En la tercera hora

movimiento Opus Dei  Tagged , , , , , , No Comments »

“Tiempo de caminar”, libro de Ana Sastre sobre el fundador del Opus Dei.

En una ocasión, el Fundador dirá a un grupo de hijas suyas: «¿Sabéis que me habéis costado mucho vosotras, hijas mías? Más que los hombres (…).

¡Me habéis salido a la tercera vez! Yo pensé que en el Opus Dei no habría mujeres. Sin milagrerías. Recuerdo que una vez lo escribí; y al mes, o a los dos meses, no sería mucho más, el 14 de febrero de 1930, comencé a celebrar la Santa Misa pensando que no habría mujeres en el Opus Dei, y terminé la Misa sabiendo que el Señor quería que hubiese una Sección de mujeres»(57).

Efectivamente, ni la primera ni la segunda vez que el Padre lo intenta consigue abrir cauce con las mujeres de la Obra. Habrán de irse, en su mayor parte, porque no acaban de comprender la vocación propia del Opus Dei, de santificarse en el ejercicio del trabajo profesional en el mundo. Jamás violenta don Josemaría la decisión de una persona. Expone el mar sin orillas de esta nueva singladura de la Iglesia, pero deja todas las puertas abiertas a la libertad. Son muchos los testimonios que subrayan su ayuda espiritual, desinteresada, para andar los pasos hacia una entrega de otro signo; para perseverar, por ejemplo, en una vocación claustral. Siempre ha sido propicio a impulsar por su camino a cada caminante.

El Fundador reza, en estos años, por la llegada hasta la Obra de mujeres preparadas para desarrollar un serio trabajo profesional entre sus iguales. Con capacidad de entender la gran empresa a que Dios quiere llamarlas. No resulta fácil en el contexto social de este tiempo porque, como escribe Peter Berglar:

«El hecho de que el Fundador pensara, hasta que Dios le “corrigió”, que (el Opus Dei) se refería exclusivamente a los varones, se debe a que la concepción de cualquier entrega total en celibato, al margen de una consagración religiosa (es decir, una entrega laical, cien por cien secular), era ya, respecto a los varones, algo nuevo, revolucionario; pero respecto a las mujeres parecía un imposible»(58).

Hay una mujer que permanecerá leal a lo largo de este tiempo: se llama Lola Fisac. Allá, en su luminoso y plano campo de Daimiel, ha conocido la existencia de la Obra a través de su hermano. En septiembre de 1935 van a someterla a una intervención quirúrgica. Le anima saber que el Fundador de la Obra, que ha tenido noticia de la operación, rezará por ella.

Meses más tarde, cuando se declara la guerra civil en España, su hermano Miguel ha de ocultarse en su casa de Daimiel para escapar a una muerte segura. El Padre le escribe desde la Legación de Honduras en 1937. Y, para no comprometerle, dirige las cartas a su hermana. Lola va conociendo incidencias relacionadas con la Obra a través de estas líneas que llegan habitualmente de un refugio a otro. Y en mayo de 1937, don Josemaría le dice: «me gustaría mucho que llegaras a ser nieta mía». Con este laconismo, por imperativo de la censura de guerra, le pregunta si quiere unirse a una tarea que exige coraje y amor grandes, como para cruzar el mundo por Dios y buscarle en el trabajo de cada día.

Y Lola, que conoce poco más que el contenido de esta carta, sabe que va a intentarlo. Y que lo desea con todas sus fuerzas. Escribe a vuelta de correo:

-Abuelo, de lo que me dice le contesto que sí (59).

El 19 de abril de 1939, terminada la guerra, don Josemaría viaja hasta Daimiel y habla personalmente con ella. La entrevista tiene lugar en la mañana del 20. El Padre abre el horizonte de la Obra y la amplitud de sus apostolados. La luz de los campos recién germinados pone contrapunto en las palabras del Fundador: la mies empieza a crecer y Jesucristo llama a nuevos obreros. Allá lejos, los molinos manchegos juegan con el aire. Dios escucha y acepta la afirmación de una entrega a su servicio.

Más adelante viaja a Madrid. Junto a doña Dolores y Carmen, aprenderá multitud de cosas en relación con el trabajo de administración de la Residencia de Diego de León.

Mientras tanto, en Valencia, una hermana de Paco Botella también ha establecido contacto con el Opus Dei. Durante uno de los viajes que el Fundador de la Obra hace a la ciudad del Turia, le dicen a Enrica Botella que el Padre desea conocerla. En Samaniego, pasa a una salita próxima a la entrada y allí ve a un sacerdote alto, con gafas, que le saluda cordialmente y exclama:

-«¡Eres igual que Paco!…».

Pedro Casciaro interviene:

-«¿No le conoces? Es don Josemaría Escrivá de Balaguer».

-«¡Ah!… ¡El autor de “Camino”!…».

El Padre, de un modo llano y cordial, habla a Enrica de su familia: del agradecimiento que la Obra tiene a sus padres y del afecto que todos profesan a su hermano Paco. Enrica se asombra de que les conozca tan bien y del cariño que rezuman sus palabras. Ha ido acompañada de su prima, Teresa Espinós, y a las dos les enseña con detalle el oratorio de Samaniego. Cada gesto, cada inclinación ante el altar, es una manifestación de fe que no les pasa inadvertida. Y se sienten inexplicablemente impulsadas a colaborar en cualquier tarea que quiera encomendarles.

Unas semanas después Paco hablará de la Obra a su hermana mayor, y le explicará la vocación al Opus Dei para santificarse en medio del mundo. Así se lo ha pedido el Padre. Enrica no ha sentido nunca la llamada especial a esta dedicación. Ha pensado en crear un hogar propio, y así se lo hace saber a su hermano de un modo rotundo.

Sin embargo, un año más tarde, cuando tiene noticias de una nueva llegada del Fundador a Valencia, se acerca a saludarle: -«Padre, mi hermano me ha hablado de la Obra». El Padre le contesta:

-«Estoy pidiendo tu vocación»(60).

Enrica no puede explicarse el fenómeno, pero desde aquel momento se siente ya en el Opus Dei. Hay tal fe en aquellas palabras ue le resulta imposible suponer que no se realizará lo que el Padre y su hermano están pidiendo a Dios. Se llena de seguridad para emprender un arduo camino con la esperanza de alcanzar la meta. El 7 de abril de 1941, pedirá la admisión en el Opus Dei.

A finales de marzo de 1941, el Padre dirige unos ejercicios espirituales para mujeres en Alacuás (Valencia). La noticia de que las meditaciones correrán a cargo del autor de «Camino» se ha extendido por la ciudad. La casa está llena. Incluso hay un grupo que debe regresar diariamente a Valencia porque ya no quedan más habitaciones.

Entre las que asisten se encuentra Encarnación Ortega. Es muy joven, rubia, con los ojos claros. Y un perfil que subraya el gesto de decisión y firmeza. Sin embargo, no le trae a Alacuás ningún ideal determinado. Prefiere observar de lejos, en una indagación que puede o no resultar interesante.

Ya en la primera meditación le sorprende la fe palpable de este hombre que asegura, con certeza contagiosa, que Dios está allí. Una fuerza que no podía prever le pone en presencia de Jesucristo. Tampoco acierta a explicarse muy bien por qué decide, aquella tarde, hablar con el Padre. Desea simplemente oír alguna visión esperanzada del mundo, del trabajo, por parte de este sacerdote que parece poseer una fe viva y consecuente. Y el Padre, después de un brevísimo preámbulo, le habla de la Obra: de la santidad en las tareas cotidianas, de permanecer en el mundo para elevarlo a Cristo, de la inquietud apostólica de los primeros cristianos, de la filiación divina, de la sinceridad, lealtad y alegría, para enrolarse en esta empresa de Dios.

Encarnita se siente deslumbrada por esta panorámica. Y se asusta. No comprende que Dios pueda solicitar su vida sin preámbulo alguno. Hace el propósito de no indagar más, pero no puede silenciar este grito dentro de su alma. Su ánimo oscila en sentimientos contradictorios. El último día, cuando don Josemaría la llama para despedirse, todo se calma, se apacigua. Le inunda una decisión firme y tranquila. Una seguridad honda, casi sobrecogedora.

-«Sólo quería decir una cosa: que estaba dispuesta a todo»(61).

El Fundador le explica, entonces, la dureza del camino que va a emprender: pobreza, disponibilidad, renuncia a toda conveniencia personal… Pero ya no importa nada. Esta mujer ha tomado su decisión. Al día siguiente, conocerá a Enrica Botella. Son, en esa fecha, las dos únicas vocaciones femeninas del Opus Dei en Valencia.

A lo largo de estos meses, el Padre vendrá muchas veces desde Madrid. Se ocupará personalmente de su formación. Otras amigas empiezan a frecuentar su dirección espiritual. Un alto número de vocaciones se aproxima.

El Padre les habla del verdadero espíritu de la mujer fuerte: aquella que en pie, como la Virgen junto a la Cruz, ante el amor y la dificultad, mantiene la alegría y el esfuerzo. Esa cuya luz no se apaga ni siquiera en medio de la noche, porque Dios, eternamente en vela, está impulsando sus manos y su corazón.

A su muerte, el Fundador del Opus Dei contaba con hijas de su espíritu dedicadas a las más variadas profesiones y oficios. Gerentes de Empresa, profesoras de Universidad, empleadas, abogados, médicos, doctoras en Teología… Y otras que habían llevado su preparación y competencia también a las tareas del hogar. A lo largo de sus recorridos por el mundo, el Padre ha encontrado personas de toda condición que han agradecido, públicamente, está inclusión de cualquier oficio en la idéntica llamada a la santidad.

Desde agosto de 1940 acude a su dirección espiritual Nisa González Guzmán. Ha conocido al Padre en León y, como en los casos anteriores, se ha sentido atraída inmediatamente por la sinceridad y la fe de este sacerdote que quiere poner el mundo a los pies de Cristo. Esta mujer joven que habla varios idiomas, que ha viajado mucho y tiene una vida holgada junto a los suyos, no se ha planteado nunca el problema de una vocación de entrega total a Dios. Pero, desde que conoce a don Josemaría Escrivá de Balaguer, camina frente al cielo limpio de su tierra con un arduo dilema de generosidad. Porque la idea del Opus Dei ha echado raíces en su alma. Y en mayo de 1941 aparece en Madrid y se encamina a la Residencia de Diego de León. Le pide al Padre que acepte su decisión de formar parte del Opus Dei (62).

Mientras se busca una casa adecuada para la Sección de mujeres de Madrid, Nisa retorna con los suyos. Recibe noticias frecuentes de Encarnita, Lola… Y del Padre, que le anima a prepararse para seguir con pie firme los caminos universales que ha de andar la Obra.

En agosto de 1941 vuelve a Madrid. En estas fechas la casa de Diego de León está vacía y presta alojamiento a las primeras mujeres del Opus Dei. El Padre les imparte un curso intenso de formación. Les habla de crecer para adentro, de echar hondas raíces en la tierra nueva del espíritu de la Obra. Abre el horizonte de este mar sin orillas y pide para todas una «fe de fuego». Una ardiente clarividencia que las lleve por todos los caminos de la tierra.

Al cabo de los años, Nisa cruzará repetidamente las rutas del mundo: Francia, Canadá, Estados Unidos, Italia, Inglaterra. Algunas veces será la primera en llegar -enviada por
el Fundador- en busca de un espacio en el que puedan acampar los pasos del Opus Dei.

El 14 de febrero de 1930

movimiento Opus Dei  Tagged , , , , , , No Comments »

“Tiempo de caminar”, libro de Ana Sastre sobre el fundador del Opus Dei.

La Sección de mujeres del Opus Dei custodia, en la Sede Central de Roma, una pequeña imagen de la Virgen. Ocupa una hornacina de mármol en la pared lateral de una sala. Esta imagen es policromada y ha protagonizado una larga y entrañable historia: la mandó tallar el Fundador de la Obra cuando las primeras vocaciones iniciaban su camino en Madrid. Tiene la Virgen un perfil estilizado, una actitud ingenua. Acoge en sus brazos a un niño menudo, arropado por la protección de su Madre. Los pliegues del manto confluyen hacia los pies dándole un aire de levedad, de ingravidez, como si el Amor que la sustenta llevara sus pasos de puntillas en el desvelo por lo amado. En el pedestal, dos palomas quietas acentúan la serenidad del conjunto.

Monseñor Escrivá de Balaguer dijo siempre que la Sección de mujeres del Opus Dei había sido un deseo de Dios, ya que su voluntad era ajena, e incluso contraria, a tal proyecto.

«Estáis en la Iglesia trabajando, porque Dios lo ha dispuesto expresamente. Y no tenéis Fundadora (…). Vuestra Fundadora es la Madre de Dios, la Virgen. Por eso quiero que haya una imagen de la Virgen en todos los oratorios; por eso la tenemos por todos lados»(1).

A partir del 2 de octubre de 1928, don Josemaría desarrolla una tarea ingente. Sin abandonar ninguno de los trabajos que antes realizaba, se dedica de lleno a lo que, ahora, sabe con claridad que Dios le pide. Siempre tendrá el convencimiento de que hace poco y buscará el modo de trabajar más, de rezar más, de entregarse más. Se mortifica duramente: apenas come, duerme muy poco. Recurre a la ayuda de su Angel Custodio para cualquier problema: que le ponga en marcha el reloj, cuando se le estropea, o que le despierte a la hora prevista por la mañana. Y pone en juego su tesón invencible para cumplir la misión que Dios le ha encomendado.

Mantiene correspondencia frecuente con gran número de personas. Sus cartas suelen ser breves, afectuosas y con palabras que transmiten el fuego del amor de Dios. También sus relaciones personales de amistad son así. Los que acuden a su lado sienten como vértigo al descubrir el inmenso y nuevo panorama que abre ante sus almas con rasgos poderosamente cincelados.

Durante casi un año y medio trabaja en la convicción de que la Obra está dirigida exclusivamente a hombres.

Entre todas las informaciones que ha recibido acerca de otras instituciones, ha llegado a sus manos la documentación relativa a una Asociación integrada por hombres y mujeres. Cuando reflexiona sobre aquello, anota en sus apuntes:

«Nunca habrá mujeres -ni de broma- en el Opus Dei. Y a los pocos días… el 14 de febrero: para que se viera que no era cosa mía, sino contra mi inclinación y contra mi voluntad” (2).

El día 14 de febrero de 1930, don Josemaría va a celebrar la Santa Misa, como tantas veces, en casa de la Marquesa de Onteiro. Camina hacia la calle de Alcalá Galiano en esta mañana traspasada por el frío de Madrid. Es viernes: día en que la Iglesia contempla el amor de Dios, muerto en la Cruz por los hombres. Sólo han pasado quince meses y doce días desde aquel 2 de octubre de 1928, cuando el Señor quiso confiarle su mensaje: traducir su presencia en todos los caminos de la tierra.

El oratorio está construido en la planta primera de un hotelito que ya no existe. La entrada se hacía por una pequeña puerta que comunicaba con el jardín. Este 14 de febrero, don Josemaría empieza el Santo Sacrificio de la Misa; va leyendo las oraciones litúrgicas del día y llega a la Comunión. Y, cuando junta las manos, para agradecer la presencia de Cristo en su corazón, tiene la evidencia de que Dios quiere completar su Obra con una Sección de mujeres, que viva el mismo espíritu. En muchas ocasiones hablará de aquel momento a sus hijas:

«No pensaba yo que en el Opus Dei hubiera mujeres. Pero, aquel 14 de febrero de 1930, el Señor hizo que sintiera lo que experimenta un padre que no espera ya otro hijo, cuando Dios se lo manda. Y, desde entonces, me parece que estoy obligado a teneros más afecto: os veo como una madre ve al hijo pequeño»(3). Más adelante volverá a decir: «Si -en 1928- hubiera sabido lo que me esperaba, hubiera muerto: pero Dios Nuestro Señor me trató como a un niño: no me presentó de una vez todo el peso, y me fue llevando adelante poco a poco… »(4). Y subrayará, una vez más, esta certeza:

«Vinisteis a la vida de la Iglesia en un momento en que no os esperaba, y yo agradezco a Dios Padre, a Dios Hijo, y a Dios Espíritu Santo y a la Santísima Virgen este vuestro nacer; agradezco el teneros»(5).

Más adelante, don Josemaría contrastará la inspiración divina que ha recibido con la opinión del confesor, quien le confirma una vez más: «Esto es tan de Dios como lo demás»(6).

Por Voluntad de Dios, pues, el Opus Dei pasa a tener, desde este día 14 de febrero de 1930, dos Secciones, una de hombres y otra de mujeres.

Las dos estarán cimentadas, desde el principio y para siempre, en la unidad de la misma raíz, de la misma vida y de idéntico fin. Son dos fuerzas que convergen en el corazón del Fundador.

Acaba de nacer -en un día que proclama final de invierno madrileño- algo imprescindible en la vida de la Obra: la presencia de la mujer para convertir el trabajo, el mundo, los caminos y los lugares, en un hogar universal que acoja las almas todas de la tierra.

Nuevos ataques del gobierno a la Iglesia

iglesia  Tagged , , , , , , , No Comments »

“La fundación del Opus Dei”. Libro escrito por John F. Coverdale, en el que narra la historia del Opus Dei hasta 1943.

Las actividades del Opus Dei con mujeres estaban en sus comienzos cuando el gobierno dictó leyes y reglamentos para cumplir las medidas antirreligiosas de la Constitución. En enero de 1932, disolvió la Compañía de Jesús y confiscó sus propiedades. En febrero, introdujo el matrimonio civil y el divorcio y quitó los crucifijos de las aulas en las escuelas públicas. Pronto suprimió las capellanías de los hospitales públicos. Otro decreto disponía que cualquier persona que no hubiera declarado expresamente en acta notarial que deseaba un entierro religioso recibiera únicamente exequias civiles.

De modo muy particular en localidades pequeñas, algunos funcionarios furiosamente anticlericales disfrutaron prohibiendo procesiones, el toque de campanas de la iglesia y otras manifestaciones de religiosidad popular. Tales medidas no pasaban de ser molestias relativamente pequeñas, pero muchos cristianos, para quienes dichas ceremonias formaban parte del modo de vivir, se sintieron insultados; las medidas radicales, como la declaración de que España había dejado de ser un país católico, podían olvidarse rápidamente; pero los intentos de limitar la religión a la esfera privada llevaron a muchos católicos a alejarse definitivamente de la República.

Encarnita Ortega Pardo

movimiento Opus Dei  Tagged , , , , , , , No Comments »

Comienza en Valladolid el proceso de canonización de Encarnita Ortega Pardo, una de las primeras mujeres del Opus Dei.

Opus Dei -  Muchas personas quisieron participar en el acto celebrado en el colegio  Alcazarén

Muchas personas quisieron participar en el acto celebrado en el colegio Alcazarén

El  proceso de canonización de Encarnación Ortega Pardo (1920-1995) fue abierto anoche en Valladolid, en un acto presidido por el arzobispo de la ciudad, monseñor Braulio Rodríguez Plaza, y celebrado en el Colegio Alcazarén.

Se trata de una de las primeras fieles del Opus Dei. Pidió la admisión como numeraria en 1941. Encarnita pasó en Valladolid los 25 últimos años de su vida, y está enterrada en el Cementerio de El Carmen.

El arzobispo explicó que “la Iglesia instruye estos procesos de santidad de hermanos nuestros pensando en nosotros”.

Mons. Braulio Rodriguez pidió a los presentes su oración “para que el Tribunal Archidiocesano de Valladolid desarrolle bien su trabajo, buscando la verdad y rezando también por las personas que testificarán en él”.

A partir de hoy el Tribunal nombrado por el arzobispo procederá a recibir la testificación de los testigos, una vez realizados los trámites previstos en la Instrucción Sanctorum Mater de la Congregación para las Causas de los Santos.

Opus Dei -

Por su parte, el postulador de la Causa, José Carlos Martín de la Hoz, se preguntó si la sierva de Dios “puede ser una de esas personas que han recorrido el camino de la santidad y han alcanzado la heroicidad de las virtudes cristianas”. ·La Iglesia nos pide ahora que demostremos que su vida en el Opus Dei, durante cincuenta y cuatro años, fue verdaderamente heroica”, añadió.

“Por eso –dijo también el postulador-, el prelado del Opus Dei, en nombre y representación de todos los fieles de la Prelatura, me ha encargado que proponga a  la Iglesia Archidiocesana de Valladolid que tome su vida en consideración, y reúna todas las pruebas necesarias para examinarla con profundidad y determinar si puede ser considerado como ejemplo y como intercesor para todos los cristianos”.

Opus Dei -

Encarnita fue una de los principales colaboradoras del fundador en Madrid y Roma en los primeros años (1941-1961), y falleció con fama de santidad el 1 de diciembre de 1995.

En 1946 se trasladó a Roma, donde colaboró con san Josemaría en la expansión del Opus Dei por el mundo. Volvió a España en 1961 y colaboró en diversas iniciativas apostólicas donde desarrolló una intensa labor apostólica y profesional en Barcelona, Oviedo y Valladolid.

En 1980 se le diagnosticó un cáncer. Convivió con la enfermedad durante quince años, sin disminuir por eso el ritmo de trabajo. Una intensa vida de piedad la llevó a convertir la amistad humana en ocasión de ayudar a los demás a encontrar a Jesucristo.

Universidad y vida

compromiso  Tagged , , , , , No Comments »

Con motivo de la nueva ley del aborto Universidad de Navarra, la Universidad de Navarraha difundido una declaración, en la que afirma que “la historia juzgará nuestra pasividad cómplice o nuestro compromiso solidario con el débil. No hay mejora sin cambio. Hoy es el día de cambiar en España, en Europa y en el mundo”.

www.unav.es

El texto de la declaración señala que “el avance científico nos brinda hoy datos clave desconocidos en buena parte del siglo XX” y se pregunta “qué coraje social mostramos con esa evidencia desde los ámbitos universitarios, políticos, económicos…”.

Opus Dei -

El documento está firmado por los decanos de las Facultades de Medicina, Enfermería, Ciencias y Farmacia, y el director general de la Clínica Universidad de Navarra.

Tras expresar su apoyo a las mujeres con embarazos imprevistos, afirma que “saber es un derecho”, “la vida que comienza es asunto de tres” y que “una sociedad que protege al débil es fuerte”.

Opus Dei -

La declaración afirma que “todos tenemos alguna responsabilidad ante la historia y 2009 puede marcar el comienzo de un hito, como en su momento fue la abolición de la esclavitud y como ojalá pronto sea la derrota del hambre y la pobreza”. Concluye que “la historia juzgará nuestra pasividad cómplice o nuestro compromiso solidario con el débil. No hay mejora sin cambio. Hoy es el día de cambiar en España, en Europa y en el mundo”.

Declaración completa
Con motivo de la nueva ley del aborto en España, los decanos de las Facultades de Medicina, Enfermería, Ciencias y Farmacia, y el director general de la Clínica de la Universidad de Navarra queremos proponer y compartir una reflexión serena sobre una realidad compleja que trasciende los límites de nuestro país y el presente que nos toca vivir.

Celebramos que la humanidad ha avanzado tanto a lo largo de la Historia, entre otras razones, porque nos hemos equivocado mucho. Todos. Todos tenemos alguna responsabilidad ante la historia y 2009 puede marcar el comienzo de un hito, como en su momento fue la abolición de la esclavitud y como ojalá pronto sea la derrota del hambre y la pobreza.

Comprendemos el sufrimiento de muchas mujeres ante un embarazo imprevisto. Necesitan un apoyo que sólo personas con corazón pueden prestar… y hay muchas personas así. La defensa de esas mujeres clama a nuestra conciencia y una mirada compasiva nos recuerda que otro ser humano comparte esa tragedia en una posición de mayor debilidad todavía. El avance científico nos brinda hoy datos clave desconocidos en buena parte del siglo XX. Qué coraje social mostramos con esa evidencia desde los ámbitos universitarios, políticos, económicos…

Nos negamos a solucionar la tragedia de un embarazo indeseado con la tragedia superior del aborto. Nos negamos a incorporar las técnicas abortivas a los contenidos de la educación. Nos comprometemos a formar profesionales para curar, investigar y ayudar.

Nuestra ilusión es que la educación y la información lleguen a todas las mujeres. Saber es un derecho.

Nuestra ilusión es que una mujer embarazada nunca se encuentre sola, sino que el padre y el hijo también cuenten. La vida que comienza es asunto de tres.

Nuestra ilusión es que la pugna política y la legislación compitan por la defensa de los más débiles, el hijo y la madre. Una sociedad que protege al débil es fuerte.

Nuestra ilusión es facilitar que padres incapaces de hacerse cargo de un niño encuentren a otros que pueden y lo desean. Una solución para dos problemas.

Nuestra ilusión es que pronto se estudie como histórico el triunfo de una humanidad valiente que superó el aborto como superó la esclavitud. El orgullo de ser humano.

Nuestra ilusión es que los hombres y las mujeres tomemos decisiones hoy que nuestros hijos aplaudan mañana. Podemos transmitir más de lo que heredamos.

Nuestra ilusión es que la medicina, la enfermería, la biología, la farmacia y la universidad en general sean aliados por la vida.

La historia juzgará nuestra pasividad cómplice o nuestro compromiso solidario con el débil. No hay mejora sin cambio. Hoy es el día de cambiar en España, en Europa y en el mundo.

Declaración firmada por:

José Andrés Gómez Cantero, director general de la Clínica Universidad de Navarra;
María Pilar Civeira, decana de la Facultad de Medicina;
Iciar Astiasarán, decana de la Facultad de Farmacia;
Ignacio López Goñi, decano de la Facultad de Ciencias;
Mercedes Pérez, directora de la Escuela de Enfermería

Pamplona, 15 de diciembre de 2009


WordPress Theme & Icons by N.Design Studio. WPMU Theme pack by WPMU-DEV.
Entries RSS Comments RSS Acceder