Pintores solidarios por la India

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Josephine Kunacherry es médico y numeraria del Opus Dei. Nació en Kerala (India) y es antigua alumna de la Universidad de Navarra. Recientemente ha organizado la exposición “Pintores Solidarios por la India”en la Galería Braulio de Castellón

Al terminar la carrera, Josephine ejerció su profesión en España y posteriormente dirigió un Hospital en Nigeria. Vive en Delhi desde 1997, donde dirige el Proyecto socio-sanitario Family Health Care.

Recientemente volvió a España para inaugurar en Castellón una exposición de pintores solidarios organizada por la Fundación DASYC.

Kunacherry habla con satisfacción de su trabajo en la India: “después de muchos años fuera, volví a mí país con la ilusión de hacer algo útil por la gente de aquí. Quería poner en la práctica lo que aprendí en estos años, primero en la Universidad de Navarra y luego en mi trabajo como ginecólogo en Europa y en el Continente Africano”.

Hace unos años, Josephine fue una de las mujeres que empezó la labor apostólica del Opus Dei en la India. “En mis primeros días en Delhi, recorrí la ciudad en busca de un trabajo para situarme profesionalmente. Uno de esos días tropecé con una señora por la calle a la que había saludado con una sonrisa y me sorprendió con una pregunta: “¿eres feliz?”. Aunque al principio me desconcertó, inmediatamente le respondí que sí, muy feliz…. Ella me contestó “si eres feliz, demuéstramelo”.

Delhi

Con esta curiosa conversación empezó mi amistad con Nilisha, que es de religión hindú. Con ella y algunas amigas hemos empezado una ONG en Delhi con el fin de proporcionar educación a mujeres y niños en temas básicos de salud. Atendemos a muchos pacientes en un dispensario que hemos montado en una zona muy pobre de la ciudad”.

Para sacar adelante económicamente este proyecto social, se comenzó de forma paralela a trabajar en la clínica con pacientes privados por las mañanas. “Todos saben que indirectamente están ayudando a personas con menos medios que ellos y colaboran generosamente. Por las tardes y los fines de semana atendemos muchos suburbios de Delhi donde viven bastantes inmigrantes. Con la ayuda de más de 200 voluntarios, médicos y otros profesionales, hemos podido atender a cerca de 22.000 personas en estos años. La mayoría de los voluntarios son gente joven de diferentes religiones. Todos dicen que han ganado más felicidad al dar su tiempo para colaborar con Family Health Care”.

Pintores solidarios

Son innumerables las gestiones para conseguir fondos y salvar nuevas vidas. Entre otras, Josephine contactó a través de una amiga con la Fundación Dasyc que organizó la exposición “Pintores Solidarios por la India”en la Galería Braulio de Castellón. En este proyecto han colaborado numerosos artistas de la Comunidad Valenciana que han cedido sus obras para ayudar en este proyecto solidario. Gracias a los fondos recaudados, se podrá vacunar a más de 500 niños y empezar un nuevo programa en un barrio marginal de 15.000 habitantes.

¿Qué es una Administración en el Opus Dei?

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Silvia Paternó es administradora de un Centro del Opus Dei. Licenciada en administración de Empresas de Servicio e Instituciones, gestiona las tareas domésticas de una casa en la que viven 35 personas.

La Administración en los centros del Opus Dei -que son siempre hogares cristianos: residencias de estudiantes, de profesionales, de obreros, etc.- se ocupa como en cualquier familia de lagestión doméstica que atiende los servicios de manutención y limpieza de la casa, cocina y ropa.

En esas residencias grandes, la administración es un centro anexo -independiente- con locales adecuados al trabajo que se realiza, con una zona de vivienda para las personas que lo llevan a cabo.

Este trabajo facilita -mas aún: posibilita- toda la labor apostólica del Opus Dei, y se convierte así -como decía san Josemaría- en el apostolado de los apostolados.

Silvia Paternó dirige una administración que atiende diariamente 35 personas. Anteriormente formó parte del equipo directivo de Villa Sacchetti, administración de la sede central del Opus Dei en Roma, donde viven y trabajan las personas que colaboran con el Prelado en el gobierno pastoral del Opus Dei.

“La administración en los centros hace posible que se pueda atender diariamente -además del propio trabajo profesional- las actividades de formación cristiana y la atención de las labores apostólicas del Opus Dei”.

“Pero también he administrado centros más pequeños en Argentina -cuenta Silvia-. En realidad el trabajo es el mismo: se trata de atender lo que es conocido en el ámbito profesional como servicios de base, adaptándose a la realidad de las personas que viven en el centro administrado: jóvenes o menos jóvenes, mujeres u hombres, personas que deben seguir un régimen especial… y de la labor apostólica que se lleva a cabo”.

¿Qué preparación profesional tiene?

Estudié administración de Empresas de Servicio e Instituciones. Luego he ido completando mi formación con diversos seminarios y cursos sobre Gestión, Dirección, Recursos Humanos y algunos cursos específicos sobre los servicios en que trabajo habitualmente: Alimentos, Mantenimiento de la vivienda, Lavandería, Housekeeping.

Estoy convencida de que, como decía san Josemaría, la formación no termina nunca. Es importante mantener encendida la ilusión profesional que te permite realizar un servicio cada vez mejor. La atención de la gestión doméstica necesita -como cualquier trabajo que se quiere santificar- una verdadera preparación profesional.

Siempre me sentí inclinada hacia este tipo de actividades. La verdad es que nunca tuve dudas sobre mi vocación profesional. Estos 25 años de trabajo me han dado, gracias a Dios, muchísimas satisfacciones aunque también -no lo niego- algún que otro dolor de cabeza…

¿Qué plan de trabajo sigue habitualmente?

Los días de fiesta -un cumpleaños, por ejemplo- también se celebran en la mesa con una comida un poco más especial.

Aunque parte del quehacer diario -como para la mayoría de las personas- es atender imprevistos, el trabajo de la administración no se improvisa, se organiza. Se planea con tiempo suficiente, para que las cosas vayan saliendo con una cierta tranquilidad y orden. Lo que se realiza diariamente funciona en la medida que se ha organizado con anterioridad.

Cada día se limpian las distintas zonas de la casa con un horario fijo para empezar y terminar. Luego hay un tiempo de trabajo en las distintas áreas: cocina, comedores, lavandería. Se sigue el plan semanal o mensual establecido para cada zona con las particularidades de ese día, por ejemplo: proveedores que vendrán, entrega de sábanas y toallas o ropa personal, alguna celebración que implica un menú especial, una limpieza extraordinaria.

En reuniones periódicas se revisa la marcha de los trabajos, se solucionan posibles necesidades que surgen y se estudian las sugerencias que se hacen para mejorar cada servicio.

Además está lo que llamo “tiempo de escritorio”, fundamental para plasmar lo que decía al principio. En estas horas estudio un cuadro de organización, confecciono el menú del mes siguiente, hago la lista de compras, preparo un presupuesto, atiendo a las personas que quieren plantear algún asunto, y un largo etc., que adivinará cualquier mujer que se dedique al trabajo de su hogar.

¿Qué aptitudes hacen falta? “Entender y querer lo que significa atender un hogar, tener un gran amor a estos trabajos, elegirlos como vocación profesional, amar el trabajo concreto, saber trabajar en equipo y saber delegar”.

¿Cuentan con personal especializado?

Sí, generalmente se cuenta con personal especializado en las distintas áreas, pero también parte del trabajo es su formación; por ejemplo, hay no poca gente joven que quiere capacitarse para esta profesión. Es importante aprender a enseñar, transmitir la experiencia de modo enriquecedor para quienes se incorporan al equipo.

¿Qué cualidades se debe tener para desempeñar este trabajo?

Es una pregunta bastante difícil de responder en pocas palabras. En primer lugar pienso que debes entender y querer lo que significa atender una casa, hacer un hogar, tener un gran amor a estos trabajos. Luego, elegirlo como vocación profesional, con lo que supone de dedicación y preparación porque piensas que tienes aptitudes, te gusta y, como cualquier otro trabajo, lo ves como un modo de servir a los demás.

Descendiendo a detalles más concretos -además de los conocimientos técnicos específicos-, entre las aptitudes personales subrayaría la necesidad de tener visión de conjunto para llevar el pulso de la marcha de todos los servicios, el amor por lo concreto, el saber trabajar en equipo y saber delegar, “hacer hacer” como decía san Josemaría, con confianza en las personas. También me parece importante tener buen gusto y sentido estético: la belleza es importante para el buen vivir.

Además destacaría cierta inclinación natural por el orden, y saber valorar la experiencia recibida junto a una mentalidad abierta y flexible ante cambios y situaciones nuevas.

Lógicamente, nadie nace sabiendo todo. Repito, me parece muy importante mantener vivo el afán de aprender y mejorar.

¿No sería preferible que las personas de la casa, residentes, dedicaran más tiempo a estos trabajos y así también se necesitaría menos personal en la administración?

Quienes viven en el centro administrado, como en cualquier hogar, colaboran -guardando una total separación e independencia-, de forma activa. Respetan el horario de comidas, entregan la ropa para lavar el día establecido, procuran dejar las habitaciones en orden y ventiladas antes de que pase el equipo de limpieza, avisan con anticipación lo que pueda haber de extraordinario en la semana. Todas estas cosas, aunque parezcan detalles corrientes y diarios, facilitan enormemente el trabajo.

“Esta profesión debe estar bien retribuida y bien considerada en la sociedad. También me parece positivo que los hombres colaboran cada vez más en las tareas de la casa”.

Por otro lado, el cuidado y mantenimiento de los centros del Opus Dei que, por la labor apostólica que se desarrolla en cada uno, suelen ser más bien grandes, supone también otros muchos trabajos, atenciones y arreglos de los que se encargan los residentes.

La administración en los centros hace posible que se pueda atender diariamente -además del propio trabajo profesional- las actividades de formación cristiana y la atención de las labores apostólicas del Opus Dei.

Además, pienso que este trabajo tiene una repercusión social importante: una casa cuidada, un ambiente limpio y alegre, una comida caliente cuando hace frío (y viceversa) se agradece, pero a la vez es exigente: lo limpio llama a lo limpio, el servicio a la puntualidad…; y como es algo bueno, casi sin darte cuenta, llevas ese ambiente a tu lugar de trabajo, a los espacios públicos, a las reuniones con tus amistades; y se facilita la convivencia, todo se hace más amable: es decir, damos nuestro aporte al crecimiento de la vida familiar, contribuyendo a la unidad en una sociedad que con frecuencia da señales de disgregación.

¿Y es rentable?

La rentabilidad no es un criterio unívoco, ya que entran muchas variables difíciles de contabilizar con la misma medida. Hay muchas cosas que quizá parecen poco rentables hablando en términos económicos, pero que tienen una gran eficacia humana y sobrenatural. Si me permite, yo le preguntaría: ¿cuánto es rentable el trabajo de una madre, en la educación de sus hijos o cuando vela un enfermo? Me parece que son aspectos impagables y de un valor esencial para la sociedad.

Por otro lado, sin duda, una atención profesional de estos servicios, teniendo en cuenta el presupuesto de cualquier casa para necesidades de alimentación, ropa, etc., genera un aprovechamiento racional de los recursos, se evitan muchos gastos, por ejemplo de productos o servicios caros que muchas veces hay que pagar por falta de tiempo (pre-cocinados, tintorería, una mayor cantidad de ropa o productos de limpieza), se amortizan las cosas hasta el final, conservándolas en buen estado, se reciclan, etc.

A la vez, sostengo que esta profesión -que es de gran altura- debe estar bien retribuida y bien considerada en la sociedad.

¿Es de la opinión que las mujeres tienen más aptitudes, hablando en líneas generales, que los hombres para atender el trabajo de la casa?

Por supuesto que sí, y esto no va en detrimento de nadie, aunque también sea cierto que -en la actualidad- los hombres colaboran más en las tareas de la casa, debido a que muchas mujeres trabajan fuera. Y esto me parece un hecho positivo.

El papel de la mujer es insustituible, porque, por naturaleza, tiene unas cualidades que la hacen capaz de dar vida a la humanidad y dar humanidad a la vida, como alguien ha sintetizado el pensamiento de Juan Pablo II en Mulieris Dignitatem. Está en sus manos el hacerlas fructificar.

¿Son del Opus Dei todas las personas que trabajan en la administración de los centros del Opus Dei?

No. Depende de los centros, de los países, etc. Ordinariamente el trabajo y los servicios están dirigidos por gente del Opus Dei que tiene esa profesión: generalmente, por su mayor disponibilidad, por numerarias y numerarias auxiliares; pero también en casas de convivencias y algunos centros esta tarea la realizan otras personas que no son del Opus Dei.

Una mujer que trabaja por la mujer en India

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Fátima Villanueva cuenta con en este testimonio la aventura en la que se encuentra embarcada en los últimos tres años de su vida: Kamalini, un Centro de Capacitación para la mujer india en Nueva Delhi.

Bilbaína de nacimiento y afincada desde hace 14 años en Delhi donde se marchó para comenzar la labor apostólica de la Obra, Fátima Villanueva ha pasado unos días por España y cuenta con pasión la aventura en la que se encuentra embarcada en los últimos tres años de su vida: crear en Nueva Delhi un Centro de Capacitación para la mujer india –Kamalini–, en el que puedan formarse 560 mujeres.

En un país con 1.100 millones de habitantes donde se hablan 325 lenguas y 1.650 dialectos, conviven grandes contrastes y sobre todo mucho desequilibrio social. La cima de la tecnología y los profesionales más competitivos coexisten con altas tasas de analfabetismo, o uno de los mayores negocios farmacéuticos del mundo con elevados niveles de infecciones y epidemias.

¿Por qué decidiste implicarte en este proyecto de ayuda a la mujer?

Cuando hace catorce años llegué a la India me chocaba todo: ¡lo bueno y lo menos bueno! Ahora puedo decir que me admiro con todo: ¡con lo bueno y lo menos bueno! ¿Cuál es la diferencia? No lo sé, pero realmente me ha cambiado la  perspectiva. Supongo que al llegar, todo era extraño para mí, ahora de algún modo es algo mío. Entiendo mejor las cosas y así me encuentro con más derecho de hacer una crítica positiva de lo que no me parece bien. Quiero mejorar esto último y a la vez ser agradecida con lo bueno que recibo del país.

¿Qué es lo que más te ha impactado sobre la situación de la mujer en este país?

En Delhi estoy en contacto diario con muchas mujeres indias, con quienes me relaciono habitualmente por trabajo, amistad, etc. Tenemos muchas cosas en común y trato de apoyarme en eso y tratar con respeto aquello en lo que no coincidimos.

Además hay muchas mujeres que están en la calle: trabajando en unas obras, acarreando ladrillos sobre su cabeza, o picando piedra. Otras están limpiando en condiciones poco dignas, o cocinando sin un mínimo de higiene. Otras mendigando para conseguir cuatro rupias que luego tendrán que dar a sus maridos para que las malgasten. Otras, chicas jóvenes que vienen de los pueblos a Delhi a ganar dinero, con la mejor intención, y caen en manos de agencias sin escrúpulos que las explotan en todo tipo de actividades.

Viendo estas cosas, y muchas más, no podía quedarme indiferente. Así es como comenzamos a pensar acciones sociales en la línea de promover posibilidades para las mujeres menos afortunadas, que les lleven a tener una vida más digna, como el proyecto Kamalini. Desde 2007 contamos con la colaboración de una fundación española, Dasyc. En esta labor siempre me ha parecido importante implicar a mujeres indias de clases sociales más favorecidas que sean solidarias con las otras. Parece de perogrullo, pero no siempre resulta fácil conseguir este objetivo. El sistema de castas en India es todavía muy fuerte.

¿Qué valores piensas puede transmitir la mujer india a una mujer española?

La paciencia ante las dificultades, el no crearse necesidades que ciertamente no lo son. Vivir con sobriedad. A veces se confunden estas cosas con la pasividad. Ciertamente en ocasiones puede serlo, pero no cabe duda de que la sobriedad es un valor que tienen, y que las mujeres europeas, por estar completamente “acolchadas” por la sociedad del bienestar, no somos capaces de aguantar.

¿Cómo podemos apoyar un proyecto como Kamalini?

Aunque a veces a la gente le gusta la participación directa porque hace sentirse bien, en países como India, la mejor ayuda de un extranjero es la de facilitar donativos para que otras personas nativas o personas establecidas en el país y conocedoras de su idiosincrasia, puedan llevar a cabo una labor eficaz. Estas mujeres a las que queremos ayudar, jóvenes y menos jóvenes, estarán más receptivas a mujeres más cercanas a ellas: por idioma, mentalidad etc. Y el aprendizaje será siempre más eficaz.

Creo que ayudarles es una cuestión de solidaridad, pero también de justicia. Reconozco que aunque el trabajo de quienes llevamos a cabo este tipo de iniciativas resulta arduo en ocasiones, a la vez es muy gratificante ver los progresos en la vida y entorno de estas mujeres. En realidad, ellas serán los agentes de cambio de la sociedad india en el futuro.


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