De Holanda a Murcia: un recorrido humano y espiritual

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Maria Vink, holandesa, es supernumeraria del Opus Dei. Dirige una pequeña empresa de asesoramiento internacional y es orientadora familiar. Vive en Murcia, está casada y tiene cuatro hijos y tres nietos

En los años sesenta una de mis primas me presentó a un maquinista de la marina mercante holandesa en un baile en Ámsterdam: era Manolo, un murciano con quien llevo casada más de 40 años. Después de un noviazgo de seis meses nos casamos en la iglesia de mi pueblo y poco tiempo después viajamos a Murcia por motivos de salud de mi marido. Tenía 22 años y me hacia ilusión conocer la España de las tarjetas postales, del sol y de las palmeras, pero… ¡menudo contraste!

Los hijos llegaron en seguida, Manolo trabajaba mucho pero le pagaban poco y ante ese panorama decidimos tomar nuestros dos niños, hacer las maletas y volvernos a Holanda. Allí nació nuestra hija Natalie, que es ahora numeraria y trabaja en Bélgica. En 1974, aunque estábamos muy bien en Holanda, decidimos establecernos definitivamente en Murcia.

Conocí la Obra gracias a María Teresa, vecina y amiga mía. Veraneábamos en el mismo lugar y algunas tardes la llevaba a misa porque no tenía coche. Pensé que era mejor entrar con ella que quedarme en la puerta  de la Iglesia; y así, poco a poco, mi vida de fe fue fortaleciéndose. Me puse en contacto con personas del Opus Dei, y la confesión, la dirección espiritual y los medios de formación de la Obra me hicieron tanto bien que pensé que tenía que corresponder en algo y decidí ser cooperadora.

“Si, como holandesa que soy, me hubiera sentido coaccionada o presionada, no hubiera durado ni dos días en la Obra”

Durante ese tiempo le decía a mi confesor que no necesitaba pertenecer al Opus Dei para ser buena católica y él me daba la razón. Pero eso, es curioso, no me dejaba tranquila. Pensaba que porque Dios me estaba pidiendo que diera un paso más y, al cabo de unos meses, pedí la admisión como supernumeraria en el Opus Dei.

El Opus Dei en mi vida

El Opus Dei nos redescubre que la llamada a la santidad es universal y asequible a todos, y que los laicos pueden y deben buscar a Dios en medio del mundo, encontrándole en todo: en el trabajo, en la familia, en la sociedad… Es, en palabras de San Josemaría “una organización desorganizada” porque se funciona con mucha libertad; una libertad que está basada en el respeto, en la confianza y en la responsabilidad personal. Si, como holandesa que soy, me hubiera sentido coaccionada o presionada, no hubiera durado ni dos días en la Obra…

Ahora, aparentemente, mi vida no ha cambiado en nada, porque la Obra no saca a nadie de su sitio. La vocación al Opus Dei implica luchar, con la gracia de Dios, contra los defectos personales e intentar vivir las virtudes cristianas, pensar en los demás… y todo eso se va notando, a la corta o a la larga, en la familia y en el trabajo.

María Vink en su despacho de trabajo

Soy empresaria y pienso que las mujeres tenemos mucho que aportar en el mundo de la empresa, sin perder nuestra propia identidad. Soy una gran defensora de la familia y he encontrado en la orientación familiar un instrumento estupendo para ayudar a mi propia familia y a muchas otras. En mi trabajo profesional, que a veces resulta difícil, surgen ocasiones muy variadas de apostolado, y me proporciona muchas ocasiones para hablar con los demás de Dios, sobre los valores cristianos y la educación de los hijos.

Cuando conocí el Opus Dei mi formación doctrinal era muy incompleta, debido en parte a la confusión que reinaba en Holanda durante y después del Concilio. Ahora he descubierto y he experimentado que no existe un conflicto entre la fe y la razón, y eso  es una gracia muy grande.

La Fundación FADE

Trabajo en una Fundación,  FADE (Asistencia, Desarrollo y Educación) que se constituyó en 2004, y formo parte de su Junta de Patronos.

FADE realiza sus actividades en Murcia y tenemos tres programas en marcha: el primero es el Programa Aporta,  que se dirige a la mujer inmigrante y a sus hijos. Se les proporcionan cursos de capacitación laboral, junto con una formación socio-cultural, talleres para padres y una bolsa de trabajo.

Otro Programa se llama Secunda, y se dirige a los enfermos, a las personas mayores dependientes y sus familias.

El tercer Programa, Valora, trabaja para el fortalecimiento y desarrollo de la familia.

Para llevar a cabo estas iniciativas contamos con voluntarios a los que se proporciona una formación continuada. También estamos impulsando la construcción de  un centro multicultural con el deseo de realizar una intensa labor social en toda la región.

Rusia: cebollas, patatas y mucha alegría

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Gabriela Santa María es chilena e historiadora. En 2007 viajó a Moscú con las primeras mujeres del Opus Dei que empezaron la labor apostólica en Rusia, “un país de gente profundamente espiritual”.

Gabriela con algunas amigas disfrutando del clima ruso.

Después de vivir siete años en Roma, donde se licenció en Teología y comenzó un doctorado en Historia de la Iglesia, Gabriela partió hacia Moscú. “Llegamos hace dos años, en septiembre”, cuenta Gabriela. ”No hacía mucho frío porque estaba terminando el verano y empezando el otoño. Encontramos un piso muy bonito y lo primero que hicimos fue instalar el oratorio”.

“Tenemos un living bastante amplio, donde empezamos las primeras actividades con algunas chicas que hemos conocido al asistir a clases de ruso, en la Universidad o a través de personas conocidas que habían vivido en Moscú. Vienen para charlar y ayudarnos con el idioma”.

Tertulias internacionales
“Poco a poco, la cocina se ha transformado en el punto de reunión y se han hecho famosas las comidas internacionales que preparábamos las recién llegadas (de Brasil, España, Chile, Austria y Francia) y las rusas, que aportaban sus platos típicos. Así hemos logrado grandes amigas y aprendido la cultura del país”.

Vestida para el frío como una rusa más.

“A pesar de haber vivido 70 años de comunismo, la gente es muy religiosa. Se nota que han sufrido mucho y por eso mismo son profundas y con sentido de lo trascendente: tienen una apertura total a que les hablen de Dios. Por eso, desde el principio hemos podido tener clases de formación cristiana y meditaciones (media hora de oración en el oratorio guiada por un sacerdote)”.

“Por otro lado, me ha sorprendido el alto nivel cultural de las chicas que vienen a recibir esa formación: tocan un instrumento, son grandes lectores, saben de filosofía. Por eso es fácil hablar de temas de fondo”.

Gaby confiesa que por una parte ha tenido mucha ayuda del Cielo, porque desde que llegó se sintió parte del lugar. También le ha ayudado el consejo de San Josemaría a los que partían a otros países a hacer el Opus Dei: ir a aprender.

“Poco a poco uno se va haciendo a la comida, a la cultura, a los temas de conversación, a la ciudad, que es grande y bonita. El metro es una maravilla y si uno se pierde al principio, después se orienta sin problema”.

Cebollas en vez de patatas

“Poco a poco uno se va haciendo a la comida, a la cultura, a los temas de conversación, a la ciudad”.

Aunque algunas primeras fieles del Opus Dei en Rusia ya se han instalado profesionalmente, al principio, sólo se dedicaron a aprender el idioma, que no es fácil, porque tiene otra semántica y otra escritura: el cirílico.

“Al principio comprábamos cebollas en vez de patatas. Al llegar a la casa, nos moríamos de la risa contando nuestras equivocaciones. Ya domino más o menos el ruso, pero se necesitan 3 años para hablarlo correctamente. Lo importante es lanzarse cuanto antes con el ruso para poderles hablar en su propio idioma, lo que valoran mucho”.

Formación para fortalecer las familias rusas
También ha surgido la necesidad de trabajar en proyectos de ayuda a la familia “que está bastante desprotegida. Hemos organizado ya dos cursos de orientación familiar, uno en junio del año pasado y otro en enero de este año, en un Centro Cultural de la zona céntrica de Moscú. Llegaron muchos matrimonios”.

“A raíz del interés demostrado, pensamos ir creando grupos de orientación familiar entre los mismos moscovitas porque existe una carencia muy grande en temas como la educación de los hijos o las relaciones entre marido y mujer, y la gente agradece enormemente la ayuda que puedan recibir. Esperamos dar dos cursos sobre conciliación familiar y trabajo durante este año”.

Otros proyectos son la búsqueda e instalación de un centro definitivo en Moscú y también  viajar con más frecuencia a San Petersburgo para empezar allí algún medio de formación estable. Estos planes los han puesto en  manos de la Virgen de Fátima.

“Descubrir que se puede ser santo en la vida ordinaria -concluye Gabriela-, que se puede encontrar a Dios en las cosas corrientes, en las actividades de cada día abre amplios y novedosos horizontes. Por ejemplo, una joven traductora que empezó a asistir a los cursos de formación espiritual me decía: ‘Pienso que el Opus Dei es todo lo que necesita mi alma porque es lo que me permite llevar a Dios en todo lo que hago. ¡Qué impresionante es que yo pueda llevar a Dios al traducir unos papeles o al hacer una traducción simultánea: puedo estar haciéndome santa y hacer apostolado también’”.


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