V. LA GENTE DEL OPUS DEI

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“La herencia de Mons. Escrivá de Balaguer”, escrito por Luis Ignacio Seco.

02 de diciembre de 2008

Los miembros del Opus Dei son, como se puede ver, personas corrientes que desean llevar una vida plenamente cristiana, buscando la santidad y ejerciendo el apostolado, en su propio estado y en su propio trabajo en medio de la sociedad civil.

En el fondo la cosa no puede ser más sencilla. Cada persona del Opus Dei se compromete en concreto a practicar las virtudes cristianas propias de su condición en el mundo, y a ejercer el apostolado en la medida de sus posibilidades y según su situación personal. Como es lógico, esa diversidad de situaciones personales trae consigo una variedad de participación en las labores apostólicas según que puedan dedicar más o menos tiempo, según que puedan desarrollar una u otra actividad, etc. La mayoría de los miembros de la Obra son personas casadas, que procuran vivir seriamente el cristianismo en el seno de su hogar. Otros, en cambio, deciden permanecer célibes, con el fin de dedicar más tiempo a las tareas de formación de los demás miembros y a las diversas actividades apostólicas. Y en correspondencia a esa dedicación de sus miembros, la Obra se compromete a su vez a darles ayuda espiritual y orientación para sostener e incrementar su vida interior, al mismo tiempo que les estimula para que en su acción apostólica puedan servir a todas las almas. Por tratarse de cristianos corrientes, en el Opus Dei se da la misma variedad de personas que en cualquier sociedad: hombres y mujeres, ,jóvenes y viejos, solteros y casados, sanos y enfermos; y hay en, la Obra personas de cualquier condición social y de cualquier profesión. «Para formar parte del Opus Dei –ha escrito Mons. Escrivá de Balaguer– se necesita sólo la buena voluntad de corresponder a la vocación divina, que invita a buscar la perfección cristiana en el propio estado y en el ejercicio de la propia profesión u oficio en el mundo, según el espíritu del Opus Dei. Precisamente por eso pertenecen a la Obra hombres y mujeres de las más diversas condiciones: porque la vocación la da Dios y… porque para Dios no hay acepción de personas».

A esa multiplicidad de situaciones personales corresponde precisamente una forma personalísima de actuar la misma vocación que cada uno ha recibido, porque, como me decía uno de ellos, «en el Opus Dei cada uno se organiza como le da la gana». Unos pocos residen en centros de la Obra con el fin de estar más disponibles para trabajar en la dirección espiritual y doctrinal de las tareas de formación, pero la mayoría viven con su familia o en aquellos lugares donde los lleva a permanecer el desempeño de su labor profesional.

Del Opus Dei forman parte además sacerdotes, que se ordenan cuando ya pertenecen a la Prelatura y se dedican principalmente –aunque no de manera exclusiva– a la atención espiritual de los demás miembros de la Obra y son, por vocación, sacerdotes seculares en cualquier diócesis donde se encuentren.

Otros, después de haber recibido las sagradas órdenes, se asocian, para mejorar su vida espiritual, en la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz, Asociación inseparablemente unida a la Prelatura, sin que esto disminuya –lógicamente– en modo alguno su condición de sacerdotes diocesanos ni su plena dependencia del propio Ordinario, como ya hemos visto.

En resumen, pues, se puede decir que en el Opus Dei hay laicos y sacerdotes seculares; que entre los laicos, hay personas casadas y otras que permanecen célibes; y que, tanto entre los casados como entre los célibes, hay personas de todas las profesiones y ambientes sociales.

Y existen también Cooperadores –muchos de ellos no católicos– que, sin ser propiamente miembros de la Obra, colaboran en las actividades apostólicas con su oración, sus limosnas o su trabajo.

Un signo de esperanza

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Las fiestas litúrgicas son mucho más que piadosos ejercicios de la memoria. Cada vez que celebra una fiesta, la Iglesia vive de nuevo un acontecimiento, e invita a los fieles a repetir la experiencia original de los primeros protagonistas del evento. Y es que «Jesucristo es el mismo ayer y hoy, y por los siglos» (Heb 13, 8).

Pensemos en la solemnidad de Pentecostés. La escena que narran los Hechos de los Apóstoles tiene perenne actualidad. Cada uno de nosotros comprende en su propio idioma el anuncio de la salvación. Nos sentimos unidos a todos los cristianos, con un vínculo más fuerte que cualquier posible diferencia. Palpita intacta en la Iglesia la fuerza que impulsó a los Apóstoles a llevar el Evangelio hasta los confines de la tierra. Si sabemos escuchar y seguir la voz del Espíritu Santo, aquel viento impetuoso que sacudió los muros del Cenáculo no dejará nunca de soplar sobre el pueblo de Dios.

El sábado próximo, vigilia de la fiesta de Pentecostés, el Santo Padre presidirá un encuentro que se nos propone como signo tangible de la presencia viva del Espíritu Santo en la Iglesia. Alrededor del Papa, al término de su Congreso mundial, se reunirán representantes de los numerosos movimientos eclesiales suscitados a lo largo de estos años por el Espíritu, como confirmación de la inagotable fecundidad de la Esposa de Cristo. Estas realidades son un signo de esperanza para el presente y para el futuro. Alimentan nuestra esperanza su entrega a la labor de evangelización, su capacidad de difundir la fe en los más variados ambientes, la coherencia cristiana que promueven en todas partes, la alegría de tantos hombres y tantas mujeres que redescubren -gracias a su testimonio- la radicalidad de los compromisos bautismales. Como ha ocurrido en todas las etapas de la vida de la Iglesia, ya desde sus primeros pasos, los movimientos son hoy expresión viva de la acción del Espíritu Santo en el mundo. Su presencia redunda en beneficio de todos, porque todos encontramos consuelo y estímulo en el buen ejemplo que nos ofrecen los hermanos que saben tomarse en serio la vocación cristiana.

El sábado por la tarde, en la Plaza de San Pedro, la Iglesia ofrecerá un nuevo signo de su propia vitalidad: con el Papa, en unión con los Pastores y con todos los fieles, resultará patente el impulso sobrenatural de Aquel que es Señor y da la vida.

La Prelatura del Opus Dei en cuanto tal, por su estructura, no forma parte de los movimientos; y por eso no ha participado en el Congreso ni estará representada en el encuentro final. Sin embargo, todos los fieles de la Prelatura se sienten, con toda la Iglesia, muy próximos a los movimientos. Algunos de ellos han tenido además ocasión de colaborar en la organización de estas jornadas; otros estarán presentes en la celebración, por diversos títulos; y todos rezaremos por sus frutos espirituales y apostólicos, recordando la invitación del Beato Josemaría: «Pide a Dios que en la Iglesia Santa, nuestra Madre, los corazones de todos, como en la primitiva cristiandad, sean un mismo corazón, para que hasta el final de los siglos se cumplan de verdad las palabras de la Escritura: “multitudinis autem credentium erat cor unum et anima una” -la multitud de los fieles tenía un solo corazón y una sola alma- (Forja, n. 632). Unidad de oración, unidad de intenciones, unidad de afectos: la esperanza de Pentecostés.

Concepto

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La mayoría de las circunscripciones eclesiásticas existentes son territoriales porque se organizan sobre la base de la vinculación de los fieles con un determinado territorio por el domicilio. Es el caso típico de las diócesis. Otras veces, la determinación de los fieles de una circunscripción eclesiástica no se establece sobre la base del domicilio sino en virtud de otros criterios, como pueden ser la profesión, el rito, la condición de emigrantes, una convención establecida con la entidad jurisdiccional, etc. Es el caso, por ejemplo, de los ordinariatos militares y de las prelaturas personales.

Las prelaturas personales —auspiciadas por el Concilio Vaticano II, como se ha dicho— son entidades al frente de las cuales hay un Pastor (un prelado, que puede ser obispo, que es nombrado por el Papa y que gobierna la prelatura con potestad de régimen o jurisdicción); junto al prelado, hay un presbiterio compuesto de sacerdotes seculares y los fieles laicos, hombres y mujeres.

Las prelaturas personales son, por tanto, instituciones pertenecientes a la estructura jerárquica de la Iglesia, es decir, uno de los modos de auto-organización que la Iglesia se da en orden a la consecución de los fines que Cristo le asignó, con la característica de que sus fieles continúan perteneciendo también a las iglesias locales o diócesis donde tienen su domicilio.

Por los rasgos señalados, entre otros, las prelaturas personales se diferencian claramente de los institutos religiosos y de vida consagrada en general; y de los movimientos y asociaciones de fieles.

Cardenal Ruini: El fruto de la misión del Opus Dei queda dentro de las iglesias locales

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Con motivo del 25 aniversario de la erección del Opus Dei en Prelatura Personal, se ha celebrado en Roma una jornada de estudio en la que han participado diversos especialistas, entre otros el Vicario del Papa en la diócesis de Roma y el Prelado del Opus Dei.

En el aula Magna Juan Pablo II de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz, se ha celebrado una Jornada de Estudio con motivo del XXV aniversario de la erección de la Prelatura del Opus Dei.

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Al cabo de un cuarto de siglo de la Constitución Apostólica Ut sit, con la que Juan Pablo II erigió la Prelatura del Opus Dei, varios expertos y personalidades de la Iglesia se han reunido para profundizar en el significado teológico y jurídico de la primera Prelatura personal.

La figura de las Prelaturas personales es una creación del Concilio Vaticano II con la que se desea favorecer el dinamismo evangelizador de la Iglesia.

El Cardenal Ruini destacó la importancia de la labor de acompañamiento espiritual y de los medios de formación promovidos por la Prelatura, “orientados a iluminar la búsqueda de la santidad y el ejercicio del apostolado”.

El adjetivo “personal” implica que su Prelado no tiene jurisdicción sobre un determinado territorio, sino sobre fieles pertenecientes a distintas Diócesis que por sus circunstancias personales necesitan una especial atención pastoral. Estas personas pertenecen tanto a la Diócesis en la que tienen su domicilio como a la Prelatura personal.

El Card. Camillo Ruini, Vicario General de Su Santidad para la Diócesis de Roma, ha comenzado su intervención con unas palabras de gratitud a la Prelatura del Opus Dei “por el servicio que lleva a cabo en favor de las Diócesis de todo el mundo y particularmente en la de Roma”, no sólo por medio de los encargos que algunos sacerdotesdesempeñan en las parroquias o en otros servicios diocesanos, sino, sobre todo, por su empeño por promover la santidad y el apostolado: es éste, ha dicho, “el servicio pastoral más específico y más directo del Opus Dei a las Diócesis”.

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En este contexto ha subrayado la importancia de la labor de acompañamiento espiritual y de los medios de formación promovidos por la Prelatura, “orientados a iluminar la búsqueda de la santidad y el ejercicio del apostolado de los laicos a través del proprio trabajo y de las circunstancias personales de cada uno”.

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El Card. Julián Herranz, Presidente emérito del Pontificio Consejo de los Textos Legislativos, ha hablado de los trabajos preparatorios de la Constitución Apostólica ‘Ut Sit’, con la que Juan Pablo II constituyó la Prelatura del Opus Dei.

El Cardenal ha declarado que el proceso de elaboración de la Bula pontificia muestra “la profundidad y el espíritu colegial con que Juan Pablo II seguía y dirigía el trabajo de la Congregación para los Obispos”: en concreto, 2084 obispos de 34 naciones fueron consultados.

El Prelado del Opus Dei, Mons. Javier Echevarría, ha explicado que la figura jurídica de la Prelatura personal es la que mejor se adapta al fenómeno pastoral que San Josemaría Escrivá “vio” el 2 de octubre de 1928 (fecha fundacional del Opus Dei): una institución “constituida por cristianos corrientes” comprometidos en la tarea de difundir capilarmente la convicción de que “la fe puede y debe impregnar desde dentro toda la existencia humana, con todas las realidades que la componen: en primer lugar, las exigencias del trabajo profesional y, en general, la vida familiar y social”.

De este modo, la Prelatura pretende ayudar a sanar el “divorcio entre la fe y la propia existencia concreta, hecha de trabajo y ocupaciones terrenas”.

“La formación – ha dicho también el Prelado – es la tarea en la que se resume toda la labor del Opus Dei”, de modo que las personas que se acercan a la prelatura “puedan actuar con sentido cristiano en la vida profesional, familiar y social y, con la conciencia bien formada, estén en condiciones de decidir libremente acerca de sus propias opciones”.

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El Prof. Giuseppe Dalla Torre, Rector de la LUMSA,ha analizado los diversos reconocimientos civiles de la Prelatura del Opus Dei.

La Prelatura ha producido una cierta innovación en el ordenamiento canónico, pero al mismo tiempo, en virtud del reconocimiento civil de la Prelatura, ha creado también un nuevo fenómeno en los ordenamientos jurídicos civiles.

Mons. Fernando Ocáriz, Vicario General del Opus Dei, ha hablado del apostolado ‘ad fidem’ y el ecumenismo que la Prelatura procura desarrollar tanto a nivel institucional como a nivel personal, en la vida de cada miembro.

“Con la formación permanente que reciben, los fieles del Opus Dei tienen la posibilidad de llevar a cabo lo que podríamos llamar un ecumenismo personal”, ejercido con ocasión de las relaciones familiares, profesionales y sociales.

Mons. Ocáriz ha subrayado que, tanto en el diálogo con los no cristianos como en el diálogo ecuménico, la motivación de fondo no es “un afán de afirmación personal o de hacer prevalecer las propias convicciones, sino la caridad cristiana, el amor sincero a todas las almas, a las que se desea transmitir el bien inestimable de la fe en Cristo o la plenitud de esta fe”.

El Prof. Paul O`Challagan, Decano de la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz, ha dicho que “la peculiaridad del Opus Dei en relación con la enseñanza conciliar no está en la novedad de su mensaje, sino en el hecho de que la Obra se esfuerza por poner en práctica la misión de la Iglesia y por promover su efectiva realización”.

Con la constitución de la Prelatura “no se pretendía, por tanto, ofrecer una ulterior profundización teórica del mensaje conciliar, ni añadir nuevos elementos, sino ponerlos en práctica”.

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La misión de la Prelatura – ha proseguido – “simplemente coincide con la de la Iglesia; sus fieles no modifican nada: actúan. La Obra no tiene una doctrina particular, una teología propia. Quiere ser, simplemente, una pequeña parte de la Iglesia”.

El profesor Eduardo Baura, coordinador de la Jornada de Estudio, ha explicado que “a pesar de ciertas perplejidades iniciales, ligadas sobre todo al tipo de coordinación pastoral con las Diócesis, la decisión de dar vida a las Prelaturas personales se ha revelado conveniente para las propias Diócesis”.

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Transcurrido un cuarto de siglo, “la experiencia de la primera Prelatura personal demuestra que esta figura podría resultar muy útil para afrontar algunas necesidades pastorales actuales, típicas de una sociedad marcada – entre otros factores – por la movilidad de las personas y por la multiculturalidad”.

El Prof. Baura ha puesto también de relieve que la erección de la Prelatura ha significado la solemne “asunción por parte de la Jerarquía del fenómeno pastoral que de este modo se ha creado”. En efecto, es el Papa quien nombra al Prelado, el cual, como todos los Ordinarios, debe dar cuenta a la Congregación para los Obispos o a la Congregación de Propaganda Fide.

«El Opus Dei no es más que una gran catequesis»

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Mons. Javier Echevarría afirma en esta entrevista publicada en la prensa catalana que “todos podemos y debemos vivir una vida de intimidad con Dios, puesto que todos somos hijos de Dios, y de todos sus hijos Dios espera amor”.

¿Con qué espíritu están viviendo la celebración de los 25 años de la prelatura personal del Opus Dei?

Sin cambiar el ritmo de trabajo habitual, cada uno está procurando dar muchas gracias a Dios por todos los bienes recibidos. En este sentido, he dispuesto que este año, hasta el próximo 28 de noviembre, en la prelatura del Opus Dei sea un año mariano de acción de gracias. También, claro está, este aniversario es una oportunidad para renovar el empeño personal por seguir más de cerca a Jesucristo, en comunión con el Papa y todos los obispos diocesanos.

Empleando términos humanos, ¿se puede decir que han alcanzado ya la mayoría de edad?

Si se mira el servicio que la prelatura está llamada a prestar a la Iglesia y a las almas a lo largo de los siglos, podemos decir que está todavía en los comienzos; ciertamente no en lo que se refiere a su misión —recordemos la vocación de todos los cristianos a la santidad, a través de la vida ordinaria—, pero sí en la amplitud y profundidad de la tarea evangelizadora que tiene confiada, pues todavía no es extenso el trabajo que podemos asumir en comparación con las expectativas de tantos en la Iglesia: por ejemplo, de un gran número de obispos que desearían que comenzáramos a trabajar en sus diócesis.

Por otra parte, todos los fieles de la prelatura tenemos cada día el reto de hacer realidad ese mensaje en nuestra vida, con la ayuda de la gracia. Desde este punto de vista, que es el que en mi opinión más importa, el Opus Dei nunca podrá considerarse mayor de edad; pues está completamente necesitado de la ayuda de Dios, como un hijo pequeño necesita de sus padres.

¿Qué representó hace 25 años para el Opus Dei el reconocimiento jurídico como prelatura personal? ¿Por qué se eligió esta figura jurídica frente a otras más frecuentes en el ámbito de los movimientos laicales?

La erección del Opus Dei como prelatura personal por el Papa Juan Pablo II, después de una amplísima consulta a miles de obispos y de un cuidadoso estudio, representó el pleno reconocimiento eclesial del carisma fundacional. Como mucha gente sabe, el 2 de octubre de 1928 san Josemaría vio que Dios le pedía promover en todo el mundo la llamada universal a la santidad y una toma de conciencia efectiva y plena por parte de los laicos de su misión en la Iglesia y en el mundo, principalmente a través de la santificación del trabajo y de las circunstancias ordinarias de su vida. La labor que surgió de aquella semilla inspirada por Dios, y que fue extendiéndose por muchas partes del mundo, no encontró el cauce adecuado dentro del derecho de la Iglesia hasta que el Concilio Vaticano II estableció las prelaturas personales para determinadas finalidades apostólicas. Esta figura jurídica encaja perfectamente con la misión —plenamente secular y de ámbito internacional— del Opus Dei, en la que convergen orgánicamente fieles laicos —que siguen perteneciendo a sus respectivas diócesis— y sacerdotes seculares incardinados en la prelatura. Por otra parte, subraya la plena comunión con los obispos diocesanos, y clarifica su inserción en las diferentes diócesis. Fue, pues, un día largamente deseado por el fundador, por el que rezó y se mortificó mucho, hasta el punto de ofrecer el sacrificio de no ver realizado en vida el pleno reconocimiento eclesial por parte de la suprema autoridad de la Iglesia.

Por lo demás, los fieles del Opus Dei, al procurar vivir con fidelidad su compromiso como cristianos —iguales a los demás—, se sienten en una particular comunión de oración, de intenciones y de afectos con todos los carismas de la Iglesia, que son siempre una riqueza del Pueblo de Dios: realidades antiguas o nuevas, como los movimientos eclesiales.

¿Cómo ha evolucionado la prelatura en estos 25 años? ¿Cuáles han sido los acontecimientos más importantes?

La definitiva configuración jurídica ha ayudado mucho a que se comprendiera la misión del Opus Dei al servicio de la Iglesia universal y su plena inserción en las Iglesias locales. Durante estos 25 años, además, ha habido grandes motivos de alegría, como la canonización del fundador. Otro momento que me parece necesario mencionar es el tránsito de su primer sucesor, Mons. Álvaro del Portillo, cuya causa de beatificación ya se ha iniciado. Además, la prelatura en estos años ha extendido sus apostolados a nuevos países de los cinco continentes.

«Cualquier ocupación honrada, bien hecha, acabada por amor, puede y debe ser lugar de encuentro con Dios»

Sin embargo, quisiera subrayar que, para los fieles del Opus Dei, los acontecimientos más importantes no son de ese tipo, sino los que llenan la vida ordinaria de cada uno: aunque pasen inadvertidos y puedan parecer sin trascendencia, son lugar donde Dios espera a cada persona, lugar en el que podemos encontrarle.

¿Cómo afectó a la prelatura el fallecimiento del fundador?

Dios concedió a nuestro fundador un corazón de padre, lleno de humanidad. Su fallecimiento causó, en un primer momento, profundo dolor. Enseguida, sin embargo, con la ayuda de Mons. Álvaro del Portillo, que nos invitó a todos a que mantuviéramos abierta esa herida en el alma para cuidar fielmente el tesoro que habíamos recibido, comprendimos que esta familia del Opus Dei tenía ya su cabeza y su corazón en el Cielo.

Por lo demás, san Josemaría procuró durante toda su vida no ser imprescindible. Se ocupó de dejar «esculpido» —así lo decía él— el espíritu del Opus Dei. A quienes hemos recibido ese espíritu nos corresponde ahora ser muy fieles a este mensaje, y hacerlo fructificar día a día. Doy muchas gracias a Dios por haberme dado la oportunidad de convivir tantos años con un santo como san Josemaría Escrivá de Balaguer. Confío plenamente en la fuerza de su intercesión, y pienso que hoy nos sigue mirando y ayudando con su afecto paterno y materno, mientras nos dice, como repetía con frecuencia: «¡Más, más, más!» Siempre podemos amar más, hacer más por Dios y por el prójimo; para que, con nuestros errores, nos empeñemos por acabar cada día más cerca de Dios que cuando lo empezamos.

¿Cuál es el secreto del Opus Dei para, sobre todo en Europa, seguir atrayendo a jóvenes hacia un seguimiento radical de Cristo, ya sea a través de la vida matrimonial, del celibato apostólico o del sacerdocio?

El mismo secreto que tiene la Iglesia, y que no puede ser otro que el atractivo siempre actual de Nuestro Señor Jesucristo. Sobre todos los cristianos recae la obligación de hacer presentes, con nuestro ejemplo y con nuestra palabra, el rostro y el mensaje adorables de Cristo sin camuflajes, aunque pueda parecer que vamos a contracorriente. Y la experiencia es que Jesucristo siempre arrastra.

Por otro lado, para usar una comparación que utilizaba frecuentemente san Josemaría, el Opus Dei no es más que una gran catequesis. Ofrece medios de formación cristiana y un acompañamiento espiritual personalizado a sus fieles y a las personas que participan en sus apostolados. Y son éstos los que con la naturalidad de su vida, de su amistad y de su conversación personal, dan a conocer la doctrina del Evangelio a sus familiares, amigos, colegas, vecinos…

25 años después, ¿cuáles son los retos más urgentes que debe afrontar hoy la prelatura?

El reto fundamental es la santidad personal de cada uno de sus miembros, y la extensión de esa aspiración a la santidad entre muchas personas mediante la labor de evangelización. Esta tarea, que es y será siempre actual, hoy resulta particularmente urgente, como no deja de recordar a todos los hombres de fe el Santo Padre, Benedicto XVI.

«La prelatura del Opus Dei no pretende ninguna gloria humana; aspira a servir sin secreto alguno, pero discretamente, como la levadura»

Por otra parte, como ya he dicho, muchos obispos llaman para que la prelatura comience su actividad apostólica en sus diócesis. Hace justamente un año se abrió el primer centro del Opus Dei en Moscú. En estos momentos estamos rezando y trabajando para que se haga realidad el trabajo estable de la prelatura en Rumanía e Indonesia.

Otro reto igualmente perenne para los fieles del Opus Dei y para todos los cristianos, particularmente para los laicos, es contribuir con todas las mujeres y hombres de buena voluntad a configurar una cultura que sea coherente con la dignidad de la persona humana.

¿Podemos hablar de carisma del Opus Dei? ¿Sigue siendo «la santidad por el trabajo» el pilar de su espiritualidad?

En efecto, y así será siempre. De una parte, cualquier trabajo honesto, cualquier ocupación honrada, bien hecha, acabada por amor, puede y debe ser lugar de encuentro con Dios, de servicio a los demás y de mejora personal; Dios nos llama no sólo cuando rezamos, sino todo el día. No cabe hablar, pues, de trabajos u ocupaciones de segunda categoría, porque todas las ocupaciones profesionales pueden ser ocasión para encontrarse con Dios. Y no sólo el trabajo; para los casados, por ejemplo, el cumplimiento amoroso de sus deberes matrimoniales y familiares es también verdadero camino de santidad, como lo es el ejercicio del sacerdocio para los sacerdotes, y para todos los ciudadanos el cumplimiento leal de los justos deberes cívicos.

De otra parte, Dios llama a todos a ser santos; no sólo a algunos, a todos. Todos podemos y debemos vivir una vida de intimidad con Dios, puesto que todos somos hijos de Dios y de todos sus hijos Dios espera amor.

Muy unidos a este mensaje central están la coherencia de vida, el amor a la libertad personal y el afán por ser sembradores de paz y de alegría en el seno de la sociedad, sin poner barreras a ninguna persona.

Como prelado del Opus Dei, ¿cómo afronta la responsabilidad de encabezar uno de los carismas más vivos y entusiastas de la Iglesia actual?

Me perdonará si le protesto un poco por los términos de su pregunta. En la Iglesia actual —como siempre ha ocurrido— hay mucha riqueza espiritual, muchas manifestaciones de que el Espíritu Santo la está acompañando e inspirando. El Opus Dei es una prueba más de esa perenne vitalidad de la Iglesia, pero no queremos ser «los primeros de la clase». Personalmente, puedo decirle que conozco muy bien la desproporción de mis fuerzas para la tarea confiada, y que procuro apoyarme en la oración de los fieles de la prelatura, de los cooperadores y de tantas personas que rezan por nuestra labor. Pero, además, la prelatura del Opus Dei no pretende ninguna gloria humana; aspira a servir sin secreto alguno, pero discretamente, como la levadura.

La intercesión de la Virgen María, a la que han decidido encomendar este aniversario, seguro que ha estado presente durante estos 25 años…

En efecto. Y no sólo durante estos 25 años, sino durante toda la historia del Opus Dei. Ante cualquier necesidad, hemos recurrido siempre a María. San Josemaría acudió, desde los primeros barruntos de lo que Dios le pedía, a Nuestra Madre; y, entre muchos otros detalles, fue en peregrinación a santuarios marianos de todo el mundo. También a Montserrat y, especialmente, a Nuestra Señora de la Merced de Barcelona. Sus visitas a esta basílica barcelonesa guardan una estrecha relación con el camino jurídico del Opus Dei, que concluyó felizmente hace ahora 25 años. En el presente y en el futuro continuará siendo siempre necesaria la ayuda de la Virgen. Durante este año mariano que estamos celebrando en la Obra, he animado a todos los fieles de la prelatura a vivir con más esmero la devoción del Santo Rosario, y a extenderla entre sus colegas, amigos y familiares. Es una oración plenamente actual. 


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