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	<title>Opus Dei Testimonios &#187; oración</title>
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	<description>Testimonios sobre el Opus Dei y la vida cristiana</description>
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		<title>&#8220;La oración es garantía de apertura a los demás&#8221;</title>
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		<pubDate>Wed, 23 Feb 2011 19:55:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>opusdeit</dc:creator>
				<category><![CDATA[conversión]]></category>
		<category><![CDATA[ayuno]]></category>
		<category><![CDATA[Benedicto XVI]]></category>
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		<description><![CDATA[El  Miércoles de Ceniza del 2010, el Papa recordó que la Cuaresma invita a la oración, a la penitencia y al ayuno Antes de la misa, en la Iglesia de San Anselmo hubo un momento de oración, al que siguió una procesión penitencial a la basílica de Santa Sabina, en la que participaron cardenales, arzobispos, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h2 style="text-align: center">El  Miércoles de Ceniza del 2010, el Papa recordó que la Cuaresma  invita a la oración, a la penitencia y al ayuno</h2>
<p style="text-align: center">
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<div></div>
<div><img src="http://www.opusdei.es/img/sp.gif" alt="" width="1" height="1" /></div>
</div>
<div style="text-align: center"><img src="http://www.opusdei.es/image/cua200_2828_291.jpg" alt="Opus Dei - " width="200" height="307" /></div>
<p>Antes de la misa, en la Iglesia de San Anselmo hubo un momento de  oración, al que siguió una procesión penitencial a la basílica de Santa  Sabina, en la que participaron cardenales, arzobispos, obispos, los  monjes benedictinos de San Anselmo, los padres dominicos de Santa Sabina  y algunos fieles laicos.</p>
<p>En la homilía, el Papa ofreció unas reflexiones sobre la oración y el  sufrimiento. &#8220;Precisamente porque invita a la oración, a la penitencia y  al ayuno, la Cuaresma -dijo- constituye una ocasión providencial para  hacer más viva y sólida nuestra esperanza&#8221;.</p>
<p>Tras poner de relieve que la oración &#8220;es la primera y principal &#8220;arma&#8221;  para afrontar victoriosamente la lucha contra el espíritu del mal&#8221;, el  Santo Padre señaló que &#8220;sin la dimensión de la oración, el yo humano  termina por encerrarse en sí mismo, y la conciencia, que tendría que ser  eco de la voz de Dios, corre el riesgo de reducirse al espejo del yo,  de modo que el coloquio interior se convierte en un monólogo, dando  lugar a miles de auto-justificaciones&#8221;.</p>
<p>&#8220;La oración, por tanto -continuó-, es garantía de apertura a los demás:  quien se hace libre para Dios y sus exigencias, se abre al otro, al  hermano que llama a la puerta de su corazón y pide ser escuchado,  atención, perdón, a veces corrección, pero siempre en la caridad  fraterna&#8221;.</p>
<p>Benedicto XVI subrayó que &#8220;la verdadera oración nunca es egocéntrica,  sino que siempre está centrada en el otro. (&#8230;) Es el motor del mundo,  porque lo mantiene abierto a Dios y por ello, sin oración no hay  esperanza, sólo existe ilusión&#8221;.</p>
<p>&#8220;No es la presencia de Dios -añadió- lo que aliena al hombre, sino su  ausencia. Sin el verdadero Dios, Padre del Señor Jesucristo, las  esperanzas se convierten en ilusiones que inducen a evadirse de la  realidad&#8221;.</p>
<p>El Papa puso de relieve que &#8220;el ayuno y la limosna, unidos armónicamente  con la oración, también pueden ser considerados lugares de aprendizaje y  ejercicio de la esperanza cristiana&#8221;. En este contexto, señaló que  &#8220;gracias a la acción conjunta de la oración, el ayuno y la limosna, la  Cuaresma forma a los cristianos para que sean hombres y mujeres de  esperanza, siguiendo el ejemplo de lo santos&#8221;.</p>
<p>Refiriéndose posteriormente al sufrimiento, el Santo Padre recordó que  Cristo &#8220;sufrió por la verdad y la justicia, trayendo a la historia de  los seres humanos el evangelio del sufrimiento, que es la otra cara del  evangelio del amor. Dios no puede padecer, pero puede y quiere  com-padecer&#8221;.</p>
<p>&#8220;Cuanto más grande es la esperanza que nos anima, mayor es la capacidad  de sufrir por amor a la verdad y al bien, ofreciendo con alegría las  pequeñas y grandes fatigas de cada día, de modo que participen del gran  com-padecer de Cristo&#8221;.</p>
<p>Tras recordar que en estos días se celebra el 150º aniversario de las  apariciones de la Virgen de Lourdes, el Papa terminó invitando a  &#8220;meditar en el misterio del compartir de María los dolores de la  humanidad&#8221;.<a><br />
</a></p>
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		<title>Testimonios públicos de judíos sobre San Josemaría</title>
		<link>http://opusdeit.org/2011/01/testimonios-publicos-de-judios-sobre-san-josemaria/</link>
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		<pubDate>Tue, 18 Jan 2011 08:04:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>opusdeit</dc:creator>
				<category><![CDATA[testimonio]]></category>
		<category><![CDATA[alegría]]></category>
		<category><![CDATA[compromiso]]></category>
		<category><![CDATA[concentración nazi]]></category>
		<category><![CDATA[oración]]></category>
		<category><![CDATA[psiquiatra]]></category>
		<category><![CDATA[Viktor E. Frankl]]></category>
		<category><![CDATA[voluntad de Dios]]></category>

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		<description><![CDATA[A) Testimonio de Viktor E. Frankl Judío, prestigioso psiquiatra y autor del libro “El hombre en busca de sentido”, donde relata sus terribles experiencias en un campo de concentración nazi Debo al profesor Torelló que Monseñor Escrivá de Balaguer nos recibiera a mí y a mi mujer, y el haber tenido así ocasión de hablar [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left"><strong>A)</strong> <strong>Testimonio de Viktor E. Frankl</strong><strong><br />
</strong><em>Judío, prestigioso psiquiatra y autor del libro “El hombre en busca de sentido”, donde relata sus terribles experiencias en un campo de concentración nazi</em></p>
<p>Debo al profesor Torelló que Monseñor Escrivá de Balaguer nos recibiera a mí y a mi mujer, y el haber tenido así ocasión de hablar con él un rato.</p>
<p>Si debo decir lo que de su persona me fascinó particularmente fue ante todo la serenidad refrescante que de él emanaba e iluminaba toda la conversación; después, el ritmo inaudito con que su pensamiento fluye y, finalmente, su asombrosa capacidad de contacto inmediato con sus interlocutores. Evidentemente Monseñor Escrivá vivía totalmente en el instante, se abría a él completamente y se entregaba a él del todo. En una palabra, para él debía poseer el instante todas las cualidades de lo decisivo (‘Kairos-Qualitätem’)</p>
<p><strong>B)</strong> <strong>Testimonio de Julian L. Simon</strong><br />
<em>Judío, profesor de Administración de Empresas en la Universidad de Maryland, doctor Honoris Causae por la Universidad de Navarra.</em><br />
Se trata de una carta (22-IX-1997) dirigida al Editor del Washington Post Book World, a raíz de la reseña de la versión inglesa del libro de María del Carmen Tapia. Traducimos algunos párrafos:<br />
Las personas del Opus Dei que conozco, nunca me han preguntado por mis creencias religiosas. Creo adivinar dos razones para su comportamiento: 1) la delicadeza, porque saben que soy judío; y 2) la sensación de que soy una persona irreligiosa por naturaleza. Ellos simplemente me tratan como una persona de bien que les ha provisto de unos conocimientos científicos que encuentran valiosos. (&#8230;)</p>
<p>La mayoría de esas personas deslizan en ocasiones una consideración espiritual que yo no comparto. Pero esa espiritualidad no se ve diferente que la exhibida por muchas personas religiosas que conozco de diversas denominaciones.</p>
<p><strong>C)</strong> <strong>Rabino Prof. Angel KREIMAN</strong> <strong>BRILL<br />
</strong><em>Presidente de la Confraternidad Judeo-Cristiana de Chile y delegado para Hispanoamérica del International Council of Christian and Jews<strong>.</strong><br />
</em><br />
Es un rabino, cooperador del Opus Dei. Publicó un libro (La Iglesia dialoga con la sinagoga) que quiso presentar en el Congreso sobre el centenario del nacimiento de San Josemaría Escrivá, que organizó la Universidad Austral de Argentina el 29 de junio. El libro fue presentado por el arzobispo de La Plata, monseñor Héctor Aguer.</p>
<p>Ángel Kreiman es argentino y vivió en su tierra hasta el fallecimiento de su esposa Susy en el atentado contra la sede de la AMIA, Institución central de la Comunidad Judía de Argentina. Kreigman vive actualmente en Chile, donde fue Gran Rabino durante veinte años.</p>
<p>Además de abogado y doctor en jurisprudencia, el autor es «doctor honoris» causa en Teología por el Seminario Teológico de América.</p>
<p>Cuando le preguntan a Kreiman Brill por qué es cooperador del Opus Dei, el rabino contesta: «Me motiva de manera especial la idea de santificar el trabajo y hacer presente a Dios, en cada una de nuestras actividades tratando de perfeccionarnos y perfeccionar la obra del Creador por ser nosotros cooperadores o socios de Dios en la obra de la creación».</p>
<p>A continuación, transcribimos el contenido de su intervención &#8220;El trabajo santo y la santidad del trabajo&#8221;.<br />
El Señor Todopoderoso se manifestó como Creador de la Humanidad haciendo su trabajo durante seis días. Según la tradición de Israel, el instrumento de trabajo con que realizó su labor es su Verbo, la Torah, anterior a la Creación misma, pero esencia del Creador. Toda la Creación fue hecha para goce y regocijo del ser humano, que lleva la imagen y semejanza de Dios. Y la obra del Creador finalizó con la creación del descanso llamado Shabbat. “Se trabajará seis días, pero día séptimo será día de descanso completo, dedicado a Yahveh&#8230; Los hijos de Israel guardarán el sábado y lo celebrarán por todas las generaciones&#8230; Será entre mí y ellos una señal perpetua, pues en seis días hizo Yahveh los cielos y la tierra, y el séptimo día cesó en su obra y descansó” (Éxodo, XXXI, 15-17).</p>
<p>Como precepto más sagrado de la religión judía, la observancia del descanso sabático está basada, pues, en el deber de trabajar durante seis días, los mismos que había durado la Creación. Según el Génesis, Dios puso al hombre en el jardín de Edén para que lo cuidase y cultivase. Por tanto, considerado en su origen, el trabajo no es un castigo, sino un deber que lleva consigo la bendición divina.</p>
<p>Esto es lo mismo que nos dice Mons. Escrivá de Balaguer en el número 482 de su libro Surco: “El trabajo es la vocación inicial del hombre; es una bendición de Dios, y se equivocan lamentablemente quienes lo consideran un castigo. El Señor, el mejor de los padres, colocó al primer hombre en el Paraíso ‘ut operaretur’, para que trabajara”.</p>
<p>Cuando el cuarto precepto del Decálogo dispone (Ex. XX, 9 y s.): “Seis días trabajarás, y en ellos harás todas tus obras; pero el séptimo día es día de descanso, consagrado a Yahveh, tu Dios”, está dejando muy claro que no es posible cumplir con el precepto del Shabbat si no se ha cumplido antes el deber de trabajar.</p>
<p>Cumplir bien este deber es tanto como santificar el trabajo, y con ello actuar el hombre según su condición de imagen y semejanza de Dios. Así lo explica también el Beato en el núm. 520 del mismo libro: “Algunos se mueven con prejuicios en el trabajo: por principio, no se fían de nadie y, desde luego, no entienden la necesidad de buscar la santificación de su oficio. Si les hablas, te responden que no les añadas otra carga a la de su propia labor, que soportan de mala gana, como un peso. –Ésta es una de las batallas de paz que hay que vencer: encontrar a Dios en la ocupación y -con Él y como Él- servir a los demás”.</p>
<p>En hebreo, la palabra correspondiente a “trabajo” –avat– se aplica también al culto religioso; de tal manera que entendemos la adoración como trabajo santo, y el trabajo mismo como santa adoración. En Pirke Avot, el tratado ético del Talmud, Rabi Shimon el Justo dice: “Sobre tres pilares se sostiene el mundo: la Torah [Ley, Luz, Verbo Divino, Pentateuco]; la Avoda [trabajo, culto divino, servicio], y la práctica del bien entre los hombres”. Este principio talmúdico nos está dejando claro que el verdadero servicio a Dios se logra a través de la santificación del trabajo diario.</p>
<p>Por su parte, el Beato relaciona el trabajo con la oración cuando en Surco, núm. 497, dice: “Trabajemos, y trabajemos mucho y bien, sin olvidar que nuestra mejor arma es la oración. Por eso, no me canso de repetir que hemos de ser almas contemplativas en medio del mundo, que procuran convertir su trabajo en oración”.</p>
<p>En otro párrafo del tratado antes citado, Rabi Tarfón escribe: “El día es corto; el trabajo, inmenso; los obreros, indolentes; el salario, considerable, y el Empleador [divino], exigente”. Por ello se entiende que Mons. Escrivá de Balaguer diga en el núm. 49 de Forja “Cualquier trabajo, aun el más escondido, aun el más insignificante, ofrecido al Señor, ¡lleva la fuerza de la vida de Dios!”.</p>
<p>Queda claro, por tanto, que el hombre es socio de Dios en la Creación, y continúa Su obra mediante su trabajo diario. Como conclusión, debemos entender que, si bien son mucho los conceptos del Beato basados en la tradición talmúdica, que muestran su profundo conocimiento de lo judío y su “amor apasionado”, como él decía, por Jesús y María, lo que acerca más al Opus Dei al Judaísmo religioso es, indudablemente, la vocación de servir al Dios Creador por medio del trabajo creativo del hombre, y perfeccionar cada día la obra del Creador a través del perfeccionamiento del hombre en su trabajo.</p>
<p><strong>D)</strong> <strong>Simón Hassán Benasayag<br />
</strong><em>Presidente de la Comunidad Israelita de Sevilla en 1992<br />
</em>Palabras publicadas en el ABC de Sevilla, el 12 de enero de 1992, pag. 40, en un artículo que llevaba como título “Respeto a la verdad”:</p>
<p>“Parecía que ya no se podría decir nada nuevo sobre el Opus Dei y la invención del nazismo o antisemitismo del fundador alcanza las cumbres más altas de la fantasía. Por lo que me consta, el fundador del Opus Dei no habló nunca mal de los judíos; está claro que a monseñor Escrivá se le quiere identificar, aprovechando la noticia de su beatificación, con el nazismo y posturas ideológicas de este signo”.</p>
<p><strong>E) Ben Haneman<br />
</strong><em>Médico y profesor en la Facultad de Medicina de la Universidad de New South Wales. Actualmente, vive en Sidney, Australia.</em></p>
<p>“Por ser judío, creo en Dios y, por tanto, en el hombre y su espiritualidad. Cualquier iniciativa guiada por motivos espirituales más que materiales, tiene automáticamente mi ayuda. En las labores educativas promovidas por personas del Opus Dei encontré hombres y mujeres preparados que desempeñan su trabajo con este fin: inyectar vida espiritual a este mundo nuestro. Congenio muy bien con este ideal. Ser cooperador ha sido para mí una gran ayuda, mi vida se ha enriquecido y no me ha supuesto ningún problema con respecto a mi condición de judío”.<a><br />
</a></p>
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		<title>35 mensajes del Papa en Sidney</title>
		<link>http://opusdeit.org/2010/10/35-mensajes-del-papa-en-sidney-3/</link>
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		<pubDate>Tue, 19 Oct 2010 10:09:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>opusdeit</dc:creator>
				<category><![CDATA[encuentros de jóvenes católicos]]></category>
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		<description><![CDATA[“Profetas de una nueva época”, ha llamado Benedicto XVI a los jóvenes en Australia. Para quienes han estado y para quienes no, resumimos en 35 ideas breves algunas intervenciones del Santo Padre 1. “Como fuente de nuestra vida nueva en Dios, el Espíritu Santo también es, de un modo muy real, el alma de la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h2 style="text-align: center">“Profetas de una nueva época”, ha llamado Benedicto XVI a los jóvenes en Australia. Para quienes han estado y para quienes no, resumimos en 35 ideas breves algunas intervenciones del Santo Padre</h2>
<div>
<div><img src="http://www.opusdei.es/img/sp.gif" alt="" width="1" height="1" /></div>
<div><img src="http://www.opusdei.es/img/sp.gif" alt="" width="1" height="1" /></div>
</div>
<p style="text-align: left">1. “Como fuente de nuestra vida nueva en Dios, <strong>el Espíritu Santo también es, de un modo muy real, el alma de la Iglesia</strong>, el amor que nos une al Señor y entre nosotros, y la luz que abre nuestros ojos para ver las maravillas de la gracia de Dios en todos nosotros”. MC</p>
<div style="text-align: center"><img src="http://www.opusdei.es/image/c9.jpg" alt="Opus Dei - " width="400" height="168" /></div>
<p>2. “Tenemos que permitir que el amor de Dios penetre en la dura costra de nuestra indiferencia, de nuestra aridez espiritual, de nuestro conformismo ciego con el espíritu de nuestro tiempo. Solo entonces podemos permitirle que encienda nuestra imaginación y plasme nuestros deseos más profundos. <strong>Por eso, la oración es tan importante</strong>: la oración cotidiana privada en la tranquilidad de nuestros corazones y ante el Santísimo Sacramento y la oración litúrgica en el corazón de la Iglesia”. MC</p>
<p>3. “Jóvenes: ¿qué dejaréis a la próxima generación? <strong>¿Estáis construyendo vuestras vidas sobre bases sólidas?</strong> ¿Estáis viviendo vuestras vidas, dejando espacio al Espíritu en un mundo que quiere olvidar a Dios, o incluso rechazarlo en nombre de un falso concepto de libertad? ¿Cómo estáis usando los dones que se os han dado, la “fuerza” que el Espíritu Santo está dispuesto a difundir ahora sobre vosotros?”. MC</p>
<p>4. “Una nueva generación de cristianos está llamada a contribuir a la construcción de un mundo en el que la vida sea acogida, respetada y cuidada con atención, no rechazada o temida como una amenaza y por tanto, destruida. Una nueva época en la que el amor no sea ávido o egoísta, sino puro, fiel y sinceramente libre, abierto a los demás, respetuoso de su dignidad, un amor que promueva su bien e irradie alegría y belleza. Una nueva era en la <strong>que</strong> <strong>la esperanza nos libere de la superficialidad</strong>, de la apatía y del egoísmo que dañan nuestras almas y envenenan las relaciones humanas”. MC</p>
<p>5. “Queridos jóvenes amigos, <strong>el Señor os está pidiendo que seáis profetas de esta nueva época</strong>, mensajeros de su amor, capaces de atraer a la gente al Padre y de construir un futuro de esperanza para toda la humanidad”. MC</p>
<p>6. “El mundo necesita una renovación. En muchas sociedades, junto a la prosperidad material, se está extendiendo el desierto espiritual: un vacío interior, un miedo indefinible, un sentido escondido de desesperación. ¿Cuántos de nuestros coetáneos han construido cisternas rotas y vacías en una búsqueda desesperada de sentido, del sentido último que solo puede dar el amor? ¡También la Iglesia necesita esta renovación! Tiene <strong>necesidad de vuestra fe, de vuestro idealismo y de vuestra generosidad</strong> para poder ser siempre joven en el Espíritu”. MC</p>
<p>7. “<strong>¡No tengáis miedo de decir que “sí” a Jesús</strong>, de hallar vuestra alegría en hacer su voluntad, donándoos completamente para llegar a la santidad y usando vuestros talentos al servicio de los demás!”. MC</p>
<p>8. “<em>Hay más alegría en dar que en recibir</em>. <strong>No dudéis jamás</strong> de la verdad de las promesas de nuestro Señor, según las cuales cada vez que ofrecemos nuestra creatividad, nuestros recursos, nuestras personas, recibimos después todo con abundancia”. MC</p>
<div><img src="http://www.opusdei.es/image/a16.jpg" alt="Opus Dei - " width="200" height="374" /></div>
<p>9. “La <strong>colaboración armoniosa entre religión y vida pública</strong> es muy importante en una época en la que algunos han llegado a pensar que la religión es causa de división más que una fuerza de unidad. En un mundo amenazado por formas de violencia siniestras e indiscriminadas, la voz unánime de los que tienen un espíritu religioso estimula a las naciones y a las comunidades a resolver los conflictos con instrumentos pacíficos, respetando plenamente la dignidad humana”. EI</p>
<p>10. “El sentido religioso nos guía al encuentro de las necesidades de los demás y a buscar vías concretas para contribuir al bien común. Las religiones juegan un papel particular en este contexto, en cuanto que enseñan a la gente que <strong>el auténtico servicio exige sacrificio y autodisciplina</strong>, que a su vez se deben cultivar por medio de la abnegación, la templanza y el uso moderado de los bienes naturales”. EI</p>
<p>11. “La religión, al recordarnos las limitaciones y la debilidad del ser humano, nos impulsa a <strong>no poner nuestras esperanzas últimas en este mundo</strong> que pasa”. EI</p>
<p>12. “La verdadera fuente de la libertad se encuentra en la persona de Jesús de Nazaret. Los cristianos creen que <strong>El nos revela plenamente las potencialidades humanas</strong> para la virtud y el bien; El nos libera del pecado y de las tinieblas”. EI</p>
<p>13. “Pensaréis que en el mundo de hoy es improbable que la gente adore otros dioses. Pero a veces lo hacen sin darse cuenta. Los <strong>falsos &#8220;dioses&#8221;</strong> están casi siempre ligados a la adoración de tres realidades: los bienes materiales, el amor posesivo y el poder”. ND</p>
<p>14. “Los <strong>bienes materiales</strong>, de por sí, son buenos. No sobreviviríamos sin dinero, ropa y casas. Pero si nos negamos a compartir lo que tenemos con los hambrientos y los pobres, transformamos esos bienes en una falsa deidad. ¡Cuántas voces en nuestra sociedad materialista nos dicen que la felicidad consiste en acaparar el mayor número posible de bienes y objetos de lujo! Pero así los bienes se transforman en deidades falsas. En vez de dar la vida, son portadores de muerte”. ND</p>
<p>15. “El amor auténtico es ciertamente bueno. <strong>Cuando amamos somos plenamente humanos</strong>. Pero a menudo se cree amar cuando en realidad se tiende a poseer o a manipular a la otra persona. A veces los demás son tratados como objetos para satisfacer las propias necesidades. ¡Qué fácil es ser engañado por las tantas voces que en nuestra sociedad sostienen un enfoque permisivo de la sexualidad sin prestar atención a la modestia, al respeto propio y a los valores morales que confieren calidad a las relaciones humanas!”. ND</p>
<p>16. “En todos los Evangelios <strong>Jesús ama especialmente a los que se han equivocado</strong> porque, cuando se daban cuenta de su error, se abrían más que los otros a su mensaje de salvación. Los que deseaban reconstruir su vida eran los más dispuestos a escuchar a Jesús y a ser sus discípulos. Podéis seguir sus huellas; también vosotros podéis crecer especialmente cerca de Jesús precisamente porque habéis decidido volver a Él”. ND</p>
<div><img src="http://www.opusdei.es/image/b10.jpg" alt="Opus Dei - " width="200" height="377" /></div>
<p>17. “Podemos caer en la tentación de <strong>reducir la vida de fe</strong> a una cuestión de mero sentimiento, debilitando así su poder de inspirar una visión coherente del mundo y un diálogo riguroso con las otras muchas visiones que compiten en la conquista de las mentes y los corazones de nuestros contemporáneos”. CSM</p>
<p>18. “Caminad cada día a la luz de Cristo mediante la fidelidad a la oración personal y litúrgica, alimentados por la meditación de la palabra inspirada por Dios. <strong>Que la celebración cotidiana de la Eucaristía sea el centro de vuestra vida</strong>”. CSM</p>
<p>19. “La castidad por el Reino significa abrazar una <strong>vida completamente dedicada al amor</strong>, a un amor que os hace capaces de dedicaros sin reservas al servicio de Dios para estar plenamente presentes entre los hermanos y hermanas, especialmente entre los más necesitados”. CSM</p>
<p>20. “La sociedad contemporánea atraviesa por un proceso de fragmentación debido a una forma de pensar que es, por su naturaleza, de corto alcance porque deja de lado el horizonte completo de la verdad, verdad relativa a Dios y a nosotros. Por su misma naturaleza, <strong>el relativismo no consigue ver el cuadro entero</strong>. Ignora los principios que nos hacen capaces de vivir y crecer en la unidad, en el orden y la armonía”. VI</p>
<p>21. “¡El Espíritu Santo! Su función es ésta: cumplir la obra de Cristo. Enriquecidos con los dones del Espíritu Santo tendréis fuerza para ir más allá de las visiones parciales, de la utopía vacía, de la fugaz precariedad, para ofrecer la <strong>coherencia y la certeza del testimonio</strong> cristiano&#8221;. VI</p>
<p>22. “<strong>El amor tiene una característica particular: su fin es permanecer</strong>. Por naturaleza, el amor es duradero. El Espíritu Santo ofrece amor al mundo: amor que disipa la incertidumbre, que supera el miedo del engaño, que lleva en sí la eternidad; el amor verdadero que nos incorpora a la realidad que permanece”. VI</p>
<p>23. “El Espíritu Santo es <strong>Dios que se entrega eternamente</strong>, como una fuente inagotable, se ofrece siempre. Observando este don incesante, vemos los límites de lo que es perecedero, la locura de una mentalidad consumista. En particular, empezamos a entender porqué la búsqueda de las novedades nos deja insatisfechos y deseosos de algo más. ¿No estamos buscando un don eterno, la Fuente que jamás se agota?”. VI</p>
<p>24. “¡Queridos jóvenes: hemos visto que el Espíritu Santo realiza la maravillosa comunión de los creyentes en Cristo Jesús. Fiel a su naturaleza de dador y al mismo tiempo de don, actúa ahora sirviéndose de vosotros. Haced que el amor unificador sea vuestra medida, <strong>el amor duradero vuestro desafío</strong>, el amor que se entrega vuestra misión”. VI</p>
<p style="text-align: center">
<div style="text-align: center"><img src="http://www.opusdei.es/image/d7.jpg" alt="Opus Dei - " width="200" height="332" /></div>
<p>25. “Vosotros estáis llamados a vivir los dones del Espíritu entre los altibajos de la vida cotidiana. <strong>Haced que vuestra fe madure mediante los sacramentos</strong>”. VI</p>
<p>26. “Estar verdaderamente vivos es ser transformados desde el interior, estar abiertos a la fuerza del amor de Dios. Si acogéis la fuerza del Espíritu Santo, también vosotros <strong>podréis transformar vuestras familias, las comunidades y las naciones</strong>. Liberad estos dones. Que la sabiduría, la inteligencia, la fortaleza, la ciencia y la piedad sean los signos de vuestra grandeza”. VI</p>
<p>27. “¡Que mediante la acción del Espíritu Santo, los jóvenes tengan la <strong>valentía de llegar a ser santos</strong>! Esto es lo que necesita el mundo, por encima de cualquier otra cosa”. A.</p>
<p>28. “Hay algo siniestro que brota del hecho de que <strong>la libertad y la tolerancia se separan muy a menudo de la verdad</strong>. Todo ello se alimenta de la idea, ampliamente difundida en nuestra época, de que no hay una verdad absoluta que guíe nuestra vida. El relativismo, dando valor a todo sin discriminación, ha hecho que ‘las experiencias’ sean lo más importante”. A.</p>
<p>29. “¡La vida no está gobernada por la suerte, no es casual! <strong>Vuestra existencia personal ha sido querida y bendecida por Dios y tiene una finalidad</strong>. La vida no es una simple sucesión de hechos y experiencias. Es una búsqueda de la verdad, del bien, de la belleza. Con ese fin tomamos nuestras decisiones, ejercemos nuestra libertad y, en esto, en la verdad, en el bien y en la belleza, encontramos la felicidad y la alegría”. A.</p>
<p>30. “No os dejéis engañar por los que ven en vosotros <strong>simples consumidores</strong> en un mercado de posibilidades indiferenciadas, donde la elección en sí misma se convierte en bien, la novedad se hace pasar por belleza y la experiencia subjetiva suplanta a la verdad”. A.</p>
<p>31. “<strong>Cristo ofrece más. Ofrece todo.</strong> Sólo él, que es la Verdad, puede ser el Camino y por lo tanto la Vida”. A.</p>
<p>32.  “Muchos jóvenes no tienen esperanza. Se quedan perplejos frente a las cuestiones que se les plantean y a menudo se siente inseguros sobre dónde encontrar respuestas. Ven la pobreza y la injusticia y desean hallar soluciones. Se sienten desafiados por los argumentos de quienes niegan la existencia de Dios y se preguntan cómo responder (&#8230;). <strong>¿Dónde podemos hallar respuestas?</strong> El Espíritu nos orienta hacia el camino que conduce a la vida, al amor y a la verdad. El Espíritu nos orienta hacia Jesucristo. En El encontramos las respuestas que buscamos”. MC</p>
<p>33. “[La Virgen] María tuvo que enfrentarse a muchas dificultades a consecuencia de aquel sí. Simeón profetizó que una espada le atravesaría el corazón. Cuando Jesús tenía doce años pasó los peores momentos que cualquier madre puede experimentar cuando, durante tres días, perdió a su Hijo. Y después de la actividad pública de Jesús, sufrió la agonía de estar presente en su crucifixión y muerte. A través de tantas pruebas, <strong>permaneció siempre fiel a su promesa</strong>, sostenida por el Espíritu de fortaleza. Y fue recompensada con la gloria”. MC</p>
<p>34. “Debemos permanecer <strong>fieles al sí con que aceptamos la oferta de amistad</strong> por parte del Señor. Sabemos que no nos abandonará nunca que nos sostendrá siempre con los dones del Espíritu. María aceptó la &#8220;propuesta&#8221; del Señor en nuestro nombre. Dirijámonos a ella y pidámosle que nos guíe en las dificultades para permanecer fieles a la relación vital que Dios entabló con cada uno de nosotros&#8221;. MC</p>
<p>35. “Ha llegado el momento de decirnos adiós, o mejor hasta pronto. La Jornada Mundial de la Juventud 2011 se celebrará en Madrid, en España. Hasta entonces recemos unos por otros y <strong>demos al mundo nuestro gozoso testimonio de Cristo</strong>”. MC</p>
<p style="text-align: center">
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		<title>Cimientos sobrenaturales</title>
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		<pubDate>Mon, 18 Oct 2010 16:27:06 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Breve biografía sobre el Fundador del Opus Dei escrita por José Miguel Cejas En su adolescencia, soñaba con ser arquitecto y construir grandes edificios. Ahora Dios le pedía que fuera un instrumento fiel para construir un gran edificio sobrenatural que difundiese por los cinco continentes, a lo largo de los siglos, un mensaje divino. Ese [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h2 style="text-align: center">Breve biografía sobre el Fundador del Opus Dei escrita por José Miguel Cejas</h2>
<p>En su adolescencia, soñaba con ser arquitecto y construir grandes edificios. Ahora Dios le pedía que fuera un instrumento fiel para construir un gran edificio sobrenatural que difundiese por los cinco continentes, a lo largo de los siglos, un mensaje divino.</p>
<p>Ese edificio necesitaba, por su propia naturaleza, cimientos sobrenaturales. Por eso comentaba don Josemaría, dos años después de la fundación, el 2 de octubre de 1930: <strong>Vengo considerando (&#8230;) que los edificios materiales, en su construcción, tienen gran semejanza con los espirituales. Y así como aquella veleta dorada del gran edificio, por mucho que brille y por alta que esté, no importa para la solidez de la obra, mientras, por el contrario, un viejo sillar oculto en los cimientos, bajo tierra, donde nadie lo ve, es de importancia capital para que no se derrumbe la casa&#8230;, aunque no brille como el pobre latón dorado allá arriba&#8230; Así, en ese gran edificio, que se llama “la Obra de Dios” y que llenará todo el mundo, no hay que dar importancia a la veleta brillante. ¡Eso ya vendrá! Los cimientos: de ellos depende la solidez toda del conjunto. Cimientos hondos, muy hondos y fuertes: los sillares de ese cimiento son la <em>oración</em>; la argamasa que unirá estos sillares tiene un nombre solamente: <em>expiación</em>. Orar y sufrir, con alegría. Ahondar mucho; pues, para un edificio gigante, se precisa una base gigante también.</strong><a><br />
</a></p>
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		<title>La oración</title>
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		<pubDate>Mon, 18 Oct 2010 16:23:49 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Breve biografía sobre el Fundador del Opus Dei escrita por José Miguel Cejas El sillar de la oración: las plegarias confiadas de los niños a los que don Josemaría confesaba y daba catequesis. La oración de los sacerdotes a los que rogaba que pidiesen “por una intención”. La oración de los pobres y necesitados. Comentó [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h2 style="text-align: center">Breve biografía sobre el Fundador del Opus Dei escrita por José  Miguel Cejas</h2>
<p>El sillar de la oración: las plegarias confiadas de los niños a los  que don Josemaría confesaba y daba catequesis. La oración de los sacerdotes a los que rogaba  que pidiesen “por una intención”. La oración de los pobres y  necesitados. Comentó años después que cuando se dirigía a una iglesia,  habitualmente se <strong>encontraba una mendiga que estaba siempre en el  mismo sitio, en la calle, pidiendo limosna; me acerqué a ella y le dije:</strong></p>
<p><strong>—Hija mía, yo no puedo darte oro ni plata; yo, pobre sacerdote de Dios, te doy  lo que tengo: la bendición de Dios Padre Omnipotente. Y te pido que  encomiendes mucho una intención mía, que será para mucha gloria de Dios y  bien de las almas. ¡Dale al Señor todo lo que puedas!</strong></p>
<p><strong>Al poco tiempo, uno de los días que pasé a celebrar la Santa Misa, no  estaba, tampoco al otro&#8230; Como en esa época íbamos a visitar los  hospitales, en uno de ellos me encontré con esta mendiga en una de las  salas.</strong></p>
<p><strong>—Hija mía, ¿qué haces tú aquí, qué te pasa?</strong></p>
<p><strong>Me miró y me sonrió. Estaba gravemente enferma. Le indiqué: mañana  celebraré la Misa pidiéndole al Señor que te ponga buena. La mendiga me  contestó:</strong></p>
<p><strong>—Padre, ¿cómo se entiende? Usted me dijo que encomendase una cosa que  era para mucha gloria de Dios y que le diera todo lo que pudiera al  Señor: le he ofrecido lo que tengo, mi vida.</strong></p>
<p><strong>Sólo le dije: “Haz lo que quieras, pero le pediré al Señor por ti, y  si te vas, cumple muy bien este encargo”.</strong></p>
<p><strong>&#8220;Yo os digo </strong>—comentaba el Fundador—<strong> que, desde que aquella  pobre mendiga se fue al Cielo, es cuando la Obra comenzó a caminar  deprisa”.</strong></p>
<p>A partir de entonces consideró a aquella pobre mujer, desde un punto de  vista espiritual, como la <em>primera </em>mujer del Opus Dei.<a><br />
</a></p>
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		<title>¡Tengo tanta fe, tanta confianza&#8230;!</title>
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		<pubDate>Mon, 18 Oct 2010 16:03:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>opusdeit</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Breve biografía sobre el Fundador del Opus Dei escrita por José Miguel Cejas El 23 de junio llegó a Roma. Allí, junto al Santo Padre, en el corazón de la Iglesia, debía estar la sede central del Opus Dei. Nuestro espíritu reclama una estrecha unión con el Pontífice Romano con la cabeza visible de la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h2 style="text-align: center">Breve biografía sobre el Fundador del Opus Dei escrita por José  Miguel Cejas</h2>
<p>El 23 de junio llegó a Roma. Allí, junto al Santo Padre, en el corazón  de la Iglesia, debía estar la sede central del Opus Dei. <strong>Nuestro  espíritu reclama una estrecha unión con el Pontífice Romano con la  cabeza visible de la Iglesia Universal. ¡Tengo tanta fe, tanta confianza  en la Iglesia y en el Papa! </strong></p>
<p>Pasó su primera noche en la Ciudad Eterna rezando por el Pontífice, <strong>el  dulce Cristo en la tierra</strong>, como le gustaba decir, haciéndose eco de  las palabras de Santa Catalina de Siena. Tres semanas después, el 16 de  julio de 1946, festividad de la Virgen del Carmen, Pío XII le recibió  en una audiencia privada que siempre recordó emocionado. <strong>No puedo  olvidar que fue S.S. Pío XII quien aprobó el Opus Dei, cuando este  camino de espiritualidad parecía, a más de uno, una herejía.</strong></p>
<p><strong>¿Qué es lo que yo quería? </strong>—comentaba—: <strong>un lugar para la Obra  en el derecho de la Iglesia, de acuerdo con la naturaleza de nuestra  vocación y con las exigencias de la expansión de nuestros apostolados;  una sanción plena del Magisterio a nuestro camino sobrenatural, donde  quedaran, claros y nítidos, los rasgos de nuestra fisonomía espiritual.</strong></p>
<p>Terminada la Segunda Guerra Mundial, don Josemaría impulsó desde Roma la  difusión de la llamada universal a la santidad en numerosos países del  mundo. En 1949 y 1950 ya había personas del Opus Dei en Estados Unidos,  México, Chile y Argentina; en 1951 se comenzó la labor apostólica en  Venezuela y Colombia; en 1953, en Perú y Guatemala; en 1954, en Ecuador;  en 1956, a Uruguay; en 1957, a Brasil… Nunca se fue en grupo a un  determinado país; marchaban una, dos o tres personas, siguiendo el  ejemplo de los primeros cristianos, que procuraban formar cuanto antes  una comunidad cristiana con las personas de cada lugar.</p>
<p>Y en la medida que pudo, recorrió numerosos países europeos, para dar  los primeros pasos de la labor apostólica y hablar con los pastores de  la Iglesia. Le acompañaban habitualmente en esos viajes dos sacerdotes:  Álvaro del Portillo y Javier Echevarría.</p>
<p>Al mismo tiempo, fue dando nuevos pasos de carácter jurídico. El 16 de  junio de 1950, fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, Pío XII concedió la  aprobación definitiva del Opus Dei. Con esta aprobación pudieron ser  admitidos como Cooperadores del Opus Dei personas no católicas , e  incluso no cristianas.<a><br />
</a></p>
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		<title>Siempre pidiendo</title>
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		<pubDate>Mon, 18 Oct 2010 15:45:21 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Breve biografía sobre el Fundador del Opus Dei escrita por José Miguel Cejas Hubo algunos que, amparándose en un pretendido «espíritu conciliar», suscitaron desórdenes y desviacionismos doctrinales y prácticos. Esa situación —frecuente en los periodos post-conciliares— llegó a ser tan preocupante que el Papa Pablo VI denunció con energía “una falsa y abusiva interpretación del [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h2 style="text-align: center">Breve biografía sobre el Fundador del Opus Dei escrita por José  Miguel Cejas</h2>
<p>Hubo algunos que, amparándose en un pretendido «espíritu conciliar»,  suscitaron desórdenes y desviacionismos doctrinales y prácticos. Esa  situación —frecuente en los periodos post-conciliares— llegó a ser tan  preocupante que el Papa Pablo VI denunció con energía “una falsa y  abusiva interpretación del Concilio, que querría una ruptura con la  tradición, incluso doctrinal, llegando al rechazo de la Iglesia  preconciliar y al libertinaje de concebir una Iglesia “nueva”, casi  “reinventada” en su interior, en la constitución, en el dogma, en las  costumbres, en el derecho”.</p>
<p>Unido al sentir del Santo Padre, Josemaría Escrivá sufrió  indeciblemente: acudió a la oración y a la mortificación, sin perder el  optimismo, confiando siempre en la acción vivificadora del Espíritu en  su Iglesia. Inició una sucesión de peregrinaciones a santuarios  marianos, pidiendo a la Virgen que acabara lo antes posible aquella  prueba. <strong>Me da pena la Iglesia, me dan pena las almas. Muchas veces</strong> <strong>acabo el día fatigado por el esfuerzo de rezar continuamente:  siempre pidiendo, siempre pidiendo, con la confianza de que el Señor  tiene que escucharme. Y, entonces, el peso de ese cansancio procuro  convertirlo en oración, y ofrezco al Señor mis miserias, mis buenos  deseos y el buen afán de hacer muchas cosas, que quisiera acabar y no  llego, mientras le digo con un abandono total: ¡Señor, por tu Iglesia,  por mis hijas y mis hijos, por mí! ¡Mira que es tu Iglesia, que somos  tus hijos, que son tuyas las almas! </strong></p>
<p>Algunos cayeron en actitudes derrotistas y extremas. Josemaría Escrivá  confió en que pronto llegarían los frutos del Concilio, y recordó que <strong>en  los momentos de crisis profundas en la historia de la Iglesia, no han  sido nunca muchos los que, permaneciendo fieles, han reunido además la  preparación espiritual y doctrinal suficiente, los resortes morales e  intelectuales, para oponer una decidida resistencia a los agentes de la  maldad. Pero esos pocos han colmado de luz de nuevo la Iglesia y el  mundo.</strong><a><br />
</a></p>
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		<title>Una vieja sopera</title>
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		<pubDate>Mon, 18 Oct 2010 11:35:39 +0000</pubDate>
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			<content:encoded><![CDATA[<h2 style="text-align: center">Breve biografía sobre el Fundador del Opus Dei escrita por José  Miguel Cejas</h2>
<p>La historia de la Iglesia es rica en perfiles de santos, de carismas  muy variados. Josemaría Escrivá era un santo alegre, espontáneo y  sencillo; y como todos los santos, profundamente humilde. Durante su  catequesis en Portugal le regalaron una vieja sopera, usada y con lañas.  <strong>Es una cosa vulgar</strong> —comentaba, poco después, abriendo su alma—, <strong>pero  a mí me encantó, porque se veía que la habían usado mucho y se había  roto —debía ser de una familia numerosa— y le habían puesto bastantes  lañas para seguir empleándola. Además, como adorno habían escrito, y se  había quedado allí después de sacarla del horno: <em>amo-te, amo-te,  amo-te</em>&#8230;</strong></p>
<p><strong>Me pareció que aquella sopera era yo. Hice oración con aquel cacharro  viejo, porque también yo me veo así: como la sopera de barro, rota y  con lañas, y me gusta repetirle al Señor: con mis lañas, ¡te quiero  tanto! Podemos amar al Señor también estando rotos, hijos míos</strong>.</p>
<p>Otras veces se comparaba con un borrico. O con un simple sobre. Al cabo  de los años, a pesar del extraordinario florecimiento apostólico que  veía a su alrededor, se sentía sólo un pobre instrumento en las manos de  Dios: una sopera, un animal de carga, un simple sobre, portador de un  mensaje divino. En una ocasión una periodista rodhesiana se le agradeció  su conversión: “Gracias a usted, Padre, me he convertido al catolicismo  y ahora soy del Opus Dei” —le dijo. D. Josemaría le insistió que debía  dar gracias sólo al Señor:</p>
<p>—<strong>A mí no. Dios escribe una carta, la mete dentro de un sobre. La  carta se saca del sobre y el sobre se tira a la basura</strong>.</p>
<p>Por eso, rehuía cualquier personalismo: <strong>¡Pues no faltaba más!</strong> —decía a los fieles del Opus Dei y todos los que le rodeaban— <strong>¡Bonito  negocio habríais hecho si, en vez de seguir al Señor, hubierais venido a  seguir a este pobre hombre!</strong><a><br />
</a></p>
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		<title>Algunos escritos de Josemaría Escrivá</title>
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		<pubDate>Mon, 18 Oct 2010 11:24:22 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Breve biografía sobre el Fundador del Opus Dei escrita por José Miguel Cejas Un aspecto importante de la siembra de santidad de Josemaría Escrivá en los cinco continentes es el de sus escritos. Su obra más popular es Camino, gracias a la cual se han acercado al Señor miles de almas. En el año 2002 [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h2 style="text-align: center">Breve biografía sobre el Fundador del Opus Dei escrita por José  Miguel Cejas</h2>
<p>Un aspecto importante de la siembra de santidad de Josemaría Escrivá  en los cinco continentes es el de sus escritos. Su obra más popular es <em>Camino</em>,  gracias a la cual se han acercado al Señor miles de almas. En el año  2002 se habían editado cerca de cuatro millones y medio de ejemplares de  este libro en 43 idiomas.</p>
<p>Dios le concedió lo que había pedido en su oración años atrás: escribir <em>libros  de fuego</em>:<strong> A pesar de sentirme vacío de virtud y de ciencia (la  humildad es la verdad&#8230;, sin garabato), querría escribir unos libros de  fuego, que corrieran por el mundo como llama viva, prendiendo su luz y  su calor en los hombres, convirtiendo los pobres corazones en brasas,  para ofrecerlos a Jesús como rubíes de su corona de Rey. </strong></p>
<p><strong>Camino </strong></p>
<p>Se considera este libro un clásico de la espiritualidad cristiana de  nuestro tiempo. Consta de 999 puntos para la meditación personal. En  2002 apareció un documentado estudio crítico-histórica de este libro, a  cargo de Pedro Rodríguez.</p>
<p><strong>Santo Rosario </strong></p>
<p>Josemaría Escrivá compuso este libro para facilitar el rezo del Rosario y  la contemplación de los misterios, a la luz de la <em>vida de infancia</em> espiritual. Concluyó con unos breves comentarios sobre las letanías a  la Virgen. Lo redactó en la iglesia de Santa Isabel de Madrid, durante  la acción de gracias tras la Comunión, un día de la novena de la  Inmaculada de 1931.</p>
<p><strong>Es Cristo que pasa </strong></p>
<p>Es una recopilación de 18 homilías pronunciadas por Josemaría Escrivá  entre 1951 y 1971, ordenadas conforme al año litúrgico<em>.</em></p>
<p><strong>Conversaciones con Mons. Escrivá de Balaguer </strong></p>
<p>Este libro recoge siete entrevistas con periodistas de importantes  diarios y revistas de la prensa internacional, concedidas por Josemaría  Escrivá durante los años 1966-1968. Se abordan en estas entrevistas  cuestiones muy diversas: desde las libertades individuales al puesto de  la mujer en la sociedad</p>
<p>Se incluye la homilía que pronunció en el <em>Campus</em> de la  Universidad de Navarra, en 1967, titulada: <em>Amar al mundo  apasionadamente</em>.</p>
<p><strong>Amigos de Dios </strong></p>
<p>Colección de 18 homilías, pronunciadas entre 1941 y 1968, que abarcan  diversos aspectos de la vida cristiana. Fue la primera obra póstuma  aparecida tras el fallecimiento de Josemaría Escrivá.</p>
<p><strong>Vía Crucis </strong></p>
<p>Esta obra, nacida de la oración personal de Josemaría Escrivá, consta de  textos y puntos de meditación sobre las catorce Estaciones. Sigue muy  de cerca el relato evangélico de la Pasión de Cristo. Fue la segunda  obra póstuma que salió a la luz.</p>
<p><strong>Surco</strong></p>
<p>Este libro, de estructura similar a <em>Camino</em>, consta de 1000  máximas de meditación espiritual, que Josemaría Escrivá había dejado  ordenadas en 32 capítulos antes de fallecer.</p>
<p><strong>Forja</strong></p>
<p>Esta obra consta 1055 puntos de meditación espiritual, con una  estructura similar a <em>Camino</em>.</p>
<p><strong>Amar a la Iglesia</strong></p>
<p>Josemaría Escrivá hace en esta obra profundas y hermosas reflexiones  sobre la Iglesia y el sacerdocio. El libro recoge tres homilías  pronunciadas por el Autor entre 1972 y 1973: “El fin sobrenatural de la  Iglesia”; “Lealtad a la Iglesia”; “Sacerdote para la eternidad”.<a><br />
</a></p>
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		<title>Zaragoza</title>
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		<pubDate>Mon, 18 Oct 2010 09:59:25 +0000</pubDate>
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			<content:encoded><![CDATA[<h2 style="text-align: center">&#8220;Al paso de Dios&#8221; es una biografía de San Josemaría escrito por  François Gondrand</h2>
<p>Durante los años pasados en Zaragoza, el Señor le había seguido  llevando de la mano, y se la había apretado un poco más.</p>
<p>Ahora se da cuenta de que los sufrimientos que habían jalonado esa etapa  de su vida, así como los consuelos que había experimentado -&#8221;una  colección de gracias, una detrás de otra, que no sabía cómo calificar y  que llamaba operativas, porque de tal manera dominaban mi voluntad que  casi no tenía que hacer esfuerzos&#8221;-, habían ido reforzando en él la  persistente llamada, todavía imprecisa, que había sentido en su  adolescencia. Fueron muchos meses de maduración interior, de oración  intensa, de penitencia cada vez más recia, de aceptación por adelantado  de aquello -indescifrable todavía- para lo que le estaba preparando la  Providencia.</p>
<p>En cuanto pudo, fue a depositar su perplejidad a los pies de la Virgen  del Pilar, tan querida en su tierra. Domine, ut sit!, venía repitiendo  con frecuencia desde hacía tiempo, pidiendo a Dios que le iluminara:  Señor, que sea eso que Tú quieres&#8230; También dirigía la oración a María  Santísima: Domina, ut sit! Ahora, ante la pequeña imagen de la Virgen,  colocada sobre una columna de mármol semejante a aquella en que, según  la tradición, se había aparecida en carne mortal al Apóstol Santiago, la  jaculatoria adquiría una especial fuerza: ¡Señora, que sea! Cuatro años  después de ingresar en el Seminario de Zaragoza, el día de la Virgen de  la Merced, grabaría esas mismas palabras en latín -un latín que  calificaba de baja latinidad- debajo de la peana de una imagen en  escayola de la Virgen del Pilar: Domina, ut sit!.</p>
<p>Una difícil adaptación</p>
<p>Sin que él lo pretendiera, sus maneras educadas contrastaban con la  rudeza de algunos de sus compañeros, quienes, en su mayor parte,  procedían de medios rurales. Pasaba horas y horas en una tribuna que  dominaba el inmenso retablo barroco de la capilla, mientras los demás  dormían o hacían deporte. Sus bromas le habían hecho sufrir mucho, sobre  todo el apodo ridículo -&#8221;rosa mística&#8221;- que repetían a sus espaldas.</p>
<p>A pesar de todo, había procurado siempre poner de relieve, en sus  condiscípulos del Seminario, sus virtudes y su generosidad. Además, hizo  buenos amigos.</p>
<p>Tales dificultades le habían ayudado mucho a madurar. Su profesor de  Derecho Canónico, don Elías Ger Puyuelo, se lo había hecho comprender  con delicadeza. Le había contado cómo un molinero, fracasados los  esfuerzos para traer de Alemania las desgastadas piedras de un molino de  canela, las había sustituido, aconsejado de un amigo, por piedrecillas  redondas, recogidas en un riachuelo, y habían perdido su aspereza a  fuerza de chocar entre ellas. &#8220;¿Me comprende usted, Escrivá?&#8221; -le había  dicho don Elías.</p>
<p>Josemaría había comprendido, en efecto, esta lección de sentido común:  el choque de los caracteres elimina esas asperezas que harían la  convivencia insoportable en toda colectividad.</p>
<p>Por otra parte, era la primera vez que vivía fuera de su casa, interno  en el Seminario. Usaba la sotana y el manteo negro sin mangas, sobre el  que se colocaba la beca de fieltro rojo, sujeta con el escudo de metal  de San Francisco de Paula: un sol y la palabra charitas.</p>
<p>Seguía la disciplina a rajatabla: media hora de meditación por la  mañana, la Misa y luego el desayuno. Clases en la Universidad  Pontificia, recreo, comida, estudio, rosario, cena y, antes de  acostarse, algunas oraciones y una breve charla para fijar los puntos de  la meditación del día siguiente.</p>
<p>En la tercera planta del San Carlos estaba el Seminario propiamente  dicho, llamado de San Francisco de Paula en recuerdo de su fundador, el  Cardenal Benavides, de quien había sido el santo patrón. El resto del  edificio estaba destinado a Residencia sacerdotal.</p>
<p>Según una placa instalada en el claustro, San Vicente de Paúl había  residido allí cuando estuvo estudiando en Zaragoza, pero algunos  pensaban que no era cierto.</p>
<p>Como en todos los edificios grandes y antiguos, los corredores eran  vastos y fríos, las habitaciones destartaladas.</p>
<p>Domingos, jueves y días festivos, los seminaristas salían de paseo por  los alrededores de la ciudad. Era, con los recreos, su única  distracción.</p>
<p>Josemaría se esforzaba en adaptarse a este nuevo género de vida, aunque  le resultaba muy duro. Sin embargo, procuraba sacar provecho de ello  para profundizar en su vida interior y aumentar su cultura religiosa.  Por entonces volvió a leer, con más aprovechamiento, a los místicos  castellanos, en especial a Santa Teresa de Jesús, cuyas obras ya  conocía. También se había acostumbrado a leer todos los días algunos  capítulos del Nuevo Testamento, tratando de revivir, como si estuviera  presente, las escenas del Evangelio, y de grabar en su corazón y en su  memoria los versículos correspondientes. También había ido asimilando  mejor la liturgia y adquiriendo una mayor facilidad en la oración.</p>
<p>Se aplicó con diligencia a los estudios. El plan, aunque tenía un nivel  más alto, se parecía al del Seminario de Logroño. Fue superando con  brillantez, uno tras otro, los exámenes correspondientes en la  Universidad Pontificia.</p>
<p>¡Cuántas veces había ofrecido ese esfuerzo a Dios, al tiempo que le  pedía que le aclarase lo que entonces era tan misterioso y ahora le  resultaba evidente!</p>
<p>Sacerdote&#8230; ¿por qué?</p>
<p>Señor -repetía incansablemente-, ¿por qué me hago sacerdote? Y también:  El Señor quiere algo. ¿Qué es?.</p>
<p>Su oración desembocaba siempre en las mismas interpelaciones familiares,  insistentes: Domine, ut sit! Domina, ut sit!. Señor, que esa voluntad  se realice. ¡Señor, que eso sea! ¡Madre mía, que eso sea!</p>
<p>Solía entablar largas conversaciones, paseando por los claustros del  Seminario, con algunos de sus compañeros que, durante el recreo, no  jugaban a la pelota, como hacían otros, en una nave de la cuarta planta.</p>
<p>Se reunían unos cuantos y comentaban los sucesos de actualidad o los  pequeños incidentes de la vida diaria. Josemaría les hacía reír cuando  les leía los epigramas que pergeñaba (unas veces en latín y otras en  español, remedando las sátiras de algún escritor griego de la antigüedad  o del Siglo de Oro español), los cuales iba pasando luego a un  cuaderno. Esta facilidad para versificar hizo que le encargaran, muy a  pesar suyo, que compusiera y leyera en público una poesía en homenaje al  obispo auxiliar de Zaragoza, Presidente del Seminario. Salió de apuros  con una composición que había titulado Obedientia tutior: &#8220;Obedecer es  lo más seguro.&#8221; Tal era el lema del obispo&#8230;</p>
<p>En las vacaciones de verano, volvió a Logroño, con gran alegría de toda  la familia. Llegó acompañado de un amigo y compañero de estudios que, en  correspondencia, le invitó a pasar unos días con él durante los veranos  de 1921 y 1922. Se trataba de un sobrino del vicepresidente del  Seminario de Zaragoza, don Antonio Moreno. Josemaría lo pasó muy bien  aquel verano, disfrutando del ambiente de paz que reinaba en su familia;  todos se esforzaban, con delicadeza, en respetar su condición de  seminarista.</p>
<p>Sin que él se hubiese dado cuenta, el Cardenal Soldevila, arzobispo de  Zaragoza, se había fijado en él. En las visitas que hacía al Seminario,  solía preguntarle sobre la marcha de sus estudios y sobre su familia.</p>
<p>Tanto el Cardenal Soldevila como el Rector del Seminario de San  Francisco de Paula conocían bien las cualidades de aquel seminarista,  por lo que, al regresar de las vacaciones de verano de 1922, dos años  después de su ingreso en San Carlos, se encontró con que había sido  nombrado Superior.</p>
<p>Para ser Superior, era preciso haber recibido la tonsura. Se la confirió  el Cardenal Soldevila en persona, el 28 de septiembre, en una capilla  del Palacio episcopal. A partir de ese momento, empezó a usar la sotana  con manteo y sombrero de teja. Muchas veces, al vestirse, besaba aquella  sotana, como una manifestación de su amor al sacerdocio, hacia el que  se encaminaba.</p>
<p>En el mes de diciembre había recibido cuatro órdenes menores: el 17, las  de lector y ostiario; el 21, las de exorcista y acólito.</p>
<p>En los años que ejerció el cargo de inspector -desde 1922 hasta la  terminación de sus estudios en el Seminario- se había esforzado siempre  para que la disciplina no resultase demasiado pesada a quienes debía  vigilar. Creía haberlo conseguido. Los más jóvenes solían ser bastante  revoltosos, pero bastaba una sonrisa de suave reproche, una palabra de  aliento o una breve advertencia para que entrasen en razón. En el  comedor, en cuanto encontraba una buena disculpa, dispensaba del  silencio, lo que hacía que los seminaristas estallasen de júbilo.</p>
<p>Josemaría gozaba de mayor libertad que sus compañeros para entrar y  salir del Seminario, lo que le permitía visitar todos los días a la  Virgen en la Basílica del Pilar, aunque volvía enseguida para reanudar  los estudios o la lectura.</p>
<p>Al comenzar el curso 1922-1923, puso por obra su proyecto inicial de  estudiar la carrera de Derecho. Así pues, tras pedir autorización a sus  superiores, se matriculó en la Universidad como alumno libre. No podía  asistir con regularidad a las clases, que tenía que hacer compatibles  con el horario del Seminario y con sus responsabilidades como Inspector.  Como no quería simultanear los estudios, se examinaba en junio en la  Universidad Pontificia, y, en septiembre, se presentaba a los exámenes  de Derecho. Aquel verano de 1923 estudió mucho, en Logroño, donde un  amigo de su padre, Registrador de la Propiedad, le dio clases  particulares al tiempo que a su hijo. Así, en septiembre, pudo pasar los  exámenes sin dificultad.</p>
<p>Dolorosos acontecimientos</p>
<p>A finales del curso escolar 1922-1923, un trágico acontecimiento  conmovió a Zaragoza y a España entera: en las primeras horas de la tarde  del 4 de junio, el Cardenal Soldevila caía asesinado cuando se disponía  a descender de su automóvil para visitar una escuela que él mismo había  fundado en Zaragoza. Poco después se supo que los autores del atentado  pertenecían a un grupo anarquista.</p>
<p>Cinco días más tarde, en la basílica del Pilar, Josemaría había  asistido, con los demás seminaristas, a los solemnes funerales,  celebrados en presencia de varios Cardenales y obispos españoles y de  representantes del Nuncio, del Parlamento, del Gobierno y de las  autoridades locales. Apenado, había rezado intensamente, todavía  conmovido por la trágica desaparición de alguien a quien admiraba y que  siempre le había dado muestras de afecto.</p>
<p>A lo largo del curso universitario 1923-1924, pudo asistir a la Facultad  de Derecho con más asiduidad. Eso, unido a las clases particulares  recibidas durante el verano, le permitió avanzar considerablemente en  sus estudios civiles.</p>
<p>El 14 de junio de 1924 recibió el subdiaconado. En la Universidad, su  sotana llamaba la atención entre los estudiantes. A1 principio, le  manifestaban su respeto guardando excesivamente las distancias. No  obstante, hizo allí nuevos amigos, a los que procuró acercar a Dios,  pues, aunque educados todos en la religión católica, eran con frecuencia  tibios y descuidaban sus prácticas de piedad o las hacían  rutinariamente. Conversaba con ellos y las charlas se prolongaban a  menudo por las calles de Zaragoza, e incluso en el Seminario de San  Carlos, ya que daba clases de latín a algunos de sus amigos, que  necesitaban conocer esta lengua para la asignatura de Derecho Canónico.</p>
<p>Un día se había peleado con otro seminarista, llegando a las manos. Los  castigaron a los dos, pero en su caso el castigo había sido más injusto,  pues el otro le había insultado groseramente en público y le había  pegado antes. Josemaría había ofrecido al Señor esa humillación, que  aceptó como un medio más de purificación capaz de hacerle ver más pronto  Su voluntad.</p>
<p>En 1924, una nueva desgracia se abatió sobre la familia, hiriéndole en  lo más vivo.</p>
<p>Durante el verano, había tenido la alegría de pasar algún tiempo con sus  padres y sus hermanos, Carmen y Santiago. Le había sorprendido ver a su  padre prematuramente envejecido, pero eso no impidió que hiciesen  planes para reunirse en diciembre, cuando fuese ordenado diácono.</p>
<p>El 27 de noviembre llegó al Seminario un telegrama en el que se le  instaba a ir a Logroño cuanto antes: su padre estaba gravemente enfermo.</p>
<p>Un empleado de la tienda, que le esperaba en la estación, le explicó que  su padre se había sentido mal aquella misma mañana. Momentos antes,  había estado orando ante una imagen de la Virgen de la Medalla  Milagrosa, como todos los días; luego, había jugado un poco con  Santiaguito&#8230;</p>
<p>Ya cerca de su casa, aquel empleado de su padre le había dicho toda la  verdad: don José había muerto aquella misma mañana.</p>
<p>Josemaría subió sin decir una palabra hasta el segundo piso, entró en su  casa, abrazó a su madre y a su hermana y se arrodilló ante el cuerpo de  su padre.</p>
<p>Pasó unos días con los suyos y luego regresó a Zaragoza, esforzándose en  descifrar el sentido de esta nueva prueba, que venía a unirse a las que  la familia había sufrido a lo largo de los años.</p>
<p>La ceremonia en la que había recibido el diaconado, en la iglesia  barroca de San Carlos, no pudo ser tan alegre como él había soñado. Pasó  aquel 20 de diciembre solo, ofreciendo a Dios su pena por verse  separado de su madre y sus hermanos, que seguían en Logroño. No pudo  conseguir que fueran a instalarse en Zaragoza hasta comienzos de 1925,  en un pasito de la calle de Urrea, bastante cerca del Seminario de San  Carlos.</p>
<p>Ordenado sacerdote</p>
<p>Llegaron, por fin, los preparativos de ese gran día en el que sería  ordenado sacerdote para  la eternidad.</p>
<p>El 18 de marzo inició unos ejercicios espirituales previos a la  ordenación en los que, con los demás ordenandos, meditó sobre la  dignidad del sacerdocio y lo que eso significaba.</p>
<p>La ceremonia tuvo lugar el 28 de marzo de 1925, sábado, en la iglesia  del Seminario de San Carlos. Después de haberse prosternado ante el  altar, los diez ordenandos, con alba blanca cruzada por la estola, se  habían acercado al obispo, uno a uno, para que les impusiera las manos,  materia del Sacramento del Orden. Luego, el oficiante había implorado el  auxilio divino y recitado la larga oración consagratoria, había ungido  las manos de los nuevos sacerdotes,  y les había hecho entrega de la patena y el cáliz, momento a partir del  cual ya podían concelebrar con el oficiante.</p>
<p>Por primera vez, con emoción profundísima, Josemaría había hecho  descender a Cristo al altar pronunciando las palabras de la  Consagración: Hoc est enim Corpus meum&#8230; Hic est enim calix Sanguinas  mea: Esto es mi Cuerpo, éste es el Cáliz de mi Sangre. En el nombre de  Cristo, en la persona de Cristo, acababa de llevar a cabo el Sacrificio  del altar, del que vive la Iglesia entera.</p>
<p>Dos días más tarde, el lunes 30 de marzo, celebró su primera Misa  solemne en la Capilla de la Virgen de la Basílica del Pilar. A causa del  luto reciente, sólo habían asistido la familia y algunos amigos  íntimos. Su tío, don Carlos Albás, arcediano de la catedral, había  brillado por su ausencia. Tampoco se había dignado asistir al funeral de  su cuñado, en Logroño, y cuando su hermana, doña Dolores, se había  instalado en Zaragoza, con sus hijos, por deseo de Josemaría, les había  reprochado que no le hubiesen pedido consejo&#8230;</p>
<p>Otra contrariedad le había hecho sentir ese grano de acíbar que amargaba  un tanto sus mayores alegrías: como todo nuevo sacerdote, había soñado con  dar la comunión a su madre antes que a nadie. Mas, he aquí que, en el  momento en que se aproximaba, con la Sagrada Forma en la mano, una mujer  se le adelantó y no tuvo más remedio que comenzar por ella&#8221;.</p>
<p>Ya sacerdote, estaba a  disposición de su obispo, para desempeñar el cargo pastoral que éste  quisiera confiarle. Dada su situación familiar -su madre y sus hermanos  habían quedado a su cargo-, lo más normal habría sido que le hubiesen  adscrito a una parroquia de la ciudad, pues así habría podido subvenir a  sus necesidades, dando clases en sus horas libres. Sin embargo, a los  tres días de su ordenación, sus superiores le pidieron que se trasladara  a Perdiguera, un pueblecito situado a veinticuatro kilómetros al  nordeste de Zaragoza, con objeto de reemplazar al párroco, que estaba  enfermo.</p>
<p>Obedeció con prontitud, pero era evidente que había algo raro en esta  medida, que tanto le perjudicaba&#8230;</p>
<p>Las experiencias de un cura rural</p>
<p>El Martes de Pasión, por la mañana, Josemaría había partido hacia  Perdiguera, dispuesto a aprovechar esta primera ocasión de servir al  Señor en su nuevo ministerio.</p>
<p>Poco a poco, las torres y las cúpulas del Pilar se habían ido  difuminando tras él. El camino escalaba o contorneaba las colinas  grises, salpicadas de vez en cuando por amarillas retamas en flor. Un  pueblo. Una cartuja rodeada de olivos y viñedos. Más colinas, más  tierras de labor y, a lo lejos, la silueta azulada de la Sierra de  Alcubierre.</p>
<p>De pronto, apareció el pueblo, ligeramente en alto y como dormido en  medio de campos de trigo y pastos para las ovejas. Era un pueblo pequeño  y pobre que, sin embargo, tenía más de ochocientos habitantes. Las  casas, encaladas, eran de uno o dos pisos como máximo. Ya en la plaza,  un muchacho se acercó a saludarle y se ofreció a llevarle la maleta. Era  el hijo del sacristán. Su padre estaba enfermo y le había rogado que  fuera a recibirle. Procuraría ayudarle en los oficios de Semana Santa,  bastante complicados para un sacerdote recién ordenado.</p>
<p>La iglesia, en lo más alto del pueblo, era grande y esbelta. Tenía una  torre cuadrada y, arriba, una galería circular de estilo mudéjar, tan  frecuente en Aragón.</p>
<p>Josemaría entró, se arrodilló en la nave central, y rezó ante el  Sagrario, encuadrado por un retablo renacentista presidido por una  imagen de la Virgen que parecía una matrona aragonesa y mantenía firme y  erguido al Niño Jesús en su brazo izquierdo. Alrededor, escenas de la  vida de Cristo y de su Madre. A la derecha, un confesionario tosco y  pequeño, en el que era preciso inclinarse para entrar.</p>
<p>A1 principio, pasaría horas y horas en ese confesionario, esperando a  unos penitentes que, poco a poco, empezaron a llegar: primero una  viejecita, luego dos, luego tres&#8230; Un hombre que, por fin, se decidió y  arrastró a otros&#8230;</p>
<p>Un día, sin embargo, en el porche, al salir escuchó, sin ser visto por  los conversantes, un comentario que le hirió profundamente, hecho por un  joven que charlaba con otros animadamente: &#8220;¡Cuidado con el nuevo cura!  Si me descuido, me sonsaca todo.&#8221;</p>
<p>Se había tomado muy en serio su tarea. Todos los días celebraba una misa  cantada; por la tarde, dirigía el rezo del Rosario, exponía el  Santísimo y daba la bendición con Jesús Sacramentado; los jueves, había  una Hora Santa. Y luego estaba la catequesis&#8230;</p>
<p>Los habitantes del pueblo le tenían afecto y él los trataba con toda  confianza, visitándoles en sus casas. En sólo dos meses había visitado  por lo menos una vez a todas las familias.</p>
<p>Hablaba con los enfermos, para animarles y acercarles a los Sacramentos,  y estaba a su disposición día y noche.</p>
<p>La familia que le había hospedado le había instalado en la mejor  habitación de la casa, a la derecha del pasillo, en el piso bajo, muy  cerca de la cocina; era una alcoba de techo bajo, sencillamente  amueblada, con una cama de metal rematada por unas bolas de cobre que se  ponían a tintinear, con los adornos de la cabecera y de los pies, en  cuanto se encaramaba en aquel lecho. Porque tenía que trepar, ya que,  para hacerle el lecho más blando y agradable, habían acumulado varios  colchones, mantas, colchas y edredones&#8230;</p>
<p>Lo que aquellos buenos campesinos no sabían era que don Josemaría dormía  en el santo suelo casi todas las noches&#8230;</p>
<p>Había procurado no humillarles nunca y comer lo que le ofreciesen.  Creyendo que le gustaba, le hacían engullir guisos demasiado grasientos,  que le perjudicaban. ¡Cómo había engordado en aquellos dos meses!</p>
<p>Tenían un chiquillo de pocos años que se pasaba el día entero en el  campo, con las cabras.</p>
<p>Éste, inopinadamente, le había dado una lección provechosa para su vida  interior cuando, un día, para hacerle comprender la felicidad del cielo,  le había preguntado:</p>
<p>-Si fueras rico, muy rico, ¿qué te gustaría hacer?</p>
<p>-¿Qué es ser rico? -había dicho el chaval.</p>
<p>-Ser rico es tener mucho dinero, tener un banco&#8230;</p>
<p>-¿Y qué es un banco?</p>
<p>Don Josemaría había tratado de explicárselo de otra manera.</p>
<p>-Ser rico es tener muchas fincas y, en lugar de cabras, unas vacas muy  grandes. Después, ir a reuniones, cambiarse de traje tres veces al  día&#8230; ¿Qué harías si fueras rico?</p>
<p>Los ojos del chico se iluminaron de repente.</p>
<p>-Si yo fuera rico, ¡me comería cada plato de sopas con vino!</p>
<p>A eso podían reducirse las ambiciones humanas: a tan poca cosa&#8230;</p>
<p>Sí, había aprendido mucho durante el par de meses pasados en aquel  pueblo: la conmovedora respuesta de las almas sencillas cuando se les  ofrecen los tesoros de los sacramentos de Cristo, el silencioso ánimo  que proporciona el Señor desde el Sagrario e incluso los ruines  cotilleos de que había sido objeto -como supo más tarde-, quizá porque  pasaba rezando el tiempo que otros hubiesen dedicado a jugar a las  cartas o a charlar con las &#8220;fuerzas vivas&#8221; del pueblo: el alcalde, el  boticario, el secretario del Ayuntamiento&#8230; Había sabido que, para  ridiculizarlo, le llamaban &#8220;el místico&#8221;, lo cual le había hecho recordar  lo que decían algunos en el Seminario de Zaragoza, haciéndole sufrir  mucho por la irreverencia hacia la Virgen.</p>
<p>Con todo, nunca olvidaría Perdiguera, con sus calles polvorientas, su  iglesia maciza y esos caminos por los que paseaba a veces, dando un  rodeo por los campos antes de recogerse en aquella casa de muros  encalados&#8230;</p>
<p>Retorno a Zaragoza</p>
<p>El 18 de mayo de 1925, reclamado por su obispo, había regresado a la  sede de la diócesis.</p>
<p>Durante los dos años que siguieron, había vuelto a visitar varias veces  los pueblos de los alrededores para ayudar a sus párrocos. Su principal  labor pastoral, sin embargo, estaba en Zaragoza. Así pudo vivir en casa  de su madre y, una vez realizadas las tareas que le habían sido  encomendadas -entre ellas la de capellán de la iglesia de San Pedro  Nolasco-, proseguir sus estudios de Derecho por las tardes. En San  Pedro, celebraba la Santa Misa a diario y tanto en esa iglesia, como en  la Universidad, encontró nuevas oportunidades de hacer apostolado.</p>
<p>Pasaba muchas horas en el confesionario de San Pedro Nolasco y era muy  amplia su labor de catequesis. Además, los domingos solía acompañar a un  grupo de jóvenes estudiantes que daban clases de catecismo a los niños  de un arrabal situado al suroeste de Zaragoza, por el barrio de  Casablanca.</p>
<p>A comienzos de 1926, antes de obtener el título de Licenciado en  Derecho, ya ganaba algún dinero dando clases en una academia que acababa  de abrir un joven oficial del ejército: el Instituto Amado. Allí se  preparaban los aspirantes al ingreso en la Academia militar  -recientemente establecida en Zaragoza-, y se impartían otras enseñanzas  relacionadas con diversas Escuelas o Facultades.</p>
<p>Además de una intensa labor sacerdotal, el estudio y la lectura ocupaban  el resto de su jornada, ya llena de por sí, en especial por la oración y  la administración de los sacramentos.</p>
<p>Sin embargo, seguía buscando, con creciente ansiedad, la respuesta a  aquella pregunta siempre abierta: Señor ¿qué quieres de mí?</p>
<p>Desde el fondo de su capilla, en la basílica del Pilar, la Santísima  Virgen escuchaba, día tras día, su incesante petición: Domina, ut  videam!</p>
<p>Fuego he venido a traer a la tierra, ¿y qué quiero sino que se  encienda&#8230; ? Ignem veni mittere in terram (Lc. XII, 49), repetía una y  otra vez, con el corazón rebosante de amor a Jesucristo. Lo decía,  lo repetía e incluso lo cantaba cuando estaba solo, con música que se  había inventado.</p>
<p>La terminación de sus estudios de Derecho, en enero de 1927, le permitió  proyectar seriamente el trasladarse a Madrid. Allí podría hacer el  doctorado, lo cual, en aquellos tiempos, era imposible en la Universidad  de Zaragoza.</p>
<p>Desde la muerte de su padre, las relaciones con su tío, el canónigo, y  con otros parientes, eran muy tirantes. Marchar a la capital suponía,  desde luego, sumergirse en un ambiente desconocido, pero también abrirse  a más posibilidades de servir a las almas y, tal vez, de descubrir ese  camino más concreto al que el Señor le llamaba.</p>
<p>No había tenido ninguna revelación extraordinaria, ninguna llamada  especial que influyera en su decisión. El Señor se había servido de su  Providencia ordinaria. Tras sopesar detenidamente los pros y los  contras, se había informado y había expuesto a su madre sus proyectos.  Ésta, ajena por completo a la verdadera naturaleza de los  presentimientos que habían impulsado a su hijo a hacerse sacerdote, se preguntaba  cuál sería su futuro&#8230; Así pues, fue a pasar el verano a Fonz, en casa  del tío Teodoro, en espera de que llegara el momento de reunirse con  Josemaría en Madrid.</p>
<p>El 17 de marzo de 1927, el arzobispo de Zaragoza, Mons. Rigoberto  Doménech, le había autorizado, por escrito, para que se trasladara a la  capital con objeto de terminar allí sus estudios de Derecho.</p>
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