Las vacaciones: tiempo para la familia

familia  Tagged , , , , , , , No Comments »

Las vacaciones son un tiempo para descansar y convivir con la familia. Hemos preguntado al matrimonio Bertrand y a Bernadette Boutin, ambos del Opus Dei, cómo organizan su verano. Son franceses y tienen 6 hijos, de edades comprendidas entre 9 y 20 años.

¿Cómo planeáis vuestras vacaciones de verano ?

La familia Boutin.

Son un momento para el descanso. Cuando todos estamos más tranquilos, es más sencillo estar juntos, y unirnos más como familia. Compartimos planes, hablamos, y lo pasamos bien.

¿Cómo descansar sin aburrirse?

Intentamos hacer planes sencillos pero divertidos. El horario familiar es más relajado: cada uno se levanta cuando cree que debe (siempre antes de las 11 h. en cualquier caso), desayunamos tarde, hacemos pequeños arreglos en la casa y vamos a la piscina municipal.

Comemos juntos y bien, porque una buena comida alegra el corazón. Con frecuencia invitamos a amigos o a los amigos de los hijos, y siempre son bien recibidos. Pido a mis hijos que, aunque haga calor, vengan a comer vestidos dignamente, por respeto a los demás.

En cuanto a las actividades, procuramos montar juegos en los que todos puedan participar, sin límites de edad. No hay tiempo fijo para las tareas del colegio –que cada cual se organice con responsabilidad- pero sí que procuramos leer un poco juntos tras la comida.

“Cuando todos estamos más tranquilos, es más sencillo estar juntos, y unirnos más como familia. Compartimos planes, hablamos, y lo pasamos bien”.

Y nada de videojuegos. Una vez intentamos jugar al ordenador, pero pronto comprobamos que no es nada fácil construir un ambiente familiar delante de una pantalla. Así que preferimos hacer otras cosas.

Por la noche, el límite son las 12. A esa hora, todos acostados.

¿Cómo implicar a los niños en las tareas de la casa?

Tenemos la costumbre de hacer juntos pequeños arreglos domésticos, cada uno según sus capacidades: pintar, lijar madera, llevar la carretilla con cosas los más pequeños, etcétera.

Lo importante es que cada uno haga algo. “Mamá” jamás prepara una comida ella sola, siempre le ayuda alguien. Y en nuestra casa todos, chicos y chicas, saben hacer de todo: poner la mesa, preparar la comida, hacer las comprar, planchar, tender…

¿Y los planes que pensáis los padres tienen siempre el apoyo unánime de los niños?

¡Claro que no! Intentamos, por ejemplo, salir de excursión al monte todos juntos. Aunque alguno no tenga ganas de salir –y se niegue a ponerse las botas de montaña u organize algún otro berrinche-, durante la excursión el ambiente de familia y los juegos improvisados, hace que al final todos los niños estén contentos de haber salido. A veces, acabamos el paseo con un pequeño festín sorpresa (crêpes, bocadillos, helados, etc.)

“Las vacaciones salen adelante cuando esos momentos de pelea o de crisis se solucionan con sentido del humor”.

¿Cómo lograr que los hijos mayores disfruten con los padres en verano?

No se puede obligar a los hijos a estar continuamente con nosotros, sobre todo a partir de los 15 ó 16 años. Respetando su espacio de libertad, un ambiente festivo puede facilitar las cosas: paseos en barco, por la montaña o en bicicleta, pequeños trabajos en una casa de campo, o planes similares. Cuando los chicos saben que habrá buenos planes, en un ambiente acogedor y familiar, tienen ganas de estar allí.

¿Y Dios en todo eso?

El domingo es el día más importante de la semana, y los hijos lo tienen que notar. Hay que vestirse un poco mejor para ir a Misa. La comida tiene que tener también algo especial (un aperitivo, un postre rico…). Por lo demás, nuestros hijos saben que nosotros vamos a la Misa a diario, que hacemos unos minutos de oración, y que rezamos el Rosario a la Virgen. Algunas veces, por propia iniciativa y porque quieren, vienen con nosotros. Pero jamás les obligamos a hacerlo.

Dejar salir a los niños solos, con los amigos, a veces da un poco de miedo. ¿Cuál es vuestra experiencia?

Enviar a los chicos a un país extranjeros o a un campamento, sin conocer el ambiente en el que estarán, nos parece que supone un riesgo: malas compañías, alcohol, drogas, etc. Confiamos en nuestros hijos, pero a veces la presión actualmente es demasiado fuerte. Por eso estamos vigilantes. Si uno de los mayores quiere ir por ahí con sus amigos, le dejamos. Pero, como cualquier padre, queremos saber con quien va, donde, cuando y cómo.

¿Las mejores vacaciones son aquellas en las que todo el mundo está contento?

¡Bueno, no somos una familia modelo! En nuestra casa, como en todas, hay a veces peleas y riñas, entre los niños o con los padres. El verdadero problema es no desdramatizar esos roces. Las vacaciones salen adelante cuando esos momentos de pelea o de crisis se solucionan con sentido del humor.

¿Y también los padres, vosotros, descansáis?

Durante las vacaciones procuramos encontrar todos los días un rato y al menos un día a la semana para estar los dos solos.

Por otro lado, pienso que es muy cierto eso de que “es la mujer la que hace la familia”. Si la madre está bien, la familia irá bien, y los niños estarán contentos. La mujer puede con todo, pero tiene que cuidar de su descanso, y eso es una preocupación suya y de su marido.

“En el trabajo en la prisión es importante comprender y no culpabilizar”

firmes en la fe  Tagged , , , , , , , No Comments »

Paloma Olavide es médico de prisiones y responsable sindical

Paloma Olavide se presenta así, dando sus datos por orden de importancia: “estoy felizmente casada, tengo seis hijos, soy médico de profesión y técnico de prevención de riesgos laborales”. Trabajó desde 1991 como médico en el centro penitenciario Brians, cerca de Barcelona.

Durante esa época intervino en la negociación de condiciones laborales del personal sanitario y tras esa experiencia se incorporó, hace seis años, al sindicato UGT, especializándose en seguridad, higiene y ergonomía. Trabaja como responsable de salud laboral en la Generalitat.

- Ser médico de prisiones, no debe ser un trabajo fácil…

Al principio, no. En Brians hay hombres y mujeres internos. Los hombres son más primarios, pero te ganas su respeto; ven que estás para ayudar, aunque no accedas a algunas demandas. En el departamento de mujeres, trabajaba con las que estaban ingresadas en enfermería y ahí es más parecido al trato hospitalario. Puedes profundizar en el trato, compruebas el fracaso de la educación que han recibido, de algunos modos de vida. Para muchos es normal estar en prisión porque ya están su padre, su madre, algún hermano, un vecino del barrio o de su escalera…

A las mujeres embarazadas, muchas de ellas enfermas con SIDA, procuraba darles información real, junto con el ginecólogo. La Administración facilita la posibilidad de abortar en hospitales públicos en algunas situaciones, y algunas decidían no tener el hijo, porque les habían dicho: “tú tienes SIDA, tu hijo va a tener SIDA, no le hagas daño”. Yo les explicaba que con medicación y controlándose, ya no es cierto que todos los niños nazcan con SIDA, y hay muchas posibilidades de que nazcan sanos. “Y si no -les decía- estamos aquí para ayudarte, para dar medicación, porque el SIDA en la actualidad no significa una muerte segura”. A veces cambiaban de opinión.

- ¿Cómo era la relación con los compañeros de trabajo en un medio tan duro y con noches de guardia?

- Sirve muchísimo el ejemplo de tu vida. Las noches de guardia son muy largas y tienes tiempo para hablar con los colegas y los funcionarios. Luego, cuando surge algún problema, te vienen a ver, porque tienes la suerte de tener fe, y te piden que reces o que les aconsejes, aunque no compartan algunas de tus opiniones.

Una vez, en una noche de guardia, vino una funcionaria de prisiones y me dijo: “Vengo a darte las gracias porque acabo de tener mi tercer hijo, y te lo debo a ti”. No sabía a qué se refería. Me explicó: “Tuve mi primer hijo con cesárea y cuando iba a tener el segundo me dijeron que era otra cesárea.

En el quirófano, el ginecólogo me dijo que tenía que ligarme las trompas porque no podía arriesgarme a más embarazos. Y en aquel momento me vino tu imagen de una noche de guardia en que me habías contado que habías tenido cinco hijos con cesárea y que te encontrabas muy bien, y me negué a que me hicieran la ligadura. No te dije nada, pero gracias a esa decisión ahora he tenido mi tercer hijo, con cesárea, y estoy muy bien”. Me emocioné.

- ¿En qué te ayuda la formación que recibes del Opus Dei?

- A santificarme con este trabajo. Desde que te levantas, cuando haces oración por la mañana e intentas poner la Misa a primera hora -aunque a veces no es posible y tienes que ir luego-, ya dices: “Te lo ofrezco”, y esto te lleva al trabajo bien hecho, al esmero, porque ¡se lo estoy ofreciendo a Dios!

Es el salto de calidad: aunque las cosas vayan mal, intento ver la parte buena, descubriendo la voluntad de Dios en los sucesos de cada día. Además, me ayuda a sentir la responsabilidad como cristiana, porque en mi ambiente de trabajo hay mucha gente que no tiene fe, Esta idea me lleva a rectificar cuando fallo. Como decía San Josemaría, me esfuerzo para que puedan ver a Cristo en mí, cuando acierto y cuando me equivoco, rectificando y pidiendo perdón.

Es lo que más me estimula en el trabajo: tal como haga, diga, me mueva, en estos momentos , mi modelo es el mismo Cristo.

“Estas personas necesitan especialmente que cumplas tus promesas, porque han sufrido muchas promesas incumplidas en su vida. Encontrarse con una relación de mutuo respeto, donde yo cumplo y tú cumples, les enciende algo en alma”

- ¿Y en el trato con las personas?

- Procuro entender, no culpabilizar. Esto es muy importante en una prisión. Hay que descubrir la dignidad de cada persona. Hace unos días estuve en un centro de justicia juvenil, para menores con delitos. Son chicos que empezaron a delinquir con trece años. Ahora tienen dieciocho o veinte. Hay que respetarlos como personas, lleven el pasado que lleven a cuestas.  Y advierten ese respeto en el trato.

Estas personas necesitan especialmente que cumplas tus promesas, porque han sufrido muchas promesas incumplidas en su vida. Encontrarse con una relación de mutuo respeto, donde yo cumplo y tú cumples, les enciende algo  en alma. Eso no significa ser débil con ellos. Yo no les daba facilidades en cuanto a drogas, etcétera y les decía claramente cuándo actuaban mal. Pero advertían que los respetaba y los valoraba.

Intentaba, lo mismo que con mis hijos, educar en positivo. Cuando les decía: “Qué bien, llevas sin consumir una semana, vas a lograr rehabilitarte”, se quedan sorprendidos, porque nadie los había animado nunca. Esto lo he aprendido en gran medida en el Opus Dei, y en  los colegios donde estudian mis hijos. Los modelos educativos de estos colegios me resultan muy útiles y procuro aplicarlos  en mi profesión.

En mi trabajo actual todos conocen bien mis convicciones. No oculto nada: y durante los veinte minutos de descanso en que se van a tomar el café yo me voy a misa. Y cuando me toca estar en las mesas de negociación, procuro que no haya gritos, que cada uno pueda exponer su postura, que se respeten las intervenciones de los demás…

“Es cuestión de organizarse”

familia  Tagged , , , , , No Comments »

Maria del Carmen, dependienta de perfumería en unos grandes almacenes en Granada, cuenta su experiencia

Mi marido y yo estábamos muy preocupados, porque él trabaja en un bar y yo en unos grandes almacenes, y tenemos unos horarios muy complicados, incompatibles por supuesto. Es como una bomba de relojería: cuando él termina, yo empiezo. Tenemos dos niños, y cuando llega el verano, estamos con ellos y todo va muy bien, pero en invierno, aquí en Granada, con los horarios que tenemos, queríamos que fueran a algún sitio para estudiar y para hacer actividades con otras chicas y chicos. Comentamos este problema con un amigo de la familia, que nos habló de Alayos para el chico y de un club para la chica: fuimos, los vimos, nos gustó y así fue como conocí yo, hace ahora tres años, el Opus Dei.

Y la verdad, conocer la Obra me ha ayudado mucho, profesionalmente y como madre de familia, porque me ha ayudado a organizar mi vida, y he visto que se puede hacer compatible el trabajo con el cuidado de tu familia y de tus hijos. Es difícil, pero poder, se puede.

Al principio, una amiga me decía: “mira, si te organizas, puedes ir al trabajo, cuidar de tu casa y sacar tiempo incluso para ir a Misa todos los días”. Yo le decía: “madre mía, tú estas loca: con el ritmo que llevo… ¿cómo puedo ir a Misa todos los días? ¡Si no me da tiempo a lavar, planchar, ir a hacer mi turno, recoger a los niños, volver a casa…!

-¡Pues si te organizas –me decía- verás como te da tiempo!

Asociación Juvenil Alayos

Y así ha sido. He aprendido a sacar tiempo para tratar a Dios y hacer mi ratito de oración; y he descubierto que si te organizas mejor, sacas tiempo para tu marido, para tus padres y para tu familia; y vas por la vida más tranquila y educas mejor a tus hijos, y les ayudas mejor a labrarse un porvenir.

Claro, para eso necesitas una fe, y alguien que te ilusione y que te llene, como Jesucristo  porque el resto de las cosas se te quedan en nada: mucho gimnasio, mucho viaje, mucho cuidarte, mucho cobrar… pero al final, todo eso son cosas vanas y se van.

“Ahora he descubierto que puedes querer a Dios en cualquier momento del día y puedes ser feliz: no hace falta que te toque la lotería o esperar a tener grandes cosas”

Yo llevaba veinte años en la misma empresa y por decirlo en pocas palabras, estaba un poco cansada: todos los días la misma rutina, las mismas preguntas de los clientes, las mismas respuestas, y luego que si las quejas, que si hace calor, que si hace frío… y el Opus Dei me ha ayudado a trabajar en presencia de Dios. Y en lo espiritual estabaapagailla. Ahora he descubierto que puedes querer a Dios en cualquier momento del día y puedes ser feliz: no hace falta que te toque la lotería o esperar a tener grandes cosas. Como pongas la esperanza en esas cosas, no llegarás a ser feliz nunca…

Si te das cuenta de eso, cambia todo el panorama: porque ya no ves sólo a un cliente, más o menos simpático, más o menos amable, que te pregunta esto o lo otro, sino que ves a un hijo de Dios; y eso hace que te esmeres más, cuando te pregunta lo mismo por quinta vez; y hace que cuides las relaciones con tus compañeras de trabajo y te intereses y te preocupes por ellas -qué tal está tu madre, qué tal está tu hijo- de tal forma que de simples compañeras se van convirtiendo en amigas tuyas.

Y también cambia el panorama profesional, porque te esfuerzas en trabajar mejor; yo hago lo que puedo para que mejore mi parcela y lo que me han encomendado.

En cuanto a San Josemaría, pues se podría decir que le conozco desde siempre, porque mi madre le tenía mucha devoción y yo le he rezado desde que era pequeña. Pero ahora es cuando estoy descubriendo la maravilla de lo que enseña: porque cuando te esfuerzas en poner a Dios en todo lo que haces, Dios te ayuda y te da una alegría muy grande; y ya no sales de tu casa sofocada, pensando “Ay madre mía, que todavía me queda la plancha, que todavía tengo que hacer esto y aquello”…

Porque esa es la verdad: yo antes salía de mi casa amargá, como decimos en Andalucía; mi vida era limpiar, fregar y volver a casa rápido; y ahora salgo de una manera completamente distinta, dándole gracias a Dios por que me dé un nuevo día para quererle y para servirle; y veo el trabajo de otra manera, lo mismo que la atención de mis hijos… Antes algunas cosas que tenía que hacer eran una carga que me había caído encima, y ahora… ¡hasta lo de la plancha me parece distinto, porque ya no lo veo sólo como una obligación, sino como un trabajo en el que puedo estar con Dios, quererle, charlar, disfrutar con Él un ratito!

“En el trabajo puedo estar con Dios, quererle, charlar, disfrutar con Él un ratito”

Ese saberse hijo de Dios te ayuda mucho, en las cosas pequeñas y en las grandes. Yo… hubo una mañana en la que me levanté y me dijeron, de repente, que mi padre había fallecido. Si eso me hubiera pasado hace años, no sé qué hubiera hecho… Pero en aquellos momentos vi la mano de Dios; pedí a un sacerdote que rezara un responso por mi padre. Y Dios me dio fortaleza para llevar aquello.

Si no tienes esa presencia de Dios, si no sabes que Dios es tu Padre y que todo lo hace por tu bien aunque tú no lo entiendas, yo me hubiera hundido cuando lo de mi padre, estoy segura, me hubiera venido abajo, y no hubiera sido capaz de tener la fortaleza con la que llevé todo aquello, gracias a Dios.

Mauricio Valenciano: relato de mi vida

compromiso  Tagged , , , , , , , , , No Comments »

Mauricio Valenciano es un hombre hecho a sí mismo: panadero, obrero y promotor de la industria en su pueblo

La Peña de San Pedro

Soy de una familia de panaderos de la Peña de San Pedro, un pueblo de Albacete. Mis padres y mis abuelos se dedicaban al oficio, y yo me puse a trabajar, lo mismo que mis cinco hermanos, en cuanto pude levantar la pala, porque trabajo en la panadería había para todos. Pero el pueblo no tenía futuro y a los veintidós años –yo soy del 32- me marché a Bilbao para trabajar en lo que se terciara.

Estuve trabajando unos once o doce años, ya no me acuerdo, en una fábrica de productos químicos; primero de peón, y luego en otros departamentos, hasta que pasé al laboratorio de investigación.

El Opus Dei
Fue esa época, en octubre de 1958, cuando conocí el Opus Dei. Me gustó el ambiente de trabajo, de amistad, de cariño y de sencillez que vi en la gente, con ese afán por encontrar a Dios en todas las cosas. Pocos meses después, en enero del 59, pedí la admisión como agregado. Tenía veintisiete años.

Entonces éramos muy jóvenes y estaba casi todo por hacer. Yo vivía en Gorostiza, en una aldea de Bilbao que está cerca de las minas de carbón, y por la tarde me montaba en la bici –una de aquellas bicicletas de entonces, grandota, con un manillar inmenso- y me iba al centro del Opus Dei para recibir medios de formación… los días que llegaba, claro, porque un día se te pinchaba una rueda, y al otro, te quedabas atascado en el barro. Pero gracias a Dios, nunca me pasó nada serio. Y después de recibir un círculo, o una clase de vida cristiana, me iba a la fábrica y me pasaba la noche trabajando.

Por la mañana, al terminar, iba a misa de seis y media en una iglesia que estaba cerca; luego pasaba la ría, desde Erandio a Baracaldo, me hacía otros cinco kilómetros en bici hasta Gorostiza, y… a dormir.

El taller

Hasta que me dije: “voy a establecerme por mi cuenta”. Y puse un taller de pintura de brocha gorda con un hermano y un amigo. Dinero no teníamos, pero para esos negocios, más que dinero, lo que hace falta es ganas de trabajar. Y nosotros las teníamos. Comenzamos -me acuerdo muy bien, porque ese día el Papa Pablo VI estaba en Fátima y no se me olvida- el 13 de mayo de 1967. Teníamos por todo capital cinco mil pesetas.

Empezamos sin coche y sin un local para dejar las cosas. Cuando nos llamaban para pintar, nos cargábamos las escaleras al hombro y los cubos con las brochas, tomábamos el tren por la parte derecha de la ría y nos plantábamos en las casas. Luego, gracias a un préstamo, alquilamos un local y compramos un furgoneta. Y en cuanto pudimos, montamos una tienda de papel pintado.

Puente colgante

Luego me metí en los quioscos de prensa, que es algo muy importante. De un quiosquero depende mucho lo que la gente lee. Un amigo se hizo con dos –uno al lado del Puente Colgante y otro en Erandio- y allí echaba yo unas horas también.

El Club Eretza

El resto del tiempo lo dedicaba al Club Eretza, donde iban muchos trabajadores y obreros como yo para formarse cristianamente. Ya digo que entonces estaba todo por hacer. Al principio empezamos en un bar, porque no teníamos local para el Club. Pedíamos un vasito de vino y unas aceitunas, y después teníamos una charla de formación cristiana o de virtudes humanas. Allí llegamos a juntarnos hasta veinticinco personas.

Poco después, a comienzos de los sesenta, nos instalamos en un piso viejo, que tenía un alquiler muy barato. Mi madre, cuando se enteró, lo compró, para que se pudieran dar allí los medios de formación de la Obra, y entre todos lo fuimos arreglando y adecentando. Al principio no teníamos ni sillas, ni mesas, ni nada de nada: nos sentábamos en el suelo, sobre papel de periódico de la Gaceta del Norte. Lo arreglamos como pudimos. Mi madre nos regaló una mesa antigua de comedor que tenía, con todas las sillas, y así resolvimos la papeleta de los asientos. Y otras familias, como los padres de Jorge Larrazábal, nos fueron regalando muebles.

Venían por Eretza muchos obreros: algunos de Altos Hornos, otros de la Escuela de Maestría, y de todo tipo de talleres: carpinteros, pintores, electricistas…, y algunos estudiantes también. Asistían a las charlas, los que querían hablaban con el sacerdote y se iban formando espiritualmente y humanamente. Y pedagógicamente también, porque al ver la falta de conocimientos de algunos, organizamos unos cursos de leer y escribir, para pudieran sacarse el certificado de estudios primarios.

Así, año tras año, iban mejorando y superándose en todos los órdenes, aprendiendo a hacer las cosas bien y a preocuparse por los demás. Ahora cuando me encuentro con algunos, y me hablan de aquel tiempo, me dicen: “¡Ah, si no hubiese sido por Eretza, que hubiese sido de mí!”.

Peña de San Pedro

De nuevo en Albacete

En el 78 me vine a Albacete, con mi madre, a Peña de San Pedro. Mi padre había muerto unos años antes, bastante joven, con cincuenta y siete, y mis hermanos ya estaban casados. La zona no tenía industria ninguna y la gente, cuando dejó de haber trabajo en el Trasvase, se fue; y el pueblo se quedó medio vacío.

Pensé que tenía que hacer algo para promocionar a los demás. De eso nos hablan mucho en el Opus Dei: de nuestra responsabilidad personal. Nos recuerdan que como cristianos, no podemos mirar hacia otra parte ante los problemas ajenos. No nos dan la solución concreta; nos dicen: reza y decide ante el Señor cuál va a ser tu respuesta, como cristiano, ante esa situación en la que te encuentras.

Estuve dándole vueltas: ¿Qué hago? ¿Qué podemos hacer? Porque por este camino, como siga yéndose la juventud, el pueblo desaparece. Hasta que junto con otros del pueblo decidimos poner una fábrica de embutidos.

Comenzamos como pudimos, entre nosotros, trabajando mucho. Poco a poco levantamos las naves, y nos fue muy bien. Y lo mejor es que esto ha estimulado a los demás: ahora hay siete fábricas en el pueblo, y en los pueblos de alrededor también se van animando. Hacemos un embutido muy rico, y en las otras fábricas, que son de alimentación y de panadería, se ha vuelto a hacer pan de pueblo, ese pan sabroso, de un sabor tan especial, como el que hacían mis padres y mis abuelos.

Mi madre

Durante ese tiempo mi madre se rompió cadera y yo me hice cargo de ella. Murió hace cuatro años. Era muy buena cristiana, muy lista y muy generosa. Era cooperadora del Opus Dei desde hace muchos años. En los últimos tiempos tenía que ayudarla en todo, porque no podía moverse.

¡Ay, Mauricio, la que te ha caído!, me decía ella. Y yo le contestaba que cuidarla no era ninguna carga para mí; al contrario, era algo que me hacía muy feliz, porque uno se queda siempre corto atendiendo a sus padres, después de todos los sacrificios que han hecho por ti. Mi felicidad era verla tan contenta y rodeada de tanto cariño en su vejez.

Recuerdo esos últimos años como un tiempo particularmente feliz para los dos: a pesar de su invalidez y de tener que estar yo pendiente de ella continuamente, de día y de noche. Los domingos la llevaba a Misa y todos los días, antes de comer, rezábamos el Rosario juntos. Y cantábamos mucho, sobre todo los cantares y coplas de cuando ella era joven.

“Yo, cuando echo la vista atrás, le doy muchas gracias a Dios, al ver que nada cae en vacío”

Murió con una gran serenidad, porque Dios hace las cosas de maravilla. Se puso muy mal; vino el sacerdote y la atendió; yo le leí la recomendación del alma y estuve rezando a su lado hasta el último momento. Y cuando murió, no sé cómo contar esto, pero fue así, en medio de aquel dolor grandísimo, me vino una alegría muy grande, una felicidad honda, inexplicable.

Decía el Fundador del Opus Dei que cuando fuéramos viejos nos pasaríamos las horas dando gracias a Dios, y es verdad: yo, cuando echo la vista atrás, le doy muchas gracias a Dios, al ver que nada cae en vacío. No me considero viejo aunque los setenta y cinco ya no los cumplo, porque por dentro me siento joven, joven, como si tuviera treinta años, con la sensación de haber vivido, de estar viviendo, una novela maravillosa, como decía San Josemaría.

La vida diaria de Luisa

familia  Tagged , , , , , , , No Comments »

“Tengo 27 años y trabajo como nutricionista en un hospital. Todas las mañanas, de camino al trabajo, le echo mi cuento a Dios’”. Así es la vida ordinaria de Luisa Elena Villamizar.

Luisa Elena Villamizar, es nutricionista en un hospital de Caracas.

“Soy nutricionista y trabajo en el Hospital Clínico de Caracas tres días a la semana. Otros dos días atiendo consultas privadas.

Tengo 27 años y soy supernumeraria del Opus Dei desde hace cinco”.

¿Cómo es un día normal para ti?

Me levanto a las 5:30, le doy gracias a Dios por ese nuevo día y se lo ofrezco. Luego, agarro mi computadora, mis libros, mi bata y mi comida, porque no regreso a la casa hasta la noche.

ELLA ES: Luisa Elena Villamizar. Venezuela. 27 años. Nutricionista en el Hospital Clínico de Caracas.

En el camino hasta el Hospital hago un rato de oración: un rato de “conversación” con Dios y con la Virgen. ¡Les echo mi cuento! Cuando tengo un hueco, rezo el Rosario a la Virgen y procuro asistir a la Santa Misa en la capilla del hospital.

¿Y cuando llegas al trabajo?

¡El día se me pasa volando viendo los pacientes! El hecho de que los saludes y te aprendas su nombre hace una diferencia grande, te lo retribuyen. Trato de ser amiga de los que trabajan conmigo, de preocuparme por ellos. Imagino que todo eso gusta a Dios y hace más agradable mi trabajo.

El fin de semana recupero fuerzas. Se los dedico a la familia, voy a la playa, a comer, veo a mis amigos.

¿En qué te ayuda ser del Opus Dei?

Me ayuda en mi compromiso con la Iglesia. En la Obra me enseñaron a rezar por la Iglesia y a “ser Iglesia” donde me encuentre. Mi compromiso con la Prelatura consiste en luchar por vivir su espiritualidad: buscar a Dios en la vida ordinaria.

La Prelatura se compromete a darme formación espiritual, y eso lo compruebo cada día.

¿Cómo es tu familia?

Somos una familia de seis hermanos, que vive al día. Mis papás han tenido que esforzarse mucho para sacarnos adelante: doy gracias a Dios por su ejemplo.

En Granada…

familia  Tagged , , , , , , No Comments »

Somos ecuatorianos. Mi marido se vino a España en el año 2000 para abrirse camino, y yo me quedé en mi país con los niños. Fue lo que más me costó: quedarme allí sola con los niños, aunque yo tenía mi trabajo, y mi madre y mi hermana me ayudaban.

A Dios gracias, tomé la decisión de venirme con mis niños en la primavera del 2003. Aquí en Granada he tenido buenas experiencias: no tuve dificultad para conseguir trabajo y encontré gente buena que me apoyó en todo momento.

Aunque en Ecuador también está el Opus Dei, yo hasta que vine aquí no sabía nada. Lo conocí porque una hermana de mi marido estaba un día rezando en la Virgen de las Angustias, y una señora le preguntó si conocía gente interesada en participar en unas clases de integración.

Mi cuñada me lo dijo a mí y yo se lo dije a mis amigas y comenzamos a reunirnos en un centro del Opus Dei todos los sábados: unas veces íbamos quince, otras veinte, y otras veces hasta treinta señoras: gente emigrante de fuera, de mi país y de otros países de América, que no nos conocíamos antes.

Allí hemos aprendido muchas cosas de formación, sobre la educación de los hijos y la familia. Hemos ido a conocer muchas cosas de Granada y tenemos charlas sobre el modo de preparar la comida, clases de ordenadores y de fe cristiana.

Gracias a Dios, mi marido, mi madre, yo, hemos sido católicos desde siempre: desde que tengo uso de razón voy a Misa todos los domingos y he intentado practicar lo bueno, como enseña la Iglesia. Me ha gustado cumplir con la Iglesia y con los sacramentos. Por eso me ha parecido muy hermoso todo lo que conocido en esta Obra para llevar una vida cristiana.

He visto que aquí alguna gente sólo va a la iglesia cuando tiene un compromiso: bodas, comuniones… Pero luego, se olvidan. Algunas amigas se sorprenden y me preguntan: ¿Cómo? ¿Todos los domingos vas a la Misa?

Alayos

En esas charlas con señoras nos hablaron del Club Alayos, cuando tenía su sede abajo, al lado del Ambulatorio. Lo vimos y nos gustó. Y desde entonces mi marido y yo asistimos aquí a las charlas familiares y al Triduo de la Navidad, y el niño viene al club desde hace cuatro años. Aquí practica su deporte y va a la catequesis de confirmación.

Mi marido está muy contento con el Club, lo mismo que yo. Cuando veo cómo está la juventud, nos alegra que siga viniendo, porque estamos seguros de que aquí aprenderá muchas cosas buenas.

No sé cómo explicarlo

familia  Tagged , , , , , , , No Comments »

María Luisa, madre de familia y funcionaria de justicia. En este testimonio habla de la libertad interior y la cercanía de Dios en la vida ordinaria

Como mis padres querían que tuviera una buena formación, me llevaron a un club de bachilleres, donde disfruté mucho, aunque mi paso por ese primer club (y los que vinieron después) fue, como lo diría… un poco accidentado. Yendo al grano: me echaron de ese club y de varios más por revoltosa.

Yo entonces tenía once, doce, trece años, y no lo podía remediar: donde iba, la armaba. Un día fui a un retiro, me encontré con un micrófono y a todas las que pasaban les iba diciendo a sus espaldas, escondiéndome para que no me vieran, con voz cavernosa: “Hola, soy Dios y he venido a decirte que…”; y se pegaban un susto de muerte. A otro retiro fui con mi cafetera, la instalé en el cuarto para hacerme un cafelito de vez en cuando, la enchufé y… fundí los plomos de toda la casa.

Tenían bastante paciencia conmigo, pero claro, aquello no era plan… Aparentemente era una de esas chicas que no se enteran de nada. Luego crecí, pasé de los clubes y comencé a vivir mi vida. Decidí divertirme y pasármelo bien. Fue un tiempo en el que me reía mucho, pero por dentro estaba inquieta: me faltaba algo.

A los veinte años una amiga mía me planteó la posibilidad de entregarme a Dios en la Obra. No recuerdo que le contesté a la pobre, pero debió ser algo del tipo: ¡Pero qué me estás contando, criatura!

Y volví a pasar de nuevo… Alguno puede pensar que la formación cristiana que había recibido por un oído me entraba y por otro me salía… Pero la verdad es que mucho se había quedado dentro: muchísimo más de lo que yo creía.

Por eso –lo veo ahora- es tan importante sembrar, sembrar y sembrar durante esos años de la adolescencia, procurando que se acerquen a Dios esas almas que sólo parecen estar interesadas en armar jaleo y barullo; porque de pronto, cuando Dios quiere, todo lo que se ha sembrado hace ¡plaf!, y da fruto.

Fue poco tiempo después, en Misa, cuando volvía de comulgar. Vi claramente que Dios me pedía que me entregara plenamente a Él y en concreto, como supernumeraria. Y aquí me tienen ustedes, casada, con cuatro hijos y trabajando en un juzgado –soy funcionaria de justicia-, como tantas sufridas madres de nuestro tiempo, procurando vivir el espíritu del Opus Dei lo mejor que puedo.

A veces pienso: ¿qué haría Jesucristo si estuviera en mi puesto de trabajo? Y me lo imagino atendiendo el teléfono, ordenando los papeles, charlando con el público. Con qué serenidad trabajaría, con qué alegría…

Es curioso: estoy descubriendo poco a poco la verdad de muchas cosas que llevo escuchando -gracias a mis padres y a los clubes-, desde que era pequeña. Por ejemplo, qué significa eso de “santificar el trabajo”. Antes pensaba que se trataba de ofrecerlo a Dios, y con eso bastaba… Y no; es mucho más: porque cuando trabajas cara al Señor todo cobra una nueva dimensión…

El espíritu del Opus Dei le da un colorido formidable a la vida, y al mismo tiempo, la vuelve mucho más sencilla. Te descomplicas, te liberas… sí; y te vuelves mucho más libre. ¡Si la gente, que tiene tantas ansias de libertad, supiera la libertad interior y las alas que da el esforzarse por estar cada día más cerca de Dios! Cuanto más le amas, más liberada te sientes. Con razón decía san Agustín: “ama y haz lo que quieras”.

¡Si la gente supiera lo que significa sentirse querida por el Señor! Muchas personas piensan que esto de “vivir en cristiano la vida corriente”, a lo que ayuda tanto el espíritu del Opus Dei, se parece al circo, y se trata de conseguir el “más difícil todavía” o de hacer cosas aparatosas, yo que sé… y no es así, ya lo decía san Josemaría: se trata de amar, de amar mucho a Dios y a los demás y de amar en lo pequeño; de poner mucho cariño en todo lo que haces, cuando estás entre sentencias o recursos, o bañando a un niño, o limpiando la cocina.

El otro día estaba yo fregando los platos y pensaba: ¡Dios mío, si estoy fregando platos y te estoy amando!

Eso te da una felicidad, una libertad… no sé como explicarlo.

“Una peluquería con buen marketing”

familia  Tagged , , No Comments »

Estamos en la calle Mayor, una de las calles con más solera y tradición de Pamplona. Entre tiendas de recuerdos para turistas y establecimientos “de toda la vida”, está la peluquería de Lourdes Arriazu.

Su vida, dice, es muy normal. Se levanta temprano y después de desayunar, se dirige a la parroquia de San Lorenzo, donde se encuentra la capilla de San Fermín, patrón de Navarra, y espera a que abran para hacer un rato de oración y asistir a la Santa Misa. Luego emprende el camino hacia la peluquería para empezar su jornada laboral. “La gente sabe que a las 8 estoy allí, de hecho, algunas que quieren venir pronto a la peluquería van a buscarme a la Iglesia. Todo el mundo sabe que empiezo mi trabajo con la oración y la Misa y lo termino con otro rato de oración y el rosario”.

“Conocí el Opus Dei porque a mi peluquería venían algunas personas de la Obra y me llamaban la atención. Me gustaba mucho su forma de vivir. Primero fui cooperadora, era una idea que me parecía genial. Tardé mucho tiempo en pedir la admisión”.

En su peluquería encontramos revistas, periódicos y algunos libros para que sus clientas se puedan entretener mientras esperan su turno. “Cuando me dicen: dame una revista. Yo les digo: te la doy, pero léete esto que es más bonito”. Y Lourdes nos saca una entrevista publicada en un periódico a la mujer de un conocido profesor universitario. “No hay profesión en la que se pueda ayudar tanto a la gente como en la peluquería. Aquí viene una persona que ha tenido un hijo enfermo, otra que tiene otro problema y siguen viniendo y viniendo. Es muy fácil que, mientras estoy con una clienta, le encuentre un poquito triste y le invite a tomar un café o a charlar un rato… Dime en qué profesión se puede hacer esto, ¡en ninguna! En esta peluquería hemos organizado charlas sobre virtudes, temas de familia… viene muchísima gente y las tenemos aquí mismo”.

Además de su peluquería, Lourdes estuvo un tiempo yendo a visitar a las presas de la cárcel. “Fue muy duro, ¡la cárcel es la cárcel! A veces eran “muy saborías”. Les cortábamos y arreglábamos el pelo, les llevábamos sacos de ropa, hablábamos con ellas, les dábamos consejos… Una vez, en una Misa de Navidad, se me acercó una señora y empezó a decirme “gracias, gracias, gracias, le debo tanto…” mientras me besaba la mano. Yo me asusté un poco. Era la madre de una reclusa. Pasado el tiempo, su hija me dijo que le habíamos ayudado mucho, le parecíamos personas tan sencillas y naturales que en un principio nos cogió antipatía, pero que después nos conoció mejor y cambió de idea”.

Para Lourdes, el Opus Dei es su familia, “noto que es familia en todo”. Ella ha sabido transmitir ese aire a su peluquería y afirma que allí toda la que va se siente en casa. Durante unos días, el responsable de marketing de una conocida marca de cosméticos estuvo de observador en su peluquería. Al cabo de una semana le dijo que había aprendido el “marketing de Lourdes”, que no se aprende en ninguna universidad. Para ese marketing se necesitaban tres cosas: querer mucho a la gente, tener buena memoria, y sencillez para decir a cada persona lo que necesita. A lo que Lourdes dice: “Bueno, pues ese marketing es el que yo he aprendido en el Opus Dei: querer a las personas”.

“Muchas personas tienen sed de Dios”

sacerdotes  Tagged , , , , No Comments »

D. Gregorio tiene 32 años y es el párroco de la Parroquia de Nuestra Señora de la Oliva y San José Obrero, situada en la localidad de Dos Hermanas (Sevilla)

Su labor sacerdotal se vuelca en procurar atender a los más de 40.000 vecinos que habitan en los 19 barrios de su feligresía. Barrios de familias trabajadoras, sencillas y con esa natural alegría que suele caracterizar a las gentes de este pueblo sevillano. Nos atiende entre bloques de pisos, en un pequeño parque, muy cerca de su parroquia.

¿Cómo descubrió su vocación sacerdotal?

Mis padres son buenos cristianos y me enseñaron de pequeño a tratar a Dios con confianza y sencillez. Íbamos toda la familia a Misa los domingos y, de pequeño, alguna vez ayudé como monaguillo en la Monasterio de la Encarnación, de Sevilla.

Luego llegó la adolescencia y, aunque no dejé de ir a Misa los domingos, me enfrié bastante en el trato con Dios. Es curioso, no rezaba casi nada, pero sí recuerdo que la coherencia era un valor que apreciaba bastante. Y los comportamientos incoherentes me enfadaban, con esa rabieta tan propia de los adolescentes, que a veces es poco razonable.

Imagen de San José Obrero

Terminé el bachillerato y comencé la carrera de Derecho. Me gustaba salir con mi pandilla de amigos y amigas y charlábamos mucho de todos los temas que a un universitario le suelen interesar: las clases, los profesores, las salidas profesionales, la política, la amistad, el deporte, las ganas que todos teníamos de pasarlo bien… Ya en el primer curso de carrera notaba una cierta inquietud interior. La felicidad que yo estaba buscando no estaba en las movidas nocturnas, ni en las fiestas, ni en esos comportamientos superficiales que te dejan vacío por dentro…

Mi afán por detestar las incoherencias, que en la adolescencia me había ocasionado más de un quebradero de cabeza, me llevó a Dios. Una chica de mi pandilla me habló del Opus Dei. De la Obra yo sólo tenía un conocimiento muy superficial, y además con referencias negativas: en aquellos años pensaba que la Obra era sólo para personas con mucho poder adquisitivo y otros tópicos que puede quizá tener quien no conoce el espíritu sobrenatural de la Obra.

En el segundo año de carrera comencé a acudir casi todos los días al Club Universitario Plaza de Cuba, un centro de la Obra en Sevilla. Me impresionó la alegría, el buen humor y la sencillez de trato que encontré allí. Intensifiqué mi vida cristiana, descuidada desde la adolescencia y me propuse ir a Misa todos los días. Al tratar a Dios en la oración se me abrían insospechados horizontes, ideales grandes de entrega al Señor que estaban como enterrados en el fondo de mi alma. He de decir que por aquellos años yo tenía una novia formal, una chica estupenda con la que estaba saliendo desde hacía algunos meses. En las conversaciones que yo mantenía con el sacerdote que atendía ese centro de la Obra, me animaba a crecer en mi vida de piedad y a vivir un noviazgo limpio.

Así las cosas, vi clara mi vocación sacerdotal y decidí entrar en el Seminario diocesano de Sevilla en el mes de septiembre de 1998.

¿Cómo es el día a día de su trabajo en la parroquia?

Nuestra Señora de la Oliva

Cada día percibo con más claridad que muchas personas tienen sed de Dios.  Cuando llegué a la Parroquia de Nuestra Señora de la Oliva y san José Obrero no era consciente del cariño con que iba a ser recibido por los vecinos.

Tengo muy claro que un sacerdotedebe ser un hombre de Dios. Para eso, necesito de la oración, de la Santa Misa, del recurso filial a la Virgen María y a San José…

También me propuse cuidar mucho a los enfermos de la zona. Procuro visitarles con frecuencia, aliviar en la medida de lo posible su dolor, pedir por ellos, apoyarme en su oración, que tanto vale en la presencia de Dios…

Las primeras navidades que pasé al frente de la parroquia, me propuse felicitar la Navidad a todos los habitantes de la zona: 40.000 personas. Unas semanas más tarde, apareció por la parroquia una señora que quería volver a vivir su fe, que tenía abandonada desde hacía tiempo.  Al preguntarle el porqué de su decisión me dijo: “a mí, nadie me ha felicitado la Navidad. Cuando llegó a mi casa la felicitación de la parroquia,  decidí volver a practicar mi fe”.

Percibes la acción del Espíritu Santo en las almas. Gracias a Dios, dos jóvenes de la parroquia ya están en el Seminario diocesano, y cada vez más personas acuden al Sacramento de la confesión, en fin, todos son motivos para dar muchas gracias a Dios.

El 13 de junio colocaron en su parroquia una reliquia de San Josemaría Escrivá, fundador del Opus Dei, ¿cómo le ayuda la Obra a vivir su vocación sacerdotal?

Gracias al espíritu del Opus Dei, he aprendido que mi vocación sacerdotalse llena de sentido cuando estoy plenamente unido a mi Obispo, el Cardenal D. Carlos Amigo, y al Obispo coadjutor de la diócesis, D. Juan José Asenjo; cuando procuro estar muy unido a mis hermanos sacerdotes de la diócesis y, por supuesto, cuando procuro estar cerca de mis feligreses, ayudándoles en todo lo que me pidan y rezando por ellos.  Esta maravilla de la vocación sacerdotal yo la encontré gracias al espíritu del Opus Dei.  Comprenderá por tanto que estoy en deuda con san Josemaría, que tanto se desvivió por la formación de los sacerdotes diocesanos. Queremos honrar así su memoria en nuestra parroquia, para que muchas almas se encomienden a su intercesión.


WordPress Theme & Icons by N.Design Studio. WPMU Theme pack by WPMU-DEV.
Entries RSS Comments RSS Acceder