Artículo del cardenal Albino Luciani

santos  Tagged , , , , , , , No Comments »

“Buscar a Dios en el trabajo cotidiano”. Artículo del Cardenal Albino Luciani. (“Gazzettino di Venezia”, 25-VII-1978). El Cardenal Luciani, futuro Papa Juan Pablo I, escribe sobre el espíritu que difundió san Josemaría: santificar el trabajo, responder a la llamada universal a la santidad de todo cristiano.

Gazzettino di Venezia, 25-VII-1978

En 1941 el español Víctor García Hoz, después de confesarse, escuchó que le decían: “Dios te llama por caminos, de contemplación”. Se quedó pasmado. Siempre había escuchado decir que la “contemplación” era una cosa para santos encaminados a la vida mística, cumbre asequible sólo a unos pocos elegidos, gente en la mayoría de los casos retirada del mundo. “Yo, en cambio —escribe Hoz— en aquellos años estaba casado, con dos o tres hijos entonces y esperando, como ocurrió en realidad, la llegada de más hijos, teniendo que trabajar para sacar adelante la familia”.

¿Quién era entonces aquel confesor revolucionario, que dejaba de lado las barreras tradicionales, señalando metas místicas incluso a los casados? Era Josemaría Escrivá de Balaguer, un sacerdote español fallecido en Roma en 1975 a los setenta y tres años. Conocido sobre todo por ser el fundador del Opus Dei, asociación difundida en todo el mundo de la cual los diarios se ocuparon a menudo, pero con muchas imprecisiones. ¿Qué hacen realmente, quiénes son, los miembros del Opus Dei? El mismo fundador lo ha dicho: ‘Somos —ha declarado en 1967— un pequeño tanto por ciento de sacerdotes, que antes han ejercido una profesión, un oficio laical; un gran número de sacerdotes seculares de muchas diócesis del mundo; y la gran muchedumbre formada por hombres y por mujeres de diversas naciones, de diversas lenguas, de diversas razas, que viven de su trabajo profesional, casados la mayor parte, solteros muchos otros, que participan con sus conciudadanos en la grave tarea de hacer más humana y más justa la sociedad temporal; en la noble lid de los afanes diarios, con personal responsabilidad, experimentando con los demás hombres, codo con codo, éxitos y fracasos, tratando de cumplir sus deberes y de ejercitar sus derechos sociales y cívicos. Y todo con naturalidad, como cualquier cristiano consciente, sin mentalidad de selectos, fundidos en la masa de sus colegas, mientras procuran detectar los brillos divinos que reverberan en las realidades más vulgares”.

En palabras más modestas las “realidades más vulgares” el trabajo que nos toca hacer cada día; los “brillos divinos que reverberan” son la vida santa que hemos de sacar adelante. Escrivá de Balaguer, con el Evangelio, decía continuamente: “Cristo no nos pide un poco de bondad, sino mucha bondad. Pero quiere que lleguemos a ella no a través de acciones extraordinarias, sino con acciones comunes, aunque el modo de ejecutar tales acciones no debe ser común”.

Allí nel bel mezzo della strada, en la oficina, en la fábrica, nos hacemos santos a poco que hagamos el propio deber con competencia, por amor de Dios, y alegremente, de manera que el trabajo cotidiano se convierta no en una “tragedia cotidiana”, sino en la “sonrisa cotidiana”.

Cosas parecidas había enseñado más de trescientos años atrás San Francisco de Sales. Desde el púlpito un predicador había quemado públicamente el libro en el cual el santo explicaba que, con ciertas condiciones, el baile podía ser lícito y, hasta contenía un capítulo entero dedicado a “la honestidad del lecho matrimonial”. Escrivá de Balaguer supera en muchos aspectos a Francisco de Sales. Este, también propugna la santidad para todos, pero parece enseñar solamente una “espiritualidad de los laicos” mientras Escrivá quiere una “espiritualidad laical”. Es decir, Francisco sugiere casi siempre a los laicos los mismos medios practicados por los religiosos con las adaptaciones oportunas. Escrivá es más radical: habla directamente de “materializar” —en buen sentido— la santificación. Para él, es el mismo trabajo material, lo que debe transformarse en oración y santidad.

El legendario Barón de Münchausen narraba la leyenda de una liebre monstruosa, que tenía dos series de patas: cuatro debajo del vientre, cuatro sobre la espalda. Perseguidos por los cazadores, y sintiéndose casi alcanzado, se daba vuelta, continuando la carrera con las patas frescas. Para el fundador del Opus Dei es monstruosa la vida de los cristianos que desean una doble serie de acciones: una hecha de oraciones a Dios, la otra de trabajo, de diversiones, de vida familiar para sí mismos. No, dice Escrivá, la vida es única, debe ser santificada por entero. Por eso habla de espiritualidad “materializada”.

Y habla también de un justo y necesario “anticlericalismo” en el sentido de que los laicos no deben apropiarse de los métodos y oficios de los sacerdotes y de los frailes, y viceversa. Creo que él había heredado este “anticlericalismo” de sus progenitores, especialmente de su padre, un caballero a toda prueba, trabajador, cristiano ferviente, enamoradísimo de su mujer y siempre sonriente. “Lo recuerdo siempre sereno —escribió su hijo— a él le debo la vocación… Por eso soy “paternalista”. Otro impulso “anticlerical” le vino probablemente de las investigaciones hechas para su tesis doctoral en derecho canónico sobre el monasterio femenino cisterciense de Las Huelgas, cerca de Burgos. Allí, la abadesa era al mismo tiempo señora, superiora, prelado, gobernador temporal del monasterio, del hospital, de los conventos, iglesias y aldeas dependientes con jurisdicción y poderes reales y cuasi episcopales. Un monstrum también por los múltiples encargos contrapuestos y sobrepuestos. Así acumulados, estos trabajos no eran adecuados para hacer —como quería Escrivá— trabajos de Dios. Porque —decía— ¿como puede ser un trabajo “de Dios” si está mal hecho, de prisa y sin competencia? Un albañil, un arquitecto, un médico, un profesor, ¿cómo puede ser santo si no es también, en lo que de él depende, un buen albañil, un buen arquitecto, un buen médico, un buen profesor? En la misma línea escribía Gilson en 1949: “Nos dicen que ha sido la fe la que construyó las catedrales en la Edad Media; de acuerdo… pero también la geometría tiene su parte”. Fe y geometría, fe y trabajo hecho con competencia para Escrivá caminan tomados del brazo: son las dos alas de la santidad.

Francisco de Sales confió sus teorías a los libros. Escrivá hizo otro tanto pero utilizando sólo fragmentos de tiempo. Si le venia de improviso una idea o frase significativa, sin interrumpir la conversación, sacaba del bolsillo una pequeña agenda y escribía rápidamente una palabra, media línea, que más tarde utilizaría para el libro.

A la propagación de su gran proyecto de espiritualidad, además de sus muy difundidos libros, dedicó una actividad tenacísima y organizó la asociación Opus Dei. “Dad un clavo a un aragonés —dice el proverbio— y lo clavará con su cabeza”. Pues bien “yo soy aragonés —escribió— es necesario ser tenaces”. No perdía un minuto de tiempo. En España, antes, durante y después de la Guerra Civil, pasaba de las lecciones dadas a los universitarios a cocinar, a limpiar los pisos, a hacer las camas, a atender a los enfermos. “Yo tengo sobre mi conciencia —y con orgullo lo digo— el haber dedicado muchos, muchos millares de horas a confesar niños en las barriadas pobres de Madrid. Venían con los moquitos hasta la boca. Había que empezar limpiándoles la nariz antes de limpiarles un poco aquellas pobres almas”. Así ha escrito, demostrando que “la sonrisa diaria” la vivía de verdad. Ha escrito también “me iba a la cama muerto de cansancio. Al levantarme, todavía cansado, por la mañana, me decía: ‘Josemaria, antes de almorzar dormirás un poco’. Y cuando salía a la calle, añadía contemplando el panorama de trabajo que se me echaba encima aquel día: ‘Josemaría te he engañado otra vez’ “.

Pero su gran trabajo, fue fundar y continuar el Opus Dei. El nombre vino por casualidad. “Es necesario trabajar duro: ésta es una obra de Dios”, le dijo uno. “Este es el nombre justo —pensó—, obra no mía, sino de Dios, Opus Dei”. Esta obra creció bajo sus ojos hasta extenderse a todos los continentes: empezó entonces el trabajo de sus viajes intercontinentales para las nuevas fundaciones y para las conferencias. La extensión, el número y la calidad de los miembros del Opus Dei han hecho pensar en alguna mira de poder, en la férrea obediencia de los gregarios. Lo contrario es lo verdadero: existe sólo el deseo de hacer santos, pero con alegría, con espíritu de servicio y con gran libertad.

“Somos ecuménicos Santo Padre, pero no hemos aprendido el ecumenismo de su Santidad”, se permitió un día decir Escrivá al Papa Juan. Este sonrió: sabía que desde 1950 el Opus Dei tenía el permiso de Pío XII de recibir, como cooperadores asociados a los no católicos y a los no cristianos.

Escrivá fumaba siendo estudiante. Al ingresar al seminario, le regaló las pipas y el tabaco al portero y no fumó nunca más. Pero el día en que fueron ordenados los tres primeros sacerdotes del Opus Dei dijo: “Yo no fumo; vosotros tres tampoco; —y dirigiéndose a Don Álvaro— tienes que fumar tú, porque, si no, vuestros hermanos podrían pensar que no está bien el tabaco, y quiero que los demás no se sientan coaccionados en esto y fumen si les da la gana”. Sucede alguna vez que alguno de los miembros —a quienes el Opus Dei únicamente ayuda a tomar responsablemente opciones libres— asciende a algún cargo importante, Esto es asunto suyo, no del Opus Dei. Cuando en 1957 una alta personalidad envió a Escrivá sus felicitaciones porque un socio habla sido nombrado ministro en España, obtuvo esta respuesta más bien seca: “Qué me importa a mí que sea ministro o barrendero? Lo que me importa es que se santifique con su trabajo”.

En esta respuesta está todo Escrivá y el espíritu del Opus Dei: que uno se santifique con su trabajo; aunque sea de ministro.., si ha sido puesto en ese cargo, que se santifique de verdad. El resto importa poco.

VII. INICIATIVAS APOSTOLICAS DE LOS MIEMBROS DEL OPUS DEI

movimiento Opus Dei  Tagged , , , , , No Comments »

Juan Pablo II en el Centro ELIS
Pablo VI: «Aquí todo es Opus Dei»
Cinco horas romanas
Un servicio cristiano, un apostolado
Todos pueden participar
Netherhall House
Kianda Callege
Las Garzas
Universidad de Navarra
Seido Language Institute
Horizonte cuajado de iniciativas
Torreciudad: un Santuario mariano

Josemaría Escriva: un sembrador de paz

fundador  Tagged , , , , , , No Comments »

Breve biografía sobre el Fundador del Opus Dei escrita por José Miguel Cejas

Opus Dei -

PARA ALGO MUY GRANDE

Barbastro. Una caricia de la Virgen
Logroño. La llamada de Dios
Zaragoza. Rezar era el camino
Perdiguera. ¡Con qué ilusión recuerdo aquello!
Madrid. El crisol del dolor

AQUÍ ME TIENES

2 de Octubre de 1928
¡Todos santos!
Luces de Dios

GLORIFICADO SEA EL DOLOR

Cimientos sobrenaturales
La oraciónoració
La expiación
He aprendido de un gitano…
Los primeros
Trescientos, trescientos mil

CRUZ, TRABAJOS, TRIBULACIONES (1936-1946)

1936. La persecución religiosa
En absoluta pobreza
Olvidar y perdonar

EN EL CORAZÓN DE LA IGLESIA (Roma, 1946)

¡Tengo tanta fe, tanta confianza…!
Otra caricia de la Virgen

UNA NUEVA PENTECOSTÉS (1962-1965)

Uno de los pioneros del Concilio
Siempre pidiendo

VIAJES DE CATEQUESIS (Por Europa y América)

Peregrinación mariana y catequesis
Dios es un padre amoroso
Santificar el trabajo

Con espíritu de comunión eclesial
Una vieja sopera
Profundo amor y veneración a los religiosos
Yo los pasearía un poco…
Cincuenta años de sacerdocio
En Torreciudad
El escapulario del Carmen

ASÍ QUISIERA MORIR (26 de junio de 1975)

26 de junio de 1975
¡Todos llamados a la santidad!
Algunos escritos de Josemaría Escrivá
Algunos testimonios sobre Josemaría Escrivá

LA PRELATURA DEL OPUS DEI

Santidad en el mundo, el camino de los laicos

movimiento Opus Dei  Tagged , , , , , , , No Comments »

Hacia el centenario del beato Escrivá: entrevista con el prelado del Opus Dei, Echevarría

07 de julio de 2001
Francesco Ognibene // Avvenire (Milán)

Clima de vigilia para el Opus Dei. Dentro de pocos meses, el 9 de enero de 2002, se celebrarán los cien años del nacimiento del fundador, el beato Josemaría Escrivá, pionero de la santificación de los laicos a través de la vida cotidiana -desde el trabajo hasta la familia, desde la cultura del tiempo libre hasta las relaciones de amistad- y a través asimismo de un espíritu vivido con naturalidad y fundamentado en la oración, la constante formación cristiana, la responsabilidad personal y el apostolado.

En esta antesala del centenario, el obispo Javier Echevarría, segundo sucesor de Escrivá al frente de la que desde 1982 es una Prelatura personal, ha concedido -en la sede central de Roma, en Via Bruno Buozzi, donde reposan los restos mortales de Escrivá- esta entrevista exclusiva a Avvenire, en la que habla de la naturaleza y las actividades del Opus Dei en Italia y en todo el mundo.

Monseñor Echevarría, ¿qué significa para el Opus Dei recordar al beato Escrivá?

Este centenario no supone una simple conmemoración, sino más bien una invitación a reflexionar sobre las enseñanzas del fundador del Opus Dei, y a descubrir modos nuevos de darles siempre más cuerpo en la existencia ordinaria. El beato Josemaría repetía con frecuencia: “es de Cristo de quien hemos de hablar y no de nosotros mismos”. El fundador del Opus Dei gastó todo su tiempo en anunciar a Jesucristo, recordando que se puede ser plenamente discípulo de Cristo en medio del mundo. El Centenario ha de ser un eco de esa verdad cristiana radical, que llena la vida de sentido y de alegría.

¿Qué quiere decir hoy para un laico cristiano ser santo de altar, como predicaba Escrivá? La imperfección es algo connatural a la condición humana….

Precisamente porque somos imperfectos hemos de buscar la santidad, es decir, la identificación con Jesucristo: nos lo ha pedido Él, y Él no pide imposibles. Los pecados y las miserias personales son evidentes, pero no constituyen un peso insoportable ni una condena, sino una oportunidad de convertirnos a Dios. Cristo nos ha redimido y podemos, con su gracia y nuestra humildad, seguirle e imitarle: ser mejores. Los hijos de Dios, que tienen conciencia de lo que significa la realidad de la filiación divina, saben que la vida cristiana es un camino de liberación, una invitación a la felicidad, no un conjunto de ataduras o prescripciones sin espíritu. Y para los laicos, aspirar a la santidad significa, con palabras del Concilio Vaticano II, “buscar el reino de Dios tratando y ordenando, según Dios, los asuntos temporales”.

¿Dónde se está desarrollando la Prelatura?

Gracias a Dios, la labor apostólica de la Prelatura del Opus Dei va creciendo. En países de mayoría católica (Honduras o Polonia, por citar algunos de comienzo más reciente), son muy numerosas las personas que acuden a las actividades de formación cristiana. En otras naciones, donde los bautizados son minoría (como en Tierra Santa, Singapur o Kazajstán), para muchas personas el encuentro con la Prelatura significa con frecuencia el primer contacto con la Iglesia a través del vínculo de amistad con un colega católico.

¿Cuál es el “estilo” del Opus Dei?

El acento en la formación cristiana del individuo, no en la programación de actividades o en las estructuras. La fe implica un descubrimiento personal y una respuesta también personal a Dios que pregunta por nosotros. El Opus Dei crece siempre de uno en uno. Y el “cada uno”, en la medida en que se identifica con Cristo, ilumina con luz nueva a muchos otros.

El Opus Dei, dijo Escrivá, “es una gran catequesis”: si esto es así, ¿por qué se dice a veces que se trata más bien de una élite espiritual y social y que cultiva la discreción?

Invito a cualquier persona que se considere poco informada a preguntar, a llamar a un fiel o a un Centro de la Prelatura. Basta consultar la guía telefónica o el website de la Oficina de información del Opus Dei.

El fundador del Opus Dei solía decir que para comunicar hacen falta “buenas explicaderas” y “buenas entendederas”. Los fieles de la Prelatura podemos mejorar siempre la capacidad de hablar con claridad. Por otra parte, para entender el Opus Dei basta comprender la naturalidad de la vida cristiana ordinaria y la libertad; porque no llevar distintivos, ni publicar declaraciones conjuntas, ni organizar reuniones masivas, no equivale a ser secretos.

¿Qué significa eso, entonces?

Significa vivir como cristianos corrientes, que actúan igual que cualquier ciudadano personalmente responsable de sus propias decisiones en el ámbito espiritual, político, social, económico, cultural: la vocación cristiana en el Opus Dei supone una llamada de Dios, pero es también elección por parte del fiel católico que libremente decide emprenderla y que la sigue de hecho sin formar un grupo cerrado, sino abierto a toda la Iglesia.

En el contexto del Jubileo, ¿hay un “mea culpa” del Opus Dei?

Pienso que la contrición a la que nos ha impulsado la petición de perdón que el Papa hizo el 12 de marzo del 2000 consiste sobre todo en la humildad de reconocer cada uno las propias culpas presentes. Los miembros del Opus Dei, cada uno por su cuenta, siempre acaban la jornada con una petición de perdón al Señor, después del examen de conciencia. En el Opus Dei es fundamental que cada uno se convierta a diario y sepa pedir perdón con humildad a Dios y a aquellos a quienes ha podido herir u ofender. Aprender a pedir perdón todos los días es un buen propósito después del Jubileo.

¿Es cierto, como alguno afirma, que el Opus Dei, en países como Italia, da prioridad a los ambientes intelectuales y a las clases dirigentes?

El beato Josemaría, a la vez que fomentaba de modo concretísimo la preocupación por los más necesitados, siempre recordó que la labor entre intelectuales es tarea evangelizadora completamente necesaria: los intelectuales configuran la sociedad y la cultura. Si no conocen a Cristo, si no se les anuncia, las consecuencias para la sociedad son evidentes. Ese apostolado estará siempre vigente en el Opus Dei, bien entendido que las dos prioridades son complementarias, porque a la indigencia material se suma hoy en día una tremenda indigencia intelectual y cultural religiosa.

En Italia hay muchas escuelas promovidas por padres de familia relacionadas con el Opus Dei. ¿Cómo valora esta iniciativa?

Esas iniciativas representan una aventura. Responden al principio de que los padres son los primeros responsables de la educación de los hijos. Pero ciertamente, como todas las aventuras, encuentran muchas dificultades, entre otros motivos porque las leyes no facilitan ese protagonismo de las familias en la educación. Lo ha vuelto a recordar recientemente la Conferencia Episcopal italiana. En todo caso, pienso que vale la pena correr el riesgo de emprender ese reto apasionante de educar cristianamente a los hijos y a los amigos de los hijos: la más importante misión de los padres cristianos.

La Obra tiene fama de ser una institución conservadora. ¿Por qué?

El Opus Dei no tiene dogmas propios ni moral particular, ni hace “escuela” de pensamiento. Se atiene en todo a la doctrina de la Iglesia. Si eso significa ser conservador, juzgue usted mismo y sus lectores. En el fondo, se trata de un error de bulto: el de aplicar a la Iglesia categorías políticas que son inadecuadas en el terreno de la fe. Todo cristiano -si es consecuente- lleva en su corazón un amor grande a su historia; y a la vez, cultiva el deseo de influir positivamente en el mundo, de hacerlo más justo, más humano, liberándolo sin miedo de todos esos lastres que las ideologías han acumulado con los siglos; por ejemplo, desde el racismo hasta la despreocupación “global” por las causas de la pobreza. El beato Josemaría solía decir: “si los cristianos nos tomáramos en serio nuestra fe, se produciría la revolución más importante de la historia”. Es una revolución pendiente, y no precisamente una revolución conservadora.

Se asiste actualmente a un nuevo interés por la religiosidad. ¿Qué respuesta ofrece la Obra a esta reencontrada sed interior?

El Opus Dei ofrece un camino formativo basado en los Sacramentos -la Confesión, la Eucaristía-, la meditación de la Escritura y del Magisterio de la Iglesia, el estudio de la doctrina católica y de la moral profesional. La Prelatura proporciona los medios de formación cristiana siempre de manera compatible con la vida ordinaria: sin dejar el propio oficio o la propia profesión, al contrario, animando a descubrir la relación que existe entre contemplación y trabajo. Se puede mantener una profunda unión con Dios mientras se cocina un plato de pasta, se cuida a un enfermo o se juega un partido de fútbol, o también mientras se hace una labor de investigación científica. Porque la unión con Dios se produce en el fondo de un corazón libre: es cuestión de Amor.

Hablemos de la pertenencia a la Obra en el matrimonio o en el celibato: ¿nos podría explicar cuál es la diferencia respecto a la adhesión a un grupo o una asociación?

Prefiero explicar la Prelatura, más que señalar diferencias. La incorporación al Opus Dei es, originalmente, la respuesta personal y libre a una llamada divina, a Dios que llama. Quien se incorpora a la Prelatura se compromete a dos cosas: a buscar la identificación con Jesucristo según el espíritu del Opus Dei, un espíritu que no saca a nadie de su sitio ni de la posición que ocupa; y a permanecer bajo la jurisdicción del prelado en aquellos aspectos de la vida de unión con Cristo y el apostolado que afectan a la misión apostólica de la Prelatura. No existe diferencia entre un fiel de la Prelatura y otro que no tenga la vocación al Opus Dei.

¿Qué proyectos hay en Italia?

Nos gustaría que cualquier italiano interesado en el Opus Dei tuviera la posibilidad de acudir a un Centro de la Prelatura cercano. Actualmente hay Centros en unas veinticinco ciudades. Queda mucho por hacer.

¿Qué espera de los fieles del Opus Dei de Italia?

Que sigan procurando dar testimonio cristiano en su profesión, contribuyendo a resolver los problemas y necesidades de su propio entorno. Este país ha dado muchos santos a la Iglesia. Como italiano (lo soy de corazón, después de cincuenta y un años en Roma), me gustaría que la tradición no se interrumpiera, sino todo lo contrario.

¿Cuándo será la canonización de Escrivá?

No lo sé. No tenemos prisa: llegará en el momento mejor, cuando Dios quiera. Ya se han abierto algunas causas de beatificación y canonización de fieles laicos del Opus Dei en Guatemala, Suiza y España. Y se está preparando la apertura de la causa de Mons. Álvaro del Portillo, primer sucesor del fundador.

Usted ha vivido veinticinco años junto a Escrivá: ¿Tiene algún recuerdo de él particularmente unido a Italia?

El beato Josemaría se trasladó a Roma en 1946, y enseguida se adaptó a la vida y a las costumbres de este país, hacia el que sentía un profundo agradecimiento. Aquí murió y aquí reposan sus restos. Nos pedía que si fallecía fuera de Roma trajéramos su cuerpo a esta tierra, porque para él “romano” era sinónimo de “universal”.

Entrevista con monseñor Javier Echevarría

compromiso  Tagged , , , , , , , No Comments »

El prelado del Opus Dei comenta en una entrevista publicada por la revista Pensamiento y Cultura algunos temas relacionados con el pluralismo cultural, la paz y el papel de la universidad en la sociedad actual.

La cultura de hoy es la cultura del hombre de hoy, con sus avances tecnológicos, sus facilidades de comunicación, pero también sus problemas. ¿Cómo compartir nuestra identidad y al mismo tiempo construir nuestro futuro con fe y razón como nos recomienda Juan Pablo II? ¿Cómo ser cristiano del siglo XXI?

El pluralismo cultural no constituye un problema para los cristianos, sino una realidad con la que contamos, como ciudadanos corrientes que somos. El Papa nos ha impulsado repetidamente a llevar a cabo la nueva evangelización, también de la cultura. No hay razón para el miedo.
En su carta Novo millennio ineunte afirma que «en la situación de un marcado pluralismo cultural y religioso, tal como se va presentando en la sociedad del nuevo milenio, este diálogo es también importante para proponer una firme base de paz» (n. 55). Y ha dicho también recientemente el Papa que la globalización «no es, a priori, ni buena ni mala. Será lo que la gente haga de ella. Ningún sistema es un fin de sí mismo, y es necesario insistir en que la globalización, como cualquier otro sistema, debe estar al servicio de la persona humana, de la solidaridad» (Discurso a la Academia pontificia de ciencias sociales, 27-IV-01, n. 2).

El verdadero problema es el individualismo egoísta. El Papa invita a cambiar esa tendencia. «Es la hora de una nueva «imaginación de la caridad que promueva no tanto y no sólo la eficacia de las ayudas prestadas, sino la capacidad de hacerse cercanos y solidarios con quien sufre» (Carta apostólica Novo millennio ineunte, n. 50). En este sentido, lo que puede y debe fomentarse en el mundo actual —con la ayuda de la ciencia, la tecnología, las artes y la facilidad de comunicación— es la globalización de la caridad. Y no habrá solidaridad global sin solidaridad personal.

Sabemos que Usted sigue muy de cerca los acontecimientos sociales que suceden en Colombia. Muchas veces nos lo ha manifestado por diferentes vías y se lo agradecemos de todo corazón. La enorme mayoría de los colombianos es católica, sabemos que debemos contribuir a configurar una sociedad justa. ¿Qué nos sugeriría para ayudar en la solución de los graves conflictos que atraviesa el país?

Sé que os duele esta situación y que todos, de un modo u otro, estáis sufriendo las consecuencias. Pero, al mismo tiempo, puede haber, quizá inconscientemente, algo de resignación. Hay que evitar la pasividad ante los problemas, hay que buscar incansablemente soluciones a los conflictos, con esperanza y con sentido de responsabilidad. Trabajando cada uno donde le corresponde, desde el lugar que ocupa en la sociedad, pensando en lo que puede aportar personalmente para construir la paz. Porque la paz es como un río caudaloso formado por multitud de afluentes y manantiales: todos son importantes.

Es necesario hacer un apostolado muy grande en favor de la paz. Un apostolado que es la suma de la oración, la comprensión y la colaboración de todos. En Roma, y más aún los días que llevo aquí en Colombia, sufro con vosotros. No es solamente un problema de Colombia, es un problema de todo el mundo. Estoy pidiendo constantemente a Nuestra Señora que nos consiga la paz en esta tierra. La Iglesia prelaticia del Opus Dei, en Roma, tiene como título Santa María de la Paz. Al fondo de la nave se encuentra un candelabro votivo, con lámparas encendidas a nuestra Madre del Cielo para que nos consiga del Señor la paz personal y la paz de toda la humanidad. He decidido que una de las velas de ese candelabro arda permanentemente en petición por la paz en Colombia. Os aconsejo acudir también a la intercesión del Beato Josemaría, gran amigo y promotor de la paz, y que tanto quiere a vuestro país. Yo desearía que mucha gente le pidiera que nos ayude a conseguir la paz en esta tierra estupenda.

¿Y cuál, considera Usted, debería ser el papel de la Universidad de La Sabana, y de la Universidad en general, en esta sociedad convulsionada?

Me viene a la memoria la respuesta del Beato Josemaría a una pregunta análoga, también en una entrevista. Afirmaba que la Universidad no es ajena a ningún problema humano. La Universidad, decía, es el lugar idóneo para adquirir la preparación que permita luego contribuir a dar solución a los grandes problemas sociales y defender los derechos fundamentales de la persona. Sin olvidar que no hay una única manera de afrontar las cuestiones sociales: existen diversas propuestas legítimas sobre las soluciones concretas que se pueden aplicar en cada caso. Para que la Universidad cumpla su papel en la sociedad, dentro del claustro universitario ha de promoverse y respetarse esa libertad.

Juan Pablo II decía hace años a un grupo de universitarios que «la Iglesia no tiene preparado un proyecto de escuela universitaria ni de sociedad, pero tiene un proyecto de hombre, de un hombre nuevo renacido por la gracia» (Homilía a los universitarios , 5-VI-79). Por eso, la Universidad ha de procurar que los alumnos reciban una formación integral, y también que comprendan la grandeza de ese proyecto de hombre nuevo renacido por la gracia. Que lo entiendan de modo vital, iniciando, si libremente lo desean —debemos desearlo todos—, su propio camino de renovación espiritual, con la ayuda —siempre necesaria— de los sacramentos. Porque lo sabéis bien: ciencia y fe caminan de la mano. La fe que profesáis ilumina vuestro trabajo intelectual. Y la ciencia que enseñáis os ayuda a profundizar en la fe.

La sociedad actual se caracteriza por su preocupación por la imagen, por la apariencia, y la verdad es considerada como algo secundario y hasta como algo inconveniente, anticuado. Se acepta la realidad con un guiño del ojo. No obstante, es obvio: sin la verdad no podemos vivir la coherencia de la vida. ¿Qué hacer para cultivar la verdad y ser coherentes?

Vosotros, como universitarios, tenéis un compromiso con la búsqueda y transmisión de la verdad. El cristiano coherente no desea convivir con la mentira, ni con la frivolidad. Por eso los cristianos resultan incómodos para un mundo de intereses, donde cuentan sólo el poder, el dinero y los símbolos de riqueza. Pero en este mundo nuestro son también muchos —en realidad, de un modo u otro, todos— los que sienten “nostalgia” de la verdad, de esa verdad hermosa y limpia y clara: verdad esplendorosa, podríamos llamarla, parafraseando el título de una encíclica del Papa.
¿Quién no desea la compañía de un amigo sincero, que dice la verdad y no engaña ni es egoísta, que ayuda y que corrige, si hace falta? “Decir la verdad con caridad”, es un lema cristiano que sacia la sed de este mundo nuestro.

Su libro Itinerarios de vida cristiana, recién publicado, ha tenido un notable éxito de ventas. ¿A qué atribuye este hecho, en una sociedad como la actual, a veces aparentemente tan lejana de los ideales? ¿Qué aspectos especiales quisiera Usted destacar en su contenido?

Las mujeres y los hombres de hoy tienen hambre de Dios. El Papa lo ha expresado bellamente, diciendo que estamos comenzando una nueva primavera cristiana. Acabamos de celebrar el gran Jubileo del año 2000, un año de acción de gracias por la Encarnación del Hijo de Dios. Porque Jesucristo es, como siempre, la novedad permanente hacia la que apuntan nuestras metas, también las del siglo XXI, que se resumen en llenar de sentido cristiano la vida ordinaria. Ése es el núcleo del mensaje del Beato Josemaría. El libro Itinerarios de vida cristiana, está escrito precisamente a partir de mi experiencia personal de vida ordinaria junto al fundador del Opus Dei, entre 1950 y 1975: venticinco años viendo al Beato Josemaría buscar, tratar y amar a Jesucristo. Con este libro he querido contribuir al redescubrimiento del rostro de Cristo, al que nos ha encaminado Juan Pablo II durante el Jubileo.

Para servir a la Iglesia

sacerdotes  Tagged , , , , , , No Comments »

El prelado del Opus Dei concibe el sacerdocio como “servicio” y “participación en la misión de Cristo”. Así lo refleja en el nuevo libro titulado ‘Para servir a la Iglesia. Homilías sobre el sacerdocio 1995-1999′ (ed. Rialp), que recoge veinticuatro predicaciones del prelado centradas en la figura del sacerdote.

Opus Dei -

En una de sus homilías, mons. Javier Echevarría explica que el sacerdote “ha de saber entregarse a cada uno y satisfacer las necesidades espirituales de todos, sin preferencias ni diferencias, derrochando todas sus energías en el ministerio. Ha de estar dispuesto a todo, con tal de llevar a las almas a Cristo: ésta es su única ambición”.

Además de ser “padre, pastor y maestro de todos”, debe tener “un celo apostólico sin fronteras” y “caridad pastoral que abrase hasta lo más íntimo”. En los textos, extraídos en su mayoría de homilías pronunciadas con motivo de ordenaciones de diáconos y presbíteros, insiste de manera especial en tres tareas del sacerdote: la predicación de la Palabra, la celebración del sacrificio eucarístico y la remisión de los pecados.

El prelado del Opus Dei se dirige a los ordenandos a partir de su propia experiencia, facilitándoles consejos pastorales: “Debéis poner todos los medios a vuestro alcance para que la Palabra de Dios cobre vida en vuestra conducta y en vuestros labios, y así mueva eficazmente a las almas. Fomentad la ilusión de llegar con más incisividad a los oyentes, para facilitarles el encuentro personal con Dios”.

En cuanto a la Eucaristía, mons. Echevarría explica a los sacerdotes que “vuestro sacerdocio es para la Eucaristía, y la Eucaristía es el sacrificio del entero pueblo cristiano e incluso de toda la creación. La Iglesia y el mundo esperan de vosotros el testimonio firme y contagioso de vuestra fe en todo momento, pero especialmente en el Santo Sacrificio”.

De manera especial se refiere también al ministerio de la reconciliación: “Predicad con frecuencia sobre ese sacramento. Esforzaos por encontrar exhortaciones nuevas y estimulantes, que muevan al arrepentimiento y la conversión. Enseñad a todos cómo es la misericordia divina. Esforzaos por acoger como Cristo lo haría, a esa alma que se acerca a recibir el perdón divino”.

En el prólogo, el cardenal Darío Castrillón dice que “en los momentos actuales en los que parece que los últimos porqués quieren reducirse a unos axiomas psicológicos, es de absoluta necesidad recordar con el lenguaje de hoy la doctrina perenne sobre el sacerdocio”.

Califica a las homilías que componen el libro de “testimonio coherente y valioso de la tradición eclesial”, dirigido especialmente a los sacerdotes, “primeros y principales promotores de la nueva evangelización, seguros de que han recibido el don del sacerdocio para servir a la Iglesia”.

Todos debemos ser operadores de paz

fundador  Tagged , , , , , , , No Comments »

Monseñor Javier Echevarría estuvo recientemente en España con motivo de la dedicación de una iglesia al beato Josemaría en Barbastro. En ese viaje, ha pedido “secundar la oración del Papa por la paz, con la jornada de ayuno del viernes 14 próximo, y la plegaria por los frutos del encuentro de los representantes de las religiones del mundo en Asís, el 24 de enero”.

Opus Dei - Mons. Echebarría, Mons. Omella y Mons. Echevarría, durante la dedicación de una iglesia al beato Josemaría en Barbastro

Mons. Echebarría, Mons. Omella y Mons. Echevarría, durante la dedicación de una iglesia al beato Josemaría en Barbastro

El prelado del Opus Dei dijo también que “el sano entendimiento entre las naciones y grupos sociales es un don divino que hemos de implorar con fe y perseverancia, además de ser cada uno operador de paz, porque es una tarea que se nos confía a todos”. En su opinión, “si falta visión sobrenatural, si no se tiene en cuenta que Jesucristo ha derrotado al demonio y al pecado, resultan lógicos el desánimo y el pesimismo”.

En relación a la violencia y a situaciones de inseguridad o angustia, monseñor Echevarría se refirió a la carta apostólica Novo Millennio Ineunte y afirmó que “es la hora de lanzarse valientemente por todos los mares del mundo, colaborando personalmente –sin miedo de nada ni de nadie—en la nueva evangelización de la sociedad. Hemos de abandonar el puerto tranquilo de la inactividad, de la comodidad, que tantas veces nos retiene y decir con Juan Pablo II duc in altum!, ¡mar adentro!”.

A un mes del comienzo del centenario del beato Josemaría, mons. Echevarría señaló que el objetivo principal de esta efemérides “es que muchas personas se acerquen a Dios y descubran la alegría de la vida cristiana”. Dijo también que “el fundador del Opus Dei gastó todo su tiempo en anunciar a Jesucristo, recordando que se puede ser plenamente discípulo de Cristo en medio del mundo. El Centenario ha de ser un eco de esa verdad cristiana radical, que llena la vida de sentido y de alegría”.

El Prelado destacó “el ámbito eclesial del Centenario, que conmemora una figura que pertenece a toda la Iglesia, y a cuya intercesión acuden personas de las características más variadas, movidas por su ejemplar cumplimiento de la voluntad de Dios”.

Amar al mundo en Dios y para Dios

movimiento Opus Dei  Tagged , , , , , , No Comments »

Resumen de la conferencia de Mons. Javier Echevarría en el simposio “Testigos del siglo XX, maestros del siglo XXI”. El prelado del Opus Dei dijo que “la semilla que Dios plantó en la historia sirviéndose del ejemplo y la predicación del beato Josemaría fue la de amar al mundo. Amarlo apasionadamente. Amarlo en Dios y para Dios”.

Opus Dei - Mons. Javier Echevarría y el cardenal José Saraiva.

Mons. Javier Echevarría y el cardenal José Saraiva.

“El presente Simposio trae a nuestra memoria algunos santos con los que Dios ha bendecido a su Iglesia en el siglo XX, precisamente con la intención de que sean “maestros del siglo XXI”. En diversas ocasiones, con motivo de la reciente conmemoración del centenario del nacimiento del beato Josemaría Escrivá, consideré oportuno poner de manifiesto que este aniversario no podía limitarse a recordar su vida, ni tampoco a glosar su rica personalidad, sino que debía llevarnos ante todo a sentirnos interpelados por el mensaje que Dios nos dirige a través de su ejemplo y de sus enseñanzas.

Palabras parecidas podrían pronunciarse en referencia a todos los santos de los que hoy nos ocuparemos, entre quienes se cuentan -y me causa alegría señalarlo- algunos cuyas vidas se entrelazaron con la del beato Josemaría: Juan XXIII, al que tuvo la oportunidad de encontrar varias veces a lo largo de su pontificado; don Manuel González, con el que se sintió profundamente unido en el amor a la Eucaristía y en sincera amistad humana…

El siglo XX ha sido -como todos los periodos de la historia de la Iglesia- rico en santos, en testigos de Dios. Volver la mirada hacia sus figuras debe contribuir a llenar de esperanza nuestra consideración del porvenir, a despertar en nosotros el deseo sincero de que germine en muchos corazones la semilla que Dios sembró con sus vidas, con sus luchas.

¿Cuál fue la semilla que Dios plantó en la historia sirviéndose del ejemplo y la predicación del beato Josemaría? Amar al mundo. Amarlo apasionadamente. Amarlo en Dios y para Dios. (…)

«Fíjate bien -escribe el beato Josemaría en Forja-: hay muchos hombres y mujeres en el mundo, y ni a uno solo de ellos deja de llamar el Maestro». El fundador del Opus Dei aspiró constantemente a que ese mensaje se transmitiera como por contagio, mediante el testimonio de quienes, esforzándose por santificar la propia conducta, ponen de manifiesto que toda vida puede ser santificada (…).

«Los hombres de nuestro tiempo -dice el Santo Padre- quizás no siempre conscientemente, piden a los creyentes de hoy no sólo ‘hablar’ de Cristo, sino en cierto modo hacérselo ‘ver’». Y buscan contemplarlo de forma concreta, a través de las actitudes de quienes pasan a su lado. Precisamente por eso la llamada universal a santidad constituye un mensaje -siempre actual- de esperanza para el mundo (…).

Los cristianos coherentes muestran al mundo que la ausencia de Dios o la derrota de Cristo se quedan en una mera apariencia. Cristo ha vencido. El pecado y la muerte carecen ya de pleno poder sobre el hombre (…). Esa convicción profunda, esa fe, es lo que distingue al cristiano, que sabe fundamentar su alegría incluso en el dolor, su optimismo en la aflicción, su perseverancia a través de la dificultad (…).

Todo cristiano debe amar esta tierra nuestra, creada por Dios y dotada en consecuencia de bondad. El cristiano debe amar especialmente al mundo y cuanto contiene de noble -trabajo profesional, ocupaciones familiares, relaciones sociales…-, por ser elementos esenciales de su vida como hombre y como cristiano, y lugar de su trato con Dios, para el cumplimiento de su misión. Lo expresaba con fuerza el beato Josemaría: «Hijos míos, allí donde están vuestros hermanos los hombres, allí donde están vuestras aspiraciones, vuestro trabajo, vuestros amores, allí está el sitio de vuestro encuentro cotidiano con Cristo. Es, en medio de las cosas más materiales de la tierra, donde debemos santificarnos, sirviendo a Dios y a todos los hombres» (…).

«Sed hombres y mujeres del mundo -escribió en un punto de Camino-, pero no seáis hombres y mujeres mundanos». Sed hombres y mujeres -podemos parafrasear- que amáis al mundo porque pertenecéis a esa realidad, porque experimentáis su riqueza y su valor, y, sobre todo, porque lo reconocéis como materia venida de Dios y querida por Él y, en consecuencia, con toda hondura lo apreciáis, conscientes de que la referencia a Dios no la desnaturaliza ni la destruye, sino al contrario la edifica y perfecciona. (…) Este mundo concreto afectado malignamente por el pecado, puede ser regenerado, devuelto a su bondad originaria (…).

El mundo es, inseparablemente, lugar de encuentro con el Sumo Hacedor y tarea en la que ejercitarse. La historia en su conjunto, las relaciones familiares y de amistad, la evolución de las sociedades y de las civilizaciones, el desarrollo de las ciencias y de la cultura, todo lo que integra el entorno del hombre forma parte de esa función que Dios coloca ante la criatura, confiándosela para que saque los mejores frutos en virtud de los dones que Él mismo le otorga. Cabría glosar esta verdad desde muchas perspectivas, que aquí resumiré centrando la atención en el trabajo, y acudiendo como guía a una expresión que el beato Josemaría usó con frecuencia: santificar el trabajo, santificarse en el trabajo, santificar a los demás con el trabajo.

Santificar el trabajo

(…) Al hombre, que fue creado para trabajar -«ut operaretur», precisa el Génesis-, le corresponde dedicarse fielmente a esas ocupaciones para la gloria de Dios. Con su trabajo, la criatura enriquece el mundo recibido del Señor y se lo presenta luego como un sacrificio de alabanza.

Debemos trabajar siempre con la mirada en el Cielo, con la persuasión de que, al actuar de ese modo, no nos apartamos de esa labor profesional, y de cuanto exige y reclama, sino que, por el contrario, nos vemos impulsados a cumplir mejor nuestras obligaciones, con más sentido profesional y con más empeño. (…)

Santificarnos en el trabajo

(…) Al procurar diariamente cumplir con heroicidad la propia tarea, se ponen en juego las más variadas virtudes humanas: la laboriosidad, la justicia, la reciedumbre, la perseverancia, la honradez, la fortaleza, la prudencia… Y, con éstas, las teologales: la fe, que nos impulsa a percibir la cercanía de Dios y el sentido último de nuestros afanes; la esperanza, que anima a confiar hondamente en Dios y a perseverar en el empeño, a pesar de las dificultades; la caridad, que conduce gozosamente a amar con entrega, con sinceridad y con obras en las más diversas ocasiones y momentos.

De esa forma, los deseos y los proyectos que el cristiano alberga en el corazón se transforman en oración sincera de alabanza, de petición por sus hermanos, de acción de gracias a Dios que nos ha encomendado el mundo y su recto orden como muestra de su predilección hacia nosotros. Una oración que se traduce en palabras, pero que no siempre las necesita, porque su lenguaje se labra en el mismo quehacer: la puntualidad, el orden, el cuidado de las cosas pequeñas… (…)

Santificar a los demás con el trabajo

(…) Nuestra labor profesional puede contribuir al acercamiento a Dios de quienes nos rodean, en la medida en que, ejercido con competencia y espíritu de servicio, redunda en el bien de la sociedad y de cuantos la componen, mejorando las condiciones familiares, ambientales, de relación, etc., con el intento de que el mundo se adecue más progresivamente a la dignidad del hombre, a su condición de hijo de Dios.

(…) La fe nos estimula a reconocer a quienes nos rodean como hijos e hijas de Dios. Y la caridad anima fuertemente a tratarlos con esa visión, compartiendo sus alegrías, interesándonos por sus problemas, hasta transmitirles, junto a la ayuda humana que les podamos prestar, el mayor bien que poseemos: nuestra propia fe. (…)

Con su faenar diario, informado por la gracia, la criatura, todo hombre y toda mujer, ofrece a Dios el mundo entero (…). Pero el pecado original, al que después se han añadido los errores personales nuestros, ha oscurecido nuestra mirada y debilitado nuestra voluntad. Nuestro dominio sobre la tierra se ha tornado arduo y con frecuencia penoso. En el cansancio, en la enfermedad, en la dura experiencia de la muerte, en la incomprensión por parte de los demás, etc., el mundo parece volverse contra el hombre. (…)

En ocasiones, el mundo, que deberíamos ver como medio de acercamiento a Dios, se transforma incluso en ocasión que nos aleja de Él. Y así, no sólo se escapa al dominio del hombre, sino que parece sustraerse al señorío de Dios, rebelándose a su propio Creador. En ese contexto, surge fácilmente un interrogante: ¿constituye todavía la creación una realidad buena, amada por Dios?, ¿entra en el amor de Dios un mundo así? La fe cristiana responde con una afirmación decidida, cierta: el mundo sigue siendo bueno (…).

Aún después del pecado, de todos los pecados que atestigua la historia y de los males que de esos flagelos se derivan, Dios no abandona la humanidad a su suerte, sino que sale a su encuentro enviando a su Hijo. La entrega de Cristo en la Cruz se alza como fuente y modelo del amor al mundo en el que vivimos y en el que debemos trabajar, participando de esa caridad que redime. Si Dios quiso tan tiernamente a sus criaturas, incluso cuando éstas le rechazaban, ¿cómo no deberemos entregarnos nosotros, amando apasionadamente esta tierra, para conducirla, con Él, hacia el Padre?

«El mundo nos espera -decía el beato Josemaría-. ¡Sí!, amamos apasionadamente este mundo porque Dios así nos lo ha enseñado: ’sic Deus dilexit mundum…’ -así Dios amó al mundo; y porque es el lugar de nuestro campo de batalla -una hermosísima guerra de caridad, para que todos alcancemos la paz que Cristo ha venido a instaurar». Este amor de Dios manifestado en Cristo es redentor, libera la creación del pecado. Un amor que, por así decir, crea de nuevo al mundo y nos lo confía otra vez.

Al otorgarnos su gracia, su vida entera, Jesucristo nos ilumina con su luz para conocer el mundo, según su corazón, y nos colma de su fuerza para amarlo con rectitud de intención y con actitud de servicio. No lo olvidemos: Cristo nos ha traído su victoria, y nos invita a la vez a participar de su misión y de su camino, a cooperar con Él en la tarea de la redención, mediante nuestro esfuerzo, nuestro trabajo, nuestra entrega. (…)

Amando al mundo con el corazón de Cristo en la alegría y en el dolor, en los momentos de exaltación y en los reveses, en las grandes ocasiones y en el cotidiano caminar ordinario, colaboramos con Él en la tarea de preparar los nuevos cielos y la nueva tierra de los que habla el Apocalipsis. (…)

A todos dirige la Iglesia, también a través de la palabra y la vida del beato Josemaría, una invitación y guía eficaz para descubrir y manifestar -cada uno en su propia situación- la buena noticia del amor de Dios, creador y redentor del mundo”.

“La violencia nunca es apta ni para vencer ni para convencer

Prelado  Tagged , , , , , No Comments »

Entrevista con mons. Javier Echevarría, prelado del Opus Dei: “Sólo de la paz de las conciencias nace la paz en los pueblos”.

23 de febrero de 2003
Montserrat Lluis/ EL CORREO (Bilbao, España)

Opus Dei -

-La religión ha perdido peso en la escala de valores de muchos ciudadanos…

-Hay más católicos que nunca. Pero, más que el número, lo que importa es la realidad de una Iglesia viva que, como hace veinte siglos, choca y atrae. Es innegable la existencia de países o ambientes donde han disminuido los practicantes. Las razones serán múltiples, pero coinciden con la invasión de una cultura que margina a Cristo, produciendo un terreno fértil para que arraiguen las pasiones.

-¿Cómo hacer ver al hombre que el sacrificio y la caridad reportan más dicha que el placer y el dinero?

-Todos experimentamos la distancia entre lo que somos y lo que deberíamos ser. Pero, cuando se descubre la grandeza cristiana, se constata su superioridad sobre el placer y el dinero, que son pasajeros. Por eso, el Señor nos invita a luchar para no quedarnos prisioneros de comodidades y tendencias que envejecen y envilecen el alma. No existe nada más estupendo que una vida entregada por amor en unión con Jesucristo.

-El Opus Dei invita a merecer la santidad a través del trabajo. ¿Cuánta gente cree que, hoy en día, no se emplea sólo por ganar un sueldo?

-La ocupación no puede concebirse simplemente como un valor económico. En los planes de Dios, el trabajo perfecciona y madura al hombre. Por esta razón, poner inventiva e interés por hacer las cosas acabadamente bien -no sólo por cobrar un sueldo- y servir con lealtad a Dios y a los demás ennoblece a la persona. En nuestra sociedad ’supereconomicista’, descubrir el valor cristiano del trabajo puede ser una liberación y una siembra de fraternidad.

-Ustedes rechazan el control de la natalidad. Pero, ¿es responsable traer al mundo a media docena de niños con un sueldo de 600 euros?

-La insuficiencia de los salarios para mantener a los hijos, la falta de acceso a viviendas dignas, los obstáculos para conciliar vida laboral y familiar… demandan soluciones que deben buscar los ciudadanos y sus representantes. No se trata sólo de una cuestión económica: hay muchos practicantes del control de la natalidad que ganan más de 600 euros. Lo que la Iglesia rechaza es una visión de la vida que antepone el bienestar material a los valores humanos y cristianos del matrimonio.

-Ante la sucesión de casos de curas pederastas, ¿la Iglesia se siente igualmente legitimada para seguir pidiendo castidad antes del matrimonio?

-La continencia se encuadra en la moral cristiana; es decir, en el comportamiento conforme a la dignidad de la persona y a su verdadera felicidad. La doctrina en relación con el matrimonio no cambiará nunca. Si se descubriera robando a un fiel católico -sacerdote o laico-, la Iglesia tampoco reformaría su doctrina sobre el robo.

-¿Aprueba que los dirigentes eclesiásticos opinen sobre política?

-Todo laico puede, como cualquier ciudadano, involucrarse en la política según su recto entender. Lo único que se le exige es que obre conforme a su fe, lo que no impone ninguna opción política, sino honradez, juego limpio y ánimo sincero de servicio a la comunidad.

-¿Es tolerable que la religión sea causa de conflictos bélicos, como el que enfrenta a Palestina e Israel?

-Es una gran tristeza que los hombres se maten, sea por lo que sea. Pero no creo que el conflicto en Tierra Santa encuentre su inspiración en motivos religiosos. Se combate por una tierra. Entre palestinos e israelíes, hay hombres y mujeres capaces de convivir fraternalmente. La paz manifiesta una bendición del cielo que necesita hombres de buena voluntad en la tierra.

-¿Cómo llevaría esa paz a Euskadi?

-La paz no se reduce sólo a la ausencia de guerra. Para eso, bastaría la victoria militar o la tregua. La paz auténtica, inseparable de la justicia, brota del cordial entendimiento entre las personas, lo que requiere actitudes de comprensión y de perdón, así como esfuerzo para conocerse y resolver los malentendidos. Y mucha gracia de Dios. San Josemaría no se cansó de repetir que sólo de la paz en las conciencias puede nacer la paz en los pueblos y entre los pueblos. Y añadía que la violencia no es apta ni para vencer ni para convencer; siempre sale vencido el que la usa.

-¿Es mucho lo que el Opus Dei debe agradecer a Juan Pablo II?

-Toda la Iglesia debe agradecimiento, y mucho, a Juan Pablo II por su entrega constante. Sería muy largo mencionar tantos motivos, pero basta contemplar cómo, a su edad y en su estado físico, no ahorra ningún esfuerzo en su servicio a la Iglesia y al mundo.

-¿Puede detener la guerra en Irak?

-Juan Pablo II es el ejemplo más luminoso de amor por la verdadera paz. Aprovecho para pedir a los que lean estas palabras que se unan y recen por lo que el Papa ha hecho siempre y está haciendo hoy en favor de la paz.

“LA DEPRESIÓN PUEDE SER UN LUGAR PRIVILEGIADO DE SANTIFICACIÓN”

-¿También el prelado del Opus Dei sufre crisis de fe?

-Ninguna crisis, pero sí pruebas; porque la fe conoce necesariamente momentos duros ante el aparente -o real, pero no duradero- triunfo del mal. La muerte inesperada de personas queridas, los achaques de salud, las contradicciones de la vida son encuentros personales con la Cruz que pueden desconcertar un poco. El Señor nos hace madurar así, como personas y como cristianos.

-¿Cuánto tiempo reza cada día?

-Dedico ratos a meditar ante la Sagrada Eucaristía, y muchas horas al trabajo, que es rezar, porque todas las actividades pueden convertirse en oración. Pero lo que centra mi vida, como la de todo cristiano, es la santa misa.

-¿Qué distingue a un miembro del Opus de un cristiano ordinario?

-Un miembro del Opus Dei es un cristiano ordinario que ha escuchado la llamada de Dios a identificarnos con Jesucristo y a darlo a conocer a los demás desde su lugar en el mundo: su hogar, su profesión, su entorno social.

-¿La fe es una coraza suficiente contra la depresión?

-La depresión puede afectar a cualquiera. La fe ayuda a llevarla bien, pues confiere sentido al sufrimiento y a las dificultades de la vida. Empuja a tener paciencia y a fiarse más de Dios. Como cualquier otra enfermedad, puede convertirse en un lugar privilegiado de santificación.

-El Opus Dei ha hecho coincidir la canonización de Escrivá con una «ambiciosa misión» educativa en África. ¿Qué otras acciones llevan a cabo por los desfavorecidos?

-Trabaja en el continente africano desde hace más de cincuenta años. Me vienen a la cabeza, por ejemplo, el Centro Médico Monkole, en Kinshasa; Kianda School y Strathmore College, los primeros complejos educativos interraciales de Kenia; o Iroto Rural Development Centre, en Nigeria.

-¿Alberga esperanzas de que los templos vuelvan a llenarse algún día? ¿Cómo conseguirlo?

-No faltan lugares donde las iglesias se llenan cada día. Lo veo en mis viajes. El cristianismo mantiene su perenne juventud después de dos mil años, aunque su vitalidad convive, como siempre, con fenómenos de decadencia o de indiferencia. Lo que hay que revisar no es la doctrina, que ha de permanecer siempre fiel al Evangelio. Lo que necesita revisión diaria es la vida de cada uno, para ver qué conversión nos está pidiendo el Señor.

-¿Qué ha aportado usted al Opus Dei?

-No me lo he planteado. Procuro ser fiel a la herencia que he recibido y dejarla al que me suceda tan viva como yo la tomé. Suelo repetirle al Señor una oración que aprendí de San Josemaría: ‘Señor, que te dejes ver Tú a través de la miseria mía’.

“Os aconsejo recurrir a san Josemaría en todas vuestras necesidades materiales y espirituales”

Prelado  Tagged , , , , , , No Comments »

Homilía de mons. Javier Echevarría, prelado del Opus Dei, pronunciada en la parroquia de san Josemaría de Roma el pasado 26 de junio.

Opus Dei - Mons. Javier Echevarría.

Mons. Javier Echevarría.

Queridos hermanos y hermanas.

1. San Ambrosio afirma que «el nacimiento de los santos va acompañado de una alegría general, porque los santos son un bien que pertenece a todos» . También el 26 de junio, “dies natalis” de San Josemaría Escrivá, es un día de alegría para la Iglesia y de exultación para las personas — centenares de millares— que en todo el mundo colman grandes templos urbanos y pequeñas iglesias rurales para dar gracias a Dios, siempre “admirable en sus santos”, por habernos concedido este amigo y protector. Si bien la devoción a este santo sacerdote se ha difundido en todo el mundo, pienso que, en Roma, esta festividad adquiera una fuerza especial, porque aquí el fundador del Opus Dei entregó su alma a Dios y aquí, en la iglesia prelaticia de Santa María de la Paz, se veneran sus restos sagrados.

Este año es la primera vez que conmemoramos a Josemaría Escrivá con el título de santo, canonizado por el Santo Padre Juan Pablo II el pasado 6 de octubre. Por esta razón el día de hoy asume un tono particularmente festivo para nosotros, que deseamos inspirar nuestra vida cristiana con su espíritu y con el ejemplo de sus enseñanzas, y que nos sentimos deudores de su intercesión por tantas gracias y favores recibidos del Cielo.

San Josemaría es y será siempre una figura muy cercana a nosotros. No sólo por su personalidad de gran alcance histórico, sino porque recurrimos de forma habitual a su intercesión en las diversas necesidades cotidianas, también en las más pequeñas. Hemos experimentado su paternidad, sabemos que nos escucha, nos acompaña, nos sostiene. Verdaderamente se trata de una figura familiar, pues aún no han pasado muchos años desde su marcha al Cielo. Algunos de nosotros lo hemos conocido personalmente; pero pienso que todos nos dirigimos a él en la intimidad de nuestra alma, donde el Señor le concede el hacerse presente para ayudarnos a recorrer el camino de la santidad y del compromiso apostólico.

Gratias tibi, Deus, gratias tibi ! Nuestro agradecimiento adquiere hoy una intensidad muy particular. Damos gracias, en primer lugar, a la Trinidad Santísima, que ha donado al mundo y a la Iglesia este siervo santo, alegre, lleno de celo apostólico. Damos gracias a la Virgen María, porque todas las gracias nos llegan a través de su mediación materna. Gracias, en fin, a San Josemaría por su fidelidad, por la completa dedicación a la misión que Dios le asignó desde la eternidad: abrir en el mundo un camino de santificación en el trabajo profesional y en el cumplimiento de los deberes ordinarios del cristiano, como recita la oración con la cual millones de personas invocan su intercesión. Un camino que puede ser recorrido —de hecho ya lo recorren— por innumerables hombres y mujeres de las más diversas condiciones. Gratias tibi, Deus, gratias tibi!

Opus Dei - Roma, 26 de junio 2003, parroquia de san Josemaría.

Roma, 26 de junio 2003, parroquia de san Josemaría.

2. El Evangelio de la Misa es una invitación a considerar, una vez más, la llamada de Jesús a sus primeros discípulos. El Señor fue a buscar a Pedro y a Andrés mientras se encontraban inmersos en su trabajo profesional. Les pide prestada la barca y que la alejen un poco de la orilla para poder dirigir la palabra a la muchedumbre. Cuando terminó de hablar, les invitó a navegar mar adentro y a lanzar las redes para la pesca. Simón Pedro, después de alguna resistencia inicial vencida por la fe en la palabra de Jesús, asistió estupefacto al milagro de una pesca extraordinaria. Luego, ante la invitación del Señor —”desde ahora serán hombres los que has de pescar” – maduró la decisión de acompañar a Jesús para siempre, junto con los otros once: “sacando las barcas a tierra, dejadas todas las cosas, le siguieron”.

San Josemaría meditó con frecuencia este episodio, en el que descubría una clara confirmación del encargo que Dios le había encomendado: mostrar a todos los hombres que el trabajo profesional, los asuntos seculares, pueden ser ocasión de un encuentro personal con Cristo, que a todos llama a la santidad y al apostolado. En un punto de Camino resume así estas consideraciones: «Lo que a ti te maravilla a mí me parece razonable. —¿Que te ha ido a buscar Dios en el ejercicio de tu profesión? Así buscó a los primeros: a Pedro, a Andrés, a Juan y a Santiago, junto a las redes: a Mateo, sentado en el banco de los recaudadores… Y, ¡asómbrate!, a Pablo, en su afán de acabar con la semilla de los cristianos».

A partir de 1928, el Fundador del Opus Dei predicó incansablemente este mensaje y se empeñó por difundirlo y ponerlo en práctica. Éste fue el objetivo de su existencia terrena, la tarea a la que dedicó todas sus energías, los recursos humanos y sobrenaturales con los cuales Dios le había dotado. Ahora, desde el Cielo, prosigue en el cumplimiento de esta misión, intercediendo ante el trono de Dios para que muchos hombres y muchas mujeres se dediquen con todas sus fuerzas a seguir a Jesús de cerca: para que busquen la identificación con Cristo —en esto consiste la santidad— en las circunstancias ordinarias de la vida.

Opus Dei -

En los veintiocho años transcurridos desde el tránsito del Fundador del Opus Dei al Cielo, han llegado a las oficinas de la Prelatura más de ciento veinte mil relaciones de gracias atribuidas a la intercesión de San Josemaría. Provienen de todas las partes del mundo: desde la selva amazónica hasta las nieves de la Antártida, desde grandes ciudades hasta pequeños pueblos perdidos. Examinando esta masa de testimonios, uno se percata rápidamente de que, además de atender las más diversas peticiones que se le hacen, concede a sus devotos en primer lugar muchas gracias espirituales. Así hace honor a la promesa que tantas veces formuló en los últimos años de su vida, cuando comenzó a considerar que se acercaba el momento de su encuentro con Dios: desde el Cielo os ayudaré más.

A vosotros que me escucháis, os aconsejo recurrir a San Josemaría en todas vuestras necesidades materiales y espirituales, grandes y pequeñas. El Padre os sigue con afecto, con atención, y obtendrá ciertamente de Dios para vosotros mucho más de lo que solicitáis. Pedid con fe, con insistencia, buscando identificaros con la Voluntad divina, hacerla vuestra y cumplirla. Con la intercesión de San Josemaría, acercaos con frecuencia a los canales de la gracia que son los sacramentos.

3. Desde el 2 de octubre de 1928, cuando Dios le desveló la inmensa tarea para la que le había destinado, San Josemaría fue plenamente consciente de que esa misión no podía circunscribirse a un lugar o a un tiempo determinado, sino que poseía un alcance universal y permanente. La vida ordinaria —la familia, el trabajo, las relaciones sociales, etc.,— son realidades permanentes. Como afirmó el Papa el día de la canonización, resumiendo el mensaje de San Josemaría, «el trabajo y cualquier otra actividad, llevada a cabo con la ayuda de la gracia, se convierten en medios de santificación cotidiana.

Opus Dei -

La universalidad de la figura y de la enseñanza de San Josemaría se refleja, con palmaria evidencia, en la variedad de los lugares donde es venerado. Hoy o en los próximos días será conmemorado en las Misas que se desarrollarán en centenares de ciudades de los cinco continentes, muchas de ellas celebradas por los respectivos Obispos diocesanos.

Escuchando en el Evangelio el mandato imperioso de Jesús —”duc in altum”!—, resuena una vez más la invitación del Papa a dejar la huella cristiana en el siglo que acaba de comenzar. «¡Avancemos con esperanza!», escribió en el año 2001. «Un nuevo milenio se abre ante la Iglesia como un océano inmenso en el cual hay que aventurarse, contando con la ayuda de Cristo. El Hijo de Dios, que se encarnó hace dos mil años por amor al hombre, realiza también hoy su obra. Hemos de aguzar la vista para verla y, sobre todo, tener un gran corazón para convertirnos nosotros mismos en sus instrumentos».

En la homilía de la Misa de canonización, Juan Pablo II recordó cómo San Josemaría «acogió sin vacilar la invitación hecha por Jesús al apóstol Pedro (…): Duc in altum! La transmitió a toda su familia espiritual, para que ofreciese a la Iglesia una aportación válida de comunión y servicio apostólico. Esta invitación se extiende hoy a todos nosotros. “Rema mar adentro —nos dice el divino Maestro— y echad las redes para la pesca” (Lc 5, 4)».

Todos hemos sido invitados a seguir a Cristo de cerca; la mayoría de vosotros sin abandonar la familia, el trabajo, la propia situación en la sociedad. No hemos de tener miedo a navegar mar adentro en todas nuestras actividades, a ser verdaderos apóstoles de Cristo, a dejar que Jesús suba a nuestra barca —entre verdaderamente en nuestra vida— y que sea Él quien la gobierne.

Confiamos a la Virgen, Madre nuestra, por la intercesión de San Josemaría, estos deseos que el Maestro mismo ha sembrado en nuestro corazón. Así sea.


WordPress Theme & Icons by N.Design Studio. WPMU Theme pack by WPMU-DEV.
Entries RSS Comments RSS Iniciar sesión