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	<title>Opus Dei Testimonios &#187; santos</title>
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	<description>Testimonios sobre el Opus Dei y la vida cristiana</description>
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		<title>Palabras de Benedicto XVI a los participantes del UNIV 2008</title>
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		<pubDate>Mon, 24 Jan 2011 20:07:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>opusdeit</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Queridos amigos: Os doy una cordial bienvenida a todos los que habéis venido a Roma de diferentes países y universidades para celebrar juntos la Semana santa y para participar en el congreso internacional UNIV. De este modo, podréis realizar momentos de oración común, un enriquecimiento cultural y un intercambio fecundo de las experiencias hechas por [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Queridos amigos:</p>
<p>Os doy una cordial bienvenida a todos los que habéis venido a Roma de  diferentes países y universidades para celebrar juntos la Semana santa y  para participar en el congreso internacional UNIV. De este modo,  podréis realizar momentos de oración común, un enriquecimiento cultural y  un intercambio fecundo de las experiencias hechas por vuestra  asociación con centros y actividades de formación cristiana patrocinados  por el Opus Dei en vuestras respectivas ciudades y naciones.</p>
<p>Vosotros sabéis que con un serio compromiso personal, inspirado en los  valores evangélicos, es posible responder adecuadamente a los grandes  interrogantes del tiempo presente. El cristiano sabe que hay un nexo  inseparable entre verdad, ética y responsabilidad. Toda expresión  cultural auténtica contribuye a formar la conciencia y estimula a la  persona a superarse a sí misma a fin de que pueda mejorar la sociedad.  Uno se siente así responsable ante la verdad, al servicio de la cual ha  de ponerse la propia libertad personal. Se trata ciertamente de una  misión comprometida y para realizarla el cristiano está llamado a seguir  a Jesús, cultivando una intensa amistad con él a través de la oración y  de la contemplación. Ser amigos de Cristo y dar testimonio de él allí  donde nos encontremos exige, además, el esfuerzo de ir contracorriente,  recordando las palabras del Señor: estáis en el mundo pero no sois del  mundo (cf. Jn 15, 19). Por tanto, no tengáis miedo, cuando sea  necesario, de ser inconformistas en la universidad, en el colegio y en  todas partes.</p>
<p>Queridos jóvenes del UNIV, sed levadura de esperanza en este mundo que  anhela encontrar a Jesús, a veces sin darse cuenta. Para mejorarlo,  esforzaos ante todo por cambiar vosotros mismos con una vida sacramental  intensa, especialmente acercándoos al sacramento de la Penitencia y  participando asiduamente en la celebración de la Eucaristía. Os  encomiendo a cada uno de vosotros y a vuestras familias a María, que  nunca dejó de contemplar el rostro de su Hijo Jesús. Invoco sobre cada  uno de vosotros la protección de san Josemaría y de todos los santos de  vuestras tierras, mientras de corazón os deseo una feliz Pascua.<a><br />
</a></p>
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		<title>Barbastro. Una caricia de la Virgen</title>
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		<pubDate>Tue, 19 Oct 2010 09:23:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>opusdeit</dc:creator>
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		<category><![CDATA[9 de enero de 1902]]></category>
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		<description><![CDATA[Breve biografía sobre el Fundador del Opus Dei escrita por José Miguel Cejas —De esta noche no pasa —dijo el doctor Camps. Aquello fue un mazazo para los Escrivá, un joven matrimonio de Barbastro: su hijo pequeño, Josemaría, se les moría sin remedio. Aquella noche de 1904 le velaron hasta la madrugada, contemplando su rostro [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h2 style="text-align: center">Breve biografía sobre el Fundador del Opus Dei escrita por José Miguel Cejas</h2>
<p>—De esta noche no pasa —dijo el doctor Camps.</p>
<p>Aquello fue un mazazo para los Escrivá, un joven matrimonio de Barbastro: su hijo pequeño, Josemaría, se les moría sin remedio. Aquella noche de 1904 le velaron hasta la madrugada, contemplando su rostro dormido y trémulo por la fiebre.</p>
<p>Había nacido dos años antes, el 9 de enero de 1902, y lo habían bautizado enseguida, como de costumbre. Y ahora, ¡tan pronto!, Dios se lo llevaba.</p>
<p>Pero no perdían la esperanza. Su madre, Dolores Albás, había prometido a la Virgen que, si se curaba, lo llevaría en brazos hasta la ermita de Torreciudad.</p>
<p>Y así pasaron la noche, rezando, llenos de fe, esperando el milagro.</p>
<p>El doctor Camps llegó a primera hora de la mañana. Pensó que, para ahorrarles la pena de que tuvieran que comunicárselo, lo mejor era preguntar directamente:</p>
<p>—¿A qué hora ha muerto el niño?</p>
<p>—¡El niño —le contestaron, emocionados— está perfectamente!</p>
<p>Sus padres cumplieron la promesa y le llevaron a Torreciudad. <strong>Mi madre me llevó en sus brazos a la Virgen. Iba sentada en la caballería, no a la inglesa, sino en silla, como entonces se hacía, y pasó miedo porque era un camino muy malo. </strong></p>
<p>Fue la primera caricia de la Virgen con Josemaría Escrivá. Con razón le comentaba su madre, años después:</p>
<p>—Hijo: para algo muy grande te ha dejado en este mundo la Virgen, porque estabas más muerto que vivo.</p>
<p>Salvo ese momento crítico, los primeros años de Josemaría fueron serenos y apacibles. <strong>Dios Nuestro Señor fue preparando las cosas para que mi vida fuese normal y corriente, sin nada llamativo</strong>. <strong>Me hizo nacer en un hogar cristiano, como suelen ser los de mi país, de padres ejemplares que practicaban y vivían su fe, dejándome en libertad muy grande desde chico, vigilándome al mismo tiempo con atención. </strong></p>
<p>Agradeció siempre a Dios la educación humana y cristiana que le dieron sus padres: <strong>Mi madre, papá, mis hermanos y yo íbamos siempre juntos a oír Misa. Mi padre nos entregaba la limosna, que llevábamos gozosos, al hombre cojo, que estaba arrimado al palacio episcopal. Después me adelantaba a tomar agua bendita, para darla a los míos. La Santa Misa. Luego, todos los domingos, en la capilla del Santo Cristo de los Milagros rezábamos un Credo. Y, el día de la Asunción (&#8230;), era cosa obligada <em>adorar</em> (así decíamos) a la Virgen de la Catedral</strong> .</p>
<p>Su infancia fue parecida a la de tantos niños de aquel Barbastro de comienzos de siglo XX: risas y correteos por la Plaza del Mercado, tablas y más tablas de multiplicar en el Colegio de los Escolapios y unos viajes fantásticos en las noches de invierno hasta el centro de la Tierra, o la mismísima Luna, de la mano de Julio Verne. Fue un niño como tantos otros: bueno, generoso, obediente y con los inevitables caprichos y rabietas que sus padres corrigieron con paciencia. Porque los santos no nacen: se <em>hacen</em>.</p>
<p>Se <em>hacen</em> correspondiendo, en lo grande y en lo pequeño a la voluntad de Dios. Y Dios quiso que Josemaría conociera pronto el misterio del dolor: entre 1910 y 1913 —desde los ocho a los once años— fueron muriendo, por enfermedad, sus tres hermanas pequeñas.<a><br />
</a></p>
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		<title>¡Todos santos!</title>
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		<pubDate>Tue, 19 Oct 2010 09:04:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>opusdeit</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Breve biografía sobre el Fundador del Opus Dei escrita por José Miguel Cejas Todos santos: ésta es una expresión fundamental para comprender el mensaje que don Josemaría había recibido y que intentaba hacer realidad en los cinco continentes lo antes posible. Soñaba con miles –con millones— de cristianos que vivieran su fe con plenitud en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h2 style="text-align: center">Breve biografía sobre el Fundador del Opus Dei escrita por José Miguel Cejas</h2>
<p><em>Todos santos:</em> ésta es una expresión fundamental para comprender el mensaje que don Josemaría había recibido y que intentaba hacer realidad en los cinco continentes lo antes posible. Soñaba con miles –con millones— de cristianos que vivieran su fe con plenitud en todos los enclaves de la tierra, levantando <strong>la Cruz</strong><strong> con las doctrinas de Cristo sobre el pináculo de toda actividad humana</strong>.</p>
<p>Soñaba con hombres y mujeres de los más diversos ambientes, situaciones y culturas, que fueran testigos del Evangelio; con cristianos capaces de impulsar, en servicio de la Iglesia, junto con muchas otras personas, mediante su apostolado de amistad, cientos, miles, de labores apostólicas: escuelas para campesinos, dispensarios para gentes necesitadas, universidades y centros culturales, centros de promoción humana y espiritual&#8230;</p>
<p>Soñaba y sabía —con plena certeza, ¡lo había <strong><em>visto</em></strong>!— que eso se haría realidad con gentes de todo tipo y condición, de todas las razas, de todas las profesiones, de las más variadas costumbres y mentalidades. Pero luego… miraba a su alrededor, y se veía, humanamente, solo, sin nada. Pobre. Incomprendido. Sin experiencia.</p>
<p><strong>Durante los primeros seis años de la Obra</strong> —recordaba años más tarde— <strong>me encontraba casi solo. </strong>Y no dudada en reconocer: <strong>Fueron años fuertes, duros.</strong><a><br />
</a></p>
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		<title>Con espíritu de comunión eclesial</title>
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		<pubDate>Mon, 18 Oct 2010 11:37:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>opusdeit</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Breve biografía sobre el Fundador del Opus Dei escrita por José Miguel Cejas Sus palabras rezumaban comprensión y alegría, vivida en un sentido de comunión con todos los carismas con los que el Espíritu vivifica su Iglesia. Y explicaba que no había por qué asombrarse ante las dificultades, las incomprensiones o las maledicencias. Los santos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h2 style="text-align: center">Breve biografía sobre el Fundador del Opus Dei escrita por José  Miguel Cejas</h2>
<p>Sus palabras rezumaban comprensión y alegría, vivida en un sentido de  comunión con todos los carismas con los que el Espíritu vivifica su  Iglesia. Y explicaba que no había por qué asombrarse ante las  dificultades, las incomprensiones o las maledicencias. <strong>Los santos</strong> –comentaba durante su catequesis en São Paulo— <strong>se han ido al otro  mundo llevando encima una carga de basura echada por sus contemporáneos.  No se me olvida que, al morir Teresa de Lisieux, decía una de las  monjitas del convento: ¿y qué podrá decir la Madre Superiora de esta  pobre monja? ¡Una santa grande! ¿Y la otra Teresa, la Teresona grande de  Avila? Pues… dijeron de todo! (…)</strong></p>
<p><strong>Estaba en Sevilla. El correteo de aquella época, desde Ávila a  Sevilla, era algo más que lo que he hecho yo desde Roma a S</strong><strong>ão  Paulo… En un carromato por aquellas carreteras tremendas, llenas de  polvo…, con aquel calor de Castilla… Envuelta en la reciura de aquel  traje basto, de aquel hábito penitente… ¡Pobre Teresa de Jesús, toda  delicadezas de amor! ¿Sabéis lo que decían sus contemporáneos, cuando  ella abría sus <em>palomarcicos</em>?! Decían que, so capa de abrir  conventos… —con ocasión de abrir conventos—… llevaba mujeres mozas de  una parte a otra, ¡para volverlas malas…! La llamaban… ¿Está claro?</strong></p>
<p><strong>—</strong>Sí, Padre, le respondieron.</p>
<p><strong>—… Teresa de Jesús…!</strong></p>
<p><strong> </strong>Amaba y quería todos los caminos de santificación de  la Iglesia: las antiguas órdenes monásticas y las modernas  congregaciones, la vida consagrada y los incipientes movimientos que  surgían durante aquellos años.</p>
<p><strong>Forma parte esencial del espíritu cristiano no sólo vivir en unión  con la Jerarquía ordinaria —Romano Pontífice y Episcopado—, sino también  sentir la unidad con los demás hermanos en la fe. Desde muy antiguo he  pensado que uno de los mayores males de la Iglesia en estos tiempos, es  el desconocimiento que muchos católicos tienen de lo que hacen y opinan  los católicos de otros países o de otros ámbitos sociales. Es necesario  actualizar esa fraternidad, que tan hondamente vivían los primeros  cristianos. Así nos sentiremos unidos, amando al mismo tiempo la  variedad de las vocaciones personales (&#8230;)</strong></p>
<p><strong>Es importante que cada uno procure ser fiel a la propia llamada  divina, de tal manera que no deje de aportar a la Iglesia lo que lleva  consigo el carisma recibido de Dios.</strong></p>
<p>En esas reuniones de catequesis animaba a seguir a Cristo con docilidad  plena a las inspiraciones del Espíritu, según el propio carisma, con una  vida de piedad, oración y sacrificio. Recomendaba la plegaria personal,  el encuentro cotidiano con Jesús en el Pan y la Palabra, la confesión  frecuente, el trato con la Virgen, etc., adaptando el propio plan de  vida cristiana con flexibilidad, conforme a las circunstancias de cada  uno.</p>
<p>Mostraba la grandeza de la vida ordinaria y enseñaba a buscar la  santidad en el cumplimiento de los propios deberes en la vida “de todos  los días”. De ese modo los cristianos —decía— pueden ser <strong>contemplativos  en medio del mundo</strong>.</p>
<p>Recordaba —en unos años de confusión doctrinal— el verdadero sentido de  la liberación cristiana, según los principios de la doctrina social de  la Iglesia, enseñando a vivir el Evangelio en un espíritu de libertad.<strong> Soy amigo de la libertad </strong>—decía—<strong> porque es un don de Dios.</strong></p>
<p>Enseñaba a los laicos a actuar con coherencia en la vida cristiana,  respondiendo cristianamente y con valentía a todos los retos de la  sociedad: especialmente a lo que ahora se denomina “cultura de la  muerte” (aborto, eutanasia, etc.).</p>
<p>Aunque su predicación se dirigía fundamentalmente a las personas  llamadas por Dios a buscar la santidad en medio del mundo, por medio de  su trabajo (cualesquiera que fuera su estado: casados, solteros, viudos)  su mensaje de raíz evangélica concierne a todos los cristianos; y sus  enseñanzasse funden en lo que denominaba <em>unidad de vida</em>.<strong> Hay  una única vida </strong>—decía—<strong> hecha de carne y espíritu, y ésa es la que  tiene que ser —en el alma y en el cuerpo— santa y llena de Dios</strong>.<a><br />
</a></p>
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		<title>¡Todos santos!</title>
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		<pubDate>Wed, 14 Jul 2010 08:03:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>opusdeit</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<h2 style="text-align: center">Breve biografía sobre el Fundador del Opus Dei escrita por José  Miguel Cejas</h2>
<p><em>Todos santos:</em> ésta es una expresión fundamental para comprender  el mensaje que don Josemaría había recibido y que intentaba hacer  realidad en los cinco continentes lo antes posible. Soñaba con miles  –con millones— de cristianos que vivieran su fe con plenitud en todos  los enclaves de la tierra, levantando <strong>la Cruz</strong><strong> con las  doctrinas de Cristo sobre el pináculo de toda actividad humana</strong>.</p>
<p>Soñaba con hombres y mujeres de los más diversos ambientes, situaciones y  culturas, que fueran testigos del Evangelio; con cristianos capaces de  impulsar, en servicio de la Iglesia, junto con muchas otras personas,  mediante su apostolado de amistad, cientos, miles, de labores  apostólicas: escuelas para campesinos, dispensarios para gentes  necesitadas, universidades y centros culturales, centros de promoción  humana y espiritual&#8230;</p>
<p>Soñaba y sabía —con plena certeza, ¡lo había <strong><em>visto</em></strong>!— que  eso se haría realidad con gentes de todo tipo y condición, de todas las  razas, de todas las profesiones, de las más variadas costumbres y  mentalidades. Pero luego… miraba a su alrededor, y se veía, humanamente,  solo, sin nada. Pobre. Incomprendido. Sin experiencia.</p>
<p><strong>Durante los primeros seis años de la Obra</strong> —recordaba años más  tarde— <strong>me encontraba casi solo. </strong>Y no dudada en reconocer: <strong>Fueron  años fuertes, duros.</strong><a><br />
</a></p>
]]></content:encoded>
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		<title>TEMA 13. Creo en la Comunión de los santos y en el perdón de los pecados</title>
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		<pubDate>Sat, 27 Mar 2010 22:44:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>opusdeit</dc:creator>
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		<description><![CDATA[La Iglesia es communio sanctorum: comunidad de todos los que han recibido la gracia regeneradora del Espíritu por la que son hijos de Dios y hermanos de Jesucristo. 1. La comunión de los Santos La Iglesia es communio sanctorum: comunión de los santos, es decir, comunidad de todos los que han recibido la gracia regeneradora [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h2 style="text-align: center">La Iglesia es communio sanctorum: comunidad de todos los que han recibido la gracia regeneradora del Espíritu por la que son hijos de Dios y hermanos de Jesucristo.</h2>
<div>
<div><img src="http://www.opusdei.es/img/sp.gif" alt="" width="1" height="1" /></div>
</div>
<p><strong>1. La comunión de los Santos</strong></p>
<p>La Iglesia es <em>communio sanctorum</em>: comunión de los santos, es decir, comunidad de todos los que han recibido la gracia regeneradora del Espíritu por la que son hijos de Dios, unidos a Cristo y llamados santos. Unos aún caminan en esta tierra, otros murieron y se purifican también con la ayuda de nuestras plegarias. Otros, en fin, gozan ya de la visión de Dios e interceden por nosotros. La comunión de los santos también quiere decir que todos los cristianos tenemos en común los dones santos, en cuyo centro está la Eucaristía, todos los demás sacramentos que a ella se ordenan, y todos los demás dones y carismas (cfr. <em>Catecismo</em>, 950).</p>
<p>Por la comunión de los santos, los méritos de Cristo y de todos los santos que nos han precedido en la tierra nos ayudan en la misión que el mismo Señor nos pide realizar en la Iglesia. Los santos que están en el Cielo no asisten con indiferencia a la vida de la Iglesia peregrinante: nos impulsan con su intercesión ante el Trono de Dios, y aguardan que la plenitud de la comunión de los santos se realice con la segunda venida del Señor, el juicio y la resurrección de los cuerpos. La vida concreta de la Iglesia peregrina y de cada uno de sus miembros; la fidelidad de cada bautizado tiene gran importancia para la realización de la misión de la Iglesia, para la purificación de muchas almas y para la conversión de otras.</p>
<p>La comunión de los santos está orgánicamente estructurada en la tierra, porque Cristo y el Espíritu la hicieron y hacen sacramento de la Salvación, es decir, medio y señal por la que Dios ofrece la Salvación a la humanidad. En su caminar terreno, la Iglesia también se estructura externamente en la comunión de las Iglesias particulares, formadas a imagen de la Iglesia universal y presididas cada una por su propio obispo; en esas iglesias particulares se da una comunión peculiar entre sus fieles, con sus patronos, sus fundadores y sus santos principales. Análogamente se da esta comunión en otras realidades eclesiales.</p>
<p>También estamos en cierta comunión de oraciones y otros beneficios espirituales, hay incluso cierta unión en el Espíritu Santo con los cristianos que no pertenecen a la Iglesia Católica.</p>
<p><strong>1.1. La Iglesia es comunión y sociedad. Los fieles: jerarquía, laicos y vida consagrada.</strong></p>
<p>La Iglesia en la tierra es, a la vez, comunión y sociedad estructurada por el Espíritu Santo a través de la Palabra de Dios, de los sacramentos y de los carismas. Por tanto, su estructura no se puede separar de su realidad comunional, no se puede sobreponer a ella ni puede entenderse como un modo de automantenerse y autogobernarse por sí misma después de un primer periodo de “carismático” fervor. Los mismos sacramentos que hacen la Iglesia son los que la estructuran para que sea en la tierra el sacramento universal de salvación. Concretamente, por los sacramentos del Bautismo, Confirmación y Orden, los fieles participan –en formas diversas– de la misión sacerdotal de Cristo y, por tanto, de su sacerdocio. De la acción del Espíritu Santo en los sacramentos y a través de los carismas provienen las tres grandes posiciones históricas que se encuentran en la Iglesia: los fieles laicos, los ministros sagrados (que han recibido el sacramento del Orden y forman la jerarquía de la Iglesia) y los religiosos (cfr. <em>Compendio</em>, 178). Todos ellos tienen en común la condición de fieles, es decir, al ser «incorporados a Cristo mediante el Bautismo, han sido constituidos miembros del Pueblo de Dios; han sido hechos partícipes, cada uno según su propia condición, de la función sacerdotal, profética y real de Cristo, y son llamados a llevar a cabo la misión confiada por Dios a la Iglesia. Entre ellos hay una verdadera igualdad en su dignidad de hijos de Dios» (<em>Compendio</em>, 177).</p>
<p>Cristo instituyó la jerarquía eclesiástica con la misión de hacer presente a Cristo a todos los fieles por medio de los <em>sacramentos</em> y a través de la <em>predicación de la Palabra de Dios </em>con autoridad en virtud del mandato recibido de Él. Los miembros de la jerarquía también recibieron la misión de guiar el Pueblo de Dios (cfr. <em>Mt</em> 28, 18-20). La jerarquía está formada por los ministros sagrados: obispos, presbíteros y diáconos. El ministerio de la Iglesia tiene una dimensión colegial, es decir, la unión de los miembros de la jerarquía eclesiástica está al servicio de la comunión de los fieles. Cada obispo ejerce su ministerio como miembro del colegio episcopal –el cual sucede al colegio apostólico– y en unión con su cabeza, que es el Papa, haciéndose partícipe con él y con los demás obispos de la solicitud por la Iglesia universal. Además, si le ha sido confiada una iglesia particular, la gobierna en nombre de Cristo con la autoridad que ha recibido, con potestad ordinaria, propia e inmediata, en comunión con toda la Iglesia y bajo el Santo Padre. El ministerio episcopal también tiene un carácter personal, porque cada uno es responsable ante Cristo, que lo ha llamado personalmente y le confirió la misión al recibir el sacramento del Orden en plenitud.</p>
<p>El Papa es el Obispo de Roma y sucesor de san Pedro; es el perpetuo y visible principio y fundamento de la unidad de la Iglesia. Es el Vicario de Cristo, cabeza del colegio de los obispos y pastor de toda la Iglesia, sobre la que tiene, por institución divina, la potestad plena, suprema, inmediata y universal. El colegio de los obispos, en comunión con el Papa y nunca sin él, ejerce también la potestad suprema y plena sobre la Iglesia. Los obispos han recibido la misión de <em>enseñar</em> como testigos auténticos de fa fe apostólica; de <em>santificar</em> dispensando la gracia de Cristo en el ministerio de la Palabra y de los sacramentos, en particular de la Eucaristía; y <em>gobernar</em> al pueblo de Dios en la tierra (cfr. <em>Compendio</em>, 184, 186 y ss.).</p>
<p>El Señor ha prometido que su Iglesia permanecerá siempre en la fe (cfr. <em>Mt</em> 16, 19) y la garantiza con su presencia en virtud del Espíritu Santo. Esta propiedad es poseída por la Iglesia en su totalidad (no en cada miembro). Por eso los fieles en su conjunto no se equivocan al adherir indefectiblemente a la fe guiados por el magisterio vivo de la Iglesia bajo la acción del Espíritu Santo que guía unos y otros. La asistencia del Espíritu Santo a toda la Iglesia para que no se equivoque al creer se da también al magisterio para que enseñe fiel y auténticamente la Palabra de Dios. En algunos casos específicos esa asistencia del Espíritu garantiza que las intervenciones del magisterio no contienen error; por eso se suele decir que en tales casos el magisterio participa de la misma infalibilidad que el Señor ha prometido a su Iglesia. «La infalibilidad del Magisterio se ejerce cuando el Romano Pontífice, en virtud de su autoridad de Supremo Pastor de la Iglesia, o el colegio de los obispos en comunión con el Papa, sobre todo reunido en un Concilio Ecuménico, proclaman con acto definitivo una doctrina referente a la fe o a la moral; y también cuando el Papa y los obispos, en su Magisterio ordinario, concuerdan en proponer una doctrina como definitiva. Todo fiel debe adherirse a tales enseñanzas con el obsequio de la fe» (<em>Compendio</em>, 185).</p>
<p>Los laicos son aquellos fieles cuya misión es buscar el Reino de Dios, iluminando y ordenando las realidades temporales según Dios. Responden así a la llamada a la santidad y al apostolado, que se dirige a todos los bautizados<a name="_ftnref4" href="http://www.opusdei.es/art.php?p=31774#_ftn4" rel='nofollow'></a>. Puesto que participan del sacerdocio de Cristo, los laicos también se asocian a su misión santificadora, profética y real (cfr. <em>Compendio</em>, 189-191). Participan en la misión sacerdotal de Cristo cuando ofrecen como sacrificio espiritual, sobre todo en la Eucaristía, la propia vida con todas sus obras. Participan en la misión profética cuando acogen en la fe la Palabra de Cristo, y la anuncian al mundo con el testimonio de la vida y de la palabra. Participan en la misión regia porque reciben de Él el poder de vencer el pecado en sí mismos y en el mundo, por medio de la abnegación y la santidad de la propia vida, e impregnan de valores morales las actividades temporales del hombre y las instituciones de la sociedad.</p>
<p>De los fieles laicos y de la jerarquía provienen fieles que se consagran de modo especial a Dios por la profesión de los consejos evangélicos: castidad (en el celibato o virginidad), pobreza y obediencia. La vida consagrada es un estado de vida reconocido por la Iglesia, que participa en su misión mediante una plena entrega a Cristo y a los hermanos dando testimonio de la esperanza del Reino de los cielos (cfr. <em>Compendio</em>, 192 y ss.).</p>
<p><strong>2.  Creo en el perdón de los pecados</strong></p>
<p>Cristo tenía el poder de perdonar los pecados (cfr. <em>Mc</em> 2, 6-12). Lo dio a sus discípulos cuando les entregó el Espíritu Santo, les dio «el poder de las llaves» y les envió a bautizar y perdonar los pecados a todos: «Recibid el Espíritu Santo, a quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados, a quienes se los retengáis, les quedan retenidos» (<em>Jn</em> 20, 22-23). San Pedro concluye su primer discurso después de Pentecostés animando los judíos a la penitencia, «y que cada uno sea bautizado en el nombre de Jesucristo, para remisión de vuestros pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo» (<em>Hch</em> 2, 38).</p>
<p>La Iglesia conoce dos modos de perdonar los pecados. El Bautismo es el primero y principal sacramento por el que se nos perdonan los pecados. Para los pecados cometidos después del Bautismo, Cristo ha instituido el sacramento de la Penitencia, en el que el bautizado se reconcilia con Dios y con la Iglesia.</p>
<p>Cuando se perdonan los pecados, es Cristo y el Espíritu quienes actúan en y a través de la Iglesia. No hay ninguna falta que la Iglesia no pueda perdonar, porque Dios puede perdonar siempre y siempre lo ha querido hacer si el hombre se convierte y pide perdón (cfr. <em>Catecismo</em>, 982). La Iglesia es instrumento de santidad y santificación, actúa para que todos estemos más cerca de Cristo. El cristiano con su lucha por vivir santamente y con su palabra puede hacer que los demás estén más cerca de Cristo y se conviertan.</p>
<p><em>Miguel de Salis Amaral</em></p>
<p><span style="text-decoration: underline">Bibliografía básica</span></p>
<p><em>Catecismo de la Iglesia Católica</em>, 976-987.</p>
<p><em>Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica</em>, 200-201.</p>
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		<title>San Josemaría en la colección &#8220;Héroes de la fe&#8221;</title>
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		<pubDate>Wed, 24 Mar 2010 18:16:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>opusdeit</dc:creator>
				<category><![CDATA[santos]]></category>
		<category><![CDATA["Héroes de la fe"]]></category>
		<category><![CDATA[catequesis familiar]]></category>
		<category><![CDATA[infancia y juventud del fundador]]></category>
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		<description><![CDATA[La película de dibujos animados sobre la infancia y juventud del fundador del Opus Dei, realizada originalmente en italiano y emitida en su momento por la cadena Rete 4, acaba de aparecer en DVD doblada al castellano. La colección &#8220;Héroes de la fe&#8221;, de la productora Monte Tabor, incluye los dos títulos que ya están [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h2 style="text-align: center">La película de dibujos animados sobre la infancia y juventud del fundador del Opus Dei, realizada originalmente en italiano y emitida en su momento por la cadena Rete 4, acaba de aparecer en DVD doblada al castellano.</h2>
<div>
<div><img src="http://www.opusdei.es/img/sp.gif" alt="" width="1" height="1" /></div>
</div>
<div><img src="http://www.opusdei.es/image/sanjosemaria_comic.jpg" alt="Opus Dei - " width="400" height="134" /></div>
<p>La colección &#8220;Héroes de la fe&#8221;, de la productora Monte Tabor, incluye los dos títulos que ya están disponibles en librerías (Juan Pablo II y San Josemaría) y las biografías de la Madre Teresa de Calcuta, Santa Catalina de Siena, Padre Pío, Santa Juan de Arco, Santas Perpetua y Felicidad, San Antonio de Padua y San Francisco de Asís.</p>
<p>Se trata de un producto audiovisual muy bien presentado, que espera aportar unos materiales de calidad para la catequesis familiar a través de la propuesta de ejemplos accesibles, cercanos y vistosos, como son la vida de los santos.</p>
<div><img src="http://www.opusdei.es/image/abuelo_2bjosemaria.jpg" alt="Opus Dei - " width="300" height="163" /></div>
<p>En el caso del nuevo DVD, el relato se centra en la infancia y juventud de San Josemaría, un niño alegre en una familia unida, expuesto a los problemas económicos y afectado por la muerte de sus hermanitas. Impresiona el clima sencillo y lleno de esperanza que se respira en aquella familia de Barbastro a comienzos del siglo XX.<a><br />
</a></p>
]]></content:encoded>
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		<title>Bahkita, la santidad que transforma el mundo</title>
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		<pubDate>Sun, 31 Jan 2010 19:25:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>opusdeit</dc:creator>
				<category><![CDATA[santos]]></category>
		<category><![CDATA[belleza]]></category>
		<category><![CDATA[bondad]]></category>
		<category><![CDATA[canonización]]></category>
		<category><![CDATA[Josefina Bakhita]]></category>

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		<description><![CDATA[El Papa Juan Pablo II canonizará el 1º de octubre a Josefina Bakhita, monja canosiana sudanesa, en la Plaza de San Pedro. La Madre Morenita fue beatificada junto con el fundador del Opus Dei el 17 de mayo de 1992. Portada del libro &#8220;Inchiesta su una santa per il 2000&#8243; &#8220;Los santos son la expresión [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center"><strong>El Papa Juan Pablo II canonizará el 1º de octubre a Josefina Bakhita, monja canosiana sudanesa, en la Plaza de San Pedro. La Madre Morenita fue beatificada junto con el fundador del Opus Dei el 17 de mayo de 1992.</strong></p>
<div><img src="http://www.opusdei.es/image/bak.jpg" alt="Opus Dei - Portada del libro " width="160" height="250" /></div>
<div>
<div>Portada del libro &#8220;Inchiesta su una santa per il 2000&#8243;</div>
</div>
<p>&#8220;Los santos son la expresión suprema de la belleza&#8221;. Estas palabras del Papa, pronunciadas en un diálogo improvisado con periodistas durante un vuelo que lo llevaba a alguna parte del mundo a anunciar el Evangelio, me parecen muy adecuadas para describir la figura santa de Josefina Bakhita.</p>
<p>Los santos, con la fuerza de su testimonio, redimen la violencia contra el hombre impresa en el curso de la historia. Transforman en profundidad, cada uno a su manera, todo aquello que los demás padecen o, como mucho, se limitan a deplorar. Su actualidad es particularmente viva en nuestros días, en este siglo de &#8220;progreso&#8221; que ningún dato puede definir más crudamente como la cifra de sus mártires. Su paciencia ante la injusticia posee el vigor de la caridad más delicada; la docilidad con que sufren es una luz que ilumina la cotidianidad. Son los santos, con su obstinado amar siempre y a toda costa, quienes crean nuevas civilizaciones.</p>
<p>Un lugar destacado en este panorama corresponde a Josefina Bakhita, la monja canosiana muerta en Schio en 1947. Su vida estuvo marcada por grandes sufrimientos. Secuestrada y hecha esclava cuando era niña, torturada, vendida varias veces en los mercados de El Obeidh y Khartum (documentos recientes, también audiovisuales, testimonian la subsistencia de un floreciente comercio de esclavos en Sudán), rescatada por el cónsul italiano en 1882 y acogida por las canosianas de Schio, recibió el bautismo con 21 años y a los 27 se hizo monja canosiana. Su itinerario fue realmente duro, y no basta su bondad natural para explicar la compasión que mostró por quienes le habían hecho sufrir. Su perdón era la expresión de una caridad que puede venir sólo de Dios. La belleza -por volver a la imagen del Papa- no es un valor ornamental de objetos inertes.</p>
<p>Toda la Conferencia Episcopal de Sudán estará presente en la canonización de Bakhita. Los obispos recogen con la audacia de la fe el mensaje que emana de su figura: un mensaje fuerte de esperanza y de perdón para los católicos de Sudán, que en este momento son objeto de una cruel persecución que los priva de los derechos más elementales. Un mensaje para la conciencia de todos nosotros, que tantas veces tendemos a cubrir con el silencio la injusticia que se abate contra quienes están lejos y no tienen voz para hacerse escuchar.</p>
<p>En Bakhita vemos también la personificación de la paradoja cristiana de la libertad. Cuando tuvo finalmente la posibilidad de orientar con autonomía su propia vida, encontró a otro &#8220;Patrón&#8221; (así llamaba a Dios) y le donó, antes que el propio trabajo, los latidos más profundos de su corazón y todos sus pensamientos. Así, mientras realizaba con alegría las tareas más humildes, fue capaz de prodigar ternura y cariño a manos llenas, con sobriedad y sencillez. Bakhita sirvió al Señor a lo largo de casi cincuenta años. Renovar el propio sí al Señor cada día es dirigirse hacia la eternidad. Para ella, mirar hacia delante no significaba olvidar el pasado, sino más bien transfigurarlo, redimirlo con la libertad del amor.</p>
<p>Bakhita, al final de su vida, expresaba con estas simples palabras, escondidas detrás de una sonrisa, la odisea de su vida: &#8220;Me voy despacio, paso a paso, porque llevo dos grandes maletas: en una van mis pecados, y en la otra, mucho más pesada, los méritos infinitos de Jesús. Cuando llegue al cielo abriré las maletas y diré a Dios: Padre eterno, ahora puedes juzgar. Y a San Pedro: cierra la puerta, porque me quedo&#8221;.</p>
<p>La Madre &#8220;Moretta&#8221;, como la llamaban los habitantes de Schio, fue beatificada junto con el beato Josemaría, fundador del Opus Dei, el 17 de mayo de 1992. Para todos nosotros fue una experiencia inolvidable. Desde aquel día, comencé a sentirla muy cercana. Por este motivo, hoy es, también para mí, un día de gran alegría. El ejemplo heroico de Bakhita, de los mártires de China, de Katherine Drexel y de María Josefa del Corazón de Jesús muestran a los hombres el rostro glorioso de Cristo, que triunfa en la caridad. Cada canonización es la celebración de la santidad de la Iglesia, del prodigio continuo de la suprema belleza que la Esposa de Cristo irradia sobre el mundo. Y es siempre una fiesta para toda la Iglesia.</p>
<p><strong> </strong></p>
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		<title>Los santos siguen siendo los grandes evangelizadores</title>
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		<pubDate>Sat, 05 Dec 2009 20:22:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>opusdeit</dc:creator>
				<category><![CDATA[familia]]></category>
		<category><![CDATA[católicos]]></category>
		<category><![CDATA[compromiso]]></category>
		<category><![CDATA[esperanza]]></category>
		<category><![CDATA[fe]]></category>
		<category><![CDATA[Javier Sesé]]></category>
		<category><![CDATA[santos]]></category>
		<category><![CDATA[testimonio]]></category>
		<category><![CDATA[universidad de Navarra]]></category>

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		<description><![CDATA[“La mejor manera que tiene la Iglesia y cada católico de transmitir la fe a los demás –afirmó Javier Sesé, presidente del XXVIII Simposio Internacional de Teología celebrado en la Universidad de Navarra en el mes de abril– es la santidad; por eso los santos han sido y seguirán siendo los grandes evangelizadores” Esculturas de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h2 style="text-align: center;">“La mejor manera que tiene la Iglesia y cada católico de transmitir la fe a los demás –afirmó Javier Sesé, presidente del XXVIII Simposio Internacional de Teología celebrado en la Universidad de Navarra en el mes de abril– es la santidad; por eso los santos han sido y seguirán siendo los grandes evangelizadores”</p>
<p><em></em></h2>
<div id="rlimgr"><img src="http://www.opusdei.es/image/vatsan.jpg" alt="Opus Dei - Esculturas de santos en el Vaticano" width="200" height="211" /></div>
<div>
<div id="rlimgf">Esculturas de santos en el Vaticano</div>
</div>
<p>Los más de 200 participantes en el Simposio han reflexionado sobre los retos con los que se enfrentan los católicos actuales a la hora de transmitir la fe cristiana, ya que el hecho religioso, como puso de manifiesto el Presidente del Simposio, no puede, ni debe, reducirse al ámbito privado.</p>
<p><strong>Misión de la familia</strong></p>
<p>Algunos ponentes han resaltado que no hay ninguna técnica pastoral que pueda sustituir al testimonio personal de fe, que debe venir refrendado siempre por la lucha personal por ser santos.</p>
<p>Se ha hablado especialmente de la misión de la familia, como primer lugar en el proceso de transmisión de la fe: es el primer lugar en el tiempo y también el primer lugar en importancia y en trascendencia.</p>
<div id="rlimgr"><img src="http://www.opusdei.es/image/simp202.jpg" alt="Opus Dei - " width="200" height="144" /></div>
<p>Algunos de los ponentes han destacado el dinamismo apostólico que se aprecia en la actualidad entre los católicos practicantes, y en particular entre los jóvenes. Son muestras alentadoras los encuentros de los jóvenes con el Romano Pontífice; el vigor evangelizador de tantas comunidades y movimientos; el incremento de vocaciones en numerosas instituciones de la Iglesia, etc.</p>
<p>“Por eso –según Javier Sesé– los motivos de esperanza son muchos, y la historia bimilenaria de la Iglesia nos muestra la enorme capacidad cristianizadora que puede tener un simple puñado de buenos católicos, y ahora somos muchísimo más que un puñado”.<a><br />
</a></p>
]]></content:encoded>
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		<title>Un santo de la vida corriente</title>
		<link>http://opusdeit.org/2009/10/un-santo-de-la-vida-corriente/</link>
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		<pubDate>Tue, 27 Oct 2009 10:30:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>opusdeit</dc:creator>
				<category><![CDATA[fundador]]></category>
		<category><![CDATA[Roma]]></category>
		<category><![CDATA[santos]]></category>
		<category><![CDATA[trabajo bien realizado]]></category>
		<category><![CDATA[vida familiar]]></category>
		<category><![CDATA[virtudes heroicas]]></category>

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		<description><![CDATA[Testimonio de Cardenal Ugo Poletti, Presidente de la Conferencia Episcopal Italiana. Vicario General del Papa para la diócesis de Roma Recientemente el Papa ha ordenado la publicación del Decreto sobre la heroicidad de las virtudes del venerable Josemaría Escrivá, fundador del Opus Dei. Muchos saben que la doctrina de Monseñor Escrivá se centra en la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h2 style="text-align: center;">Testimonio de Cardenal Ugo Poletti, Presidente de la Conferencia Episcopal Italiana. Vicario General del Papa para la diócesis de Roma</p>
<p><em></em></h2>
<p>Recientemente el Papa ha ordenado la publicación del Decreto sobre la heroicidad de las virtudes del venerable Josemaría Escrivá, fundador del Opus Dei. Muchos saben que la doctrina de Monseñor Escrivá se centra en la necesidad y la posibilidad de vivir con plenitud de amor todas las circunstancias normales de la vida cotidiana, y de manera especial el trabajo profesional con el que el cristiano, además de santificarse personalmente, contribuye a ordenar con rectitud las realidades temporales. Y también es sabido que, desde 1928, el mensaje del fundador del Opus Dei ha sido de tal eficacia práctica en la vida de miles de mujeres y hombres de todo el mundo, que llegará a ser un punto de referencia preciso para aquellos que quieran inspirarse en una espiritualidad cristiana «secular».</p>
<p>Es preciso añadir que esta realidad eclesial (doctrina y vida: una explica la otra) ha entrado a formar parte del magisterio solemne de la Iglesia, ya que el Concilio ha enseñado explícitamente en la <em>Lumen</em><em> gentium </em>que todos los cristianos, sin distinción de clase u otro género, son llamados por Dios a ser «santos» (es decir, perfectos en el amor y en todas las demás virtudes). Hay que destacar que no existía una doctrina orgánica de ¡a «vocación universal a la santidad en la Iglesia» en los primeros siglos del cristianismo. Existía, eso sí, una praxis significativa sobre todo en los siglos iniciales (ypor este motivo Escrivá decía que el Opus Dei está unido a la vida de los primeros cristianos).</p>
<p>La eficacia del mensaje de Josemaría Escrivá fue enseguida extraordinaria. Cuando muere en Roma, donde había vivido desde 1946, había ya 60.000 personas, mujeres y hombres, vinculadas al Opus Dei, es decir, comprometidas a santificar la vida familiar, la profesión y la inserción de su ambiente y su época en los azares sociales. Cuando años más tarde se abre el proceso de canonización del fundador del Opus Dei fui precisamente yo, como vicario del Papa en la diócesis de Roma, el encargado de dirigir el proceso canónico. Ahora la Santa Sede ha finalizado una fase importante de este proceso: la Iglesia declara oficialmente que Josemaría Escrivá ha practicado heroicamente todas las virtudes cristianas (el amor ante todo, y luego la fe y la esperanza&#8230;).</p>
<p>Evidentemente esto es de la máxima importancia. Monseñor Escrivá había dicho que el Opus Dei iba a abrir a todos, sin excluir a nadie, «los caminos divinos de la tierra». Ahora tenemos una nueva confirmación de que esos «caminos de la tierra» son verdaderamente «divinos» y santificables en sí mismos. Él había enseñado que se puede y se debe ser santos, perfectamente fieles a Dios, siendo fieles a la propia vocación humana de ser padres o madres de familia, obreros o profesionales y personas totalmente comprometidas en las vicisitudes terrenas, corriendo el riesgo de la libertad y de la responsabilidad; ahora, la santidad de su vida de sacerdote secular manifestada a través de la práctica heroica de las virtudes en circunstancias ordinarias, se confirma como fuente de inspira­ción para todos los cristianos necesitados de ejemplos actuales e incisivos que les guíen para transformar la propia existencia en un –fecundo servicio a Dios y a los hombres.</p>
<p>La opinión pública de nuestro mundo occidental secularizado también ha señalado la importancia cada vez más evidente que tiene la «secularidad» en la vida de la Iglesia. Existen signos inequívocos de la misma, entre otros, citemos el interés activo y fecundo de la Iglesia por los problemas sociales y políticos: desde la célebre «cues tión obrera», que motivó la Encíclica <em>Rerum</em><em> novarum </em>de León XIII, hasta la Encíclica de Juan Pablo II<em>Sollicitudo rei soc¡alis, </em>pasando por la Encíclica <em>Pacem</em><em> in terris </em>de Juan XXIII, que marcó una época. Hablaba de interés activo y fecundo, porque no se trata sólo del magisterio (éste es ya un precioso servicio de verdad y de moti vaciones ideales), sino también de una clara actividad a todos los niveles y de innumerables formas de solidaridad y promoción huma nas: la asistencia sanitaria, la escuela, la recuperación de los tóxi co co-dependientes, la acogida a los inmigrantes&#8230;</p>
<p>La Iglesia está constituida sobre todo por gente que vive en el mundo (que los antiguos llamaban <em>saeculum: </em>de ahí el adjetivo «se cular»), por eso mismo el aprecio por los valores seculares y laicos se advierte sobre todo en la vida cristiana de los fieles que se mueven dentro de las estructuras profesionales y civiles. El Papa y los obis pos están al servicio de esta gente, están para ellos. Es precisamente por esta responsabilidad pastoral por lo que actualmente la Iglesia presenta con esperanza al mundo la ejemplaridad de la espiritua lidad y la vida de este sacerdote que el Señor llamó a su seno hace quince años.</p>
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