Con discapacitados en Jordania

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Durante su reciente estancia en Jordania, el Santo Padre, ha visitado el Centro de Nuestra Señora de la Paz, un proyecto de integración social para uno de los sectores de población más desfavorecido del país: los discapacitados físicos y psíquicos.

14 de mayo de 2009

El Centro Nuestra Señora de la Paz está ubicado en All Um-Kundum, a 15 Km. de Amman. El Centro pertenece al Vicariato Latino en Jordania y fue construido entre los años 2001-2004 por la FPSC (Fundación Promoción Social Cultura).

Pilar Lara, presidenta de la FPCS, encontró aliento en las enseñanzas de san Josemaría Escrivá para poner en marcha una Fundación que contribuyese a poner en marcha iniciativas como este Centro de salud de Jordania.

“Es un proyecto de desarrollo en el que trabajamos desde hace años con el objetivo de ayudar a los discapacitados”. La visita de Benedicto XVI llena de agradecimiento a los impulsores y trae otros recuerdos a Pilar Lara: “No puedo evitar pensar en la ilusión que siempre tuvo Don Álvaro del Portillo por nuestro trabajo en Oriente Medio”.

Opus Dei - Una escuela  en Gaza, impulsada por la FPSC.

Una escuela en Gaza, impulsada por la FPSC.

Con ocasión de viajes a Jordania, pudo charlar con don Álvaro quien le manifestó “su preocupación por la difícil permanencia de los cristianos en aquellas tierras”.

La creación de este centro, al que contribuyó la Cooperación Española al Desarrollo, ha permitido diagnosticar y tratar discapacidades físicas y psíquicas de muchos jordanos. La calidad de vida de estos enfermos se veía agravada en ocasiones por malos tratamientos debidos a creencias populares ancestrales más arraigadas en el ámbito rural que en el ámbito urbano.

Esta intervención constituye una acción pionera en la integración social de discapacitados en Jordania. Su labor no es sólo sanitaria, sino también social pues defiende los derechos de las personas con discapacidad.

Actualmente se atiende a una población de más de 900 beneficiarios directos al año. El Centro cuenta con una sala de fisioterapia, clínicas oftalmológica y odontológica, y 20 habitaciones con 75 camas, entre otros servicios.

Desde 1993 la Fundación Promoción Social de la Cultura trabaja en Oriente Medio con el objetivo de contribuir al desarrollo humano, la paz y la estabilidad social de esta región de singular importancia.

Opus Dei - Casas en  Belén, también iniciativa de la Fundación que preside Pilar Lara.

Casas en Belén, también iniciativa de la Fundación que preside Pilar Lara.

En concreto, la FPSC cuenta con iniciativas educativas, de atención a los discapacitados, ayuda humanitaria (afectados por la guerra), sanidad (centros de salud, campañas de prevención, etc) y desarrollo agropecuario.

Aunque la FPSC ofrece sus iniciativas a personas de todas las confesiones religiosas, las minorías cristianas reciben una ayuda especial, por las dificultades que atraviesan. Una ayuda concreta son la construcción de viviendas para las personas afectadas por los conflictos que afligen con frecuencia esta zona.

Santa Misa en la plaza del Pesebre de Belén, homilía del Santo Padre

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Belén, Miércoles 13 de mayo de 2009

Queridos hermanos y hermanas en Cristo,

Opus Dei -

Agradezco a Dios Omnipotente por haberme concedido la gracia de venir a Belén, no sólo para venerar el lugar donde nació Cristo, sino también para estar al lado de ustedes, hermanos y hermanas en la fe, en estos Territorios Palestinos. Agradezco al patriarca Fouad Twal los sentimientos que ha expresado a nombre de ustedes, y saludo con afecto a los hermanos Obispos y a todos los sacerdotes, religiosos y fieles laicos que se empeñan cada día para confirmar esta Iglesia local en la fe, en la esperanza, en el amor. Mi corazón si dirige de manera especial a los peregrinos provenientes de la martirizada Gaza: les pido lleven a sus familias y comunidades mi caluroso abrazo, mis condolencias por las pérdidas, las adversidades y los sufrimientos que han tenido que soportar. Les aseguro mi solidaridad en la inmensa obra de reconstrucción que ahora tienen por delante y mis oraciones para que el embargo sea pronto levantado.

“No teman porque les traigo una gran alegría…Hoy, en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador” (Lc 2,10-11). El mensaje de la venida de Cristo, venido del cielo mediante la voz de los ángeles, continúa como un eco en esta ciudad, así como hace ecos en las familias, en las casas y en las comunidades del mundo entero. Es una “buena noticia”, dijeron los ángeles, “para todo el pueblo”. Este mensaje proclama que el Mesías, Hijo de Dios e hijo de David nació “para ustedes”: para ti y para mí, y para todos los hombres y mujeres de todo tiempo y lugar. En el plan de Dios, Belén, “tan pequeña entre los clanes de Judá” (Miq 5,1) se convirtió en un lugar de gloria inmortal: el lugar donde, en la plenitud de los tiempos, Dios eligió hacerse hombre, para terminar el largo reinado del pecado y de la muerte, y para traer vida nueva y abundante a un mundo que se había hecho viejo, cansado, y oprimido por la desesperación.

Para los hombres y mujeres de cada lugar, Belén está asociada el alegre mensaje del renacimiento, de la renovación, de la luz y de la libertad. Y sin embargo aquí, en medio de nosotros, ¡cuán lejano pareciera el cumplimiento de esta magnífica promesa! ¡Cuán distante aparece aquel Reino de amplio dominio y de paz, seguridad, justicia e integridad, que el profeta Isaías había anunciado, según cuanto hemos escuchado en la primera lectura (cfr Is 9,7) y que proclamamos como definitivamente establecido con la venida de Jesucristo, Mesías y Rey!

Desde el día de su nacimiento, Jesús fue “un signo de contradicción” (Lc 2,34) y lo continúa siendo, también hoy. El Señor de los ejércitos, cuyos “orígenes son antiguos, desde tiempos remotos” (Miq 5,1), quiso inaugurar su Reino naciendo en esta pequeña ciudad, entrando a nuestro mundo en el silencio y humildad de una gruta, y yaciendo, como un niño necesitado de todo, en un pesebre. Aquí en Belén, en medio de todo tipo de contradicciones, las piedras continúan gritando esta “buena nueva”, el mensaje de redención que esta ciudad, por encima de todas las otras, está llamada a proclamar al mundo. Aquí, de hecho, de un modo que supera todas las esperanzas y expectativas humanas, Dios se mostró fiel a sus promesas. En el nacimiento de su Hijo, reveló la venida de un Reino de amor: un amor divino que se rebaja para traer la sanación y levantarnos; un amor que se revela en la humillación y la debilidad de la cruz, y que triunfa en la gloriosa resurrección a la nueva vida. Cristo ha traído un Reino que no es de este mundo, sino que es un Reino capaz de cambiar este mundo, pues tiene el poder de cambiar los corazones, de iluminar las mentes y de reforzar la voluntad. Al asumir nuestra carne, con todas sus debilidades, y al transfigurarla con el poder de su Espíritu, Jesús nos llamó a ser testigos de su victoria sobre el pecado y la muerte. Y esto es lo que el mensaje de Belén nos llama a ser: ¡testigos del triunfo del amor de Dios sobre el odio, sobre el egoísmo, sobre el miedo y sobre el rencor que paralizan las relaciones humanas y crean divisiones entre los hermanos que deberían vivir juntos en unidad, destrucción donde los hombres deberían edificar, desesperación donde la esperanza debería florecer!

“En la esperanza hemos sido salvados”, dice el apóstol Pablo (Rom 8,24). Pero afirma -con gran realismo- que la creación continúa con gemidos de parto, así como nosotros, que hemos recibido las primicias del Espíritu, esperamos pacientemente el cumplimiento de nuestra redención (cf. Rom 8,22-24). En la segunda lectura de hoy, Pablo extrae una lección de la Encarnación que es particularmente aplicable a los sufrimientos que ustedes, los predilectos de Dios en Belén, están experimentando: “porque se ha manifestado la gracia de Dios”, nos dice, “que nos enseña a que, renunciando a la impiedad y a las pasiones mundanas, vivamos con sensatez, justicia y piedad en el tiempo presente”, mientras aguardamos la feliz esperanza, el Salvador Cristo Jesús” (Tit 2,11-13).

¿No son éstas, quizás, las virtudes requeridas a hombres y mujeres que viven en la esperanza? En primer lugar, la constante conversión a Cristo que se refleja no sólo sobre nuestras acciones, sino también sobre nuestro modo de razonar: la valentía de abandonar líneas de pensamiento, de acción y de reacción, infructuosas y estériles. También el cultivo de una mentalidad de paz basada en la justicia, en el respeto de los derechos y los deberes de todos, y el compromiso de colaborar por el bien común. Y luego la perseverancia, perseverancia en el bien y en el rechazo del mal. Aquí en Belén una especial perseverancia se pide a los discípulos de Cristo: perseverancia en el testimoniar fielmente la gloria de Dios aquí revelada en el nacimiento de su Hijo, la buena nueva de su paz que descendió desde el cielo para habitar sobre la tierra.

“No tengan miedo”. Este es el mensaje que el Sucesor de San Pedro desea entregarles hoy, haciéndose eco del mensaje de los ángeles y de la consigna que el amado Papa Juan Pablo II les dejó el año del Gran Jubileo del nacimiento de Cristo. Cuenten con las oraciones y con la solidaridad de sus hermanos y hermanas de la Iglesia universal y trabajen en iniciativas concretas para consolidar su presencia y para ofrecer nuevas posibilidades a cuantos tienen la tentación de partir. Sean un puente de diálogo y de colaboración constructiva en la edificación de una cultura de paz que supere el actual nivel de miedo, de agresión y de frustración. Edifiquen sus Iglesias locales haciendo de ellas laboratorios de diálogo, tolerancia y esperanza, así como de solidaridad y de caridad activa.

Por encima de todo, sean testigos del poder de la vida, la nueva vida que nos ha donado Cristo resucitado, la vida que puede iluminar y transformar incluso las más oscuras y desesperadas situaciones humanas. Esta tierra necesita no sólo de nuevas estructuras económicas y comunitarias, sino más importante- podríamos decir- de una nueva infraestructura “espiritual”, capaz de galvanizar las energías de todos los hombres y mujeres de buena voluntad en el servicio de la educación, del desarrollo y de la promoción del bien común. Ustedes tienen los recursos humanos para edificar la cultura de la paz y del respeto recíproco que podrán garantizar un futuro mejor para sus hijos. Esta noble empresa les espera. ¡No tengan miedo!

La antigua basílica de la Natividad, que ha experimentado los vientos de la historia y el peso de los siglos, se yergue ante nosotros cual testimonio de la fe que permanece y triunfa sobre el mundo (cf. 1Jn 5,4). Ningún visitante de Belén puede dejar de notar que en el curso de los siglos la gran puerta que introduce en la casa de Dios se ha hecho cada vez más pequeña. Oremos hoy para que por la gracia de Dios y nuestro compromiso, la puerta que introduce en el misterio del Dios viviente a los hombres, el templo de nuestra comunión en su amor, y la anticipación de un mundo de perenne paz y alegría, se abra cada vez más ampliamente para acoger a cada corazón humano y renovarlo y transformarlo. De este modo, Belén continuará siendo eco del mensaje confiado a los pastores, a nosotros, y a la humanidad: ¡Gloria a Dios!

Discurso en el Hospital Infantil de Cáritas en Belén

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Miércoles, 13 de mayo de 2009

Queridos amigos: Os saludo cariñosamente en el nombre de nuestro Señor Jesucristo “que murió, resucitó de entre los muertos, y ahora está sentado a la diestra de Dios para interceder por nosotros” (cf. Rom 8:34). Que la fe en su resurrección y su promesa de nueva vida a través de Bautismo llene vuestros corazones de alegría en este tiempo de Pascua!

Agradezco la cálida bienvenida que me da en nombre vuestro el Padre Michael Schweiger, Kinderhilfe Presidente de la Asociación, el Sr. Ernesto Langensand, que concluye ahora su mandato como Jefe Administrador del Caritas Baby Hospital, y la Madre Erika Nobs, Superior de este de la comunidad local de las Hermanas Franciscanas de Padua. También saludo cordialmente al Arzobispo Robert Zollitsch, y al obispo Kurt Koch, en representación, respectivamente, de las Conferencias Episcopales de Alemania y de Suiza, que contribuyen a la misión de Caritas Baby Hospital con su generosa ayuda financiera.

Dios me da la gracia con esta oportunidad para expresar mi reconocimiento a los administradores, médicos, enfermeras y personal de Caritas Baby Hospital por el inestimable servicio que prestan y continuarán prestando a los niños en la región de Belén y de toda Palestina desde hace más de cincuenta años. El padre Ernst Schnydrig fundó esta insitutución con la limpia convicción de que los niños merecen un lugar seguro de todo lo que puede perjudicarles en tiempos y lugares de conflicto. Gracias a la dedicación del Socorro a la Infancia de Belén, esta institución ha seguido siendo un oasis de tranquilidad para los más vulnerables, y ha brillado como un faro de la esperanza de que el amor puede triunfar sobre el odio y la paz sobre la violencia.

A los jóvenes pacientes y a los miembros de sus familias que se benefician de su cuidado, quiero decir sencillamente que “¡el Papa está con vosotros”! Hoy está con vosotros en persona, pero espiritualmente os acompaña cada día en sus pensamientos y oraciones, pidiendo al Todopoderoso que vele por quienes requiere de del cuidado y de la atención.

El Padre Schnydrig describe este lugar como “uno de los pequeños puentes construidos para la paz”. Ahora, después de haber pasado de catorce a ochenta camas-cuna, y del cuidado a las necesidades de miles de niños durante cada año, ¡este puente ya no es pequeño! Reúne a personas de diferentes orígenes, lenguas y religiones, en nombre del Reino de Dios, el Reino de la Paz (cf. Rm 14,17). Os animo vivamente a perseverar en vuestra misión de mostrar la caridad a todos los enfermos, los pobres y los débiles.

En esta fiesta de hoy de Nuestra Señora de Fátima, me gustaría concluir, invocando la intercesión de María antes de impartiros mi bendición apostólica a los niños y todos vosotros. Oremos, pues:

María, Salud de los Enfermos, Refugio de pecadores, Madre del Redentor: nos sumamos a las muchas generaciones que te han llamado “Bienaventurados”. Escucha a tus hijos a quienes te enconmedamos. Tú prometiste a los tres niños de Fátima que “al final, mi Corazón Inmaculado triunfará”. ¡Así será! El amor triunfará sobre el odio, la solidaridad y la paz sobre toda forma de violencia y de división! Que el mandamiento amor que mandó tu Hijo nos enseña a amar a Dios con todo nuestro corazón, fuerza y alma. Qué el Todopoderoso nos muestre su misericordia, nos fortalezca con su poder, y nos llene de sus dones (cf. Lc 1:46-56). Pedimos a tu Hijo Jesús que bendiga a estos niños y a todos los niños que sufren en todo el mundo. Qué reciban la salud del cuerpo, la fuerza de la mente y la paz del alma. Pero sobre todo, que ellos sapan que son amados con un amor que no conoce fronteras o límites: el amor de Cristo que sobrepasa todo entendimiento (cf. Ef 3:19). Amén.

Discurso de Benedicto XVI a los líderes religiosos de Galilea

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Jueves, 14 de mayo de 2009

Queridos Amigos,

Opus Dei -

Estoy agradecido por las palabras de bienvenida del obispo Giacinto –Boulos Marcuzzo y por su calurosa acogida, saludo cordialmente a los líderes de las diversas comunidades presentes, que comprenden Cristianos Musulmanes, Judíos, Drusos y otros personas religiosos.

Siento como una particular bendición el poder visitar esta ciudad, venerada por los cristianos, como el lugar donde el Ángel anunció a la virgen Maria que habría concebido por obra del Espíritu Santo. Aquí también José, su prometido, vio al Ángel en sueños y le fue indicado de llamar al niño “Jesús”. Luego de estos maravillosos eventos que acompañaron su nacimiento, el niño fue traído a esta ciudad por José y Maria donde “crecía y se fortalecía, llenándose de sabiduría; y la gracia de Dios estaba sobre él” (Lc 2,40).

La convicción de que el mundo es un don de Dios y que Dios ha entrado en las vicisitudes y en los eventos de la historia humana, es la perspectiva desde la cual los cristianos ven que la creación tiene una razón y un fin. Lejos de ser el resultado de un hecho casual, el mundo ha sido querido por Dios, y revela su glorioso esplendor.

En el corazón de toda tradición religiosa se encuentra la convicción de que la paz misma es un don de Dios, aunque no se pueda alcanzar sin el esfuerzo humano. Una paz duradera proviene del reconocimiento de que el mundo no es nuestra propiedad, si no más bien el horizonte en el cual estamos invitados a participar del amor de Dios y a cooperar en guiar el mundo y la historia bajo su inspiración. No podemos hacer con el mundo todo aquello que nos place; es más, estamos llamados a conformar nuestras decisiones a las complejas y todavía perceptibles leyes escritas por el Creador en el universo y a modelar nuestras acciones según la bondad divina que rebosa el reino de lo creado.

Galilea, una tierra conocida por su heterogeneidad étnica y religiosa, es la casa de un pueblo que conoce bien los esfuerzos exigidos para vivir en armónica coexistencia. Nuestras diversas tradiciones religiosas tienen en si un potencial notable para promover de una cultura de la paz, especialmente a través la enseñanza y la predicación de los valores espirituales más profundos de nuestra común humanidad. Moldeando los corazones de los jóvenes, moldeamos el futuro de la humanidad. De buen ánimo los cristianos se unen a los judíos, musulmanes, drusos y gentes de otras religiones en el deseo de salvaguardar a los niños del fanatismo y de la violencia, mientras los preparamos a ser los constructores de un mundo mejor.

Queridos amigos míos, sé que acogen con gozo y con el saludo de la paz a los numerosos peregrinos que llegan a Galilea. Les invito a que continúen ejercitando el respeto recíproco mientras se empeñan en aliviar las tensiones concernientes a los lugares de culto, garantizando así a un ambiente sereno para la oración y la meditación, aquí y en toda Galilea. Representando diversas tradiciones religiosas, compartan el deseo común de contribuir a la mejora de la sociedad y de testimoniar así los valores religiosos y espirituales que ayuden a sustentar la vida pública. Les aseguro que la Iglesia Católica está comprometida en participar en esta noble empresa. Cooperando con hombres y mujeres de buena voluntad, ella buscará asegurar que la luz de la verdad, de la paz y de la bondad continúe resplandeciendo desde Galilea, y guíe a las personas del mundo entero a buscar todo aquello que promueve la unidad de la familia humana. ¡Que Dios los bendiga a todos!

“Dios no cambia”

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Benedicto XVI afirmó en la clausura del Sínodo episcopal en África que “el designio de Dios no cambia. A través de los siglos y de las vueltas de la historia, Él apunta siempre hacia la misma meta: el Reino de la libertad y de la paz para todos”

Opus Dei -

El Papa presidió en la basílica vaticana la concelebración eucarística con los padres sinodales, con motivo de la clausura de la II Asamblea Especial para África del Sínodo de los Obispos.

En la homilía, Benedicto XVI explicó comentando las lecturas de este domingo, que “el designio de Dios no cambia. A través de los siglos y de las vueltas de la historia, Él apunta siempre hacia la misma meta: el Reino de la libertad y de la paz para todos. Y esto implica su predilección para cuantos están privados de libertad y de paz, para cuantos han visto violada su propia dignidad de seres humanos. Pensemos en particular en los hermanos y hermanas que en África sufren pobreza, enfermedades, injusticias, guerras y violencias, migraciones forzadas”.

“La Iglesia que está en África, a través de sus pastores, llegados de todos los países del continente, desde Madagascar y de las demás islas, ha acogido el mensaje de esperanza y la luz para caminar por el camino que conduce al Reino de Dios. (…) La fe en Jesucristo -cuando es bien entendida y practicada- guía a los hombres y a los pueblos a la libertad en la verdad, o, por usar las tres palabras del tema sinodal, a la reconciliación, a la justicia y a la paz”.

Tras poner de relieve que la Iglesia en el mundo es la “comunidad de personas reconciliadas, operadoras de justicia y de paz”, el Santo Padre subrayó que “por este motivo, el Sínodo ha reafirmado con fuerza -y lo ha manifestado- que la Iglesia es Familia de Dios, en la que no pueden subsistir divisiones de tipo étnico, lingüístico o cultural. (…) La Iglesia reconciliada es una potente levadura de reconciliación en cada país y en todo el continente africano”.

El Papa señaló que la Iglesia transmite “el mensaje de salvación conjugando siempre la evangelización y la promoción humana”. En este contexto, recordó que la reflexión ofrecida por Pablo VI en su “histórica Encíclica “Populorum progressio”, “los misioneros la han realizado y siguen realizándola sobre el terreno, promoviendo un desarrollo respetuoso de las culturas locales y del medio ambiente, según una lógica que ahora, después de más de 40 años, parece la única capaz de hacer salir a los pueblos africanos de la esclavitud del hambre y de las enfermedades”.

“Esto significa -continuó- transmitir el anuncio de esperanza según una “forma sacerdotal”, es decir, viviendo en primera persona el Evangelio, intentando traducirlo en proyectos y realizaciones coherentes con el principio dinámico fundamental, que es el amor”. Benedicto XVI alentó a la Iglesia en África a levantarse. “Emprende -dijo- el camino de una nueva evangelización, con el valor que procede del Espíritu Santo. La urgente acción evangelizadora, de la que se ha hablado mucho en estos días, comporta también un fuerte llamamiento a la reconciliación, condición indispensable para instaurar en África relaciones de justicia entre los hombres y para construir una paz justa y duradera en el respeto de cada individuo y de cada pueblo; una paz que necesita y que se abre a la aportación de todas las personas de buena voluntad, independientemente de sus respectivas pertenencias religiosas, étnicas, lingüísticas, culturales y sociales”.

“¡Ánimo, levántate continente africano!”, exclamó de nuevo el Papa. “Acoge con renovado entusiasmo el anuncio del Evangelio para que el rostro de Cristo pueda iluminar con su esplendor las múltiples culturas y lenguajes de tus poblaciones. Mientras ofrece el pan de la Palabra y de la Eucaristía, la Iglesia se esfuerza en obrar, con todos los medios disponibles, para que a ningún africano le falte el pan cotidiano. Por eso, junto a la obra de primaria urgencia de la evangelización, los cristianos intervienen activamente en la promoción humana”.

El Santo Padre terminó pidiendo a los pastores de la Iglesia en África, que al regresar a sus comunidades transmitieran a todos “el llamamiento que ha resonado a menudo en este Sínodo a la reconciliación, a la justicia y a la paz”.

Entrevista con monseñor Javier Echevarría

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El prelado del Opus Dei comenta en una entrevista publicada por la revista Pensamiento y Cultura algunos temas relacionados con el pluralismo cultural, la paz y el papel de la universidad en la sociedad actual.

La cultura de hoy es la cultura del hombre de hoy, con sus avances tecnológicos, sus facilidades de comunicación, pero también sus problemas. ¿Cómo compartir nuestra identidad y al mismo tiempo construir nuestro futuro con fe y razón como nos recomienda Juan Pablo II? ¿Cómo ser cristiano del siglo XXI?

El pluralismo cultural no constituye un problema para los cristianos, sino una realidad con la que contamos, como ciudadanos corrientes que somos. El Papa nos ha impulsado repetidamente a llevar a cabo la nueva evangelización, también de la cultura. No hay razón para el miedo.
En su carta Novo millennio ineunte afirma que «en la situación de un marcado pluralismo cultural y religioso, tal como se va presentando en la sociedad del nuevo milenio, este diálogo es también importante para proponer una firme base de paz» (n. 55). Y ha dicho también recientemente el Papa que la globalización «no es, a priori, ni buena ni mala. Será lo que la gente haga de ella. Ningún sistema es un fin de sí mismo, y es necesario insistir en que la globalización, como cualquier otro sistema, debe estar al servicio de la persona humana, de la solidaridad» (Discurso a la Academia pontificia de ciencias sociales, 27-IV-01, n. 2).

El verdadero problema es el individualismo egoísta. El Papa invita a cambiar esa tendencia. «Es la hora de una nueva «imaginación de la caridad que promueva no tanto y no sólo la eficacia de las ayudas prestadas, sino la capacidad de hacerse cercanos y solidarios con quien sufre» (Carta apostólica Novo millennio ineunte, n. 50). En este sentido, lo que puede y debe fomentarse en el mundo actual —con la ayuda de la ciencia, la tecnología, las artes y la facilidad de comunicación— es la globalización de la caridad. Y no habrá solidaridad global sin solidaridad personal.

Sabemos que Usted sigue muy de cerca los acontecimientos sociales que suceden en Colombia. Muchas veces nos lo ha manifestado por diferentes vías y se lo agradecemos de todo corazón. La enorme mayoría de los colombianos es católica, sabemos que debemos contribuir a configurar una sociedad justa. ¿Qué nos sugeriría para ayudar en la solución de los graves conflictos que atraviesa el país?

Sé que os duele esta situación y que todos, de un modo u otro, estáis sufriendo las consecuencias. Pero, al mismo tiempo, puede haber, quizá inconscientemente, algo de resignación. Hay que evitar la pasividad ante los problemas, hay que buscar incansablemente soluciones a los conflictos, con esperanza y con sentido de responsabilidad. Trabajando cada uno donde le corresponde, desde el lugar que ocupa en la sociedad, pensando en lo que puede aportar personalmente para construir la paz. Porque la paz es como un río caudaloso formado por multitud de afluentes y manantiales: todos son importantes.

Es necesario hacer un apostolado muy grande en favor de la paz. Un apostolado que es la suma de la oración, la comprensión y la colaboración de todos. En Roma, y más aún los días que llevo aquí en Colombia, sufro con vosotros. No es solamente un problema de Colombia, es un problema de todo el mundo. Estoy pidiendo constantemente a Nuestra Señora que nos consiga la paz en esta tierra. La Iglesia prelaticia del Opus Dei, en Roma, tiene como título Santa María de la Paz. Al fondo de la nave se encuentra un candelabro votivo, con lámparas encendidas a nuestra Madre del Cielo para que nos consiga del Señor la paz personal y la paz de toda la humanidad. He decidido que una de las velas de ese candelabro arda permanentemente en petición por la paz en Colombia. Os aconsejo acudir también a la intercesión del Beato Josemaría, gran amigo y promotor de la paz, y que tanto quiere a vuestro país. Yo desearía que mucha gente le pidiera que nos ayude a conseguir la paz en esta tierra estupenda.

¿Y cuál, considera Usted, debería ser el papel de la Universidad de La Sabana, y de la Universidad en general, en esta sociedad convulsionada?

Me viene a la memoria la respuesta del Beato Josemaría a una pregunta análoga, también en una entrevista. Afirmaba que la Universidad no es ajena a ningún problema humano. La Universidad, decía, es el lugar idóneo para adquirir la preparación que permita luego contribuir a dar solución a los grandes problemas sociales y defender los derechos fundamentales de la persona. Sin olvidar que no hay una única manera de afrontar las cuestiones sociales: existen diversas propuestas legítimas sobre las soluciones concretas que se pueden aplicar en cada caso. Para que la Universidad cumpla su papel en la sociedad, dentro del claustro universitario ha de promoverse y respetarse esa libertad.

Juan Pablo II decía hace años a un grupo de universitarios que «la Iglesia no tiene preparado un proyecto de escuela universitaria ni de sociedad, pero tiene un proyecto de hombre, de un hombre nuevo renacido por la gracia» (Homilía a los universitarios , 5-VI-79). Por eso, la Universidad ha de procurar que los alumnos reciban una formación integral, y también que comprendan la grandeza de ese proyecto de hombre nuevo renacido por la gracia. Que lo entiendan de modo vital, iniciando, si libremente lo desean —debemos desearlo todos—, su propio camino de renovación espiritual, con la ayuda —siempre necesaria— de los sacramentos. Porque lo sabéis bien: ciencia y fe caminan de la mano. La fe que profesáis ilumina vuestro trabajo intelectual. Y la ciencia que enseñáis os ayuda a profundizar en la fe.

La sociedad actual se caracteriza por su preocupación por la imagen, por la apariencia, y la verdad es considerada como algo secundario y hasta como algo inconveniente, anticuado. Se acepta la realidad con un guiño del ojo. No obstante, es obvio: sin la verdad no podemos vivir la coherencia de la vida. ¿Qué hacer para cultivar la verdad y ser coherentes?

Vosotros, como universitarios, tenéis un compromiso con la búsqueda y transmisión de la verdad. El cristiano coherente no desea convivir con la mentira, ni con la frivolidad. Por eso los cristianos resultan incómodos para un mundo de intereses, donde cuentan sólo el poder, el dinero y los símbolos de riqueza. Pero en este mundo nuestro son también muchos —en realidad, de un modo u otro, todos— los que sienten “nostalgia” de la verdad, de esa verdad hermosa y limpia y clara: verdad esplendorosa, podríamos llamarla, parafraseando el título de una encíclica del Papa.
¿Quién no desea la compañía de un amigo sincero, que dice la verdad y no engaña ni es egoísta, que ayuda y que corrige, si hace falta? “Decir la verdad con caridad”, es un lema cristiano que sacia la sed de este mundo nuestro.

Su libro Itinerarios de vida cristiana, recién publicado, ha tenido un notable éxito de ventas. ¿A qué atribuye este hecho, en una sociedad como la actual, a veces aparentemente tan lejana de los ideales? ¿Qué aspectos especiales quisiera Usted destacar en su contenido?

Las mujeres y los hombres de hoy tienen hambre de Dios. El Papa lo ha expresado bellamente, diciendo que estamos comenzando una nueva primavera cristiana. Acabamos de celebrar el gran Jubileo del año 2000, un año de acción de gracias por la Encarnación del Hijo de Dios. Porque Jesucristo es, como siempre, la novedad permanente hacia la que apuntan nuestras metas, también las del siglo XXI, que se resumen en llenar de sentido cristiano la vida ordinaria. Ése es el núcleo del mensaje del Beato Josemaría. El libro Itinerarios de vida cristiana, está escrito precisamente a partir de mi experiencia personal de vida ordinaria junto al fundador del Opus Dei, entre 1950 y 1975: venticinco años viendo al Beato Josemaría buscar, tratar y amar a Jesucristo. Con este libro he querido contribuir al redescubrimiento del rostro de Cristo, al que nos ha encaminado Juan Pablo II durante el Jubileo.

“Contar con la simpatía del Papa es un estímulo”

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“El auténtico criterio para valorar la situación del Opus Dei es la fidelidad de cada uno de sus miembros a Jesucristo”. El Prelado habla en una entrevista de cuestiones como el Centenario del Fundador, la paz en el mundo y el Santo Padre

Máxima jerarquía del Opus Dei desde el 20 de abril de 1994, Javier Echevarría, de 69 años de edad, se dispone a festejar el centenario del nacimiento, el 9 de enero de 1902, del beato Josemaría Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei. Un centenario que tendrá su momento culminante en la canonización de Escrivá, anunciada ya por el Papa. Javier Echevarría aceptó responder a un cuestionario enviado por esta corresponsal, a la que recibió en la sede romana de la Obra.

Echevarría rechaza las acusaciones de secretismo que pesan sobre el Opus. ‘Tengo la impresión de que es cosa del pasado, fruto de una manipulación de la realidad promovida por grupitos que parecían celosos de su exclusivismo’, dice. Aunque insiste en que Juan Pablo II no hace distinciones entre los católicos, el prelado admite que para el Opus es un estímulo ‘contar con la simpatía del Papa’. Añade que no ve a la institución como algo español, ‘sino universal’, que cuenta con muchos admiradores. En cuanto a los detractores, cree que se nutren del desconocimiento o de ‘generalizaciones indebidas’, a partir de los fallos de algunos de sus miembros.

Pregunta. ¿Cuál es la situación actual de la Obra?

Respuesta. Forman parte del Opus Dei en este momento 85.000 fieles, repartidos por 60 países. Cada una de esas personas procura difundir a su alrededor el mensaje de Cristo, a través de la amistad, sin considerarse en absoluto mejor que los demás, de los que aprende. El auténtico criterio para valorar la situación del Opus Dei es la fidelidad personal de cada uno a Jesucristo: y de eso es de lo que nos examinamos los fieles de la prelatura al terminar el día.

P. La Obra ha organizado diversas celebraciones, pero la más importante será la canonización del beato. Teniendo en cuenta la polémica que suscitó la beatificación en 1992, ¿no teme que se reproduzcan las críticas?

R. No se sabe la fecha de la canonización del beato Josemaría. Depende del Santo Padre. Suele hacer pública la fecha de las canonizaciones durante los Consistorios. ¿Cómo no agradecer esa progresiva extensión, desde 1975, de la devoción al beato Josemaría a tantos rincones del mundo? No temo un ambiente polémico, y no se trata sólo de una previsión optimista: artículos y cartas que he leído estos meses lo confirman.

P. El Opus Dei goza de gran predicamento con el actual Papa, que le concedió en 1982 la calificación jurídica de prelatura personal. ¿Hasta qué punto ha sido importante para la Obra contar con las simpatías del Pontífice?

R. Creo que un católico debe querer al Papa, a todos los papas, con idénticos sentimientos de afecto y veneración. El amor al Romano Pontífice nace de la fe, no de las preferencias, porque en él vemos al vicario de Jesucristo entre los hombres. Y me atrevo a afirmar que el Papa no hace distingos, es padre de todos los católicos y trata a todos con la misma caridad. Con esta premisa, contar con su simpatía es un estímulo, una invitación a la unidad, un motivo de agradecimiento y de responsabilidad. La decisión de erigir el Opus Dei en prelatura se basó en serios estudios teológicos y jurídicos. El Concilio Vaticano II, con la sanción de Pablo VI, estableció las bases. Ciertamente, Juan Pablo II puso su sello en el documento final, pero a la decisión se llegó mediante una amplia convergencia, y dieron su parecer, a petición del Papa, los obispos de las naciones donde el Opus Dei desarrollaba apostolado.

P. El Opus Dei y la Compañía de Jesús son iniciativas religiosas españolas con personalidad propia dentro de la Iglesia. Los jesuitas tienen un pedigrí progresista, y el Opus, conservador. ¿Cuáles son sus relaciones?

R. Si me permite una aclaración previa, le diré que yo conocí el Opus Dei en 1948 y desde ese año fui un fiel entre otros muchos, pero jamás vi esta realidad como algo español, sino como una institución universal. Había nacido en España, pero estaba proyectada por Dios para todo el mundo. Por otra parte, algunas palabras que ayudan a simplificar las cosas -por ejemplo, conservador o progresista- han de usarse con cuidado, porque el efecto que consiguen es que muchos, por miedo a que los etiqueten y los encasillen, no dicen la verdad de lo que piensan. ¿Qué pienso? Que la Compañía de Jesús ha tenido y tiene una gran misión en la Iglesia y en el mundo. La Compañía y la prelatura son de naturaleza distinta y surgen de carismas distintos; yo no los interpretaría en claves ajenas a su más profunda realidad eclesial, ni me atrevería a compararlos. Josemaría Escrivá tenía una gran devoción a san Ignacio de Loyola. ¡Qué fuerte abrazo se habrán dado en el cielo!

P. En el Vaticano se aprecia la capacidad del Opus de convocar grandes masas en los actos del Papa, pero, ¿cuál ha sido y es la principal contribución del Opus a la Iglesia católica?

R. No me encuentro cómodo hablando de contribución del Opus Dei a la Iglesia, pues toda la riqueza del espíritu del Opus Dei es de la Iglesia. Por otra parte, ya decía el beato Josemaría: ‘Es de Cristo de quien hemos de hablar, y no de nosotros mismos’. Si me pregunta cuál es el núcleo del mensaje y la misión del Opus, lo resumiría en la llamada universal a la santidad, la posibilidad de transformar la vida ordinaria de los fieles en camino de santidad, mediante la santificación del trabajo y de los deberes familiares y sociales.

P. Tanto su antecesor al frente de la prelatura, monseñor Álvaro del Portillo, como usted han sido directos colaboradores del beato Escrivá. Usted fue durante 25 años su secretario personal. ¿No se puede considerar excesivamente endogámica la sucesión al frente de la prelatura del Opus Dei?

R. Considero los 25 años transcurridos junto al fundador del Opus Dei como un privilegio inmerecido y una llamada constante a la responsabilidad. Nunca agradeceré bastante a Dios ese don. Y lo mismo tengo que decir del tiempo en que colaboré con monseñor Del Portillo. ¿Endogamia? Es muy normal que la designación de los prelados que están al frente de las estructuras jerárquicas de la Iglesia recaiga en quienes ya trabajaban en ellas.

P. Josemaría Escrivá vivió casi toda su vida adulta en Roma. ¿Por qué razón? ¿Era prioritario para el beato obtener un estatus jurídico para el Opus?

R. Roma es la sede de Pedro, capital de la Iglesia, símbolo de su universalidad. El Opus Dei nació en Madrid, pero con una esencial dimensión universal, y por tanto, su sede natural era Roma. El estatuto jurídico del Opus Dei refleja esa característica original. El beato Josemaría tenía un profundo sentido del derecho, que sirve para dar forma al carisma y garantizar su futuro en la Iglesia. Por eso puso todos los medios para encontrar una configuración jurídica que reflejase los rasgos esenciales del Opus Dei.

P. Usted dijo en 1994 que las críticas al Opus proceden de una minoría española. Sin embargo, en Italia se intentó en los años ochenta hacer un proceso parlamentario al Opus por considerar que se trataba de una secta. ¿Qué es lo que molesta del Opus Dei?

R. Ante todo, el Opus Dei es apreciado por muchísimas personas. De hecho, las acusaciones que usted menciona fueron estudiadas y se demostraron carentes de fundamento. En cuanto a su pregunta, pienso que el Opus Dei puede molestar sobre todo a quien no lo conoce o a quien le molesta la Iglesia católica. A veces se han formado estereotipos que poco tienen que ver con la realidad de la vida de los fieles de la prelatura, y que componen una imagen tan desagradable como falsa. También puede suceder que alguno se sienta molesto por los defectos o errores que haya visto en algunos fieles del Opus Dei; ¿no es una generalización indebida proyectar esos fallos personales sobre la prelatura? Hay también gente a la que quizá molesta que los intelectuales, los políticos, los empresarios, los obreros o los padres y madres de familia vivan su fe con coherencia, y expresen su opinión a veces contra corriente: para promover la vida o la familia, por ejemplo.

P. Se ha acusado a la Obra de secretismo y de ejercer su enorme influencia de manera un tanto escondida. ¿Por qué tanta reserva por parte de sus miembros para reconocer que pertenecen a ella?

R. Perdóneme si le digo que no estoy de acuerdo. Los fieles del Opus Dei son bien conocidos como tales por sus familias, sus colegas, sus amigos. No oponen resistencia, sino todo lo contrario, en que se sepa que pertenecen a la prelatura. Si no, ¿cómo podrían hablar de lo que viven, del Opus Dei, del deseo de buscar la santidad en su trabajo profesional? Tengo la impresión de que la acusación de secretismo es cosa del pasado, fruto de una manipulación de la realidad promovida por grupitos que parecían celosos de su exclusivismo. Me parece que hay pocas instituciones de las que se sepa tanto como del Opus Dei: se publica un boletín oficial de la prelatura, se encuentra al Opus Dei en las guías de teléfono y en Internet.

P. ¿Cómo juzga la situación internacional tras los atentados del 11 de septiembre?

R. Como todos, he sufrido mucho con los atentados. Me produjeron honda impresión aquellas palabras del Papa, hablo ahora de memoria, sobre las esperanzas de paz, largo tiempo acariciadas y heridas de repente por ese zarpazo. He pensado en las tragedias de nuestro tiempo, como las de África, que acontecen lejos de las cámaras de la televisión y que también claman al cielo. Estas profundas crisis están reclamando soluciones radicales, quizá nuevas formas de relación entre los pueblos, en las que no prevalezca la lógica de la fuerza, del poder o del dinero, sino la del diálogo. Parece necesario encontrar modos más concretos de fomentar la justicia.

P. Hay quien ha defendido que se trata de un verdadero enfrentamiento de culturas. ¿Cómo ve el Opus las relaciones con el islam?

R. Prefiero no interpretar la situación como un enfrentamiento planetario. Una terrible acción terrorista, protagonizada por un grupo de fanáticos, no puede descalificar de un plumazo la historia y la cultura de docenas de países, aunque sí sea, para todo el mundo, una señal de alarma.

P. ¿Cuál cree que sería la reacción del beato Escrivá, si levantara hoy la cabeza, ante la situación que vive el mundo, en el que se vislumbra ya, incluso, la posibilidad de clonar a seres humanos?

R. La humanidad ha sido siempre ingeniosa para procurarse tormentos. La clonación es como una pesadilla: el hombre que se emborracha con el poder que le proporciona la técnica y la usa de forma inmoderada, sembrando a su alrededor miedo, desconfianzas, porque con esa falta de ética, de moral, encuentran justificación hasta las peores formas de barbarie del siglo XX, que tanto daño han causado. No me cabe duda de que al beato Josemaría le produciría gran pena. Pero en el mundo actual hay muchas cosas positivas que le causarían admiración y alegría.

P. ¿Cree que estaría satisfecho con la evolución de su Obra?

R. Pienso que sí. Me parece que una de sus grandes aportaciones ha sido precisamente la de fomentar que los cristianos se sintieran ‘sembradores de paz y de alegría’. Josemaría Escrivá tenía gran simpatía a los santos que, según sus contemporáneos, eran personas con buen humor, como Tomás Moro, Felipe Neri, santa Teresa o Don Bosco. Por eso conectó siempre con la juventud.

“Trabajando en casa, ayudo a formar santos”

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Virginia McGough es ama de casa en Cheshire (Gran Bretaña). Está casada y tiene cinco hijos de 13, 11, 9, 7 y 5 años. Recogemos su testimonio en el que explica que rezar por los cristianos de Kazajstán mientras lava la ropa, atender con amabilidad al vendedor inoportuno, o escuchar a un hijo cuando está agotada son maneras de entregarse a Dios que ha aprendido de san Josemaría.

Virginia, con su marido e hijos, en Cheshire.

“Me parece que el aspecto de las enseñanzas de san Josemaría que ha tenido más repercusión en mi vida es la filiación divina. El saber que soy una hija amadísima de Dios, y que todo lo que me pasa ha sido querido o permitido por Él, me da una seguridad maravillosa, una gran paz. Por supuesto, algunas veces (muchas, si soy sincera), pierdo esta paz. Me pongo nerviosa y acabo gritándoles a los niños. Pero entonces las enseñanzas de Josemaría Escrivá sobre la importancia de rectificar, de volver a nuestro Padre Dios con la confianza de un niño que sabe que su padre está deseando que pida perdón para arreglarlo todo, son maravillosas. Y una vez que le he pedido perdón a Dios, es fácil pedirles perdón a los niños o a mi marido.

Pienso que este aspecto es tremendamente relevante en el siglo veintiuno. Vivimos en una época en la que se supone que tenemos que planearlo todo, y por supuesto ¡no podemos! Encuentro que a mucha gente le ayuda que se le diga: “Mira, tú no podías haber previsto esto, pero no te preocupes, tu Padre Dios sí y te quiere. Jesucristo ha muerto por ti, y ahora no te va a abandonar”. Este razonamiento puede salvar a muchas personas del peso aplastante de una excesiva preocupación.

Otro aspecto que me encanta es que tenemos que santificar nuestro trabajo y que, para mí, cuidar de mi familia es un verdadero trabajo profesional. Esta idea realmente desafía la teoría generalizada de que el único trabajo verdadero es el remunerado y de que una mujer que deja su trabajo para cuidar de la familia está desperdiciando su vida. Recientemente hemos tenido un censo de la población, y una de las preguntas era: “¿Estaría Ud. dispuesta a aceptar un trabajo, si se le ofreciera alguno?” Y yo pensé: ¿Qué piensan que estoy haciendo, pintarme las uñas?

¡Qué maravilloso contraste es el que ofrece Josemaría Escrivá! Gracias a él, sé que cuidar de mi marido e hijos es una noble vocación. Estoy ayudando a formar santos, y por un santo nunca se puede hacer demasiado. Estas enseñanzas me ayudan particularmente en las cosas pequeñas. Al fin y al cabo, gran parte de la vida consiste en cosas pequeñas: el ir ordenando todo cuando termino mi trabajo, por amor; el ofrecer el lavado de los calcetines malolientes por la labor apostólica de la Iglesia en Kazajstán; el escuchar a un hijo cuando estoy agotada y deseando cinco minutos de paz; el ser educada con el vendedor de ventanas que llama justo cuando estoy sirviendo la comida en la mesa…”


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