¿Cómo fue la muerte de Jesús?

GETSEMANÍ  Tagged , , , , , , No Comments »

Francisco Varo

Jesús murió clavado en una cruz el día 14 de Nisán, viernes 7 de abril del año 30. Así se puede deducir del análisis crítico de los relatos evangélicos, contrastados con las alusiones a su muerte trasmitidas en el Talmud (cfr. TB, Sanhedrin VI,1; fol. 43a).

La crucifixión era una pena de muerte que los romanos aplicaban a esclavos y sediciosos. Tenía un carácter infamante, por lo que de suyo no podía aplicarse a un ciudadano romano, sino sólo a los extranjeros. Desde que la autoridad romana se impuso en la tierra de Israel hay numerosos testimonios de que esta pena se aplicaba con relativa frecuencia. El procurador de Siria Quintilio Varo había crucificado en el año 4 a.C. a dos mil judíos como represalia por una sublevación.

Por lo que se refiere al modo en que pudo ser crucificado Jesús son de indudable interés los descubrimientos realizados en la necrópolis de Givat ha-Mivtar en las afueras del Jerusalén. Allí se encontró la sepultura de un hombre que fue crucificado en la primera mitad del siglo I d.C., es decir, contemporáneo de Jesús. La inscripción sepulcral permite conocer su nombre: Juan, hijo de Haggol. Mediría 1,70 de estatura y tendría unos veinticinco años cuando murió. No hay duda de que se trata de un crucificado ya que los enterradores no pudieron desprender el clavo que sujetaba sus pies, lo que obligó a sepultarlo con el clavo, que a su vez conservaba parte de la madera. Esto ha permitido saber que la cruz de ese joven era de madera de olivo. Parece que tenía un ligero saliente de madera entre las piernas que podría servir para apoyarse un poco, utilizándolo como asiento, de modo que el reo pudiera recuperar un poco las fuerzas y se prolongara la agonía evitando con ese respiro una muerte inmediata por asfixia que se produciría si todo el peso colgara de los brazos sin nada en que apoyarse. Las piernas estarían ligeramente abiertas y flexionadas. Los restos encontrados en su sepultura muestran que los huesos de las manos no estaban atravesados ni rotos. Por eso, lo más probable es que los brazos de ese hombre fueran simplemente atados con fuerza al travesaño de la cruz (a diferencia de Jesús, al que sí clavaron). Los pies, en cambio habían sido atravesados por los clavos. Uno de ellos seguía conservando fijado un clavo grande y bastante largo. Por la posición en que está podría pensarse que el mismo clavo hubiera atravesado los dos pies del siguiente modo: las piernas estarían un poco abiertas y el poste quedaría entre ambas, la parte izquierda del tobillo derecho y la parte derecha del izquierdo estarían apoyados en los lados del poste transversal, el largo clavo atravesaría primero un pie de tobillo a tobillo, después el poste de madera y después el otro pie. El suplicio era tal que Cicerón calificaba a la crucifixión como «el mayor suplicio», «el más cruel y terrible suplicio», «el peor y el último de los suplicios, el que se inflige a los esclavos» (In Verrem II, lib. V, 60-61).

Sin embargo, para acercarse a la realidad de lo que supuso la muerte de Jesús en la cruz no basta con quedarse en los dolorosos detalles trágicos que la historia es capaz de ilustrar, pues la realidad más profunda es la que confiesa «que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras» (1 Co 15,3). En su entrega generosa a la muerte de Cruz manifiesta la magnitud del amor de Dios hacia todo ser humano: «Dios demuestra su amor hacia nosotros porque, siendo todavía pecadores, Cristo murió por nosotros» (Rm 5,8).

El Cáliz y la Cruz

firmes en la fe  Tagged , , , , , No Comments »

Un equipo de profesores de Historia y Teología de la Universidad de Navarra responde a 10 preguntas sobre lo que sucedió en Jerusalen del Jueves Santo al Domingo de Resurrección.

Opus Dei - Capilla del Santo Grial en Valencia

Capilla del Santo Grial en Valencia

¿Qué pasó en la Última Cena?

¿Por qué condenaron a muerte a Jesús?

¿Quién fue Caifás?

¿Qué era el Sanedrín?

¿Cómo fue la muerte de Jesús?

Opus Dei -

¿Cómo se explica la resurrección de Jesús?

¿Pudieron haber robado el cuerpo de Jesús?

¿Quién fue José de Arimatea?

¿Qué es el Santo Grial? ¿Qué relaciones tiene con el Santo Cáliz?

¿Quién fue Poncio Pilato?

“Yo estaré con vosotros”

movimiento Opus Dei  Tagged , , , , , , No Comments »

Cristo, con su Resurrección y Ascensión, indica a los cristianos: “Seréis mis testigos”. Ahora, transformar el mundo, con la ayuda del Resucitado, es tarea de todos. Así lo recordaba Mons. Álvaro del Portillo en un artículo del que publicamos un extracto en el día del aniversario de su fallecimiento.

Opus Dei -

El encargo que recibió un puñado de hombres en el Monte de los Olivos, cercano a Jerusalén, durante una mañana primaveral allí por el año 30 de nuestra era, tenía todas las características de una “misión imposible”. Recibiréis el poder del Espíritu Santo que descenderá sobre vosotros y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda la Judea, en Samaria y hasta los confines de la tierra (Act 1, 8).

Las últimas palabras pronunciadas por Cristo antes de la Ascensión parecían una locura. Desde un rincón perdido del Imperio romano, unos hombres sencillos —ni ricos, ni sabios, ni influyentes— tendrían que llevar a todo el mundo el mensaje de un ajusticiado.

Menos de trescientos años después, una gran parte del mundo romano se había convertido al cristianismo. La doctrina del Crucificado había vencido las persecuciones del poder, el desprecio de los sabios, la resistencia a unas exigencias morales que contrariaban las pasiones. Y, a pesar de los vaivenes de la historia, todavía hoy el cristianismo sigue siendo la mayor fuerza espiritual de la humanidad. Sólo la gracia de Dios puede explicar esto. Pero la gracia ha actuado a través de hombres que se sabían investidos de una misión y la cumplieron.

Cristo no presentó a sus discípulos esta tarea como una posibilidad, sino como un mandato imperativo. Así leemos en San Marcos: Andad a todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura. El que crea y se bautice, se salvará; mas el que no crea, se condenará (Mc 16, 15-16). Y San Mateo recoge las siguientes palabras de Cristo: Id y enseñad a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Yo estaré con vosotros hasta el fin del mundo (Mt 28, 19-20).

Opus Dei - Mons. Álvaro  del Portillo falleció el 23 de marzo de 1994. Está en marcha su proceso  de canonización.

Mons. Álvaro del Portillo falleció el 23 de marzo de 1994. Está en marcha su proceso de canonización.

Son palabras que traen a nuestra memoria las pronunciadas por Jesús en la Ultima Cena —como Tú me enviaste al mundo, así los he enviado Yo al mundo (Jn 17, 18)—, de las que el Concilio Vaticano II ha hecho el siguiente comentario: “Este mandato solemne de Cristo de anunciar la verdad salvadora, la Iglesia lo ha recibido de los Apóstoles con el encargo de llevarlo hasta el fin de la tierra”[1]. (…)

Los primeros cristianos supieron cambiar su sociedad, poniendo todo su esfuerzo al servicio del mandato de Cristo: Entonces, ellos partieron y predicaron por todas partes, mientras el Señor estaba con ellos y confirmaba la palabra con los prodigios que la acompañaban (Mc 16, 20).

Ante una sociedad que parece huir alocadamente de Dios, los cristianos de este siglo hemos sido llamados a realizar una nueva evangelización “En y desde las tareas civiles, materiales, seculares de la vida humana: en un laboratorio, en el quirófano de un hospital, en el cuartel, en la cátedra universitaria, en la fábrica, en el taller, en el campo, en el hogar de familia y en todo el inmenso panorama del trabajo, Dios nos espera cada día. Sabedlo bien: hay algo santo, divino, escondido en las situaciones más comunes, que toca a cada uno de vosotros descubrir”[2].

Y, con palabras de Juan Pablo II, “Esto sólo será posible si los fieles laicos saben superar en sí mismos la fractura entre el Evangelio y la vida, recomponiendo en su cotidiana actividad en la familia, en el trabajo y en la sociedad la unidad de vida que encuentra en el Evangelio inspiración y fuerza para realizarse en plenitud”[3]. El mundo espera cristianos sin fisuras, cristianos de una pieza. Con fallos, con errores, pero con la firme voluntad de rectificar cuanta voces sea preciso y seguir adelante en el camino que, de la mano de la Virgen, nos lleva al Padre a través de Cristo, Camino, Verdad y Vida.

Pasión

firmes en la fe  Tagged , , , , , , No Comments »

Textos de San Josemaría sobre esta escena del Evangelio

Desde entonces comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que él debía ir a Jerusalén y padecer mucho de parte de los ancianos, de los príncipes de los sacerdotes y de los escribas, y ser muerto y resucitar al tercer día (Mt, 16-21) .

“Habla Pilatos: Vosotros tenéis costumbre de que os suelte a uno por Pascua. ¿A quién dejamos libre, a Barrabás —ladrón, preso con otros por un homicidio—o a Jesús? (Math., XXVII,17.) —Haz morir a éste y suelta a Barrabás, clama el pueblo incitado por sus príncipes. (Luc., XXIII, 18.) Habla Pilatos de nuevo: Entonces ¿qué haré de Jesús que se llama el Cristo? (Math., XXVII, 22.)

¡Crucifige eum! —¡Crucifícale! (Marc., XV, 14.)

Pilatos, por tercera vez, les dice: Pues ¿qué mal ha hecho? Yo no hallo en él causa alguna de muerte. (Luc., XXIII, 22.)

Aumentaba el clamor de la muchedumbre: ¡crucifícale, crucifícale! (Marc., XV, 14.)

Y Pilatos, deseando contentar al pueblo, les suelta a Barrabás y ordena que azoten a Jesús.

Atado a la columna. Lleno de llagas.

Suena el golpear de las correas sobre su carne rota, sobre su carne sin mancilla, que padece por tu carne pecadora. –Más golpes. Más saña. Más aún… Es el colmo de la humana crueldad.

Al cabo, rendidos, desatan a Jesús. –Y el cuerpo de Cristo se rinde también al dolor y cae, como un gusano, tronchado y medio muerto.

Tú y yo no podemos hablar. –No hacen falta palabras. –Míralo, míralo… despacio.

Después… ¿serás capaz de tener miedo a la expiación?”

Misterios dolorosos. Santo Rosario

“¡Satisfecha queda el ansia de sufrir de nuestro Rey! –Llevan a mi Señor al patio del pretorio, y allí convocan a toda la cohorte. (Marc., XV, 16) —Los soldadotes brutales han desnudado sus carnes purísimas. —Con un trapo de púrpura, viejo y sucio, cubren a Jesús. —Una caña, por cetro, en su mano derecha…

La corona de espinas, hincada a martillazos, le hace Rey de burlas… Ave Rex judeorum! —Dios te salve, Rey de los judíos. (Marc., XV, 18.) Y, a golpes, hieren su cabeza. Y le abofetean… y le escupen.

Coronado de espinas y vestido con andrajos de púrpura, Jesús es mostrado al pueblo judío: Ecce homo! —Ved aquí al hombre. Y de nuevo los pontífices y sus ministros alzaron el grito diciendo: ¡crucifícale, crucifícale! (Joann., XVIII, 5 y 6.)

—Tú y yo, ¿no le habremos vuelto a coronar de espinas, y a abofetear, y a escupir?

Ya no más, Jesús, ya no más… ”

Misterios dolorosos. Santo Rosario

“Con su Cruz a cuestas marcha hacia el Calvario, lugar que en hebreo se llama Gólgota. (Joann., XIX, 17.) –Y echan mano de un tal Simón, natural de Cirene, que viene de una granja, y le cargan la Cruz para que la lleve en pos de Jesús. (Luc., XXIII, 26.)

Se ha cumplido aquello de Isaías (LIII, 12): cum sceleratis reputatus est fue contado entre los malhechores: porque llevaron para hacerlos morir con El a otros dos, que eran ladrones. (Luc., XXIII, 32.)

Si alguno quiere venir tras de mí… Niño amigo: estamos tristes, viviendo la Pasión de Nuestro Señor Jesús. –Mira con qué amor se abraza a la Cruz. –Aprende de El. –Jesús lleva Cruz por ti: tú, llévala por Jesús.

Pero no lleves la Cruz arrastrando… Llévala a plomo, porque tu Cruz, así llevada, no será una Cruz cualquiera: será… la Santa Cruz. No te resignes con la Cruz. Resignación es palabra poco generosa. Quiere la Cruz. Cuando de verdad la quieras, tu Cruz será… una Cruz, sin Cruz.

Y de seguro, como El, encontrarás a María en el camino.”

Misterios dolorosos, Santo Rosario

“Pido oraciones a todos por el feliz desarrollo de esta peregrinación tan especial”

iglesia  Tagged , , , , , , , No Comments »

Comentarios de D. Santiago Quemada: un sacerdote que vive en Jerusalén

Opus Dei -

He estado en una reunión en el Patriarcado con los obispos y sacerdotes para hablar de las últimas noticias y preparativos sobre la visita del Papa. Se habló de las Misas de Nazaret, Jerusalén y Belén, por este orden

Para la Misa de Nazaret el lugar elegido es el llamado monte del precipicio, a las afueras de la ciudad. Se venera allí el lugar donde los judíos intentaron precipitar al Señor, aunque parece claro que no fue en ese sitio. El obispo auxiliar de Nazaret, Monseñor Marcuzo, desplegó un plano grande donde estaba dibujada la disposición de los sitios en ese lugar. Nos dijo que se esperaban alrededor de 35.000 personas. Para llegar al lugar de la celebración no podrán desplazarse andando -como medida de seguridad- sino que se habilitarán autobuses que llevarán a la gente hasta la explanada.

Después se pasó a hablar de la Santa Misa que el Papa celebrará en Jerusalén. Nos dijeron que no podrá asistir mucha gente, y que allí no habrá sillas. Se esperan unas 5.000 personas. Los que no tengan entrada podrán seguir la Misa desde otros lugares elevados de Jerusalén desde donde se ve el valle del Cedrón, como son el monte Sión o el monte de los olivos. Los que tengan entrada, o los sacerdotes que vamos a concelebrar, tendremos que estar antes de las 13.00 La hora de comienzo de la Misa serán las 16.30. Dicen que desde ese momento ya casi no dejarán ni andar por las calles de la ciudad. Parece que será como si hubiera toque de queda. Así nos lo explicaron en el Patriarcado. Por lo que se refiere a la Misa de Belén se esperan unas 10.000 personas. Recomendaban dejar el coche en Beit Jalla e ir andando desde allí hasta Belén.

Después de los distintos avisos algunos sacerdotes empezaron contar algunas dificultades estaban viviendo. El Patriarca, con mucho optimismo y sentido común las desmontaba por elevación. Alguno de Cisjordania decía que no se estaba ofreciendo nada de información del viaje en los medios de comunicación. El Patriarca dijo que nada le impedía a él hablar todo lo que quisiera. Otro aseguraba que en Beit Jalla estaban poniendo carteles por las calles sobre el viaje del Papa y otros se los quitaban. El Patriarca le contestó que los pusieran otra vez.

En una entrevista a la prensa israelí el Patriarca señaló lo diferente que estaba siendo la organización de la Misa en Jordania en comparación con las Misas de aquí. Es cierto que hay dificultades, y que habrá excesivas medidas de seguridad, pero finalmente veremos al Papa y estaremos con él. En la prensa se decía que era el viaje más difícil del Papa hasta ahora. En cualquier caso el Santo Padre está muy ilusionado y nosotros también. Seguro que el viaje es muy fructífero, y llenará a la gente de la esperanza que tanto necesita. Por eso pido oraciones a todos, por el feliz desarrollo de esta peregrinación tan especial.

D. Santiago Quemada

He saludado al Papa

movimiento Opus Dei  Tagged , , , , , , No Comments »

Santiago Quemada cuenta que ayer pudo hablar un momento con el Santo Padre.

13 de mayo de 2009

Ha sido un día impresionante. Por la mañana casi no llego al Patriarcado pues estaban todas las calles cortadas y me mandaban de un sitio a otro. Finalmente, pasando seis o siete controles de policía, he llegado a la con-catedral.

El sitio que me ha tocado era muy bueno, estaba a 10 metros del lugar donde iba a estar el Papa. Cuando quedaba poco tiempo he visto que estaban arriba, en el coro, un grupo de seminaristas amigos y compañeros de clases en el Seminario.

Opus Dei -

“La universalidad del Opus Dei”
Me he lanzado abandonando mi asiento y allí me he posicionado. Se veía muy bien desde allí arriba. Cuando ha terminado el acto he salido al pasillo y ahí he podido saludar e intercambiar unas palabras con el Santo Padre.

He de decir que es la primera vez que hablo con un Papa en mi vida. Le he dicho en italiano que era del Opus Dei. Él ha repetido mis palabras. Le he dicho que llevo casi tres años viviendo en Jerusalén y que estoy aprendiendo árabe. Entonces ha dicho: -Eres español. Le he contestado: -¿Cómo lo ha sabido Santo Padre? El Papa ha comentado: -La universalidad del Opus Dei.

Después -ya en una nube- me he ido a comer al jardín con algunos sacerdotes y seminaristas. Cuando el Santo Padre ha terminado de comer hemos podido verle muy cerca pues se ha hecho unas fotos con todos los del Seminario. Los chavales estaban impresionados del cariño con el que les había saludado.

Opus Dei -

Primera Misa de un Papa
Al irse el Papa nos hemos quedado con la duda de cómo trasladarnos al valle de Josafat, estando todas las calles cortadas, incluso para pasar caminando. Hemos conseguido que nos lleven en coches, escoltados por la policía, hasta el lugar de la Misa.

Por primera vez en la historia, un Papa ha oficiado una Misa al aire libre en Jerusalén, la Ciudad Santa de las tres religiones monoteístas. El valle de Josafat estaba precioso. Los franciscanos lo han preparado todo muy bonito, y la ceremonia ha salido fenomenal.

Palabras animantes
El Patriarca ha hablado al comienzo de la Misa con mucha fuerza de la dura situación que se vive en estos lugares. Las palabras del Papa en la homilía han sido muy animantes y consoladoras. La seguridad tremenda, como siempre. Finalmente no ha habido más de tres mil o cuatro mil personas. Todos salíamos de la Santa Misa convencidos de haber vivido algo histórico y muy especial.

Muchas gracias Santo Padre

testimonio  Tagged , , , , , , No Comments »

Aquí termina el relato de Santiago Quemada. “Han sido días muy intensos y emocionantes” dice este sacerdote residente en Jerusalén.

16 de mayo de 2009

Opus Dei -

El Papa ha entrado en la Basílica del Santo Sepulcro para rezar en esos lugares tan santos. Primero ha besado la roca de la unción. Es muy venerada sobre todo por los ortodoxos. Después se ha dirigido al lugar de la tumba. Había una cámara dentro. Se ha visto cómo el Santo Padre entraba y de rodillas apoyado en la tumba rezaba a solas con mucha intensidad. ¡Que lugar más emocionante! Ahí el Señor resucitó de entre los muertos. Con que fe habrá pedido el Papa por la Iglesia, por los sacerdotes, por el pueblo fiel, por los que no son tan fieles, por los que no creen, por la paz en el mundo, por la paz en esta Tierra Santa…

El Papa después ha dicho unas palabras con las que ha pedido un futuro de justicia, paz y prosperidad. “Aquí murió y resucitó para no morir más. Aquí la historia de la humanidad cambió definitivamente. El largo dominio del pecado y de la muerte fue destruido por el triunfo de la obediencia y de la vida. Aquí Cristo nos ha enseñado que el mal no tiene la última palabra, que el amor es más fuerte que la muerte, que nuestro futuro y el de la humanidad está en las manos de un Dios previsor y fiel. La tumba vacía nos habla de esperanza, la esperanza que no defrauda porque es don del Espíritu de la vida. Este es el mensaje que os dejo hoy, al final de mi peregrinación en Tierra Santa. Qué la esperanza se eleve siempre, por gracia de Dios, en el corazón de todos los que viven en estas tierra”.

Después se ha dirigido al Calvario. Ahí de rodillas, apoyado en el altar debajo del cual está el agujero de la Cruz, ha rezado intensamente. A continuación se ha dirigido a la iglesia armena. Tenemos bastantes armenos, tanto católicos como ortodoxos que frecuentan nuestro centro, y también niños armenos que son socios del club. Cuando hablé con ellos la semana pasada, todos me decían que esperaban con ansia este momento en el que podrían ver al Papa en su iglesia. Ahí el Papa ha hablado con mucha fuerza de la unidad de los cristianos, llegando a decir que la división de los seguidores de Cristo “es una vergüenza”. Recientemente hubo una pelea en el Santo Sepulcro entre armenos y griegos ortodoxos.

Después de comer hemos visto por la televisión la ceremonia de despedida en el aeropuerto de Ben Gurión. Las palabras del Presidente de Israel han sido -a mi modo de ver- muy sinceras y llenas de agradecimiento por lo que la visita del Papa ha significado y los bienes que traerá. Las palabras del Papa muy valientes. Lo primero que ha dicho es que ha venido a visitar este país como amigo de los israelíes y como amigo del pueblo palestino.

Opus Dei -

El Papa también ha querido volver a condenar el Holocausto. Después ha hecho de nuevo un llamamiento a que los estados de Israel y Palestina, con fronteras reconocidas, puedan convivir en paz. “¡No más derramamiento de sangre! ¡No más conflicto! ¡No más terrorismo! ¡No más guerra! Rompamos el círculo vicioso de la violencia. Que pueda establecerse una paz duradera basada en la justicia, que haya una verdadera reconciliación y curación. Que sea universalmente reconocido que el Estado de Israel tiene derecho a existir y a gozar de paz y seguridad en el interior de sus fronteras internacionalmente reconocidas. Que sea igualmente reconocido que el pueblo palestino tiene el derecho a una patria independiente, soberana, a vivir con dignidad y viajar libremente”. Y finalmente ha pedido con claridad y fuerza: “Dejad que la solución de dos Estados se convierta en una realidad y no siga siendo un sueño”. Esto lo estaba diciendo frente al primer ministro, Benjamín Netanyahu, que –como es bien sabido- rechaza esa fórmula. El Santo Padre al abrir su discurso habló de las fuertes impresiones que le ha dejado esta peregrinación a Tierra Santa, en la que pudo constatar -en sus reuniones con las autoridades civiles, tanto en Israel como en los territorios Palestinos-, los grandes esfuerzos que ambos gobiernos realizan para asegurar el bienestar de las personas. Y sin embargo, Benedicto XVI concluyó su discurso con lo que calificó la más triste de las visiones: el muro. “Una de las visiones más tristes para mí durante mi visita a estas tierras ha sido el muro. Mientras lo costeaba, he rezado por un futuro en el que los pueblos de la Tierra Santa puedan vivir juntos en paz y armonía sin necesidad de semejantes instrumentos de seguridad y separación, sino respetándose y confiando el uno en el otro, en la renuncia de toda forma de violencia y de agresión”.

El Papa se dirigió al avión y se despidió de todos desde arriba de la escalerilla. En el vuelo hizo un resumen de sus impresiones del viaje a los periodistas. Dijo que había visto una gran voluntad de paz. También había constatado las grandes dificultades existentes para conseguirla. Aseguró su esperanza de que finalmente se consiga, y sus oraciones y las de todos los católicos del mundo por esta intención.

Aquí termina el relato de estos días tan emocionantes y tan intensos. La semana que viene contaré algunas anécdotas que hemos ido recordando estos días y no me ha dado tiempo a escribir. Sólo me queda agradeceros lo que habéis rezado por el viaje del Papa estos días, y animaros a que sigais pidiendo por el Papa y por sus intenciones. Seguro que podéis decir conmigo al término de estas jornadas:

-Muchas gracias Santo Padre por estos día inolvidables.

TEMA 18. El bautismo y la confirmación

conversión  Tagged , , , , , , 1 Comment »

El bautismo otorga al cristiano la justificación. Con la confirmación se completa el patrimonio bautismal con los dones sobrenaturales de la madurez cristiana.

Bautismo

1. Fundamentos bíblicos e institución

De entre las numerosas prefiguraciones veterotestamentarias del bautismo, se destacan el diluvio universal, la travesía del mar Rojo, y la circuncisión, por encontrarse explícitamente mencionadas en el Nuevo Testamento aludiendo a este sacramento (cfr. 1 P 3,20-21; 1 Co 10,1; Col 2,11-12). Con el Bautista el rito del agua, aun sin eficacia salvadora, se une a la preparación doctrinal, a la conversión y al deseo de la gracia, pilares del futuro catecumenado.

Jesús es bautizado en las aguas del Jordán al inicio de su ministerio público (cfr. Mt 3,13-17), no por necesidad, sino por solidaridad redentora. En esa ocasión, queda definitivamente indicada el agua como elemento material del signo sacramental. Se abren además los cielos, desciende el Espíritu en forma de paloma y la voz de Dios Padre confirma la filiación divina de Cristo: acontecimientos que revelan en la Cabeza de la futura Iglesia lo que se realizará luego sacramentalmente en sus miembros.

Más adelante tiene lugar el encuentro con Nicodemo, durante el cual Jesús afirma el vínculo pneumatológico que existe entre el agua bautismal y la salvación, de donde sigue su necesidad: «el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios» (Jn 3,5).

El misterio pascual confiere al bautismo su valor salvífico; Jesús, en efecto, «había hablado ya de su pasión que iba a sufrir en Jerusalén como de un “Bautismo” con que debía ser bautizado (Mc 10,38; cfr. Lc 12,50). La sangre y el agua que brotaron del costado traspasado de Jesús crucificado (cfr. Jn 19,34) son figuras del Bautismo y de la Eucaristía, sacramentos de la vida nueva» (Catecismo, 1225).

Antes de subir a los cielos, el Señor dice a los apóstoles: «Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado» (Mt 28,19-20). Este mandato es fielmente seguido a partir de Pentecostés y señala el objetivo primario de la evangelización, que sigue siendo actual.

Comentando estos textos, dice Santo Tomás de Aquino que la institución del bautismo fue múltiple: respecto a la materia, en el bautismo de Cristo; su necesidad fue afirmada en Jn 3,5; su uso comenzó cuando Jesús envió a sus discípulos a predicar y bautizar; su eficacia proviene de la pasión; su difusión fue impuesta en Mt 28, 19[1].

2. La justificación y los efectos del bautismo

Leemos en Rm 6,3-4: «¿O es que ignoráis que cuantos fuimos bautizados en Cristo Jesús, fuimos bautizados en su muerte? Fuimos, pues, con él sepultados por el bautismo en la muerte, a fin de que, al igual que Cristo fue resucitado de entre los muertos por medio de la gloria del Padre, así también nosotros vivamos una vida nueva». El bautismo, que reproduce en el fiel el paso de Jesucristo por la tierra y su acción salvadora, otorga al cristiano la justificación. Esto mismo apunta Col 2,12: «Sepultados con él en el bautismo, con él también habéis resucitado por la fe en la acción de Dios, que resucitó de entre los muertos». Se añade ahora la incidencia de la fe, con la cual, junto al rito del agua, nos «revestimos de Cristo», como confirma Ga 3,26-27: «Pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús. En efecto, todos los bautizados en Cristo os habéis revestido de Cristo».

Esta realidad de justificación por el bautismo se traduce en efectos concretos en el alma del cristiano, que la teología presenta como efectos sanantes y elevantes. Los primeros se refieren al perdón de los pecados, como pone en relieve la predicación petrina: «Pedro les contestó: “Convertíos y que cada uno de vosotros se haga bautizar en el nombre de Jesucristo, para remisión de vuestros pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo” (Hch 2,38). Esto incluye el pecado original y, en los adultos, todos los pecados personales. Se remite también la totalidad de la pena temporal y eterna. Permanecen sin embargo en el bautizado «ciertas consecuencias temporales del pecado, como los sufrimientos, la enfermedad, la muerte o las fragilidades inherentes a la vida como las debilidades de carácter, etc., así como una inclinación al pecado que la Tradición llama concupiscencia, o “fomes peccati”» (Catecismo, 1264).

El aspecto elevante consiste en la efusión del Espíritu Santo; en efecto, «en un solo Espíritu hemos sido todos bautizados» (1 Co 12,13). Porque se trata del mismo «Espíritu de Cristo» (Rm 8,9), recibimos «un espíritu de hijos adoptivos» (Rm 8,15), como hijos en el Hijo. Dios confiere al bautizado la gracia santificante, las virtudes teologales y morales y los dones del Espíritu Santo.

Junto a esta realidad de gracia «el bautismo imprime en el cristiano un sello espiritual indeleble (character) de su pertenencia a Cristo. Este sello no es borrado por ningún pecado, aunque el pecado impida al bautismo dar frutos de salvación» (Catecismo, 1272).

Como fuimos bautizados en un solo Espíritu «para no formar más que un cuerpo» (1 Co 12,13), la incorporación a Cristo es contemporáneamente incorporación a la Iglesia, y en ella quedamos vinculados con todos los cristianos, también con aquellos que no están en comunión plena con la Iglesia Católica.

Recordemos, finalmente, que los bautizados son «linaje elegido, sacerdocio real, nación santa, pueblo adquirido, para anunciar las alabanzas de Aquel que os ha llamado de las tinieblas a su admirable luz» (1 P 2,9): participan, pues, del sacerdocio común de los fieles, quedando «”obligados a confesar delante de los hombres la fe que recibieron de Dios por medio de la Iglesia” (LG 11) y a participar en la actividad apostólica y misionera del Pueblo de Dios» (Catecismo, 1270).

3. Necesidad

La catequesis neotestamentaria afirma categóricamente de Cristo que «no hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres por el que nosotros debamos salvarnos». Y puesto que ser «bautizados en Cristo» equivale a ser «revestido de Cristo» (Gal 3,27), deben entenderse en toda su fuerza aquellas palabras de Jesús según las cuales «El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará» (Mc 16,16). De aquí deriva la fe da la Iglesia sobre la necesidad del bautismo para la salvación.

Corresponde entender esto último según la cuidadosa formulación del magisterio: «El Bautismo es necesario para la salvación en aquellos a los que el Evangelio ha sido anunciado y han tenido la posibilidad de pedir este sacramento (cfr. Mc 16,16). La Iglesia no conoce otro medio que el Bautismo para asegurar la entrada en la bienaventuranza eterna; por eso está obligada a no descuidar la misión que ha recibido del Señor de hacer “renacer del agua y del espíritu” a todos los que pueden ser bautizados. Dios ha vinculado la salvación al sacramento del Bautismo, pero su intervención salvífica no queda reducida a los sacramentos» (Catecismo, 1257).

Existen, en efecto, situaciones especiales en las cuales los frutos principales del bautismo pueden adquirirse sin la mediación sacramental. Mas justamente porque no hay signo sacramental, no existe certeza de la gracia conferida. Lo que la tradición eclesial ha llamado bautismo de sangre y bautismo de deseo no son «actos recibidos», sino un conjunto de circunstancias que concurren en un sujeto, determinando las condiciones para que pueda hablarse de salvación. Se entiende así «la firme convicción de que quienes padecen la muerte por razón de la fe, sin haber recibido el Bautismo, son bautizados por su muerte con Cristo y por Cristo» (Catecismo, 1258). En modo análogo, la Iglesia afirma que «todo hombre que, ignorando el evangelio de Cristo y su Iglesia, busca la verdad y hace la voluntad de Dios según él la conoce, puede ser salvado. Se puede suponer que semejantes personas habrían deseado explícitamente el Bautismo si hubiesen conocido su necesidad» (Catecismo, 1260).

Las situaciones de bautismo de sangre y de deseo no incluyen la de los niños muertos sin bautismo. A ellos «la Iglesia sólo puede confiarlos a la misericordia divina, como hace en el rito de las exequias por ellos»; pero es justamente la fe en la misericordia de Dios, que quiere que todos los hombres se salven (cfr. 1 Tm 2,4), lo que nos permite confiar en que haya un camino de salvación para los niños que mueren sin bautismo (cfr. Catecismo, 1261).

4. Celebración litúrgica

Los «ritos de acogida» intentan discernir debidamente la voluntad de los candidatos, o de sus padres, de recibir el sacramento y de asumir sus consecuencias. Siguen las lecturas bíblicas, que ilustran el misterio bautismal, y son comentadas en la homilía. Se invoca luego la intercesión de los santos, en cuya comunión el candidato será integrado; con la oración de exorcismo y la unción con el óleo de catecúmenos se significa la protección divina contra las insidias del maligno. A continuación se bendice el agua con fórmulas de alto contenido catequético, que dan forma litúrgica al nexo agua-Espíritu. La fe y la conversión se hacen presentes mediante la profesión trinitaria y la renuncia a Satanás y al pecado.

Se entra ahora en la fase sacramental del rito, «mediante el baño del agua en virtud de la palabra» (Ef 5,26). La ablución, sea por infusión que por emersión, se debe realizar en modo tal que el agua corra por la cabeza, significando así el verdadero lavado del alma. La materia válida del Sacramento es el agua tenida como tal según el común juicio de los hombres. Mientras el ministro derrama tres veces el agua sobre la cabeza del candidato, o la sumerge, pronuncia las palabras: «NN, yo te bautizo en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo».

Los ritos posbautismales (o explicativos) ilustran el misterio realizado. Se unge la cabeza del candidato (si no sigue inmediatamente la confirmación), para significar su participación en el sacerdocio común y evocar la futura crismación. Se entrega una vestidura blanca como exhortación a conservar la inocencia bautismal y como símbolo de la nueva vida conferida. La candela encendida en el cirio pascual simboliza la luz de Cristo, entregada para vivir como hijos de la luz. El rito del effeta, realizado en las orejas y en la boca del candidato, quiere significar la actitud de escucha y de proclamación de la palabra de Dios. Finalmente, la recitación del Padrenuestro ante el altar –en los adultos, dentro de la liturgia eucarística– pone de manifiesto la nueva condición de hijo de Dios.

5. Ministro y sujeto

Ministro ordinario es el obispo y el presbítero y, en la Iglesia latina, también el diácono. En caso de necesidad, puede bautizar cualquier hombre o mujer, incluso no cristiano, con tal de que tenga la intención de realizar lo que la Iglesia cree cuando así actúa.

El bautismo está destinado a todos los hombres y mujeres que aun no lo hayan recibido. Las cualidades necesarias del candidato dependen de su condición de niño o adulto. Los primeros, que no han llegado aun al uso de razón, han de recibir el sacramento durante los primeros días de vida, apenas lo permita su salud y la de la madre: proceder de otro modo es, con expresión fuerte de San Josemaría, «un grave atentado contra la justicia y contra la caridad»[2]. En efecto, como puerta a la vida de la gracia, el bautismo es un evento absolutamente gratuito, para cuya validez basta que no sea rechazado; por otra parte, la fe del candidato, que es necesariamente fe eclesial, se hace presente en la fe de la Iglesia. Existen, sin embargo, determinados límites a la praxis del bautismo de los niños: es ilícita si falta el consenso de los padres, o no existe garantía suficiente de la futura educación en la fe católica. En vista de esto último se designan los padrinos, elegidos entre personas de vida ejemplar.

Los candidatos adultos se preparan a través del catecumenado, estructurado según las diversas praxis locales, con vista a recibir en la misma ceremonia también la confirmación y la primera Comunión. Durante este período se busca excitar el deseo de la gracia, lo que incluye la intención de recibir el sacramento, que es condición de validez. Ello va unido a la instrucción doctrinal, que progresivamente impartida busca suscitar en el candidato la virtud sobrenatural de la fe, y a la verdadera conversión del corazón, lo que puede pedir cambios radicales en la vida del candidato.

Confirmación

1. Fundamentos bíblicos e históricos

Las profecías sobre el Mesías habían anunciado que «reposará sobre él el espíritu de Yahvéh» (Is 11,2), y esto estaría unido a su elección como enviado: «He aquí a mi siervo a quien yo sostengo, mi elegido en quien se complace mi alma. He puesto mi espíritu sobre él: dictará ley a las naciones» (Is 42,1). El texto profético es aún más explícito cuando es puesto en labios del Mesías: «El espíritu del Señor Yahvéh está sobre mí, por cuanto me ha ungido Yahvéh. A anunciar la buena nueva a los pobres me ha enviado» (Is 61,1).

Algo similar se anuncia también para el entero pueblo de Dios; a sus miembros Dios dice: «infundiré mi espíritu en vosotros y haré que os conduzcáis según mis preceptos» (Ez 36,27); y en Jl 3,2 se acentúa la universalidad de esta difusión: «hasta en los siervos y las siervas derramaré mi espíritu en aquellos días».

En el misterio de la Encarnación se realiza la profecía mesiánica (cfr. Lc 1,35), confirmada, completada y públicamente manifestada en la unción del Jordán (cfr. Lc 3,21-22), cuando desciende sobre Cristo el Espíritu en forma de paloma y la voz del Padre actualiza la profecía de elección. El mismo Señor se presenta al comienzo de su ministerio como el ungido de Yahvéh en quien se cumplen las profecías (cfr. Lc 4,18-19), y se deja guiar por el Espíritu (cfr. Lc 4,1; 4,14; 10,21) hasta el mismo momento de su muerte (cfr. Hb 9,14).

Antes de ofrecer su vida por nosotros, Jesús promete el envío del Espíritu (cfr. Jn 14,16; 15,26; 16,13), como efectivamente sucede en Pentecostés (cfr. Hch 2,1-4), en referencia explícita a la profecía de Joel (cfr. Hch 2,17-18), dando así inicio a la misión universal de la Iglesia.

El mismo Espíritu derramado en Jerusalén sobre los apóstoles es por ellos comunicado a los bautizados mediante la imposición de las manos y la oración (cfr. Hch 8,14-17; 19,6); esta praxis llega a ser tan conocida en la Iglesia primitiva, que es atestiguada en la Carta a los Hebreos como parte de la «enseñanza elemental» y de «los temas fundamentales» (Hb 6,1-2). Este cuadro bíblico se completa con la tradición paulina y joánica que vincula los conceptos de «unción» y «sello» con el Espíritu infundido sobre los cristianos (cfr. 2 Co 1,21-22; Ef 1,13; 1 Jn 2,20.27). Esto último encontró expresión litúrgica ya en los más antiguos documentos, con la unción del candidato con óleo perfumado.

Estos mismos documentos atestiguan la unidad ritual primitiva de los tres sacramentos de iniciación, conferidos durante la celebración pascual presidida por el obispo en la catedral. Cuando el cristianismo se difunde fuera de las ciudades y el bautismo de los niños pasa a ser masivo, ya no es posible seguir la praxis primitiva. Mientras en occidente se reserva la confirmación al obispo, separándola del bautismo, en oriente se conserva la unidad de los sacramentos di iniciación, conferidos contemporáneamente al recién nacido por el presbítero. A ello se une en oriente una importancia creciente de la unción con el myron, que se extiende a diversas partes del cuerpo; en occidente la imposición de las manos pasa a ser una imposición general sobre todos los confirmandos, mientras que cada uno recibe la unción en la frente.

2. Significación litúrgica y efectos sacramentales

El crisma, compuesto de aceite de oliva y bálsamo, es consagrado por el obispo o patriarca, y sólo por él, durante la misa crismal. La unción del confirmando con el santo crisma es signo de su consagración. «Por la Confirmación, los cristianos, es decir, los que son ungidos, participan más plenamente en la misión de Jesucristo y en la plenitud del Espíritu Santo que éste posee, a fin de que toda su vida desprenda “el buen olor de Cristo” (cfr. 2 Co 2,15). Por medio de esta unción, el confirmando recibe “la marca”, el sello del Espíritu Santo» (Catecismo, 1294-1295).

Esta unción es litúrgicamente precedida, cuando se realiza separadamente del bautismo, con la renovación de las promesas del bautismo y la profesión de fe de los confirmandos. «Así aparece claramente que la Confirmación constituye una prolongación del Bautismo» (Catecismo, 1298). Sigue a continuación, en la liturgia romana, la extensio manuum para todos los confirmandosdel obispo, mientras pronuncia una oración de alto contenido epiclético (es decir, de invocación y súplica). Se llega así al rito específicamente sacramental, que se realiza «por la unción del santo crisma en la frente, hecha imponiendo la mano, y con estas palabras: “Recibe por esta señal el don del Espíritu Santo”». En las Iglesias orientales, la unción se hace sobre las partes más significativas del cuerpo, acompañando cada una por la fórmula: «Sello del don que es el Espíritu Santo» (Catecismo, 1300). El rito se concluye con el beso de paz, como manifestación de comunión eclesial con el obispo (cfr. Catecismo, 1301).

Así pues, la confirmación posee una unidad intrínseca con el bautismo, aunque no se exprese necesariamente en el mismo rito. Con ella el patrimonio bautismal del candidato se completa con los dones sobrenaturales característicos de la madurez cristiana. La Confirmación se confiere una única vez, pues «imprime en el alma una marca espiritual indeleble, el “carácter”, que es el signo de que Jesucristo ha marcado al cristiano con el sello de su Espíritu revistiéndolo de la fuerza de lo alto para que sea su testigo» (Catecismo, 1304). Por ella, los cristianos reciben con particular abundancia los dones del Espíritu Santo, quedan más estrechamente vínculados a la Iglesia, «y de esta forma se obligan con mayor compromiso a difundir y defender la fe, con su palabra y sus obras»[3].

3. Ministro y sujeto

En cuanto sucesores de los apóstoles, solo los obispos son «los ministros originarios de la confirmación»[4]. En el rito latino, el ministro ordinario es esclusivamente el obispo; un presbítero puede confirmar válidamente sólo en los casos previstos por la legislación general (bautismo de adultos, acogida en la comunión católica, equiparación episcopal, peligro de muerte), o cuando recibe la facultad específica, o cuando es asociado momentáneamente a estos efectos por el obispo. En las Iglesias orientales es ministro ordinario también el presbítero, el cual debe usar siempre el crisma consagrado por el patriarca u obispo.

Como sacramento de iniciación, la confirmación está destinada a todos los cristianos, no solo a algunos escogidos. En el rito latino es conferida una vez que el candidato ha llegado al uso de razón: la edad concreta depende de las praxis locales, las cuales deben respetar su carácter de iniciación. Se requiere la previa instrucción, una verdadera intención y el estado de gracia.

Philip Goyret

Benedicto XVI en Jerusalen. Visita a los dos Grandes Rabinos de Jerusalén Centro

compromiso  Tagged , , , , , , No Comments »

Opus Dei -

Martes, 12 de mayo de 2009

Distinguidos rabinos,

Queridos amigos,

Estoy agradecido por la invitación que me han hecho para visitar Hechal Shlomo y a encontrarme con ustedes durante este viaje a Tierra Santa como obispo de Roma. Agradezco al rabino sefardí Shlomo Amar y al rabino Askenazi Yona Metzger por sus calurosas palabras de bienvenida y por el deseo expresado de continuar fortaleciendo los vínculos de amistad que la Iglesia Católica y el Gran Rabinato se han comprometido diligentemente a avanzar en el último decenio. Sus visitas al Vaticano en el 2003 y el 2005 son un signo de la buena voluntad que caracteriza nuestras crecientes relaciones.

Distinguidos rabinos, en reciprocidad ante tal actitud les manifiesto mi personal sentimiento de respeto y estima por ustedes y sus comunidades. Les aseguro mi deseo de profundizar la mutua comprensión y cooperación entre la Santa Sede, el Gran Rabinato de Israel y el pueblo judío en todo el mundo.

Opus Dei -

Un gran motivo de satisfacción para mí desde el inicio de mi pontificado ha sido el fruto producido por el diálogo en curso entre la delegación de la comisión de la Santa Sede para las Relaciones Religiosas con los judíos y la delegación del Gran Rabinato de Israel para las Relaciones con la Iglesia Católica. Deseo agradecer a los miembros de ambas delegaciones por su dedicación y el fatigoso trabajo para perfeccionar esta iniciativa, tan deseada por mi venerado predecesor, el papa Juan Pablo II, como él mismo afirmó en el Gran Jubileo del año 2000.

Nuestro encuentro de hoy es una ocasión muy apropiada para agradecer al Omnipotente por las muchas bendiciones que han acompañado el diálogo conducido por la comisión bilateral, y por mirar con esperanza sus futuras sesiones. La buena voluntad de los delegados para discutir abierta y pacientemente no los solo los puntos de acuerdo, sino también los puntos de discordancia, ha allanado el camino para lograr una colaboración más efectiva en la vida pública. Judíos y cristianos están interesados por igual en asegurar el respeto por la sacralidad de la vida humana, la centralidad de la familia, una sólida educación de los jóvenes, la libertad de religión y de conciencia para una sociedad sana. Estos temas de diálogo representan solo la fase inicial de aquello que esperamos sea un sólido y progresivo camino hacia una mejorada comprensión recíproca.

Una indicación del potencial de esta serie de encuentros se ha rápidamente visto en nuestra preocupación compartida de frente al relativismo moral y a las ofensas que ello genera contra la dignidad de la persona humana. En el acercamiento a las más urgentes cuestiones éticas de nuestros días, nuestras dos comunidades se encuentran ante el desafío de comprometer a las personas de buena voluntad a nivel de la razón, añadiendo simultáneamente los fundamentos religiosos que mejor sostienen los perennes valores morales. Que pueda el diálogo que ha sido iniciado continuar generando ideas de cómo sea posible a los Cristianos y a los judíos trabajar juntos para aumentar la consideración de la sociedad por las contribuciones características de nuestras tradiciones religiosas y éticas. Aquí en Israel los cristianos, desde el momento en que constituyen solamente una pequeña parte de la población total, valoran de modo particular las oportunidades de diálogo con sus vecinos hebreos.

La confianza es, innegablemente, un elemento esencial para un diálogo efectivo. Hoy tengo la oportunidad de repetir que la Iglesia Católica está irrevocablemente comprometida en el camino decidido en el Concilio Vaticano II para una auténtica y duradera reconciliación entre cristianos y judíos. Como la Declaración Nostra Aetate ha aclarado, la Iglesia continúa a valorizar el común patrimonio espiritual a los Cristianos y Hebreos, y desea una cada vez más profunda y mutua comprensión y estima, tanto mediante los estudios bíblicos y teológicos, como mediante los diálogos fraternos. ¡Que los siete encuentros de la comisión bilateral que ya han tenido lugar entre la Santa Sede y el Gran Rabinato puedan constituir una prueba! Soy reconociente de su compartida afirmación que la amistad entre la Iglesia Católica y el Gran Rabinato continuará a crecer en el respeto y comprensión.

Amigos míos, expreso una vez más mi profunda consideración por la bienvenida que me han dirigido hoy. Que nuestra amistad se siga poniendo como ejemplo de confianza en el diálogo para los judíos y cristianos de todo el mundo. Mirando los resultados alcanzados hasta ahora, y extrayendo nuestra inspiración de las Sagradas Escrituras, que podamos apuntar con confianza a una siempre más convencida cooperación entre nuestras comunidades – junto con todas las personas de buena voluntad – en condenar el odio y la opresión en todo el mundo. Oro a Dios, que escruta nuestros corazones y conoce nuestros pensamientos (Sal 139,23), para que continúe iluminándonos con su sabiduría, y así podamos seguir sus mandamientos de amarlo con todo el corazón, con toda el alma y con todas las fuerzas (cf. Dt 6,5) y amar al prójimo como a nosotros mismos (Lv 19,18).

¡Gracias!

Homilía de la Misa en el Valle de Josafat de Jerusalén

testimonio  Tagged , , , , , No Comments »

Martes, 12 de mayo de 2009

Opus Dei - Santa Misa en el Valle de Josafat

Santa Misa en el Valle de Josafat

Queridos hermanos y hermanas en el Señor.

“Cristo ha resucitado, aleluya”. Con estas palabras les saludo con gran afecto. Agradezco al Patriarca Fouad Twal por sus palabras de bienvenida en nombre de ustedes, y ante todo, expreso también mi alegría de estar aquí para celebrar esta Eucaristía con ustedes, Iglesia en Jerusalén. Nos hemos reunido aquí bajo el Monte de los Olivos, donde nuestro Señor rezó y sufrió, donde lloró por amor a esta ciudad y por el deseo de que ésta pudiera conocer “el camino de la paz” (cfr Lc 19,42), aquí donde él regresó al Padre, dando su última bendición terrena a sus discípulos y a nosotros.

Acojamos hoy esta bendición. Él la dona de manera especial a ustedes, queridos hermanos y hermanas, que están unidos en una ininterrumpida línea con los primeros discípulos que encontraron al Señor Resucitado en el partir el pan, que experimentaron la efusión del Espíritu Santo en el cenáculo, que fueron convertidos por la predicación de San Pedro y de los otros apóstoles. Mis saludos los dirijo también a todos los presentes, y de modo especial a aquellos fieles de la Tierra Santa que por varias razones no han podido estar aquí hoy con nosotros.

Como sucesor de San Pedro, he recorrido sus pasos para proclamar al Señor Resucitado en medio de ustedes, para confirmarlos en la fe de sus padres e invocar sobre ustedes el consuelo que es el don del Paráclito. Encontrándome ante ustedes hoy, deseo reconocer las dificultades, la frustración, la pena y el sufrimiento que tantos de ustedes han soportado como consecuencia de los conflictos que han afligido estas tierras, y también las amargas experiencias de desplazamientos que muchas de sus familias han conocido y – Dios no lo permita- pueden aún conocer. Espero que mi presencia aquí sea un signo de que ustedes no son olvidados, que su perseverante presencia y testimonio son de hecho preciosos a los ojos de Dios y son una parte del futuro de estas tierras. Justamente a causa de sus profundas raíces en estos lugares, su antigua y fuerte cultura cristiana y su perdurable confianza en las promesas de Dios, ustedes Cristianos de Tierra Santa, están llamados a servir no sólo como un faro de fe para la iglesia universal, sino también como levadura de armonía, sabiduría y equilibrio en la vida de una sociedad que tradicionalmente ha sido, y continúa siendo, pluralista, multiétnica y multireligiosa.

Opus Dei -

En la segunda lectura de hoy, el Apóstol Pablo pide a los Colosenses que “busquen los bienes del cielo donde Cristo está sentado a la derecha de Dios” (Col 3,1). Estas palabras resuenan con particular fuerza aquí, bajo el Jardín del Getsemaní, donde Jesús aceptó el cáliz del sufrimiento en completa obediencia a la voluntad del Padre y donde según la tradición, ascendió a la derecha del Padre para interceder continuamente por nosotros, miembros de su Cuerpo. San Pablo, el gran heraldo de la esperanza cristiana, conoció el precio de ésta esperanza, su costo en sufrimiento y persecución por amor al Evangelio, y nunca vaciló en su convicción de que la resurrección de Cristo era el comienzo de la nueva creación. Como él nos dice a nosotros: “Cuando se manifieste Cristo, que es nuestra vida, entonces ustedes también aparecerán con él, llenos de gloria” (Col 3,4)!

La exhortación de pablo de “buscar los bienes del cielo” debe continuamente resonar en nuestros corazones. Sus palabras nos indican el cumplimiento de la visión de fe en esa celeste Jerusalén donde, en conformidad con las antiguas profecías, Dios enjugará las lágrimas de todos los rostros y preparará un banquete de salvación para todos los pueblos” (cfr Is 25,6-8; Hc 21,2-4).

Ésta es la esperanza, esta es la visión que impulsa a todos aquellos que amamos esta Jerusalén terrestre a verla como una profecía y una promesa de aquella reconciliación universal y paz que Dios desea para toda la familia humana. Lamentablemente, bajo los muros de esta misma Ciudad, somos también llevados a considerar cuán lejos esta nuestro mundo del cumplimiento de aquella profecía y promesa. En esta Ciudad Santa donde la vida ha vencido a la muerte, donde el Espíritu ha sido infundido como primer fruto de la nueva creación, la esperanza continua combatiendo la desesperación, la frustración y el cinismo, mientras la paz, que es don y llamada de Dios, continua siendo amenazada por el egoísmo, por el conflicto, por la división y por el peso de las ofensas del pasado. Por esta razón, la comunidad cristiana en esta Ciudad que ha visto la resurrección de Cristo y la efusión del Espíritu debe hacer todo lo posible por conservar la esperanza donada por el Evangelio, teniendo en cuenta el precio de la victoria definitiva de Cristo sobre el pecado y sobre la muerte, testimoniando la fuerza del perdón y manifestando la naturaleza más profunda de la Iglesia como signo y sacramento de una humanidad reconciliada, renovada y hecha uno en Cristo, el nuevo Adán.

Reunidos bajo los muros de esta ciudad, sagrada para los seguidores de las tres grandes religiones, ¿cómo no podemos dirigir nuestros pensamientos a la universal vocación de Jerusalén? Anunciada por los profetas, esta vocación aparece como un hecho indiscutible, una realidad irrevocable fundada en la historia compleja de esta ciudad y de su pueblo. Judíos, Musulmanes y Cristianos califican juntos esta ciudad como su patria espiritual. ¡Cuánto se necesita hacer todavía para convertirla verdaderamente en una “ciudad de la paz” para todos los pueblos, donde todos puedan venir en peregrinación en la búsqueda de Dios, y escuchar su voz, “una voz que habla de paz” (cf. Sal 85,8)!

Jerusalén en realidad ha sido siempre una ciudad en la cual resuenan lenguas diversas, cuyas piedras son pisadas por pueblos de toda raza y lengua, cuyos muros son símbolo del cuidado providente de Dios para toda la familia humana. Como un microcosmos de nuestro mundo globalizado, esta Ciudad, debe vivir su vocación universal, debe ser un lugar que enseñe la universalidad, el respeto por los otros, el diálogo y la mutua compresión; un lugar donde el prejuicio, la ignorancia y el miedo que la alimenta, sean superados por la honestidad, la integridad y la búsqueda de la paz. No debería haber lugar entre estos muros para la mezquindad, la discriminación, la violencia y la injusticia. Los creyentes en un Dios de misericordia –se califiquen como Judíos, Cristianos o Musulmanes-, deben ser los primeros en promover esta cultura de la reconciliación y de la paz, por cuanto pueda ser lento el proceso y grave el peso de los recuerdos pasados.

Quisiera aquí referirme directamente a la trágica realidad –que no puede nunca dejar de ser fuente de preocupaciones para todos aquellos que aman esta Ciudad y esta tierra- de la partida de numerosos miembros de la comunidad cristiana en los tiempos recientes. Si bien razones comprensibles llevan a muchos, especialmente jóvenes, a emigrar, esta decisión trae consigo como consecuencia un gran empobrecimiento cultural y espiritual de la ciudad. Deseo hoy repetir cuanto he dicho en otras ocasiones: ¡en la Tierra Santa hay lugar para todos! Mientras exhorto a las autoridades a respetar y sostener la presencia cristiana aquí, deseo al mismo tiempo asegurarles la solidaridad, el amor y el sostén de toda la Iglesia y de la Santa Sede.

Queridos amigos, en el Evangelio que apenas hemos escuchado, San Pedro y San Juan corren hacia la tumba vacía, y Juan nos ha dicho, “él vio y creyó”(Jn 20,8). Aquí en tierra Santa, con los ojos de la fe, ustedes junto a los peregrinos de todas partes del mundo que llenan las iglesias y los santuarios, son bendecidos al ver los lugares santificados por la presencia de Cristo, por su ministerio terreno, por su pasión, muerte y resurrección y por el don de su Santo Espíritu. Aquí como al apóstol Tomás, les es concedida la oportunidad de “tocar” las realidades históricas que están en la base de nuestra confesión de fe en el Hijo de Dios. Mi oración por ustedes hoy es que continúen, día a día, a “ver y creer” en los signos de la providencia de Dios de su inagotable misericordia, a “escuchar” con renovada fe y esperanza, las consoladoras palabras de la predicación apostólica y a “tocar” las fuentes de la gracia de los sacramentos y encarnar por los otros la promesa de nuevos inicios, la libertad nacida del perdón, la luz interior y la paz que pueden llevar salvación y esperanza también en las más oscuras realidades humanas.

Opus Dei -

En la iglesia del Santo sepulcro, los peregrinos de cada siglo han venerado la piedra que la tradición nos dice que estaba en la entrada de la tumba la mañana de la resurrección de Cristo. Regresemos frecuentemente a esta tumba vacía. Reafirmemos allí nuestra fe en la victoria de la vida, y oremos para que cada “piedra pesada” colocada en la puerta de nuestros corazones, bloqueando nuestra completa entrega al Señor en la fe, a la esperanza y el amor por el Señor, pueda ser eliminada por la fuerza de la luz y de la vida que, desde el amanecer de la pascua, resplandecen desde Jerusalén sobre todo el mundo. ¡Cristo ha resucitado, aleluya! ¡Verdaderamente ha resucitado, Aleluya!


WordPress Theme & Icons by N.Design Studio. WPMU Theme pack by WPMU-DEV.
Entries RSS Comments RSS Acceder