Me encontré con la verdad

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Mª Dolores, madrileña, madre de familia con 4 hijos, administrativa y miembro activo de la Asociación de Belenistas de Madrid, nos cuenta cómo se acercó a la fe

Por circunstancias familiares, a los tres años de edad, mis padres marcharon a Venezuela en busca de nuevas oportunidades laborales, dejándome a mí bajo la custodia de mis abuelos paternos, en este Madrid que tanto amo. A partir de esos momentos, mi vida se encauzó por una vía difícil no exenta de dolores y angustias.

A pesar de ser muy querida por mis abuelos, las carencias personales por la ausencia de mis padres fueron marcándome un carácter de fortaleza dentro de una lucha impuesta por la propia vida.

Mis padres habían llevado consigo al que entonces era mi único hermano menor… Pasados unos 6 años, mi madre vino a Madrid para que naciera el segundo de mis hermanos. El bebé nació con un problema muy difícil y tuvo que ser intervenido quirúrgicamente 9 veces en 6 meses. Pasado éste tiempo, un día, al levantarme a media noche, le encontré fallecido en tremendas circunstancias. Fue una experiencia dolorosísima.

La vida me parecía demasiado dura y no entendía muy bien dónde podría estar Dios. A los pocos meses mi madre volvió a reunirse con mi padre en Venezuela, ya que había sufrido un accidente automovilístico grave. Mi hermano quedó en casa de unos tíos y mi nuevo destino fue Francia. Viví varios años en casa de unos familiares a los que no conocía demasiado. Me volqué más en los estudios, pero seguía buscando a ese Dios. De alguna manera, comencé a sentir sensación de deuda durante los duros años que permanecí en aquel país, en soledad interior, sobre todo cuando me ingresaron para un tratamiento de choque en un hospital durante varios días por haber contraído la tuberculosis, hasta que en la revisión anual del colegio verificaron que los resultados por los que me habían diagnosticado la enfermedad correspondían a otra alumna.

Pasado el tiempo, conseguí una beca de concurso para estudiar una carrera en la Universidad de la Sorbona. Pero una vez más, las contrariedades tomaban cuerpo, y ante las dificultades para cambiar mi nacionalidad, tuve que rechazar la beca.

Mis padres fueron a recogerme a Francia y, la familia nos reunimos nuevamente en Madrid. Yo Trabajaba siete días a la semana, entregaba en casa mi sueldo íntegro y me quedaba con los extras para pagarme un sinfín de cursillos y seguir creciendo profesionalmente por mi cuenta, ya que mi familia, aún aconsejada por el abuelo, no consideraba necesarios mis estudios, puesto que “una mujer debía aspirar solamente al matrimonio”.

Llegué a una empresa de fabricación de joyería ubicada en el mismo edificio que Talleres de Arte Granda. Ese fue mi primer y escaso contacto con personas del Opus Dei. Por motivos personales, pasado algún tiempo, decidí cambiar de empresa.

Nuevamente el dolor se hacía presente el mismo día de mi boda. Dios permitió que, al mismo tiempo, por extrañas circunstancias, mi único hermano vivo yaciera en estado de coma…Yo me preguntaba qué sentido tan importante tendría el dolor en mi vida.

Embarazada de mi segundo hijo —cuando el primero tenía 10 meses—, y por error médico, me provocaron indebidamente un parto que pudo terminar con nuestras vidas. Ante la gravedad de la situación, decidí aparcar mi vida profesional. Fueron 5 años de renuncias y entregas, pero nuevamente el Señor se hacía notar.

Pasado algún tiempo decidimos buscar un colegio para nuestros hijos que aportara mayores y mejores conocimientos morales y religiosos. Tras negarnos la plaza en uno, buscamos alternativas, pidiendo consejo en una parroquia, de la que el párroco resultó ser a la vez capellán del colegio que buscábamos. Poco tiempo después, también se incorporaba al colegio nuestro tercer hijo, y tras haber dado excusas en no pocas ocasiones a algunas madres que me invitaban a participar en las actividades del colegio, decidí asistir a un retiro mensual.

No recuerdo bien los temas, pero sí al sacerdote que dirigía las meditaciones, y recuerdo también que en ese contexto, sin nada extraordinario, me encontré con la verdad. Me estaba llenando de algo desconocido y maravilloso. Decidí ponerme en la fila para confesarme. Yo no tenía ninguna práctica religiosa desde mi Comunión, así es que le dije al sacerdote: “mire, hace tanto tiempo que no me confieso que no sé cómo empezar”.

Tres meses más tarde, asistí a un curso de retiro, pero de alguna manera sentía que estaba fuera de lugar, ya que mis conocimientos ascéticos eran nulos. En el tiempo libre de reflexión, salí al campo fuera de la casa preguntándome si realmente debía seguir o interrumpir aquel curso. Fue entonces cuando el corazón me dio un vuelco, y en la mente sentí una idea que abarcaba todo el pensamiento: “Estás aquí porque Yo te he traído”. Dios me pedía una entrega completa para Él en el Opus Dei… Simplemente, no pude negarme, no quise negarme.

Siendo ya Supernumeraria y, pasados varios años, el nuevo capellán del colegio nos pidió a dos personas que restaurásemos un poco la capilla. De aquella nueva experiencia surgió la idea de incorporarme al mundo del belén (no en vano, mi cuarto hijo -una preciosa niña-, se llama Belén).

Puesto que, desde mi niñez he tenido la sensación de deuda con Dios, y posteriormente con la Obra, siento que voy completando mi puzzle personal aceptando la voluntad de Dios, pero sintiéndome siempre acompañada por Jesucristo. Por ello, al finalizar algún montaje de belén (en la Presidencia de Gobierno, la Comunidad de Madrid, el Museo de la Ciudad y tantos otros), encomiendo a todas las personas que puedan acercarse para adorar al Niño Dios. Recorro con ellos el espacio y tiempo vital mientras me encomiendo a Santa María y al Santo Patriarca José. Y recuerdo aquellas palabras de San Josemaría en la Universidad de Navarra: “Hijos míos, allí dónde están vuestros hermanos los hombres, allí donde están vuestras aspiraciones, vuestro trabajo, vuestros amores, allí está el sitio de vuestro encuentro cotidiano con Cristo. Es en medio de las cosas más materiales de la tierra, donde debemos santificarnos, sirviendo e Dios y a todos los hombres”.

¿Qué es una Administración en el Opus Dei?

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Silvia Paternó es administradora de un Centro del Opus Dei. Licenciada en administración de Empresas de Servicio e Instituciones, gestiona las tareas domésticas de una casa en la que viven 35 personas.

La Administración en los centros del Opus Dei -que son siempre hogares cristianos: residencias de estudiantes, de profesionales, de obreros, etc.- se ocupa como en cualquier familia de lagestión doméstica que atiende los servicios de manutención y limpieza de la casa, cocina y ropa.

En esas residencias grandes, la administración es un centro anexo -independiente- con locales adecuados al trabajo que se realiza, con una zona de vivienda para las personas que lo llevan a cabo.

Este trabajo facilita -mas aún: posibilita- toda la labor apostólica del Opus Dei, y se convierte así -como decía san Josemaría- en el apostolado de los apostolados.

Silvia Paternó dirige una administración que atiende diariamente 35 personas. Anteriormente formó parte del equipo directivo de Villa Sacchetti, administración de la sede central del Opus Dei en Roma, donde viven y trabajan las personas que colaboran con el Prelado en el gobierno pastoral del Opus Dei.

“La administración en los centros hace posible que se pueda atender diariamente -además del propio trabajo profesional- las actividades de formación cristiana y la atención de las labores apostólicas del Opus Dei”.

“Pero también he administrado centros más pequeños en Argentina -cuenta Silvia-. En realidad el trabajo es el mismo: se trata de atender lo que es conocido en el ámbito profesional como servicios de base, adaptándose a la realidad de las personas que viven en el centro administrado: jóvenes o menos jóvenes, mujeres u hombres, personas que deben seguir un régimen especial… y de la labor apostólica que se lleva a cabo”.

¿Qué preparación profesional tiene?

Estudié administración de Empresas de Servicio e Instituciones. Luego he ido completando mi formación con diversos seminarios y cursos sobre Gestión, Dirección, Recursos Humanos y algunos cursos específicos sobre los servicios en que trabajo habitualmente: Alimentos, Mantenimiento de la vivienda, Lavandería, Housekeeping.

Estoy convencida de que, como decía san Josemaría, la formación no termina nunca. Es importante mantener encendida la ilusión profesional que te permite realizar un servicio cada vez mejor. La atención de la gestión doméstica necesita -como cualquier trabajo que se quiere santificar- una verdadera preparación profesional.

Siempre me sentí inclinada hacia este tipo de actividades. La verdad es que nunca tuve dudas sobre mi vocación profesional. Estos 25 años de trabajo me han dado, gracias a Dios, muchísimas satisfacciones aunque también -no lo niego- algún que otro dolor de cabeza…

¿Qué plan de trabajo sigue habitualmente?

Los días de fiesta -un cumpleaños, por ejemplo- también se celebran en la mesa con una comida un poco más especial.

Aunque parte del quehacer diario -como para la mayoría de las personas- es atender imprevistos, el trabajo de la administración no se improvisa, se organiza. Se planea con tiempo suficiente, para que las cosas vayan saliendo con una cierta tranquilidad y orden. Lo que se realiza diariamente funciona en la medida que se ha organizado con anterioridad.

Cada día se limpian las distintas zonas de la casa con un horario fijo para empezar y terminar. Luego hay un tiempo de trabajo en las distintas áreas: cocina, comedores, lavandería. Se sigue el plan semanal o mensual establecido para cada zona con las particularidades de ese día, por ejemplo: proveedores que vendrán, entrega de sábanas y toallas o ropa personal, alguna celebración que implica un menú especial, una limpieza extraordinaria.

En reuniones periódicas se revisa la marcha de los trabajos, se solucionan posibles necesidades que surgen y se estudian las sugerencias que se hacen para mejorar cada servicio.

Además está lo que llamo “tiempo de escritorio”, fundamental para plasmar lo que decía al principio. En estas horas estudio un cuadro de organización, confecciono el menú del mes siguiente, hago la lista de compras, preparo un presupuesto, atiendo a las personas que quieren plantear algún asunto, y un largo etc., que adivinará cualquier mujer que se dedique al trabajo de su hogar.

¿Qué aptitudes hacen falta? “Entender y querer lo que significa atender un hogar, tener un gran amor a estos trabajos, elegirlos como vocación profesional, amar el trabajo concreto, saber trabajar en equipo y saber delegar”.

¿Cuentan con personal especializado?

Sí, generalmente se cuenta con personal especializado en las distintas áreas, pero también parte del trabajo es su formación; por ejemplo, hay no poca gente joven que quiere capacitarse para esta profesión. Es importante aprender a enseñar, transmitir la experiencia de modo enriquecedor para quienes se incorporan al equipo.

¿Qué cualidades se debe tener para desempeñar este trabajo?

Es una pregunta bastante difícil de responder en pocas palabras. En primer lugar pienso que debes entender y querer lo que significa atender una casa, hacer un hogar, tener un gran amor a estos trabajos. Luego, elegirlo como vocación profesional, con lo que supone de dedicación y preparación porque piensas que tienes aptitudes, te gusta y, como cualquier otro trabajo, lo ves como un modo de servir a los demás.

Descendiendo a detalles más concretos -además de los conocimientos técnicos específicos-, entre las aptitudes personales subrayaría la necesidad de tener visión de conjunto para llevar el pulso de la marcha de todos los servicios, el amor por lo concreto, el saber trabajar en equipo y saber delegar, “hacer hacer” como decía san Josemaría, con confianza en las personas. También me parece importante tener buen gusto y sentido estético: la belleza es importante para el buen vivir.

Además destacaría cierta inclinación natural por el orden, y saber valorar la experiencia recibida junto a una mentalidad abierta y flexible ante cambios y situaciones nuevas.

Lógicamente, nadie nace sabiendo todo. Repito, me parece muy importante mantener vivo el afán de aprender y mejorar.

¿No sería preferible que las personas de la casa, residentes, dedicaran más tiempo a estos trabajos y así también se necesitaría menos personal en la administración?

Quienes viven en el centro administrado, como en cualquier hogar, colaboran -guardando una total separación e independencia-, de forma activa. Respetan el horario de comidas, entregan la ropa para lavar el día establecido, procuran dejar las habitaciones en orden y ventiladas antes de que pase el equipo de limpieza, avisan con anticipación lo que pueda haber de extraordinario en la semana. Todas estas cosas, aunque parezcan detalles corrientes y diarios, facilitan enormemente el trabajo.

“Esta profesión debe estar bien retribuida y bien considerada en la sociedad. También me parece positivo que los hombres colaboran cada vez más en las tareas de la casa”.

Por otro lado, el cuidado y mantenimiento de los centros del Opus Dei que, por la labor apostólica que se desarrolla en cada uno, suelen ser más bien grandes, supone también otros muchos trabajos, atenciones y arreglos de los que se encargan los residentes.

La administración en los centros hace posible que se pueda atender diariamente -además del propio trabajo profesional- las actividades de formación cristiana y la atención de las labores apostólicas del Opus Dei.

Además, pienso que este trabajo tiene una repercusión social importante: una casa cuidada, un ambiente limpio y alegre, una comida caliente cuando hace frío (y viceversa) se agradece, pero a la vez es exigente: lo limpio llama a lo limpio, el servicio a la puntualidad…; y como es algo bueno, casi sin darte cuenta, llevas ese ambiente a tu lugar de trabajo, a los espacios públicos, a las reuniones con tus amistades; y se facilita la convivencia, todo se hace más amable: es decir, damos nuestro aporte al crecimiento de la vida familiar, contribuyendo a la unidad en una sociedad que con frecuencia da señales de disgregación.

¿Y es rentable?

La rentabilidad no es un criterio unívoco, ya que entran muchas variables difíciles de contabilizar con la misma medida. Hay muchas cosas que quizá parecen poco rentables hablando en términos económicos, pero que tienen una gran eficacia humana y sobrenatural. Si me permite, yo le preguntaría: ¿cuánto es rentable el trabajo de una madre, en la educación de sus hijos o cuando vela un enfermo? Me parece que son aspectos impagables y de un valor esencial para la sociedad.

Por otro lado, sin duda, una atención profesional de estos servicios, teniendo en cuenta el presupuesto de cualquier casa para necesidades de alimentación, ropa, etc., genera un aprovechamiento racional de los recursos, se evitan muchos gastos, por ejemplo de productos o servicios caros que muchas veces hay que pagar por falta de tiempo (pre-cocinados, tintorería, una mayor cantidad de ropa o productos de limpieza), se amortizan las cosas hasta el final, conservándolas en buen estado, se reciclan, etc.

A la vez, sostengo que esta profesión -que es de gran altura- debe estar bien retribuida y bien considerada en la sociedad.

¿Es de la opinión que las mujeres tienen más aptitudes, hablando en líneas generales, que los hombres para atender el trabajo de la casa?

Por supuesto que sí, y esto no va en detrimento de nadie, aunque también sea cierto que -en la actualidad- los hombres colaboran más en las tareas de la casa, debido a que muchas mujeres trabajan fuera. Y esto me parece un hecho positivo.

El papel de la mujer es insustituible, porque, por naturaleza, tiene unas cualidades que la hacen capaz de dar vida a la humanidad y dar humanidad a la vida, como alguien ha sintetizado el pensamiento de Juan Pablo II en Mulieris Dignitatem. Está en sus manos el hacerlas fructificar.

¿Son del Opus Dei todas las personas que trabajan en la administración de los centros del Opus Dei?

No. Depende de los centros, de los países, etc. Ordinariamente el trabajo y los servicios están dirigidos por gente del Opus Dei que tiene esa profesión: generalmente, por su mayor disponibilidad, por numerarias y numerarias auxiliares; pero también en casas de convivencias y algunos centros esta tarea la realizan otras personas que no son del Opus Dei.

“La alegría se puede disimular un rato, pero toda una vida, no”

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Eva Pons vive en Alicante (España), aunque en realidad es de Palma de Mallorca. Estudia Trabajo Social, tiene 20 años y es numeraria del Opus Dei

Una tarde, iría yo a 4º de primaria, fui a casa de una amiga y su madre me dijo “mi hija va esta tarde a cocina y teatro al club Randa, te vienes?” . Por entonces,  nadie de mi familia ni de mi entorno conocía la Obra. Quién nos iba a decir que ese club iba a influir tanto en nuestras vidas…

¿Qué ha cambiado en tu vida desde que eres del Opus Dei? ¿Cómo influye en tu vida?

He crecido en medio de un contraste entre muchos ambientes. Mis padres me llevaron, como a mis tres hermanos, a un colegio laico y luego a un instituto, me han educado dándome siempre mucha libertad, animándome a complementar mi formación humana y cristiana en el club, de forma que he estado rodeada de muchos tipos de personas, estilos de vida… y entre ellos, con Dios por medio, he tenido la suerte de poder escoger lo mejor para mi vida, respondiendo que sí a una vocación de entrega a Dios en medio del mundo, con la que puedo decir que estoy viviendo cada segundo de mi vida al 100%.

¿Qué es lo que más te llamó la atención del Opus Dei?

Una tarde en Tonaira

Lo que descubrí fueron personas que no eran ancianas, ni tontas, ni retrógradas, con una fe fundamentada, que sabían explicarme con buenos argumentos. Además veía unas obras coherentes con lo que decían… y lo más relevante: una alegría que parecía disimulada. Siempre digo que la alegría se puede disimular un rato, pero toda una vida no.

¿Y tu vida ahora, tu día a día? ¿por qué estudiaste Trabajo Social?

Vivo en Alicante y estudio Trabajo Social, una diplomatura con la que se hace labor social de forma profesional, se trabaja para la reinserción social de personas, grupos y comunidades excluidas, en situación de dificultad laboral, familiar, social… (Una chica del club me preguntó un día si estudio inmigrología…) Es una profesión en la que se palpan las necesidades sociales más urgentes y básicas, no hace falta irse a la India para trabajar con situaciones de carencia (aunque me encantaría, nunca se sabe).

¿De qué te encargas en una asociación juvenil como Tonaira? ¿qué función social tiene un club?

En Tonaira, entre otras cosas, organizo actividades de voluntariado: el trimestre pasado impulsamos una Olimpiada Solidaria de Estudio en colaboración con la ONG Dasyc, en la que se nos desbordó el estudio del club de gente que quiso canjear horas de estudio por euros al tercer mundo. Y para este trimestre hemos emprendido un taller de gimnasia en una residencia de ancianos con chicas de 2º de bachillerato, muy divertido…

El voluntariado es una faceta muy importante y significativa en la formación de cada chica que frecuenta el club, y casi más aún para quienes impartimos esa formación, estoy convencida. El primero en hacerlo fue San Josemaría, ¡y le fue de perlas!

Pero además añadiría que el voluntariado no se ciñe sólo a las actividades con sectores desfavorecidos de la sociedad: ¡en Tonaira también tenemos voluntarias! Chicas que frecuentan el club y no sólo reciben, sino que dan su tiempo, nos ayudan impartiendo actividades como guitarra, taller hippie, pintura, organizando fiestas y salidas para pequeñas, etc.

Un club tiene una función social muy relevante, se le puede sacar mucho partido… Cada club es un carga pilas de formación cristiana y en valores, con actividades académicas, culturales, solidarias y deportivas. Y se respira un ambiente sano, alegre, se hacen buenas amistades; y quienes lo frecuentan, al salir a la calle contagian esa alegría en otros ambientes. ¡Por eso hay que darlos a conocer a mucha gente!

¿Has ido a algún encuentro del Papa con los jóvenes? ¿Se puede ser moderno y fiel a Jesucristo como dijo Juan Pablo II a los jóvenes en su último viaje a España, en mayo de 2003?

Tonaira con Benedicto XVI en el UNIV del pasado mes de abril

Sí, he asistido a varios encuentros de jóvenes con el Papa: a la canonización de San Josemaría en 2002 desde Palma de Mallorca, al UNIV 2005 desde Valencia, que fue el último al que pudimos ver a Juan Pablo II y fue muy emocionante… y este verano pasado participé como voluntaria en el V EMF con Benedicto XVI.

Son encuentros con personas de todo el mundo que ponen a una la carne de gallina, y de los que se vuelve con ilusión para ser más coherente, porque en el día a día -a veces- parece que los cristianos estemos todos escondidos. ¡Pero de vez en cuando se nos ve y se nos oye! Debería ser más a menudo, en eso estamos…

Y sí, claro que es verdad eso de que se puede ser moderno y fiel a Jesucristo. Y que lo hagamos realidad los jóvenes de ahora está al alcance de nuestras manos.

Buena química

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M. Àngels Carvajal es doctora en Química. Tiene 31 años y ha pasado algunos en el extranjero, en estancias de investigación. Actualmente trabaja en el departamento de Química Física de la Universidad Rovira i Virgili, en Tarragona.

 

 

M. Àngels Carvajal

Desde siempre me han gustado las ciencias y cuando acabé la carrera de Química se presentó la ocasión de hacer la tesis doctoral y, posteriormente, la oportunidad de hacer investigación en el extranjero. Primero estuve un año y medio en Italia, en la Università degli Studi di Bologna; después un año en Francia, en la École Normale Supérieure de Lyon; y finalmente dos años en Jerusalén, en la Hebrew University of Jerusalén

Pienso que, en conjunto, todo ha sido muy enriquecedor. Vivir y trabajar en tres países diferentes en cuatro años puede parecer un poco “movido”. Por otro lado, no tengo la impresión que haya hecho cosas tan diferentes.

 

Entrada principal de l’École Normale Supérieure de Lyon

Siendo del Opus Dei, tenía claro que se trataba de luchar para ser santa en cualquier circunstancia (país, ciudad, proyecto…), lo cual simplificaba mucho las cosas. Durante mi estancia en Italia tuve la oportunidad de participar en una tertulia con el Prelado del Opus Dei y recuerdo que una chica le comentó que se trasladaba a vivir a otra ciudad. El Padre le dijo que Jesús le esperaba en la Eucaristía, en el Tabernáculo, en la nueva ciudad, el mismo Jesús que estaba allí donde vivía en aquel momento. Estas palabras me han ayudado mucho y siempre que sabía que debía ir a otro país las he considerado. Cuando las novedades del país se hacían notar, cuando estaba más sorprendida por las peculiaridades de las nuevas situaciones… aquello que no cambiaba era que el Señor siempre estaba en el Sagrario esperándome y apoyándome.

El hecho de haber estado en países tan diferentes me ha hecho pasar por momentos que nunca hubiese imaginado que pudiesen haber acontecido en Barcelona, como la experiencia de seguir la elección del Santo PadreBenedicto XVI en Italia, en el laboratorio y con  gente viniendo de toda la planta para ver quién había sido elegido, o una Navidad en Jerusalén en que nadie del equipo sabía qué pasaba el 25 de diciembre.

 

El departamento de Química G. Ciamician de la Universidad de Bolonia

Conocer a gente de lugares tan diferentes me ha dado la oportunidad de tener conversaciones sobre Dios con gente con formación ybackgrounds culturales muy diferentes. Recuerdo una conversación encantadora con un profesor italiano que se declaraba agnóstico pero que al mismo tiempo decía: “si fa fatica a non credere” (“las cosas, los procesos naturales son tan bonitos que cuesta no creer”). Y otro momento divertido fue una conversación de un compañero chino, joven, de China continental, declarando que se consideraba ateo, que sólo creía en la ciencia, ante la incredulidad de un profesor judío de cierta edad y gran prestigio, al que le parecía imposible que realmente se pudiese ser ateo “de verdad”. Una compañera judía le explicó a este chico que precisamente la ciencia es un camino para conocer a Dios, cómo actúa, etc. 

Un compañero francés también me manifestó su perplejidad, porque a él siempre le habían enseñado que la ciencia y la fe son incompatibles, y se había encontrado conmigo: ¡por primer vez conocía a alguien que se dedicaba a la ciencia y al mismo tiempo tenía fe! Personalmente no encuentro que sean incompatibles, más bien la fe hace que en cierto modo uno disfrute más de la investigación científica, porque a la satisfacción de ir conociendo cómo funcionan las cosas de la naturaleza, se añade la alegría de poder admirar el amor que hay detrás de todo: la naturaleza es como si fuera un regalo. El regalo en sí mismo es maravilloso y se puede disfrutar, pero da mucha más alegría conocer quien te lo está regalando y saber que lo ha hecho porque te quiere. Un profesor de Barcelona (no demasiado católico, por cierto) me decía que para él la investigación es como jugar con Dios, porque a medida que uno va descubriendo y entendiendo cosas, aparecen más interrogantes. Es como si Dios nos quisiese tener entretenidos. 

 

M. Àngels y al fondo de la imagen Jerusalén

La investigación que hago es bastante difícil de explicar, por mucho que simplifique… He estudiado el mecanismo de las reacciones químicas y enzimáticas y hago simulaciones en materiales fotomagnéticos mediante simulaciones por ordenador. El hecho de poder ofrecer a Dios el trabajo es mucho gratificante: cuando las cosas salen, se puede compartir con Él, y cuando no, no es un fracaso absoluto porque el esfuerzo ofrecido tiene valor en sí mismo, independientemente del resultado –y en ciencia los proyectos suelen “no salir”… hasta que salen–, o sea que hay muchas horas de trabajo que las valora sólo Dios.

Otra experiencia interesante es ver la labor del Opus Dei en lugares diferentes y ver cómo en todos sitios hay gente que valora el espíritu del Opus Dei. Además, he podido colaborar en las actividades que se realizan en los diferentes lugares: desde dar clases de formación cristiana en italiano-catalán-castellano en Florencia, hasta clases de cocina en inglés-hebreo-árabe a niñas a Nazareth. Hacerse entender es un reto y muchas veces muy divertido. 

 

Con mi amiga Rinat

Una de las cosas que me planteé en las estancias de investigación -y supongo que todo el mundo se lo plantea, sea donde sea- es que podía enfocar mi vida para dedicarme “sólo” trabajar, o hacerlo compatible con colaborar en las actividades que ofrece el Opus Dei en los diferentes lugares. De hecho, la alternativa real que se plantea es: o vivir para uno mismo, o para Dios y los demás. No es una alternativa entre ciencia y Dios, porque en la ciencia encuentro a Dios. La clave es hacerse un horario y aprovechar más el tiempo. Obviamente no siempre lo logro, pero en eso no encuentro que sea demasiado diferente a mis amigas, que empiezan a tener hijos y les salen imprevistos cada día… Digamos que no quiere decir que a una le salga todo pero esta lucha y “ocupación” dan sentido a la vida.

Una empresa de catering contra la crisis

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Marilén es madre de ocho hijos. Hace veinte años, en momentos económicos difíciles, puso en marcha una empresa de catering, con su socia Paloma, en Mallorca.

19 de mayo de 2009

¿Cómo se os ocurrió montar esta empresa?
Manolo, mi marido, tuvo dificultades en su trabajo y tenía que ayudar como fuera. A mí siempre me ha gustado el trabajo de la casa y pensé que podía convertirlo en una profesión remunerada. Gracias a Dios –y esto lo digo con mayúsculas– nos ha ido muy bien.

¿Cómo empezasteis?
Paloma, mi socia, y yo empezamos cocinando para personas que vivían solas: hacíamos la comida de toda una semana y se la llevábamos. De ahí saltamos a una inauguración para ciento cincuenta invitados: creíamos que no lo podríamos hacer.

Actualmente preparamos el catering para muchas bodas, fiestas, eventos de empresas, acontecimientos familiares… Empezamos en casa de Paloma y ya hemos construido una nave para trabajar en buenas condiciones. Siempre recordamos el principio con cariño.

Trabajábamos muchísimas horas, pero teníamos el aliento de  nuestra familia y de otras personas que nos animaban, especialmente Sabina, unanumeraria mayor con un espíritu muy joven, que compartía con nosotras los “sufrimientos” de la inexperiencia.

Con este trabajo, conocerás a mucha gente…
Sí, desde luego. Mallorca es preciosa y, especialmente en verano, acude gente muy diversa. Tenemos clientes que reconocerían los lectores de “Hola”. De mi trabajo, lo que más me gusta es descubrir el lado humano de la gente. Te llevas muy buenas sorpresas. Algunas de nuestras clientas se han convertido en verdaderas amigas.

Disfruto ayudando a organizar los actos para que salgan bien, para conseguir que una persona recuerde el día de su boda como el más feliz de su vida. De vez en cuando organizamos un curso de cocina solidario: invitamos a las clientas y destinamos los fondos recogidos a una labor social que promueven personas de la Obra en India. Algunas han venido para colaborar desde Barcelona o Madrid, donde residen.

¿Cómo compaginas tu dedicación con la atención a la familia?
He tenido ocho hijos. La segunda niña se me murió con siete meses por una cardiopatía. El último, Ignacio, nació con Síndrome de Down y falleció a los diecinueve meses. Sufrimos mucho. Manolo y yo pensamos que las Navidades más felices fueron las que él estuvo con nosotros. La familia estaba muy unida e ilusionada con los avances que hacía.

Los demás hijos son ya  mayores y me comprenden muy bien. Por ejemplo, saben que el día de la Inmaculada es muy importante para mí, porque un 8 de diciembre pedí la Admisión en el Opus Dei, hace ya treinta años. Ese día mis hijos, mis yernos y mis nietos van a la Misa de la Novena a la Virgen que se celebra en Palma para celebrarlo conmigo.

En medio de tantas ocupaciones ¿Puedes rezar?
La verdad es que madrugo bastante: empiezo el día pronto, haciendo un rato de oración. En verano hay tanto trabajo que Paloma y yo vamos al Centro del Opus Dei a las 7,30 de la mañana una vez por semana, asistimos allí a Misa y después recibimos una clase de formación, porque es el modo de no perdérnosla.

Durante el invierno, el ritmo es más llevadero: procuro ir a Misa por la mañana, aprovecho trayectos para ir rezando el Rosario, y mientras trabajo, continuamente pido a Dios que me ayude.

Os habrá pasado de todo….
Hace unos años, por un malentendido, no había llegado el postre de una boda poco tiempo antes de que empezara el banquete… Paloma cogió el coche y se fue por todas las pastelerías abiertas intentando comprar pasteles, pero, eran muchos invitados… Yo no sabía qué hacer, buscando al pastelero que tenía que habernos servido y que no aparecía por ningún sitio…. Noté la protección de San Josemaría. Se me ocurrió ir a la oficina y, al salir, me lo encontré en la puerta, buscándonos, porque no sabía dónde era la boda. Cuando llegamos ya estaban en el primer plato…

Otra vez unos novios se empeñaron en celebrar el banquete en el exterior y anunciaban lluvias. Me pasé el banquete rezando para que aguantara y, justo después del postre, empezó a llover.


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