La editorial Planeta publica “Itinerarios de vida cristiana”

libros  Tagged , , , , , , No Comments »

Un libro de Mons. Javier Echevarría que aborda algunas de las cuestiones vitales a las que se enfrenta el cristiano de hoy.

Opus Dei - Portada del libro

Portada del libro

¿Es necesario confesarse con un sacerdote?, ¿para qué sirve hacer oración?, ¿tengo otro hijo o mantengo mi calidad de vida?, ¿es lícita la clonación?, ¿debo obedecer en todo al Papa? El autor de “Itinerarios de vida cristiana” no elude estas y otras preguntas que están en la mente de muchos fieles corrientes que buscan respuestas para su vida cristiana.

El libro sale esta semana al mercado español con una tirada de 20.000 ejemplares. Pertenece a la colección Planeta Testimonio, que cuenta entre sus títulos “Orar”, una antología de textos de Juan XXIII y “El don de la paz”, del Cardenal Joseph Bernardin.

“Hijos de Dios. Eso somos, y así lo proclama el Evangelio, aunque desgraciadamente no pocas personas lo ignoran”. Así se abre el libro el prelado del Opus Dei, que consta de diecinueve capítulos estructurados en tres bloques: ‘Las fuentes de la existencia cristiana’, ‘El camino del encuentro con Dios’ y ‘Con Cristo, en la historia’.

Dios no es ajeno a nuestro dolor

“Ninguna criatura humana a lo largo de la historia ha transitado a solas -dice el Prelado del Opus Dei sobre Dios Padre-, porque Dios ha permanecido siempre al lado de sus hijos”, incluso en las etapas más dolorosas o difíciles.

Dios Padre, Jesucristo, el Espíritu Santo, la Virgen María y la Iglesia son los temas de la primera parte del libro. El segundo bloque -’El camino del encuentro con Dios’- comienza con una capítulo sobre la conversión: Monseñor Echevarría ve en la conversión “la necesidad de desprendernos de lo que estorba, del pecado, para revestirnos del mandamiento nuevo del amor”. Partiendo de esta base, va desgranando a continuación consideraciones sobre otros elementos que el cristiano encuentra en su camino de fe: el perdón, la oración, la Eucaristía, la paternidad, el dolor, la muerte…

“Contemplando la Cruz, nos sentimos acompañados. Dios no es, ni será jamás un Dios ajeno a nuestro dolor, sino un Dios que lo ha asumido en Cristo y lo ha hecho suyo”, dice el autor de Itinerarios de vida cristiana en el capítulo sobre el sufrimiento. Así, el dolor “no aparece ya como castigo, sino como camino de salvación y divinización”.

Los capítulos finales -agrupados bajo el título ‘Con Cristo, en la historia’- tratan sobre el sentido del tiempo, la caridad, la santificación del trabajo, la generosidad, la vocación y la alegría.

Médico por vocación, paciente de profesión

firmes en la fe  Tagged , , , , No Comments »

Mª Jesús Narvaiza estudió Medicina en la Universidad de Navarra. Después de dedicar varios años a la docencia, en 1995, tras una revisión ginecológica le diagnosticaron un cáncer.

Mª Jesús Narvaiza nació en San Sebastián. Pasó su infancia en Bilbao y en el año 1967 se marchó a Pamplona. Estudió en la Facultad de Medicina de la Universidad de Navarra, donde se graduó en 1972. Cuando cursaba 1º de carrera pidió la admisión en el Opus Dei.

Alcanzó el Doctorado en Medicina con una tesis que trataba acerca de las alteraciones del fibrinógeno en el paciente cirrótico. Lo suyo, claramente, era la Hematología. Se dedicó con entusiasmo a la investigación entre muestras, tubos de ensayo y microscopios.

A mediados de los 80 empezó a hacer compatible ese trabajo con la docencia en la Escuela de Enfermería de la Universidad, lo que le supuso un gran cambio de mentalidad: pasó de la investigación pura y dura al contacto directo con las alumnas. Su entrega a la docencia iba más allá del curso académico: algunos veranos los pasaba junto a sus alumnas atendiendo un proyecto sanitario organizado por el Instituto Nacional de Nutrición Salvador Zubirán, en México DF.

Dejó la investigación definitivamente para entregarse en cuerpo y alma a la Escuela de Enfermería, de la que llegó a ser Catedrática. El tema que defendió para ganar la oposición fue “La atención al enfermo oncológico”.

Facultad de Medicina de la Universidad de Navarra

Permaneció en la Escuela hasta noviembre del 2006, año en que solicitó la invalidez. En 1995, tras una revisión ginecológica de rutina le diagnosticaron un cáncer de mama. Empezaron entonces las sesiones de radioterapia. A los tres años, durante los que siguió trabajando, esa lesión se había convertido en una metástasis progresiva que le invadió el pulmón, los huesos, el hígado y la piel. A cada una de estas metástasis le correspondía un duro choque de quimioterapia.

“En el Opus Dei le han recordado una y otra vez la columna vertebral de la fe cristiana: que Dios es un Padre bueno, que da a sus hijos lo mejor”

La enfermedad es su compañera de viaje desde hace más de una década. Y con ella ha aprendido a convivir. En el Opus Dei le han recordado una y otra vez la columna vertebral de la fe cristiana: que Dios es un Padre bueno, que da a sus hijos lo mejor. Una realidad sobrenatural que intenta hacer vida de su vida. No algo teórico que puede resultar bonito oír o leer, sino algo tangible, aplicado al día a día, en cada asalto contra la imaginación, ante la duda, frente al temor. Aprendiendo también la lección de salir de una misma, de no compadecerse y pensar “qué pobrecita soy”. La convicción de que una persona enferma no es una persona inútil.

El Prelado del Opus Dei le escribió en una ocasión: “Ofrece el trabajo profesional de estar enferma”. Y este consejo lo lleva tatuado en su alma, en su inteligencia, en su voluntad. Y así reaprende, una vez y otra, a sobrellevar el cansancio, el malestar, la pérdida del apetito, la caída del cabello y el esfuerzo psicológico y físico que supone volver al ciclo de quimioterapia cuando notas que tu cuerpo aparentemente vuelve a estar fuerte.

Mª Jesús intenta, a cada momento, salir de la trampa de la autocompasión. Su arma: un horario, en el que caben la Eucaristía diaria y otras normas de piedad cristiana, sacar a pasear a “Txuri”, una perrita de 11 años que le hace compañía, y confeccionar puzzles de 500 piezas, que luego regala a sus amigas, con las que comparte también muchos ratos de compañía y conversación. Antes montaba barcos, auténticas embarcaciones, pero ahora ha tenido que dejarlo porque tiene las manos agrietadas; el cáncer le ataca también la piel.

A Mª Jesús la enfermedad le ha enseñado a pulir el carácter. Ella era de planificar el tiempo con grandes recorridos; ahora sus ambiciones son las mismas, pero el punto de mira se ha acortado. Los planes son de esta mañana para esta tarde o, a lo más, de hoy para mañana.

El pensamiento de la muerte no la sobrecoge: ha visto morir a muchos pacientes y les ha acompañado en el último tramo de su vida. No tiene miedo a su propia muerte porque cree en la vida eterna y porque está convencida de que morir es encontrarse con Dios. A Él le entregó su vida hace más de 40 años y a Él sigue dándosela cada nuevo día. Recibió la Unción de enfermos en mayo del año pasado.

“A veces nos imaginamos cosas que, cuando llegan, no son para tanto… y, si son para tanto, Dios nos brinda su mano amorosa”

Pero Mª Jesús sí tiene miedo a la agonía; sin embargo, confía en los cuidados paliativos. Lucha por ahuyentar los fantasmas de la imaginación que le rondan a menudo por la cabeza, pensando cómo será su muerte, cuándo llegará, y cuánto más sufrirá. Aunque asegura, tajante, que la imaginación no cuenta con la gracia de Dios, pero la realidad, sí. Dios la ayuda en cada momento, en su día a día: ahí está la gracia. “A veces nos imaginamos cosas que, cuando llegan, no son para tanto… y, si son para tanto, Dios nos brinda su mano amorosa”.

Recojo este testimonio pocos días antes de que se marche a Comillas, un pueblo precioso de la costa cantábrica, que le devuelve los veranos de su infancia y adolescencia, que le enamora, dice. Comillas para Mª Jesús es sinónimo de descanso, de paseos por el bosque, de andar sin prisas por la arena del mar, aunque hace tiempo ya que sus manos no la ayudan a hacer lo que más le gusta: coger caracolillos. Mª Jesús ama la vida; esa vida que, asegura, es un regalo de Dios y que aprendió, hace ya muchos años, a ponerla al servicio de los demás.

¿Por qué te fuiste a Eslovenia?

familia  Tagged , , No Comments »

Jorge Garaicoechea vive desde hace unos meses en Eslovenia, en la ciudad de Liubliana

Hacía cinco años que habían llegado los primeros miembros de la Obra a este país y se necesitaban más manos. El Prelado me propuso la posibilidad de ir a vivir a Eslovenia para ayudar a los que ya estaban. Me lo pensé y dije que sí. La verdad es que me tuvieron que decir más en concreto dónde estaba Eslovenia y cómo era, ya que me sonaba pero nunca había prestado atención a un país tan pequeño y que se independizó de Yugoslavia en 1991, lo cual quiere decir que en la geografía del colegio no lo estudié.

En estos momentos me estoy dedicando a la construcción del nuevo centro, a sacar adelante un proyecto educativo para gente joven y el resto, a estudiar el idioma.

¿Cómo han sido tus primeras sensaciones en Eslovenia?

Liubliana

La verdad es que puedo decir que me he sentido un poco como “en casa”. El país tiene unos dos millones de habitantes y son bastante serios para el trabajo. La extensión no es grande, además de que el paisaje es totalmente verde y llueve con frecuencia. Es como si vivieras en cualquier lugar de Euskadi.

La gente es muy buena y ya tengo un buen grupo de amigos, aunque me cuesta entenderme con ellos ya que el idioma se me hace todavía complicado.

Los de la Obra que comenzaron aquí hace cinco años se manejan mucho mejor.

¿Con qué dificultades te has encontrado?

Podría decir que la dificultad destacada es el idioma. Curiosamente, los eslovenos (y eslavos en general) aprenden de una manera muy rápida otros idiomas europeos, pero cuando es al revés, es realmente complicado. El tiempo dedicado a cursos de esloveno, y después al estudio, es muy grande. Tras poco más de un año aquí, me puedo manejar en conversaciones sencillas, y cuando el interlocutor no habla rápido o en un estilo demasiado coloquial, como es frecuente en la gente joven.

La otra dificultad para mí es el frío. Yo he vivido siempre cerca del mar, y rara vez llegábamos a los cero grados; aquí en invierno se puede llegar en algún momento hasta los -20º. La gorra y los guantes son parte de la indumentaria invernal de todos.

¿Cuál ha sido tu primera alegría?

De entrada, me gustó Liubliana, la ciudad donde vivo. Es del tamaño de San Sebastián, muy cuidada y limpia, con edificios bastante bonitos (aunque eso sí, lejos del mar). La vida aquí es muy agradable; por ejemplo, puedes ir por la ciudad en bicicleta como medio de transporte común.

Después destacaría mi encuentro con Tomaz, quien sería mi primer amigo esloveno. Él es profesor y me ayuda a aprender el idioma. Me invitó recientemente a hablar de Euskadi a sus alumnos; aproveche para hacer mis primeros pinitos con el esloveno y creo que me entendieron.

¿Cómo ves el futuro de la Obra en este país?

La verdad es que cinco años no son nada, y se puede decir que acaba de comenzar. Una buena parte de la población es católica, sobre todo en el ámbito rural, que es la gran mayoría del país. El resto de la población es prácticamente atea, fruto de los años de comunismo vividos.

Muchas familias tienen algún asesinado entre sus parientes, y se ve que han sufrido mucho.

Aquí los de la Obra somos algo más de una docena, pero vemos que el mensaje cristiano de la santificación en la vida ordinaria, en el trabajo, en la familia, etc., va calando con fuerza. Para muchos es nuevo pero lo interiorizan con profundidad.

También es cierto que los primeros en aprender hemos sido nosotros, especialmente de la sobriedad de los eslovenos. Aunque el paro apenas existe, viven en casas muy pequeñas, con muy pocos medios y sueldos bajísimos para cualquier europeo. En estas circunstancias, hay que hacer frente a los precios elevados y esto requiere mucho sacrificio.


WordPress Theme & Icons by N.Design Studio. WPMU Theme pack by WPMU-DEV.
Entries RSS Comments RSS Iniciar sesión