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	<title>Opus Dei Testimonios &#187; santidad al alcance</title>
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	<description>Testimonios sobre el Opus Dei y la vida cristiana</description>
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		<title>El contenido de la visión fundacional</title>
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		<pubDate>Wed, 21 Jul 2010 11:33:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>opusdeit</dc:creator>
				<category><![CDATA[movimiento Opus Dei]]></category>
		<category><![CDATA[2 de octubre de 1928]]></category>
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		<description><![CDATA[&#8220;La fundación del Opus Dei&#8221;. Libro escrito por John F. Coverdale, en el que narra la historia del Opus Dei hasta 1943. La clave para entender la historia del Opus Dei, y particularmente sus primeros pasos, se encuentra en la visión fundacional. Antes del 2 de octubre de 1928 Escrivá empezó a llevar una especie [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h2 style="text-align: center">&#8220;La fundación del Opus Dei&#8221;. Libro escrito por John F. Coverdale, en el que narra la historia del Opus Dei hasta 1943.</h2>
<p>La clave para entender la historia del Opus Dei, y particularmente sus primeros pasos, se encuentra en la visión fundacional. Antes del 2 de octubre de 1928 Escrivá empezó a llevar una especie de diario al que denominaba “Apuntes íntimos”. Dichos apuntes son la mejor fuente para estudiar el espíritu del Opus Dei. Desgraciadamente, en algún momento del año 1932, Escrivá quemó el cuaderno que contenía las notas que leía cuando recibió la visión fundacional, los apuntes que había tomado el 2 de octubre de 1928 y los que anotó durante el siguiente año y medio.</p>
<p>La destrucción de aquellos papeles y su reticencia a dar detalles sobre lo que sucedió el 2 de octubre de 1928 hacen que sea imposible saber exactamente qué aspectos de su tarea fundacional surgieron claramente de la primera visión y cuáles quedaban por definir. Al explorar esa visión y su primer desarrollo, que en gran parte consistió en la lucha de Escrivá por aplicar a su propia vida el mensaje recibido, no tenemos más remedio que recurrir a la conjetura, basándonos en lo que dijo e hizo posteriormente.</p>
<p>En términos generales, está claro que recibió un mensaje sobre la llamada universal a la santidad, y la misión de promover en la Iglesia la institución que después llamaría Opus Dei. El mensaje y la misión fueron dos aspectos de una misma realidad. El objetivo de la institución sería difundir el mensaje y proporcionar a la gente la ayuda necesaria para ponerlo en práctica en sus vidas. Formarían parte de dicha institución personas que hubieran recibido una vocación para incorporar el mensaje a su vida personal y para difundirlo mediante el ejemplo y la palabra.</p>
<p>El núcleo del mensaje consistía en comprender que aquel mandato de Jesucristo “sed perfectos como vuestro Padre Celestial es perfecto” (Mateo. 5,48) no se dirige a unos pocos escogidos, sino a todos los cristianos. Escrivá vio, y no como una simple posibilidad teórica, sino como una realidad práctica, que todo hombre y toda mujer puede y debe aspirar a amar a Dios con todo su corazón y con toda su mente y con toda su alma, y amar a su prójimo como a sí mismo. En términos más técnicos, que Dios llama a todos los bautizados a la plenitud de la santidad.</p>
<p>Al mismo tiempo, Escrivá entendió claramente que para la inmensa mayoría la vocación a la santidad supone una llamada, pero no para hacerse sacerdotes, monjes o monjas, sino para santificarse en el mundo, en el medio habitual de su vida cotidiana. Él vio que Cristo ha redimido y santificado a toda la creación y llama a la inmensa mayoría de los hombres y mujeres a poner en práctica el gran mandamiento del amor de Dios y del amor al prójimo precisamente en el trabajo, en la vida de familia, en el descanso y en todas las demás actividades. Agentes de bolsa, trabajadores de fábrica, programadores informáticos, dependientes, estudiantes y jubilados son llamados a la santidad no a pesar de vivir en el mundo, sino precisamente en y a través de las situaciones y actividades que forman su vida cotidiana. Como escribiría en “Camino”: “Tienes obligación de santificarte. -Tú también. -¿Quién piensa que ésta es labor exclusiva de sacerdotes y religiosos? A todos, sin excepción, dijo el Señor: Sed perfectos, como mi Padre Celestial es perfecto”[1].</p>
<p>Escrivá también entendió, a la luz de la visión fundacional, que la santidad no es una empresa individual, sino que está íntimamente unida al apostolado, es decir, al esfuerzo de acercar otros a Cristo. Vio que todo católico está llamado a ayudar a otros a conocer a Cristo, a amarlo, y a incorporar su doctrina a su vida. En esta visión, el esfuerzo por ayudar a los amigos, parientes y colegas a vivir una vida cristiana más profunda y más auténtica no es algo ajeno al trabajo cotidiano y a las demás actividades de la vida corriente. Al contrario, el trabajo, la vida de familia y el descanso son su contexto habitual y el medio de llevarla a cabo. En palabras de Escrivá: “Para el cristiano, el apostolado resulta connatural: no es algo añadido, yuxtapuesto, externo a su actividad diaria, a su ocupación profesional. ¡Lo he dicho sin cesar, desde que el Señor dispuso que surgiera el Opus Dei! Se trata de santificar el trabajo ordinario, de santificarse en esa tarea y de santificar a los demás con el ejercicio de la propia profesión, cada uno en su propio estado”[2].</p>
<p>En la época de la fundación del Opus Dei, muchos católicos buscaban modos de hacer más cristiana la sociedad. Desde Roma, el Papa promovía la Acción Católica. En España, muchos católicos trabajaban para desarrollar, dentro de la Acción Católica o como entidades separadas, grupos que promovieran una acción social y cívica inspirada en principios cristianos.</p>
<p>El mensaje que Escrivá recibió se centraba no en cambiar las estructuras sociales, sino en animar a los católicos a hacer un esfuerzo serio por alcanzar la santidad en sus actividades diarias. Como se puede ver en lo que más tarde escribiría en “Camino”, confía que la transformación de las estructuras sociales y el desarrollo de una sociedad más justa sean las consecuencias, esperadas y bien venidas, pero el punto central es la santificación de los individuos: “Un secreto. -Un secreto, a voces: estas crisis mundiales son crisis de santos. -Dios quiere un puñado de hombres “suyos” en cada actividad humana. -Después&#8230; “pax Christi in regno Christi” -la paz de Cristo en el reino de Cristo”[3].</p>
<p>La visión del 2 de octubre exigía la existencia, dentro de la Iglesia, de un grupo de gente, empezando por el propio Escrivá, que luchara por incorporar el mensaje en sus vidas y por ayudar a otros a hacer lo mismo. Ellos formarían una comunidad eclesial, una parte de la Iglesia, al servicio del mensaje. El papel de esa parte de la Iglesia –que se llamaría Opus Dei- sería difundir el mensaje y ayudar a la gente a vivirlo. Como escribió el Papa Juan Pablo II: “Desde sus orígenes, se ha esforzado no sólo en iluminar, sino en realizar la misión de los laicos en la sociedad humana”[4]. En palabras de Escrivá: “Dedicarse a Dios en el Opus Dei no implica una selección de actividades, no supone dedicar más o menos tiempo de nuestra vida para emplearlo en obras buenas, abandonando otras. El Opus Dei se injerta en toda nuestra vida”[5]. La vocación al Opus Dei supone “hacer el Opus Dei siendo personalmente Opus Dei”[6], de modo que se pueda “recordar a todas las almas, con el ejemplo de vuestra vida y con la palabra, que existe una llamada universal a la perfección cristiana y que es posible conseguirla”[7].</p>
<p>La gracia fundacional que Escrivá recibió el 2 de octubre de 1928 estaba destinada a personas de toda condición, tanto solteros como casados, y sus primeros esfuerzos por desarrollar el Opus Dei se dirigieron a un amplio abanico de gente. Sin embargo, pronto se dio cuenta de que si el Opus Dei debía arraigar en todos los sectores de la sociedad, tenía que haber un núcleo de personas con disponibilidad suficiente para dedicar tiempo a sus actividades apostólicas y a adquirir la formación necesaria para después formar teológica y espiritualmente a los demás. Así pues, pronto centró su atención en estudiantes universitarios y recién graduados a los que presentó el ideal de una vida de celibato apostólico en medio del mundo. Fue de entre estos jóvenes de donde surgieron los primeros fieles del Opus Dei. Por esta razón, durante el periodo de tiempo en que se centra este libro, todos los miembros del Opus Dei fueron célibes, y la mayoría tuvieron títulos universitarios. Gracias a su dedicación y esfuerzo, durante los años siguientes el Opus Dei se pudo extender a sectores mucho más amplios de la sociedad. Hoy día, la mayor parte de los fieles de la Obra están casados y muchos trabajan en profesiones u oficios no universitarios.</p>
<p>[1] Josemaría Escrivá de Balaguer. ob. cit. n. 291</p>
<p>[2] Josemaría Escrivá de Balaguer. ES CRISTO QUE PASA. Ediciones Rialp. Madrid 2001. n. 42</p>
<p>[3] Josemaría Escrivá de Balaguer. CAMINO. Ediciones Rialp. Madrid 2001. n. 301</p>
<p>[4] Pedro Rodríguez, Fernando Ocáriz, José Luis Illanes. EL OPUS DEI EN LA IGLESIA. Ediciones Rialp. Madrid, 1993. p. 85-86</p>
<p>[5] Ibid. p. 164</p>
<p>[6] Ibid. p. 204</p>
<p>[7] Lucas F. Mateo-Seco, Rafael Rodríguez-Ocaña. SACERDOTES EN EL OPUS DEI. Eunsa. Pamplona, 1994, p. 25<a><br />
</a></p>
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		<title>Así le vieron</title>
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		<pubDate>Sun, 07 Mar 2010 14:15:27 +0000</pubDate>
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				<category><![CDATA[fundador]]></category>
		<category><![CDATA[amistad]]></category>
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		<description><![CDATA[Un libro que recoge testimonios sobre el Fundador del Opus Dei Buscando a Dios en el trabajo ordinario, de Cardenal Albino Luciani (Patriarca de Venecia) Una amistad de 43 años, de Mons. Pedro Altabella. Canónigo de San Pedro de Roma. Doctor en Teología y Derecho Canónico. Amigo de la libertad, de Manuel Aznar, Periodista Un viraje [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h2 style="text-align: center">Un libro que recoge testimonios sobre el Fundador del Opus Dei</h2>
<p><strong>Buscando a Dios en el trabajo ordinario</strong>, de Cardenal Albino Luciani (<em>Patriarca de Venecia)<br />
</em><br />
<strong>Una amistad de 43 años, </strong>de Mons. Pedro Altabella. <em>Canónigo de San Pedro de Roma. </em><em>Doctor en Teología y Derecho Canónico.<br />
</em><br />
<strong>Amigo de la libertad</strong>, de Manuel Aznar, <em>Periodista</em></p>
<p><strong>Un viraje de espiritualidad</strong>, del Cardenal Sebastiano Baggio, <em>Prefecto de la S. congregación para los Obispos</em></p>
<p><strong>Imitando a Monseñor Escrivá he aprendido de nuevo a creer</strong>, de Peter Berglar, <em>Profesor Ordinario de Historia Moderna De la Universidad de Colonia</em></p>
<p><strong>Un santo de nuestro tiempo</strong>, de Félix Carmona Moreno, O. S. A.</p>
<p><strong>Un hombre de fe,</strong> de Mons. Laureano Castán Lacoma, <em>Obispo de Sigüenza (Guadalajara)</em></p>
<p><strong>Ese &#8220;siervo de Dios&#8221;, tan delicadamente Padre, </strong>de<strong> </strong>Cesare Cavalleri, <em>Director de la revista «Studi Cattolici» y crítico literario</em></p>
<p><strong>Un trabajador de Dios</strong>, de Juan de Contreras y López de Ayala, <em>Marqués de Lozoya</em></p>
<p><strong>Monseñor Escrivá, peregrino de Fátima,</strong> de Mons. Alberto Cosme do Amaral, <em>Obispo de Leiria</em></p>
<p><strong>Un hombre que sabía querer,</strong> de Álvaro Domecq, <em>Rejoneador y ganadero</em></p>
<p><strong>Actitud eclesial del mensaje de Josemaría Escrivá</strong>, de P. Ambrogio Eszer, O. P. <em>Relator General de la Congregación para las Causas de los Santos</em></p>
<p><strong>Un maestro de la libertad cristiana</strong>, de Cornelio Fabro. <em>Profesor Ordinario de Filosofia</em><br />
<em>en la Pontificia Universidad Lateranense y en la Universidad de Perugia</em></p>
<p><strong>La llamada universal a la santidad</strong>, de Antonio Fontán. <em>Catedrático de Filosofía Latina de la Universidad Complutense </em></p>
<p><strong>El Padre en mi vida</strong>, de Ángel Galíndez, <em>Ingeniero Agrónomo. Presidente del Consejo de Administración del Banco de Vizcaya</em></p>
<p><strong>Mi encuentro con Monseñor Escrivá de Balaguer, </strong>de Víctor García Hoz. <em>Catedrático de Pedagogía en la Universidad </em><em>Complutense de Madrid</em></p>
<p><strong>El secreto de una vida santa</strong>, de Manuel Garrido Bonaño, O. S. B. <em>Profesor de Liturgia en la Facultad de Teología del Norte de España</em></p>
<p><strong>El Padre Escrivá</strong>, de José A. Giménez–Arnáu, <em>Embajador de España</em></p>
<p><strong>¿Cuál sería su secreto?, </strong>de Cardenal Marcelo González Martín, <em>Arzobispo de Toledo Primado de España<br />
</em><br />
<strong>Creo que conocí a un santo</strong>, de Mons. William Gordon Wheeler, <em>Obispo de Leeds</em></p>
<p><strong>Un guía espiritual para nuestro tiempo</strong>, de Tatiana Goritscheva, <em>Periodista y escritora rusa</em></p>
<p><strong>Un apóstol de la amistad</strong>, Mons. Franz Hengsbach, <em>Obispo de Essen<br />
</em><br />
<strong>Corazón universal</strong>, de Juan Hervás, <em>Obispo dimisionario de Ciudad Real</em></p>
<p><strong>Un proyecto de renovación en el corazón del mundo contemporáneo</strong>, de Cardenal Franz Konig, <em>Arzobispo de </em>Viena</p>
<p><strong>Recuerdos de una amistad</strong>, de Mons. Fray José López Ortiz, <em>Arzobispo titular de Grado. Vicario General Castrense Emérito</em></p>
<p><strong>Homenaje al Fundador del Opus Dei,</strong> del Cardenal Humberto Medeiros, <em>Arzobispo de Boston</em></p>
<p><strong>Un venerable siervo de Dios</strong>, de Mons. Jorge Medina Estévez, <em>Obispo de Rancagua</em></p>
<p><strong>La amistad que nos unió para siempre</strong>, del Cardenal Miguel Darío Miranda, <em>Arzobispo Primado Emérito de México</em></p>
<p><strong>Recuerdos de un corresponsal</strong>, de Eugenio Montes, <em>De la Real Academia Española</em></p>
<p><strong>Hablaba de lo que él mismo vivía</strong>, de Santos Moro Briz, <em>Obispo dimisionario de Ávila</em></p>
<p><strong>La enseñanza que tuve la suerte de recibir</strong>, de Covadonga O&#8217;Shea, <em>Periodista. Directora de la revista «Telva</em>»</p>
<p><strong>Mi experiencia</strong>, de José Luis Olaizola, <em>Escritor</em></p>
<p><strong>Monseñor Escrivá de Balaguer y la Universidad,</strong> de Paul Ourliac, <em>Miembro del Instituto de Francia</em></p>
<p><strong>Las preguntas y respuesta de Pozoalbero</strong>, de José María Pemán, <em>Escritor. Miembro de la Real Academia Española</em></p>
<p><strong>Mis encuentros con su personalidad y su obra</strong>, de Mons. Johannes Pohlschneider, <em>Obispo de Aquisgrán<br />
</em><br />
<strong>Un santo de la vida corriente</strong>, de Cardenal Ugo Poletti, <em>Presidente de la Conferencia Episcopal Italiana. Vicario General del Papa para la diócesis de Roma</em></p>
<p><strong>En el aniversario de la muerte del Fundador de la Obra</strong>, de Cardenal Paul Poupard, <em>Presidente del Consejo Pontificio de Cultura</em></p>
<p><strong>Un recuerdo personal</strong>, de Eduardo Poveda, <em>Obispo de Zamora</em></p>
<p><strong>Monseñor Escrivá de Balaguer y el Opus Dei</strong>, de Mons. Antonio Quarracino, <em>Obispo de Avellaneda. Secretario General del Celam</em></p>
<p><strong>Mi testimonio sobre Monseñor Escrivá de Balaguer</strong>, de Silvestre Sancho Morales O.P. <em>Rector de la Universidad Santo Tomás en Manila</em></p>
<p><strong>Su amor a la virtud de la pobreza</strong>, de Cardenal Jaime Sin, <em>Arzobispo de Manila</em></p>
<p><strong>Evangelio y Vaticano II en el espíritu de Josemaría Escrivá de Balaguer</strong>, del Cardenal Ángel Suquía, <em>Arzobispo de Madrid. Presidente de la Conferencia Episcopal Española</em></p>
<p><strong>Una trayectoria espiritual</strong>, de Mons. Adolfo S. Tortolo, <em>Arzobispo de Paraná. Presidente de la Conferencia Episcopal Argentina</em></p>
<p><strong>La muerte de un gran aragonés</strong>, de José María Zaldívar, p<em>eriodista</em></p>
<p><strong>Una vida, un camino y una herencia</strong>, de Eduardo Zaragüeta, O. S. A.<a><br />
</a></p>
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		<title>Rusia: cebollas, patatas y mucha alegría</title>
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		<pubDate>Mon, 26 Oct 2009 17:42:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>opusdeit</dc:creator>
				<category><![CDATA[compromiso]]></category>
		<category><![CDATA[formación criatiana]]></category>
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		<category><![CDATA[orientación familiar]]></category>
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		<description><![CDATA[Gabriela Santa María es chilena e historiadora. En 2007 viajó a Moscú con las primeras mujeres del Opus Dei que empezaron la labor apostólica en Rusia, &#8220;un país de gente profundamente espiritual&#8221;. Gabriela con algunas amigas disfrutando del clima ruso. Después de vivir siete años en Roma, donde se licenció en Teología y comenzó un [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h2>Gabriela Santa María es chilena e historiadora. En 2007 viajó a Moscú con las primeras mujeres del Opus Dei que empezaron la labor apostólica en Rusia, &#8220;un país de gente profundamente espiritual&#8221;.</h2>
<div id="rlimgr"><img src="http://www.opusdei.es/image/gabi+en+grupo.jpg" alt="" width="200" height="150" /></p>
<div id="rlimgf">Gabriela con algunas amigas disfrutando del clima ruso.</div>
</div>
<p>Después de vivir siete años en Roma, donde se licenció en Teología y comenzó un doctorado en Historia de la Iglesia, Gabriela partió hacia Moscú. <em>“Llegamos hace dos años, en septiembre&#8221;,</em> cuenta Gabriela. &#8221;No hacía mucho frío porque estaba terminando el verano y empezando el otoño. Encontramos un piso muy bonito y lo primero que hicimos fue instalar el oratorio&#8221;.</p>
<p>&#8220;Tenemos un living bastante amplio, donde empezamos las primeras actividades con algunas chicas que hemos conocido al asistir a clases de ruso, en la Universidad o a través de personas conocidas que habían vivido en Moscú. Vienen para charlar y ayudarnos con el idioma&#8221;.</p>
<p><strong>Tertulias internacionales</strong><br />
&#8220;Poco a poco, la cocina se ha transformado en el punto de reunión y se han hecho famosas las comidas internacionales que preparábamos las recién llegadas (de Brasil, España, Chile, Austria y Francia) y las rusas, que aportaban sus platos típicos. Así hemos logrado grandes amigas y aprendido la cultura del país”.</p>
<div id="rlimgr"><img src="http://www.opusdei.es/image/gabi+abrigada.jpg" alt="" width="200" height="266" /></p>
<div id="rlimgf">Vestida para el frío como una rusa más.</div>
</div>
<p>&#8220;A pesar de haber vivido 70 años de comunismo, la gente es muy religiosa. Se nota que han sufrido mucho y por eso mismo son profundas y con sentido de lo trascendente: tienen una apertura total a que les hablen de Dios. Por eso, desde el principio hemos podido tener <a href="http://www.opusdei.es/art.php?p=7573" rel='nofollow'>clases de formación cristiana</a> y meditaciones (media hora de oración en el oratorio guiada por un sacerdote)&#8221;.</p>
<p>&#8220;Por otro lado, me ha sorprendido el alto nivel cultural de las chicas que vienen a recibir esa formación: tocan un instrumento, son grandes lectores, saben de filosofía. Por eso es fácil hablar de temas de fondo”.</p>
<p>Gaby confiesa que por una parte ha tenido mucha ayuda del Cielo, porque desde que llegó se sintió parte del lugar. También le ha ayudado el consejo de <a href="http://www.es.josemariaescriva.info/index.php" rel='nofollow'>San Josemaría</a> a los que partían a otros países a hacer el Opus Dei: <em>ir a aprender</em>.</p>
<p>&#8220;Poco a poco uno se va haciendo a la comida, a la cultura, a los temas de conversación, a la ciudad, que es grande y bonita. El metro es una maravilla y si uno se pierde al principio, después se orienta sin problema”.</p>
<p><strong>Cebollas en vez de patatas</strong></p>
<div id="rlimgr"><img src="http://www.opusdei.es/image/gaby+y+mane+en+moscu.jpg" alt="" width="200" height="150" /></p>
<div id="rlimgf">&#8220;Poco a poco uno se va haciendo a la comida, a la cultura, a los temas de conversación, a la ciudad&#8221;.</div>
</div>
<p>Aunque algunas primeras fieles del Opus Dei en Rusia ya se han instalado profesionalmente, al principio, sólo se dedicaron a aprender el idioma, que no es fácil, porque tiene otra semántica y otra escritura: el cirílico.</p>
<p>“Al principio comprábamos cebollas en vez de patatas. Al llegar a la casa, nos moríamos de la risa contando nuestras equivocaciones. Ya domino más o menos el ruso, pero se necesitan 3 años para hablarlo correctamente. Lo importante es lanzarse cuanto antes con el ruso para poderles hablar en su propio idioma, lo que valoran mucho”.</p>
<p><strong>Formación para fortalecer las familias rusas</strong><br />
También ha surgido la necesidad de trabajar en proyectos de ayuda a la familia “que está bastante desprotegida. Hemos organizado ya dos <a href="http://www.opusdei.es/art.php?p=33623" rel='nofollow'>cursos de orientación familiar</a>, uno en junio del año pasado y otro en enero de este año, en un Centro Cultural de la zona céntrica de Moscú. Llegaron muchos matrimonios&#8221;.</p>
<p>&#8220;A raíz del interés demostrado, pensamos ir creando grupos de orientación familiar entre los mismos moscovitas porque existe una carencia muy grande en temas como la educación de los hijos o las relaciones entre marido y mujer, y la gente agradece enormemente la ayuda que puedan recibir. Esperamos dar dos cursos sobre conciliación familiar y trabajo durante este año”.</p>
<p>Otros proyectos son la búsqueda e instalación de un centro definitivo en Moscú y también  viajar con más frecuencia a San Petersburgo para empezar allí algún medio de formación estable. Estos planes los han puesto en  manos de la Virgen de Fátima.</p>
<p>“Descubrir que se puede ser <a href="http://www.opusdei.es/art.php?p=21603" rel='nofollow'>santo en la vida ordinaria</a> -concluye Gabriela-, que se puede encontrar a Dios en las cosas corrientes, en las actividades de cada día abre amplios y novedosos horizontes. Por ejemplo, una joven traductora que empezó a asistir a los cursos de formación espiritual me decía: &#8216;Pienso que el Opus Dei es todo lo que necesita mi alma porque es lo que me permite llevar a Dios en todo lo que hago. ¡Qué impresionante es que yo pueda llevar a Dios al traducir unos papeles o al hacer una traducción simultánea: puedo estar haciéndome santa y hacer apostolado también&#8217;”.<a><br />
</a></p>
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