Somoano y las conferencias de los lunes

movimiento Opus Dei  Tagged , , , , , , , No Comments »

“La fundación del Opus Dei”. Libro escrito por John F. Coverdale, en el que narra la historia del Opus Dei hasta 1943.

El 2 de enero de 1932 don Lino Vea Murguía llevó a Escrivá a conocer a un amigo suyo, don José María Somoano, joven capellán del Hospital del Rey. Para preparar la visita, Escrivá pidió a varias personas que rezaran y ofrecieran sacrificios por una intención suya. En cuanto le explicó el Opus Dei Somoano pidió ser admitido. Somoano escribió en su diario un breve resumen del encuentro: “Me entusiasmó. Le prometí ‘enchufes’ –enfermos orantes- para la Obra de Dios. Yo, entusiasmado. Dispuesto a todo”[1]. Somoano confió a uno de los enfermos que se había sentido tan feliz que no pudo dormir aquella noche.

Inmediatamente, Somoano empezó a pedir a los pacientes del hospital que rezaran y ofrecieran sus sufrimientos por una intención muy especial. Una joven llamada María Ignacia García Escobar, enferma de tuberculosis, se sintió tan impresionada por la alegría y entusiasmo de Somoano que anotó en su diario lo que le había dicho: “María: hay que pedir mucho por una intención, que es para bien de todos. Esta petición no es de días; es un bien universal que necesita oraciones y sacrificios, ahora, mañana, y siempre. Pida sin descanso le digo, es muy hermoso”[2].

Antes de que terminara la semana, Somoano descubrió una nueva vocación para el Opus Dei, su amigo Jose María Vegas, un sacerdote dinámico y optimista de la dioceses de Madrid, de treinta años de edad. Al igual que Somoano, en cuanto descubrió el Opus Dei pidió ser admitido.

El lunes 22 de febrero de 1932 se reunieron por primera vez lo seis sacerdotes que pertenecían al Opus Dei. Estos encuentros periódicos serían llamados por Escrivá las Conferencias de los Lunes. En estas reuniones les explicaba con más detalle la naturaleza de la vocación a la Obra y estrechaba relaciones entre los participantes. Solían hablar de futuras empresas apostólicas y soñaban con el día en el que el Opus Dei empezaría su actividad externa. Escrivá creía que ese día no estaba muy lejos. En febrero de 1932 escribió en sus cuadernos: “Jesús, veo que tu Obra puede comenzar pronto”[3].

A pesar de lo reducido del grupo, de su falta de actividad externa, e incluso de una sede propia, las Conferencias de los Lunes eran vibrantes y entusiastas. Los participantes salían de ellas cargados con la fe de Escrivá en el futuro de la Obra. María Ignacia Escobar observó que cuando Somoano “volvía los lunes de asistir a las reuniones espirituales de nuestra Obra, solamente al mirarle se le notaba lo contento y satisfecho que venía, y el cuadernito donde conservaba los apuntes de las meditaciones y demás cositas de ésta, era su joya más preciada”[4]. Sin embargo, a la mayoría de los participantes no les resultaba fácil entender lo que Escrivá les explicaba. Aunque estaban entusiasmados, no entendían del todo el mensaje.

[1] José Miguel Cejas. JOSÉ MARÍA SOMOANO. EN LOS COMIENZOS DEL OPUS DEI. Ediciones Rialp 1996. p. 130

[2] Ibid. p. 134

[3] Andrés Vázquez de Prada. Ob. cit. p. 445

[4] Ibid. p. 455

Asilo Porta Coeli

movimiento Opus Dei  Tagged , , , , , , No Comments »

Recorrido histórico de los lugares fundamentales relacionados con la fundación del Opus Dei.

Opus Dei - José María  Somoano

José María Somoano

El Venerable Padre Francisco de Asís Méndez Casariego fundador de las Hermanas Trinitarias, fundó un hogar en este lugar para los niños abandonados y explotados de la ciudad: el “Porta Coeli”.

Allí falleció santamente el 1 de abril de 1924. Una capilla en la Catedral de la Almudena evoca la figura de este santo sacerdote.

José María Somoano, capellán del Asilo Porta Coeli

José María Somoano capellán del Asilo Porta Coeli colaboró estrechamente con san Josemaría en los comienzos del Opus Dei, al que se vinculó en 1932

Los “golfillos”

José María Somoano, un joven sacerdote asturiano que colaboró con el Fundador en los comienzos del Opus Dei, fue capellán de este Asilo, tras el fallecimiento del Padre Méndez, a quien don Daniel García Hughes, su profesor de Historia Eclesiástica, consideraba un santo y cuya figura le había impresionado tanto desde sus años de Seminario.

Opus Dei -

Desde que don Daniel hizo aquellos comentarios en clase, se había fijado especialmente en aquel anciano canónigo, cada vez que le veía entrar y salir de la catedral; se había informado sobre sus fundaciones; tras su muerte, el 1 de abril de 1924, había venido a ver la habitación pobrísima en la que vivía, donde atendía “a los chicos, muchos llenos de miseria, niños que primero buscaba y de quien se hacía acompañar, como si fuera los que más le honraban”.

Poco después, las religiosas que atendían el asilo pidieron a Somoano que hablase con los testigos de su vida y revisase los escritos y cartas del Fundador, para dárselas a don Daniel, que estaba recogiendo material para su biografía, con vistas al proceso de Canonización.

Aquellas notas, escritas en papeles viejos y usados, conmovieron hondamente su alma de sacerdote joven. “Lo más difícil para mí —había escrito el Padre Méndez— cuando trato de emprender una obra es saber si Dios quiere que la haga. Una vez convencido de esto, ya tengo las dificultades solucionadas; porque no puede Dios llamarme a hacer una obra sin darme los medios necesarios”.

En los talleres del Asilo les enseñaban —como deseaba el Padre Méndez— trabajos manuales de ebanistería, imprenta, carpintería o broncería …a los que querían, porque muchos desaparecían de pronto, saltando la tapia -era la costumbre- aunque podían irse libremente por la puerta principal…

Somoano se desvivía por aquellos muchahos y hacía todo lo posible por ayudarles humana y espiritualmente, acercándolos a los sacramentos y promoviendo actividades que hoy calificaríamos de integración social.

Asilo Porta Coeli: San Josemaría y el primer círculo de formación cristiana del Opus Dei

En este lugar -en el que se alza en la actualidad el moderno edificio que se ve en la fotografía- dio el Fundador el primer círculo de formación cristiana el 21 de enero de 1933. Uno de los asistentes fue Juan Jiménez Vargas. Contaba san Josemaría en sus Apuntes íntimos:

El sábado pasado, con tres muchachos y en Porta Caeli di comienzo, g.a.D., a la obra patrocinada por S. Rafael y S. Juan. Hice después de la charla, exposición menor, y les di la bendición con el Señor. Nos reuniremos los miércoles.

“A Juan -relata Vázquez de Prada- le impresionaron la fe y devoción que trascendían de los gestos y oraciones litúrgicas, «sobre todo, la manera de tener la custodia en sus manos y dar la Bendición». Años más tarde explicaría el sacerdote por dónde andaba su pensamiento al dar aquella bendición con el Santísimo:

Al terminar la clase, fui a la capilla con aquellos muchachos, tomé al Señor sacramentado en la custodia, lo alcé, bendije a aquellos tres…, y yo veía trescientos, trescientos mil, treinta millones, tres mil millones…, blancos, negros, amarillos, de todos los colores, de todas las combinaciones que el amor humano puede hacer.

Y me he quedado corto, porque es una realidad a la vuelta de casi medio siglo. Me he quedado corto, porque el Señor ha sido mucho más generoso.

San Josemaría atendió espiritualmente a los golfillos que se educaban en este Asilo durante los años treinta.

Recordaba el 19 de marzo de 1975 en Roma, que algunos de los muebles y cosas que le habían regalado para la Academia DYA las llevé al asilo de Porta Coeli, donde trabajaba dirigiendo cariñosamente, afectuosamente, a los golfos que estaban allí recogidos.

Por la calle García de Paredes llega hasta la calle de Santa Engracia. Desde esta calle de Santa Engracia se ve, hacia abajo, la cercana Glorieta del Pintor Sorolla. Esta fue una zona que conoció profundamente el Fundador del Opus Dei.

Hospital de Carlos III, antiguo Hospital del Rey

movimiento Opus Dei  Tagged , , , , , No Comments »

Recorrido histórico de los lugares fundamentales relacionados con la fundación del Opus Dei

10 de mayo de 2009

Opus Dei -

San Josemaría en el Hospital del Rey

San Josemaría acudió a este Hospital con mucha frecuencia para atender a los enfermos, tuberculosos en su mayoría. Les pedía que ofrecieran sus dolores al Señor, por una intención concreta: el Opus Dei. Esos dolores y sufrimientos, decía el Fundador, fueron los cimientos de la Obra de Dios.

Escribió en sus Apuntes el 2 de octubre de 1930, en el segundo aniversario de la Fundación del Opus Dei:

Vengo considerando -y lo pongo aquí, porque luego, leyéndolo, se graba más en mí y me hace bien- que los edificios materiales, en su construcción, tienen gran semejanza con los espirituales.

Y así como aquella veleta dorada del gran edificio, por mucho que brille y por alta que esté, no importa para la solidez de la obra, mientras, por el contrario, un viejo sillar oculto en los cimientos, bajo tierra, donde nadie lo ve, es de importancia capital para que no se derrumbe la casa…, aunque no brille como el pobre latón dorado allá arriba…

Así, en ese gran edificio, que se llama “la Obra de Dios” y que llenará todo el mundo, no hay que dar importancia a la veleta brillante. ¡Eso ya vendrá! Los cimientos: de ellos depende la solidez toda del conjunto.

Cimientos hondos, muy hondos y fuertes: los sillares de ese cimiento son la oración; la argamasa que unirá estos sillares tiene un nombre solamente: expiación. Orar y sufrir, con alegría. Ahondar mucho; pues, para un edificio gigante, se precisa una base gigante también.

Opus Dei - D. Jose María  Somoano

D. Jose María Somoano

El 2 de enero de 1932 el Fundador conoció aquí a José María Somoano, Capellán de la Enfermería de este Hospital. Escribía pocos días después:

El sábado, día dos de enero, fui al Hospital del Rey con Lino. Hablé con D. José Mª Somoano. No fue inútil la oración y la expiación. Yo, a consecuencia de la charla con D. Norberto en la mañana de ese día, andaba caído de fuerzas y estuve, por la tarde al charlar con Somoano, más premioso que de costumbre.

Ya pertenece este amigo a la Obra.

Le recomendé que se dirija por mi P. Sánchez. Me gustó mi tocayo: es un alma de Apóstol. Con D. Norberto rezamos el Te Deum.


San Josemaría ejerció su ministerio sacerdotal más intensamente en este lugar a partir de julio de 1932, tras la muerte santa de José María Somoano —probablemente envenenado por odio a la fe— en la Enfermería de este Hospital. Desde el exterior del Hospital puede contemplarse el Edificio de Enfermería, y los pabellones de Enfermos.

María Ignacia, enferma en el Hospital del rey

Opus Dei - María Ignacia  García Escobar

María Ignacia García Escobar

María Ignacia García Escobar, enferma de tuberculosis, una de las primeras mujeres del Opus Dei, ingresó en este Hospital el 22 de julio de 1930 y se alojó en el primer cuarto del segundo piso del tercer pabellón.

Pidió la admisión en el Opus Dei el 9 de abril de 1932 y murió santamente en este hospital el 13 de septiembre de 1933. La tumba donde fue enterrada, en el cementerio de Chamartín de la Rosa, desapareció durante la guerra civil española.

San Josemaría tras la muerte de José María Somoano

Escribe Váquez de Prada: “Murió Somoano la noche del sábado 16 de julio, después de dos días de agonía, envenenado. El lunes se le enterró; y don Josemaría, que tantas esperanzas había puesto en esta vocación, la ofreció al Señor. Había muerto mártir, envenenado por odio al sacerdocio. Al regreso del entierro anotó en sus Apuntes:

Opus Dei -

Día 18 de julio de 1932: El Señor se ha llevado a uno de los nuestros:

José María Somoano, sacerdote admirable

Murió, víctima de la caridad, en el Hospital del Rey (de donde ha sido Capellán hasta el fin, a pesar de todas las furias laicas) en la noche de la fiesta de N. Sra. del Carmen —de quien era devotísimo, vistiendo su santo escapulario—, y, como esta fiesta se celebró en sábado, es seguro que esa misma noche gozaría de Dios. Hermosa alma [...].

Su vida de celo le hizo ganarse las simpatías de cuantos convivieron con él. Se le enterró esta mañana [...]. Hoy, de buena gana, le he dado a Jesús ese socio.

—Está con El y será una gran ayuda. Tenía puestas muchas esperanzas en su carácter, recto y enérgico: Dios lo ha querido para El: bendito sea.

San Josemaría se sintió impulsado a cubrir la baja que la muerte del capellán había ocasionado. «Por esa época —refiere sor Engracia— nos quedamos sin capellán y en esas circunstancias, se presentó ante mí D. Josemaría Escrivá de Balaguer, por entonces era un joven sacerdote que apenas contaría con treinta años de edad, y me dijo que no me apurase por no tener ya Capellán oficial. Que de noche y de día, y a cualquier hora que fuese, y bajo mi responsabilidad, debía llamarle según fuera la gravedad del enfermo que pedía los Santos Sacramentos».

El capellán de Santa Isabel tuvo que hacer un hueco en su horario, que ya era bastante más que apretado. Cruzaba todo Madrid, de sur a norte, de Atocha a Fuencarral, y se llegaba a campo través hasta el Hospital. Aparecía allí todos los martes, para confesar enfermos. Pero, al aumentar los penitentes y alargarse las visitas, se vio obligado a ir a confesar también los sábados.

Opus Dei - Pabellón de  Enfermos del Hospital

Pabellón de Enfermos del Hospital

Los enfermos aguardaban con verdadera ansia la aparición del joven sacerdote. Esperaban de él una palabra de aliento, un gesto, una simple sonrisa que encendiera por dentro. «Cuando venía a confesar y ayudar, con su palabra y su orientación, a nuestros enfermos —cuenta sor María Jesús— les he visto esperarle con alegría y esperanza. Les he visto aceptar el dolor y la muerte con un fervor y una entrega, que daban devoción a quienes les rodeábamos».

«Los enfermos que morían en el Hospital no tenían miedo a la muerte —asegura sor Isabel—. La miraban cara a cara y hasta la recibían con alegría». Y recuerda la monja el caso de una chica enferma, cuya única consolación era mirar y remirar el retrato de su novio, que tenía encima de la mesilla de noche. Le habló don Josemaría, y le infundió tal consuelo, que no se preocupó más del retrato y «murió muy santamente».

Casi todos los domingos y días festivos celebraba misa para todo el hospital; y predicaba la homilía. Si hacía buen tiempo, se decía la misa en el jardín, al aire libre, aunque la situación política no estaba como para hacer manifestaciones de carácter litúrgico.

Opus Dei - Sala de  enfermos del Hospital

Sala de enfermos del Hospital

El joven sacerdote no se encogía ante el peligro. «Cuando yo le conocí —aclara sobre este punto la Superiora, sor Engracia—, era joven, pero era ya muy sensato, muy serio y muy valiente». Por su aspecto e indumentaria daba testimonio de su condición, vistiendo siempre de sotana.

Existía, sin embargo, en el ambiente un desafío continuo al sacerdote, como se desprende del modo en que sobrevino la muerte de Somoano y de las palabras, claras y lacónicas, de sor Engracia: «Nuestro Hospital estaba entonces distante de la ciudad. Había oposición al clero por parte de la mayoría de las personas que trabajaban allí. Y D. Josemaría tuvo siempre una actitud serena pero enérgica. Se veía, desde entonces, que valía para gobernar. Era un hombre con gran serenidad para todo».

El llegar hasta el Hospital del Rey, por entre descampados, en hábito religioso o clerical, era exponerse a insultos y pedradas. («A nosotras —dice de pasada sor María Jesús— nos apedreaban frecuentemente». No tratarían a don Josemaría con más afecto). Y luego, dentro del hospital, el sacerdote estaba expuesto al contagio de los enfermos infecciosos.

Para confesar en aquellas salas comunes era preciso estar con el oído pegado cerca de la almohada, sufriendo el estertor cargado de los moribundos, y los esputos y las toses de los tuberculosos.”


WordPress Theme & Icons by N.Design Studio. WPMU Theme pack by WPMU-DEV.
Entries RSS Comments RSS Acceder