CONSTITUCIÓN APOSTÓLICA «UT SIT»

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“La herencia de Mons. Escrivá de Balaguer”, escrito por Luis Ignacio Seco.

(Documento Pontificio de erección del Opus Dei en Prelatura personal)

JUAN PABLO OBISPO

Siervo de los Siervos de Dios

Para perpetua memoria

Con grandísima esperanza, la Iglesia dirige sus cuidados maternales y su atención al Opus Dei, que –por inspiración divina– el Siervo de Dios Josemaría Eserivá de Balaguer fundó en Madrid el 2 de octubre de 1928, con el fin de que siempre sea un instrumento apto y eficaz de la misión salvífica que la Iglesia lleva a cabo para la vida del mundo.

Desde sus comienzos, en efecto, esta Institución se ha esforzado, no sólo en iluminar con luces nuevas la misión de los laicos en la iglesia y en la sociedad humana, sino también en ponerla por obra; se ha esforzado igualmente en llevar a la práctica la doctrina de la llamada universal a la santidad, y en promover entre todas las clases sociales la santificación del trabajo profesional y por medio del trabajo profesional. Además, mediante la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz, ha procurado ayudar a los sacerdotes diocesanos a vivir la misma doctrina, en el ejercicio de su sagrado ministerio.

Habiendo crecido el Opus Dei, con la ayuda de la gracia divina, hasta el punto de que se ha difundido y trabaja en gran número de diócesis de todo el mundo, como un organismo apostólico compuesto de sacerdotes y de laicos, tanto hombres como mujeres, que es al mismo tiempo orgánico e indiviso –es decir, como una institución dotada de una unidad de espíritu, de fin, de régimen y de formación–, se ha hecho necesario conferirle una configuración jurídica adecuada a sus características peculiares. Fue el mismo Fundador del Opus Dei, en el año 1962, quien pidió a la Santa Sede, con humilde y confiada súplica, que teniendo presente la naturaleza teológica y genuína de la Institución, y con vistas a su mayor eficacia apostólica, le fuese concedida una configuración eclesial apropiada.

Desde que el Concilio Ecuménico Vaticano 11 introdujo en el ordenamiento de la Iglesia, por medio del Decreto Presbyterorum Ordinis, n. 10 –hecho ejecutivo mediante el Motu proprio Ecclesiae Sanctae, 1, n. 4– la figura de las Prelaturas personales para la realización de peculiares tareas pastorales, se vio con claridad que tal figura jurídica se adaptaba perfectamente al Opus Dei. Por eso, en el año 1969, Nuestro Predecesor Pablo VI, de gratísima memoria, acogiendo benignamente la petición del Siervo de Dios Josemaría Escrivá de Balaguer, le autorizó para convocar un Congreso General especial que, bajo su dirección, se ocupase de iniciar el estudio para una transformación del Opus Dei, de acuerdo con su naturaleza y con las normas del Concilio Vaticano Il.

Nos mismo ordenamos expresamente que se prosiguiera tal estudio, y en el año 1979 dimos mandato a la Sagrada Congregación para los Obispos, a la que por su naturaleza competía el asunto, para que, después de haber considerado atentamente todos los datos, tanto de derecho como de hecho, sometiera a examen la petición formal que había sido presentada por el Opus Dei.

Cumpliendo el encargo recibido, la Sagrada Congregación examinó cuidadosamente la cuestión que le había sido encomendada, y lo hizo tomando en consideración tanto el aspecto histórico, como el jurídico y el pastoral. De tal modo, quedando plenamente excluida cualquier duda acerca del fundamento, la posibilidad y el modo concreto de acceder a la petición, se puso plenamente de manifiesto la oportunidad y la utilidad de la deseada transformación del Opus Dei en Prelatura personal.

Por tanto, Nos con la plenitud de Nuestra potestad apostólica, después de aceptar el parecer que Nos había dado Nuestro Venerable Hermano el Eminentísimo y Reverendísimo Cardenal Prefecto de la Sagrada Congregación para los Obispos, y supliendo, en la medida en que sea necesario, el consentimiento de quienes tengan o consideren tener algún interés propio en esta materia, mandamos y queremos que se lleve a la práctica cuanto sigue.

I

Queda erigido el Opus Dei como Prelatura personal de ámbito internacional, con el nombre de la Santa Cruz y Opus Dei o, en forma abreviada, Opus Dei. Queda erigida a la vez la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz, como Asociación de clérigos intrínsecamente unida a la Prelatura.

II

La Prelatura se rige por las normas del derecho general y de esta Constitución, así como por sus propios Estatutos, que reciben el nombre de «Código de derecho particular del Opus Dei».

III

La jurisdicción de la Prelatura personal se extiende a los clérigos en ella incardinados, así como también –sólo en lo referente al cumplimiento de las obligaciones peculiares asumidas por el vínculo jurídico, mediante convención con la Prelatura– a los laicos que se dedican a las tareas apostólicas de la Prelatura: unos y otros, clérigos y laicos, dependen de la autoridad del Prelado para la realización de la tarea pastoral de la Prelatura, a tenor de lo establecido en el artículo precedente.

IV

E1 Ordinario propio de la Prelatura del Opus Dei es su Prelado, cuya elección, que ha de hacerse de acuerdo con lo que establece el derecho general y particular, ha de ser confirmada por el Romano Pontífice.

V

La Prelatura depende de la Sagrada Congregación para los Obispos y, según la materia de que se trate, gestionará los asuntos correspondientes ante los demás Dicasterios de la Curia Romana.

VI

Cada cinco años, el Prelado presentará al Romano Pontífice, a través de la Sagrada Congregación para los Obispos, un informe acerca de la situación de la Prelatura y del desarrollo de su trabajo apostólico.

VII

El Gobierno central de la Prelatura tiene su sede en Roma. Queda erigido, como iglesia prelaticia, el Oratorio de Santa María de la Paz, que se encuentra en la sede central de la Prelatura.

Asimismo, el Reverendísimo Monseñor Álvaro del Portillo, canónicamente elegido Presidente General del Opus Dei el 15 de septiembre de 1975, queda confirmado y es nombrado Prelado de la Prelatura personal de la Santa Cruz y Opus Dei, que se ha erigido.

Finalmente, para la oportuna ejecución de todo lo que antecede, Nos designamos al Venerable Hermano Romolo Carboni, Arzobispo titular de Sidone y Nuncio Apostólico en Italia, a quien conferimos las necesarias y oportunas facultades, también la de subdelegar –en la materia de que se trata– en cualquier dignatario eclesiástico, con la obligación de enviar cuanto antes a la Sagrada Congregación para los Obispos un ejemplar auténtico del acta en la que se dé fe de la ejecución del mandato.

Sin que obste cualquier cosa en contrario.

Dado en Roma, junto a San Pedro, el día 28 del mes de noviembre del año 1982, quinto de Nuestro Pontificado.

AUGUSTINUS Card. CASAROLI +SEBASTIANUS Card. BAGGIO

Secretario de Estado   Prefecto de la Sagrada

Congregación para los Obispos

Iosephus Del Ton, Protonotario Apostólico Marcellus Rossetti, Protonotario Apostólico


Prelatura personal de ámbito internacional

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“La herencia de Mons. Escrivá de Balaguer”, escrito por Luis Ignacio Seco.

En una entrevista concecida a Joaquín Navarro^ Valls, entonces corresponsal de ABC en Roma, Mons. del Portillo definió la naturaleza exacta del Opus Dei:

«Es una Prelatura personal de ámbito internacional, con sede central en Roma, y dependiente de la Sagrada Congregación para los Obispos. Está constituida por un Prelado; por el clero o presbiterio de la Prelatura, que son los sacerdotes incardinados al Opus Dei, y por los seglares que libremente se han incorporado o se incorporarán en el futuro».

El Prelado del Opus Dei describía en pocas palabras esta figura jurídica –la Prelatura personal–, creada por los Padres Conciliares en el Concilio Vaticano II:

«Es una estructura jurisdiccional secular, de carácter personal (es decir, no circunscrita al criterio de la territorialidad), que la Santa Sede erige para que realice peculiares tareas pastorales, en una detcrminada región o país, o en el mundo entero. Esta figura jurídica (que tiene una gran flexibilidad) fue creada por el Concilio Vaticano II, concretamente en el Decreto Presbyterorum 0rdinis».

Navarro–Valls preguntó también a Mons. del PortiIlo por la finalidad de la Prelatura Opus Dei:

«Son dos los aspectos fundamentales de la finalidad y de la estructura de la Prelatura, que explican su razón de ser y su natural inserción en el conjunto de la actividad pastoral y evangelizadora de la Iglesia:

a) De una parte, la peculiar labor pastoral del Prelado con su presbiterio para atender y sostener a los fieles laicos incorporados al Opus Dei en el cumplimiento de los compromisos ascéticos, formativos y apostólicos, que han asumido y que son particularmente exigentes.

b) De otra, el apostolado del presbiterio y de) laicado de la Prelatura, que llevan a cabo inseparablemente unidos, con el fin de difundir en todos los ambientes de la sociedad una profunda toma de conciencia de la llamada universal a la santidad y al apostolado, y, más concretamente, del valor santificante del trabajo profesional ordinario».

III. ¿QUÉ ES EL OPUS DEI?

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“La herencia de Mons. Escrivá de Balaguer”, escrito por Luis Ignacio Seco.

02 de diciembre de 2008

¿Quién mejor que Mons. Alvaro del Portillo, su Prelado, para explicarnos qué es el Opus Dei? El 28XI–82, el Papa Juan Pablo Il erigió esta institución de la Iglesia en Prelatura personal, con el fin de que su figura jurídica en el derecho canónico correspondiera adecuadamente con su vida, con su realidad social y con su auténtico espíritu fundacional, transmitido por su Fundador, Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer. «Este nuevo marco jurídico del Opus Dei –declaró Mons. del Portillo a Pier Giovanni Palla, del diario Ya, en noviembre de 1982–, transparenta claramente lo que son los miembros del Opus Dei: o simples fieles laicos, o sacerdotes seculares».

La alegría del cristiano

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La alegría del cristiano no está en la “impecabilidad”, sino en el perdón

Monseñor Javier Echevarría, prelado del Opus Dei, acaba de publicar el libro “Itinerarios de vida cristiana” (Planeta+Testimonio) en el que afronta el ser y el quehacer de los cristianos, y algunos temas candentes de la Iglesia y del mundo contemporáneo: la crisis de la familia , el concepto de paternidad responsable, el valor y el sentido de la corporalidad, etc.

Echevarría (Madrid, 1932) es el segundo sucesor del beato Josemaría Escrivá al frente de la prelatura personal, fundada el 2 de octubre de 1928. Según la edición del año 2000 del Anuario Pontificio, forman parte del Opus Dei (“Obra de Dios”, en latín) cerca de 84.000 personas.

En esta entrevista, el prelado presenta el ideal cristiano en “un ambiente donde lo principal es el culto de la buena imagen, del éxito, del poder” y que “se deprime ante un fracaso, ante un traspiés económico, incluso ante unas arrugas en la cara”.

¿Cómo valora el momento presente?

Me parece evidente que es un momento complejo y, en buena parte, paradójico: junto a innegables sombras, no faltan luces. Serían fáciles de enumerar los ejemplos de progresos, de retrocesos, de conquistas y de derrotas en lo humano.

Pero, por encima de todo, no podemos olvidar que estamos viviendo en la plenitud de los tiempos; es el momento, que dura ya dos mil años, de la verdadera y definitiva novedad: el momento en que Dios se ha hecho hombre en Jesucristo, dándonos la posibilidad de ser nosotros hijos de Dios: nunca agradeceremos suficientemente este tesoro, que nos lleva a afrontar las diferentes circunstancias con optimismo humano y sobrenatural. Otro modo de entender el momento presente sería necesariamente incompleto y nos expondría a captar sólo la superficie de lo que acontece en la historia personal y general.

¿No le parece que la conducta de los que se esfuerzan por vivir en cristiano choca con los rasgos de la sociedad actual?

Desde luego. Y esto viene de lejos. Nada más presentar a Jesús en el Templo, José y María recibieron del anciano Simeón el anuncio de que aquel niño sería signo de contradicción. Cuando los apóstoles recibieron el Espíritu Santo, superaron el miedo para anunciar a Cristo, pero enseguida “los objetivos” los tomaron por borrachos, fueron encarcelados y después ya sabemos cómo acabaron, aunque siempre fueron hombres felices. Y así a lo largo de los siglos. La novedad cristiana chocará siempre, pero este choque puede y debe ser un revulsivo que genere amor, humanice al hombre, le abra nuevas perspectivas, lo libere.

¿Qué opina de la concepción contemporánea del amor?

Pienso que en nuestra sociedad se ha ido abriendo camino una concepción del amor desligada del compromiso, es decir, de ese componente esencial del amor que es la mutua fidelidad de los que se aman. Y esto lo desvirtúa y tiende a transformarlo en egoísmo, en ansia de simple autosatisfacción. ¿Se puede concebir que una madre deje de querer a su hijo porque el de la vecina es más guapo? También por esto la cobertura legal a las rupturas matrimoniales es una gran tragedia; en cambio, la exigencia recordada por Cristo –”lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre”– es fuente y garantía de libertad y de amor verdadero.

En su opinión, ¿cuál es el origen último de las críticas a la figura del padre en la familia, de las que habla en su libro?

Al fin y al cabo, parece que muchos confunden la identidad del hijo con la del esclavo. Y entonces se considera un ogro a todo padre. Jesucristo nos ha revelado la ternura de la paternidad de Dios y la libertad que nos gana la adopción filial que Dios Padre ha hecho de nosotros en Jesucristo.

Muchos matrimonios dicen que las estructuras sociales de hoy no les permiten tener todos los hijos que quisieran.
No cabe ignorar el peso efectivo de ciertas estructuras sociales, económicas y políticas –pobreza, desempleo, precio de la vivienda, etc.– que pueden justificar el uso de los métodos naturales de continencia, de acuerdo con la moral. Pero, a la vez, desgraciadamente, existe además una actitud que no se justifica en los motivos citados: pone en duda el valor de la paternidad o de la maternidad en sí mismas y, por eso, generar un hijo no se considera ya algo indiscutiblemente bueno y deseable, sino una opción entre otras muchas posibles. Se admite que dar la vida a otro es algo incomparable; pero se juzga que generar y educar otro hijo más conlleva una tarea compleja y arriesgada, y se procede a un balance de las satisfacciones que proporciona y de los sacrificios que exige, para concluir a menudo que no vale la pena. En el fondo, se ha perdido de vista el valor de la vida, el sentido del amor y la grandeza de la maternidad y la paternidad.

Su libro termina con un capítulo sobre “La esencia de la alegría”. Algunos se preguntan cómo se puede tener alegría en un mundo como el nuestro, donde está tan presente el dolor y la injusticia.

La Iglesia, en su liturgia, se atreve a cantar con alegría el Misterio de la Cruz de Cristo. El dolor no cancela la alegría, si se vive unido a la entrega de Jesucristo por nuestra salvación. La alegría se agosta por el egoísmo del pecado, por el olvido de amar a Dios y amar al prójimo, junto con la falta de arrepentimiento. Quien vive dominado por un ambiente donde lo principal es el culto de la buena imagen, del éxito, del poder, se deprime ante un fracaso, ante un traspiés económico, incluso ante unas arrugas en la cara.

Desde luego, la alegría, para un cristiano, no está ligada a una presunta impecabilidad, que no existe, sino a la disponibilidad para pedir perdón, para arrepentirnos. La alegría es la del hijo pródigo. Cada vez comprendo mejor que el Beato Josemaría Escrivá llamara al sacramento de la Penitencia “el sacramento de la alegría”.


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