Imagen de san Josemaría en Nª Sª de la Merced

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El pasado viernes tuvo lugar en la Basílica de Nª Sª de la Merced (Barcelona) la bendición de una imagen de san Josemaría Escrivá de Balaguer. Presidió el acto el arzobispo de Barcelona, Mons. Lluís Martínez Sistach, acompañado de Mons. Javier Echevarría, obispo prelado del Opus Dei.

Opus Dei - El Prelado, junto a la Virgen.

El Prelado, junto a la Virgen.

La colocación de la imagen en la Basílica ha sido una iniciativa de la Hermandad de Nª Sª de la Merced, para conmemorar la entrañable relación de san Josemaría con la patrona de Barcelona. En la imagen, figura el santo encomendándose a la Merced. Como recordó Mons. Martínez Sistach, “el 21 de junio de 1946 hay un hecho importante vinculado a esta basílica. Importante para todos, para toda la Iglesia: es la visita de san Josemaría, quien después acudiría en otras ocasiones. Entonces, emprendía un viaje a Roma. Tras las gestiones que realizó allí, volvió de nuevo para agradecer a Nª Sª de la Merced el resultado de las gestiones realizadas. San Josemaría, en este templo, suplicó con fe y confianza filial la intercesión de María, bajo su advocación de la Merced. La Virgen María, que es también Madre nuestra, lo escuchó”.

El objetivo de aquel viaje fue conseguir una aprobación pontificia para el Opus Dei, con la que abrir camino al cumplimiento que Dios había manifestado al sacerdote el 2 de octubre de 1928. En el relieve bendecido se representa a san Josemaría rezando ante Nª Sª de la Merced. Asimismo, incluye una imagen del templo de la Sagrada Familia.

Sobre esta imagen, Mons. Javier Echevarría comentó que “la familia es un tema de mucha actualidad en el mundo”, y recordó que “los hijos son la prueba más grande de la confianza de Dios”. También pidió “por las intenciones del Sr. arzobispo, ahora que empieza su camino en esta archidiócesis”. Finalmente intervino el rector de la Basílica de la Merced, Mn. Salvador Cristau, que agradeció la presencia del arzobispo y del prelado.

“Cuando, pasado el tiempo, se escriba la historia del Opus Dei, habrá que resaltar -¡cuántos acontecimientos vienen a mi memoria!- los hechos que vieron la luz en esta ciudad condal, entre vosotros y bajo la mirada de la Virgen María de la Merced”. Estas palabras de san Josemaría, pronunciadas en Barcelona en el año 1966, muestran la profunda devoción que tuvo el santo por Nª Sª de la Merced de Barcelona. Fue el suyo un aprecio filial, que se fortaleció con el paso de los años. El fundador estableció la costumbre de visitar a la Madre de Dios en su advocación de La Merced cuándo pasaba por la capital catalana. Se postraba a sus pies, le abría su corazón y le confiaba sus intenciones.

Opus Dei - Imagen del relieve, situado tras el camarín de la Virgen.

Imagen del relieve, situado tras el camarín de la Virgen.

Esta estrecha relación se inició con la visita del 21 de junio de 1946. Aunque no era la primera vez que acudía: conocía la imagen de años atrás, y había animado a los barceloneses que se acercaban a su tarea pastoral a acudir a su intercesión. Pero aquella fecha tuvo una significación especial. Horas antes de embarcar hacia Roma, san Josemaría encomendaba a la Virgen María, delante del camarín, el trascendental propósito de aquel viaje: obtener una aprobación pontificia para el Opus Dei que abriera camino al cumplimiento que Dios le había manifestado el 2 de octubre de 1928.

María escuchó su ruego: la Santa Sede concedió el Breve ‘Cum Societatis’, expreso asentimiento pontificio a la tarea pastoral, y la carta ‘Brevis Sane’, de alabanza de los fines de la institución. Cuatro meses más tarde, san Josemaría volvió a la basílica barcelonesa para dar gracias. El hecho reafirmaba el convencimiento de sentirse bajo la amorosa protección de María, que había manifestado muchas veces. El recuerdo de este favor permanecería presente en sus viajes, y sería ocasión para renovar el agradecimiento a la patrona de Barcelona. Estas visitas de san Josemaría buscando la intercesión de María fueron frecuentes. Se tiene constancia, entre otras, de las que hizo en 1962, 1966, y 1972. En esas ocasiones procuraba ir primero a visitar a la Merced, y antes de marcharse, acudía de nuevo. Una costumbre que han seguido después sus sucesores al frente del Opus Dei.

El Prelado participó en un Congreso Eucarístico en Murcia

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Mons. Javier Echevarría ha acudido a Murcia (España) para participar en un Congreso Eucarístico. Además, celebró una Misa en la Catedral y tuvo un encuentro público con familias murcianas. Este es el resumen de la visita.

13 de noviembre de 2005

Opus Dei - El Prelado, en la UCAM, junto al presidente de la Universidad, José Luis Mendoza.
El Prelado, en la UCAM, junto al presidente de la Universidad, José Luis Mendoza.

El Prelado del Opus Dei acudió a Murcia los días 11, 12 y 13 de noviembre para participar en un Congreso Eucarístico, organizado por la Universidad Católica San Antonio de Murcia (UCAM).

En el congreso, diversos ponentes, entre los que se encontraban varios cardenales, obispos y otras personalidades de la Iglesia, hablaron sobre la Eucaristía como ‘Corazón de la vida cristiana y fuente de la misión evangelizadora de la Iglesia’.

Conferencia en la UCAM

En su conferencia, el Prelado del Opus Dei animó a los asistentes a presentar sus dones al “belén perenne que es el Sagrario” y analizó los elementos comunes y las diferencias existentes entre los sacramentos de la Eucaristía y la Penitencia, así como su mutua dependencia: “La Iglesia crece y se fortalece gracias a la Eucaristía y es llamada constantemente a la conversión. Querer la Eucaristía es querer la unión con Cristo, y por lo tanto, se hace preciso remover los obstáculos que la impiden”. Con una cita del entonces cardenal Ratzinger, dijo que “la Eucaristía es el sacramento de los reconciliados”.

Recomendó profundizar en el sentido de la comunión y la confesión mediante la lectura de lo que sobre ellos dice el Catecismo de la Iglesia Católica, “y si os parece mucho, leed el nuevo Compendio del Catecismo”, señaló. También alentó a meditar la homilía que Benedicto XVI pronunció recientemente en Bari sobre la Eucaristía.
Al recordar el reciente Sínodo que cerró el año de la Eucaristía en Roma, mencionó la preocupación de los pastores por la escasa práctica del sacramento de la Penitencia en algunos ambientes. “Muchos desconocen ese tesoro divino y las condiciones para acceder a él”, dijo.

Por eso, animó a difundir la práctica de la “confesión auricular individual” (es decir, de una sola persona, que cuenta sus pecados al confesor). “La confesión no es un diálogo entre dos personas. Es, más bien, un coloquio divino, de misericordia”.

Asimismo, pidió a los sacerdotes “que dediquen espacio a hablar de la confesión en sus homilías y que tengan una especial disponibilidad para confesar, principalmente antes y durante los actos de culto”.

Los laicos, apuntó, no pueden dejar solos a los sacerdotes en esta “urgente tarea”: “También vosotros, laicos, tenéis que participar en esta gran catequesis sobre la confesión. Decid a vuestros conocidos: ‘Tengo que decirte que estoy con una alegría enorme porque me he vuelto a encontrar con Dios”.

Alertó además del peligro de confundir los efectos que causan estos dos sacramentos. “No basta con participar en la Eucaristía para obtener el perdón de Dios. La Eucaristía no perdona las ofensas, aunque sí nos consigue otras gracias. No se debe dejar de repetir que, para quien está alejado de Dios por el pecado, la reconciliación con Él sólo cabe si se acoge al sacramento de la Penitencia que Cristo entregó a su Iglesia”.

Opus Dei -
“El cristianismo es alegría y optimismo”, dijo el Prelado en la catedral.

“Si deseamos transformar este mundo que vemos tan lacerado por el odio y la violencia, que tienen como origen los pecados personales, debemos rogar al Padre la conversión de los pecadores, ¡de nosotros mismos!”.

Eucaristía solemne en la Catedral de Murcia

Como el resto de obispos y cardenales que acudieron al Congreso, Mons. Echevarría cerró su participación en el encuentro Universitario con una solemne Eucaristía.

En la homilía, centró su exposición en la gratitud que debemos al Dios Eucarístico y la plenitud a la que el cristiano puede llegar en su cercanía con el Santísimo Sacramento.

“Dios, pensémoslo bien, nos ha prometido la felicidad sin fin que Jesucristo nos ha obtenido mediante su Pasión, Muerte y Resurrección. Me da alegría pediros y reclamar: ¡No le dejéis sólo, os quiere!”

Más adelante, pidió a los presentes que extendieran el mensaje cristiano con el ejemplo de sus vidas alegres: “No es compatible el cristianismo con la tristeza. El cristianismo es alegría y optimismo. Esa alegría nos colma de paz y serenidad”.

Asimismo, invitó a los murcianos que llenaban el templo a que redescubran “la alegría de asistir a la Misa dominical”, tal y como ha recomendado recientemente Benedicto XVI.

Encuentro público con familias de Murcia

El domingo por la mañana, miles de familias se congregaron en el Colegio Monteagudo para escuchar al Prelado. Tras una mañana lluviosa, el sol saludó sus primeras palabras: “Haced catequesis en vuestras casas, y también entre vuestros amigos. No veáis en las leyes de Dios un peso que atosiga. Cristo ha venido a traer el orden a la Tierra. Dios siempre trae la felicidad. ¡Cristiano, agradece a Dios la dignidad que te ha dado!”

Opus Dei - Animó a las familias a hacer catequesis en las casas y entre los amigos.
Animó a las familias a hacer catequesis en las casas y entre los amigos.

“La sociedad -continuó-, para que sea una buena sociedad, tiene que ser cristiana. La Iglesia necesita que cada uno de nosotros seamos coherentes”.

También, en lo que se refiere a la educación en la familia, dijo: “Los matrimonios recibís una bendición de Dios con cada hijo. Tened detalles entre vosotros, enseñadles a querer a sus hermanos y amigos, ayudadles a querer a los demás… No impongáis nada a los hijos, más bien enseñadles con vuestro ejemplo. Vivid pensando en vuestra mujer, en vuestro marido, en vuestros hijos. Ellos os llevarán a Dios”.

Pidió a los asistentes que rezasen por el Santo Padre, ya que necesita el apoyo de todos los cristianos. “Benedicto XVI es un hombre extraordinariamente sencillo, de gran categoría intelectual y una vida interior intensísima. Tenemos el deber de no dejarle solo, de protegerle con nuestra oración. Os aseguro que el peso que tiene que soportar es muy grande, pero lo lleva con la alegría del que está cerca de Dios”.

En otro momento de la tertulia, el Prelado incidió en la responsabilidad de ser cristianos en todos los momentos de la vida: “Un cristiano no puede ser sólo ‘cristiano’ cuando va a Misa los domingos. Tenemos que ser hombres y mujeres de fe en todas las circunstancias de la vida. Por eso debemos cumplir nuestras obligaciones y exigir nuestros derechos”.

Con este encuentro, el Prelado cerró su visita a Murcia.

Mons. Javier Echevarría habla de filiación divina

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En el último libro del prelado del Opus Dei se dedica un capítulo a la filiación divina: una de las realidades sobrenaturales en las que se fundamenta la formación que se imparte en los centros de la Prelatura. Incluimos en esta sección algunos textos seleccionados de ese capítulo de “Eucaristía y vida cristiana”.

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«A todos los que la recibieron (la Palabra, el Verbo hecho carne), les dio poder de llegar a ser hijos de Dios» (Jn 1, 12). Al cristiano no se le concede sólo un modo de hablar, de autodenominarse. La conciencia de la filiación divina responde a la radicalidad del don divino, que transforma al hombre verdaderamente desde dentro, desde su misma raíz, como dice san Juan: «Mirad qué amor nos ha tenido el Padre, que nos llamemos hijos de Dios: ¡y lo somos! (…). Ya ahora somos hijos de Dios» (1 Jn 3, 1-2). Por eso, afirmaba san Josemaría: «El que no se sabe hijo de Dios, desconoce su verdad más íntima», no ha descubierto aún ni la razón profunda de su ser, ni el sentido de su existencia sobre la tierra.

Lo narraba entusiasmado el Apóstol Pablo, contemplando en sí mismo y en sus hermanos en la fe la acción de Dios: «Los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios. En efecto, no recibisteis un espíritu de esclavitud para estar de nuevo bajo el temor, sino que recibisteis un espíritu de hijos de adopción, en el que clamamos: ¡Abba, Padre! Pues el Espíritu mismo da testimonio junto con nuestro espíritu de que somos hijos de Dios. Y si somos hijos, también herederos: herederos de Dios, coherederos de Cristo; con tal de que padezcamos con Él, para ser con él también glorificados» (Rm 8, 14-17).

Los Padres de la Iglesia no se cansaron de contemplar, y de inculcar en los fieles cristianos, esta verdad a la vez sencilla y extraordinaria: el Hijo de Dios «se hizo precisamente Hijo del hombre, para que nosotros pudiésemos llegar a ser hijos de Dios» . Desde entonces, los discípulos del Señor han vivido de esta realidad, tratando de asimilarla, de descubrir su riqueza infinita, que se expresa en múltiples manifestaciones, como el mismo Cristo explicó a lo largo de su predicación: en la oración, con la que el cristiano empieza llamando Padre al Creador, le expone sencillamente la propia necesidad y acoge sinceramente como propias las intenciones divinas; en la penitencia para cumplir a fondo los designios del cielo, que lleva a cabo reciamente pero sin ostentación, de un modo amable que no molesta a los demás; en la caridad, que empuja a mirar siempre al otro como a hermano, porque es hijo del mismo Padre; en la prontitud para perdonar eventuales agravios y ofensas, signo y consecuencia de saberse perdonado antes y más profundamente por el Señor de todos; en el deseo sincero de reencaminarse hacia el Padre cuando se le ha abandonado por cualquier motivo.

Con el don de la filiación divina, Cristo ha destruido radicalmente las barreras que puedan separar a los hombres, porque ha superado la distancia fundamental, la que aleja la tierra del Cielo y de las mismas criaturas. Dios se ha acercado tanto al hombre que ha llegado a ser uno de nosotros. Al asumir nuestra naturaleza, el Verbo ha unido en sí lo humano y lo divino; desde entonces, como repite san Pablo, «ya no hay judío ni griego, ni esclavo ni libre, ni hombre ni mujer, ya que todos vosotros sois uno en Cristo Jesús» (Gal 3, 28). Dios ya no está lejos: es nuestro Padre. No lo están tampoco los demás: son nuestros hermanos en el Señor.

Transformarse en Cristo significa identificarse con el Hijo, paso absolutamente necesario para alcanzar el fin del camino. La meta de la vida humana, según el designio de Dios, se alcanza con la visión amorosa del Padre, a la que llega el hombre cuando logra la plena identificación con el Hijo. Cristo ha dicho explícitamente: «Nadie conoce al Hijo sino el Padre, ni nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo quiera revelarlo» (Mt 11, 27). “Revelarlo” supone comunicar la Palabra que manifiesta al Padre; y creer en esa revelación exige que se acoja esa Palabra, que a su vez significa participar de la Filiación divina que es el Verbo. Durante la vida terrena, esa Palabra se recibe de manera imperfecta, en la fe; en la vida celestial, el hombre la asumirá perfectamente, en la visión gloriosa, como dice san Pablo: «Cuando venga lo perfecto, desaparecerá lo imperfecto (…). Ahora vemos como en un espejo, oscuramente; entonces veremos cara a cara. Ahora conozco de modo imperfecto, entonces conoceré como soy conocido» (1 Cor 13, 10.12).

San Juan relaciona específicamente esta dinámica con el desarrollo de la filiación divina: «Mirad qué amor tan grande nos ha mostrado el Padre: que nos llamemos hijos de Dios, ¡y lo somos! Por eso el mundo no nos conoce, porque no lo conoció a Él. Queridísimos, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser. Sabemos que, cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal cual es» (1 Jn 3, 1-2). Por eso decimos que el hombre puede ver al Padre sólo si está plenamente identificado con el Hijo.

Esa identificación se inicia en el sacramento del Bautismo, puerta del camino cristiano. Pero en el Bautismo la filiación divina se nos otorga como sucede con la vida a un recién nacido; después, debe crecer más y más con el impulso y la luz del Paráclito, según la disposición divina y con la correspondencia del hombre a la gracia. El mismo Cristo se ocupa de acompañar a su discípulo en ese recorrido. También por este motivo se queda en la Eucaristía como alimento; de forma que sus discípulos logren participar cada vez más plenamente de su Filiación divina. Jesús Eucaristía es para todos Camino que lleva a la Casa del Cielo, porque en la Eucaristía se ha hecho viático, senda que conduce progresivamente —al cristiano que lo trata y recibe con las debidas disposiciones— a la completa identificación con Él. A esta finalidad se abre el camino: a la visión cara a cara del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.”

El mundo necesita del genio femenino

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Con motivo del día internacional de la mujer el Prelado del Opus Dei ha escrito un artículo publicado en el diario “ABC”.

08 de marzo de 2006

Opus Dei -

El 8 de marzo es una fecha con referencia al pasado, porque recuerda la historia, no corta ya, de los esfuerzos para superar la discriminación de la mujer: una tarea que afecta también al presente. Conviene además mirar al futuro, imaginar qué sucederá y cuántos beneficios se lograrán cuando la mujer esté plenamente incorporada a todos los ámbitos de la sociedad.

Pero, ante todo, es preciso partir del reconocimiento de la igual dignidad entre varón y mujer. Desde el principio mismo de la Sagrada Escritura, en los relatos del Génesis, se nos revela que Dios ha creado al hombre y a la mujer como dos formas de ser persona, dos expresiones de una común humanidad. La mujer es imagen de Dios, ni más ni menos que el varón, y los dos están llamados a la identificación con Jesucristo, perfecto Dios y perfecto hombre.

Con estas esenciales premisas de fe cristiana, se entiende con especial profundidad la perversión que supone maltratar a cualquier persona humana, varón o mujer. Los malos tratos toman a veces forma violenta y, en otras ocasiones, modos muy sutiles: se comercia brutalmente con el cuerpo de la mujer, considerándola como cosa, no como persona; o bien se le hace saber, amable pero insidiosamente, que un embarazo es incompatible con su contrato de trabajo. Siguen existiendo muchos motivos para recordar la necesidad de oponerse a esas discriminaciones.

También en el Génesis encontramos un segundo elemento fundamental y evidente: la diversidad. Pensemos por ejemplo en la familia: padre y madre desempeñan papeles distintos, igualmente necesarios, pero no intercambiables. La responsabilidad es la misma, pero difiere la modalidad de participación.

Suele decirse que uno de los problemas más agudos de la familia en nuestros días consiste precisamente en la crisis de la paternidad. El varón no puede considerarse “una segunda madre”, ni tampoco debe descuidar las responsabilidades del hogar, sino que necesita aprender a ser padre. Algo similar cabe decir de la sociedad en su conjunto, donde cada uno ha de encontrar su posición. El varón posee el derecho a desarrollarse como varón; la mujer, como mujer. Siempre sin dar cabida a mimetismos que producen crisis de identidad, complejos sicológicos y problemas sociales de gran trascendencia.

El principio de igualdad puede exasperarse y perder el equilibrio, cuando se confunden igualdad (de dignidad, de derechos y de oportunidades) con disolución de la diversidad. Si la mujer se homologa con el varón, o el varón con la mujer, los dos se desorientan y no saben cómo relacionarse. Pero también el principio de la diferencia se puede exasperar —y, de hecho, tantas veces se ha exasperado—, cuando se entiende la distinción como base que justifique la discriminación.

En este contexto, resulta oportuno y necesario considerar la virtud cristiana de la caridad, que Benedicto XVI ha querido situar en el comienzo y en el centro de su pontificado. La caridad ayuda a armonizar la igualdad y la diferencia e invita a la colaboración, pues ordena la relación con Dios y también las relaciones de cada uno con los demás hombres. Desde la caridad, la Iglesia promueve la comunión, el respeto, la comprensión, la apertura a la diversidad, la ayuda mutua, el servicio.

En las primeras palabras del Génesis leemos también que Dios, en su bondad, confía el mundo al hombre y a la mujer. Hemos recibido la misión de cuidar juntos del mundo y de hacerlo progresar. Este apasionante proyecto compartido ayuda a colocar en su sitio la cuestión de la relación entre ambos sexos. No estamos ante un asunto cerrado sobre sí mismo, angosto y problemático, sino ante una cuestión positiva y abierta: con igual responsabilidad, con aportaciones adecuadas al propio genio, hemos de trabajar juntos por una sociedad mejor. Las cualidades masculinas y las femeninas se necesitan mutuamente, para realizar esta tarea colectiva. En definitiva, sólo se alcanza el bien común —común a todos, hombres y mujeres— mediante un trabajo conjunto. Este cuadro muestra que la discriminación de la mujer no representa sólo una ofensa para ella: constituye una vergüenza también para el varón y un problema muy serio para el mundo.

El verdadero afán por desarrollar juntos la tarea de cuidar del mundo y hacerlo progresar, requiere abandonar esquemas maniqueos y tendencias al conflicto. Hacen falta actitudes de diálogo, cooperación, delicadeza, sensibilidad. El hombre tiene que exigirse más: escuchar, comprender, tener paciencia, pensar en la persona. La mujer también necesita comprender, ser paciente, volcarse en un diálogo constructivo, aprovechar su rica intuición.

Probablemente los dos deben rechazar los modelos que proponen algunos estereotipos dominantes: esas imágenes que empujan al hombre a competir con dureza, o que invitan a la mujer a comportarse con frivolidad, o incluso con un desgraciado exhibicionismo. Necesitamos una nueva forma de pensar, una nueva forma de mirar a los demás, que supere el dominio y la seducción. Así puede surgir un nuevo escenario social, sin vencedores ni vencidos.

En la Carta a las mujeres, Juan Pablo II señala que la aportación de la mujer resulta indispensable para “la elaboración de una cultura capaz de conciliar razón y sentimiento”, así como para “la edificación de estructuras económicas y políticas más ricas de humanidad”. El genio femenino, con esa aptitud innata de conocer, comprender y cuidar del prójimo, ha de extender su influjo a la familia y a la sociedad entera.

San Josemaría solía recordar que “ante Dios, ninguna ocupación es por sí misma grande ni pequeña. Todo adquiere el valor del Amor con que se realiza”. Cuando descubrimos que lo importante es la persona, las discriminaciones de todo género tienen sus días contados. La fe cristiana posee la capacidad de ser verdadero fermento de un cambio cultural en este terreno, si las mujeres y los hombres de fe sabemos encarnarla en nuestra vida ordinaria.

Javier Echevarria
Prelado del Opus Dei

“La oración de Jesús en el huerto, llega muy al fondo del alma del cristiano”

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Como preparación para la Semana Santa ofrecemos el prólogo de “Getsemaní”, un libro del prelado del Opus Dei dedicado a la oración de Jesús en el Huerto de los Olivos.

Opus Dei -

“Oración en el huerto” de Francisco Salzillo

Getsemaní. Horas de amargura humana para Jesús; horas de paz inefable en el hondón de su espíritu, porque cumple la Voluntad santa de su Padre. Unas horas éstas, las de la oración de Jesús en el huerto, que llegan muy al fondo del alma del cristiano. El Maestro quiso rezar con los hombres y por los hombres en el momento culminante de su entrega a la obra redentora.

Al sentirnos un personaje más en el Evangelio, como aconsejaba san Josemaría, detengámonos con sosiego en este pasaje, que nos muestra la fuerza divina del amor de Jesús a sus hermanos los hombres y, a la vez, hasta qué extremos asumió nuestra flaqueza y nuestra debilidad. Por eso, lo que haremos es sencillamente mirar a Jesús en Getsemaní y, en el trasfondo, a los apóstoles. Cada detalle de esa noche memorable nos afecta: hemos de vernos en ese trance, para agradecer la bondad de Dios, para afrontar personalmente la Pasión y Muerte del Redentor y profundizar en este misterio. Así aprenderemos a amar y a rectificar nuestra vida. Vamos a proceder como Teresa de Jesús que, al contemplar la vida de Cristo, hallábase mejor donde le veía más «solo y afligido». «En especial —nos dice— me hallaba muy bien en la oración del Huerto. Allí era mi acompañante. Pensaba en aquel sudor y aflicción que allí había tenido… Deseaba limpiarle aquel tan penoso sudor… Muchos años, las más noches antes que me durmiese, cuando para dormir me encomendaba a Dios, siempre pensaba un poco en este paso de la oración del huerto… Y tengo para mí que por aquí ganó muy mucho mi alma, porque comencé a tener oración sin saber qué era…».

Vaya por delante esta doctrina clara: todos podemos rezar; con más exactitud, todos debemos rezar, porque hemos venido al mundo para amar a Dios, alabarle, servirle y luego, en la otra vida —aquí estamos de paso—, gozarle eternamente. ¿Y qué es rezar? Sencillamente, hablar con Dios mediante oraciones vocales o en la meditación. No cabe la excusa de que no sabemos o nos cansamos. Hablar con Dios para aprender de Él, consiste en mirarle, en contarle nuestra vida —trabajo, alegrías, penas, cansancios, reacciones, tentaciones—; si le escuchamos, oiremos que nos sugiere: deja aquello, sé más cordial, trabaja mejor, sirve a los demás, no pienses mal de nadie, habla con sinceridad y con educación… No despreciemos el tesoro de la oración, porque se ama como se reza, y se reza como se ama. De seguro que, al contemplar al Maestro en Getsemaní, se abrirá paso en nuestra mente la necesidad de orar también cuando no resulta fácil.

La «agonía» de Getsemaní, como llama san Lucas al trance que vivió Jesús en aquel evento salvífico, posee una fuerza extraordinaria de interrogación: «Jesús sufre, por cumplir la Voluntad del Padre… Y yo, que quiero también cumplir la Santísima Voluntad de Dios, siguiendo los pasos del Maestro, ¿podré quejarme si encuentro por compañero de camino el sufrimiento?

»Constituirá una señal cierta de mi filiación, porque me trata como a su DIvino Hijo. Y, entonces, como Él, podré gemir y llorar a solas en mi Getsemaní, pero, postrado en tierra, reconociendo mi nada, subirá hasta el Señor un grito salido de lo íntimo de mi alma: Pater mi, Abba, Pater… fiat!».

Dispongámonos a recorrer paso a paso y palabra por palabra esos relatos evangélicos y a desagraviar por las deficiencias de los hombres que allí se hacen patentes. Metidos en el Evangelio, entenderemos que Jesús nos convoca, como a los discípulos, a la oración, y nos fijaremos en la actitud que tuvieron, con el deseo sincero de que no se repita por nuestra parte aquella falta de atención y de solicitud por quien tanto nos ama.

Éste es el misterio: la Redención se ha cumplido ya —semel pro semper: de una vez por todas y para siempre— en la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor; pero se va realizando en las almas cada día, día a día. Y los cristianos —hombres y mujeres, jóvenes y ancianos, sanos y enfermos, intelectuales y trabajadores manuales, solteros y casados— somos apóstoles: pero no apóstoles dormidos sino bien despiertos, portadores de Cristo, para conocerle y darle a conocer.

Benedicto XVI: un testimonio de la fe en Dios-Amor

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El Prelado del Opus Dei ha escrito estas letras con motivo del primer año de Pontificado de Benedicto XVI. Ofrecemos también un video que recoge unas palabras del Prelado a propósito de este aniversario.

Opus Dei - Foto: Eric Vandeville.

“Hace un año, Benedicto XVI fue elegido como Sucesor de San Pedro, tomando el relevo de Juan Pablo II. Un año es un espacio de tiempo muy corto en la historia de la Iglesia, pero suficiente para experimentar una vez más que en el paso de un Papa a otro, por encima de las diferencias personales, se manifiesta una continuidad.

Me gusta recordar que en la raíz de la continuidad se encuentra, ante todo, la asistencia del Espíritu Santo sobre la Iglesia y la oración de los fieles por su Pastor Supremo. La unidad de los católicos no supone uniformidad en lo opinable y mudable, sino comunión en la misma fe, en una idéntica esperanza, en la caridad fraterna que, si respondemos fielmente, hace que, en Jesucristo, seamos un solo corazón y una sola alma.

El mundo tiene necesidad de que todos en la Iglesia prestemos nuestra mejor lealtad a su misión de servicio, comprometidos con la verdad. Para esto, contamos ahora con el Papa Benedicto XVI que, junto a sus bien conocidas cualidades humanas, nos ofrece especialmente el testimonio firme de la fe en este Dios nuestro que es Amor. Quiera el Señor que los católicos secundemos la gracia que nos mueve a adherirnos con nuestra entera inteligencia al Magisterio del Papa, y a rezar diariamente y de corazón por su persona e intenciones”.

+ Javier Echevarría
Prelado del Opus Dei

El Prelado del Opus Dei entrevistado en “Le Figaro”

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Versión íntegra en francés y castellano de la entrevista realizada a Monseñor Javier Echevarría, Prelado del Opus Dei, publicada el 21 de abril de 2006 en el peródico francés Figaro-Magazine.

¿Para qué sirve a la Iglesia el estatuto –único en estos momentos- de Prelatura personal concedido al Opus Dei? ¿Le permite sobre todo a la Iglesia estar mejor informada sobre la evolución de la sociedad laica en general y sobre la comunidad católica en particular?

Opus Dei -

Ciertamente, hoy en día, el Opus Dei es la única prelatura personal en sentido estricto. Pero existen en la Iglesia otras circunscripciones que son equivalentes en el plano teológico y canónico; pienso en los Ordinarios militares o en la prelatura de la Misión de Francia, por ejemplo. Son estructuras que no toman la noción territorial como único criterio de competencia de jurisdicción; de ahí el adjetivo “personal”.

El estatuto actual, definitivo, del Opus Dei, se corresponde exactamente con su naturaleza (1). Cuando tu identidad está claramente definida, nadie duda qué eres, saben quién eres y para qué existes. Cuando un traje te va bien y estás cómodo con él, es mejor para todos.

De este modo, los fieles de la Prelatura viven en medio del mundo en el que se encuentran: universidad, oficina, lugar de vacaciones. Procuran trabajar bien, cada uno en su profesión. Son hombres y mujeres que son abogados, médicos, periodistas, artistas, obreros, agricultores, músicos, militares, maestros.

Hay un libro que algunos consideran que ha marcado la historia religiosa de vuestro país: Francia, país de misión. Pues bien, cada ambiente profesional es un lugar de evangelización. Cada trabajo es verdaderamente una ocasión de encuentro con Dios, como afirmaba desde 1928 san Josemaría Escrivá: es medio para amar a Dios y para comprender mejor a los que nos rodean, para participar en la obra de la Creación y de la Redención, mediante el trabajo.

Pero, ¿cómo definiría usted la aportación específica del Opus Dei a la Iglesia?

Primeramente, el Opus Dei -viejo como el Evangelio y como el Evangelio, nuevo, decía san Josemaría- difunde un mensaje: Dios llama a todos los hombres y a todas las mujeres a amarle y a amar a su prójimo; es decir, llama a la santidad y al apostolado en la vida cotidiana.

No a pesar del trabajo, sino mediante el trabajo, en un mundo en el que, como imagen de Dios que es, coopera con Él. Es en cierto sentido, una aventura de amor.

Luego, el Opus Dei ofrece su ayuda para responder a esta llamada divina; la prelatura propone actividades de formación cristiana y la posibilidad de un acompañamiento espiritual personalizado, a la vez exigente y adaptado a la vida ordinaria.

Toda esta historia, divina y humana a la vez, en imitación de Jesucristo, se funda en la confianza en la paternidad amorosa de Dios, en la fe en Cristo Resucitado, en la acción del Espíritu Santo, hoy, ahora, en cada alma.

El Opus Dei procura cumplir esta misión, en el seno de la Iglesia, como una porción del pueblo de Dios. Es una especie de escuela de formación permanente para que la gente de la calle encuentre a Dios en su vida ordinaria y comparta la alegría de este encuentro con sus colegas, sus amigos y conocidos.

Al invertir mucho en escuelas, universidades y centros de formación, el Opus Dei ha ocupado un poco la plaza que ocupaban en otros tiempos los jesuitas en la enseñanza. Con una diferencia, que los jóvenes formados por el Opus Dei tienen la posibilidad de hacerse ya miembros: ¿qué responden ustedes a los que asimilan esto al adoctrinamiento?

En el seno de la Iglesia existen diversos carismas y se enriquecen mutuamente para el bien de todos, sacerdotes y laicos, diócesis, las realidades más variadas; todos son útiles y complementarios. Hay sitio para todo el mundo, dentro del respeto a las sensibilidades de cada uno.

Los centros de enseñanza de los que usted me habla nacen un poco como los champiñones, por la iniciativa y bajo la responsabilidad de unas personas concretas, que por lo general suelen ser los padres de los alumnos, que son los primeros interesados en la educación de la juventud. El Opus Dei no interviene en esto, respeta la libertad de la gente en su acción social.

Toda persona mayor de edad tiene la posibilidad de pertenecer al Opus Dei. Basta con sentirse atraído por razones espirituales, desinteresadas y comprobar cómo encaja allí. Evidentemente, es necesario un encuentro personal, porque ese tipo de cosas no se hacen por telepatía. La palabrareclutamiento es propia del ejército o de las empresas, pero no de una realidad eclesial como el Opus Dei.

El fin del Opus Dei, como el de la Iglesia, no es aumentar constantemente, sino prolongar la presencia de Cristo en el mundo, servir a las almas, hasta que vuelva Nuestro Señor.

Naturalmente, esto comporta la difusión del mensaje cristiano, en particular de la llamada que Dios dirige a cada uno en su vida ordinaria.

Debe tenerse en cuenta que el Opus Dei es apostólico, porque, al ser una parte de la Iglesia, se remonta hasta los primeros discípulos de Cristo, que fueron “enviados”. Una Iglesia que no fuera misionera sería un cadáver. ¡Ay de mí, decía san Pablo, si no anunciara el Evangelio! (cf. I Co, 9, 16)

Por eso, el Concilio Vaticano II, luego Pablo VI en su exhortaciónEvangelii nuntiandi; y por último Juan Pablo II en Redemptoris missio, han recordado la necesidad de un compromiso cristiano con el anuncio del Evangelio. Jesús invitaba claramente a quienes se iba encontrando, con una palabra inequívoca: “Sígueme”.

Por otra parte, esta invitación fue a veces en vano,  como en el caso del joven rico, sin embargo, Cristo no se abstuvo de invitarle a seguirle (Luc, 18, 22). San Pablo enseña que la fe viene por la predicación (Rm 10, 17), no sólo mediante un testimonio de vida, aunque ese testimonio constituya un presupuesto necesario.

El Opus Dei propone unos ideales elevados, hoy en una sociedad que no es cristiana, y yo espero que la Prelatura continuará haciéndolo siempre. Se requiere un minimum de espíritu rebelde, gusto por la independencia, pero también la generosidad del que aspira a hacer algo por los demás.

La Iglesia por consiguiente –y, en su seno, el Opus Dei, como una pequeña partecita-, siguiendo a Cristo, habla a los jóvenes. Es sobre todo el mismo Cristo el que habla a cada uno.

Evidentemente, un compromiso con el Opus Dei supone un largo itinerario de conocimiento mutuo, mucho tiempo, para llevar a cabo una iniciativa que es siempre personal y única, como cada persona a los ojos de Dios. La respuesta de cada uno es libre; pero no se puede responder si no se hubiera planteado la cuestión;el hecho de plantear un proyecto de vida se inscribe en el ámbito de la caridad; hacer algo con la propia vida, algo útil para los demás.

¿Por qué extrañarse de esto en una época como ésta, en la que todas las organizaciones humanas hacen un proselitismo que resulta con demasiada frecuencia excesivo o agresivo? Piense en el marketing, en las campañas publicitarias, en las operaciones de sensibilización acerca de un problema de la sociedad, cuando se trata de reclutar personas para determinados empleos, de conseguir una cuota de mercado, de aumentar el número de suscriptores de un periódico o de fidelizarlos, de disuadir a los fumadores o de insistir en la prudencia en la carretera, por no mencionar otros aspectos, que a veces suponen hostigamientos, ni mucho menos inocentes.

Muchas personas, quizá por una humildad mal entendida, no se atreverían a plantearse el encuentro con Dios en el trabajo en su vida ordinaria si nadie le hubiese abierto esas perspectivas. Cristo se ha encarnado para todos, no solamente para unos cuantos iniciados. ¡Este es un mensaje que no se puede ocultar!

¿Cómo explica usted que el Opus Dei haya logrado reunir más de 300.000 fieles en el Vaticano para la canonización del Fundador, cuando sus efectivos oficiales no pasan de 85.000 miembros?

Haga el cálculo: menos de cuatro personas por cada fiel del Opus Dei; no es algo tan meritorio. A millones de personas les hubiera gustado estar presentes en esa gran fiesta, si hubieran tenido tiempo y medios. La inmensa mayoría de las personas que participan en las actividades de formación del Opus Dei no tienen ninguna relación institucional con la prelatura. Es preciso considerar dos cosas. Por una parte, el mensaje del Fundador posee una gran fuerza de atracción por quien ama con rectitud la vida, el mundo, la gente: la plenitud del compromiso cristiano sin hacer nada de extraordinario, salvo poner amor hasta en las cosas más pequeñas. ¡Esto es posible! Por otra parte, está la simpatía que emana de la personalidad de san Josemaría, su alegría, su calor humano y su sencillez. Todo eso hace que muchas personas le recen y lean sus escritos aún sin haber tenido contacto alguno con el Opus Dei.

La mayoría de los comentadores han subrayado que la Obra se ha dado a conocer sobre todo después de la aparición de El Código da Vinci hace tres años, y esta entrevista es la prueba. ¿Piensa usted como ellos que cuanto más se sepa sobre la Obra, mejor?

Sí. La ignorancia es siempre un gran mal y la información un bien. La comunicación no es juego, ni soporta el amateurismo. Se aprende con el tiempo a darse a conocer mejor y también a comprenderse mejor uno mismo. Hace falta algo de paciencia también en este campo.

Sea cual sea la autonomía financiera de las asociaciones gestionadas por miembros del Opus Dei, debe ser fácil en la era de la informática, hacer una la lista y calcular el montante de los fondos que tienen. ¿Por qué no se hace? ¿Es para desacreditar la idea de que el Opus Dei es “inmensamente rico”? ¿O, por el contrario, porque resulta más útil dejar que se crea eso?

Lo esencial es la iniciativa libre y responsable que nace de la base. ¿Cuáles son las asociaciones gestionadas por los fieles de la Prelatura? Yo no las conozco, evidentemente, y mis colaboradores tampoco. Ni siquiera se me pasa por la cabeza porque es una quimera. Admitiendo que sea posible hacer ese cálculo del que me habla, se obtendría un inventario heterogéneo. Una manzana más dos sillas, ¿Cuántos violines y balones de fútbol suman? ¿Cuáles son las asociaciones dirigidas por los que caminan por las calles denominadas “avenida de la República”, o por las que tienen los ojos verdes o juegan al tenis todas las semanas? ¿Cuánto suman en conjunto?En el pensamiento de san Josemaría Escrivá cada iniciativa debe estar equilibrada desde el punto de vista financiero, en su caso mediante la ayuda de patronatos y colaboradores habituales. Pero el Opus Dei no interviene ni puede intervenir, en aras de un sano principio de autonomía y de respeto a las competencias de cada uno: ¡Cada uno a su labor y los sastres a coser!

Nacido en España hace menos de 80 años, el Opus Dei está presente en todos los continentes y en casi todos los países (2). En cuáles de ellos le parece que esa presencia es hoy más útil para la misión evangelizadora que se le ha confiado? ¿Por qué razones?

El concepto de utilidad toma otro sentido cuando no se limita a unos parámetros meramente técnicos. La fecundidad viene de Dios. El Salmo 127 proclama que si Dios no construye la casa, en vano trabajan los albañiles. El mismo nombre “Opus Dei” significa “trabajo de Dios”. Yo pienso que el Opus Dei será útil allí donde realice exactamente su misión: allí se encontrará a gusto, bien, en su sitio, en su puesto. Mi responsabilidad es justamente velar para que esto se cumpla y en ello estoy. Pienso en la primacía de la oración, en la santificación del trabajo y en las ocupaciones ordinarias de la vida corriente, y por tanto en toda la vida concebida como una ofrenda hecha a Dios y como un servicio al prójimo. Pienso en la evangelización como la coronación de una auténtica amistad, de persona a persona: el corazón habla al corazón, le gustaba repetir a Newmann: toda la persona, inteligencia, afectos, voluntad. El Opus Dei es útil cuando, como parte de la Iglesia, ayuda a cada uno a encontrar de nuevo la paz interior, en el perdón de Dios, en la armoniosa edificación de su personalidad, en la aceptación de sí mismo. En una palabra, cuando hace sentir que Jesús sigue pasando a nuestro lado, dando sentido a nuestras vidas. Se comprende entonces que Josemaría Escrivá haya podido decir que la felicidad del Cielo pertenece a los que saben ser felices en esta tierra. Con sufrimientos, desde luego, que son inevitables, pero felices sin embargo, verdaderamente felices.

Notas:

(1)   El estatuto del Opus Dei ha constituido durante mucho tiempo un problema porque en la Iglesia Católica no había otro que autorizase a los laicos a ser “miembros de pleno derecho” (con el mismo título que los eclesiásticos) de una de sus instituciones. Esta dificultad fue parcialmente superada a partir de 1950 mediante el estatuto de “instituto secular”. Pero el fundador de la Obra, Josémaría Escrivá de Balaguer, lo encontraba muy insatisfactorio… quizá porque situaba al Opus Dei bajo la autoridad de los obispos de las diversas diócesis. Fue su sucesor al frente del Opus Dei, Monseñor Álvaro del Portillo, el que obtuvo finalmente de Juan Pablo II, la concesión del doble estatuto de “prelatura personal” (creada por el Vaticano II) y de “diócesis universal”; un estatuto que Monseñor Echevarría califica de “traje” en el cual se siente “muy cómodo”.

(2) Los efectivos oficiales (sin contar a los cooperadores) son de 1.800 miembros en África; 4.800 en Asia y Oceanía (con una presencia más fuerte en Japón); 20.400 para las dos Américas; y 49.000 en Europa (con 35.000 sólo en España, país de origen del Opus Dei).

Mons. Javier Echevarría: Prelado del Opus Dei

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Imágenes de Mons. Javier Echevarría, actual prelado del Opus Dei, y  breve biografía.

Opus Dei -

El actual prelado del Opus Dei nació en Madrid el 14 de junio de 1932. Es doctor en Derecho Civil y en Derecho Canónico. Fue ordenado sacerdote el 7 de agosto de 1955. Colaboró estrechamente con san Josemaría Escrivá de Balaguer, de quien fue secretario desde 1953 hasta su muerte, en 1975. Miembro del Consejo General del Opus Dei desde 1966.

En 1975, cuando mons. Álvaro del Portillo sucedió a san Josemaría al frente del Opus Dei, mons. Javier Echevarría fue nombrado secretario general. En 1982, con la erección del Opus Dei en prelatura personal, pasó a ser vicario general de la Prelatura.

Opus Dei -

Es miembro de la Congregación para las Causas de los Santos, del Supremo Tribunal de la Signatura Apostólica, y de la Congregación para el Clero. Ha participado en la Asamblea General del Sínodo de los Obispos sobre América (1997) y Europa (1999), así como en la Asamblea General ordinaria de 2001 y de 2005.

Tras su elección y nombramiento por Juan Pablo II como prelado del Opus Dei el 20 de abril de 1994, recibió de manos del Papa la ordenación episcopal el 6 de enero de 1995 en la basílica de San Pedro.

Opus Dei -

Es autor de libros de espiritualidad como “Memoria del beato Josemaría”, “Itinerarios de vida cristiana”, “Para servir a la Iglesia”, “Getsemaní” y “Eucaristía y vida cristiana”.

“Descansar en Dios: abandonar en Él nuestras preocupaciones”

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Mons. Javier Echevarría dedica un capítulo de su último libro “Eucaristía y vida cristiana” al descanso. Seleccionamos un extracto de este capítulo que ofrecemos en texto y audio

Descansar en Dios: abandonar en Él nuestras preocupaciones

Jesucristo ha hablado mucho del descanso, y nada resulta más lógico, porque Él ha venido a traer paz a nuestra alma con su gracia, y salud definitiva a nuestro cuerpo en la resurrección final, de la que contemplamos el modelo y la causa en su resurrección gloriosa. Ha bajado a la tierra para librarnos de los fardos que nos pesan y de las preocupaciones que nos atenazan: los pecados, el miedo a la muerte, las asechanzas del demonio, la hinchazón de la soberbia, las punzadas de la envidia, los arrebatos de la ira; y también para despertar en nosotros tantos buenos deseos y la mucha capacidad que alberga nuestro corazón.

El Señor se refirió al descanso desde el primer instante de su predicación. San Lucas caracteriza el  anuncio público comienzo de la buena nueva con ese tema. «Llegó a Nazaret, donde se había criado, y según su costumbre entró en la sinagoga el sábado, y se levantó para leer. Entonces le entregaron el libro del profeta Isaías y, abriendo el libro, encontró el lugar donde estaba escrito: “El Espíritu del Señor está sobre mí, por lo cual me ha ungido para evangelizar a los pobres, me ha enviado para anunciar la redención a los cautivos y devolver la vista a los ciegos, para poner en libertad a los oprimidos, y para promulgar el año de gracia del Señor”. Y enrollando el libro se lo devolvió al ministro, y se sentó. Todos en la sinagoga tenían fijos en él los ojos. Y comenzó a decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír» (Lc 4, 16-21). Jesús redime a los hombres del peso de una conciencia culpable, porque perdona nuestros pecados; porque nos libra de la esclavitud del príncipe de este mundo, pues vence al maligno y porque nos ayuda a entender la carga de la pobreza, al declararla bienaventurada. Suprime toda opresión y ofrece a todos un tiempo de paz y de descanso, un tiempo jubilar.

También San Mateo pone muy pronto este argumento en los labios del Maestro. El primero de los largos discursos que recoge en su evangelio, se abre con las bienaventuranzas, con las que Jesús afronta todos los motivos de lamentación que amargan, o al menos nublan, la existencia de las personas: por una parte, la preocupación desordenada por la riqueza, por la alimentación y el vestido, por los conflictos con algunas personas; por otra, la preocupación general por la real consistencia de esta vida y la relación con los demás. Una y otra las resuelve el Señor, al denominar “feliz” la situación de quien es pobre de espíritu, de quien sufre persecución por la justicia, de quien es manso y casto, etc.

En el mismo discurso, como volviendo sobre esas realidades desde otro punto de vista, Jesús enseña a cuantos le oyen que no anden ansiosos tras la comida, el vestido o la casa; a todos nos exhorta a descansar en nuestro Padre que está en los cielos, a abandonar en su providencia apuros y preocupaciones, bien convencidos de que Él no se olvidará jamás de sus hijos ni los maltratará, tampoco en las cosas más materiales. Releamos, una vez más, sus palabras:

«No estéis preocupados por vuestra vida: qué vais a comer; o por vuestro cuerpo: con qué os vais a vestir. ¿Es que no vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Mirad las aves del cielo: no siembran, ni siegan, ni almacenan en graneros, y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿Es que no valéis vosotros mucho más que ellas? ¿Quién de vosotros, por mucho que cavile, puede añadir un solo codo a su estatura? Y sobre el vestir, ¿por qué os preocupáis? Fijaos en los lirios del campo, cómo crecen; no se fatigan ni hilan, y yo os digo que ni Salomón en toda su gloria pudo vestirse como uno de ellos. Y si a la hierba del campo, que hoy es y mañana se echa al horno, Dios la viste así, ¿cuánto más a vosotros, hombres de poca fe? Así pues, no andéis preocupados diciendo: ¿qué vamos a comer, qué vamos a beber, con qué nos vamos a vestir? Por todas esas cosas se afanan los paganos. Bien sabe vuestro Padre celestial que de todo eso estáis necesitados» (Mt 6, 25-32).

Viaje del Prelado a Kenia y Uganda

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Mons. Javier Echevarría viajó recientemente a Kenia y Uganda. En estos países africanos mantuvo diversos encuentros con personas que participan en los medios de formación cristiana que ofrece el Opus Dei. Ofrecemos un relato de aquellos días.

04 de septiembre de 2006

Opus Dei - Prof. Terry Ryan, rector de la Strathmore University; Mons. Javier Echevarria, canciller; y Prof. John Odhiambo, vice Canciller.

Prof. Terry Ryan, rector de la Strathmore University; Mons. Javier Echevarria, canciller; y Prof. John Odhiambo, vice Canciller.

El obispo Javier Echevarría llegó a Nairobi, capital keniana, el 24 de agosto. Un numeroso grupo de familias le recibió en el aeropuerto Jomo Kenyatta.

Al día siguiente, presidió la ceremonia de graduación de la Strathmore University. El Prelado fue nombrado Doctor Honoris Causa por dicha universidad y entregó los galardones a los estudiantes que han finalizado sus estudios.

En su intervención, Mons. Echeverría narró los inicios del Opus Dei en Kenia, que hace 48 años se convirtió en el primer país africano que acogía la labor apostólica de la Obra.

Recordó cuánto había rezado san Josemaría por Strathmore College y se detuvo en dos características del espíritu del Opus Dei que esa Universidad trata de difundir: la excelencia académica y el trabajo bien acabado, hecho con amor a Dios y espíritu de servicio a los demás.

Subrayó que todos los trabajos honrados se pueden ofrecer a Dios: el del profesor, el del alumno o el de quien trabaja en el servicio de limpieza, lo importante es el cuidado que se ponga en él.

Opus Dei - La labor del Opus Dei en Kenia se remonta a 1958. En Uganda, comenzó en 1996.

La labor del Opus Dei en Kenia se remonta a 1958. En Uganda, comenzó en 1996.

Tras la entrega de premios, el vice-Canciller, Prof. John Odhiambo, anunció el final de la ceremonia, que concluyó con el canto del “Gaudeamus igitur”.

Al día siguiente, unas 3.000 personas acudieron a la explanada que se abre ante la Strathmore University para escuchar al Prelado. Allí se celebró un encuentro informal, en el que el obispo respondió a las preguntas de los asistentes.

Una de las intervenciones fue la de Amarjit, un hindú que ha participado en la construcción de algunos oratorios de los centros del Opus Dei en Nairobi.

Dijo que se había dado cuenta que siempre le insistían mucho en que los oratorios los tenía que hacer “con perfección”, poniendo un especial cuidado. A continuación, preguntó: “¿Por qué tanta insistencia?”

El Prelado explicó a Amarjit que para los cristianos la presencia del Señor en la Eucaristía es muy importante. Por eso, es un deber tratarle bien, incluso en lo material. Las iglesias y oratorios -dijo- tienen que mostrar ese cariño.

Opus Dei - En Uganda, el encuentro con el Prelado se celebró en el Kampala Serena Hotel de la capital.

En Uganda, el encuentro con el Prelado se celebró en el Kampala Serena Hotel de la capital.

Antes de la bendición final, pidió a los asistentes que rezasen por Benedicto XVI y sus intenciones.

La primera vez que Mons. Echevarría acudió a Kenia como Prelado del Opus Dei fue en 1995. Su predecesor, Mons. Álvaro del Portillo, estuvo en el país en 1989.

La labor apostólica de la Obra en Kenia comenzó en 1958. Bajo la inspiración de las enseñanzas de san Josemaría, se han puesto en marcha diversas iniciativas apostólicas: Strathmore University, Kimlea Girls’ Technical Training School, Eastlands Centre, Kianda School, etc.

Al día siguiente, viajó a Uganda, donde el Opus Dei está presente desde 1996. Cerca de 1.000 personas acudieron a un encuentro con el Prelado, en el Kampala Serena Hotel de la capital.

Un ugandés, Bernard Ssempa, vestido con el tradicional kanzú (vestido de fiesta de los Baganda, la tribu del centro del país), le instituyó como “elder”, con el escudo, la lanza y un manto tradicional.


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