Caben hasta los no católicos

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“La herencia de Mons. Escrivá de Balaguer”, escrito por Luis Ignacio Seco.

Me contaban hace poco el caso de un ingeniero de Boston que, al comienzo de los años 50, leyó un artículo sobre el Opus Dei en un periódico americano, se quedó un par de días reflexionando sobre el asunto en los ratos libres, recordó después que en el artículo en cuestión se decía que había sido fundado en nuestro país y escribió una carta pidiendo detalles a esta dirección: «Opus Dei–Iglesia Católica–Madrid–España». A las dos semanas y gracias al buen funcionamiento de los carteros, recibía la información solicitada y la invitación a dirigirse, para más detalles, a una residencia universitaria que estaba… a unos quinientos metros de su oficina. Yo no sé si este ingeniero era católico, protestante o ateo. Sé, en cambio, que ahora es ciertamente católico y del Opus Dei, y sé también que son muy numerosos los protestantes (entre ellos pastores y aun obispos de sus respectivas confesiones), ortodoxos, musulmanes, judíos e incluso no creyentes (es de esperar que por el momento) que colaboran activamente en todas las latitudes con la gente del Opus Dei y que son capaces de explicarlo, como el anglicano del avión, de corrido y sin que se les trabe la lengua.

La realidad supera siempre a la fantasía, del mismo modo que la naturaleza supera al arte. La gente del Opus Dei no vive en la luna, sino en el mundo y ve en cada persona alguien a quien hay que ayudar, alguien a quien hay que comprender y alguien con quien hay que convivir. Pero siempre desde el mismo plano, ni desde arriba ni desde abajo, y pensando que el mejor favor que se le puede hacer a cualquiera es sacarlo de sí mismo para que haga algo por los demás.

–¿Cuál es la posición del Opus Dei –le preguntaron al Fundador el 30 de noviembre de 1964 en el transcurso de un coloquio– en relación con los no católicos?

–«De amor, de apertura. Basta decir que, desde 1947, con permiso de la Santa Sede, tenemos junto a nosotros –no había precedentes en la Iglesia Romana– como Cooperadores a los no católicos y a los no cristianos. Merecen el respeto de su libertad, la libertad de las conciencias. Y merecen el calor de nuestro corazón. Entre ellos hay personas admirables: ¡Ya querría yo para mí las virtudes humanas que tienen muchos de ellos! ».

Fue este espíritu de universal comprensión el que hizo decir a un Cooperador anglicano del Opus Dei, en presencia de la reina madre de Inglaterra con motivo de la inauguración oficial de hIetherhall House, residencia internacional de universitarios, que «las obras bien hechas no tienen por qué ser confesionales ». Ese espíritu cristiano es el que había empujado desde mucho antes a Monseñor Escrivá de Balaguer a solicitar, durante el pontificado de Pío XII, la autorización para acoger en el Opus Dei, en calidad de Cooperadores, incluso a personas no católicas y no cristianas o carentes en absoluto de fe religiosa. La petición llevaba consigo un problema completamente nuevo y de nada fácil solución, porque venía a constituir el precedente de vincular a una institución católica –y de hacerlas también participar en lo posible de sus bienes espirituales– a personas no pertenecientes a la Iglesia Católica. Esto explica por qué fue necesario un estudio atento por parte de la Santa Sede, y un «filial forcejeo», por parte del Fundador del Opus Dei, como él mismo decía, a quien evidentemente correspondía un papel de pionero en este terrena. Se llegó así a 1950, año en que la petición fue definitivamente acogida por Pío XII.

Cuando en 1958 iniciaba su pontificado Juan XXIII, había ya entre los Cooperadores del Opus Dei en todo el mundo –de Italia a Inglaterra, de los Estados Unidos al Japón, a Kenya y a Australia– varios centenares de ortodoxos, protestantes, hebreos y musulmanes; por eso no es extraño que Mons. Escrivá de Balaguer le dijese sonriendo al Pontífice, en una de las frecuentes y cordiales audiencias, «que él no había aprendido el ecumenismo de Su Santidad», y que también el «Papa Giovanni» se riese emocionado en esa ocasión.

Relatos y favores recibidos

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Acudir en caso de necesidad a la intercesión de personas con fama de santidad, es una práctica corriente en la Iglesia. Presentamos una selección de relatos recibidos en la Oficina para la Causa de los Santos de la Prelatura del Opus Dei.

Desde el 29.IX intentaba varias veces enviar un fax a un amigo de Tanzania. Días antes, el 22.IX, había logrado enviar uno, pero después todo fue inútil. Mi amigo es médico y necesitaba con urgencia medicamentos e instrumental. Otro amigo mío, también médico cirujano, estaba dispuesto a acudir a Tanzania para ayudarle. Había pedido permiso y organizado todo para llevar a cabo su plan. Tanto él como yo intentábamos sin éxito ponerle un fax y el viaje comenzaba a peligrar por falta de comunicación.

Cavilaba sobre qué convendría hacer, cuando mi mirada se encontró con un pequeño folleto sobre Toni Zweifel. Se me ocurrió encomendarle el asunto puesto que él era ingeniero y suizo. Delante del aparato de fax acudí a su intercesión ante Dios. El primer intento falló porque la línea estaba de nuevo ocupada. Salí de la habitación y dejé al fax intentarlo automáticamente. Un cuarto de hora más tarde volví y no daba crédito a mis ojos: había pasado el mensaje. Adjunto el comprobante de que mi carta a Tanzania salió a las 17,24 h. Estoy muy agradecido a Toni. Antes le había prometido que publicaría este favor. Acudiré desde ahora a su ayuda, sobre todo cuando se trate de solucionar problemas técnicos. Dr. Chr. B. (Köln)

Relatos y favores recibidos

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Acudir en caso de necesidad a la intercesión de personas con fama de santidad, es una práctica corriente en la Iglesia. Presentamos una selección de relatos recibidos en la Oficina para la Causa de los Santos de la Prelatura del Opus Dei.

Después de la reestructuración de mi empresa

En primavera de 1998 me informaron que el 1 de enero de 1999 tendría lugar una reestructuración de nuestra empresa, los Ferrocarriles Federales Suizos (CFF). Esto significaba la supresión de 2’300 puestos de trabajo, y la creación de una única Dirección general en Berna con la supresión de las 3 direcciones regionales, entre ellas la de Lausana donde yo trabajaba.

A mí se me daba un plazo de 4 días, durante el fin de semana de la Ascensión, para decidir si aceptaba un puesto en la dirección de Berna, a donde serían transferidas parte de mis tareas. No se me daba ninguna alternativa: en caso de rehusar, me quedaría sin puesto de trabajo.

La atención de mi padre de 91 años, diferentes actividades extraprofesionales en Lausana que no podía abandonar, y otros motivos personales y familiares me obligaron a rehusar el puesto.

[...] Enseguida acudí a la oración. Me confié primero a Sta. María y a S. José, pero enseguida de acuerdo con mi esposa y mi hija, en el momento de la oración familiar, empezamos a acudir a la intercesión de Toni, cosa que continuamos haciendo. Con el tiempo hemos ido añadiendo otras intenciones, rezando por diferentes personas, entre ellas varios sobrinos. Como muchos de mis colegas me inscribí en una estructura creada a propósito en la empresa para la búsqueda interna y externa de empleo. Era una situación similar a la del paro, pero con la diferencia que conservaba mi sueldo íntegramente durante 2 años.

[...] Gracias a la ayuda de un amigo de infancia que se ocupa del personal, realicé un stage de 2 meses en Berna, mostrando así mi buena voluntad y mi flexibilidad para cuando fuese necesario. [...]

Se trataba de la redacción de la parte internacional del horario de trenes de pasajeros. Vuelto a Lausana en octubre de 2000 me propusieron efectuar un stage en un servicio técnico en el que era necesario un funcionario administrativo. Mi competencia en Alemán y Geografía fueron examinadas, y fue apreciado mi conocimiento de la red ferroviaria suiza. En mayo de 2001, al final de ese stage, los responsables del servicio me animaron a postular para un puesto de contable. Aunque no tenía muchos conocimientos de contabilidad, era una posibilidad de encontrar un puesto de trabajo estable. Presenté mi candidatura y recibí el empleo. Aparte de mí había sólo otro candidato.

Estoy muy agradecido a Toni por este importante favor.

D.F., Lausana

Ordenadores se desbloquean solos

Trabajo en informática, concretamente en el servicio técnico de un software del que mi empresa es representante en el Líbano. Un día un cliente nos llamó de urgencia diciendo que el sistema no funcionaba y que, debido a ello, muchos empleados no podían trabajar. Fui sin saber qué iba a hacer, puesto que el problema en cuestión era nuevo para mí y los ordenadores son un mundo lleno de secretos y caprichos.

Comenzamos a analizar la situación y efectivamente verifiqué que había un serio problema que bloqueaba completamente el sistema. Intenté disimular mi ignorancia y, como de costumbre, le pedí ayuda a mi Ángel custodio. Hice algunos cambios, lo intenté de nuevo pero el problema continuaba. Así hice 3 o 4 intentos infructuosos, y el cliente ya estaba bastante nervioso. En ese momento me acorde que Lukas, un suizo que vivió un tiempo aquí, nos había contado en la tertulia que Toni era muy eficaz para resolver problemas de tipo técnico. Y como parecía que éste superaba los conocimientos de mi Ángel custodio, le pedí a Toni que me echara una mano. Justo en ese momento volvimos a intentarlo, y el sistema funcionó a la perfección. Mi cliente me preguntó qué había hecho y, como no era fácil explicárselo, le dije: “no lo sé”. Me agradeció la ayuda, pero obviamente mi respuesta no le satisfizo y me pidió estudiar a fondo el caso para que, si volvía a producirse, supiera qué hacer sin pérdidas de tiempo.

Apenas llegué a la oficina escribí un mensaje a la compañía que desarrolla el software explicándole lo que había pasado y pidiendo ayuda para encontrar la explicación. La respuesta fue bastante categórica: el ingeniero responsable me decía que llevaba 25 años trabajando con ese software y que era la primera vez que un error se solucionaba solo, que ciertamente estaba ocultando alguna información. Le contesté en el mismo tono: yo había visto el problema con mis propios ojos y podía dar fe de todo lo que habíamos hecho. En fin, lo que quedaba claro es que él no podía ayudarme a encontrar la explicación que mi cliente esperaba, por lo que nuevamente le pedí a Toni: “Ya que me arreglaste el problema, ahora dime cómo, para resolver el conflicto”. Y justo en ese momento mi cliente me llamó por teléfono para decirme que ya había encontrado la explicación: una combinación de factores, cada uno muy simple pero que todos juntos creaban el error. Eso nos permitió corregir el defecto en el programa y ajustar la configuración de los ordenadores para evitar que se volviera a producir. [...]

Así podría contar muchos otros casos. A la mayor parte de ellos no se les puede llamar “milagros”, puesto que alguna razón técnica hay, pero sí verdaderos favores de quien tiene la posibilidad de ayudarnos de manera más eficaz de la que estamos acostumbrados.

M.C. de R., Guadalajara (México)

Complicaciones con un experimento físico

Me dedico a la investigación en Física. Con un par de colegas estábamos llevando a cabo un proyecto muy prometedor. Cuando habíamos recopilado los resultados, invitamos a un grupo de la competencia a publicar su propio trabajo en el mismo campo a la vez que el nuestro. Les dimos una semana de tiempo; nos faltaban –así pensábamos– sólo unos detalles, pero en el curso de la semana nuestros investigadores se dieron cuenta de diversos defectos en la obtención de datos. La corrección se mostró más difícil de lo esperado. El último día del plazo, nuestros datos estaban peor que nunca (…), caía la tarde y no se veía mejora alguna. (…) No podía hacer nada, ¡salvo rezar! Acudí a Toni Zweifel. Toni había trabajado “por amor a Cristo y con elevada competencia profesional”, y nosotros teníamos dificultades precisamente porque queríamos trabajar con competencia e ir al detalle, en vez de contentarnos con los primeros resultados, aparentemente sin tacha. Por eso, caminando a mi casa recé varias veces la oración de la estampa.

A la mañana siguiente consulté inmediatamente la página web en que se colocan los artículos de mi especialidad. ¡Y mira por donde!: los dos artículos estaban allí, el de la competencia y el nuestro. En efecto, después de irme yo la víspera a casa, mis colegas habían resuelto todos los problemas. Y los nuevos resultados, obtenidos por la noche, eran más convincentes que nunca. Estoy seguro que Toni nos ha ayudado en esto.

V.S., Singapur

Una gran herida en descomposición

Cuando cayó en mis manos por primera vez la Hoja Informativa sobre Toni Zweifel, tuve espontáneamente confianza en él por ser uno de mi quinta. Hace seis años aquí, en las estepas de Etiopía, comencé mis labores de promoción y desarrollo. En la clínica tratamos cada día muchos pacientes ambulantes, cosemos heridas, asistimos a las madres en los partos frecuentemente difíciles, etc.

Toni Zweifel nos ha ayudado varias veces de un modo milagroso. Un chico joven sufría una herida grande y abierta en el abdomen. Una operación en un hospital no tuvo éxito. El muchacho, retrasado mental, vino a nuestra clínica. La herida tenía 8 cm de anchura y 10 cm de longitud. (…) Con toda espontaneidad acudí al socorro de Toni Zweifel. Pensé: “sólo tu puedes prestar aquí ayuda” y me llené de una confianza total. Y de hecho esa herida maligna se curó, contra todo lo esperado, sin medicamentos ni trasplantes de piel y en un plazo desacostumbradamente rápido.

A. Th., Maganasse (Etiopía)

Una extraña factura de calefacción

La factura de calefacción de mi apartamento excedió el invierno pasado en 800 francos a las de otras veces. No me lo podía explicar, pues el último invierno no me había comportado de modo diferente a los años anteriores. De la consulta con la administración del edificio resultó que los contadores de la calefacción se leen por radio. Por eso funcionan para todos los inquilinos bien o para todos mal. No podía ser que la lectura de un solo contador fuese falsa.

Por entonces recibí la estampa con la oración de Toni Zweifel. Empecé la novena confiada en que, como ingeniero, algo entendería de facturas de calefacción y me ayudaría en este asunto. El cuarto día de la novena recibí una carta de la administración del edificio. Allí constaba que me habían facturado 10.000 kWh de más.

M. B. D., Berna

Una enrevesada tesis doctoral

Una buena amiga mía, N., se dejó convencer por un profesor para hacer una tesis doctoral sobre un político de la época de Weimar. Ella había publicado ya varios libros sobre esa época. Por eso la tesis propiamente no debería haber proporcionado ningún problema. Pero en realidad hubo sólo dificultades. (…) N., que es protestante, me dijo repetidas veces que pidiese a Toni ayuda para ella.

Finalmente el trabajo fue aceptado. N. intentó durante todo el verano fijar una fecha para la defensa. En sí, podría haber sido fijada el 3 de noviembre. Pero la fecha no funcionó porque precisamente el director de la tesis no le había dicho que estaba en el extranjero. Entonces hablé de nuevo en serio con Toni y me vino en mente el 24 de noviembre: sería pues el aniversario de la muerte de Toni. Pero también esta fecha tenía peligro de fallar porque uno de los cinco profesores no respondía. N. le telefoneó finalmente el 15 de noviembre. Era la primera vez que se había podido hablar con él por teléfono. Él aceptó la fecha a la vez que indicó que ese día era el último para enviar las invitaciones a la defensa cumpliendo el plazo. N. redactó rápidamente ella misma la carta de invitación y la mandó por fax al decanato. Gracias a Toni las invitaciones fueron también enviadas a tiempo.

El 24 de noviembre todo funcionó sin tropiezos: el viaje de tres horas de ida, el examen y el regreso. Un día más tarde ya no hubiera sido posible, pues la llegada del invierno hizo parcialmente intransitables las autopistas.

Pienso que va llegando la hora de que N. acuda ella misma a Toni…

G. G., Colonia

Instalación de Disneylandia reparada

Llevé a mis hijos a Disneylandia. Llevábamos una hora haciendo cola en uno de los juegos más atractivos, cuando de repente se descompuso la instalación. Esperamos una hora más y mis hijos ya estaban desesperados, así que les dije que si en 5 minutos no lo arreglaban nos iríamos. En eso me acordé de Toni y le pedí el favor. Justo a los 5 minutos se arregló el juego. Nos subimos y al salir se volvió a descomponer.

M.C. de R., Guadalajara (México)

Noticias de la causa

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Madrid, 1913 — Barcelona, 1972.

Sacerdote, ingeniero de Minas y doctor en Ciencias Naturales y en Teología, colaboró con el Fundador en la expansión del Opus Dei por Europa y América, con gran alegría y espíritu de sacrificio.

JOSÉ MARÍA HERNÁNDEZ GARNICA

Relatos y favores recibidos

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Ante una ceguera

Un día de marzo mi hijo presentó un enrojecimiento en el ojo izquierdo. Pensamos que era una conjuntivitis. Luego supimos que se trataba de algo más grave: una iridociclitis severa. Por razones desconocidas, esta enfermedad que en otros casos pasa sin mayores consecuencias, tuvo efectos gravísimos en mi hijo: perdió la visión más de tres semanas.

Los cuidados médicos fueron los mejores que pudimos darle. Tampoco faltaron oraciones de familiares y amigos. Pero estoy seguro de la intercesión de Isidoro Zorzano, pues hace muchos años y con frecuencia que le encomiendo la protección de mi hijo. Con la enfermedad lo hice con mayor intensidad. A mediados de julio recuperó totalmente la visión.L.G.U.M.

Línea de Internet

Donde trabajo, es indispensable el uso de Internet. Por ello disponemos de una línea telefónica especial que garantiza la conexión. Un día, la línea se interrumpió y, a pesar de los esfuerzos de la compañía responsable, no se reparó, con el consiguiente desorden y retrasos en el trabajo.

Después de dos semanas lo comenté con una amiga, que me dijo: “Pídele a Isidoro que lo arregle, era ingeniero. A mí me ha hecho favores increíbles. Además, tengo una estampa con reliquia que te puedo dejar”. Tomé la estampa y en el trabajo recé la oración pidiéndole a Isidoro que nos ayudara. Al regresar a mediodía, encontré al encargado de los ordenadores que me decía: ¡Ya tenemos línea! Él había sufrido mucho por esta situación, al darse cuenta de la repercusión que tenía en el trabajo, y me consta que había puesto todos los medios para intentar arreglarlo.R.P.S.

El Padre en mi vida

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Testimonio de Ángel Galíndez, Ingeniero Agrónomo. Presidente del Consejo de Administración del Banco de Vizcaya

Conocí a Monseñor Escrivá –al padre, como cariñosamente le llamábamos– en una residencia de la calle Ferraz, en Madrid, en 1935. Viví con él los años 1935 y 1936; también parte del año académico 1939–1940; a partir de esas fechas sólo le he visto oca sionalmente. Le he conocido –sin ser socio de la Obra fundada por él–, he vivido siete años en centros universitarios por él creados: me parecen razones más que suficientes, además del cariño que le profesaba y profeso, para estas líneas. Y, antes de proseguir, reco nozco la imposibilidad de describir ni en estas líneas ni en otras muchas la hondura de su vida y de sus obras. Pero, convencido de su importancia en la historia, quiero –al igual que, recién conocida la noticia de su muerte, intenté hacer con mis hijos –transmitir algunos rasgos de su personalidad a todos.

The Times ha destacado en su semblanza la sencillez y la natu ralidad. Añadiría también su carácter recio, muy recio, al mismo tiempo que cariñoso. Era incansable en el quehacer; en frase gráfica diría que «hacia todas las cosas todos los días» –hasta nuestras camas, si era preciso, como le vimos más de una vez. Si la ocasión lo requería, era «un vendaval»: se lo llevaba todo por delante. En él coincidían virtudes opuestas y encontradas, aunque armónica mente fundidas, que daban lugar a una personalidad que se imponía recia y suavemente al mismo tiempo.

Su don de la palabra era algo único. Quienes vivíamos en la pequeña residencia madrileña de la calle Ferraz asistimos al primer retiro espiritual del curso más bien por compromiso. La impresión de aquel día aún está en el recuerdo. Parecía que nos hablaba sola mente a cada uno, como si uno fuera el único oyente. En ese monólogo de dos, de sus palabras, dichas con fuerte acento aragonés, se desprendía la convicción y la fe sobrenatural. Ya no dejamos –de asistir a los retiros.

No he conocido a nadie a quien haya visto y sentido orar tan intensamente. Y no sólo en ocasiones públicas, también en privado: por ejemplo, cuando le sorprendíamos, al llegar a la residencia, en la capilla ante el Santísimo.

Los que le hemos conocido y hemos recibido su influjo espiritual debemos mirar hacia atrás para reconocer su huella en nuestras vidas. Cuando los cristianos corrientes teníamos «techo» yo le oí hablar de santidad, de vivir plenamente la fe, pues todo cristiano es hijo predilecto de Dios. Le oí, en aquellos años, hablar del estudio y del trabajo como medios de santificación, de ser generosos en la entrega a los demás…, de tantas y tantas cosas: verdades que tuvie ron importancia en la formación de nuestra personal visión de la vida.

Muchas veces, a lo largo de estos casi cuarenta años, he reflexionado sobre la figura del «padre», rica de contenido insondable, audaz y apostólica… Sí, he pensado muchas veces en la fe inmensa y en la audacia incontenible y en el afán apostólico del «padre», que hicieron posible que aquella pequeña casa donde viví se trans formara en la gigantesca Obra actual. Ahora todo adquiere una nue va dimensión trascendente: Monseñor Escrivá de Balaguer ha entrado en la Historia.

Dije al comenzar que es imposible describir plenamente la riquísima personalidad del «padre». Pues bien, llegado este momento del escribir, siento que es también imposible plasmar mis recuerdos o hacer un recuento de su huella en mi vida. En mi casa me animan a narrar las cosas tal y como lo hice, en un momento de emoción, al conocer la noticia de su muerte. No es posible. Además de no tener «pluma fácil», pienso que en aquella ocasión lo que les llegó a mis hijos fue el cariño de su padre al «padre», y también la con vicción de que les estaba hablando de un ser excepcional tanto por sus dones sobrenaturales como por sus cualidades humanas, Podría contarles mil anécdotas y mil detalles más: añadiré tan sólo huno lleva toda la fuerza de su humanidad y toda la fe de su espíritu sobre natural. Recién llegado a Burgos –hace muchos años-, nos escribió a todos los que le habíamos conocido. A mí me llegó una cuartilla encabezada con las siguientes palabras: «Ángel, Jesús te me guarde». Estoy seguro de que Él, Dios y Hombre verdadero, le habrá guardado con infinito cariño.


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