Testimonios públicos de San Josemaría sobre el pueblo judío

movimiento Opus Dei  Tagged , , , , , , No Comments »

Tertulia con San Josemaría Escrivá en Altoclaro (Caracas, Venezuela). 14 de febrero de 1975. Asisten 5.000 personas.

-“Gracias Padre. Padre yo soy hebreo…”

- “Yo amo mucho a los hebreos, porque amo a Jesucristo con locura, que es hebreo. No digo era, sino es: Iesus Christus heri et hodie, ipse et insaecula. Jesucristo sigue viviendo, y es hebreo como tú. Y el segundo amor de mi vida es una hebrea, María Santísima, Madre de Jesucristo, de modo que te miro con cariño. Sigue.”

-“Yo creo que ya la pregunta está respondida, Padre.”

Tertulia con San Josemaría Escrivá en Tabancura (Chile). 5 de Julio de 1974

-“Padre, yo soy judía”

-“Mira, yo te voy a decir una cosa que te va a dar mucha alegría. Yo…, y lo he aprendido de este hijo mío, (señala a Don Álvaro), tengo que decirte que el primer amor de mi vida es un hebreo: Jesús, Jesús de Nazaret. ¡De tu raza! Y el segundo, María Santísima, Virgen y Madre, Madre de ese hebreo y madre mía y madre tuya. ¿Va bien así?

-“Sí Padre.”

Palabras de San Josemaría durante una tertulia en Villa Tevere, el 28 de febrero de 1971. Se conserva grabación magnetofónica.
((Los puntos suspensivos señalan palabras que no se entienden))

Yo quiero mucho a los hebreos; y tenéis bastantes hermanos hebreos —y hermanas— que son maravillosos y generosos. Y hay otros hebreos que son Cooperadores, y son muy generosos… Me acuerdo en este momento de uno muy viejo, que cogió… de otra nación americana y se plantó en México… para que le conociera, que ha regalado un colegio que tienen ahora vuestras hermanas. Ha regalado, pero después se han metido padres de familia, porque no nos interesa tener nada nuestro.

50 años del club Jara

movimiento Opus Dei  Tagged , , , , , , , No Comments »

La tarea educativa de esta conocida asociación juvenil del madrileño Distrito de Chamartín, celebra medio siglo desde sus inicios, que tuvieron lugar con el impulso de San Josemaría

Opus Dei -

“La formación que reciben nuestros hijos es una banqueta con tres patas: la familia, el colegio y el tiempo libre. Haber encontrado el Jara es como que nos haya tocado la lotería: sólo que en vez de dinero, el premio es una de las patas de la banqueta”. La explicación no es muy académica -o sí-, pero es la que da uno de los matrimonios responsables del actual Patronato del Club.

En la década de los cincuenta, San Josemaría Escrivá de Balaguer animó a padres de familia a poner en marcha iniciativas que sirvieran para que sus hijos y los hijos de sus amigos aprovecharan bien el tiempo libre y recibieran formación humana y cristiana. Con este objetivo han surgido en muchas ciudades del mundo centenares de clubs juveniles. El primero de ellos fue el Jara Club, que cumple 50 años este mes de abril.

Opus Dei - En la  conmemoración del 50º aniversario

En la conmemoración del 50º aniversario

Para conmemorar las Bodas de Oro se han organizado diversas iniciativas, como la edición de un libro de 114 páginas, con textos y fotos de las cinco décadas de su historia. El libro fue presentado el pasado día 3 de abril, en un acto público celebrado en el salón de actos de la Fundación Rafael del Pino, con sede en Madrid, al que asistieron más de un centenar de personas. En esta obra, combinando una narración histórica (por décadas), recuerdos de antiguos socios, y artículos sobre aspectos del proyecto educativo del club, se expone qué se hace en el Jara y qué aporta a quienes frecuentan las actividades que se organizan: culturales, deportivas, de solidaridad, etc.

Opus Dei - En una  fiesta del club

En una fiesta del club

En sus recuerdos de los inicios del Jara, recogidos en el libro del 50 aniversario, Tomás Alvira explica que “la idea del club juvenil, tal como la concibió San Josemaría, era de tal envergadura, que en su puesta a punto intervinieron catedráticos de universidad, profesionales de la Pedagogía, gente con experiencia y altura profesional, y –detalle no insignificante- gentes del Opus Dei que habían llegado en la primera hora y que habían sido formados directamente por el Fundador”.

La aportación del club juvenil

San Josemaría y los clubs juveniles es precisamente el título de uno de los epígrafes del libro. Como comenta su autor, José Carlos Martín de la Hoz, “en el Jara, recibimos formación, ejemplo y consejos prácticos para nuestra vida corriente; sólo consejos pues, como había dicho San Josemaría: “El consejo no quita la libertad, sino que da elementos de juicio, y esto amplía las posibilidades de elección, y hace que la decisión no esté determinada por factores irracionales. Después de oír los pareceres de otros y de ponderar todo bien, llega un momento en el que hay que escoger: y entonces nadie tiene derecho a violentar la libertad”. Después de unos años en el club, cada uno, libremente, fuimos decidiendo lo que haríamos con nuestras vidas. Pienso que nunca dejaremos de agradecer lo mucho que recibimos en aquellos años. Y, sobre todo, a San Josemaría que estaba detrás de todo aquello, y hoy sigue estando, como buen intercesor delante de Dios”.

Opus Dei -

Con palabras de José María Barrio, profesor titular de Antropología Pedagógica de la Universidad Complutense de Madrid, uno de los aspectos principales del proyecto educativo del club es que “aquí los jóvenes saben escuchar, ante todo porque se saben escuchados. (…)

Opus Dei -

El Club Jara no hace milagros. Los niños son niños y los adolescentes, pues eso, adolescentes. Pero hay siempre personas algo mayores que saben escuchar y, sobre todo, desde el primer día que pisaron el Club, los chicos saben que tienen al gran Amigo que siempre está ahí, en el oratorio, disponible para sus pequeñas confidencias. Hoy la formación de buenos ciudadanos en gran medida estriba en promover un auténtico ethos dialógico. Pero para dialogar hay que saber escuchar. Y para aprender a escuchar es bueno que los jóvenes sientan que alguien les toma en serio. Por eso hacen falta sitios como el Club Jara, verdaderos catalizadores de espíritu cívico y de amistad (…). Sitios, en fin, que serán focos que poco a poco vayan irradiando lo que Juan Pablo II llamó civilización del amor”.

Eventos conmemorativos

Los principales actos conmemorativos tuvieron lugar el día 19 de abril: la celebración de una Misa de acción de gracias por estos 50 años, en la Iglesia del Espíritu Santo, y un festival con las familias de los socios, actuales y antiguos, en el centro de enseñanza Tajamar. Otra iniciativa, coordinada por un grupo de padres de socios del club, es una romería de las familias al santuario mariano de Torreciudad (Huesca), del 25 al 27 de abril.

Opus Dei -

A lo largo del presente curso se están celebrando cenas con antiguos socios, organizadas por promociones, y se ha preparado una exposición de los 50 años del club, que quedará instalada en una de las salas de su sede (calle Pablo Aranda 16, Madrid).

Para más información, se puede visitar la página web www.jaraclub.com, que ha sido rediseñada con motivo del aniversario, al que se dedica un apartado especial.

Profesor de profesores

Africa  Tagged , , , , , , No Comments »

Luis Borrallo, del Departamento de Desarrollo de Strathmore, Kenia

Opus Dei -

Yo no me acuerdo del asunto; pero mi padre asegura que fue así. Cada cierto tiempo, como todos los padres, me hacía la consabida pregunta: “¿y ya te has pensado que vas a ser de mayor?” Yo le iba contestando, como todos los niños, según las aficiones del momento: unas veces quería ser piloto de carreras y otras aviador, torero, futbolista, hombre-bala… Hasta que un día –cuenta él- se me ocurrió decirle:

-Yo lo quiero ser es… ¡profesor de profesores!

Debí haber sacado algún suspenso en el Colegio para darle aquella respuesta, en la que late un afán por controlar las notas que me ponían los profesores, y quizás también la oportunidad de suspender a algún profesor mío; pero a mi padre le impresionó mi contestación, la tomó por su lado más trascendente, y pensó que era una declaración de principios; y desde entonces me la recuerda con frecuencia.

Lo divertido del caso es que ahora, al cabo de los años, sin pretenderlo, me dedico, en cierto sentido, a la formación de profesores.

Irlanda, Kenia

Para contar esta historia tengo que dar algunos datos previos: estudié en Madrid, donde conocí el Opus Dei, y desde muy joven manifesté mi deseo de sacar adelante la Obra en otros países. “-¿Qué idiomas sabes?”, me preguntó un director de la Obra cuando le dije que me gustaría marcharme a otro país. “- Por ahora, ninguno –le contesté- pero eso es fácil: es sólo cuestión de estudiarlos…”.

Opus Dei -

Las cosas no suelen ser tan sencillas, aunque en mi caso lo fueran: estudié inglés y me fui a Irlanda, donde viví diecisiete años, trabajando como profesor de idiomas, hasta que un día me preguntaron:

-¿Te gustaría ir a Kenia?

-Naturalmente, respondí; y todavía recuerdo la sorpresa de mi padre cuando le conté que me marchaba a África.

Y en Kenia me he convertido, al fin, en profesor de profesores, algo que, según mi padre (porque yo no me acuerdo) era mi vocación profesional desde mi tierna infancia.

Strathmore

Opus Dei -

Soy profesor en Strathmore University, una iniciativa docente impulsada por fieles del Opus Dei y cooperadores, con la ayuda de numerosos amigos, del país y del extranjero. Strathmore fue al principio un colegio de preparación para entrar en la universidad. Luego comenzó a dar cursos de contabilidad.

Más tarde comenzaron los cursos de Enseñanza Primaria, que después se completaron con los de Secundaria. En los años noventa, debido al alto número de alumnos y de cursos, los mayores se trasladaron a otro campus. Y desde 2002 Strathmore es, además de todo lo anterior, una Universidad. Todo esto da idea del ritmo de crecimiento y desarrollo de Strathmore.

Gracias a Harambee, una ONG europea nacida con ocasión de la canonización de San Josemaría, Strathmore University está organizando unos cursos de reciclaje pedagógico para profesores de primaria y secundaria. Me ocupo de la formación de estos profesores y de conseguir fondos. Y además de estos cursos para profesores, dirijo el departamento de Desarrollo.

La Universidad se encuentra en pleno proceso de crecimiento; crecimiento de personas, de instalaciones y de algo que suele acompañar este tipo de procesos: de necesidades y preocupaciones económicas.

Afortunadamente la Unión Europea ha proporcionado una ayuda económica relevante. A los expertos que vinieron a analizar el proyecto educativo por parte de la Unión les sorprendió constatar el carácter interracial que ha tenido este centro educativo desde sus comienzos, la calidad científica y el cuidado de las instalaciones materiales, en un medio social donde estos rasgos no son tan frecuentes. Gracias a la Unión hemos podido construir el edificio de aulas, un edificio de Bibliotecas y un salón de actos, además de crear un fondo de becas. Han ayudado también los gobiernos de Kenia e Italia.

Opus Dei -

En resumen: la respuesta a la petición de ayuda económica ha sido muy generosa, aunque insuficiente todavía para dar respuesta a los retos que plantea la situación del país.

Cinco mil alumnos

Strathmore cuenta en la actualidad con cinco mil alumnos, a los que el claustro de profesores procura formar lo mejor posible, porque es consciente del papel decisivo de la Universidad en África.

Antes de seguir, como llevo tantos años fuera de Europa, me gustaría dar algunos datos estadísticos, porque ignoro hasta que punto la realidad educativa keniana resulta conocida en el exterior.

En Kenia se ha establecido la Enseñanza Primaria obligatoria. Eso significa que el país cuenta con siete millones de niños escolarizados. Otra cuestión es la calidad de la enseñanza y los medios materiales de esas escuelas, que con frecuencia son elementales.

Opus Dei -

Y otra cuestión, más ardua todavía, es garantizar el acceso de esos niños a la Enseñanza Secundaria, porque en la actualidad el país sólo dispone de un millón de plazas disponibles para la Secundaria: es decir, tal como están las cosas, únicamente podría acceder a la Secundaria un niño de cada siete.

Y el embudo se hace aún más estrecho en el paso de la Secundaria a la Universidad, que cuenta sólo con 150.000 plazas.

Estas cifras dan idea de la magnitud del problema educativo; un problema urgente, porque Kenia necesita contar, cuanto antes, para desarrollarse en todos los órdenes, con personas bien capacitadas profesionalmente.

Los que trabajamos en Strathmore procuramos ayudar al país en la medida de nuestras fuerzas. En la actualidad, nuestros alumnos tardan una media de seis meses en encontrar trabajo tras terminar sus estudios. Es una media bastante buena, y eso resulta estimulante; pero quedan aún muchos retos pendientes.

Retos

Uno de esos retos es la sensibilización social de los estudiantes, de forma que se involucren decididamente, en la medida de sus posibilidades, en la resolución de los grandes problemas del país. Esa es la razón por la que se ha implantado en Strathmore, dentro del marco de la formación universitaria, un programa de voluntariado, obligatorio, de ocho semanas, que ya comienza a dar sus frutos.

Pienso por ejemplo en David, un universitario proveniente de una zona muy pobre del país, que pudo estudiar en la Universidad gracias a una beca de una multinacional cervecera. A finales de primer año debía hacer su programa de voluntariado y decidió organizar en su pueblo unas clases de informática para jóvenes. Al ver la buena acogida de esta iniciativa, siguió trabajando durante años en esta línea y ahora que ya ha terminado la carrera, está promoviendo, con la ayuda de una fundación internacional, una escuela en su pueblo. Ya ha conseguido siete mil euros para el proyecto.

Pienso que este tipo de actuaciones resultan particularmente decisivas porque, como es bien sabido, la resolución de los grandes problemas de África está en manos de los propios africanos, en gran medida.

Qué se puede hacer con 30 euros al mes

He hecho esta precisión, “en gran medida”, porque seguimos necesitando mucha ayuda del exterior. En esto mi padre, que es supernumerario del Opus Dei, ha colaborado mucho conmigo. Se puede decir que desde que me vine a África él se vino también aquí de alguna manera, porque desde entonces no ha cesado de hacer gestiones para conseguir ayudas para Strathmore por parte de amigos y conocidos.

La última vez que estuve en Madrid me presentó a uno de ellos. Era un padre de familia deseoso de ayudar, pero con escasa disponibilidad económica.

-Yo solamente te puedo dar 30 euros al mes –me dijo-. ¿Qué se puede hacer con eso?

Le sorprendió saber que con 30 euros al mes en Kenia se puede hacer mucho; y poco después le conté para qué habían servido aquellos 30 euros mensuales: Había un universitario, muy inteligente y trabajador, que no acababa de rendir en los estudios. Hablando con él, su tutor descubrió la causa. Era huérfano, tenía un hermano pequeño que dependía de él, y vivían de la generosidad de sus parientes, que los iban alojando durante temporadas en sus casas, muy lejos de la universidad, con lo cual, el poco dinero que tenía para comer se lo gastaba en transporte. Como resultado, muchos días no comía, y esto, unido a la falta de un lugar para estudiar, hacía que se resintiera en sus estudios.

Esa beca mensual de 30 euros le ha cambiado la vida. Ahora, con quince euros al mes, puede comer todos los días en la universidad –la comida está subvencionada-; y puede darle los otros quince euros a uno de sus tíos, que reside en una casa más cerca de la universidad.

En las cárceles

Hace años una persona que trabajaba en el sistema carcelario del país preguntó si Strathmore podía participar de alguna manera en el proceso de formación e integración social de los presos del país. En aquel momento no se pudo hacer nada por falta de recursos económicos.

La solución vino en el 2002 con motivo de la canonización de San Josemaría. Gracias a Harambee pudimos disponer de una ayuda económica para poner en marcha un programa de contabilidad básica para 140 presos.

Hemos seguido desarrollando este programa –sobre todo en la cárcel de Naivasha-, ampliando progresivamente el número de alumnos. Se les envían libros y ejercicios, que luego se corrigen, preparándolos de forma individualizada para los exámenes.

Este programa resulta muy útil para motivar a las personas que están en prisión: se produce en ellos un cambio de actitud muy positivo cuando advierten que hay sectores del “exterior”, de la sociedad, que están preocupados por su rehabilitación y futura reinserción social.

Las ayudas para este proyecto han sido muy generosas. Por ejemplo, un antiguo alumno de Strathmore, un indio no católico, ha donado un millón de chelines para ese proyecto, que se quiere extender al resto de las cárceles de Kenia.

Buscando ayudas

He vuelto de nuevo a Europa para buscar ayudas, y sin hacer valoraciones generales, que suelen ser injustas, tengo la sensación de que muchos europeos no aprecian del todo los numerosos recursos de los que gozan, por ejemplo, en el ámbito educativo. En Kenia el hecho de haber tenido acceso a una educación primaria ya significa mucho. Y para darles esa educación a sus hijos los padres sacrifican lo que haga falta: venden las tierras, las vacas, las cabras, hacen lo posible y lo imposible para que puedan ir al Colegio.

Tengo la impresión de que entre muchos europeos se da una percepción distorsionada de África. Es cierto: en África hay muchos problemas; hay corrupción; hay inseguridad… pero existe una juventud africana –a la que conozco, y en la que está la clave del futuro- con muchos valores: son jóvenes trabajadores, emprendedores, receptivos, abiertos…

Europa está haciendo mucho, pero pienso que todavía puede hacer muchísimo más por África.

Además, dentro del contexto africano, Kenia es un país clave, al estar rodeada por países con perfiles problemáticos, como Sudán, Etiopía, Somalia, Tanzania y Uganda. Si Kenia se desarrolla adecuadamente puede ser un ejemplo y un motor de avance para los países vecinos.

En Strahtmore trabajamos día tras día para hacer realidad ese desarrollo, que no es sólo un desarrollo material: es también humano y espiritual. Colaborar con ese desarrollo no es un deber de solidaridad, sino también de justicia, como recordó en tantas ocasiones San Josemaría.

Tres semanas en el corazón de África

Africa  Tagged , , , , , , No Comments »

¿Es un viaje de placer? No. Es un destino solidario: el que han emprendido una quincena de universitarias de Pamplona. Tres semanas intensas de julio en Uganda. Durante este tiempo han participado en un campo de trabajo en colaboración con otras estudiantes de Kampala (Makerere University). Lo ha organizado el Colegio Mayor Goimendi, obra corporativa del Opus Dei.

02 de agosto de 2004

Opus Dei -

Las estudiantes trabajaron en un colegio para huérfanos del SIDA. En un colegio y desde un colegio se pueden hacer muchas cosas. Marta Unceta, Belén Borell, Beatriz Ballesteros y M. Pilar Encabo, entre otras, dieron clases de apoyo escolar y realizaron actividades manuales y de ocio con los niños de la institución ugandesa.

Uno de los aspectos principales del proyecto se refiere al área sanitaria; no en vano, algunas de las voluntarias son estudiantes de Medicina. Con la colaboración de las universitarias del país llevaron a cabo actividades de sensibilización frente al SIDA e impartieron sesiones de educación para la salud: desde cómo curar una herida hasta como hacer un torniquete.

Las estudiantes también realizaron atención domiciliaria. Una de las partes del proyecto más preparadas fue la de las visitas a enfermos, en colaboración con el Medics Club de Uganda. Esta institución dispone de una clínica móvil en uno de los suburbios de Kampala, que se desplaza para ofrecer asistencia médica en las viviendas de los más necesitados.

Construir un criadero
Aprovechando la colaboración de las universitarias, el colegio quiso adelantar los trabajos de rehabilitación que se realizan periódicamente. Las jóvenes pintaron, limpiaron e hicieron sencillas tareas de albañilería. También participaron en la construcción de un criadero de pollos para el autoabastecimiento del alumnado del colegio.

Han sido días de intenso trabajo en los que no han faltado momentos difíciles. Natalia, alumna de cuarto de Medicina, comenta que estuvieron dos días sin poder beber: “fue duro, además sentíamos en el cuerpo los efectos secundarios del tratamiento contra la malaria”. De todas formas, el balance ha sido positivo. El contacto y la cooperación con personas necesitadas, además de ser un modo de practicar la virtud cristiana de la caridad, ayuda a cuestionarse los modelos de vida que, a menudo, imperan en los países más desarrollados.

“Este campo de trabajo –señala Natalia- es lo más impactante que he hecho en mi vida. Yo iba a ayudar, pero lo que he hecho es recibir; recibir la sonrisa de los habitantes del poblado que, ante las contrariedades –falta de agua, de luz…- jamás perdían la sonrisa. Se me ha alterado totalmente la escala de valores y me he dado cuenta de lo que realmente es importante”.

Otro aspecto que sorprendió a las estudiantes navarras es el sentido religioso que impregna la cultura del país. Las familias con las que coincidieron mostraron interés por conocer el Opus Dei y la vida de san Josemaría Escrivá de Balaguer.

Las empresas Conda, Sling y el Departamento de Enfermería Comunitaria y Materno Infantil de la Universidad de Navarra han colaborado también el proyecto ‘Uganda 2004’.

“Gracias a una amiga de mi barrio”

testimonio  Tagged , , , , , , No Comments »

Primera parte del testimonio de Christian Kadjo, numeraria del Opus Dei de Abidjan, capital de Costa de Marfil, país francófono situado al oeste de África, donde los católicos suman el 12% de la población.

Opus Dei -

Me llamo Christian y  soy de Abidjan, Costa de Marfil, un país francófono situado al oeste de África, donde los católicos somos solamente el 12%. La mayoría de la población es animista, una religión natural donde la gente cree en Dios, en unos espíritus buenos y malos, pero nada más.

Yo fui bautizada recién nacida, lo mismo que toda mi familia, porque mis padres son católicos.

Conocí el Opus Dei de una forma muy sencilla. Un día, saliendo de Misa, me encontré con una amiga de mi barrio que me dio una estampa de San Josemaría. En esta época era Siervo de Dios.

Mi amiga me contó que había conocido el Opus Dei y había ido por un Centro donde vivían unas mujeres, europeas en su mayoría. Me contó como vivían y rezaban, y me invitó a ir a este Centro.

Opus Dei - Situación de Costa de Marfil

Situación de Costa de Marfil

La verdad es que al principio me resistía a ir, porque no sabía de qué se trataba. No sabía si el Opus Dei era algo católico o no, hasta que una tía mía me dijo que había ido a Misa en un Centro. Entonces pensé: bien, voy a ir, aunque sólo sea para  ver qué se hace allí.

Pero lo dejé para más adelante porque estaba preparando un viaje a Inglaterra. Yo estudié empresariales y el programa de estudios de mi carrera, de cuatro años, incluía un viaje a Inglaterra. Yo estaba en cuarto y a punto de salir para Bryton, en el sur de Inglaterra. Así que le dije a mi amiga que cuando volviera del viaje iría a ver el Centro.

La meditación

A la vuelta fui a verlo. Era una casa sencilla, un chalet, y ese día tenían una actividad que llamaban meditación. Me explicaron que  una meditación es una oración personal de media hora, predicada por un sacerdote.

Aquello me hizo mucho bien. Nunca había oído hablar así del Evangelio, de Dios, de los mandamientos.

Me encantó: nunca había oído hablar de la meditación; era una cosa nueva para mí. Todavía me acuerdo del tema de la meditación, hace ahora 20 años: era el cuarto mandamiento. El sacerdote nos hablaba del modo de tratar a los padres y explicaba cómo, siendo una buena estudiante, se podía ser una buena cristiana. Aquello me hizo mucho bien. Nunca había oído hablar así del Evangelio, de Dios, de los mandamientos. Y terminó se acabó, pensé: “este lugar es estupendo”.

Encontré a varias amigas del colegio, que no sabía que iban por allí, y tras la meditación me quedé a charlando con ellas.  Pensaba ir la semana siguiente, pero no pude porque tuve que asistir a una boda. Pensé: “bueno, aunque sólo sea por educación,  voy a llamarlas para decirles  que no puedo ir, y que ya iré el sábado que viene”. Y a partir de entonces, fui una de las asistentes regulares a las meditaciones en Kaisedra, que así se llamaba el centro. Antes era para jóvenes; ahora se dirige a señoras casadas.

Entonces acudían por allí personas de todas las edades porque era el único Centro que había. Organizaban programas de formación muy diversos: un club para niñas, actividades para bachilleres, universitarias como yo, para señoras…

Roma. 26 de junio de 1975

fundador  Tagged , , , , , , No Comments »

Relato del cardenal Julián Herranz sobre la marcha al cielo de San Josemaría el 26 de junio de 1975

Opus Dei - Cardenal Herranz

Cardenal Herranz

El 26 de junio regresé a Villa Tevere desde el Vaticano a la hora habitual: poco antes de la una y media del mediodía. Nada más llegar me avisaron desde la Secretaría general:

-Suba enseguida. El Padre está muriéndose.

Me dio un vuelco el corazón y, rezando, subí rápidamente. Cuando llegué al segundo piso de la Villa Vecchia, don Álvaro, que en ese momento se hallaba en el dintel de la puerta de su cuarto de trabajo, donde yacía el Padre, me dijo:

—Ven, ven, porque tú también eres médico.

Entré inmediatamente y encontré al Padre en sotana, tendido en el suelo, con el rostro sereno, aunque sin respiración.

José Luis Soria, sacerdote y médico, estaba efectuándole la respiración artificial desde un rato antes. Fuimos alternándonos: unos segundos él y otros yo. Continuamos practicándole también el masaje cardíaco.

Yo no sabía lo que había sucedido, aunque supuse, como luego me informaron, que el Padre había sufrido un shock cardíaco. Acepté la Voluntad de Dios, pero le pedía que no se lo llevase tan pronto. De rodillas como estaba, le pedí con toda mi alma al Señor que aceptase un cambio: mi vida por la suya. La mía vale poco, le dije. La suya nos es necesaria a todos: a sus hijos, a la Iglesia, a la humanidad.

Y así estuvimos José Luis y yo, durante largo rato: una vez y otra, y otra… en silencio, con lágrimas en los ojos, hasta que nos dimos cuenta de que era inútil seguir. Todos los signos clínicos eran de muerte. Don Álvaro y Javier Echevarría, que en todo momento habían acompañado y atendido amorosamente al Padre, comunicaron formalmente la tristísima noticia a los miembros del Consejo General que estaban reunidos en una habitación contigua. También, por teléfono, a las mujeres de la Asesoría Central. En ambos casos, dándoles a la vez los oportunos consejos de piedad filial y de gobierno.

Opus Dei -

Trasladamos enseguida el cuerpo del Padre al oratorio de Santa María de la Paz. Horas después, mientras rezaba ante su cadáver, revestido con ornamentos sacerdotales, vino a mi mente, entre otros muchos entrañables recuerdos, la confidencia que el Padre nos hizo un lejano día de Navidad de 1953, junto al fuego de la chimenea de la sala de estar.

Nos dijo que quería escribir un libro sobre el borrico, ese animal bíblico con el que tanto le gustaba identificarse, porque había dado calor a Jesús en Belén y lo había llevado en triunfo a Jerusalén. Un animal que los hombres no suelen estimar pero que el Padre nos ponía como ejemplo: de humildad, de reciedumbre en el trabajo y de fidelidad en esa guerra de paz y de amor que sus hijos del Opus Dei y todos los cristianos están llamados a propagar en el mundo. Si llegaba a tener tiempo para escribir ese libro —nos dijo— lo titularía Vida y ventura de un borrico de noria.

Dios se lo llevó antes de que pudiera completarlo. Pero se conservan pasajes recogidos de sus conversaciones, de los que algunos, corregidos de su puño y letra, glosan las misericordias del oratorio de Pentecostés que él quiso ornamentar con escenas de borricos. Esos textos –recogidos en Crónica, una revista interna- son un símbolo de su vida. Entre otras maravillas de la “teología del borrico”, se lee:

«Al borrico le hubiese gustado llegar a la Navidad; calentar otra vez, con su aliento, al Niño. Pero estuvo de algún modo presente, en la blanca alegría de aquella noche, porque vinieron los ángeles e hicieron de su piel panderos y zambombas.

»La historia del borrico termina bien; muere trabajando. Y que lo destrocen después, que lo despellejen y hagan tambores para la guerra y zambombas para cantar al Niño Dios».

Así murió el Padre.

Roma, 1961-1965

Miércoles santo  Tagged , , , , , , No Comments »

“Al paso de Dios” es una biografía de San Josemaría escrito por François Gondrand

El viaje a España en octubre de 1960, así como los breves desplazamientos a diversos países europeos, no han sido más que cortas pausas en la vida habitual de Mons. Escrivá de Balaguer, ya que desde 1946, y sobre todo desde 1952, suele estar casi siempre en Villa Tévere, consagrado a las tareas de dirección del Opus Dei.

Al aproximarse a los sesenta años, no ha perdido nada de su vitalidad. En 1954 ha quedado curado de la diabetes, que tantos trastornos le causaba, de manera verdaderamente inexplicable. El 27 de abril de ese año, antes de almorzar, don Álvaro del Portillo le había puesto, como siempre, una inyección de insulina. Esta vez se trataba de una insulina de efecto retardado, que el médico le acababa de recetar. El efecto, sin embargo, no había tardado en producirse: nada más sentarse a la mesa, el Padre se había desplomado, quedando como muerto. Don Álvaro, que le acompañaba, le había dado la absolución, pues el Padre, antes de perder el conocimiento, así se lo había pedido. Luego, había tratado de hacerle volver en sí haciéndole tragar a viva fuerza un puñado de azúcar. Al cabo de unos quince minutos, había recobrado el conocimiento, pero no la vista, que tardó unas horas en recuperar.

A partir de ese momento, todos los síntomas de la diabetes habían empezado a mitigarse -sobre todo los fuertes dolores de cabeza-, hasta desaparecer por completo. Tenía la impresión de salir de una cárcel. Se veía -bromeaba luego- que el Señor había querido sanarle para que trabajase más… Esa era la lección que había sacado de aquel “choque anafiláctico” que, según el médico, hubiese debido causarle la muerte en algunos minutos…

Jornadas apretadísimas

Al celebrar su sesenta aniversario, el 9 de enero de 1962, se niega a considerarse “viejo”. La verdad es que su porte jovial impresiona tanto a los que le rodean como a los visitantes que acuden cada vez en mayor número a Roma para pasar con él un rato, aunque sea corto.

Conserva el pelo negro y, si sus gestos son tal vez un poco más pausados que antes, su rostro y su figura se han estilizado al perder peso. Sigue caminando deprisa, con la rapidez de quien quiere aprovechar el tiempo, y mantiene una viveza que le hace reaccionar enseguida, con energía o buen humor, ante lo que le dicen.

Ordenado por naturaleza, sabe multiplicar el tiempo (que, según él, para un cristiano no sólo es oro, sino también gloria), organizando al máximo su trabajo diario. Aplica, a la letra, lo que había escrito en Camino: ¿Virtud sin orden? -¡Rara virtud!

Se levanta temprano y hace un largo rato de oración mental antes de celebrar la Santa Misa. Con frecuencia -sobre todo con ocasión de ciertas fiestas litúrgicas o en aniversarios de fechas importantes para el Opus Dei-, predica a sus colaboradores más íntimos en un oratorio que, para sus hijos e hijas dispersos por el mundo, viene a ser como el corazón de la Obra. Allí, ante una gran vidriera que representa la venida del Espíritu Santo el día de Pentecostés, ha mandado colocar, cuando carecían hasta de lo más indispensable, un altar con un bello sagrario en que se lee lo siguiente: Consummati in unum. “Para que sean consumados en la unidad” (Juan, XVII, 23), palabras que le son muy queridas.

Los que tienen la suerte de escuchar lo que dice, que más que una prédica es una meditación en voz alta, suelen tomar nota, para transmitírselo a otros miembros de la Obra.

Durante el desayuno -muy frugal-, echa un vistazo a la prensa diaria. Luego, tras leer el breviario, empieza a despachar los asuntos ordinarios de gobierno, casi siempre acompañado por el Secretario General de la Obra, don Álvaro del Portillo. Mantiene también breves reuniones con los miembros del Consejo que gobiernan con él la Sección de varones y con los de la Asesoría Central, órgano equivalente para la Sección femenina. Todos los días le llegan al Padre informes del mundo entero que hacen referencia al desarrollo de los apostolados y a los asuntos que exigen una consulta.

A últimas horas de la mañana, recibe algunas visitas: miembros de la Obra que se encuentran en Roma, acompañados a menudo de sus familias; amigos que colaboran en actividades apostólicas de diversos países; personalidades que desean verle, pedirle consejo espiritual o recibir consuelo… El Padre no puede dedicarles demasiado tiempo, pero los minutos que pasan con él les dejan plenamente satisfechos, pues pone tanto interés en lo que les dice, es tan sincero, tiene tan buen humor y se esfuerza tanto en encontrar la expresión adecuada a cada situación, que sus palabras ayudan a todos a ser más fieles a su vocación cristiana.

El número de visitantes aumenta de año en año, pero no por eso deja de recibir a todos los que puede. Para él, esos encuentros personales son un medio más de hablar de Dios, de hacer apostolado.

Después del almuerzo -siempre muy sobrio, pues sigue comiendo poco-, conversa informalmente con sus colaboradores más íntimos y, siempre que puede, pasa un rato de tertulia con los alumnos del Colegio Romano, que viven en un edificio contiguo.

A continuación, vuelve a sus papeles, tras los cuales siempre ve almas. Prepara también homilías o instrucciones, o las revisa para su publicación. Dedica otro buen rato a la oración mental, reza el Rosario, lee algún capítulo del Santo Evangelio y un fragmento de un libro de espiritualidad.

Así es el plan de vida que sigue desde hace años. A todo lo cual hay que añadir sus entrevistas con miembros de la Curia Romana, o con cardenales u obispos que visitan Roma. Muchos van a verle para conocer el espíritu del Opus Dei de labios de su Fundador. El Padre se lo explica y les habla también de los problemas de la Iglesia, que ilumina con una profunda visión sobrenatural.

Su responsabilidad como Fundador y en el gobierno de la Obra

Mons. Escrivá concentra su excepcional vitalidad en su empeño por imprimir un impulso constante a los apostolados de la Obra en todos los países, actitud que sólo se ve compensada por su prudencia de buen gobernante. No toma ninguna decisión que no haya sido cuidadosamente estudiada colegialmente. Detesta la tiranía y la autocracia, tanto en la dirección de las tareas que se refieren a las almas como en el gobierno de las labores apostólicas. Afirma, con pleno convencimiento, que necesita la personal y responsable participación de los que componen los órganos de decisión que él preside, y así obra de hecho, reservándose, corno es natural, el derecho a dar su autorizada determinación para definir las diferentes cuestiones. Sus intervenciones son, por eso, decisivas, firmes, pues conoce la responsabilidad que tiene como Fundador. Se trata, en suma, de evitar cualquier desviación del espíritu que el Señor ha querido imprimir al Opus Dei, que es preciso mantener a toda costa e impedir que degenere a su muerte. En consecuencia, cuida hasta los menores detalles y no permite la menor negligencia, reveladora de una falta de amor, pues, a los ojos de Dios, todo es grande. Además, en los trabajos de apostolado no hay desobediencia pequeña.

Exigente con los demás como lo es consigo mismo, procura compensar siempre la fuerza de sus indicaciones, cuando se ve obligado a corregir a alguien en algo que contradice el espíritu de la Obra, con una señal clara de su afecto que llega directamente al corazón del interesado sin hacerle, por eso, olvidar la lección. De esta manera ha ido logrando formar a quienes le rodean y hacer de ellos formadores de sus hermanos mediante el ejemplo, la oración y las correspondientes indicaciones, asegurando así la perseverancia de todos.

Ha sabido, sobre todo, comunicar a sus hijos, desde el primer momento, la preocupación apostólica que tiene él mismo. La Obra debe desarrollarse con rapidez, sin temor a los inevitables obstáculos y contradicciones que encontrará en su camino. Ese impulso no debe proceder de un entusiasmo meramente humano, sino de una correspondencia al querer de Dios, fruto de la oración y, también, del sentido común… El Padre enseña a sus hijos a ir al paso de Dios, como él lo viene haciendo desde 1928.

Expansión y consolidación de los apostolados

En la década de los años sesenta prosigue, en efecto, la expansión de la Obra por nuevos países: Paraguay, en 1962, y Australia, donde se instalan cuatro norteamericanos en 1963.

Al año siguiente, dos filipinos que han conocido la Obra en los Estados Unidos regresan a su país. El Padre los recibe en Roma y les dice que hace años que viene rezando por los comienzos de la labor en esa puerta del Extremo Oriente que son las islas Filipinas.

En julio de 1965, algunos miembros de la Obra viajan a Nigeria, que no tarda en ser el segundo país del continente africano que se beneficia de los apostolados del Opus Dei, lo mismo que otro país europeo: Bélgica…

Pero el Padre se preocupa también de reafirmar la Obra allí donde ya ha comenzado a arraigar. Quiere garantizar la perseverancia de los primeros y la fecundidad de sus apostolados, pues, al fin y al cabo, la Obra no es más que una vasta empresa de “formación permanente” en el plano espiritual, una “gran catequesis” que exige muchas horas de dedicación. Por eso, quiere que se vayan abriendo, en diferentes países, centros de formación, de educación y de asistencia, que, como las primeras residencias de Madrid, antes y después de la guerra, constituyan un instrumento de apostolado y, al mismo tiempo, presten un servicio a la sociedad; centros que, por otra parte, cuenten con la ayuda de muchas personas capaces de comprender ese servicio y de actuar con generosidad. Finalmente, anima a sus hijos a tener iniciativas, a procurar buscar vocaciones en otras ciudades y entre todas las clases sociales, dentro de cada país.

Se trata, en suma, de mantener muy alto el punto de mira apostólico, siendo muy exigentes consigo mismos en lo que atañe a la vida interior y al trabajo, sin hacer la menor concesión al aburguesamiento.

Todo esto hace que las personas que se acercan al Opus Dei y establecen contacto con algún Centro de la Obra comprendan enseguida que no encontrarán allí ninguna ventaja material, sino que tendrán que dar. Mejor dicho: Tendrán que darse… y si son generosas, si no regatean, terminan por comprender que están recibiendo mucho más que lo que han dado, porque lo que ha comenzado a cambiar es la orientación de su vida, que, ahora, se encamina derechamente a Dios…

De esa fuente mana esa alegría constante, fruto del esfuerzo y la entrega, que tanto llama la atención de quienes frecuentan Centros de la Obra. Alegría contagiosa, que aproxima a Dios.

De ahí, también, el cariño que todos tienen al Padre, fruto de su agradecimiento al Fundador y de su preocupación constante por mantenerse unidos a la cabeza. Algo que, vivido a todos los niveles de la ágil estructura que sostiene a la Obra, da una coherencia y elasticidad al Opus Dei que también resultan sorprendentes. Se trata, en el fondo, de algo difícil de explicar, porque es sobrenatural. Un espíritu propio, inconfundible, que es, ya, un legado del Fundador.

En Villa delle Rose

En el otoño de 1962, cuando está a punto de iniciarse el Concilio Ecuménico, jóvenes procedentes de diversos países empiezan a llegar a Roma para seguir, durante dos o tres años, cursos de formación similares a los que hacen, en Villa Tévere, grupos de jóvenes de la Sección de varones. El lugar escogido es Villa delle Rose, la finca situada en Castelgandolfo que el Papa Juan XXIII ha cedido definitivamente a la Obra para que puedan organizarse allí actividades de formación ascética y doctrinal. La casa ha sido convenientemente restaurada y en ella se instalará, provisionalmente, el Colegio Romano de Santa María, que ya venía funcionando en Roma y que supone para las mujeres del Opus Dei un período intenso de formación junto a la sede de Pedro.

El 19 de diciembre de ese mismo año se abre en Barcelona el proceso de beatificación de una mujer del Opus Dei: Montserrat Grases, muerta a los dieciocho años en olor de santidad, a pesar de que hacía sólo año y medio que pertenecía a la Obra.

El Concilio Ecuménico Vaticano II

A raíz de una audiencia que le había concedido el 27 de junio de 1962 el Santo Padre Juan XXIII, Mons. Escrivá de Balaguer ha escrito una carta a todos sus hijos para pedirles que ofrezcan oraciones, así como su trabajo ordinario, por el éxito del Concilio.

En contra de lo que opinan muchos, piensa que puede durar bastante tiempo y que tal vez encuentre obstáculos imprevistos. Su sentido de la historia y su conocimiento de las debilidades humanas le hacen pensar así.

En todos los Concilios ha habido momentos de dificultad, porque a veces los hombres no dejamos actuar con plenitud al Espíritu Santo, ponemos obstáculos. Pero de todo eso tenéis que sacar más amor a la Iglesia, más unidad, más fidelidad, más obediencia, más sujeción al Magisterio eclesiástico y al Romano Pontífice. Y al final, siempre vence el Espíritu Santo.

Tal es la razón por la que pide a todos que recen más y que reciten, como él mismo hace con frecuencia, el Veni Sancte Spíritus.

En 1961 ha sido nombrado Consultor de la Comisión para la interpretación auténtica del Código de Derecho Canónico. De acuerdo con la Santa Sede, no participará como Padre conciliar en las tareas del Vaticano II, pero las seguirá de cerca. Además, muchos de los obispos y algunos de los expertos -teólogos y canonistas- que se encuentran en Roma con ocasión del Concilio le visitan en Villa Tévere. El Padre, sin interferir en absoluto en sus tareas, les anima, con el sentido de Iglesia que le caracteriza, a tomar parte activa en la Asamblea, respondiendo a las preguntas que le hacen con una rapidez y una seguridad que les deja impresionados.

Por otra parte, dos miembros del Opus Dei -el Obispo de la Prelatura de Yauyos y el de Chiclayo, ambos del Perú- figuran entre los Padres conciliares. En cuanto a don Álvaro del Portillo, que ha participado activamente en la preparación del Concilio como presidente de una de las Comisiones previas -la de los laicos-, ha sido nombrado por el Papa Secretario de una de las comisiones conciliares: la “De disciplina cleri et populi christiani”; siendo experto, también, de otras comisiones.

Todo ello va a suponer, para el Padre, una acumulación de trabajo mientras dure el Concilio, ya que don Álvaro no podrá dedicar mucho tiempo a las tareas de Secretario General de la Obra.

No importa, hijos míos -comenta Mons. Escrivá-: lo ha querido así el Santo Padre. Nosotros hemos de servir siempre a la Iglesia como la Iglesia quiere.

El 15 de noviembre, Juan XXIII comunica a los Padres conciliares que, a petición de algunos de ellos, ha decidido incluir una invocación a San José en el Canon de la Misa. Una alta personalidad eclesiástica que conoce la devoción de Mons. Escrivá hacia el jefe de la Sagrada Familia le telefonea el 8 de diciembre, en cuanto el Papa proclama solemnemente su decisión en el discurso de clausura de la primera sesión del Concilio. “Rallegramenti!” -dice-. “¡Felicidades! Al escuchar ese anuncio pensé inmediatamente en usted, en la alegría que le habría producido…”

Tal decisión es, en efecto, para el Fundador del Opus Dei, la proclamación del inmenso valor sobrenatural de la vida de San José, el valor de una vida sencilla de trabajo cara a Dios, en total cumplimiento de la divina voluntad.

La elección de Pablo VI

Cuando el 3 de junio del siguiente año, el Papa Juan, tras una dolorosa agonía, entrega su alma a Dios, el Padre, rodeado de los miembros del Consejo General de la Sección de varones del Opus Dei, reza enseguida un responso. Luego escribe a todos sus hijos para que ofrezcan sus oraciones por la misma intención y empiecen a rezar ya por el sucesor. Todos los sacerdotes de la Obra, por su parte, ofrecen misas por el Pontífice difunto.

Resulta elegido Papa el Cardenal Montini, quien había recibido a don Josemaría Escrivá con la mayor cordialidad cuando llegó a Roma en 1946. El Fundador del Opus Dei aprecia profundamente la inteligencia y la delicadeza de quien, a partir de ahora, será sobre todo, para él, el Papa, la Cabeza visible de la Iglesia, el representante de Cristo.

En cuanto se entera del resultado de las votaciones, Mons. Escrivá se recoge en oración para rogar a Dios que el pontificado de Pablo VI, que se inicia en una hora crucial de la historia de la Iglesia, abra a los ojos de los hombres la asistencia continua del Espíritu Santo.

Acompaña también al nuevo Papa, con el pensamiento y la oración, durante la peregrinación a Tierra Santa que Pablo VI emprende en enero de 1964.

El 24 de ese mismo mes, Mons. Escrivá tiene la alegría de ser recibido por el Papa en una audiencia privada de tres cuartos de hora que se inicia con un cariñoso abrazo del Santo Padre. Unos días más tarde, el Cardenal Secretario de Estado le confirma, en una carta, el consuelo que ha experimentado el Soberano Pontífice “al saber cómo tan crecido número de personas, diseminadas en los cinco continentes, practicando los altos ideales que el Opus Dei les propone, tan acomodados a las exigencias de los nuevos tiempos, tratan de servir a la Iglesia como Ella desea ser servida; por su conducta personal y profesional vigorosamente cristiana que une la contemplación a la acción, con el sublime afán de plasmar y de difundir en los más variados ambientes de trabajo los postulados de la verdad y de la santidad del Evangelio”.

Pablo VI vuelve a decir lo mismo unos meses más tarde, el 10 de octubre, durante una nueva audiencia privada al Fundador del Opus Dei, en el curso de la cual le regala un cáliz igual al que había ofrecido algunos meses antes al Patriarca Atenágoras, y le entrega una carta manuscrita -un quirógrafo- en la cual evoca por extenso el apostolado del Opus Dei, “nacido en este tiempo nuestro como una expresión pujante de la perenne juventud de la Iglesia”, constatando también, “con paterna satisfacción, cuanto el Opus Dei ha realizado y realiza por el Reino de Dios; el deseo de hacer el bien que le guía; el amor encendido a la Iglesia y a su Cabeza visible que lo distingue; el celo ardiente por las almas que lo empuja hacia los arduos y difíciles caminos del apostolado de presencia y de testimonio en todos los sectores de la vida contemporánea”.

El Padre sale profundamente conmovido de esta segunda audiencia.

Se lo dice, tal y como lo siente, a sus hijos e hijas, poniendo de relieve que, con esas palabras del Papa, se siente recompensado por tantas cosas ofrecidas “in laetitiae” en los treinta y siete años transcurridos desde la fundación de la Obra.

Un nuevo viaje a España

Al final del mes de noviembre de 1964, Mons. Escrivá vuelve a visitar Pamplona, esta vez para entregar, como Gran Canciller de la Universidad de Navarra, el título de doctor honoris causa al antiguo y al nuevo Rector de la Universidad de Zaragoza.

Nada más llegar, el Padre se reúne con un numeroso grupo de estudiantes en un Colegio Mayor, fundado en Pamplona unos años antes. Les habla, con entusiasmo, de sus responsabilidades futuras, para las cuales se están preparando ahora en la Universidad de Navarra: Estáis aquí como la buena harina dispuesta para la levadura, dentro del horno: va a ser un buen pan, para dar mucho alimento a las almas y a las inteligencias. Entre esas responsabilidades, cita una que consiste en ser sembradores de paz y de alegría, practicando el respeto mutuo.

La ceremonia de investidura de los nuevos doctores, que se celebra al día siguiente, reúne a más de trescientos profesores de diversas Universidades españolas y a representantes de las de Burdeos, Montpellier y Toulouse. Banderas de cuarenta países presentes en la Universidad a través de estudiantes de esas nacionalidades decoran el edificio central. A pesar de la lluvia, una gran multitud espera al pie del balcón principal para aplaudir al Padre, que va recibiendo a un grupo tras otro: profesores, representantes del Municipio y la Diputación, personal administrativo y subalterno de la Universidad, Comité del Patronato del Santuario de Torreciudad, Comité directivo de la Asociación de Amigos de la Universidad de Navarra (cuyos miembros han comenzado a llegar a Pamplona en diversos medios de transporte), un grupo de periodistas extranjeros…

El 29 de noviembre, más de doce mil personas se han concentrado en Pamplona para participar en la primera Asamblea General de la Asociación de Amigos de la Universidad de Navarra, una de cuyas tareas consiste en ayudar al sostenimiento de la Universidad. La Asamblea se celebra en el teatro Gayarre, cuya capacidad es a todas luces insuficiente. La inmensa mayoría de los hombres y mujeres que abarrotan la sala, de muy diferente condición y clase, han venido, sobre todo, para ver al Padre, escucharle y agradecerle, con su presencia y sus aplausos -que él no puede contener, a pesar de sus esfuerzos-, todo lo que ha hecho. Porque ha sido él quien, con su fidelidad a la gracia, ha transformado sus vidas, haciéndoles descubrir una vocación que les permite vivir la plenitud de la vida cristiana en medio de sus ocupaciones ordinarias.

Cuando, tras los discursos más o menos protocolarios, el Padre toma la palabra, propone a los presentes sustituir su alocución por un diálogo con ellos sobre los temas que prefieran. Un torrente de aplausos transforma inmediatamente lo que parecía una ceremonia oficial en una reunión de familia; todos tienen la impresión de estar cerca del Padre, aunque hay miles de personas…

Las preguntas fluyen de todas partes, del patio de butacas, de los palcos, del gallinero, provocando rápidas respuestas que unas veces hacen reír a los asistentes y otras, cuando subraya con fuerza temas importantes, son acogidas con profundo silencio: relaciones conyugales, educación de los hijos, vida de piedad, oración, frecuencia de sacramentos, problemas profesionales, cómo hacer compatibles las obligaciones familiares con un trabajo intenso…

Uno de los temas en los que el Padre insiste es el de la libertad de los cristianos.

-Padre, ¿por qué tiene tanto amor a la libertad? -pregunta alguien.

-Amo la libertad, porque sin libertad no podríamos servir a Dios; seríamos unos desgraciados. Hay que enseñar a los católicos a vivir, no de llamarse católicos, sino de ser ciudadanos que asumen la responsabilidad personal de sus acciones personales y libres. No hace mucho que escribía a una personalidad altísima -imaginaos lo que queráis, me da lo mismo-, diciendo que los hijos de Dios en el Opus Dei viven a pesar de ser católicos.

Para la mayoría de los oyentes, la alusión a la tentación de caer en el clericalismo es clara. Es tentador, en efecto, en un ambiente oficialmente católico, como el de España entonces, aprovecharse de la confesionalidad del Estado para obtener ventajas, a veces muy suculentas… Mons. Escrivá aprovecha la ocasión para reafirmar con energía que el Opus Dei no constituye, ni constituirá jamás, un “grupo de presión”. Sería contrario a su naturaleza y, además, imposible de realizar, dada la enorme diversidad social de sus miembros.

-¿Qué posición tienen los miembros del Opus Dei en la vida pública

de los países? -insiste otro.

-¡La que les da la gana!, con entera libertad. No me interesa la posición de cada uno, defiendo su libertad. De lo contrario, tampoco podría defender la mía. Y soy de una tierra donde no toleramos la imposición …

Fluyen las risas, porque nadie ignora que el Padre es aragonés.

Con todo, ese respeto de la libertad tiene sus raíces más hondas en la más sana tradición cristiana.

-No olvidéis que el mundo es cosa nuestra, que el mundo es nuestra casa, que el mundo es obra de Dios y lo hemos de amar, como hemos de amar a los que están en el mundo. Que es oficio nuestro consagrar a Dios el mundo, mediante esta dedicación al servicio del Señor, cada uno en el ejercicio de su trabajo ordinario, para ser testimonio de Jesucristo y servir también así a la iglesia, al Romano Pontífice y a todas las almas. Por eso, hemos de comprender el mundo, lo hemos de levantar, lo hemos de divinizar, lo hemos de purificar, lo hemos de redimir con Cristo, porque sois corredentores con Él.

El Padre regresa a Roma físicamente agotado, pero muy contento por haber podido hablar de Dios a un número de personas considerablemente más alto que en 1960, durante aquella otra visita a España. Es consciente de que ha animado a mucha gente a acercarse más a Dios, pero también de que ha aprendido mucho, viendo su deseo de luchar para mejorar su vida interior y por ejercer una influencia cristiana profunda allí donde Dios ha colocado a cada uno: en todas las encrucijadas del mundo, como predicaba y preveía ya en los años treinta…

El Papa, en un Centro del Opus Dei

Un año más tarde, el 21 de noviembre de 1965, Mons. Escrivá de Balaguer acoge al Papa Pablo VI a la entrada de un Centro situado en un barrio obrero de la periferia de Roma, el Tiburtino, donde la Obra desarrolla una importante labor apostólica.

Se trata del Centro E.L.I.S. (Educazione, Lavoro, Istruzione, Sport), que comprende una escuela de formación profesional, una residencia para los alumnos procedentes de provincias o del extranjero, un club deportivo y, aparte, una escuela femenina de hostelería.

Juan XXIII había decidido que los fondos recaudados para honrar a Pío XII con motivo de su octogésimo aniversario se destinaran a una obra social en algún suburbio de Roma carente de instituciones educativas o asistenciales, y había encargado a algunos miembros del Opus Dei la realización y la dirección del proyecto. Pablo VI, por su parte, había querido inaugurar personalmente el Centro después de celebrar Misa en la iglesia parroquial contigua, dedicada en honor suyo a San Juan Bautista y confiada a sacerdotes de la Obra.

Varios cardenales, un buen número de obispos presentes en Roma por razón del Concilio -que pronto va a clausurarse-, representantes del Ayuntamiento, de la provincia de Roma y del Estado italiano asisten a la ceremonia de inauguración, así como la inmensa mayoría de los habitantes del Tiburtino. Mons. Escrivá recuerda en su discurso el mensaje específico del Opus Dei -el valor santificante del trabajo- y el clima de libertad y de comprensión que se esfuerzan por crear en todas partes los miembros de la Obra.

El Papa, en su respuesta, añade a su discurso escrito unas palabras improvisadas para recalcar que conoce y aprecia desde hace tiempo al Fundador del Opus Dei y al Secretario General de la Obra, don Álvaro del Portillo.

Es ya de noche cuando, luego de haber visitado detenidamente la escuela de formación y las instalaciones de la Escuela de hostelería, abandona el Centro ELIS acompañado por portadores de antorchas.

Antes de subir al coche, después de haber pasado allí más de dos horas y media, el Papa abraza públicamente a Mons. Escrivá de Balaguer y le dice en voz alta: “Tutto qui, tutto qui è Opus Dei!” “¡Aquí todo es Opus Dei!”.

“Me llamo Leire…”

movimiento Opus Dei  Tagged , , , , , , No Comments »

Leire tiene 33 años. Se casó con Rober queriendo formar “un hogar luminoso y alegre”, expresión que aprendió de San Josemaría. Han pasado nueve años y tienen dos hijas con síndrome de Down. Con ellas, su hogar es más luminoso y alegre que nunca.

Opus Dei -

Me llamo Leire Zalba, nací en Durango el 26 de octubre de 1975, y soy la más pequeña de seis hermanas. Mis padres nos ayudaron siempre a crecer como cristianos, insistiéndonos en la importancia de querernos en la familia y de querer a los demás. Pienso que esto ha sido fundamental para que ahora, cuando todos hemos madurado, estemos muy unidos, “como una piña”.

Mi infancia fue muy normal. Al acabar el colegio me fui a Bilbao a estudiar Formación Profesional en el Centro Arangoya, que sacan adelante algunas personas del Opus Dei. ¡Qué cinco años! Aquí fue donde Dios tenia dispuesto cambiar mi rumbo, ya que yo venía muy “viva la vida que son dos días” y, realmente así hay que vivirla, pero bien.

Yo, en Arangoya, entendí lo que era el Opus Dei y pedí la admisión como supernumeraria. ¿Qué fue lo que me ayudó? La dirección espiritual, la oración y, otro factor al que yo le doy mucha importancia: el buen humor de la gente que me rodeaba.

En ese mismo año empecé a salir con Rober, el que hoy es mi marido. Como se puede ver, fue un año especial. Al acabar Arangoya tenía muy claro que quería estudiar Enfermería, pero no alcanzaba la nota media suficiente y estudié Educación Especial en San Sebastián. Tengo que reconocer que no empecé con muy bien pie, de nueve asignaturas, aprobé una y me desesperé; menos mal que mis padres en ese momento me animaron y me dijeron: “acaba el curso y después decidirás”. La verdad es que acabé los tres años de carrera con buen sabor de boca.

“Los dos luchamos por vivir un noviazgo cristiano: lo digo porque cuando tienes al lado a la persona que quieres, a veces, puedes hacer locuras. Rezábamos juntos y eso nos ayudaba, porque cuando luchas y respetas a la persona, la quieres más”.

En el último año de carrera, Rober y yo, decidimos casarnos. Acabé en junio y nos casamos el 2 de octubre de 1999. Fue un día precioso y la verdad es que pusimos mucha ilusión en prepararnos. Digo prepararnos, porque los dos luchamos por vivir un noviazgo cristiano, lo digo porque cuando tienes al lado a la persona que quieres, a veces, puedes hacer locuras. Nosotros intentábamos rezar juntos y eso nos ayudaba porque cuando luchas y respetas a la persona, la quieres todavía más. Nuestro plan era formar un “hogar luminoso y alegre”, y nos pusimos manos a la obra.

Al cabo de un año, nació Ander; después tuvimos a Asier; y más tarde, nacieron Nerea y Uribarri. No nos podemos quejar, Dios nos ha bendecido con estas cuatro joyas, cada cual más gorda, y digo esto porque las dos pequeñas tienen Síndrome de Down. Lo que al principio fue una desgracia se convirtió en un regalo de Dios, porque cuando aceptas su voluntad todo se convierte en eso, en un regalo de Dios. Nos apoyamos mucho en la familia y en nuestros amigos, que nos animaron mucho y nos siguen ayudando. San Josemaría Escrivá decía que Dios manda estas criaturas a las familias a las que ama mucho. Por eso Rober y yo nos sentimos muy afortunados de contar con estos hijos que nos ayudan a estar todavía más unidos. Además esta situación nos ha servido para no estar cerrados y abrirnos a otras familias que están en una situación similar.

Opus Dei -

En Durango, mucha gente nos admira, otros muchos piensan que estamos locos y les damos lástima por tener tantos niños y, encima, con síndrome de Down. Pero a nosotros nos importa muy poco todo eso, porque sabemos que el fundamento de nuestro matrimonio es agradar a Dios y por ello luchamos todos los días. Presentimos que estas dos niñas van a ser algo grande en esta vida. Son muchos los corazones que están transformando, en nuestra familia y en la gente de Durango.

La verdad es que cuanto más planificas tu vida, el Señor te da sorpresas como ésta y te cambia todo de un plumazo, sin avisar. También pensamos, desde lo más profundo del corazón que, si en alguna familia tenían que nacer estas niñas para ser acogidas y queridas incondicionalmente, era en la nuestra. ¡Esto es lo primero que nos dijimos cuando nos dieron la noticias y nos abrazamos inmediatamente después del parto! Sabemos que detrás de todo esto está la mano de Dios y que, iluminados con su gracia, sabremos afrontar todos los retos futuros.

“Imitando a Monseñor Escrivá he aprendido de nuevo a creer”

fundador  Tagged , , , , , , No Comments »

Testimonio de Peter Berglar, profesor Ordinario de Historia Moderna De la Universidad de Colonia
Capitulo de “Así le vieron”, libro que recoge testimonios sobre el Fundador del Opus Dei

Mientras aún vivía Monseñor Josemaría Escrivá, nunca le vi ni le escuché, y tampoco mantuve correspondencia con él. No obs­tante no tengo dificultad alguna para hablar de «encuentro», y de un encuentro que (dejando a un lado por una vez el matrimonio) considero el más importante de mi vida. En 1962 alguien me regaló Camino. Esas «máximas de vida de un sacerdote español, que tam­bién ha fundado no sé qué institución», como me dijo quien me regaló el libro, fueron a llenarse de polvo, después de echarles un vistazo superficial, al lado de las Reflexiones y máximas, de Goethe, en un estante de mi biblioteca.

En el invierno de 1973–74 vino a mi despacho de la universidad un estudiante que quería consultarme sobre diversos asuntos rela­cionados con mis clases. Finalmente –yo ya me había puesto de pie– me interpeló con una pregunta que me dejó desconcertado: «profesor, ¿usted cree que Dios es el Señor de la historia?». Por la tarde, cuando regresé a casa, le refería a mi esposa la «pregunta poco convencional» de un estudiante. No imaginaba que hubiera tenido un primer contacto con el espíritu de Josemaría Escrivá. A través de aquel alumno mío que (como supe más tarde) era un «hi­jo» suyo, un miembro del Opus Dei.

Unos meses después, ese estudiante me pidió que continuara la conversación, y les invité a mi casa a él y a un amigo suyo. Debo decir que no dejé escapar la anhelada ocasión de exponer amplia­mente mis ideas a aquellas «simpáticas personas, que irradian una alegría que no sé explicar», como luego le dije a mi mujer. Y, añado ahora, con la certeza de que ese día hablé demasiado, «personas pacientes», que me habían enseñado una silenciosa lección sobre el fundamento humano de cualquier apostolado cristiano.

En octubre de 1974 acepté la invitación para participar en un simposio que iba a tener lugar en Roma. Cuando observé, hablando con unos amigos, que se trataba de una actividad inspirada por sacerdotes del Opus Dei, constaté que la mayoría de ellos no sabían nada o casi nada del Opus Dei (como yo, por otra parte), pero que todavía algunos tenían ciertos «prejuicios». Ese tono vago me dejó perplejo, pero confieso que mi mujer y yo al volver de Roma par­timos con el propósito de «vivir con el que vive». Durante esos días, en Roma, conocí a algunas personas que habían vivido mucho tiempo cerca del fundador; pero, en contra de mi manera de ser, no acosé a nadie con preguntas sobre el Opus Dei, y nadie, por otra parte, intentó llevar artificiosamente la conversación a este tema.

Ahora me doy cuenta de que se trató de una nueva etapa de mi «encuentro sin encuentro» con Josemaría Escrivá. Le iba conociendo poco a poco, a través de sus hijos, sin saber la «teoría» de su mensaje. Si rememoro aquellos momentos, veo en ellos una ópti­ma ejemplificación de una reiterada frase suya: «Ocultarme y desa­parecer, para que brille sólo Jesús».

Pienso que dicha ocultación ha sido providencial en mi caso: de hecho, como historiador y escritor de profesión, estoy acostum­brado a buscar siempre un «objeto» preciso para analizarlo. Ha sido, para hacer una comparación, como que se hubiese hecho un gran favor a alguien que esta durmiendo y soñando -un favor que probablemente al despertar no habría aceptado porque su yo cobarde o perezoso habría cerrado la puerta- y este poco a poco al abrir los ojos, empezase a darse cuenta del regalo valorándolo v sopesándolo en sus manos, y también empezase a reconocer a su benefactor. Acerca de esta parte «nocturna» de mi encuentro poco puedo decir: sólo que me impresionó, tiempo después, cuando me enteré de que Josemaría Escrivá había rezado por mí desde el momento mismo en que uno de los participantes en el simposio le había hablado de mí. La parte «diurna» y consciente sólo había anotado que en aquellos días habla ganado algunos amigos sinceros, y que volvía a Alemania cambiado.

Desde que me había convertido al catolicismo, hacía ya tres decenios, la fe y la Iglesia se habían arraigado en lo más hondo de mi ser, aunque las veía a ambas aún como un depósito de fondos espirituales a disposición de mi arbitraria autonomía. A mis cin­cuenta y cinco años, con una esposa paciente, hijos ya mayores, un rosario de nietos y una casa en el campo, mi brújula iba en la dirección de la Fantasía vespertina de Hölderlin: «La vejez está llena de paz y tranquilidad…». En mis sueños anhelaba la «obra maestra», mi apogeo intelectual. Pero, a mi alrededor, tanta gente, tantos «obstáculos» para una paz merecida…

Cuando regresé de Roma, me di cuenta de todo. Recuerdo entonces que, en las conferencias que di en tres ciudades, pocos días después de mi regreso, veía a mis oyentes «de otra manera»: quizá era el deseo de hacer partícipe a quien se acercaba a mí de la afectuosa atención de la que yo mismo había sido objeto.

El 30 de junio de 1975 (Josemaría Escrivá había muerto cuatro días antes), mi esposa y yo le vimos y le escuchamos por primera vez, en la proyección de un encuentro suyo con un grupo de fami­lias. A partir de ese momento, mi «entendimiento», que se había detenido con respecto al corazón, volvió a recuperar el tiempo perdido.

Una imagen de San Josemaría en un pueblo aragonés

fundador  Tagged , , , , , , No Comments »

En una capilla lateral de la iglesia de Conchel se acaba de inaugurar una imagen de San Josemaría

Opus Dei -

Conchel es un pequeño pueblo de la provincia de Huesca, de la diócesis de Barbastro‑Monzón, de unos doscientos habitantes. Sus gentes son labradores y algunos trabajan también en las fábricas de Monzón, que está sólo a siete kilómetros. En su templo parroquial se conserva desde la época de los templarios un fragmento de la Vera Cruz. Desde hace años su párroco es don Amadeo, que compagina la atención a esta parroquia con la de otra iglesia y las clases de religión en el instituto de enseñanza media de Monzón. Ahora son tres los chicos de ese pueblo que ya han sido ordenados sacerdotes. Uno de ellos, don José Luis, está en Kazajstán desde hace años. También han salido varias vocaciones de religiosas para distintas comunidades. Y todo ello ‑lo afirma don Amadeo- es gracias a San Josemaría, que no descuida la atención a su tierra natal.

En 2002 se inauguró en Barbastro una iglesia dedicada a San Josemaría. Los barbastrenses se sienten orgullosos de ello y acuden con frecuencia a su intercesión. Don Amadeo quiso también colocar una imagen del fundador del Opus Dei en su parroquia de Conchel; respondía en parte a la petición que Francho, uno de sus monaguillos, le hizo cuando le preguntó: “¿Mosén, por qué no tenemos en la iglesia una imagen de San Josemaría”.

Opus Dei -

Buscó para ello un buen escultor y le proporcionó fotografías y documentación para que le sirviese de modelo. Meses después, el escultor le presentó la imagen acabada. La talla es de madera africana, mide 1,15 metros. Antes de colocarla en la iglesia quiso que fuese bendecida y aprovechó que el Prelado del Opus Dei iba a Torreciudad para ordenar a un grupo de fieles de la Prelatura, para que fuese él quien lo hiciese.

El día convenido D. Amadeo se presentó en el santuario con la imagen, acompañado de los tres seminaristas y otro sacerdote de la diócesis. El Prelado del Opus Dei les recibió y además de bendecir la imagen tuvo con ellos un rato de tertulia.

La imagen fue colocada después en una capilla lateral de la Iglesia de Conchel y desde entonces los feligreses del pueblo la valoran como un tesoro y acuden a su intercesión. Hay una cartela junto a la imagen que recuerda el texto de la bendición. Entre otras cosas dice: Esperamos que la colocación de esta imagen a la veneración pública de los fieles cristianos en la Parroquia de Santa María de Conchel sea motivo de crecimiento espiritual de los fieles de la Parroquia y a todos los que veneren su imagen San Josemaría les obtenga gracias abundantes desde el mismo Trono de Dios, Nuestro Señor.


WordPress Theme & Icons by N.Design Studio. WPMU Theme pack by WPMU-DEV.
Entries RSS Comments RSS Acceder