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	<title>Opus Dei Testimonios &#187; prelatura del Opus Dei</title>
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	<description>Testimonios sobre el Opus Dei y la vida cristiana</description>
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		<title>&#8220;Historia y fe están inseparablemente unidas&#8221;</title>
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		<pubDate>Wed, 23 Feb 2011 21:00:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>opusdeit</dc:creator>
				<category><![CDATA[iglesia]]></category>
		<category><![CDATA[Benedicto XVI]]></category>
		<category><![CDATA[Centro Sacerdotal Montalegre]]></category>
		<category><![CDATA[Evangelios]]></category>
		<category><![CDATA[Historia y fe]]></category>
		<category><![CDATA[III Asamblea Ecuménica Europea]]></category>
		<category><![CDATA[prelatura del Opus Dei]]></category>

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		<description><![CDATA[En el segundo día de las XLIII Jornadas de Cuestiones Pastorales en Castelldaura, organizadas por el Centro Sacerdotal Montalegre, Mons. Angelo Amato ha defendido la autenticidad histórica de los Evangelios Mons. Angelo Amato, S.D.B., arzobispo, Secretario de la Congregación de la Doctrina de la Fe y Mons. Lluís Martínez Sistach, Cardenal arzobispo de Barcelona. La [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h2 style="text-align: center">En el segundo día de las XLIII Jornadas de Cuestiones Pastorales  en Castelldaura, organizadas por el Centro Sacerdotal Montalegre, Mons.  Angelo Amato ha defendido la autenticidad histórica de los Evangelios</h2>
<div style="text-align: center"><img src="http://www.opusdei.es/image/amato21.jpg" alt="Opus Dei - Mons.  Angelo Amato, S.D.B., arzobispo, Secretario de la Congregación de la  Doctrina de la Fe y Mons. Lluís Martínez Sistach, Cardenal arzobispo de  Barcelona." width="200" height="132" /></p>
<div style="text-align: center">Mons. Angelo Amato, S.D.B.,  arzobispo, Secretario de la Congregación de la Doctrina de la Fe y Mons.  Lluís Martínez Sistach, Cardenal arzobispo de Barcelona.</div>
</div>
<p style="text-align: left">La historia y la fe van siempre unidas y “<strong>constituyen los pilares de  la verdad del Cristianismo, que es salvación en la historia y en la fe</strong>”.  Ésta ha sido una de las conclusiones de la conferencia que ha  pronunciado hoy en el Seminario Conciliar de Barcelona el arzobispo  Mons. Angelo Amato, secretario de la Congregación para la Doctrina de la  Fe, con ocasión del acto central de las XLIII Jornadas de Cuestiones  Pastorales.</p>
<p style="text-align: left">Este encuentro ha reunido unas 200 personas, mayoritariamente sacerdotes de las diversas  diócesis de Catalunya, y ha contado con la presencia del Cardenal  arzobispo de Barcelona, Mons. Lluís Martínez Sistach, el arzobispo de  Tarragona, Mons. Jaume Pujol, el obispo de Solsona, Mons. Jaume  Traserra, el vicario para Catalunya de la Prelatura del Opus Dei, Dr.  Antoni Pujals y el decano de la facultad de Teología de Catalunya, Dr.  Armand Puig, entre otros. La presente edición de las Jornadas está  centrada en la figura de Jesús de Nazaret, a la luz del reciente libro  de Benedicto XVI.  Está organizada por el Centro Sacerdotal Montalegre, iniciativa  promovida por la Sociedad  Sacerdotal de la Santa Cruz, una asociación sacerdotal unida a la Prelatura del Opus Dei.</p>
<p style="text-align: left">Mons. Amato ha analizado el estado actual de la cristología católica, y  ha enmarcado la aportación de Benedicto XVI y su  libro “Jesús de Nazaret” en el debate en torno a la historicidad de los  Evangelios. En su opinión, <strong>“La historia de Jesús no es una creación  mitológica de la comunidad cristiana, o una consecuencia de las  condiciones socio-políticas y económicas del tiempo</strong>”. En este  sentido, ha afirmado: “<strong>el ‘Jesús de Nazaret’ ratzingeriano es el  mismo que nos ha transmitido la tradición bimilenaria de la Iglesia, no  como fruto de la creatividad de la comunidad cristiana primitiva, sino  como manifestación auténtica y veraz de la persona, de las palabras, de  las actitudes y de las obras de Jesús de Nazaret. La comunidad cristiana  no ha inventado, desfigurado o transfigurado a Jesús de Nazaret.  Simplemente lo ha testimoniado y anunciado con coherencia</strong>”.</p>
<p style="text-align: center"><strong>SEGUNDA PARTE DEL LIBRO DEL PAPA</strong></p>
<div style="text-align: center"><img src="http://www.opusdei.es/image/castelldaura_121.jpg" alt="Opus Dei -  De izquierda a derecha, el Dr. Armand Puig, Profesor de Sagrada  Escritura y Decano de la Facultad de Teología de Catalunya; Mons. Angelo  Amato , S.D.B., arzobispo, Secretario de la Congregación de la Doctrina  de la Fe y Mons. Lluís Martínez Sistach, Cardenal arzobispo de  Barcelona." width="200" height="132" /></p>
<div>De izquierda a derecha, el Dr.  Armand Puig, Profesor de Sagrada Escritura y Decano de la Facultad de  Teología de Catalunya; Mons. Angelo Amato , S.D.B., arzobispo,  Secretario de la Congregación de la Doctrina de la Fe y Mons. Lluís  Martínez Sistach, Cardenal arzobispo de Barcelona.</div>
</div>
<p style="text-align: left">El arzobispo, estrecho colaborador de Benedicto XVI, ha  anunciado que están muy avanzados los trabajos para la publicación del  segundo volumen de la biografía sobre Jesús que escribe el Papa. Esta  segunda parte se centrará en la encarnación y el misterio pascual. La  importancia que ha dado Mons. Amato al libro del Papa se debe a “<strong>la  precisa convicción de que la obra constituye un verdadero ‘turning  point’ de la cristología católica contemporánea</strong>”.</p>
<p style="text-align: left">Entre las conclusiones, Mons. Amato ha asegurado que “<strong>la cristología  católica debe recuperar el auténtico Cristo bíblico-eclesial, piedra  angular de la Iglesia, para poder relanzar una auténtica antropología  cristiana, que restituya al hombre postmoderno la esperanza y el gozo de  su existencia humana</strong>”.</p>
<p style="text-align: left">Por su parte, el profesor Bernardo Estrada, de la Universidad Pontificia  de la Santa Cruz (Roma) se ha centrado en el análisis de la recepción  de Jesús en el cristianismo primitivo, destacando que “<strong>el  reconocimiento de la divinidad de Jesús llega a formar parte del acervo  de la fe de la Iglesia primitiva</strong>”.</p>
<div style="text-align: center"><img src="http://www.opusdei.es/image/castelldaura_111.jpg" alt="Opus Dei -  Vista general del salón de actos del Seminario Conciliar de Barcelona." width="200" height="132" /></p>
<div style="text-align: center">Vista general del salón de  actos del Seminario Conciliar de Barcelona.</div>
</div>
<p style="text-align: left">El último de los ponentes ha sido el Dr. Josep Maria Rovira Belloso,  profesor emérito de la Facultad de Teología de Catalunya. En su  intervención, ha destacado el estrecho vínculo entre Cristo y la  Iglesia. “<strong>La formación del Pueblo de Dios pertenece al designio  divino y ha sido promovida por Jesús</strong>” ha sido una de sus  conclusiones.</p>
<p style="text-align: left">Mons. Lluís Martínez Sistach, cardenal-arzobispo de Barcelona, ha  clausurado las jornadas, alabando la aportación de Benedicto XVI: en su  opinión, el libro del Santo Padre contribuye al “<strong>encuentro personal</strong>”  que todo cristiano debe hacer con Jesucristo.</p>
<p style="text-align: center"><strong>SOBRE LAS JORNADAS DE CUESTIONES PASTORALES</strong></p>
<p style="text-align: left">Estas jornadas se iniciaron en el año 1965. Desde entonces unas cuatro  mil personas y centenares de personalidades del mundo civil y  eclesiástico han participado en esta actividad de actualización  teológica y pastoral que promueve el Centro Sacerdotal Montalegre de  Barcelona.</p>
<p style="text-align: left">Las Jornadas de Cuestiones Pastorales quieren ser “una actualización  teológica y pastoral, -según palabras de Mn. Joan Garcia Llobet,  organizador del encuentro-, y un espacio de debate sobre fenómenos,  acontecimientos o realidades que están de actualidad en las  conversaciones de la calle y en la opinión pública, y sobre las cuales  la Iglesia tiene algo que aportar”.</p>
<p style="text-align: left">Desde sus inicios, se han tratado cuestiones como la erradicación de la  pobreza, laicismo y laicidad cristiana, el papel de la familia o los  retos de la bioética en la acción pastoral. A menudo la temática ha  coincidido con la celebración de algún año internacional convocado por  Naciones Unidas. El año pasado coincidió con la III Asamblea Ecuménica  Europea organizada por la Iglesia Católica y las comunidades cristianas  de Europa, y acogió un encuentro ecuménico en el Palau de la Música con  la participación de más de 400 personas. La presente edición responde,  entre otras cosas, al creciente interés en la figura de Jesús.<a><br />
</a></p>
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		<title>Necesidad de sacerdotes santos</title>
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		<pubDate>Wed, 01 Sep 2010 12:07:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>opusdeit</dc:creator>
				<category><![CDATA[sacerdotes]]></category>
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		<description><![CDATA[Contra la nueva evangelización, se yerguen dificultades numerosas y, en su conjunto, imponentes. Ante esa ola que pretende ser arrolladora, el cristiano —y quizá de modo especial el sacerdote— experimenta, en ocasiones de modo particularmente agudo, la radical insuficiencia de las propias fuerzas humanas. Esta realidad evoca en mí, con gran viveza, la eximia figura [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Contra la nueva evangelización, se yerguen dificultades numerosas y, en su conjunto, imponentes. Ante esa ola que pretende ser arrolladora, el cristiano —y quizá de modo especial el sacerdote— experimenta, en ocasiones de modo particularmente agudo, la radical insuficiencia de las propias fuerzas humanas.</p>
<p>Esta realidad evoca en mí, con gran viveza, la eximia figura sacerdotal del Fundador del Opus Dei, de quien —alzo mi corazón en acción de gracias a la Trinidad Santísima, por intercesión de Santa María, muy unido a millones de almas que hacen lo mismo en los cinco continentes— el Santo Padre ha querido dar el Decreto de las virtudes heroicas, el pasado día 9 de este mes. A los veintiséis años, recibió de Dios una misión evangelizadora de imponentes proporciones: la misión de difundir por todo el mundo, entre las personas de todos los ambientes sociales, una toma de conciencia, teórica y práctica, hecha vida, de la llamada universal a la santidad. Así escribía en 1930: «Hemos venido a decir, con la humildad de quien se sabe pecador y poca cosa —homo peccator sum (Luc. V, 8), decimos con Pedro—, pero con la fe de quien se deja guiar por la mano de Dios, que la santidad no es cosa para privilegiados: que a todos nos llama el Señor, que de todos espera Amor: de todos, estén donde estén; de todos, cualquiera que sea su estado, su profesión o su oficio. Porque esa vida corriente, ordinaria, sin apariencia, puede ser medio de santidad: (…) todos los caminos de la tierra pueden ser ocasión de un encuentro con Cristo» 21 . Las dificultades que nuestro Fundador encontró a lo largo de toda su vida también fueron gigantescas; sin embargo, la eficacia de la gracia de Dios en esa vida suya, una vida gastada gustosamente —a veces con grande dolor— en correspondencia heroica al don de Dios, fue asombrosa.</p>
<p>Recuerdo un episodio sucedido en agosto de 1958. El Fundador del Opus Dei caminaba un día por la City de Londres y, al pasar ante las sedes centrales de famosos bancos y grandes empresas comerciales e industriales, ante el panorama de un mundo humanamente poderoso pero indiferente e incluso hostil hacia las cosas de Dios, sintió con especial viveza toda su debilidad, su incapacidad para realizar aquella misión que había recibido, treinta años antes, de informar con el espíritu del Evangelio todas las realidades humanas, de poner a Cristo en la cumbre de todas las actividades de los hombres. Pero, inmediatamente, sintió claramente en su interior una locución divina: «Tú no puedes, pero Yo sí».</p>
<p>Era una nueva confirmación de lo que siempre había sido en su alma, en su conducta, una plena certeza sobrenatural: la fe segura, cierta, en que es el mismo Jesucristo —verdadero y eterno Sacerdote de la Nueva Alianza, establecida definitivamente en su Sangre— el único que realiza la amorosa comunión de Dios con los hombres, de la que nace la comunión de los hombres entre sí; la fe, por tanto, en que su trabajo sacerdotal, como toda acción sacerdotal en la Iglesia, es eficaz precisamente porque se realiza per Christum et cum Christo et in Christo 22 .</p>
<p>Si la nueva evangelización, como la primera, como la de toda la historia, y como toda labor verdaderamente sobrenatural, es imposible para nuestras fuerzas humanas —las de cada uno y las de todos juntos en la Iglesia—, es sin embargo posible para Dios, es posible para Cristo: resulta, por eso mismo, posible para nosotros, para todos y para cada uno, en la medida en que todos y cada uno seamos —pienso que es necesaria esta insistencia, que siempre será actual— «no ya alter Christus, sino ipse Christus, ¡el mismo Cristo!» 23 . Aquí está la honda razón teológica de la necesidad de la santidad personal, para toda obra apostólica concreta y para la recristianización del mundo en su totalidad. En efecto, la identificación con Cristo es don, pero es también tarea. Todo cristiano y, de modo peculiar y propio, el sacerdote es ipse Christus «inmediatamente, de forma sacramental» 24 . No podemos —¡no debemos!— olvidar que esta identificación constituye también la meta definitiva, el objeto de una tarea, una responsabilidad personal por hacer realidad en cada uno de nosotros aquello de San Pablo: Para mí, vivir es Cristo 25 ; no soy yo el que vive, sino que es Cristo quien vive en mí 26 ; de modo que levantemos bien alto este programa para el hombre y para la mujer del mundo de hoy y de todos los tiempos, con el fin de que también ellos lo asuman en plenitud.</p>
<p>En consecuencia, hoy como ayer y como siempre, ante los desafíos de cada época, la pregunta ¿qué clase de sacerdotes necesitan hoy la Iglesia y el mundo? , tiene una respuesta que comienza necesariamente así: la Iglesia y el mundo necesitan sacerdotes santos, es decir, sacerdotes que, conocedores de su propia limitación y miseria, se esfuerzan decididamente por recorrer los caminos de la santidad, de la perfección de la caridad, de la identificación con Jesucristo, en correspondencia fiel a la gracia divina. No es una respuesta nueva, pero es una respuesta siempre actual, siempre necesaria, siempre decisiva. El Concilio Vaticano II lo afirmó con palabras claras: «Los sacerdotes están obligados a adquirir esa perfección con especial motivo, puesto que, consagrados a Dios de un nuevo modo por la recepción del Orden, se convierten en instrumentos vivos de Cristo Eterno Sacerdote, para proseguir a través del tiempo su admirable obra» 27 .</p>
<p>La identificación con Jesucristo exige una vida de oración y de penitencia; y esto, no como “asunto privado” del sacerdote, sino como condición de su eficacia pastoral, precisamente porque el sacerdote, por sí mismo, no puede, pero precisamente también porque en la medida en que es Cristo, sí puede.</p>
<p>En este contexto, viene también a mi memoria una anotación que Mons. Escrivá de Balaguer escribió en 1932. Pienso que son de justicia estas referencias, si consideramos que el Venerable Siervo de Dios, impulsado por la acción divina, ha llevado al altar millares de sacerdotes, incardinados en tantas diócesis y en la Prelatura del Opus Dei. Al contemplar una vez más en su oración la magnitud de la misión que Dios le había confiado, escribía: «siento que aunque me quedara solo en la empresa, por permisión de Dios, aunque me encuentre deshonrado y pobre —más que lo soy ahora— y enfermo… ¡no dudaré ni de la divinidad de la Obra, ni de su realización! Y ratifico mi convencimiento de que los medios seguros de llevar a cabo la Voluntad de Jesús, antes que actuar y moverse, son: orar, orar y orar: expiar, expiar y expiar» 28.<a><br />
</a></p>
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		<title>5. La grandeza de la vida corriente</title>
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		<pubDate>Sat, 28 Aug 2010 08:46:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>opusdeit</dc:creator>
				<category><![CDATA[fundador]]></category>
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		<category><![CDATA[santificarse en el trabajo]]></category>

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		<description><![CDATA[Quien se adentra, aun sólo someramente, en el perfil del Beato Josemaría Escrivá de Balaguer, aprecia que su mensaje se caracteriza por subrayar, de manera original y enérgica, la posibilidad de que los cristianos alcancen la plenitud de la vida cristiana en medio del mundo, precisamente a través de sus circunstancias habituales y de sus [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Quien se adentra, aun sólo someramente, en el perfil del Beato Josemaría Escrivá de Balaguer, aprecia que su mensaje se caracteriza por subrayar, de manera original y enérgica, la posibilidad de que los cristianos alcancen la plenitud de la vida cristiana en medio del mundo, precisamente a través de sus circunstancias habituales y de sus ocupaciones cotidianas. Su predicación ha abierto a innumerables personas –no sólo a los millares de fieles que forman parte de la Prelatura del Opus Dei– amplios y variados caminos para encontrar a nuestro Padre Dios en las situaciones corrientes. La santidad no se entiende ya como algo reservado a los llamados a desempeñar el ministerio sacerdotal, ni sólo a los escogidos por Dios para servirle en la vida consagrada, vocaciones siempre necesarias que merecen el agradecimiento de los demás hombres. La santidad es una exigencia de todos los hijos de Dios.</p>
<p>La renovación de esta doctrina, que proclama la universalidad de la llamada a la santidad, es claro exponente del carácter abierto y positivo de la personalidad humana y eclesial del Fundador del Opus Dei. Porque implica una alta valoración de cada persona –cualquiera que sea su formación intelectual, oficio o profesión– y el reconocimiento de que todos los afanes nobles de la tierra, también los que parecen triviales o sin importancia, pueden engarzarse en el itinerario del alma hacia Dios.</p>
<p>En buena parte, gracias a la amplísima movilización apostólica generada e impulsada por el Beato Josemaría, esta doctrina de la grandeza de la vida cotidiana ha llegado a millones de personas del mundo entero. Pero, cuando ese dinamismo dio comienzo, hace ahora casi setenta y cinco años, el planteamiento resultaba insólito para muchos católicos. En el Decreto pontificio sobre sus virtudes heroicas, se expresa esa realidad en los siguientes términos: «Ya desde el final de los años veinte, Josemaría Escrivá, auténtico pionero de la sólida <em>unidad de vida cristiana</em>, sintió la necesidad de llevar la plenitud de la contemplación a todos los caminos de la tierra, e impulsó a todos los fieles a participar activamente en la acción apostólica de la Iglesia, permaneciendo cada uno en su lugar y en su propia condición de vida»[1]. A este gran servidor de Dios y de los hombres se le llama en ese documento <em>contemplativo itinerante</em>, porque su existencia refleja una íntima unión con Dios dentro de una actividad apostólica incansable, desarrollada entre personas diversísimas, a quienes alentó a una lucha alegre y decidida para ser «contemplativos en medio del mundo», es decir, mujeres y hombres que recorren los senderos de la tierra buscando la intimidad con Cristo, para llegar en Él al Padre, por el Espíritu Santo.</p>
<p>Grande fue el gozo del Fundador del Opus Dei cuando el Concilio Vaticano II enseñó esta doctrina sobre el valor del carácter secular, que define el estado propio y peculiar de los laicos. Según expresa la Constitución dogmática <em>Lumen gentium</em>, «los laicos tienen como vocación propia buscar el Reino de Dios ocupándose de las realidades temporales y ordenándolas según Dios. Viven en el mundo, en todas y cada una de las profesiones y actividades del mundo y en las condiciones ordinarias de la vida familiar y social, que forman como el tejido de su existencia. Es ahí donde Dios los llama a realizar su función propia, dejándose guiar por el Evangelio, para que, desde dentro, como el fermento, contribuyan a la santificación del mundo, y de esta manera, irradiando fe, esperanza y amor, sobre todo con el testimonio de su vida, muestren a Cristo a los demás. A ellos de manera especial les corresponde iluminar y ordenar todas las realidades temporales a las que están estrechamente unidos, de tal manera que éstas se realicen según Cristo, se desarrollen y sean para alabanza del Creador y del Redentor»[2].</p>
<p>El horizonte que se alzaba en el ambiente cultural de los años veinte y treinta, no favorecía al joven sacerdote Josemaría Escrivá lanzar su propuesta de devolver a las circunstancias de cada día su noble y original sentido. Tampoco en el estricto campo católico encontraba un sólido punto de apoyo para desarrollar el paradigma de la unidad entre la vida ordinaria y la fe seriamente asumida. El diagnóstico del Concilio Vaticano II reconoce más bien una drástica fractura: «La separación entre la fe que profesan y la vida cotidiana de muchos debe ser considerada como uno de los errores más graves de nuestro tiempo»[3]. Por su parte, Pablo VI llegó a escribir que la ruptura entre el Evangelio y la cultura es el drama de nuestra época[4]. Y son estas dos dimensiones descoyuntadas, la sobrenatural y la humana, las que el Beato Josemaría se empeña en conciliar sin confundir.</p>
<p>Este estimulante panorama quedó vigorosamente descrito por el Santo Padre Juan Pablo II en la homilía pronunciada durante la ceremonia de beatificación del Fundador del Opus Dei: «Con sobrenatural intuición, el Beato Josemaría predicó incansablemente la llamada universal a la santidad y al apostolado. Cristo convoca a todos a santificarse en la realidad de la vida cotidiana; por eso, <em>el trabajo es también medio de santificación personal y de apostolado</em> cuando se vive en unión con Jesucristo, pues el Hijo de Dios, al encarnarse, se ha unido en cierto modo a toda la realidad del hombre y a toda la creación (cfr. <em>Dominum et vivificantem</em>, 50). En una sociedad en la que el afán desenfrenado de poseer cosas materiales las convierte en un ídolo y motivo de alejamiento de Dios, el nuevo Beato nos recuerda que estas mismas realidades, criaturas de Dios y del ingenio humano, si se usan rectamente para la gloria del Creador, y al servicio de los hermanos, <em>pueden ser camino para el encuentro de los hombres con Cristo</em>. “Todas las cosas de la tierra –enseñaba– también las actividades terrenas y temporales de los hombres, han de ser llevadas a Dios” (Carta 19-III-1954)»[5].</p>
<p>Por consiguiente, el programa de «<em>santificar el trabajo, santificarse en el trabajo y santificar con el trabajo</em>», implica una profunda renovación del concepto y de la realidad de la labor humana, tal como ésta ha sido entendida por buena parte de la cultura contemporánea. Poco sentido tendría acometer tal empresa si el trabajo fuera exclusivamente una realidad económica, al servicio del propio enriquecimiento, a través de la manipulación de materias primas o del intercambio de productos con la mediación de instrumentos financieros. Este menguado economicismo sería una depurada manifestación de materialismo práctico, presente incluso en ideologías que enfatizan la libertad muy cortamente o de modo sesgado. Porque no responde al sentido último de la condición humana que la búsqueda de un provecho egoísta, por parte del individuo, sea el camino para generar –gracias a la acción de una especie de «mano invisible»– el bienestar de todos. No se puede prescindir de la noción clásica de <em>bien común</em> –actualizada en nuestros días por la doctrina social de la Iglesia–, que no es, sin más, mera suma de intereses particulares. Si falta la solidaridad, el servicio real al prójimo, se trunca la envergadura humana del trabajo. Como se empequeñece también la dignidad de las tareas cotidianas, si la función de quienes las realizan se agota en ser un instrumento material, sustituible ventajosamente por máquinas.</p>
<p>En un texto del Beato Josemaría, que merece la pena reproducir por extenso, se aprecia hasta qué punto su visión intelectual y sobrenatural supera concepciones fragmentarias y quebradas del trabajo. Pertenece a una homilía pronunciada en la fiesta de San José del año 1963: «Es hora de que los cristianos digamos muy alto que el trabajo es un don de Dios, y que no tiene ningún sentido dividir a los hombres en diversas categorías según los tipos de trabajo, considerando unas tareas más nobles que otras. El trabajo, todo trabajo, es testimonio de la dignidad del hombre, de su dominio sobre la creación. Es ocasión de desarrollo de la propia personalidad. Es vínculo de unión con los demás seres, fuente de recursos para sostener a la propia familia; medio de contribuir a la mejora de la sociedad, en la que se vive, y al progreso de toda la Humanidad.</p>
<p>»Para un cristiano, esas perspectivas se alargan y se amplían. Porque el trabajo aparece como participación en la obra creadora de Dios, que, al crear al hombre, lo bendijo diciéndole: <em>Procread y multiplicaos y henchid la tierra y sojuzgadla, y dominad en los peces del mar, y en las aves del cielo, y en todo animal que se mueve sobre la tierra</em> (<em>Gn</em> 1, 28). Porque, además, al haber sido asumido por Cristo, el trabajo se nos presenta como realidad redimida y redentora: no sólo es el ámbito en el que el hombre vive, sino medio y camino de santidad, realidad santificable y santificadora.</p>
<p>»Conviene no olvidar, por tanto, que esta dignidad del trabajo está fundada en el Amor. El gran privilegio del hombre es poder amar, trascendiendo así lo efímero y lo transitorio. Puede amar a las otras criaturas, decir un tú y un yo llenos de sentido. Y puede amar a Dios, que nos abre las puertas del cielo, que nos constituye miembros de su familia, que nos autoriza a hablarle también de tú a Tú, cara a cara.</p>
<p>»Por eso el hombre no debe limitarse a hacer cosas, a construir objetos. El trabajo nace del amor, manifiesta el amor, se ordena al amor. Reconocemos a Dios no sólo en el espectáculo de la naturaleza, sino también en la experiencia de nuestra propia labor, de nuestro esfuerzo. El trabajo es así oración, acción de gracias, porque nos sabemos colocados por Dios en la tierra, amados por Él, herederos de sus promesas. Es justo que se nos diga: <em>ora comáis, ora bebáis, o hagáis cualquier otra cosa, hacedlo todo a gloria de Dios</em> ( 1 <em>Cor</em> 10, 31)»[6].</p>
<p>Al procurar la santificación del trabajo y de las demás tareas cotidianas, imitamos los treinta años de la vida oculta de Cristo, transcurridos con María y José, ejemplos luminosos de que la más alta santidad exige la humildad de no buscar nada especial a los ojos del mundo.</p>
<p>La profunda valoración de la vida corriente implica el cuidado amoroso de los detalles menudos, esas <em>cosas pequeñas</em> que a veces se pasan por alto sin advertir su dimensión de eternidad. Permaneciendo en su sitio, el cristiano santifica el mundo desde dentro, contribuye a superar el desorden derivado del pecado, desarrolla una labor apostólica inmediata con parientes, amigos, vecinos y compañeros de trabajo. Su oración cuajada en obras se revela como un tesoro escondido, una preciosa fuerza espiritual para apoyar a sus hermanos que laboran en los diversos campos de las complejas realidades humanas.</p>
<p>Punto neurálgico de la fisonomía del Fundador del Opus Dei fue su amor al orden, virtud que se esforzó por practicar con coraje heroico a lo largo de sus años: ese terminar acabadamente bien y a su hora cada ocupación, también la del descanso, abrió en su alma el convencimiento de que, para realizar grandes empresas, no se requieren de ordinario inteligencias excelsas: basta el empeño por coronar con perfección las distintas exigencias sobrenaturales y humanas, y el afán de sacar el máximo rendimiento a las cualidades que el Creador concede a cada persona.</p>
<p>También por este motivo, y por muchos otros, nada distingue externamente a los cristianos corrientes de sus semejantes, con los que conviven codo con codo en la ciudad de los hombres. Pero no porque enmascaren su vida de unión con Dios; al contrario, la hacen patente –sin timideces ni alardes– a cuantos les rodean, tratando de acercarles a las maravillas de la gracia divina. No se muestran <em>como los demás</em>: son, radicalmente, <em>iguales a los demás</em>, sin mentalidad de selectos, compartiendo con todos las esperanzas y desazones que la vida en esta tierra trae consigo.</p>
<p>De este modo, la <em>mentalidad laical</em> engarza armónicamente con el <em>alma sacerdotal</em>, con la conciencia práctica del sacerdocio real de los fieles[7], con la misión profética de anunciar el reino de Cristo en toda situación y circunstancia. El Beato Josemaría, que se dedicó intensamente a su vocación ministerial y que deseó comportarse siempre y sólo como sacerdote de Jesucristo, amaba y ejercía esa mentalidad laical, que le impulsaba a cumplir estrictamente las leyes civiles y a no buscar para sí ninguna ventaja material, ni siquiera mínima, derivada de su condición de sacerdote. No quería privilegios. Y a todos nos animaba, con su ejemplo y con su palabra, a estar pegados a la Cruz, sabiendo descubrirla no en imaginarias situaciones, sino en las incidencias diarias y en el servicio efectivo a los demás: «¡Cuántos que se dejarían enclavar en una cruz, ante la mirada atónita de millares de espectadores, no saben sufrir cristianamente los alfilerazos de cada día! –Piensa, entonces, qué es lo más heroico»[8].</p>
<p>La alegría cristiana «<em>tiene sus raíces en forma de Cruz</em>»[9]: este convencimiento explica que el Beato Josemaría, dotado –como ya se ha señalado– de una simpatía expansiva, fuera una persona extraordinariamente alegre. Destacaba en todo momento el lado positivo de personas y sucesos, incluso cuando parecían a primera vista desfavorables. Así lo advertí enseguida cuando comencé a trabajar a su lado en los años cincuenta. Como he descrito en otras ocasiones, tuve conciencia clara de estar ante <em>una persona humanamente llena de cualidades</em>, que le hacían amable, afable, cariñoso, servicial, pendiente de los demás, con capacidad de percibir las necesidades y los momentos en los que se atravesaba una preocupación; ante un <em>buen maestro</em> que sabía enseñar, alentar y corregir, ofreciendo toda la confianza a sus colaboradores; y, sobre todo, ante un <em>sacerdote y un Padre</em> que, día a día, instante a instante, a través de su trabajo, se dedicaba con entereza a servir a Dios y a las almas, metido en una oración muy intensa.</p>
<p>Su unidad de vida le llevaba a ser humano y sobrenatural: «tenemos que ser muy humanos –insistía–; porque, de otro modo, tampoco podremos ser divinos»[10]. Y, en síntesis apretada, no me importa reiterar que fue una persona recia, fuerte, comprensiva y optimista, que vivió heroicamente la caridad. Actuaba siempre de modo responsable, generoso, lleno de celo por las almas, santamente intransigente en la custodia del depósito de la fe y santamente transigente con las personas; trabajador perseverante, sincero, leal y buen amigo; demostró con todos, sin distinción de ningún género, un espíritu de servicio pleno, valiente y cariñoso.</p>
<p>A estas cualidades, se añaden las propias de un buen sacerdote: amante de la Eucaristía, capaz de extraordinarias delicadezas al vivir la liturgia; piadoso, culto, docto, identificado con su ministerio, gran predicador y director de almas; estudioso, mortificado, desprendido de sí mismo y de sus ocupaciones, ordenado y con profunda visión sobrenatural; humilde, rezador, apasionado por cuanto se refería a Dios, a la Virgen, a la Iglesia y al Papa; obediente, seguro en la doctrina; practicante de las virtudes teologales y cardinales; cada día más enamorado de su vocación, para acercarse más al Señor y, por el Señor, a las almas.</p>
<p>Fue por temperamento ardiente, y pienso que se le notaba de modo particular cuando hablaba de nuestra Madre la Virgen, o al comentar su deseo de alcanzar la visión beatífica. Todo su ser respiraba la alegría de quien recibirá un tesoro, porque su Padre se lo ha preparado. Hablaban sus ojos penetrantes, lúcidos, serenos; hablaba su tono de voz, persuasivo, cálido, lleno de una seguridad palpable; hablaban sus gestos, que hacían entrever esa unión con Dios de la que ya participaba, y que el Papa proclamó solemnemente en la plaza de San Pedro el 17 de mayo de 1992.</p>
<p>[1] <em>Congregatio de Causis Sanctorum, Romana et Matriten., Decretum super virtutibus heroicis in causa canonizationis Servi Dei Iosephmariæ Escrivá de Balaguer, 9-IV-1990; AAS 82 (1990) 1450-1455.</em></p>
<p>[2] <em>CONCILIO VATICANO II, Const. dogm. Lumen gentium, n. 31.</em></p>
<p>[3] <em>CONCILIO VATICANO II, Cons. past. Gaudium et spes, n. 43.</em></p>
<p>[4] <em>Cfr. PABLO VI, Ex. Ap. Evangelii nuntiandi, 8-XII-1975, n. 20; AAS 68 (1976) 19.</em></p>
<p>[5] <em>JUAN PABLO II, Homilía en la ceremonia de beatificación de Josemaría Escrivá de Balaguer y Josefina Bakhita, Roma, 17-V-1992.</em></p>
<p>[6] <em>Es Cristo que pasa, nn.47-48.</em></p>
<p>[7] <em>Cfr. 1 Pe 2, 9.</em></p>
<p>[8] <em>Camino, n. 204.</em></p>
<p>[9] <em>Forja, n. 28; cfr. Es Cristo que pasa, n. 43.</em></p>
<p>[10] <em>Es Cristo que pasa, n. 166.</em><a><br />
</a></p>
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		<title>Mons. Monterisi: “La prelatura personal, una figura que enriquece la comunión de la Iglesia”</title>
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		<pubDate>Wed, 24 Mar 2010 17:48:13 +0000</pubDate>
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				<category><![CDATA[movimiento Opus Dei]]></category>
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		<description><![CDATA[Acaba de comenzar el 25º año de vida de la prelatura del Opus Dei. Con ocasión de este aniversario, el arzobispo Francesco Monterisi responde a algunas preguntas. Mons. Francesco Monterisi es Secretario de la Congregación para los Obispos, el dicasterio vaticano del que dependen las prelaturas. Mons. Francesco Monterisi, Secretario de la Congregación para los [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h2 style="text-align: center">Acaba de comenzar el 25º año de vida de la prelatura del Opus Dei. Con ocasión de este aniversario, el arzobispo Francesco Monterisi responde a algunas preguntas. Mons. Francesco Monterisi es Secretario de la Congregación para los Obispos, el dicasterio vaticano del que dependen las prelaturas.</h2>
<div><img src="http://www.opusdei.es/image/mmonte.jpg" alt="Opus Dei - Mons. Francesco Monterisi, Secretario de la Congregación para los Obispos." width="124" height="170" /></p>
<div>Mons. Francesco Monterisi, Secretario de la Congregación para los Obispos.</div>
</div>
<p><strong>Excelencia, Juan Pablo II erigió la Prelatura del Opus Dei el 28 de noviembre de 1982. ¿Cuáles son, en su opinión, los frutos que las diócesis pueden esperar de una configuración jurídica de este tipo?</strong></p>
<p>A pocos meses del 25º aniversario, ya se puede comenzar a hacer balance del trabajo que los miembros de la prelatura han llevado a cabo en este periodo. El Siervo de Dios Juan Pablo II, en un discurso de hace cinco años, recordó que la pertenencia de los fieles laicos tanto a su propia diócesis como al Opus Dei “hace que la misión peculiar de la prelatura confluya en el compromiso evangelizador de toda Iglesia particular”.</p>
<p><strong>¿Cuál fue el motivo que llevó a Juan Pablo II a recurrir por vez primera a la figura conciliar de la prelatura personal, erigiendo como tal precisamente el Opus Dei?</strong></p>
<p>Para responder a esta pregunta habría que comenzar por describir cómo aparecía el Opus Dei a los ojos del Santo Padre y de la Iglesia en el momento en que se planteó la necesidad de su reconocimiento por parte de la Santa Sede.</p>
<div>La figura de la prelatura no es una “fórmula de independencia”, como a veces se dice, sino justamente lo contrario. Es una respuesta concreta de la Jerarquía eclesiástica a una específica necesidad pastoral.</div>
<p>El Opus Dei, que nació en 1928 en el corazón y en la mente de San Josemaría Escrivá, era una obra apostólica nueva, original, con algunas particularidades que era preciso tener en cuenta a la hora de su reconocimiento en el ordenamiento jurídico de la Iglesia, es decir, en el Derecho Canónico. En efecto, había miles de fieles dispersos en diócesis de los cinco continentes que habían hecho propio el ideal de vida propuesto por San Josemaría, el ideal de responder a la llamada a la santificación y al apostolado en las realidades ordinarias de su vida. Estos fieles necesitaban una ayuda pastoral especial para alcanzar ese objetivo, y por consiguiente había un buen número de presbíteros que, según la inspiración del mismo fundador del Opus Dei, se habían sentido llamados por el Señor, como sacerdotes seculares, no como religiosos, a ejercer su ministerio entre estos laicos que buscaban la santidad en las realidades ordinarias. En fin, también se veía necesario confiar esta nueva realidad apostólica a la dirección de una persona, el prelado, que con sus colaboradores coordinase la vida y la acción del Opus Dei en todo el mundo. Estos son los elementos que condujeron a dar al Opus Dei la peculiar figura jurídica de la prelatura personal.</p>
<p>Basta leer la Constitución Apostólica Ut Sit, con la que fue erigido el Opus Dei en 1982, para darse cuenta de que la figura de la prelatura personal es la más adecuada para que el Opus Dei, tal como fue concebido por San Josemaría Escrivá a la luz de su profunda espiritualidad, pueda cumplir su misión en la Iglesia.</p>
<p><strong>¿Hay en la Iglesia otras prelaturas personales, además del Opus Dei?</strong></p>
<div><img src="http://www.opusdei.es/image/inepapa.jpg" alt="Opus Dei - Juan Pablo II recordó, en un discurso pronunciado en 2002, " width="190" height="148" /></p>
<div>Juan Pablo II recordó, en un discurso pronunciado en 2002, &#8220;que la misión peculiar de la prelatura confluya en el compromiso evangelizador de toda Iglesia particular&#8221;.</div>
</div>
<p>Por ahora no. Pero nada impide que en el futuro puedan nacer otras: la Santa Sede las erigirá si tienen las características formales propias de este instituto jurídico, tal como ha quedado configurado en el ordenamiento de la Iglesia.</p>
<p>Tal vez su pregunta esté motivada por ciertas noticias publicadas en la prensa según las cuales el Arzobispo Emmanuel Milingo tendría la intención de crear una “prelatura personal” para su asociación de “sacerdotes casados”. Un proyecto semejante, desde el punto de vista del derecho canónico, sería un “monstruo jurídico”, no una prelatura personal, pues le faltarían varios elementos que en una prelatura personal son esenciales, como el fin pastoral específico, los fieles, etc. Por no hablar de los aspectos más lamentables del proyecto, que han apartado a Mons. Milingo de la “comunión” de la Iglesia: el abandono del celibato sacerdotal –un gran don de Dios a la Iglesia– por parte de quien lo ha asumido libremente “por el Reino de los Cielos”, la grave desobediencia al Santo Padre, el escándalo de los fieles.</p>
<p><strong>Algunos creen ver en la figura jurídica de la prelatura personal un cierto status de “independencia”. ¿Qué hay de cierto en eso?</strong></p>
<p>La figura de la prelatura no es una “fórmula de independencia”, como a veces se dice, sino justamente lo contrario. Es una respuesta concreta de la Jerarquía eclesiástica a una específica necesidad pastoral.</p>
<p>Cuando Juan Pablo II erigió la Prelatura, ni los fieles ni las actividades formativas del Opus Dei se hicieron “independientes” de la Jerarquía eclesiástica. Al contrario, la Jerarquía ha asumido la atención de esta realidad mediante un Prelado nombrado por el Papa. El Prelado tiene el encargo de guiar la prelatura en comunión con todos los obispos. Al mismo tiempo, está obligado a mantener el Opus Dei y todas sus actividades en comunión con el Santo Padre, “cum et sub Petro”.</p>
<p>La comunión con la Santa Sede se manifiesta en algunas obligaciones muy precisas, como la de presentar una relación quinquenal del estado de la prelatura, o la de mantener determinados contactos con los Dicasterios de la Curia Romana, y en particular con la congregación competente en lo relativo a la propia prelatura, es decir, la Congregación para los Obispos.</p>
<p>Por lo demás, los laicos del Opus Dei, por el hecho de ser miembros de la prelatura, en nada alteran su condición de fieles de sus diócesis. Es más, son aún más conscientes de su pertenencia a la Iglesia, comenzando por la Iglesia particular en la que viven y trabajan.</p>
<p>Los frutos apostólicos del Opus Dei benefician a las diócesis en las que los fieles de la prelatura residen: tantas veces ha sucedido, por ejemplo, que el apostolado personal de un fiel del Opus Dei da lugar a la conversión de un amigo, un colega o un pariente. El compromiso de los laicos del Opus Dei, su labor en actividades apostólicas y sociales, sus iniciativas, son un estímulo para otros fieles, y esto significa un crecimiento espiritual en la diócesis.</p>
<div><img src="http://www.opusdei.es/image/laici.jpg" alt="Opus Dei - " width="180" height="297" /></p>
<div>&#8220;El Opus Dei nació para favorecer el apostolado de sus miembros laicos en la vida ordinaria&#8221;.</div>
</div>
<p>La experiencia de estos años de presencia de la prelatura del Opus Dei en tantas diócesis de todo el mundo confirma la realidad de un trabajo apostólico intenso en comunión con los obispos diocesanos. Esta comunión se concreta en modos y formas muy diferentes, pero la voluntad, por parte de la prelatura del Opus Dei, de sintonizar con todos los Obispos de las diócesis en las que está activa es siempre la misma.</p>
<p>En este sentido, se puede decir, a modo de conclusión, que la prelatura personal contribuye a enriquecer la comunión de la Iglesia.</p>
<p><strong>¿En qué medida la figura jurídica de la prelatura del Opus Dei potencia el papel de los laicos?<br />
</strong><br />
El Opus Dei nació para favorecer el apostolado de sus miembros laicos en la vida ordinaria. Ya antes de la erección de la prelatura el Opus Dei se había desarrollado en todo el mundo y contaba con fieles laicos comprometidos en la puesta en práctica de este ideal en la vida familiar, en el mundo del trabajo y en las demás realidades de la vida cotidiana. La figura de la prelatura, del mismo modo que las demás figuras de circunscripciones eclesiásticas, permite –como dijo Juan Pablo II en el Discurso que he mencionado al responder a la primera pregunta– “la convergencia orgánica de sacerdotes y laicos” para el bien de la Iglesia y el progreso del Reino de Dios.<a><br />
</a></p>
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		<title>Setenta años del Opus Dei</title>
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		<pubDate>Sun, 31 Jan 2010 19:26:39 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[El dos de octubre de 1998 se cumplen setenta años de la fundación del Opus Dei. Setenta años son quizá pocos para realizar un balance provisional. Pero es tiempo más que suficiente para hacer examen de conciencia ante Dios. &#8220;Gracias por la ayuda que me has dado, perdona mi debilidad, ayúdame más&#8221;: Mons. Álvaro del [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El dos de octubre de 1998 se cumplen setenta años de la fundación del Opus Dei. Setenta años son quizá pocos para realizar un balance provisional. Pero es tiempo más que suficiente para hacer examen de conciencia ante Dios. &#8220;Gracias por la ayuda que me has dado, perdona mi debilidad, ayúdame más&#8221;: Mons. Álvaro del Portillo, primer sucesor del Beato Josemaría al frente del Opus Dei, rezaba con esas palabras en fechas como ésta. Hoy yo quiero hacer mía aquella oración.</p>
<p>¿Qué perspectivas se abren en este momento a la Prelatura del Opus Dei? Las mismas que el Beato Josemaría vio el 2 de octubre de 1928. El trabajo es tarea y dignidad perpetua del hombre sobre la tierra. Siempre será preciso, por tanto, mostrar que el trabajo es, a la vez, lugar donde los hombres pueden encontrar a Cristo y materia misma de su santidad.</p>
<p>Deseo transcribir un fragmento de una carta del Beato Josemaría fechada en 1932. En ella, el Opus Dei es descrito en su núcleo esencial: &#8220;Al suscitar en estos años su Obra, el Señor ha querido que nunca más se desconozca o se olvide la verdad de que todos deben santificarse y de que a la mayoría de los cristianos les corresponde santificarse en el mundo, en el trabajo ordinario. Por eso, mientras haya hombres en la tierra, existirá la Obra. Siempre se producirá este fenómeno: que haya personas de todas las profesiones y oficios, que busquen la santidad en su estado, en esa profesión o en ese oficio suyo, siendo almas contemplativas en medio de la calle&#8221;.</p>
<p>No nos santificamos a pesar del mundo, sino en el mundo. El Beato Josemaría escribió en otra ocasión: &#8220;Dios os llama a servirle en y desde las tareas civiles, materiales, seculares de la vida humana: en un laboratorio, en el quirófano de un hospital, en el cuartel, en la cátedra universitaria, en la fábrica, en el taller, en el campo, en el hogar de familia y en todo el inmenso panorama del trabajo, Dios nos espera cada día. Sabedlo bien: hay un algo santo, divino, escondido en las situaciones más comunes, que toca a cada uno de vosotros descubrir&#8221;.</p>
<p>Ningún cristiano puede olvidar que el camino de la santidad pasa por la Cruz de Cristo. El esfuerzo por identificarse con Cristo en el trabajo cotidiano no puede quedar confinado en la esfera de las intenciones, sino que implica también fatiga, fortaleza en las contrariedades, dedicación, espíritu de servicio, lealtad probada.</p>
<p>Por eso pido al Señor que enseñe a todos los hombres a amar el sacrificio. Junto a la Cruz descubriremos que somos hijos queridísimos de Dios y experimentaremos la protección materna de María.</p>
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		<title>Ordenación episcopal del Obispo Auxiliar de Denver</title>
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		<pubDate>Tue, 26 Jan 2010 18:48:37 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[El 26 de marzo de 2001, el Prelado del Opus Dei, Mons. Javier Echevarría, fue uno de los Obispos consagrantes en la ordenación episcopal de Mons. José H. Gómez, por la invitación del Arzobispo de Denver, Charles J. Chaput O.F.M., que presidió la ceremonia. Mons. Gómez, que procede del clero de la Prelatura del Opus [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h2 style="text-align: center">El 26 de marzo de 2001, el Prelado del Opus Dei, Mons. Javier Echevarría, fue uno de los Obispos consagrantes en la ordenación episcopal de Mons. José H. Gómez, por la invitación del Arzobispo de Denver, Charles J. Chaput O.F.M., que presidió la ceremonia.</h2>
<p style="text-align: center">Mons. Gómez, que procede del clero de la Prelatura del Opus Dei, fue nombrado por Juan Pablo II Obispo Auxiliar de la Archidiócesis de Denver (Colorado, EE.UU.) el 8 de enero del 2001.</p>
<p>La ceremonia tuvo lugar en la Catedral de la Inmaculada Concepción, y contó con la presencia de más de veinte Obispos, la mayor parte procedente de diócesis de los Estados Unidos.</p>
<p>El nuevo Obispo Auxiliar de la Archidiócesis de Denver nació hace 49 años en Monterrey, México, y lleva casi veinte años residiendo en Estados Unidos.</p>
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		<title>Discurso de mons. Javier Echevarría en la Universidad Austral</title>
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		<pubDate>Mon, 04 Jan 2010 17:07:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>opusdeit</dc:creator>
				<category><![CDATA[universidad y jóvenes]]></category>
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		<category><![CDATA[el sentido de la vida]]></category>
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		<category><![CDATA[Tomas Hökfelt]]></category>

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		<description><![CDATA[Discurso de Clausura en el acto de colación de Doctorados Honoris Causa de la Universidad Austral, que tuvo lugar en Buenos Aires el 29 de septiembre de 2003. La persona humana, creada a imagen y semejanza de Dios, encierra una riqueza y unidad insondables, que nunca llegaremos a comprender plenamente y que despierta nuestro anhelo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Discurso de Clausura en el acto de colación de Doctorados Honoris Causa de la Universidad Austral, que tuvo lugar en Buenos Aires el 29 de septiembre de 2003.</p>
<p>La persona humana, creada a imagen y semejanza de Dios, encierra una riqueza y unidad insondables, que nunca llegaremos a comprender plenamente y que despierta nuestro anhelo por penetrar, cada vez más, en la verdad de su ser. Esta pretensión palpita en el corazón de todo verdadero profesor universitario; es el ansia de poder expresar algo más sobre el hombre y de enriquecer nuestra comprensión acerca de la persona. Desde los más variados ámbitos y disciplinas se investigan las múltiples dimensiones del ser humano, y se ensayan argumentos que den una explicación razonada de los fenómenos sensibles, psíquicos y espirituales.</p>
<p>Las ciencias a las que han dedicado su vida los tres nuevos doctores que hoy honramos, comparten con distintos métodos y en diferentes niveles, este esfuerzo por ahondar en el conocimiento de la persona humana y promover su dignidad. La brevedad de la ceremonia me impide detenerme de modo proporcionado en el elogio que estos hombres del saber merecen. Pienso que entenderéis mi sabor agridulce ante la necesidad de ser escaso en las palabras, no en el aprecio, ni en la estima, ni en la admiración hacia cada uno de estos tres ilustres profesores.</p>
<p>En el campo de las neurociencias, el profesor Tomas Hökfelt ha alcanzado logros de gran importancia. Junto al reconocimiento internacional merecido por sus valiosas investigaciones en el Instituto Karolinska, es preciso resaltar su interés por formar a numerosos estudiantes de todo el mundo. Esta actitud de generosa dedicación revela el talante humano y cristiano del Doctor Hökfelt, y constituye un ejemplo elocuente de cómo hacer compatibles un trabajo de alta exigencia y perfección, con un aprecio real por sus colaboradores, a quienes ha brindado su guía y ayuda con atenta solicitud.</p>
<p>Al indagar los mecanismos físicos y químicos reguladores de la actividad del cuerpo humano , el científico advierte que el método experimental no agota la realidad, sino que –para comprenderla cabalmente- se requiere prestar atención a otras ciencias y buscar como guía última la dimensión sapiencial de la teología y de la filosofía. En palabras de Juan Pablo II, la Filosofía &#8220;contribuye directamente a formular la pregunta sobre el sentido de la vida y a trazar la respuesta . Por eso, es camino conocer verdades fundamentales relativas a la existencia del hombre&#8221;. Mediante este saber, y más concretamente en el campo de la lógica, el doctor Ignacio Angelelli, profesor en la Universidad de Texas-Austin, ha desarrollado una fecunda labor de investigación, internacionalmente reconocida, y se ha dedicado a las tareas docentes como buen maestro. Sus logros académicos y sus escritos son manifestación de esta actitud de servicio a los demás, por medio de la Filosofía.</p>
<p>Para una comprensión profunda de la persona humana, hay que considerar también su carácter relacional y su ser comunicativo. El hombre está esencialmente abierto a Dios, a las demás personas humanas y, de otro modo, al universo físico. Crece y alcanza su plenitud en la comunicación interpersonal. En la existencia de cada uno, poder transmitir una idea o una sensación, manifestar la intimidad para compartirla con un ser querido, o expresar un fenómeno estético, son posibilidades que enriquecen al yo, y confirman su carácter relacional. El profesor Alfonso Nieto, rector de la Universidad de Navarra durante más de una década, quizá apoyándose en su capacidad de trato humano y cristiano, ha sabido explorar el arte de la comunicación en varias de sus formas contemporáneas. Su esfuerzo en defensa de la persona se ha dirigido a comprender con mayor hondura la función humanizadora de los medios de Comunicación, que exigen una responsabilidad y una vocación de servicio, de las que el doctor Nieto se ha hecho portavoz.</p>
<p>Tres profesores de diferentes áreas académicas, con trabajos que se unen armónicamente en el servicio a favor del ser humano. La defensa de la persona constituye y constituirá siempre un rasgo esencial del mensaje de la Iglesia, como ha señalado Su Santidad Juan Pablo II a inicio de su Pontificado: &#8220;La Iglesia desea servir a este único fin: que todo hombre pueda encontrara Cristo, para que Cristo pueda recorrer con cada uno el camino de la vida, con la potencia de la verdad acerca del hombre y del mundo&#8221; . La Prelatura del Opus Dei, nacida en la Iglesia y de la Iglesia como una parte suya para servirla, tiene la misión peculiar de abrir caminos de vida cristiana a quienes desean santificarse a través del trabajo profesional en medio de las realidades seculares. En momentos históricos en los que algunas manifestaciones culturales, sociales y políticas ofrecen concepciones reductoras de la criatura racional, cuando no abiertamente contrarias a su dignidad y destino eterno, es oportuno hacer resonar audazmente otras palabras del Santo Padre cuando afirma que el sentido de la cultura debe ser a medida de la persona humana .</p>
<p>Inspirada por la figura y el mensaje de San Josemaría Escrivá, la Universidad Austral, desde su propio ámbito- el de la investigación y la docencia- cultiva la aspiración a dar luces y ser guía para construir una nueva cultura, en la que todo hombre y toda mujer vean respetada su más íntima identidad y descubran en sus corazones la imagen de Dios Uno y Trino, en cuya Vida están llamados a participar.</p>
<p>No se trata de una meta utópica, ni de una mera declamación de intenciones inoperantes. Tenemos el convencimiento de que, como afirmara el Fundador del Opus Dei en una circunstancia similar a ésta, &#8220;la Universidad (&#8230;) al estudiar con profundidad científica los problemas, remueve también los corazones, espolea la pasividad, despierta fuerzas que dormitan y forma ciudadanos dispuestos a construir una sociedad más justa&#8221;  Hemos de tener muy presente que un Alma Mater, ha de mantener siempre el deseo de fomentar, en su Claustro, en los alumnos y en todo el personal que aquí trabaja , el noble afán de adquirir un serio y sólido prestigio profesional, entendido también como servicio, con el fin de transformar nuestro mundo en tierra de honrada convivencia, de leal y coherente adhesión a los designios del Creador.</p>
<p>Muchas son las urgencias ante las cuales el espíritu cristiano no puede permanecer insensible,  nos recuerda Juan Pablo II en el nuevo milenio que comenzamos. Agradecemos la esforzada tarea de los tres nuevos Doctores que han sabido responder a esas urgencias con su dedicación esmerada y que están decididos a seguir respondiendo a los desafíos que se presenten. Con la ayuda de Dios y la maternal intercesión de Nuestra Señora de Luján, deseo que todos dirijamos a nuestros esfuerzos y desvelos al unísono, afrontando así los grandes retos de nuestro tiempo.</p>
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		<title>Noticias de la Causa</title>
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		<pubDate>Tue, 17 Nov 2009 10:46:17 +0000</pubDate>
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			<content:encoded><![CDATA[<h2 style="text-align: center;">El proceso diocesano de recogida de documentos y testimonios sobre el Siervo de Dios Toni Zweifel se abrió el 22 de febrero de 2001</p>
<p><em></em></h2>
<p>El proceso diocesano de recogida de documentos y testimonios sobre el Siervo de Dios Toni Zweifel se abrió el 22 de febrero de 2001, en presencia del Obispo Diocesano Mons. Amédée Grab, en Coira.</p>
<p>El Tribunal nombrado por el Obispo está terminando de interrogar a los testigos y ha recibido ya las declaraciones recogidas en los Procesos rogatoriales de Verona y de la Prelatura del Opus Dei.<a></a></p>
<p><a> </a></p>
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		<title>Relatos y favores recibidos</title>
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		<pubDate>Tue, 17 Nov 2009 10:35:16 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Acudir en caso de necesidad a la intercesión de personas con fama de santidad, es una práctica corriente en la Iglesia. Presentamos una selección de relatos recibidos en la Oficina para la Causa de los Santos de la Prelatura del Opus Dei. Desde el 29.IX intentaba varias veces enviar un fax a un amigo de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h2 style="text-align: center;">Acudir en caso de necesidad a la intercesión de personas con fama de santidad, es una práctica corriente en la Iglesia. Presentamos una selección de relatos recibidos en la Oficina para la Causa de los Santos de la Prelatura del Opus Dei.</p>
<p><em></em></h2>
<p>Desde el 29.IX intentaba varias veces enviar un fax a un amigo de Tanzania. Días antes, el 22.IX, había logrado enviar uno, pero después todo fue inútil. Mi amigo es médico y necesitaba con urgencia medicamentos e instrumental. Otro amigo mío, también médico cirujano, estaba dispuesto a acudir a Tanzania para ayudarle. Había pedido permiso y organizado todo para llevar a cabo su plan. Tanto él como yo intentábamos sin éxito ponerle un fax y el viaje comenzaba a peligrar por falta de comunicación.</p>
<p>Cavilaba sobre qué convendría hacer, cuando mi mirada se encontró con un pequeño folleto sobre Toni Zweifel. Se me ocurrió encomendarle el asunto puesto que él era ingeniero y suizo. Delante del aparato de fax acudí a su intercesión ante Dios. El primer intento falló porque la línea estaba de nuevo ocupada. Salí de la habitación y dejé al fax intentarlo automáticamente. Un cuarto de hora más tarde volví y no daba crédito a mis ojos: había pasado el mensaje. Adjunto el comprobante de que mi carta a Tanzania salió a las 17,24 h. Estoy muy agradecido a Toni. Antes le había prometido que publicaría este favor. Acudiré desde ahora a su ayuda, sobre todo cuando se trate de solucionar problemas técnicos. <em>Dr. Chr. B. (Köln)</em><a><br />
</a></p>
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		<title>Un apóstol de la amistad</title>
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		<pubDate>Sun, 25 Oct 2009 19:07:01 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Testimonio de Mons. Franz Hengsbach, Obispo de Essen Hace diez años, el 26 de junio de 1975, un repentino paro cardíaco dio fin a la vida terrena de Monseñor Josemaría Escrivá. Falleció al filo del mediodía en la sede central del Opus Dei en Roma, en su cuarto de trabajo en Viale Bruno Buozzi. En [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h2 style="text-align: center;">Testimonio de Mons. Franz Hengsbach, Obispo de Essen</p>
<p><em></em></h2>
<p>Hace diez años, el 26 de junio de 1975, un repentino paro cardíaco dio fin a la vida terrena de Monseñor Josemaría Escrivá. Falleció al filo del mediodía en la sede central del Opus Dei en Roma, en su cuarto de trabajo en Viale Bruno Buozzi. En 1981 se incoó su causa de beatificación.</p>
<p>Hasta 1971 no le conocí personalmente en Roma. Desde el pri mer momento nos unió una cordial amistad. Posteriormente estuve con frecuencia con él. Siempre quedé conmovido por el calor de su palabra y el cariño de su forma de ser. Y esto que vivía es lo que también enseñaba: «La santidad no es cosa para privilegiados, sino que pueden ser divinos todos los caminos de la tierra, todos los estados, todas las profesiones, todas las tareas honestas» (cf. 5. Bernal: <em>Apuntes sobre la vida del fundador del Opus Dei, </em>Madrid, 1976, pág. 123). Estas palabras suenan del mismo modo que la intención que las anima: algo normal y corriente; y precisamente por eso han llegado a ser revolucionarias. El cristiano «normal y corriente», el cristiano en el laboratorio, en la fábrica, en el bufete de abogado, en las tareas del hogar, en el taller, en el campo, ¿ése es el que ha de poder ser santo?</p>
<p>Puede y debe serlo por el hecho de estar bautizado. Esto es lo que Escrivá predicó desde 1928 cuando, a la edad de veintiséis años, vio la fundación y la extensión del Opus Dei como la tarea que</p>
<p>Dios quería que realizara con su vida. Desde entonces enseñó la vocación universal a la santidad para el «cristiano de una pieza» para el que no lleva una doble vida: «la vida interior, la vida de relación con Dios, de una parte; y de otra, distinta y separada, la vida familiar, profesional y social, plena de pequeñas realidades terrenas» <em>(Conversaciones con Monseñor Escrivá de Balaguer, </em>Madrid, 4ª ed., 1969, pág. 224). Por este motivo, a Escrivá se le ha denominado frecuentemente y con toda razón uno de los pio neros del Concilio Vaticano II, como lo expresó hace algunos años el Papa Juan Pablo II ante miembros del Opus Dei: «Realmente es un gran ideal el vuestro, que desde los comienzos se ha anticipado a esa teología del laicado, que caracterizó después a la Iglesia del Concilio y del postconcilio» <em>(L &#8216;Osservatore Romano, </em>26–VIII–l979).</p>
<p>En la época inmediatamente anterior al Concilio. al preparar el Decreto sobre el apostolado de los laicos, sin saber aún muchos datos concretos sobre el Opus Dei, tuve que ocuparme de una de las ideas centrales en el espíritu de la Obra: de la santificación de la vida cotidiana, es decir, de la realización del encargo de Dios a cada cristiano de vivir esa vida cotidiana tal como pasó Jesucristo los treinta años de su vida en Nazaret. Al comenzar, a finales de los años sesenta, la labor del Opus Dei en nuestra diócesis de Essen fui sabiendo cada vez más de este gran empeño del fundador del Opus Dei. Como el grano de trigo, que cae en la tierra y da fruto, el grano de trigo sembrado por Josemaría Escrivá y extendido por sus hijos en todo el mundo ha dado frutos esperanzadores. A la Prelatura Opus Dei pertenecen hoy en día más de 74.000 fieles de 87 países.</p>
<p>A quien se acercara personalmente al fundador del Opus Dei no le quedaba más posibilidad que llegar a ser amigo suyo para siempre. Esta es mi experiencia y la de muchas personas, tal como constata uno de sus biógrafos en sus apuntes: «Era muy alegre y comprensivo, y muy sencillo y sin recámaras, se hacía amigo de todos, y todos le querían. Yo no supe de nadie que tuviera enemistad con él personalmente» <em>(Apuntes&#8230;, </em>pág. 147). Quería ser amigo de todos, incluso de aquéllos que no veían con simpatía al Opus Dei y a él mismo.</p>
<p>¿Qué es lo que animaba a este Siervo de Dios a querer tener tantos amigos y no sólo unos pocos, como suele ser corriente? Se había dado cuenta de que una amistad verdadera es más que la sim patía personal, que siempre está enraizada en Jesucristo, el verda dero Amigo, que murió en la Cruz por cada persona. Por eso, cada persona vale toda la Sangre de Jesucristo, como solía decir Escrivá. Y por eso, no había persona que le fuera indiferente, no podía dejar de lado a nadie. Le urgía acercar a Jesucristo a todo aquel con quien tuviera que ver. «Al amar al amigo, se ama también lo que para él es un bien», decía Aristóteles. <em>Y </em>para el fundador del Opus Dei no existía un bien mayor que el Amor de Dios. Por eso quería lle varlo a los hombres como lo mejor que tenía.</p>
<p>Cuando pienso en mi amistad con él (y lo mismo podría decir de mi amistad con su sucesor en la dirección de la Obra, el Prelado Alvaro del Portillo), necesariamente me vienen a la cabeza las pala bras de Nuestro Señor en la Última Cena: «Os he llamado amigos, porque todo lo que oí de mi Padre os lo he dado a conocer» (Ioh 15,15).</p>
<p>Monseñor Escrivá estaba lleno del espíritu de una tal amistad. Medía la calidad de la amistad por la mirada conjunta hacia Jesu cristo. «Los amigos no se miran el uno al otro (&#8230;), su mirada se dirige hacia las cosas por las que se interesan en común» –dice Josef Pieper. Y ya Cicerón definía la amistad como «un acuerdo en lo humano y lo divino en simpatía y cariño». Donde no hay metas comunes, no hay amistad. La amistad necesita un contenido. Quien nada tiene, no tiene nada que compartir; quien no tiene una meta, no puede tener un acompañante. La amistad sólo surge cuando se comparte lo que es personal, cuando se da al otro lo que es propio de uno, cuando se abre como Jesucristo: «Os he llamado amigos, porque todo os lo he dado a conocer» (Ioh 15,15).</p>
<p>Amistad y apostolado: para Monseñor Escrivá estas dos pala bras formaban una sola realidad. No conocía diferencia alguna entre amistad y apostolado. Le era extraño el denigrar lo uno con virtiéndolo en instrumento de lo otro. Seria algo que contradiría radicalmente la esencia de la amistad y la esencia del apostolado. Él amaba real y verdaderamente a las personas por amor de Cristo. Por eso, nada había que deseara más que el hacer posible que cada uno encontrara a Jesucristo. De este modo, su apostolado pasaba a ser una prueba de su amistad; lo llamaba el «apostolado de amistad y confidencia». Por el contrario, cualquier empeño apostólico sin un cariño verdadero para cada persona en particular hubiera estado condenado radicalmente al fracaso. La amistad y el apostolado para el fundador del Opus Dei eran las dos caras de una misma moneda.</p>
<p>Amistosa y abiertamente hablaba de lo divino y de lo humano: «Esas palabras, deslizadas tan a tiempo en el oído del amigo que vacila; aquella conversación orientadora, que supiste provocar oportunamente; y el consejo profesional que mejora su labor universitaria; y la discreta indiscreción, que te hace sugerirle insospe chados horizontes de celo&#8230; Todo eso es apostolado de la con fidencia&#8221;» <em>(Camino 973).</em></p>
<p>Monseñor Escrivá abrió este camino ayudando a meditar sobre la amistad que Jesucristo mantuvo con los Apóstoles, con sus dis cípulos, con la familia de Betania y con tantas otras figuras de los Evangelios. Jesús era el Amigo de sus amigos un Amigo verdadero, y ellos lo sabían. Con toda confianza se dirigen a El cuando no han entendido algo. Y El les revela los misterios del Reino de los Cielos. Otras veces es El quien en conversaciones personales comparte sus alegrías y sus preocupaciones con sus amigos Les da ánimos y les abre los ojos para los amplios horizontes de la te de la esperanza y de la caridad</p>
<p>La amistad entre los hombres solo encuentra su sentido pleno en la amistad con Jesucristo. Nadie puede dar lo que no tiene: «Como el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo si no permanece en la vid, así tampoco vosotros sino permanecéis en mí» (Ioh. 15,4). Convencido de la verdad de estas palabras, el Siervo de Dios bus–caba la amistad personal con Jesucristo, es decir, el trato con Él en la oración y en los sacramentos, meditando su vi da, para apren der de Él cómo ha de tratar un hombre de fe a sus amigos.</p>
<p>Hablar de Cristo, difundir su doctrina con la palabra y con el ejemplo: ésta es una parte fundamental, irrenunciable de la voca ción cristiana. «id al mundo entero y predicad el Evangelio a toda criatura» (Mc 16,15). En esta tarea no se dejaba dominar por falsos respetos humanos, no confundía la prudencia con la cobardía y el respeto por la libertad de los demás con la indiferencia. También en este aspecto Monseñor Escrivá puede ser considerado como heraldo del Concilio Vaticano II: «La vocación cristiana es, por su misma naturaleza, vocación también al apostolado (&#8230;). El deber y el derecho del seglar al apostolado deriva de su misma unión con Cristo Cabeza. Insertos por el bautismo en el Cuerpo místico de Cristo, robustecidos por la confirmación en la fortaleza del Espíritu Santo, es el mismo Señor el que los destina al apostolado (&#8230;). Son los sacramentos, y sobre todo la Eucaristía, los que comunican y alimentan en los fieles la caridad, que es como el alma de todo apos tolado» (Decreto <em>Apostolicam Actuositatem, </em>núm. 2-3).</p>
<p>Escrivá no se limitó a señalar ideales. Describió también el camino para llegar a ser apóstol de Jesucristo en medio de la vida cotidiana: « ¿Quién ha dispuesto que para hablar de Cristo, para difundir su doctrina, sea preciso hacer cosas raras, extrañas? Vive tu vida ordinaria; trabaja donde estás, procurando cumplir los deberes de tu estado, acabar bien la labor de tu profesión o de tu oficio, cre ciéndote, mejorando cada jornada. Sé leal, comprensivo con los demás y exigente contigo mismo. Sé mortificado y alegre. Ese será tu apostolado» <em>(Amigos de Dios, </em>Madrid, 1977, pág. 384).</p>
<p>Los cristianos de la Prelatura del Opus Dei y muchas otras per sonas intentan recorrer este camino. Y, siendo iguales a los demás, trabajadores, estudiantes, empleados, funcionarios, etcétera, no se les ocurre por ello hacer cosas extravagantes para encontrar a Dios o para llevar los demás a Dios. Se limitan a trabajar, a cumplir sus deberes profesionales, a ser amigos de sus amigos, a comportarse lo más ejemplarmente posible en la vida familiar. A pesar de ello, la labor apostólica de la Prelatura ha experimentado la contradic ción, por ejemplo, cuando se acusa de abusar de la confianza propia de la amistad, porque siempre estaría involucrado el empeño por acercar alguien a Cristo. ¿Es posible hablar así cuando existe la experiencia de la verdadera amistad y de la vida de fe?</p>
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