Jesús, la Iglesia católica y el mundo judío

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Entrevista al profesor Francisco Varo, de la Universidad de Navarra, que ha participado en las XLIII Jornadas de Cuestiones Pastorales en Castelldaura

Opus Dei -  Prof. Francisco Varo.

Prof. Francisco Varo.

El profesor Francisco Varo, doctor en Teología (especialidad de Sagrada Escritura) y en Filosofía y Letras (división de Filología, Sección de Filología Bíblica Trilingüe), es profesor de Pentateuco y Libros Históricos del Antiguo Testamento, también de lengua hebrea e Historia de la exégesis moderna y contemporánea en la Universidad de Navarra.

-¿Cómo ha sido recibido el libro de Ratzinger en el ámbito judío?

El mundo judío no es uniforme: no hay un papa judío, por decirlo de alguna manera, y no se define una ortodoxia porque son personas concretas. Dentro del mundo judío, es interesante la respuesta hecha por Jacob Neusner, uno de los autores que aparecen citados en Jesús de Nazaret. Agradece no sólo la cita y el diálogo que recoge, sino el que esté iniciando el camino que él mismo siempre ha propugnado: hablar manteniendo claras las especificidades de cada uno, dentro del respeto y del aprecio de los unos a los otros.

-En la conferencia ha afirmado que el libro de Joseph Ratzinger no tiene una intencionalidad estratégica de aproximación al judaísmo. ¿Qué propone Benedicto XVI con Jesús de Nazaret?

La intencionalidad del libro es acercarse, con los medios técnicos posibles, desde la exégesis histórico-crítica contemporánea y desde la fe católica, a conocer a Jesús de Nazaret. Todo lo que ayude a comprender la verdad de cómo era Jesús resulta de gran interés. En ese acceso a su figura histórica, una de las luces que resaltan con evidencia es que Jesús era judío; un judío singular, que para los cristianos lleva a su plenitud la Torah, pero siempre judío. En este sentido, en el libro queda muy bien retratado dentro del marco cultural e histórico del judaísmo del siglo I.

-En la opinión pública actual, con frecuencia se muestra una fuerte escisión entre la Iglesia como jerarquía y la Iglesia de Jesús, su fundador. ¿Cómo explicar la unidad entre ambas?

Hay un viejo mito que resume esta concepción: Cristo sí, Iglesia no. Existen aquellos a quienes resulta atractiva la imagen de Jesús y, en cambio, no sienten esa cercanía con respecto a la Iglesia católica. En el fondo, esta distinción tiene su fundamento en que no ven al Jesús verdadero y, por tanto, desconocen la Iglesia verdadera. Cuando uno intenta diseñar la figura de Cristo según su propia visión, le gusta ese Jesús pero no el de verdad. En cambio, al conocer el Jesús verdadero, se da cuenta de que donde realmente lo encuentra es en la Iglesia que fundó, es decir, en la que sigue siendo hoy la Iglesia católica.

¿Por qué condenaron a muerte a Jesús?

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Francisco Varo

La figura Jesús de Nazaret se iba haciendo muy controvertida conforme avanzaba su predicación. Las autoridades religiosas de Jerusalén se mostraban inquietas con el revuelo que el maestro llegado de Galilea para la Pascua había suscitado entre el pueblo. Las elites imperiales también, ya que en unos tiempos en que periódicamente había rebrotes de alzamientos contra la ocupación romana encabezados por líderes locales que apelaban al carácter propio de los judíos, las noticias que les llegaban acerca de este maestro que hablaba de prepararse para la llegada de un «reino de Dios» no resultaban nada tranquilizadoras. Unos y otros estaban, pues, prevenidos contra él, aunque por diversos motivos.

Jesús fue detenido y su caso fue examinado ante el Sanedrín. No se trató de un proceso formal, con los requerimientos que más tarde se recogerían en la Misná (Sanhedrin IV, 1) —y que exigen entre otras cosas que se tramite de día—, sino de un interrogatorio en domicilios particulares para contrastar las acusaciones recibidas o las sospechas que se tenían acerca de su enseñanza. En concreto, sobre su actitud crítica hacia el templo, el halo mesiánico en torno a su persona que provocaba con sus palabras y actitudes y, sobre todo, acerca de la pretensión que se le atribuía de poseer una dignidad divina. Más que las cuestiones doctrinales en sí mismas, tal vez lo que realmente preocupaba a las autoridades religiosas era el revuelo que temían provocase contra los patrones establecidos. Podría dar lugar a una agitación popular que los romanos no tolerarían, y de la que se podría derivar una situación política peor de la que mantenían en ese momento.

Estando así las cosas trasladaron la causa a Pilato, y el contencioso legal contra Jesús se llevó ante la autoridad romana. Ante Pilato se expusieron los temores de que aquel que hablaba de un «reino» podría ser un peligro para Roma. El procurador tenía ante él dos posibles fórmulas para afrontar la situación. Una de ellas, la coercitio («castigo, medida forzosa») que le otorgaba la capacidad de aplicar las medidas oportunas para mantener el orden público. Amparándose en ella podría haberle infligido un castigo ejemplar o incluso haberlo condenado a muerte para que sirviera como escarmiento. O bien, podía establecer una cognitio («conocimiento»), un proceso formal en que se formulaba una acusación, había un interrogatorio y se dictaba una sentencia de acuerdo con la ley.

Parece que hubo momentos de duda en Pilato acerca del procedimiento, aunque finalmente optó por un proceso según la fórmula más habitual en las provincias romanas, la llamada cognitio extra ordinem, es decir un proceso en el que el propio pretor determinaba el procedimiento y él mismo dictaba sentencia. Así se desprende de algunos detalles aparentemente accidentales que han quedado reflejados en los relatos: Pilato recibe las acusaciones, interroga, se sienta en el tribunal para dictar sentencia (Jn 19,13; Mt 27,19), y lo condena a muerte en la cruz por un delito formal: fue ajusticiado como «rey de los judíos» según se hizo constar en el titulus crucis.

Las valoraciones históricas en torno a la condena a muerte a Jesús han de ser muy prudentes, para no realizar generalizaciones precipitadas que lleven a valoraciones injustas. En concreto, es importante hacer notar —aunque es obvio— que los judíos no son responsables colectivamente de la muerte de Jesús. «Teniendo en cuenta que nuestros pecados alcanzan a Cristo mismo (cf. Mt 25, 45; Hch 9, 4-5), la Iglesia no duda en imputar a los cristianos la responsabilidad más grave en el suplicio de Jesús, responsabilidad con la que ellos con demasiada frecuencia, han abrumado únicamente a los judíos» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 598).

Alegres con esperanza

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Francisco Varo presentó ayer en Madrid su libro “Alegres con esperanza. Textos de San Pablo meditados por San Josemaría”

Opus Dei -

Francisco Varo, profesor de Sagrada Escritura de la Facultad de Teología en la Universidad de Navarra, dijo ayer que el Año Paulino que se clausura el próximo 29 de junio ha sido muy positivo, porque ha servido para despertar el interés por un personaje importante en los orígenes del cristianismo, como es Pablo de Tarso, poco conocido para gran parte de la gente, pero que hoy tiene mucho que aportar”.

Varo presentó ayer su libro “Alegres con esperanza. Textos de San Pablo meditados por San Josemaría” (Rialp, 2009). “San Pablo es visto –dijo Varo– como  un hombre metido en el mundo, al que la fe le ayuda a vivir alegre, mirando la vida con esperanza”.

Un personaje para admirar y para imitar
“Amplitud de horizontes, afán recto y sano de renovar el pensamiento, cuidadosa atención a la ciencia y al pensamiento contemporáneos, y una actitud positiva y abierta ante las transformaciones actuales de las estructuras sociales y formas de vida”, son algunas características que San Josemaría ve en San Pablo, según Varo.

Según este autor, Pablo de Tarso “es un personaje para admirar y para imitar”, “es un hombre de su tiempo,  conocedor de sus derechos y deberes como ciudadano romano, y a quien el mensaje cristiano enriquece y abre horizontes”.

Valorar el don del sacerdocio
Francisco Varo se refirió además al Año Sacerdotal convocado por el Papa a partir del 19 de junio, y destacó el objetivo de que “los sacerdotes redescubramos y nos sintamos cada día más contentos con nuestra vocación, verdadero don de Dios”.

“Me gustaría –dijo también-  que todo el pueblo cristiano valore el don del sacerdocio, y muchos jóvenes puedan darse cuenta de que los ideales que llevan en su corazón los harán felices toda su vida si se abren a escuchar a Dios que los llama”.

Como experto en Sagrada Escritura y autor de los libros “¿Sabes leer la Biblia?” y “Rabí Jesús de Nazaret”, destacó que “los evangelios no son manuales de historia, pero sí escritos que testimonian unos hechos reales”, y advirtió del riesgo que supone “tomar algunos datos sueltos, para integrarlos en una trama alternativa, que siempre ha sido una tentación para gnósticos e “iluminados” de todas las épocas. Pero eso no es ciencia, sino literatura-ficción en el mejor de los casos”.


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