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	<title>Opus Dei Testimonios &#187; Prelatura</title>
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	<description>Testimonios sobre el Opus Dei y la vida cristiana</description>
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		<title>Palabras del Prelado del Opus Dei en Barcelona</title>
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		<pubDate>Wed, 15 Dec 2010 17:57:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>opusdeit</dc:creator>
				<category><![CDATA[movimiento Opus Dei]]></category>
		<category><![CDATA[Fundación Familiar Catalana]]></category>
		<category><![CDATA[penitencia]]></category>
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		<category><![CDATA[Viaró de Sant Cugat]]></category>
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		<description><![CDATA[El Prelado del Opus Dei participó el viernes y el sábado en varios acontecimientos en la capital catalana. Ofrecemos un breve resumen y los textos de las conferencias que pronunció en el IESE y en la UIC En calidad de Gran Canciller de la Universidad de Navarra, a la cual pertenece el IESE, Mons. Javier [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h2 style="text-align: center">El Prelado del Opus Dei participó el viernes y el sábado en varios  acontecimientos en la capital catalana. Ofrecemos un breve resumen y  los textos de las conferencias que pronunció en el IESE y en la UIC</h2>
<div>
<div><img src="http://www.opusdei.es/img/sp.gif" alt="" width="1" height="1" /></div>
<div><img src="http://www.opusdei.es/img/sp.gif" alt="" width="1" height="1" /></div>
</div>
<p>En calidad de Gran Canciller de la Universidad de Navarra, a la cual  pertenece el IESE, Mons. Javier Echevarría presidió este viernes la  apertura del Simposio Internacional &#8220;Ethics,  Business and Society&#8221;. La sesión, que se enmarca en el 50  aniversario de esta escuela de dirección de empresas, contó con la  asistencia de alrededor de un millar de personas.</p>
<p style="text-align: center">
<div style="text-align: center"><img src="http://www.opusdei.es/image/iese6.gif" alt="Opus Dei - " width="400" height="265" /></div>
<p>Mons. Echevarría centró su intervención en el humanismo cristiano en la  dirección de empresas. Tras recordar que la fe cristiana no es sólo un  simple humanismo, explicó que “es verdad que la lógica del mercado y las  relaciones estrictamente contractuales se basan en el intercambio, pero  ese comercio, ese trato, ha de llevar a la reciprocidad, de modo que  ambas partes salgan beneficiadas”; y reclamó “superar la estructura del  egoísmo, del mero utilitarismo, y sustituirla por la de la reciprocidad y  la donación”.</p>
<p>“Desde la perspectiva de la doctrina social de la Iglesia –dijo–, la  empresa es ante todo una comunidad de personas libres y responsables que  se asocian para lle­var a cabo una obra común, dentro de la cual  trabajan, aportan recursos, se desarrollan en su humanidad y contribuyen  eficazmente a la producción de bie­nes y servicios”.</p>
<p>La tarea del directivo empresarial, afirmó también el prelado del Opus  Dei, “exige formación, experiencia, capacidades técnicas y –no en último  lugar– ejercicio de las virtudes”. En este sentido, animó a los  asistentes a querer “a las personas, a todas y a cada una”, añadiendo  que “nunca pueden considerarse como simples recursos, o como números de  una estadística, o como piezas para el diseño de una determinada  estrategia”.</p>
<p>En su intervención, recordó a san Josemaría Escrivá, que “promovió” los  primeros pasos del IESE e impulsó su desarrollo.</p>
<p style="text-align: center"><strong>Visita a una escuela de Hospitalet </strong></p>
<div style="text-align: center"><img src="http://www.opusdei.es/image/pineda.gif" alt="Opus Dei - " width="400" height="597" /></div>
<p>A mediodía, el Prelado se desplazó L’Hospitalet de Llobregat, donde  visitó el colegio Pineda. Durante su estancia, bendijo una imagen de  Santa María Virgen, hecha por el escultor catalán Joan Mayné, autor  también del retablo del Santuario de Torreciudad. Allí pudo saludar a  padres y madres, alumnos y profesoras de este centro educativo. Los  animó a tratar la Virgen María como un modelo de persona que saben  querer y también los alentó a defender la dignidad de la mujer. Por  último pidió que recordaran a Benedicto XVI en sus  oraciones.</p>
<p style="text-align: center"><strong>Bendición de una imagen de san Josemaría Escrivá</strong></p>
<div style="text-align: center"><img src="http://www.opusdei.es/image/montalegre1.gif" alt="Opus Dei - " width="400" height="300" /></div>
<p>Por la tarde, Mons. Javier Echevarría visitó la iglesia de Santa María  de Montalegre, en el Raval, confiada a la prelatura del Opus Dei.  Acompañado por numerosos fieles y voluntarios de las tareas sociales que  han nacido alrededor de esta iglesia, Mons. Echevarría bendijo una  imagen de san Josemaría Escrivá obra del escultor japonés Etsuro Sotoo,  que actualmente trabaja en la Sagrada Familia. Entre otras cosas, el  Prelado animó a los asistentes a acudir san Josemaría y a darle gracias,  esforzándose también en adquirir una coherencia de vida, de acuerdo con  la fe cristiana.</p>
<p><strong>La familia en las enseñanzas de san Josemaría </strong></p>
<p>Invitado por la Universidad Internacional de Catalunya, Mons. Javier  Echevarría impartió la conferencia de Clausura del Congreso sobre Familia  y Sociedad celebrado estos días en Barcelona.</p>
<p>El Prelado defendió el modelo de familia cristiano como un modelo  positivo para el conjunto de la sociedad: “A todos beneficia el hecho  que haya muchas familias unidas, abiertas a la vida y con mentalidad de  servicio”.</p>
<p>“Difundir la verdad sobre la familia y el matrimonio se nos muestra como  una de las tareas prioritarias en la nueva evangelización. Es  obligación que corresponde a todos, a cada uno desde su propia posición  en la familia: como esposos, como padres, como hijos, como abuelos”.</p>
<p>Durante la conferencia, habló de algunos aspectos de las enseñanzas de  San Josemaría sobre la familia, referentes a la vida matrimonial, a la  educación de los hijos y a la irradiación cristiana de la sociedad. “En  el hogar se hace posible un aprendizaje que resulta imprescindible: la  necesidad de contar con los demás en nuestra vida, respetando y  desarrollando los vínculos que nos entrelazan unos con otros. Comprender  que he de darme gustosamente cada día, viviendo con una sana atención y  servicio a las personas que me rodean es uno de los grandes tesoros que  las familias cristianas, consecuentes con su fe, brindan a sus propios  miembros y a toda la sociedad”, afirmó.</p>
<p>La UIC, iniciativa de la sociedad civil a través de la Fundación  Familiar Catalana, fue creada hace 10 años. Tiene un ideario basado en  el humanismo cristiano, inspirado en las enseñanzas de San Josemaría  Escrivá. A petición de sus promotores, esta universidad cuenta con la  atención pastoral de sacerdotes de la prelatura del Opus Dei.</p>
<p>En un clima de conversación familiar, pese al alto número de asistentes,  Mons. Javier Echevarría mantuvo el sábado por la tarde un encuentro en  el colegio Viaró de Sant  Cugat con fieles de la Prelatura y amigos. Siguiendo el hilo de las  preguntas y anécdotas del público, el Prelado comentó varios aspectos de  la vida cristiana, como por ejemplo el amor a la vida, los hijos, los  derechos de los padres en la educación, el sentido de la Cruz o la  necesidad de dedicar diariamente algunos ratos a la oración. Como en  otros momentos del viaje, pidió los asistentes que no dejaran de rezar  por el santo Padre cada día, como una muestra del aprecio filial que los  cristianos debemos manifestar a quien es el vicario de Cristo a la  tierra. También quiso hacer mención del sacramento de la Penitencia. El  encuentro concluyó con un Padrenuestro para todas las autoridades,  políticas, eclesiásticas y militares, para que sepan llevar a término la  tarea a ellos encomendada.<a><br />
</a></p>
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		<title>Mons. Álvaro del Portillo</title>
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		<pubDate>Tue, 19 Oct 2010 09:45:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>opusdeit</dc:creator>
				<category><![CDATA[D. Álvaro]]></category>
		<category><![CDATA[Causa de Canonización]]></category>
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		<category><![CDATA[Postulador]]></category>
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		<description><![CDATA[Clausura de la fase instructoria de la causa de canonización de Mons. Álvaro del Portillo en el tribunal de la Prelatura del Opus Dei. En los últimos cuatro años, la vida y las virtudes de Monseñor Álvaro del Portillo (galería fotográfica) han sido objeto de estudio por parte de un tribunal de la Prelatura del [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h2 style="text-align: center">Clausura de la fase instructoria de la causa de canonización de Mons. Álvaro del Portillo en el tribunal de la Prelatura del Opus Dei.</h2>
<div>
<div><img src="http://www.opusdei.es/img/sp.gif" alt="" width="1" height="1" /></div>
</div>
<p>En los últimos cuatro años, la vida y las virtudes de Monseñor Álvaro del Portillo (galería fotográfica) han sido objeto de estudio por parte de un tribunal de la Prelatura del Opus Dei y, paralelamente, por parte de otro del Vicariato de Roma. Ambos tribunales han interrogado a numerosos testigos en relación con el anterior Prelado del Opus Dei.</p>
<div><img src="http://www.opusdei.es/image/_dsc0039.jpg" alt="Opus Dei - Mons. Javier Echevarría firma las actas" width="200" height="156" /></p>
<div>Mons. Javier Echevarría firma las actas</div>
</div>
<p>El tribunal de la Prelatura ha clausurado sus sesiones el 7 de agosto, en un acto que ha tenido lugar en el aula magna Juan Pablo II de la Universidad de la Santa Cruz, en Roma. El Prelado del Opus Dei, Mons. Javier Echevarría, ha presidido el acto.</p>
<p style="text-align: center">“Fue, ante todo, un hombre fiel”, ha dicho Mons. Echevarría en su alocución, hablando de su predecesor en el gobierno de la Prelatura. El Prelado ha recordado que hombre fiel significa hombre de fe. En el caso de don Álvaro, “fe en Dios, fe en la Iglesia, fe en el origen sobrenatural del Opus Dei y, por tanto, en el carácter divino de la empresa a la que el Señor le había llamado a colaborar”. Esta fe es la raíz profunda de su fidelidad al fundador, “de quien fue el más estrecho colaborador durante cuarenta años y, después, el primer sucesor al frente del Opus Dei”.</p>
<div style="text-align: center"><img src="http://www.opusdei.es/image/_dsc0062.jpg" alt="Opus Dei - El notario lacra las cajas con las actas" width="200" height="159" /></p>
<div>El notario lacra las cajas con las actas</div>
</div>
<p>El Prelado ha añadido: “Que don Álvaro, con su inolvidable sonrisa y su inalterable paz interior, con su firmeza en el cumplimiento del bien y con su humildad, nos ayude a irradiar en el mundo la luz de Cristo, por medio de un apostolado incesante que comunique a las almas la alegría del encuentro con Cristo. Recordad su enseñanza y su ejemplo: <em>hacer amable la verdad</em>, nos recomendaba” (texto completo en italiano).</p>
<p>El proceso del Vicariato fue clausurado el pasado 26 de junio en el palacio del Laterano. Fue, en la práctica, el último acto público del Cardenal Camillo Ruini como Vicario del Papa para la Diócesis de Roma.</p>
<div><img src="http://www.opusdei.es/image/_dsc0033.jpg" alt="Opus Dei - Los asistentes en el aula magna Juan Pablo II" width="200" height="160" /></p>
<div>Los asistentes en el aula magna Juan Pablo II</div>
</div>
<p>La causa de Mons. Del Portillo es la primera instruida en un tribunal de la Prelatura. El postulador de la causa, Monseñor Flavio Capucci, ha explicado que es praxis en la Iglesia que, cuando se tiene conciencia de la santidad de un Obispo, sea su propia circunscripción eclesiástica la que instruya el correspondiente proceso: de ahí que la Congregación para las Causas de los Santos haya reconocido al Prelado del Opus Dei como Ordinario competente para la instrucción de esta causa.</p>
<div>El próximo paso será la elaboración de la positio</div>
<p>Terminada la fase diocesana del proceso, el próximo paso será la elaboración de la <em>positio</em>, una biografía del candidato a los altares que debe demostrar que éste ha vivido en grado heroico las virtudes cristianas. La <em>positio</em> será presentada luego por el postulador a la Congregación para las Causas de los Santos para que la estudie y emita<a></a></p>
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		<title>La Prelatura del Opus Dei</title>
		<link>http://opusdeit.org/2010/10/la-prelatura-del-opus-dei-2/</link>
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		<pubDate>Mon, 18 Oct 2010 10:27:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>opusdeit</dc:creator>
				<category><![CDATA[movimiento Opus Dei]]></category>
		<category><![CDATA[2 de octubre de 1928]]></category>
		<category><![CDATA[apostolado]]></category>
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		<category><![CDATA[Prelatura]]></category>
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		<description><![CDATA[Breve biografía sobre el Fundador del Opus Dei escrita por José Miguel Cejas El Opus Dei es una prelatura personal de la Iglesia Católica, erigida por Juan Pablo II el 28 de noviembre de 1982 mediante la Constitución apostólica “Ut Sit”. En la actualidad forman parte de esta prelatura más de 80.000 personas de los [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h2 style="text-align: center">Breve biografía sobre el Fundador del Opus Dei escrita por José  Miguel Cejas</h2>
<p><strong>El Opus Dei es una prelatura personal de la Iglesia Católica, </strong>erigida  por Juan Pablo II el 28 de noviembre de 1982 mediante la Constitución  apostólica “Ut Sit”. En la actualidad forman parte de esta prelatura más  de 80.000 personas de los cinco continentes. La sede central del Opus  Dei —con la iglesia prelaticia de Santa María de la Paz— se encuentra en  Roma. El primer prelado del Opus Dei fue Mons. Álvaro del Portillo  (1975-1994). Le sucedió en 1994 Mons. Javier Echevarría.</p>
<p><strong>La finalidad del Opus Dei</strong> es contribuir a la misión  evangelizadora de la Iglesia, promoviendo entre los fieles cristianos  una vida coherente con la fe en las circunstancias ordinarias, a través  de la santificación del trabajo.</p>
<p>“<em>Santificar el trabajo</em>” significa trabajar según el espíritu de  Jesucristo: realizar la propia tarea con perfección, para dar gloria a  Dios y para servir a los demás, haciendo presente el espíritu del  Evangelio en todas las realidades temporales.</p>
<p>Para alcanzar ese fin, el Opus Dei proporciona formación espiritual y  atención pastoral a sus fieles y a las personas que se acercan a sus  apostolados, estimulándolas a llevar a la práctica las enseñanzas del  Evangelio, mediante un trabajo realizado con perfección, cara a Dios, y  el ejercicio de las virtudes cristianas: lealtad, laboriosidad, alegría,  etc.</p>
<p><strong>Los fieles del Opus Dei</strong></p>
<p>Forman parte de esta realidad eclesial numerosos hombres y mujeres, que  han elegido vivir el celibato por razones apostólicas. La gran mayoría  de los fieles —un setenta por ciento del total— están casados, y para  ellos la santificación de los deberes familiares forma parte primordial  de su vida cristiana.</p>
<p>Hay numerosos sacerdotes diocesanos que buscan la santidad en el ejercicio de su ministerio  según el carisma del Opus Dei. La Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz  —asociación de clérigos intrínsecamente unida al Opus Dei— les  proporciona aliento apostólico y acompañamiento espiritual. Los sacerdotes de esta Sociedad  Sacerdotal dependen de su obispo diocesano a todos los efectos.</p>
<p><strong>Medios de formación </strong></p>
<p>Escrivá definió el Opus Dei como una <strong>gran catequesis</strong>. Con esta  expresión caracterizaba la tarea evangelizadora del Opus Dei: dar una  profunda formación cristiana a los fieles de la Prelatura y a las  personas que se acercan a sus apostolados.</p>
<p>El medio habitual de esa catequesis es el apostolado que cada fiel  realiza en su entorno familiar y en el círculo de sus amistades y  conocidos.</p>
<p>La formación que da esta Prelatura —ya sea de carácter doctrinal,  ascético, apostólico, humano o profesional— se imparte de modo  personalizado, según las circunstancias de las personas a quienes se  dirija, con variedad de formulaciones y acentos específicos, según el  lugar y situación de cada uno. En unos casos serán unas lecciones de  teología en el colegio de los hijos o unas clases de doctrina cristiana  en un Centro del Opus Dei; en otros, unos retiros espirituales en la  parroquia o unos coloquios sobre ética profesional en el domicilio de  uno de los promotores. El apostolado —decía Josemaría Escrivá— es <strong>un  mar sin orillas</strong>.</p>
<p>Información</p>
<p>Para más información sobre el Opus Dei, se puede consultar <strong>Romana</strong>,  boletín oficial de esta prelatura, de periodicidad semestral, que  informa con amplitud de la situación del Opus Dei en todo el mundo:  nombramientos para los órganos de gobierno, apertura de nuevos centros,  actividades de las labores apostólicas, etc.</p>
<p><strong>Romana</strong> se publica en italiano, inglés y castellano, y se  distribuye por suscripción, que puede solicitarse a</p>
<p><em>En castellano.</em> Romana. Boletín de la Prelatura de la Santa Cruz y  Opus Dei, Vitruvio 3, 28006, Madrid (España). E-mail: romana-es@opusdei.org</p>
<p><em>En inglés.</em> Romana. Bulletin of the Prelature of the Holy Cross  and Opus Dei, 524 North Avenue, suite 200, New Rochelle, NY 10801 (USA).  E-mail: romana-usa@opusdei.org</p>
<p><em>En italiano.</em> Bollettino della Prelatura della Santa Croce e Opus  Dei, San´t Agostino 5 A, Roma (Italia). E-mail: romana-it@opusdei.org</p>
<p><strong>Oficina de información de la Prelatura del Opus Dei en España</strong></p>
<p>C/ Vitruvio, 3. 28006 Madrid.</p>
<p>Tel. 915 634 782</p>
<p>Fax: 914 117 426</p>
<p>E-mail: info@opusdei.es</p>
<p>www.opusdei.es</p>
<p><strong>Nacimiento: </strong>Barbastro, 9 de enero de  1902<br />
<strong>Ordenación sacerdotal: </strong>Zaragoza, 28 de marzo de 1925<br />
<strong>Fundación del Opus Dei: </strong>Madrid, 2 de octubre de 1928<br />
<strong>Fallecimiento: </strong>Roma, 26 de junio de 1975<br />
<strong>Beatificación: </strong>Roma, 17 de mayo de 1992<br />
<strong>Canonización: </strong>Roma, 6 de octubre de 2002</p>
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		<title>“El Opus Dei: Ficción y realidad&#8221;</title>
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		<pubDate>Sun, 17 Oct 2010 08:37:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>opusdeit</dc:creator>
				<category><![CDATA[movimiento Opus Dei]]></category>
		<category><![CDATA[bondad de Dios]]></category>
		<category><![CDATA[Concilio Vaticano II]]></category>
		<category><![CDATA[M.J.West]]></category>
		<category><![CDATA[Prelatura]]></category>
		<category><![CDATA[tareas humanas]]></category>
		<category><![CDATA[técnicas agrícolas]]></category>
		<category><![CDATA[Universidad de Piura]]></category>

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		<description><![CDATA[Capitulo de “El Opus Dei: Ficción y realidad&#8221;, un libro de M.J.West Ha sido un largo viaje por diez países, visitando docenas de labores en las que están implicadas miles de personas. Sin embargo, dada la extensión y el alcance del Opus Dei, no ha sido más que una aproximación. Había planeado visitar también Francia, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h2 style="text-align: center">Capitulo de “El Opus Dei: Ficción y realidad&#8221;, un libro de  M.J.West</h2>
<p>Ha sido un largo viaje por diez países, visitando docenas de labores  en las que están implicadas miles de personas. Sin embargo, dada la  extensión y el alcance del Opus Dei, no ha sido más que una  aproximación. Había planeado visitar también Francia, Alemania y Perú,  pero al final no me fue posible. En Perú hubiese querido conocer la  Universidad de Piura, donde los estudiantes con más medios financian la  educación de los que no disponen de recursos para hacerlo, así como la  labor que los miembros del Opus Dei desarrollan con los, indios,  ayudándoles a mejorar su educación y a aprender modernas técnicas  agrícolas.</p>
<p>Aunque había muchos más lugares a donde ir, creo que he realizado mi  propósito: dar a conocer algo del espíritu que anima al Opus Dei.  Reflexionando sobre el viaje, una vez concluido, me he dado cuenta de lo  bien que el Opus Dei se adecua tanto a los quehaceres ordinarios de los  hombres y mujeres que viven en el mundo como a la vida de la Iglesia; y  de hasta qué punto tenía razón Monseñor Escrivá cuando decía &#8220;sin  ninguna clase de arrogancia, con agradecimiento a la bondad de Dios&#8221;,  que el Opus Dei nunca tendría problemas de adaptación al mundo ni  necesidad alguna de ponerse al día, porque &#8220;Dios Nuestro Señor ha puesto  al día la Obra de una vez para siempre, dándole esas características  peculiares, laicales; y no tendrá jamás necesidad de adaptarse al mundo,  porque todos sus miembros son del mundo.&#8221;</p>
<p>Para darse cuenta de la perfecta sintonía existente entre la Prelatura  Opus Dei y la Iglesia Católica basta con echar un vistazo a algunos  documentos del Concilio Vaticano II. He aquí una breve cita, referente  al trabajo:</p>
<p>&#8220;Quienes se dedican a trabajos con frecuencia duros deben buscar su  perfección en sus tareas humanas, ayudar a sus conciudadanos y elevar el  nivel de toda la sociedad y de la creación, tratando de imitar con  caridad activa a Cristo, cuyas manos se ejercitaron en el trabajo  manual, y que, no cesa de actuar con el Padre para la salvación de  todos. Gozosos por la esperanza, llevando los unos las cargas de los  otros, por su trabajo diario asciendan a una santidad más alta y  apostólica&#8230; Por lo tanto, todos los cristianos, en cualquier estado de  vida, oficio o circunstancias, y a través de todo ello, se santificarán  cada día más si lo reciben todo con fe de la mano del Padre celestial y cooperan con la voluntad divina, manifestando  a todos en ese mismo servicio temporal el amor con que Dios amó al  mundo.&#8221;.</p>
<p>Y sobre el apostolado de los laicos, el Concilio dice:</p>
<p>&#8220;Para esto ha nacido la Iglesia: para, dilatando el Reino de Cristo por  toda la tierra, hacer partícipes a todos los hombres de la redención  salvadora y, por medio de ellos, orientar verdaderamente todo el mundo  hacia Cristo. Toda la actividad del Cuerpo Místico dirigida hacia ese  fin se llama apostolado, que la Iglesia ejerce a través de todos los  miembros, ciertamente con modos diversos; la vocación cristiana, por su misma naturaleza, es también vocación al  apostolado&#8221;.</p>
<p>Está claro, pues, que el Opus Dei no es, como algunos tratan de hacer  ver, &#8220;un grupo de presión&#8221; o movimiento conservador, sino una parte de  la estructura constitucional de la Iglesia católica. Su fundamento  jurídico es de la misma naturaleza, aunque diferente, al de una diócesis  territorial.</p>
<p>El Opus Dei ha sido, en efecto, objeto . de críticas, pero esto era  inevitable, pues el mismo Cristo dijo que el servidor no sería tratado  mejor que su señor, y aunque el que sea criticado no es por sí mismo una  prueba concluyente de que el Opus Dei esté divinamente inspirado, es  algo que ocurre siempre que algo o alguien se mantiene fiel a las  enseñanzas de Cristo.</p>
<p>Tal vez la impresión más fuerte y duradera de mi viaje sea que el  &#8220;espíritu&#8221; del Opus Dei no es una vaga generalización, sino algo  palpable, real. En todas partes, los miembros rezan, frecuentan los  sacramentos, procuran santificar su trabajo profesional, etc. Pero el  espíritu que los une se expresa de muy diversas formas. No sólo porque  sepan que toda profesión honrada puede acercarles a Dios -que un  profesor puede ser contemplativo en su trabajo, lo mismo que un  jardinero o un taxista-, lo cual ya es interesante en sí mismo, sino por  la enorme variedad de actividades y labores que llevan a cabo los  miembros del Opus Dei en distintos países e incluso dentro de un mismo  país; esto es lo que más me sorprendió.</p>
<p>Mientras en unos sitios el espíritu del Opus Dei se expresa a través de  una escuela de idiomas, en otros inspira una escuela agrícola y en  otros, una institución docente que evite la discriminación racial. Unas  veces, los miembros del Opus Dei enseñan a criar pollos; otras a ser  buenos economistas y hombres de negocios. En Japón, por ejemplo,  exhortan a trabajar menos tiempo; en México, a trabajar más. En algunos  países, como España, hay miembros del Opus Dei que forman campesinos,  que fundan centros académicos y universidades, clubs y colegios, que  construyen hospitales y santuarios, que procuran que los deficientes  mentales tengan un medio de vida, etc. Y en una sola ciudad, como Roma,  puede verse esa variedad en un solo Centro, ELIS, que ofrece una  diversidad de profesiones a una comunidad que antes carecía de las  instituciones sociales básicas más elementales.</p>
<p>Todo esto contradice la idea de que el Opus Dei es rígido y autoritario,  cuando en realidad es dinámico, maleable; su capacidad para responder a  muy diferentes necesidades es fruto de la libertad de que gozan sus  miembros. Ninguna organización rígida, petrificada, podría ofrecer una  gama tan amplia de iniciativas.</p>
<p>He de decir, para terminar, que aunque el viaje me dio oportunidad de  calar en su naturaleza, creo que no es posible expresar adecuadamente  con palabras el espíritu del Opus Dei. Comprendo a quienes piensan  sinceramente que el Opus Dei es una sociedad secreta, no porque lo sea,  sino porque creo que, en el fondo, es un misterio. Su aparición,  desarrollo y expansión son realmente maravillosos. Y seguramente es así  porque el Opus Dei forma parte del misterio que es la Iglesia, un  misterio que existe desde hace casi 2.000 años.</p>
<p>En la entraña de este misterio hay algo muy simple, tan sencillo que  nuestro complicado y retorcido siglo XX no es capaz de captar. No se  trata tanto de algo nuevo como de algo que arroja una nueva luz sobre  realidades que siempre han estado ahí: la vida ordinaria, la familia, el  trabajo, la amistad y el servicio a Dios. Las siguientes palabras del  fundador del Opus Dei resumen lo que expresó repetidamente a lo largo de  su vida, una vida dedicada a extender por el mundo el Opus Dei, la obra  de Dios:</p>
<p>&#8220;Sueño -y el sueño se ha hecho realidad- con muchedumbres de hijos de  Dios, santificándose en su vida de ciudadanos corrientes, compartiendo  afanes, ilusiones y esfuerzos con las demás criaturas. Necesito  gritarles esta verdad divina: si permanecéis en medio del mundo, no es  porque Dios se haya olvidado de vosotros, no es porque el Señor no os  haya llamado. Os ha invitado a que continuéis en las actividades y en  las ansiedades de la tierra, porque os ha hecho saber que vuestra  vocación humana, vuestra profesión, vuestras cualidades, no sólo no son  ajenas a sus designios divinos, sino que El las ha santificado como  ofrenda gratísima al Padre.&#8221;<a><br />
</a></p>
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		<title>Una agencia para el espíritu</title>
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		<pubDate>Sat, 16 Oct 2010 09:17:59 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Un capítulo del libro &#8220;Opus Dei. Una investigación&#8221; de Vittorio Messori Recobremos aliento, después de tantas consideraciones teológicas y espirituales: estas páginas pretenden ser de información, no deformación. Para esto último la Prelatura dispone de publicaciones de gran valor y eficacia: a ellas remito al lector, en el caso de que no le baste las [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h2 style="text-align: center">Un capítulo del libro &#8220;Opus Dei. Una investigación&#8221; de Vittorio Messori</h2>
<p>Recobremos aliento, después de tantas consideraciones teológicas y espirituales: estas páginas pretenden ser de información, no deformación. Para esto último la Prelatura dispone de publicaciones de gran valor y eficacia: a ellas remito al lector, en el caso de que no le baste las explicaciones que he dado y que daré a continuación acerca del fin teológico-pastoral-espiritual del Opus Dei.</p>
<p>A propósito del «fin», me permito destacar que, a la vista de lo anterior, tenía yo razón cuando anticipé que en el origen de todo sólo hay motivaciones radicalmente religiosas: siempre es gratificante confirmar que uno tenía razón. De ahí la dificultad de entender la Obra cuando no se emplean categorías religiosas, cuando no se mira desde el punto de vista de quien se mueve por el deseo de emplear su vida -de cara a la eternidad, por si fuera poco- de acuerdo con preocupaciones e intereses que nacen de la fe, no del deseo de ganar dinero y de ascender.</p>
<p>Tampoco estaba equivocado cuando les advertí de que las cosas son mucho más sencillas de lo que aparentan o de lo que muchos creen; incluso -como bien saben- de lo que creen muchos de dentro de la Iglesia.</p>
<p>«Original» es, según la etimología, «lo que vuelve a los orígenes». Eso es lo que buscó Escrivá, en esto reside su «originalidad»: en regresar a las raíces. Por eso, decía que «el modo más fácil de entender el Opus Dei es pensar en la vida de los primeros cristianos».</p>
<p>A la postre, todo se reduce a un planteamiento de este tipo: «¿Has recibido el bautismo? Pues sé consciente de lo que significa y esfuérzate por ser consecuente, vive conforme a lo que te propone la Iglesia, que al administrarte ese sacramento te ha introducido en ese Cuerpo cuya Cabeza es Cristo. Hazte santo (puedes; todos pueden, si tienen confianza en la ayuda de Dios que no puede faltar, puesto que la &#8220;perfección&#8221; de todo hombre, de toda mujer, es una voluntad explícita suya), en el mismo sitio en el que estás y, aparentemente, sin que nada cambie. Sigue en tu trabajo, continúa con tus compromisos profesionales y personales. Recuerda que, en un planteamiento de fe, todas las ocupaciones tienen gran valor, por insignificantes que sean a los ojos de los hombres; todas son de gran importancia, aunque objetivamente sean modestas, porque su importancia depende del amor a Dios y a los demás que ponen en ellas los que las realizan. Salvo vocaciones especiales, Dios no pide singularismos, cosas raras, actos clamorosos de heroísmo: tú también estás llamado al heroísmo, ciertamente, pero dentro de ti, en un contexto íntimo, privado, de &#8220;normalidad&#8221;. Reza mucho, más aún: reza en todo momento, pero sin agobios ni exhibicionismos, transformando tu trabajo en oración, sea cual sea, ofreciéndolo por una intención sobrenatural, y cumpliéndolo del mejor modo posible por amor de Dios y a los demás».</p>
<p>De la búsqueda de la «santidad» deriva la necesidad -mucho más que un deber- del «apostolado». Un apostolado normal, discreto, espontáneo, «tranquilo», como es el estilo de vida cristiana del cual procede.</p>
<p>«Los miembros del Opus Dei ejercitan el anuncio del evangelio a sus hermanos, sobre todo por medio del ejemplo que dan a los que les rodean, a sus colegas y compañeros de trabajo, en la vida familiar, social y profesional, esforzándose siempre y en todo lugar por ser mejores». Así decía en 1950 el primer decreto eclesial de aprobación solemne de la Obra (según la figura jurídica canónica de «instituto secular», aceptada a falta de otra mejor).</p>
<p>Las últimas palabras de ese Decreto que he puesto en cursiva merecen una explicación. Así las comenta Dominique Le Tourneau: «El trabajo bien hecho siempre es ejemplar. El cristiano debe realizarlo con toda la perfección de que sea capaz en el plano humano (competencia profesional) y en el divino (por amor de Dios y para servir a las almas), mostrándose así como una obra bien hecha. Difícilmente se puede santificar el trabajo si no se hace bien, con la mayor perfección posible. Será casi imposible lograr el indispensable prestigio profesional, calificado por Mons. Escrivá de &#8220;cátedra desde la cual se enseña a los demás a santificar ese trabajo y a acomodar la vida a las exigencias de la fe cristiana&#8221;. De aquí la necesidad de una formación profesional constante, con objeto de adquirir toda la ciencia humana de que se sea capaz. Para arrastrar a los demás, cada cual deberá empeñarse en cumplir su tarea como el mejor y, de ser posible, mejor que el mejor».</p>
<p>Comienza a vislumbrarse el origen de las habladurías sobre el «poder» de los miembros del Opus Dei. Si ponen todo el esfuerzo posible en su trabajo, no es extraño que muchos acaben por destacar. Pero esta excelencia profesional es para ellos «el medio para poder ayudar a los demás». A condición, claro está, de que actúen de buena fe. Pero, ¿hay alguna razón para dudar a priori de esa buena fe? ¿Quién les obligaría a tanto esfuerzo? ¿Acaso no hay logias y clubes donde se obtiene mucho más con un coste personal mucho menor?</p>
<p>Hay una pregunta que, antes o después, se escucha a propósito de los miembros del Opus Dei: «¿cuál es la fuerza que les impulsa a trabajar tanto, a estar siempre al día, a ser tan buenos profesionales?».</p>
<p>La estrategia y el estilo de este compromiso apostólico son tan «familiares» y discretos como extraordinariamente eficaces (los resultados son elocuentes, aunque el fondo de</p>
<p>los corazones escapa a cualquier estadística. Así lo confirma el propio Escrivá: «Trabaja donde estás, procurando cumplir los deberes de tu estado, acabar bien la labor de tu profesión o de tu oficio, creciéndote, mejorando cada jornada. Sé leal, comprensivo con los demás, y exigente contigo mismo. Sé mortificado y alegre. Ese será tu apostolado. Y sin que tú encuentres motivos, por tu pobre miseria, los que te rodean vendrán a ti, y con una conversación natural, sencilla -a la salida del trabajo, en una reunión de familia, en el autobús, en un paseo, en cualquier parte&#8230;-». Es, como ya sabemos, el «apostolado de amistad y de confidencia», sin púlpitos, prédicas, retórica ni teologías abstrusas (aunque siempre dentro de la ortodoxia católica: se proporciona una continua formación específica para lograrlo); en el coloquio téte-á-téte entre dos personas; y principalmente de colega a colega, pues no en vano el trabajo es el núcleo central.</p>
<p>Por decirlo con una cita del beato: «Esas palabras, deslizadas tan a tiempo en el oído del amigo que vacila; aquella conversación orientadora, que supiste provocar oportunamente; y el consejo profesional, que mejora su labor universitaria; y la discreta indiscreción, que te hace sugerirle insospechados horizontes de celo&#8230;».</p>
<p>Ese es el «fin», esa es la estrategia que el Opus Dei propone a los católicos, con todas las bendiciones de la Iglesia, tanto universal como local.</p>
<p>Buen programa -¿quién podría negarlo?- para un creyente.</p>
<p>Pero también podría parecer fascinante a personas alejadas del sérail católico, ya que el porcentaje de «conversos» en edad adulta es considerable.</p>
<p>Y también porque, junto a la Obra, se encuentra el numeroso grupo de los «cooperadores», que -como dice una autorizada fuente- podrían definirse como: «personas que, sin ser miembros del Opus Dei, ayudan a la Prelatura con su oración -si son creyentes-, con su trabajo o con su ayuda económica. Constituyen una asociación propia e inseparable de la Obra». Y atención a lo que sigue: «pueden ser cooperadores hombres y mujeres no católicos, no cristianos e incluso no creyentes, sin confesión religiosa alguna. El Opus Dei es la primera institución de la Iglesia que llama a colaborar en modo orgánico a no católicos, no cristianos, agnósticos, ateos».</p>
<p>He llamado la atención sobre este último punto porque es otro de esos casos donde la realidad no corresponde en modo alguno con la imagen consolidada que tiene la Obra en la opinión pública, sospechosos de ser una especie de secta impenetrable de fanáticos katólicor (con la k incluida), defensores recalcitrantes de los decretos dogmáticos y los anatemas del concilio de Trento y del Vaticano I, intolerantes y cerrados a cualquier apertura ecuménica. Por contraste, se descubre que es «la primera institución de la Iglesia» que, entre sus «cooperadores», concede un lugar a los que hemos mencionado.</p>
<p>Un buen programa, repito, el del Opus Dei: desde el punto de vista religioso y también en una perspectiva humana. Pensándolo bien: ¿quién no querría tener como compañero de trabajo a un colega que se esfuerce por vivir en serio un ideal semejante? ¿Qué propietario de un coche, comprado a plazos con tanto sacrificio, si tiene una avería grave, no desearía toparse con un mecánico (o con un chapista) miembro del Opus Dei, para poder estar seguro de que le hará una reparación impecable, facturada como es debido y a un precio justo? Pero no gratis, y probablemente sin descuento. Presten atención al pragmatismo del punto 979 de Cansino: «Es condición humana tener en poco lo que poco cuesta. Esa es la razón de que te aconseje el &#8220;apostolado de no dar&#8221;. Nunca dejes de cobrar lo que sea equitativo y razonable por el ejercicio de tu profesión, si tu profesión es el instrumento de tu apostolado».</p>
<p>Verdaderamente, es un buen programa. Si les convence, si piensan que podría ser lo suyo, ¿qué habría que hacer para ponerlo en práctica? Les responderán que es la cosa más sencilla del mundo: basta con dirigirse a la «Prestigiosa agencia de servicios espirituales» fundada en Madrid en 1928, que desde 1947 tiene su sede central en Roma y cuenta con filiales en todo el mundo. Pónganse en contacto con la agencia y -además del impulso misterioso y gratuito que les ha movido a tomar esa resolución: la «vocación»- apliquen su buena voluntad, su disponibilidad. De lo demás se ocupará la agencia en cuestión.</p>
<p>No se trata de una broma: tras haber leído, visto, indagado e interrogado, mi opinión es que así son las cosas. Si esta opinión fuera correcta, se aclararían también algunas facetas de la Prelatura que suscitan sorpresa y desconfianza.</p>
<p>El joven sacerdote contempló dos cosas en aquella famosa «visión»: 1) la posibilidad -más aún, la necesidad- de que todos los bautizados se santifiquen a través de su trabajo, cualquiera que sea, y de su vida ordinaria; y en consecuencia, la posibilidad -que también aquí es necesidad- de ser misioneros de su fe, «apóstoles»; 2) que a ese sacerdote español se le confió no sólo anunciar ese mensaje, antiguo y nuevo como el evangelio, sino también la tarea de crear una institución, una estructura eclesial para que los llamados a ella puedan realizar ese programa.</p>
<p>Por eso la comparo a una «agencia», a un «ente» -una authority, dirían los ingleses- para pasar de la potencia al acto, para traducir en realidad ese «sueño» cristiano. En el fondo, a lo largo de su vida el fundador no trabajó en otra cosa que en la puesta a punto de esta estructura, para hacerla lo más eficaz posible para el fin previsto.</p>
<p>Pippo Corigliano, ingeniero napolitano, numerario, director de la Oficina de información de la Prelatura en Roma, en esos fax que ha de enviar casi todos los días para desmentir el último bulo, suele usar con frecuencia una comparación. «El Opus Dei es como una gasolinera espiritual: quien quiere viene y llena el depósito, y vuelve cuando necesita más carburante o precisa una revisión de su vida interior». Así se expresa el eficiente y amable Corigliano, que ha sido mi guía en este viaje para conocer su familia, y al que he torturado hasta el punto que prefería usar el cilicio antes que estar conmigo.</p>
<p>La imagen de «agencia de servicios espirituales» no me parece muy distinta, en sustancia, de la de «gasolinera de almas». Y no es por presumir de saber más que el ingeniero portavoz de la Obra (¡sólo faltaría eso!), pero a veces las cosas se ven mejor «desde fuera» -como en mi caso-, y la imagen de la agencia, con los límites de cualquier metáfora, se acerca más a la realidad que la de la gasolinera. De hecho, hay gente que acude a la primera gasolinera que se encuentra, y no vuelve más; ni se debe un agradecimiento especial al distribuidor; ni el usuario puede elegir, porque todas las gasolinas son iguales&#8230;</p>
<p>No sucede lo mismo en el Opus Dei, donde para marcharse las puertas están abiertas (según una clara y repetida frase del fundador, al que le gustaba añadir: «en el Opus Dei está quien le da la gana, que es la más sobrenatural de las razones&#8230;»), pero hay que llamar a la puerta para entrar, y demostrar que lo que se busca en la agencia es disfrutar de esos «servicios»: es decir, que a uno le empuja esa fuerza enigmática que la teología cristiana llama «vocación».</p>
<p>Esto no es una proclama hipócrita; lo que hemos señalado en las páginas anteriores parece demostrar que sucede de veras. «La confirmación de que se necesita una específica vocación divina está en el hecho de que hay millares de cooperadores que conocen el Opus Dei desde hace diez, veinte o treinta años y contribuyen con generosidad a sus apostolados, pero no solicitan entrar en él. Y no porque no sean dignos ni capaces de santidad: simplemente, porque su camino es otro».</p>
<p>Ya hemos visto que el Opus Dei no es un partido: a sus miembros le están permitido militar en cualquier corriente sociopolítica, siempre que esté dentro de los límites «católicos», que son mucho más amplios de lo que se creía hasta hace poquísimo tiempo, en particular en la Iglesia italiana, condicionada por una situación histórica singular. No es tampoco un club, y por eso no se «inscribe» uno porque esté convencido por el programa, o por otras razones «humanas». Se puede solicitar la entrada sólo si se siente haber recibido una llamada.</p>
<p>La vocación realiza una selección misteriosa, que debe ser probada con cautela y prudencia no sólo al principio, sino también con la limitación en el tiempo de los compromisos, que han de ser renovados cada año hasta que se llega, si es el caso, al compromiso definitivo. Esta realidad impide a la Obra caer en la tentación del exclusivimo, del «imperialismo», de creer que todos los católicos, para serlo de verdad, debieran alistarse tras los discípulos del beato Josemaría Escrivá de Balaguer y Albas.</p>
<p>La insistencia en el hecho de que en el Opus Dei se entra y se permanece (pudiendo ser hijos ejemplares de la Catholica y hacerse santos y apóstoles de otros muchos modos) en virtud de una elección subjetivamente libre pero objetivamente «guiada» por Dios, es precisamente lo que mantiene la debida conciencia de que el pluralismo espiritual en la Iglesia es una riqueza que debe conservarse.</p>
<p>Quiero hacer notar, de paso, una diferencia radical respecto al protestantismo. En éste, quien tiene un «modo distinto» de leer la Biblia, o incluso sólo una sensibilidad diferente, funda su propia iglesia o secta, que se pone en abierto contraste -casi siempre agresivo: «il faut s&#8217;opposer pour se poser», dicen los franceses para indicar una ley sociológica constante- con las miríadas de otros grupos cristianos. De ese modo, lo que nació de la Reforma, desde hace siglos tiende a fraccionarse, cada vez más, hasta llegar a las dos mil «denominaciones» existentes hoy en Estados Unidos, que proceden de las cuatro o cinco confesiones iniciales.</p>
<p>No sucede lo mismo en el catolicismo, donde los centenares, o los millares de «sensibilidades», de «espiritualidades» distintas no se convirtieron -ni se convierten- en iglesitas litigiosas, sino en las órdenes, congregaciones, institutos, movimientos, familias, todos ellos reconocidos por la Iglesia -después de las oportunas comprobaciones-, como si fueran teselas de ese mosaico policromo que es la Iglesia. Una sola «vocación», pero infinitos modos de vivirla.<a><br />
</a></p>
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		<title>Quién va y quién viene</title>
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		<pubDate>Sat, 16 Oct 2010 09:10:09 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Un capítulo del libro &#8220;Opus Dei. Una investigación&#8221; de Vittorio Messori Llegados a este punto, preveo la pregunta que yo mismo me planteé: ¿cómo se «prueba» la vocación, la llamada específica al Opus Dei? «¿Cómo se sabe que se ha recibido esta llamada? El modo más sencillo -y el más frecuente- sucede cuando una persona [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h2 style="text-align: center">Un capítulo del libro &#8220;Opus Dei. Una investigación&#8221; de Vittorio  Messori</h2>
<p>Llegados a este punto, preveo la pregunta que yo mismo me planteé:  ¿cómo se «prueba» la vocación, la llamada específica al Opus Dei? «¿Cómo  se sabe que se ha recibido esta llamada? El modo más sencillo -y el más  frecuente- sucede cuando una persona entra en relación de amistad con  otras que ya pertenecen a la Prelatura, conoce su espíritu y, si es el  caso, comienza a preguntarse si no sérá también su camino. Quienes  juzgan si efectivamente hay &#8220;indicios&#8221; de vocación son los responsables  locales del Opus Dei. En definitiva, es la Prelatura quien admite. Como  sucede en cualquier organización voluntaria, el Opus Dei se reserva el  derecho de admisión. Libertad por los dos lados: por parte de quien  solicita ser aceptado, y por parte de la Prelatura de aceptarlo o no».  Así dice un texto oficial.</p>
<p>Y en el caso de que haya «vocación» -o al menos indicios de «vocación»-,  ¿quién puede llamar a la puerta para salir de dudas, y para que otros  lo comprueben de modo objetivo, en la medida que esto es posible para  los hombres?</p>
<p>La respuesta es muy sencilla: todos. Hombres y mujeres, solteros,  casados o viudos, de cualquier condición social, nacionalidad, raza, con  al menos dieciocho años pero sin límite de edad por arriba. Me contaron  que no pocos han entrado en el Opus Dei con ochenta y con más años:  «obreros de la última hora», según las categorías evangélicas, pero no  por eso rechazados.</p>
<p>Bien sé que -más aquí que en otros temas- sospecharéis que he sido  excesivamente benévolo a la hora de investigar la «leyenda negra» sobre  esta «masonería blanca».</p>
<p>Permitidme, sin embargo, que señale un hecho objetivo, que he podido  comprobar personalmente, aunque haya sido «desde fuera». Es cierto que  podrían haberme inducido a error, seleccionando a las personas que me  presentaban; pero son las estadísticas actualizadas sobre la institutión  las que lo confirman. Esas estadísticas demuestran que no estamos ante  un grupo exclusivo y elitista, en el que pueden entrar sólo ricos y  poderosos; o, al menos, gente con posición desahogada y cierta  relevancia social.</p>
<p>La sorpresa es grande al descubrir que -como declaró en varias ocasiones  el Cardenal Jaime L. Sin, arzobispo de Manila- en esa zona deprimida  como son las Filipinas, el Opus Dei es una de las instituciones  católicas que no se limita a «ayudar» a los pobres, sino que hace mucho  más: los cuentan entre sus miembros a pleno título. O cuando se descubre  que el Opus Dei está bien implantado en las favelas y en las villas  miseria de América Latina. O también cuando se observa al más de medio  millón de peregrinos -en gran parte auténticos «proletarios», según las  viejas categorías: es decir, de posición modesta- que cada año invade  Torreciudad, «el» santuario del Opus Dei. Y no pocos de esos  desfavorecidos romeros forman parte del Opus Dei.</p>
<p>Por otra parte, ya vimos que incluso el malévolo «The Economist»  atribuyó a la Prelatura la nota mínima en cuanto a exclusivity: un  miserable «uno» (calificación poco refinada para paladares elitistas),  frente a los «cuatro» y «cinco» de algunos clubes y asociaciones.</p>
<p>Escuchemos de nuevo a Gómez Pérez, ensayista informado y todo lo  objetivo que resulta posible a una persona existencialmente  «comprometida»: «La curva profesional de los miembros responde a lo  normal: una mayoría de personas con profesiones u oficios de los que se  suele obtener una mediana renta; unos pocos de renta alta y algo más que  unos pocos con menores rentas. Pero esa generalización, con ser muy  amplia, no serviría, por ejemplo, para algunos países americanos,  africanos o asiáticos, en peores condiciones de vida. Quizá se pueda  decir que existe una inflación de profesiones intelectuales, sobre todo  profesores. Respecto a la profesión, la idea central que basta para  entender el resto, es que ninguna profesión honrada es obstáculo para  pertenecer al Opus Dei. El hecho de estar situado socialmente más alto  no confiere ningún tipo de privilegio a los miembros del Opus Dei en el  seno de la institución. Para lo que se unen en la Prelatura -la vida  interior y el apostolado- todos son radicalmente iguales: una misma  vocación y unos mismos medios de formación».</p>
<p>En realidad, el porcentaje de intelectuales, más elevado que en los  grupos humanos normales, no es un hecho estadístico casual: parece  derivar de una atención particular hacia aquellos ambientes. Por decirlo  con las palabras «oficiales» del texto de la Postulación que cité  antes: «El fin para el que el Señor la suscitó es que la gente de todas  las categorías sociales, comenzando por los intelectuales, para llegar  después a todos&#8230;».</p>
<p>El punto 978 de Camino es significativo al respecto. Citando la frase de  Jesús a sus discípulos («Venid detrás de mí, y os haré pescadores de  hombres»), Escrivá comenta: «No sin misterio emplea el Señor estas  palabras: a los hombres -como a los peces- hay que cogerlos por la  cabeza».</p>
<p>En efecto, hoy es más superfluo que nunca señalar que a través de los  intelectuales llega al resto de la sociedad la mayoría de las ideas y de  los modos de comportamiento. Como ha escrito el cardenal Paul Poupard,  presidente del Pontificio Consejo para la Cultura: «El beato Escrivá  dedicó siempre la máxima atención a los que trabajaban con las ideas y a  los que las transmiten, porque nunca como en nuestro siglo el problema  de los problemas, para el cristianismo, es la relación del evangelio con  la cultura, es la evangelización de las inteligencias».</p>
<p>Junto a esa estrategia, real, existe también una explicación práctica,  ligada a la historia de la Obra, que comenzó con un grupo de jóvenes  universitarios que siguieron a aquel extraño sacerdote. Las primeras  «obras corporativas» en Madrid fueron una academia y una residencia para  estudiantes, sobre todo de derecho y arquitectura. Y como en la  institución se evangeliza «de igual a igual», difundiendo la propuesta  cristiana, en primer lugar, en el círculo más estrecho de amistades (que  normalmente comparten un mismo ambiente social y cultural), el «mensaje  Opus Dei» penetró de modo prioritario en los millieux intelectuales,  aunque con el tiempo se ha llegado a los demás ambientes. Apuntemos  también que tampoco aquí se cumple la «leyenda»: son los profesores, los  hombres de cultura (que de ordinario no gozan de una posición  desahogada) quienes tienen cierta prevalencia en la Obra: no los  «capitalistas», los profesionales ricos, los hombres de negocios, como  se cree y se escribe.</p>
<p>Es también significativo que, por no salir de Roma, entre las «obras de  la Obra» haya residencias de estudiantes universitarios (la mayor parte  de origen modesto, como señalamos al hablar de Pamplona), pero también  residencias para obreros y artesanos en formación; y que hay Centros  tanto en los barrios acomodados como en los populares.</p>
<p>Una realidad como, por citar un ejemplo de los mil casos posibles, el  Instituto rural Valle Grande, que es una de las más importantes  entidades americanas en favor de los campesinos más pobres del Perú, y  que está gestionada en gran parte por campesinos que -como tantos otros-  pertenecen al Opus Dei.</p>
<p>«Recordad que de cien almas, nos interesan las cien. La del indio de los  Andes tanto como la del hombre de negocios de Wall Street; la del ama  de casa tanto como la del premio Nobel de astrofisica».</p>
<p>Esta indicación del fundador me pareció una de las más presentes en las  actividades de la Prelatura. Así lo prueba también el hecho de que  muchos ataques provengan de los que -tanto dentro como fuera de la  Iglesia- les acusan de no hacer «opciones preferenciales» en el  apostolado, de dirigirse a todos con la misma atención, sin excluir a  priori a nadie; y sin pedir a nadie que trabaje en algo distinto de lo  que hace, ya sea «capitalista» o «proletario». Rechazan así los esquemas  demagógicos (carentes de cualquier justificación en el Nuevo  Testamento, que está a años-luz de tabúes modernos como los marxistas),  difundidos también en ambientes cristianos y que confunden la pobreza  «económica» con la pobreza «evangélica».</p>
<p>Desde una perspectiva cristiana, no hay «pobres» más necesitados de  ayuda espiritual que tantos ricos. La simple «pobreza» de bienes  materiales no es salvífica por sí misma; todo depende no del rédito sino  de la actitud del corazón. Sólo en las fábulas edificantes para  gauchistes ingenuos, el que carece de medios económicos es siempre  bueno, pacífico, altruista. Dice Peter Berglar: «tratar con caridad sólo  a los &#8220;pobres&#8221; es una deformación del espíritu cristiano, desde el  momento que los &#8220;ricos&#8221; -como sabemos por el evangelio- tienen una  necesidad particular de la gracia de Dios para salvarse. Y, por  consiguiente, están más necesitados de la caridad del prójimo».</p>
<p>Una perspectiva «humana, demasiado humana» (del tipo «clases  hegemónicas», «clases inferiores») insidió la visión religiosa, que por  el contrario todo lo juzga en términos de gracia y de pecado, de caridad  y de egoísmo, de desprendimiento y de avaricia.</p>
<p>Con palabras de Oscar Cullmann: «el evangelio no llama a los pobres a la  sublevación, sino a los ricos a la responsabilidad. Al recordar que  todos, sea cual fuere su posición económica, necesitan el  arrepentimiento y el perdón, la &#8220;revolución&#8221; de Jesús no es superficial  como la de los ideólogos modernos: llega hasta el fondo, advierte que la  sociedad no mejorará si cada uno -sea pobre o rico- no mejora  personalmente». No olvidemos que un revolucionario, en sentido  sociopolítico, es una persona que «quiere cambiarlo todo y a todos,  salvo a sí mismo». Uno dispuesto siempre a recitar el mea culpa, pero  golpeando el pecho de los demás.</p>
<p>A este propósito decía Escrivá: «Jesucristo en la cruz no extendió sólo  el brazo derecho o el izquierdo: extendió los dos».</p>
<p>Pero no creáis que todos acepten esta universalidad de la salvación:  algunos clericales «del brazo izquierdo» se lamentan (y algo más que  lamentarse) porque querrían el monopolio de la atención para sus  protegidos, excluyendo a los seguidores de los del «brazo derecho».</p>
<p>Lo contrario sucede también, y con más frecuencia de lo que podría  creerse: no faltan los gritos de protesta y las acusaciones de los  clericales del «brazo derecho», que cuando oyen hablar de un  cristianismo que rechaza ser de algo propio de burgueses (o de  aristócratas), olfatean inmediatamente demagogia, populismo, subversión.</p>
<p>Este fuego cruzado es, desde una perspectiva evangélica, una buena  señal. Como dijo un antiguo Padre de la Iglesia: «Quien pretenda amar a  todos, será salvado. Pero quien pretenda agradar a todos, no será  salvado».<a><br />
</a></p>
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		<title>Sacerdotes, &#8220;sólo&#8221; sacerdotes</title>
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		<pubDate>Fri, 15 Oct 2010 17:10:45 +0000</pubDate>
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			<content:encoded><![CDATA[<h2 style="text-align: center">Un capítulo del libro &#8220;Opus Dei. Una investigación&#8221; de Vittorio Messori</h2>
<p>El hilo de nuestra argumentación nos conduce a los sacerdotes. Ocupémonos de este clero singular, al que está prohibido ser clerical. El fundador señalaba: «Que nuestros sacerdotes no consientan que sus hermanos les presten servicios innecesarios. Cada uno debe guardar en su corazón los mismos sentimientos que tuvo Jesús, que dijo: &#8220;el Hijo del hombre no ha venido a ser servido sino a servir&#8221;. Así debe suceder entre vosotros».</p>
<p>Y añadía: «Aunque la vocación es igual para todos, el sacerdote debe luchar por ser el servidor de sus hermanos, sabiendo ser uno más en nuestra Casa; porque efectivamente es como los demás».</p>
<p>Y como cada católico tiene a sus espaldas siglos de clericalismo de un lado, y de alticlericalismo por el otro, en los que no conviene volver a tropezar, insiste: «Los sacerdotes no mangoneen a los laicos, ni estos a los sacerdotes: que no haya entre nosotros sacerdotes que invadan el campo de competencia temporal de los laicos, ni laicos que se entrometan en los asuntos espirituales reservados a los sacerdotes». Y repetía con frecuencia: «el sacerdocio, en el Opus Dei, no es la coronación de una carrera, no es un premio para los mejores: es una llamada a servir a las almas en un modo al mismo tiempo igual y distinto al de los demás miembros».</p>
<p>El «sistema de reclutamiento» del clero de la Prelatura facilita considerablemente el cumplimiento de estas orientaciones. Por su mismo origen, no es ni puede ser una especie de «cuerpo extraño» o de «casta separada» en una institución «laical» como es esta, puesto que todos sus sacerdotes proceden de las filas de los numerarios y de los agregados.</p>
<p>No es infrecuente encontrar en los periódicos titulares que anuncian la ordenación sacerdotal (y no pocas veces de manos del Papa) de algunas decenas de personas de todas las edades, aunque nunca muy jóvenes y a veces ni siquiera jóvenes, que componen un auténtico muestrario de las profesiones más variadas. Algo así como: siete abogados, ocho ingenieros, dos periodistas, tres médicos, cuatro profesores, un notario, dos economistas, un coronel&#8230; No es necesario seguir leyendo esas noticias: con toda seguridad son los cuarenta o cincuenta sacerdotes que el Opus Dei, de modo constante y programado, hace ordenar (u ordenan ellos mismos: el anterior Prelado era Obispo, y por consiguiente podía ordenar) para cubrir las necesidades asignadas al «clero de la Prelatura».</p>
<p>En la práctica, las cosas suceden del siguiente modo. Después de algunos años de esfuerzo por «santificar el trabajo y santificarse en él» -que pueden ser muchos: las ordenaciones de personas de más de cincuenta años no son raras-, el Prelado pregunta a algunos numerarios y agregados que cumplen todos los requisitos si están dispuestos a vivir la misma vocación al Opus Dei con un trabajo, un servicio, distintos: el propio del sacerdote.</p>
<p>El interpelado puede aceptar, y también puede rechazar (sin demérito alguno, pues se trata de una materia en la que resulta esencial la más plena libertad). Si acepta, abandona totalmente la profesión civil y (dicen las normas) recibe la formación en los centros que la Prelatura erige con ese fin, de acuerdo con las disposiciones establecidas por la Santa Sede. Se trata, en la práctica, de seminarios propios. Hasta el último momento, todos tienen la posibilidad de interrumpir su camino hacia la ordenación, para volver al mismo trabajo que desempeñaban.</p>
<p>El número de sacerdotes está «programado»; actualmente es algo menos del 2% de los miembros de la Prelatura (1.500 entre un total de 80.000), y está previsto que no supere el 3%. Es decir, los indispensables para las necesidades de la Obra: ni más ni menos. Estos porcentajes confirman la impresión de que el peligro de «clericalización» del Opus Dei, que pudiera comprometer su carácter laical, carece de todo fundamento.</p>
<p>Este sistema de reclutamiento presenta muchas ventajas. La más importante es que, para desarrollar sus tareas de predicación y de dirección espiritual, y lógicamente la administración de sacramentos, es preciso que conozcan por experiencia personal el espíritu de la Obra en el que se han formado. Están llamados a perpetuar ese espíritu, junto con los laicos, pero en una situación objetivamente estratégica, decisiva. Además, su experiencia como trabajadores en profesiones «laicas» es también fundamental, puesto que en torno al trabajo se construye la vida espiritual.</p>
<p>La llamada al sacerdocio les llega en edad adulta, después de años y años de compromiso cristiano, y por consiguiente bien probados, y con garantías de una solidez particular. Los errores de perspectiva de tantos eclesiásticos de hoy, ante lo que creen que son exigencias del «mundo moderno», del «hombre contemporáneo», derivan probablemente de su inexperiencia en esos campos de la vida. Por eso, tantas orientaciones pastorales y parte de la avalancha de «documentos» sobre todo tipo de asuntos producidos por una nueva burocracia eclesial incurren en un generalismo estéril.</p>
<p>Además de esos y de otros aspectos positivos, existe otra ventaja cuya importancia podría pasar inadvertida a quien no conozca los entresijos de la Iglesia institucional, con sus problemas y sus conflictos.</p>
<p>Así lo describe Le Tourneau, con palabras sobrias pero llenas de significado: «Los sacerdotes del Opus Dei salen de la propia Prelatura y se forman en su seno, por lo que el Opus Dei no sustrae a las diócesis sacerdotes ni candidatos al sacerdocio». Casi todos los fundadores de órdenes y congregaciones religiosas, al menos en los tiempos modernos, han tenido antes o después enfrentamientos con el clero local precisamente por este motivo. Cuando los posibles candidatos al sacerdocio comenzaron a disminuir, hasta hacerse escasos en número, no faltaron obispos que sospecharon o incluso acusaron a los institutos de perfección de «robarles» las vocaciones. Por ejemplo, muchos de los graves problemas de Don Bosco y sus salesianos con el arzobispo de Turín tuvieron esa raíz.</p>
<p>El Opus Dei ha decidido «ir por su cuenta». De este modo, no sólo zanja las polémicas de ese estilo, sino que además puede replicar que, lejos de «empobrecer» las diócesis y sus presbiterios, en realidad los potencia, pues pone a disposición de la Iglesia otros sacerdotes que, sin la Obra, no habrían llegado al sacerdocio. Más aún, probablemente no habrían llegado a la Iglesia, ya que no pocos de los numerarios y los agregados que se ordena descubrieron -o redescubrieron- la fe a través de la relación con la Obra.</p>
<p>Este clero depende del Prelado en lo que se refiere a los fines de la Obra, pero para las disposiciones del Derecho canónico está sometido al obispo diocesano (del cual recibe con frecuencia encargos pastorales) y forma parte del presbiterio diocesano.</p>
<p>Sin embargo&#8230; ¿no fue Maquiavelo quien señaló que, en la organización de los asuntos humanos, cualquier solución a un problema crea siempre otros nuevos? El rostro institucional de la Iglesia, ese aspecto humano que da cuerpo al misterio y que es esencial en la lógica de la Encarnación, está sometido a las leyes que regulan cualquier organismo social. Por eso, acalladas las sospechas de «robar vocaciones» a las diócesis con ese sistema de «auto alimentación» -algo así como el «hazlo tú mismo» del bricolaje-, surgen otras, como la acusación de querer establecer una «Iglesia paralela», cerrada en sí misma como una secta, e incluso enfrentada al resto de la Iglesia Católica.</p>
<p>Hemos mencionado ya que la misma estructura canónica de Prelatura parece impedir este tipo de peligros, pero será interesante reproducir la réplica de la Obra a este tipo de acusaciones. Escribe uno de sus miembros: «No hay por qué alarmarse ante una posible &#8220;Iglesia paralela&#8221; si cada cristiano, como individuo, está legitimado -según los críticos- para inventarse su propia Iglesia. Sucede a veces que, en algunas parroquias, los párrocos hacen y disponen a su gusto, con independencia de las normas existentes en materia litúrgica y disciplinar. Es ligeramente farisaico acusar a otros -y además sin base- de lo mismo que hace con frecuencia el crítico. En realidad, &#8220;Iglesia paralela&#8221; es la formada por la suma de los comportamientos que se separan de la legítima autoridad en la Iglesia: el Papa y los Obispos en comunión con él».</p>
<p>Continúa la misma fuente («de parte», naturalmente): «El Opus Dei, desde 1928 a hoy, ha manifestado su voluntad de adherirse en todo al Papa. En 1967, decía Mons. Escrivá de Balaguer a Time: &#8220;Resido establemente en Roma desde 1946, y así he tenido ocasión de conocer y tratar a Pío XII, a Juan XXIII y a Pablo VI. En todos he encontrado siempre el cariño de un padre&#8221;. El comportamiento del beato -que inculcó también en sus hijos- fue de total coherencia: a esa paternidad pontificia correspondió (y pidió a todos que correspondieran) con veneración y obediencia filiales. ¿Formar sacerdotes y laicos con semejante planteamiento radicalmente católico es acaso pretender crear una &#8220;Iglesia paralela&#8221;?».</p>
<p>Como se ve, ante esa acusación reaccionan vivamente, sobre todo en comparación con el habitual tono sofí de la Obra, que procura no enzarzarse en polémicas intraeclesiales. Esa respuesta vigorosa confirma precisamente que la acusación está muy difundida en ciertos ambientes, y que es vista desde dentro como particularmente insidiosa. Más aún, la soportan como una injusticia frente a quien sostiene que la docilidad a los pastores es la base de todo.</p>
<p>¿Cómo deberían ser -cómo pretenden ser- «sus» sacerdotes, según el ideal del sacerdote don Josemaría? Procediendo del mundo del trabajo y ocupándose de la formación espiritual de trabajadores, ¿seguirán el modelo de «sacerdotes-obreros», se atendrán al cliché del «sindicalista consagrado», del cura en jersey que sólo habla de política y de sociología, ese que apoyaba la «lucha de clases», que participaba en huelgas y manifestaciones «contra los capitalistas».</p>
<p>Quien tenga esa idea, que se la quite pronto de la cabeza. Incluso en el aspecto externo tradicional (ya señalé que la sotana o el clergyman son obligatorios), el clero de la Prelatura es justo lo contrario del clérigo en trenka de los años setenta, que proclama su deseo de «ser exactamente igual que los demás», y que quizá juzgue «alienante», o al menos «discriminatorio para los no creyentes», hablar de Dios y de Cristo (salvo como «líder proletario»). De ese tipo de sacerdotes que llama a la misa «asamblea de camaradas», o como mucho, «ágape fraterno», y la celebra en la cocina sobre una mesa cualquiera; que quiere que todo sea «comunitario», incluida la confesión y la absolución de los pecados (los «sociales», que son los unicos pecados verdaderos, y que por ese motivo sólo pueden pecar los «burgueses» y los «capitalistas»).</p>
<p>Con una extraordinaria experiencia sacerdotal a sus espaldas, entre personas de todo el mundo, cuarenta y ocho años después de su ordenación y dos antes de su muerte, Escrivá insistió en lo que, para él, debería ser el sacerdote. Es una especie de «declaración programática» sumamente interesante: un biógrafo la definió como Carta Magna del sacerdocio de hoy y de siempre. (No «del Opus Dei», sino de la Iglesia, como han confirmado las enseñanzas de Juan Pablo II sobre ese sacramento). Se trata, a mi juicio, de un documento significativo, que no puede omitirse en un dossier que pretende descubrir «el secreto de la Obra». Aquí, en sus sacerdotes, reside quizá uno de sus verdaderos «secretos».</p>
<p>Escuchen estas palabras pronunciadas en 1973, cuando el ciclón contestarario azotaba la Iglesia, y se experimentaban esos «nuevos caminos» que convertirían a los cristianos practicantes en una especie en vías de extinción, y en algunos países ya desaparecida (la historia enseña que cuando los clérigos pelean entre sí, pocos son los laicos que se ponen de un lado o del otro: la mayoría se va, juzgando que tienen cosas más importantes que hacer que seguir riñas de sacristía o incomprensibles disputas teológicas, y dejando que los contendientes se las arreglen entre ellos).</p>
<p>«No comprendo -decía Escrivá en aquella homilíalos afanes de algunos sacerdotes por confundirse con los demás cristianos, olvidando o descuidando su específica misión en la Iglesia, aquella para la que han sido ordenados. Piensan que los cristianos desean ver, en el sacerdote, un hombre más. No es verdad. En el sacerdote, quieren admirar las virtudes propias de cualquier cristiano, y aun de cualquier hombre honrado: la comprensión, la justicia, la vida de trabajo -labor sacerdotal en ese caso-, la caridad, la educación, la delicadeza en el trato. Pero junto a eso, los fieles pretenden que se destaque claramente el carácter sacerdotal».</p>
<p>Así quiso que fueran los sacerdotes de su Obra, como lo demostró al formar personalmente casi un millar: fue una de las tareas que colocó siempre en primer lugar, convencido de que «el sacerdote no va nunca solo, ni al Cielo ni al infierno». Y esto es también lo que la gente espera del sacerdote, según Escrivá, «esperan que el sacerdote rece, que no se niegue a administrar los sacramentos, que esté dispuesto a acoger a todos sin constituirse en jefe o militante de banderías humanas, sean del tipo que sean; que ponga amor y devoción en la celebración de la Santa Misa, que se siente en el confesonario, que consuele a los enfermos y a los afligidos; que adoctrine con la catequesis a los niños y a los adultos, que predique la Palabra de Dios y no cualquier tipo de ciencia humana que -aunque conociese perfectamente- no sería la ciencia que salva y lleva a la vida eterna; que tenga consejo y caridad con los necesitados».</p>
<p>«En una palabra -concluía Escrivá-: se pide al sacerdote que aprenda a no estorbar la presencia de Cristo en él, especialmente en aquellos momentos en los que realiza el Sacrificio del Cuerpo y de la Sangre y cuando, en nombre de Dios, en la Confesión auricular y secreta, perdona los pecados. La administración de estos dos sacramentos es tan capital en la misión del sacerdote, que todo lo demás debe girar alrededor».</p>
<p>Esto es, a la postre, lo específico del sacerdote en la perspectiva católica, lo que le hace indispensable, lo que justifica su presencia y su misión. Todo lo demás pueden hacerlo los laicos, e incluso mucho mejor. No es casual que la experiencia -llena de generosidad- de los sacerdotes-obreros acabó o languideció porque los obreros les hicieron entender que gente como ellos era fácil de encontrar: no necesitaban otro obrero, ni un enésimo sindicalista, sino a alguien que anunciase cosas «distintas», que hablase de Dios y no sólo del hombre y de sus necesidades sociales, como ya hacen los demás.</p>
<p>Por mi conocimiento de esos ambientes, les puedo asegurar que este retrato-robot del sacerdote según Escrivá de Balaguer es mucho más que suficiente para hacer saltar los nervios de tantos clericales. O al menos, de los pocos que quedan, después de que sus grandes esperanzas se convirtieran en grandes desilusiones.</p>
<p>Para comprender la hostilidad de cierto clericalismo contra el Opus Dei, es suficiente reflexionar sobre las palabras de Escrivá que he transcrito y sobre sus consecuencias.</p>
<p>Podrán entenderlo también escuchando estas otras que ahora reproduzco, en las que encontrarán una confirmación de que detrás de esa concepción del sacerdocio se encuentra una teología, una eclesiología y una espiritualidad que no puede evitar entrar en conflicto con otras de nuestros días. La lucha sin cuartel contra la beatificación encontró aquí una de sus razones más importantes.</p>
<p>No es casualidad que esa oposición fuera mantenida sobre todo por sacerdotes y ex-sacerdotes, mientras los laicos (como parecen probar las más de 300.000 personas en la plaza de San Pedro y las decenas de miles de relatos de «favores») no sólo no adoptaron una postura contraria, sino que dio más bien la impresión de que les agradaba que se propusiera como «ejemplo» ante toda la Iglesia a un sacerdote como aquél, un sacerdote que quería que los demás sacerdotes fueran así. Empezando por los de su Obra, lógicamente; pero sin detenerse ahí.</p>
<p>Leamos pues estas palabras de Mons. Escrivá que, más o menos en esos mismos años, se lamentaba de que hubiera «sacerdotes que en lugar de hablar de Dios -que es el único &#8220;argumentó&#8217; en el que tienen la autoridad y el deber de tratar-, hablan de política, de sociología, de antropología. Y como con frecuencia no saben nada, se equivocan. Y lo que es peor, el Señor no está contento. Nuestro ministerio consiste en predicar la doctrina de Jesucristo, en administrar los sacramentos y en enseñar el modo de buscar a Cristo, de encontrar a Cristo, de amar a Cristo, de seguir a Cristo. El resto no es asunto nuestro».</p>
<p>Según los estatutos, los sacerdotes de la Prelatura tienen libertad de opinión en cualquier materia «opinable»: también en las cuestiones teológicas no definidas por el Magisterio. Pueden pensar como estimen mejor, como les dicte su conciencia, también en política -ejercitan con libertad el derecho de voto, como sus conciudadanos- pero deben guardar sus opiniones para ellos. La prohibición de meterse en política se entiende dentro de esa espiritualidad que propone la Obra: «ser siempre instrumentos de unidad en la Iglesia y entre los hombres, nunca de división». ¿Y hay algo que divida más a los hombres, y con mayor aspereza, que la lucha política? ¿Puede olvidarse acaso que, como expresó Dante, la política es «la palestra que nos hace tan feroces»?</p>
<p>En este sentido, resulta significativo que se exija al sacerdote del Opus Dei que tenga «alma sacerdotal y mentalidad laical». Es característico de cierta mentalidad clerical pensar que «el hombre sagrado» debe intervenir en todo «sacralizando» también lo que pertenece a las decisiones y opiniones dejadas a la libertad de los creyentes. En el fondo, la diferencia entre el clericalismo preconciliar y el posconciliar no es más que una inversión de punto de vista: antes del Concilio, se intentaba sacralizar las «derechas» (o al menos el «centro»; en cualquier caso, una posición política); después del Concilio, se quiso hacer lo mismo pero con las «izquierdas». Antes, se intentaba hacer creer a los católicos que no eran tales si no aceptaban defender la causa de la «reacción»; después, se lanzaba el anatema al creyente que no jurase que lo que Cristo quería era la «revolución».</p>
<p>Creo que así entendía Escrivá la «mentalidad laical»: pedir a los miembros de la Obra que llamaba a la ordenación que se esforzaran por ser «sacerdotes al cien por cien». Y ese compromiso comienza por la obligación de «no ingerencia» en todo lo que no es espiritual, en lo que se refiere al servicio de Dios.</p>
<p>De este aspecto deriva, en mi opinión, una de las características más sorprendentes del Opus Dei: el culto y la defensa a ultranza de la libertad de los miembros. Sorprendente, porque resulta que la realidad no sólo es distinta del cliché, sino incluso su contrario. Escuchemos a este propósito lo que afirma Le Tourneau: «Una de las características del espíritu del Opus Dei, a menudo puesta de relieve por sus portavoces y con mayor insistencia aún por el Fundador, es el amor a la libertad».</p>
<p>«Un amor íntimamente conectado con la mentalidad secular propia del Opus Dei, la cual hace que, en todas las cuestiones profesionales, sociales, políticas, etc., cada miembro actúe libremente en el mundo, con arreglo a lo que le dicte su conciencia, rectamente formada, y asumiendo plenamente las consecuencias de sus actos y de sus decisiones. Eso les lleva no sólo a respetar, sino también a amar, de manera positiva y práctica, el auténtico pluralismo, la variedad de todo lo que es humano; así hacen realidad lo que la Declaración de la Congregación para los Obispos del 23 de agosto de 1982 decía con motivo de la erección del Opus Dei como Prelatura personal: &#8220;Por lo que se refiere a sus opciones en materia profesional, social, política, etc., los fieles laicos que pertenecen a la Prelatura -dentro de los límites de la fe y de la moral católicas y de la disciplina de la Iglesia- gozan de la misma libertad que los demás católicos, conciudadanos suyos; por tanto, la Prelatura no hace suyas las actividades profesionales, sociales, políticas, económicas, etc., de ninguno de sus miembros&#8221;».</p>
<p>Continúa el autor francés: «Esta opción deliberada a favor de la libertad no es consecuencia de una prudencia humana o de una táctica, sino el resultado lógico de la conciencia clara que todos los miembros tienen de participar en la única misión de la Iglesia: la salvación de las almas. Verdad es que el espíritu cristiano ofrece unos principios éticos comunes de acción temporal: respeto y defensa del Magisterio de la Iglesia, nobleza y lealtad en el comportamiento -con caridad-, comprensión y respeto de las opiniones ajenas, verdadero amor a la Patria -sin nacionalismos estrechos-, promoción de la justicia, capacidad de sacrificio en servicio de los intereses de la comunidad, etc. Ahora bien, sobre la base de estos principios, cada cual determina qué solución le parece más pertinente entre las muchas opciones que existen. A este respecto, Mons. Escrivá concluía: &#8220;Con esta bendita libertad nuestra, el Opus Dei no puede ser nunca, en la vida política de un país, como una especie de partido político: en la Obra caben -y cabrán siempre- todas las tendencias que la conciencia cristiana pueda admitir, sin que sea posible ninguna coacción por parte de los directores&#8221;. Sólo la jerarquía de la Iglesia puede, si lo estima necesario para el bien de las almas, dictar una norma de conducta determinada al conjunto de los católicos».</p>
<p>Podría sospecharse que con mala fe se oculta la «verdadera» realidad de la Obra, que no sería más que un conjunto de marionetas dirigidas por alguien que, agazapado en la oscuridad, no sólo no respeta sino que coarta su libertad. Pero esa sospecha tendría que explicar el hecho de que la dinámica misma de la institución -con su rechazo del clericalismo, incluso para los sacerdotes- conduce no sólo en teoría sino también en la práctica a quedar al margen de las decisiones temporales de los laicos.</p>
<p>Volviendo al perfil del clero del Opus Dei, señalemos que el numerario o el agregado llamados al sacerdocio abandonan totalmente su profesión «civil», en la que han podido</p>
<p>alcanzar éxito y prestigio. No abandonan por esto el trabajo, sino que a partir de ahora se dedican plenamente a la labor sacerdotal. Este consiste, principalmente, en «colaborar en la formación espiritual de los miembros de la Obra -hombres y mujeres- mediante la predicación, la dirección espiritual y la administración de los sacramentos, sobre todo de la confesión».</p>
<p>A propósito de esto último: ¿está obligado quien pertenece al Opus Dei a confesarse con un sacerdote de su institución? Veamos cómo es el asunto. «El fundador enseñó siempre que los miembros son libres, como cualquier católico, de confesarse con cualquier sacerdote que tenga las debidas licencias. Un miembro del Opus Dei puede utilizar lícitamente esta libertad, dirigiéndose a sacerdotes que no pertenecen a la Prelatura. Sin embargo, es fácil darse cuenta de que esto no será frecuente: si los miembros del Opus Dei se comprometen libremente a perseguir un fin concreto dentro de la Iglesia, es lógico que escojan los medios específicos propuestos por la Prelatura. Y es evidente que los sacerdotes de la Obra, por su conocimiento del espíritu de la Obra y de las obligaciones específicas de sus miembros, pueden ayudar con su orientación a vivir de modo más eficaz el sacramento de la penitencia, que es también un medio de dirección espiritual».</p>
<p>Recogemos aquí esa precisión oficial porque este punto ha sido (y es) polémico: Algunos consideran que la práctica habitual (no obligatoria) de los miembros del Opus Dei, que se confiesan con sacerdotes del Opus Dei -con uno de ellos, ya que no se impone uno en particular-, es una manifestación de mentalidad «sectaria».</p>
<p>No me corresponde a mí defender a nadie ni a nada. Se trata sólo de razonar y de comprender: esta es la línea que, si no me equivoco, me he esforzado y me esfuerzo en seguir. Es preciso admitir que si se mira el asunto con objetividad y sentido común, parece realmente increíble que se polemice sobre este punto. Discusiones que no se dan, como es lógico, cuando un franciscano se confiesa con un franciscano, un barnabita con un barnabíta, un sacerdote diocesano con otro sacerdote de la misma diócesis.</p>
<p>Esas acusaciones confirman la aspereza de los contrastes que esta institución «nueva» -pero que se remite a lo antiguo, a los dos milenios de la Tradición- ha suscitado y sigue suscitando, alimentando sospechas también sobre comportamientos y costumbres aceptados pacíficamente en otras realidades eclesiales. Juzgue el lector si tiene sentido lo que se lee con frecuencia en los alegatos anti-Opus: los miembros deberían confesarse con sacerdotes no pertenecientes a la Prelatura, para «contrastar» de este modo los peligros de indoctrinamiento, de lavado de cerebro, de clausura, que implicaría la formación interna.</p>
<p>La respuesta es obvia: «al Opus Dei se viene impulsado por una vocación libremente aceptada. Con la misma libertad se puede salir, se pueden buscar otros caminos, si se sospecha que la Prelatura transmite venenos que deben combatirse con los antídotos de un confesor externo, que -aun no conociendo la Obra- periódicamente ponga en guardia, &#8220;descontamine&#8221;».</p>
<p>Para terminar con el origen, misión y espiritualidad de los sacerdotes, es preciso hablar también de otros sacerdotes, aunque coincidan en parte con el clero de la Prelatura: los socios de la Sociedad sacerdotal de la Santa Cruz. No es un accesorio sin importancia de la Prelatura, como demuestra el hecho de que su nombre completo y oficial en los documentos y en el Anuario Pontificio es «Prelatura personal de la Santa Cruz y Opus Dei», y que sólo por abreviar se dice «Opus Dei».</p>
<p>Sería complicado (para ustedes y también para mí), e incluso poco interesante para nuestros fines, explicar por qué y cómo, de acuerdo con las posibilidades y las exigencias del derecho canónico -conocidas al dedillo tanto por Escrivá como por su inseparable Del Portillo, doctores ambos en la materia- se llegó a semejante nombre. Confieso que no domino suficientemente las sutilezas eclesiásticas como para explicar con palabras mías cómo funciona esa Sociedad y cuáles son sus relaciones con la Prelatura, con la Iglesia universal y con las Iglesias locales.</p>
<p>Por tanto, en una materia tan compleja, donde cada término tiene un significado preciso, me limitaré a reproducir aquí una explicación «oficial» sintética pero, a mi juicio, bastante clara y completa.</p>
<p>Es la siguiente: «La Sociedad sacerdotal de la Santa Cruz es una asociación de clérigos compuesta por: 1) los sacerdotes del Opus Dei, es decir, por el clero de la Prelatura; 2) por los diáconos y presbíteros, incardinados en una diócesis, que deseen formar parte de la Sociedad, respondiendo a una vocación divina que les llama (y esta es la finalidad de la asociación) a santificar su trabajo profesional: es decir, el ministerio sacerdotal. Para alcanzar esta finalidad, dependen de la Sociedad sacerdotal de la Santa Cruz sólo en lo que se refiere a la asistencia espiritual (que es un ámbito que corresponde a la esfera de la autonomía personal): lo que significa que cada uno de esos sacerdotes sigue bajo la completa y exclusiva dependencia de su obispo propio».</p>
<p>Sigamos con esa explicación: «Esta Sociedad, creada por Mons. Escrivá en 1943, se adecua al espíritu del Vaticano II, que en el decreto sobre los presbíteros, cuando exhorta a mejorar continuamente la formación sacerdotal, sugiere también la pertenencia a alguna asociación específica. La Sociedad es una asociación con un espíritu que favorece la unidad y que fomenta, de un lado, la unión de cada sacerdote con su obispo, y de otro, la fraternidad sacerdotal. Por tanto, los socios no son del clero de la Prelatura del Opus Dei, sino clero propio del obispo del que dependen. No están, por tanto, bajo la jurisdicción de los directores del Opus Dei. La Sociedad sacerdotal de la Santa Cruz es jurídicamente distinta de la Prelatura, pero existe entre ambas una completa unidad de espíritu alrededor de lo que es el elemento propio del Opus Dei: la búsqueda de la santidad a través de la santificación del trabajo ordinario».</p>
<p>Creo que, si habéis leído hasta aquí, os habréis dado cuenta de que esta Sociedad responde a una intención clara: conseguir que todos, si son llamados, puedan vivir el mensaje del Opus Dei. Como sólo los laicos pueden entrar en la Obra, porque los clérigos -ya ordenados o en el seminario- están excluidos, la Sociedad sacerdotal permite recibir y vivir la formación del espíritu del Opus Dei a estos sacerdotes que permanecen en su propia diócesis de la que dependen en todo lo que no se refiera a la autonomía personal de cada uno, como la formación espiritual.</p>
<p>Conviene señalar, como quizá se ha apreciado ya en la explicación anterior, el derroche de habilidad y de experiencia para encontrar una fórmula que salvaguardase, por una parte, la posibilidad de que un sacerdote diocesano pudiese vivir la espiritualidad de la Obra, si se siente llamado a ello; y por otra, los derechos del obispo del lugar -«nihi1 sine episcopo» (nada sin el obispo) es el lema programático de la asociación- y el deber del sacerdote de sentirse partícipe a pleno título del clero del que procede y al que continúa perteneciendo.</p>
<p>He aquí otro aspecto de la estrategia general de don Josemaría: proponer a todos, sin excluir a nadie, un training en santidad y apostolado, dejando a cada uno donde se encuentra, cambiando lo menos posible su condición tanto en la sociedad como en la Iglesia.<a><br />
</a></p>
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		<title>VI. EL APOSTOLADO: UN «MAR SIN ORILLAS»</title>
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		<pubDate>Wed, 22 Sep 2010 11:19:23 +0000</pubDate>
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				<category><![CDATA[movimiento Opus Dei]]></category>
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		<category><![CDATA[apostolado]]></category>
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		<category><![CDATA[Evangelio]]></category>
		<category><![CDATA[herencia de Mons. Escrivá de Balaguer]]></category>
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		<category><![CDATA[vocación cristiana]]></category>

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		<description><![CDATA[“La herencia de Mons. Escrivá de Balaguer”, escrito por Luis Ignacio Seco. «Habéisde acercar las almas a Dios –escribía el Fundador en 1930– con la palabra conveniente, que despierta horizontes de apostolado; con el consejo discreto, que ayuda a enfocar cristianamente un problema; con la conversación amable, que enseña a vivir la caridad: mediante un [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h2 style="text-align: center">“La herencia de Mons. Escrivá de Balaguer”, escrito por Luis Ignacio Seco.</h2>
<p>«Habéisde acercar las almas a Dios –escribía el Fundador en 1930– con la palabra conveniente, que despierta horizontes de apostolado; con el consejo discreto, que ayuda a enfocar cristianamente un problema; con la conversación amable, que enseña a vivir la caridad: mediante un apostolado que he llamado alguna vez de amistad y de confidencia. Pero habéis de atraer sobre todo con el ejemplo de la integridad de vuestras vidas, con la afirmación –humilde y audaz a un tiempo– de vivir cristianamente entre vuestros iguales, con una manera ordinaria, pero coherente, manifestando, en nuestras obras, nuestra fe: ésa será, con la ayuda de Dios, la razón de nuestra eficacia».</p>
<p>El principal apostolado del Opus Dei es el que realiza cada uno de sus miembros personalmente, en su propósito diario de dar a conocer –con el ejemplo de vida y con la palabra– la doctrina de Cristo. Como al Opus Dei pertenecen personas de todas las edades y condiciones sociales –célibes, casados, sacerdotes, obreros, empleados, campesinos, abogados, científicos, artistas, empleadas del hogar, amas de casa, funcionarios, comerciantes, militares, escritores, industriales, etc.– no es posible uña descripción de ese apostolado personal, a no ser narrando la vida de millares de personas en todo el mundo. Se trata, pues, de algo perfectamente incontrolable, como la vida misma, que nunca se dejará encerrar en unos esquemas férreos, ni en la frialdad de unas estadísticas o de unas gráficas. Al acercarse al Opus Dei, ninguna de estas personas inicia una vida distinta, ni da comienzo a una serie de actividades típicas. Al contrario, todas cumplen y realizan los mismos trabajos que harían si no fuesen de la Obra. El cambio radical está en que esas mismas cosas de siempre adquieren un nuevo sentido, una perspectiva nueva, por el compromiso contraído de hacer de toda circunstancia humana un encuentro con Dios, un servicio a los demás, un apostolado cristiano.</p>
<p>Mons. Escrivá de Balaguer desarrolló a fondo este punto en la entrevista publicada, en la primavera de 1968, en<em>L&#8217;Osservatore delta Domenica.</em></p>
<p>«Querer alcanzar la santidad –a pesar de los errores y de las miserias personales, que durarán mientras vivamos– significa esforzarse, con la gracia de Dios, en vivir la caridad, plenitud de la ley y vínculo de la perfección. La caridad no es algo abstracto; quiere decir entrega real y total al servicio de Dios y de todos los hombres; de ese Dios, que os habla en el silencio de la oración y en el rumor del mundo; de esos hombres, cuya existenciase entrecruza con la nuestra.</p>
<p>»Viviendo la caridad –el Amor– se viven todas las virtudes humanas y sobrenaturales del cristiano, que forman una unidad y que no se pueden reducir a enumeraciones exhaustivas. La caridad exige que se viva la justicia, la solidaridad, la responsabilidad familiar y social, la pobreza, la alegría, la castidad, la amistad&#8230;</p>
<p>»Se ve en seguida que la práctica de estas virtudes lleva al apostolado. Es más: es ya apostolado. Porque, al procurar vivir así en medio del trabajo diario, la conducta cristiana se hace buen ejemplo, testimonio, ayuda concreta y eficaz; se aprende a seguir las huellas de Cristo que &#8220;coepit facere et docere&#8221; (Act. 1, 1), que empezó a hacer y a enseñar, uniendo al ejemplo la palabra. Por eso he llamado a este trabajo, desde hace cuarenta años, &#8220;apostolado de amistad y de confidencia&#8221;.</p>
<p>»Todos los miembros del Opus Dei tienen este mismo afán de santidad y de apostolado. Por eso, en la Obra, no hay grados o categorías de miembros. Lo que hay es una multiplicidad de situaciones personales –la situación que cada uno tiene en el mundo– a la que se acomoda la misma y única vocación específica y divina: la llamada a entregarse, a empeñarse personalmente, libremente y responsablemente, en el cumplimiento de la voluntad de Dios manifestada para cada uno de nosotros.</p>
<p>»Como puede ver, el fenómeno pastoral del Opus Dei es algo que nace &#8220;desde abajo&#8221;, es decir, desde la vida corriente del cristiano que vive y trabaja junto a los demás hombres. No está en la línea de una &#8220;mundanización&#8221; –desacralización– de la vida monástica o religiosa; no es el último estadio del acercamiento de los religiosos al mundo.</p>
<p>»El que recibe la vocación al Opus Dei adquiere una nueva visión de las cosas que tiene alrededor: luces nuevas en sus relaciones sociales, en su profesión, en sus preocupaciones, en sus tristezas y en sus alegrías. Pero ni por un momento deja de vivir en medio de todo eso; y no cabe en modo alguno hablar de adaptación al mundo, o a la sociedad moderna: nadie se adapta a lo que tiene como propio; en lo que se tiene como propio &#8220;se está&#8221;. La vocación recibida es igual a la que surgía en el alma de aquellos pescadores, campesinos, comerciantes o soldados que sentados cerca de Jesucristo en Galilea, le oían decir: &#8220;Sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto&#8221; (Mat 5, 48)».</p>
<p>La tarea principal del Opus Dei consiste, por tanto, en la formación de sus miembros para que cada uno, individualmente, dé testimonio cristiano en el medio ambiente en el que desarrolla su trabajo profesional. Toda la libre iniciativa personal permanece activa en el espíritu apostólico del Opus Dei, porque la obra no dedica su tarea principal a este o aquel específico campo de apostolado, sino a estimular a los fieles dé la Prelatura para que cada uno, en su propio ambiente profesional y familiar, desarrolle una intensa labor apostólica de carácter personal.</p>
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		<title>Cuando el Opus Dei &#8220;creció para adentro&#8221;</title>
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		<pubDate>Tue, 06 Jul 2010 12:31:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>opusdeit</dc:creator>
				<category><![CDATA[fundador]]></category>
		<category><![CDATA[Burgos]]></category>
		<category><![CDATA[Camino]]></category>
		<category><![CDATA[guerra civil]]></category>
		<category><![CDATA[historiador]]></category>
		<category><![CDATA[opus dei]]></category>
		<category><![CDATA[Prelatura]]></category>
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		<description><![CDATA[El Consulado del Mar acoge una muestra sobre la estancia de San Josemaría Escrivá en Burgos en los años 1938-1939 Ángel Ayala // Diario de Burgos La muestra fue presentada por el historiador Constantino Anchel junto al vicario de la Obra en la región, Ángel Lasheras, y el arzobispo de Burgos. Presentación Burgos significó para [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h2 style="text-align: center">El Consulado del Mar acoge una muestra sobre la estancia de San Josemaría Escrivá en Burgos en los años 1938-1939</p>
<p><em>Ángel Ayala // Diario de Burgos</em></h2>
<div><img src="http://www.opusdei.es/image/expo+burgos+03.jpg" alt="Opus Dei - " width="200" height="236" /></div>
<p>La muestra fue presentada por el historiador Constantino Anchel junto al vicario de la Obra en la región, Ángel Lasheras, y el arzobispo de Burgos.</p>
<p><strong>Presentación</strong></p>
<p>Burgos significó para la historia del Opus Dei el comienzo de la expansión a todo el mundo. Desde la capital castellana, durante la Guerra Civil, se fraguó la marcha a numerosos países por decenas de miembros de la Obra y se «creció para adentro» en una época difícil de la historia de España, según manifestó ayer el historiador Constantino Anchel, investigador del Centro de Documentación San Josemaría Escrivá de la Universidad de Navarra, durante la apertura de la muestra que sobre la estancia del fundador de la Obra ha organizado la Asociación Arlanza en la capital burgalesa.</p>
<p>La exposición recoge libros -entre ellos un Camino de la primera edición dedicado a los monjes de Silos en 1941 por Escrivá, que realizaría allí unos ejercicios espirituales fundamentales en su vida en 1938-, imágenes y diversos objetos de la estancia de este sacerdote español elevado a los altares como santo en 2002.</p>
<p>Fue en Burgos, precisamente, donde San Josemaría acabó de escribir Camino en su primera edición y se pasó a la imprenta para su publicación. También comenzó su tesis doctoral sobre la Abadesa de las Huelgas, que luego motivo sucesivos viajes suyos a la capital burgalesa.</p>
<div><img src="http://www.opusdei.es/image/burgos+9+de+enero.jpg" alt="Opus Dei - " width="400" height="246" /></div>
<p><strong>Interpelación</strong></p>
<p>La exposición, cuya comisaria es la doctora María Jesús Coma, pretende ser también una «interpelación de lo que supuso el Opus Dei desde su presencia en los años de Burgos a ampliar posteriormente el paisaje vital de millones de personas».</p>
<p>La prelatura tiene como principal objetivo la formación de los cristianos y la predicación de la santidad en medio del mundo, entre todos los ciudadanos. En Burgos, se ubicó el único centro de la Obra que existía durante la Guerra Civil, ya que algunos de sus miembros estaban destinados en esta capital castellana, a ellos se les unió San Josemaría en enero de 1938 hasta marzo de 1939. También en Burgos vivió durante esos meses el que luego sería el primer sucesor de Escrivá, monseñor Álvaro del Portillo.</p>
<p>Santa Clara, el antiguo Hotel Sabadell, en la avenida de Valladolid, o la calle Concepción fueron los sucesivos lugares donde vivió este santo español en su época burgalesa, inmerso en la vida cotidiana de una ciudad que era capital también en la España no republicana. Ajeno a los sucedidos políticos, Escrivá viajó también por diversos frentes para acompañar en la dificultad a los primeros miembros de la Obra, predicó ejercicios espirituales y escribió su principal libro espiritual.</p>
<p>Setenta años después, el Opus Dei quiere recordar en el Consulado del Mar lo que ha significado Burgos en los «cimientos» de la historia de la Prelatura con una exposición que también muestra la vida de Escrivá de Balaguer.</p>
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		<title>En unión con la Jerarquía</title>
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		<pubDate>Sun, 04 Jul 2010 17:14:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>opusdeit</dc:creator>
				<category><![CDATA[iglesia]]></category>
		<category><![CDATA[asistencia espiritual]]></category>
		<category><![CDATA[fidelidad al Romano Pontífice]]></category>
		<category><![CDATA[formación]]></category>
		<category><![CDATA[miembros del Opus Dei]]></category>
		<category><![CDATA[Prelatura]]></category>

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		<description><![CDATA[“La herencia de Mons. Escrivá de Balaguer”, escrito por Luis Ignacio Seco. En esta divina aventura, los miembros del Opus Dei, igual que los demás fieles, secundan todas las directrices de los legítimos Pastores de la Iglesia. Omnes cum Petro ad Iesunt per Mariam, gustaba de repetir Mons. Escrivá de Balaguer. Y en 1934 escribió: [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h2 style="text-align: center">“La herencia de Mons. Escrivá de Balaguer”, escrito por Luis  Ignacio Seco.</h2>
<p>En esta divina aventura, los miembros del Opus Dei, igual que los  demás fieles, secundan todas las directrices de los legítimos Pastores  de la Iglesia. <em>Omnes cum Petro ad Iesunt per Mariam, </em>gustaba de  repetir Mons. Escrivá de Balaguer. Y en 1934 escribió: <em>Cristo .María.  El Papa. ¿No acabamos de indicaren tres palabras, los arnore.s que  compendian toda la /e católica</em></p>
<p>Son estas tres palabras las que componen el programa que ha guiado su  vida entera, la de todos los miembros del Opus Dei y la de cientos de  miles de personas en todo el mundo.</p>
<p>Junto con este amor al Papa, forma parte muy importante del espíritu de  la Obra –como ya he dichola veneración a los respectivos Obispos y la  oración generosa y constante por su persona e intenciones. El apostolado  personal de cada miembro del Opus Dei con sus amigos y compañeros lleva  a que haya muchos más católicos activos que frecuentan los templos, y  colaboran generosamente en las diversas iniciativas apostólicas que hay  en las diócesis.</p>
<p>En el Decreto de Introducción de la Causa de Beatificación y  Canonización de Mons. Escrivá de Balaguer, el Cardenal Poletti, Vicario  del Papa para la diócesis de Roma, señalaba que «Mons. Escrivá vivió el  propio ministerio como servicio desinteresado a la Iglesia, y enseñó a  sus hijos, repartidos por el mundo, a actuar en firme unión con la  Jerarquía ordinaria y en absoluta fidelidad al Magisterio, de modo que,  en todas las diócesis donde trabaja el Opus Dei, la fidelidad al Romano  Pontífice y la lealtad a la Jerarquía son inconfundibles características  suyas». Esta unión con la Jerarquía, siempre vivida, ha sido, si cabe,  reforzada con la erección del Opus Dei como Prelatura personal.</p>
<p>Por ejemplo, los Obispos de las diócesis donde hay Centros saben bien  que la Obra, antes de erigirlos, solicita la venia del Obispo del lugar.  y que le mantiene puntualmente informado de las actividades apostólicas  que vaya desarrollando. En cada diócesis, el Opus Dei desea única y  exclusivamente servir a las necesidades pastorales de las Iglesias  locales.</p>
<p>En conclusión, se puede decir que los miembros del Opus Dei están y  viven <em>desperdigados, </em>cada uno en el sitio en que le buscó el  Señor: ahí deben esforzarse diariamente por santificar el trabajo –que  es medio de subsistencia para sí y para los suyos–, por santificarse en  el trabajo, y por convertirlo en ocasión de apostolado. Y el Opus Dei,  según sus fines y modos apostólicos, se limitará a proporcionarles la  asistencia espiritual necesaria para su vida de piedad, y una adecuada  formación espiritual y doctrinal.</p>
<p>Como consecuencia de esta formación, en la que se inculca el amor y la  veneración a la Iglesia y a sus legí–timos Pastores, los fieles de la  Prelatura pueden participar –si les corresponde y libre y  responsablemente lo desean– en los organismos diocesanos. Pero nunca lo  hacen representando a la Obra, sino a título exclusivamente personal.  Porque el Opus Dei no es ni puede actuar como grupo<em>, </em>ni en esto  ni en cualquier actividad humana por noble y generosa que sea.</p>
<p><a><br />
</a></p>
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