfín de realidades ocultas: 1) En cada uno de mis enfermos, de alguna forma está Cristo; 2) Dios quiere que dé frutos donde estoy plantado, con mis hermanos más inmediatos: enfermos, familia, colegas; 3) Dios me quiere trabajando, haciéndolo bien: curando cuando se puede, aliviando y siempre consolando; 4) Mi inteligencia (mis “talentos”) también me la ha dado Dios para que descifre enigmas de su Creación, que además de satisfacer mi curiosidad innata, la ponga al servicio de mis enfermos, salvando vidas; ese es mi oficio. En el Opus Dei entendí la dimensión sobrenatural del trabajo, y la responsabilidad de hacerlo bien.

De todas formas, antes de volver a la Fe, ya tenía claro (por sentido común) que el ser humano existe desde el momento de la concepción, y persiste hasta el momento de la muerte. En consecuencia carezco de autoridad para cegar sus vidas. Ésta consideración es de sentido común, pero a la luz de la Fe adquiere dimensiones de sabor eterno.

Antes se ha referido a la falta de educación en valores para afrontar la lucha contra el SIDA y otras cuestiones bioéticas. ¿Cómo acertar?

Me separo ahora un poco de la enfermedad del Sida, que abordaré un poco más adelante, y comienzo esta respuesta hablándote del drama del aborto. Como médico sé que un feto no es un amasijo de células, ni mucho menos un tumor que necesita ser extirpado. Un médico sabe –sea creyente o no– que un feto es un ser humano que tiene muchas potencialidades. No se trata de un ser humano potencial, como se dice ahora. Esto es un concepto de sentido común. Hay mucha desinformación al respecto. El aborto es un gran fracaso de la medicina. El médico está para intentar salvar vidas, no para destruirlas.

Volviendo al Sida, considero que es fundamental una adecuada educación sexual de los jóvenes, que comience en la familia. Lo he dicho antes y lo reitero. Nos jugamos tanto, que para atajar esta epidemia no sobra nadie. No podemos excluir por razones meramente ideológicas propuestas que ayudan o fomentan, por ejemplo, la abstinencia, o las que vayan encaminadas a fomentar la responsabilidad de los jóvenes. Hace falta un debate sereno, sin exclusiones ideológicas, porque nos jugamos mucho.


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