<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>Opus Dei Testimonios &#187; iglesia</title>
	<atom:link href="http://opusdeit.org/tag/iglesia/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>http://opusdeit.org</link>
	<description>Testimonios sobre el Opus Dei y la vida cristiana</description>
	<lastBuildDate>Wed, 08 Sep 2010 14:49:42 +0000</lastBuildDate>
	<language>en</language>
	<sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency>
	<generator>http://wordpress.org/?v=3.0</generator>
		<item>
		<title>Conclusión: formación para la santidad</title>
		<link>http://opusdeit.org/2010/09/conclusion-formacion-para-la-santidad/</link>
		<comments>http://opusdeit.org/2010/09/conclusion-formacion-para-la-santidad/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 02 Sep 2010 12:17:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>opusdeit</dc:creator>
				<category><![CDATA[sacerdotes]]></category>
		<category><![CDATA[ayudar a los demás]]></category>
		<category><![CDATA[D. Álvaro del Portillo]]></category>
		<category><![CDATA[fe]]></category>
		<category><![CDATA[fidelidad]]></category>
		<category><![CDATA[formación sacerdotal]]></category>
		<category><![CDATA[iglesia]]></category>
		<category><![CDATA[ipse Christus]]></category>
		<category><![CDATA[testimonio]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://opusdeit.org/?p=6855</guid>
		<description><![CDATA[Las actuales circunstancias de la sociedad, y la nueva empresa evangelizadora en la que todos estamos comprometidos, exigen plantearse a fondo una personal mejora cualitativa de nuestro sacerdocio y, en consecuencia, de la formación sacerdotal. En la reciente Carta a los sacerdotes con ocasión del Jueves Santo, Juan Pablo II ha escrito: «Hoy, cercanos ya [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Las actuales circunstancias de la sociedad, y la nueva empresa evangelizadora en la que todos estamos comprometidos, exigen plantearse a fondo una personal mejora cualitativa de nuestro sacerdocio y, en consecuencia, de la formación sacerdotal. En la reciente Carta a los sacerdotes con ocasión del Jueves Santo, Juan Pablo II ha escrito: «Hoy, cercanos ya al tercer Milenio de la venida de Cristo, quizás experimentamos de manera más profunda la magnitud y las dificultades de la mies: La mies es mucha; pero vemos también la escasez de obreros: Los obreros son pocos (Mt 9, 37). Pocos: y esto atañe no sólo a la cantidad, sino también a la calidad. De ahí pues la necesidad de la formación» 57.</p>
<p>Como habéis estudiado con profundidad en estos tres días de Simposio, se impone lograr que los sacerdotes adquieran en sus años de preparación, y en la sucesiva formación permanente, una clara conciencia de la identidad que existe entre la realización de su vocación personal —ser sacerdote en la Iglesia—, y el ejercicio del ministerio in persona Christi Capitis. Su servicio a la Iglesia consiste, esencialmente (otros modos de servir un sacerdote pueden ser legítimos, pero secundarios), en personificar activa y humildemente entre sus hermanos a Cristo Sacerdote que da vida y purifica a la Iglesia, a Cristo Buen Pastor que la conduce en unidad hacia el Padre, y a Cristo Maestro que la conforta y la estimula con su Palabra, y con el ejemplo de su Vida.</p>
<p>Esta formación del sacerdote es algo que dura toda la vida, porque, en sus diversos aspectos, tiende —debe tender— a formar a Cristo en él 58, realizando esa identificación como tarea, en respuesta a lo que esa identificación tiene ya como don sacramental recibido. Una tarea, que postula antes aún que una incesante actividad pastoral, y como condición de la eficacia de ésta, una intensa vida de oración y de penitencia, una sincera dirección espiritual de la propia alma, un recurso al sacramento de la Penitencia vivido con periodicidad y con extremada delicadeza, y toda esta existencia enraizada, centrada y unificada en el Sacrificio Eucarístico.</p>
<p>Una nueva evangelización, sí, pero con la conciencia clara de que —con palabras de Mons. Escrivá de Balaguer— «en la vida espiritual no hay nada que inventar; sólo cabe luchar por identificarse con Cristo, ser otros Cristos —ipse Christus—, enamorarse y vivir de Cristo, que es el mismo ayer, que hoy y será el mismo siempre: Iesus Christus heri et hodie, ipse et in saecula (Hebr. XIII, 8)» 59.</p>
<p>De Cristo Sumo y Eterno Sacerdote canta la Iglesia: Ave verum corpus natum de Maria Virgine. Yo pido al Señor que en la formación sacerdotal esté siempre presente el camino mariano por el que el Hijo de Dios vino a los hombres.</p>
<p>Alvaro del Portillo</p>
<p>Pamplona, 19-IV-1990<a><br />
</a></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://opusdeit.org/2010/09/conclusion-formacion-para-la-santidad/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Declaraciones de San Josemaría</title>
		<link>http://opusdeit.org/2010/08/declaraciones-de-san-josemaria/</link>
		<comments>http://opusdeit.org/2010/08/declaraciones-de-san-josemaria/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 19 Aug 2010 11:06:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>opusdeit</dc:creator>
				<category><![CDATA[fundador]]></category>
		<category><![CDATA[actuar en conciencia]]></category>
		<category><![CDATA[espíritu propio]]></category>
		<category><![CDATA[Evangelio]]></category>
		<category><![CDATA[fines del Opus Dei]]></category>
		<category><![CDATA[iglesia]]></category>
		<category><![CDATA[plena libertad]]></category>
		<category><![CDATA[santificación del trabajo]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://opusdeit.org/?p=6750</guid>
		<description><![CDATA[Capítulo del documento &#8220;Textos y referencias bibliográficas de San Josemaría sobre el nazismo, el fascismo y el pensamiento totalitario&#8221; No hay otra doctrina que la que enseña la Iglesia para todos los fieles “En el Opus Dei, procuramos siempre y en todas las cosas sentir con la Iglesia de Cristo: no tenemos otra doctrina que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h2 style="text-align: center">Capítulo del documento &#8220;Textos y referencias bibliográficas de San Josemaría sobre el nazismo, el fascismo y el pensamiento totalitario&#8221;</h2>
<p><em>No hay otra doctrina que la que enseña la Iglesia para todos los fieles</em><br />
“En el Opus Dei, procuramos siempre y en todas las cosas sentir con la Iglesia de Cristo: no tenemos otra doctrina que la que enseña la Iglesia para todos los fieles. Lo único peculiar que tenemos es un espíritu propio, ca­racterístico del Opus Dei, es decir, un modo concreto de vivir el Evangelio, santificándonos en el mundo y haciendo apostolado con la profesión&#8221;.</p>
<p>—Cfr. <em>Conversaciones</em>, obra citada, pág. 75.</p>
<p><em>Los fines del Opus Dei son exclusivamente espirituales y apostólicos.</em><br />
&#8220;El Opus Dei no interviene para nada en política; es absolutamente ajeno a cualquier tendencia, grupo o régimen político, económico, cultural o ideológico. Sus fines -repito- son exclusivamente espirituales y apostólicos. De sus miembros exige sólo que vivan en cristiano, que se esfuercen por ajustar sus vidas al ideal del Evangelio. No se inmiscuye, pues, de ningún modo en las cuestiones temporales.</p>
<p>&#8220;Si alguno no entiende esto se deberá quizá a que no entiende la libertad personal o a que no acierta a distinguir entre los fines exclusiva­mente espirituales para los que se asocian los miembros de la Obra y el amplísimo campo de las actividades humanas -la economía, la política, la cultura, el arte, la filosofía, etc.- en las que los miembros del Opus Dei gozan de plena libertad y trabajan bajo su propia responsabilidad&#8221;.</p>
<p>—Cfr. <em>Conversaciones,</em> obra citada, págs. 73-74.</p>
<p><em>Nadie puede pretender imponer dogmas en cuestiones temporales.</em><br />
&#8220;Nadie puede pretender en cuestiones temporales imponer dogmas, que no existen. Ante un problema concreto, sea cual sea, la solución es: estudiarlo bien y, después, actuar en conciencia, con libertad personal y con responsabilidad también personal&#8221;.</p>
<p>—Cfr. <em>Conversaciones,</em> obra citada, pág. 161.</p>
<p><em>No he preguntado ni preguntaré jamás a ningún miembro de la Obra de qué partido es o qué doctrina política sostiene</em><br />
&#8220;No he preguntado ni preguntaré jamás a ningún miembro de la Obra de qué partido es o qué doctrina política sostiene, porque me parecería un atentado a su legítima libertad. Y lo mismo hacen los directores del Opus Dei en todo el mundo&#8221;.</p>
<p>—Cfr. <em>Conversaciones,</em> obra citada, pág. 104.</p>
<p><em>He defendido siempre la libertad de las conciencias</em><br />
&#8220;En cuanto a la libertad religiosa, el Opus Dei, desde que se fundó, no ha hecho nunca discriminaciones: trabaja y convive con todos, porque ve en cada persona un alma a la que hay que respetar y amar. No son sólo palabras; nuestra Obra es la primera or­ganización católica que, con la autorización de la Santa Sede, admite como Cooperadores a los no católicos, cristianos o no. He defendido siempre la libertad de las conciencias.</p>
<p>No comprendo la violencia: no me parece apta ni para convencer ni para vencer; el error se supera con la oración, con la gracia de Dios, con el estudio; nunca con la fuerza, siempre con la caridad. Comprenderá que siendo ése el espíritu que desde el primer momento hemos vivido, sólo alegría puede producirme las enseñanzas que sobre este tema ha promulgado el Concilio”.</p>
<p>—Cfr. <em>Conversaciones,</em> obra citada, pág. 98.<br />
<em><br />
Ni a la derecha ni a la izquierda, ni al centro.</em><br />
&#8220;El Opus Dei no está ni a la derecha ni a la izquierda, ni al centro. Yo, como sacerdote, procuro estar con Cristo, que sobre la Cruz abrió los dos brazos y no sólo uno de ellos: tomo con libertad, de cada grupo, aquello que me convence, y que me hace tener el corazón y los brazos acogedores, para toda la humanidad; y cada uno de los miembros es libérrimo para escoger la opción que quiera, dentro de los términos de la fe cristiana&#8221;.</p>
<p>—Cfr. <em>Conversaciones,</em> obra citada, pág. 98.</p>
<p><em>Un caso concreto: ante el problema racial en Estados Unidos</em><br />
&#8220;Pongamos un ejemplo. Ante el problema racial en Estados Unidos, cada uno de los miembros de la Obra tendrá en cuenta las enseñanzas claras de la doctrina cristiana sobre la igualdad de todos los hombres y sobre la injusticia de cualquier discriminación.</p>
<p>También conocerá y se sentirá urgido por las indicaciones concretas de los obispos americanos sobre este problema. Defenderá por tanto los legítimos derechos de todos los ciudadanos y se opondrá a cualquier situación o proyecto discriminatorio.</p>
<p>Tendrá en cuenta, además, que para un cristiano no basta con respetar los derechos de los demás hombres, sino que hay que ver, en todos, hermanos a los que debemos un amor sincero y un servicio desinteresado&#8221;.</p>
<p>—Cfr. <em>Conversaciones,</em> obra citada, pág. 76-77.</p>
<p><em>El Opus Dei no está anclado en una cultura determinada </em><br />
&#8220;El Opus Dei no está anclado en una cultura determinada, ni en una concreta época de la historia. En el mundo anglosajón, el Opus Dei tiene, gracias a la ayuda de Dios y a la cooperación de muchas personas, obras apostólicas de diversos tipos: Netherhall House, en Londres, que presta especial atención a universitarios afroasiáticos; Hudson Center, en Montreal, para la formación humana e intelectual de chicas jóvenes; Nairana Cultural Center, que se dirige a los estudiantes de Sydney&#8230;</p>
<p>En Estados Unidos, donde el Opus Dei comenzó a trabajar en 1949, se pueden mencionar: Midtown, para obreros en un barrio del corazón de Chicago; Stonecrest Community Center, en Washington, destinado a la educación de mujeres que carecen de capacitación profesional; Trimount House, residencia universitaria en Boston, etcétera&#8221;.</p>
<p>—Cfr. <em>Conversaciones,</em> obra citada, pág. 96.<a><br />
</a></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://opusdeit.org/2010/08/declaraciones-de-san-josemaria/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>1. Necesidad de una nueva evangelización</title>
		<link>http://opusdeit.org/2010/08/1-necesidad-de-una-nueva-evangelizacion/</link>
		<comments>http://opusdeit.org/2010/08/1-necesidad-de-una-nueva-evangelizacion/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 17 Aug 2010 07:18:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>opusdeit</dc:creator>
				<category><![CDATA[sacerdotes]]></category>
		<category><![CDATA[compromiso]]></category>
		<category><![CDATA[esperanza]]></category>
		<category><![CDATA[formación cristiana]]></category>
		<category><![CDATA[iglesia]]></category>
		<category><![CDATA[inquietud del alma]]></category>
		<category><![CDATA[mensaje de Jesucristo]]></category>
		<category><![CDATA[misión evangelizadora universal]]></category>
		<category><![CDATA[testimonio]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://opusdeit.org/?p=6618</guid>
		<description><![CDATA[Conferencia de Mons. Alvaro del Portillo, Gran Canciller de la Universidad de Navarra, en la clausura del XI Simposio Internacional organizado por la Facultad de Teología (1990). Esta nueva evangelización, sobre todo en Occidente, no se dirige a un mundo que nunca había oído la predicación cristiana, sino, por el contrario, a un mundo en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h2 style="text-align: center">Conferencia de Mons. Alvaro del Portillo, Gran Canciller de la Universidad de Navarra, en la clausura del XI Simposio Internacional organizado por la Facultad de Teología (1990).</h2>
<p>Esta nueva evangelización, sobre todo en Occidente, no se dirige a un mundo que nunca había oído la predicación cristiana, sino, por el contrario, a un mundo en el que ha sido anunciado, creído y amado el mensaje de Jesucristo, aunque ahora se muestre como desarraigado de sus orígenes 3 . Es más, la sociedad occidental evoluciona, en gran medida, paradójicamente enfrentada a sus propias raíces espirituales y culturales, y junto a su progreso material es patente un proceso de grave regresión moral 4 .</p>
<p>Suele hablarse en nuestros días de esta sociedad calificándola de “postcristiana”. Quizá sea oportuno ese apelativo en algunos casos, para reflejar una situación de hecho y unas tomas de posición que pueden explicarse a partir de una deformación intelectual y práctica de la conciencia creyente 5 ; pero sería del todo inadecuado ese apelativo —”postcristiana”—, si de ese modo se pretendiese insinuar que la doctrina de Cristo ha perdido la capacidad de informar el mundo contemporáneo: nada más lejano a la realidad, a una realidad que la gracia de Dios nos hace tocar en tantos ambientes y, sobre todo, en el mundo preciosísimo del alma de multitudes de personas.</p>
<p>Por eso, la actual urgencia de una nueva evangelización no puede hacernos olvidar «la perenne misión de llevar el Evangelio a cuantos —y son millones y millones de hombres y mujeres— no conocen todavía a Cristo Redentor del hombre. Esta es la responsabilidad más específicamente misionera que Jesús ha confiado y diariamente vuelve a confiar a su Iglesia» 6 . Precisamente esta misión evangelizadora universal exige una Iglesia renovada, revitalizada con el perenne mensaje de Cristo, tan rebosante de imperecedera actualidad; en otras palabras, requiere un nuevo despertar de las conciencias cristianas que atraiga al mundo hacia la luz de Cristo, ese Cristo nuestro que, como gustaba repetir con fuerza a Mons. Escrivá de Balaguer, «no es una figura que pasó. No es un recuerdo que se pierde en la historia. ¡Vive!: Jesus Christus heri et hodie: ipse et in saecula! —dice San Pablo— ¡Jesucristo ayer y hoy y siempre!» 7 .</p>
<p>La decisión de asumir las responsabilidades apostólicas que nos competen como cristianos de nuestra época, no es compatible con visiones pesimistas o negativas del presente. Para anunciar eficazmente el Reino de Dios y trabajar en su propagación, es necesario amar el mundo en que vivimos —amarlo “apasionadamente”, en expresión del Fundador del Opus Dei y de esta Universidad 8 -: es decir, contemplar esta precisa situación histórica y las personas que la constituyen «con los ojos del mismo Cristo», como escribió Juan Pablo II en su primera Encíclica 9 . Así, entre el claroscuro de fenómenos cambiantes, que en muchos casos la hacen irreconocible, se descubre también hoy aquella inquietud del alma humana —que anhela y siente nostalgia de Dios— expresada por San Agustín en el famoso inicio de sus Confesiones: fecisti nos ad te, et inquietum est cor nostrum donec requiescat in te 10 . La acelerada dinámica que caracteriza en líneas generales nuestra época, va acompañada y como plasmada por la inquietud de tantos corazones, que caminan en un continuo desasosiego, sin acertar a descubrir un norte claro para la propia existencia ni un sentido a la historia humana. Pues bien, justamente ahí, en medio de esa inquietud, se ha de proclamar a viva voz que a Quien buscan es a Cristo, y lo que ignoran y anhelan es el amor paterno de Dios, que se les ofrece, a todos y a cada uno, en Cristo y en la Iglesia 11 .</p>
<p>Estamos asistiendo en los últimos meses a grandes transformaciones en amplias zonas del mundo, sobre todo en el Viejo Continente, que parecen anunciar una nueva era de libertad, de responsabilidad, de solidaridad, de espiritualidad, para millones de personas. No podemos olvidar, sin embargo, y hay que decirlo con dolor, que existen también en nuestra sociedad occidental, amplios ámbitos cerrados y hostiles a la Cruz salvadora 12 , ojos que rehúsan admirar la belleza de Dios reflejada en la faz de Cristo 13 .<a><br />
</a></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://opusdeit.org/2010/08/1-necesidad-de-una-nueva-evangelizacion/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Sacerdotes para la nueva evangelización</title>
		<link>http://opusdeit.org/2010/08/sacerdotes-para-la-nueva-evangelizacion/</link>
		<comments>http://opusdeit.org/2010/08/sacerdotes-para-la-nueva-evangelizacion/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 17 Aug 2010 07:10:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>opusdeit</dc:creator>
				<category><![CDATA[sacerdotes]]></category>
		<category><![CDATA[caridad pastoral]]></category>
		<category><![CDATA[dimensión mariana]]></category>
		<category><![CDATA[formación para la santidad]]></category>
		<category><![CDATA[iglesia]]></category>
		<category><![CDATA[Mons. Alvaro del Portillo]]></category>
		<category><![CDATA[universidad de Navarra]]></category>
		<category><![CDATA[vida de oración]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://opusdeit.org/?p=6614</guid>
		<description><![CDATA[Conferencia de Mons. Alvaro del Portillo, Gran Canciller de la Universidad de Navarra, en la clausura del XI Simposio Internacional organizado por la Facultad de Teología (1990). Introducción 1. Necesidad de una nueva evangelización 2. Misión de todos en la Iglesia 3. Necesidad de sacerdotes santos 4. Santidad sacerdotal y vida de oración 5. Santidad [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h2 style="text-align: center">Conferencia de Mons. Alvaro del Portillo, Gran Canciller de la Universidad de Navarra, en la clausura del XI Simposio Internacional organizado por la Facultad de Teología (1990).</h2>
<div>
<div><img src="http://www.opusdei.es/img/sp.gif" alt="" width="1" height="1" /></div>
<div><a href="http://multimedia.opusdei.org/pdf/es/sacerdotes_para_la_nueva_evangelizacion.pdf" rel='nofollow'> </a></div>
<div><img src="http://www.opusdei.es/img/sp.gif" alt="" width="1" height="1" /></div>
</div>
<p><strong>Introducción</strong></p>
<p><strong>1. Necesidad de una nueva evangelización</strong></p>
<p><strong>2. Misión de todos en la Iglesia</strong></p>
<p><strong>3. Necesidad de sacerdotes santos</strong></p>
<p><strong>4. Santidad sacerdotal y vida de oración</strong></p>
<p><strong>5. Santidad sacerdotal y vida de penitencia</strong></p>
<p><strong>6. Santidad sacerdotal y caridad pastoral</strong></p>
<p><strong>7. Una vida radicada y centrada en la eucaristía</strong></p>
<p><strong>8. La dimensión mariana de la vida del sacerdote</strong></p>
<p><strong>9. Conclusión: formación para la santidad</strong></p>
<p><strong>Notas</strong><a><br />
</a></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://opusdeit.org/2010/08/sacerdotes-para-la-nueva-evangelizacion/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Primera aprobación del Opus Dei (1941)</title>
		<link>http://opusdeit.org/2010/08/primera-aprobacion-del-opus-dei-1941/</link>
		<comments>http://opusdeit.org/2010/08/primera-aprobacion-del-opus-dei-1941/#comments</comments>
		<pubDate>Mon, 16 Aug 2010 09:09:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>opusdeit</dc:creator>
				<category><![CDATA[movimiento Opus Dei]]></category>
		<category><![CDATA[aprobación del Opus Dei]]></category>
		<category><![CDATA[ayudar a los demás]]></category>
		<category><![CDATA[carisma]]></category>
		<category><![CDATA[fidelidad]]></category>
		<category><![CDATA[Fundador del Opus Dei]]></category>
		<category><![CDATA[iglesia]]></category>
		<category><![CDATA[voluntad de Dios]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://opusdeit.org/?p=6602</guid>
		<description><![CDATA[&#8220;La fundación del Opus Dei&#8221;. Libro escrito por John F. Coverdale, en el que narra la historia del Opus Dei hasta 1943. Eijo y Garay se dio cuenta de que las declaraciones públicas de apoyo no eran suficientes para acabar con la campaña contra el Opus Dei, por lo que decidió concederle una aprobación oficial [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h2 style="text-align: center">&#8220;La fundación del Opus Dei&#8221;. Libro escrito por John F. Coverdale, en el que narra la historia del Opus Dei hasta 1943.</h2>
<p>Eijo y Garay se dio cuenta de que las declaraciones públicas de apoyo no eran suficientes para acabar con la campaña contra el Opus Dei, por lo que decidió concederle una aprobación oficial por escrito. Informó a Escrivá de su decisión en marzo de 1940 y le indicó que presentara una solicitud de aprobación y la documentación necesaria. Cualquier organización católica reciente se daría prisa para recibir esa aprobación escrita del obispo. No fue así en el caso del Opus Dei.</p>
<p>La razón del retraso en responder al ofrecimiento de Eijo y Garay se debía a que el obispo tendría que aprobar el Opus Dei dentro de alguna de las categorías existentes en el Derecho Canónico entonces vigente. Y el problema estaba en que ninguna de ellas encajaba bien con la realidad de la Obra, tal y como Escrivá la había visto el 2 de octubre de 1928 y en su desarrollo subsiguiente. Muchos podrían pensar qué más daría el molde jurídico en que meter al Opus Dei si lo que importaba realmente era que fuera aprobado. Escrivá, como buen hombre de leyes, sin embargo sabía que, aun no siendo la vida, si la ley no estaba en consonancia con la realidad que regula, acabaría por sofocarla y llevarla por cauces inadecuados.</p>
<p>Escrivá hubiera preferido esperar a recibir la aprobación de la Santa Sede bajo una forma jurídica nueva en la que encajara la Obra, pero era necesario acabar con las críticas y obedecer al obispo. Como no era posible otra cosa, había que elegir la alternativa menos mala. En aquel tiempo, el Código de Derecho Canónico contemplaba dos grandes categorías: las ordenes y congregaciones religiosas e instituciones similares, y las asociaciones de fieles.</p>
<p>Claramente, el Opus Dei no encajaba en la primera, la de las órdenes y congregaciones religiosas. El Código dividía las asociaciones de fieles en órdenes terceras, hermandades y cofradías, y pías uniones. La Obra no podía ser una tercera orden porque sus miembros deberían estar bajo la dirección de alguna orden y vivir según su espíritu. Tampoco se trataba de una cofradía o hermandad erigida para el engrandecimiento del culto público. Quedaba, pues, la figura de la pía unión, prevista para la práctica de ciertas obras de piedad y caridad<span>[1]</span>.</p>
<p>Existían algunas pías uniones, como las Conferencias de San Vicente de Paúl, pero éstas no exigían una vocación divina ni un compromiso de vida. Tampoco tenían sacerdotes incardinados para su servicio. No tenían una espiritualidad bien definida ni ofrecían a sus miembros una formación integral en el campo espiritual y doctrinal. Sin embargo, a pesar de las profundas diferencias entre el Opus Dei y esas asociaciones, nada del carisma original de la Obra ni de su desarrollo subsiguiente era incompatible con la figura de la pía unión.</p>
<p>Escrivá estudió a conciencia el problema y consultó a expertos. Uno de la Obra cuenta la siguiente escena: “El Padre en su dormitorio de Diego de León y frente a él, en otro sillón, don José María Bueno Monreal, el futuro Cardenal Arzobispo de Sevilla, entonces experto oficial en Cánones de la diócesis de Madrid. Los dos tenían en la mano un Código de Derecho Canónico y discurrían sobre un posible ‘encaje’ de la Obra en el Código, aunque se tratara de una solución provisional y a corto plazo”<span>[2]</span>.</p>
<p>Casi por eliminación, Escrivá se inclinó por la figura de la pía unión. Presentó la solicitud de aprobación el 14 de febrero de 1941 y el obispo Eijo y Garay la concedió pocas semanas más tarde, el 19 de marzo. La figura estaba lejos de ser perfecta, pero la aprobación era necesaria. Hubo que, en palabras de Escrivá, conceder sin ceder y con ánimo de recuperar más tarde lo que había de concederse momentáneamente.</p>
<p>Esta concesión no quería decir que el Opus Dei reclamara ser algo distinto de lo que actualmente es. Por el contrario, Escrivá pidió al obispo que no erigiera canónicamente la Obra, sino que únicamente la aprobara como pía unión para facilitar los cambios futuros cuando fuera posible.</p>
<p>Había una razón por la que Escrivá prefería la simple aprobación por encima de la erección canónica. El Código de 1917 contemplaba que cuando una asociación de fieles es erigida canónicamente, ésta adquiere personalidad jurídica, el derecho de posesión de su nombre y un título perpetuo. Por tanto, una asociación erigida tenía más entidad que la simplemente aprobada. Escrivá veía el Opus Dei como una familia dentro de la Iglesia, definida por un espíritu común, más que como un grupo o asociación. Ya en los primeros pasos de la Obra, Escrivá invitaba a los posibles miembros no a “pertenecer a algo”, sino a aceptar una vocación personal a la santidad y al apostolado que comprometiera toda la vida. Esto explica por qué al principio la Obra ni siquiera tenía nombre. Frecuentemente hablaba a quienes le seguían de proyectos de vida espiritual y apostolado, pero tenía problemas para recordar el nombre “Opus Dei”. Al no tener la Obra una erección canónica y aunque la Iglesia le exigiera encontrar un acomodo jurídico, Escrivá podía hacer hincapié en que lo importante no era tanto una organización con un determinado número de miembros, sino un espíritu que la gente trata de incorporar a su vida y extender a otras personas.</p>
<p>Para compensar la insuficiencia de una figura jurídica que no cuadraba del todo con la Obra, Escrivá tuvo buen cuidado de afirmar la verdadera naturaleza del Opus Dei en los estatutos y documentos que el obispo de Madrid aprobó. Por ejemplo, los estatutos preveían que los miembros del Opus Dei podían seguir estudios eclesiásticos y ser ordenados, aunque esto no estaba previsto en las pías uniones.</p>
<p>Esto fue una primera aproximación a lo que el fundador haría repetidamente en los años siguientes, cuando se vio obligado a elegir entre alguna de las formas canónicas existentes, sin que ninguna de ellas fuera enteramente válida. Para evitar cualquier confusión, cada vez que solicitaba una nueva aprobación para el Opus Dei, incluía los rasgos esenciales de la Obra en la ley particular que la Iglesia aprobaría para ella.</p>
<p><span>[1]</span> cfr. Código de Derecho Canónico de 1917, canon 685</p>
<p><span>[2]</span> José Orlandis. Ob. cit. p. 97<a><br />
</a></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://opusdeit.org/2010/08/primera-aprobacion-del-opus-dei-1941/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Nuevos ataques del gobierno a la Iglesia</title>
		<link>http://opusdeit.org/2010/07/nuevos-ataques-del-gobierno-a-la-iglesia/</link>
		<comments>http://opusdeit.org/2010/07/nuevos-ataques-del-gobierno-a-la-iglesia/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 23 Jul 2010 09:26:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>opusdeit</dc:creator>
				<category><![CDATA[movimiento Opus Dei]]></category>
		<category><![CDATA[Compañía de Jesús]]></category>
		<category><![CDATA[Constitución]]></category>
		<category><![CDATA[fundación]]></category>
		<category><![CDATA[iglesia]]></category>
		<category><![CDATA[matrimonio civi]]></category>
		<category><![CDATA[medidas antirreligiosas]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://opusdeit.org/?p=6292</guid>
		<description><![CDATA[&#8220;La fundación del Opus Dei&#8221;. Libro escrito por John F. Coverdale, en el que narra la historia del Opus Dei hasta 1943. Las actividades del Opus Dei con mujeres estaban en sus comienzos cuando el gobierno dictó leyes y reglamentos para cumplir las medidas antirreligiosas de la Constitución. En enero de 1932, disolvió la Compañía [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h2 style="text-align: center">&#8220;La fundación del Opus Dei&#8221;. Libro escrito por John F. Coverdale, en el que narra la historia del Opus Dei hasta 1943.</h2>
<p>Las actividades del Opus Dei con mujeres estaban en sus comienzos cuando el gobierno dictó leyes y reglamentos para cumplir las medidas antirreligiosas de la Constitución. En enero de 1932, disolvió la Compañía de Jesús y confiscó sus propiedades. En febrero, introdujo el matrimonio civil y el divorcio y quitó los crucifijos de las aulas en las escuelas públicas. Pronto suprimió las capellanías de los hospitales públicos. Otro decreto disponía que cualquier persona que no hubiera declarado expresamente en acta notarial que deseaba un entierro religioso recibiera únicamente exequias civiles.</p>
<p>De modo muy particular en localidades pequeñas, algunos funcionarios furiosamente anticlericales disfrutaron prohibiendo procesiones, el toque de campanas de la iglesia y otras manifestaciones de religiosidad popular. Tales medidas no pasaban de ser molestias relativamente pequeñas, pero muchos cristianos, para quienes dichas ceremonias formaban parte del modo de vivir, se sintieron insultados; las medidas radicales, como la declaración de que España había dejado de ser un país católico, podían olvidarse rápidamente; pero los intentos de limitar la religión a la esfera privada llevaron a muchos católicos a alejarse definitivamente de la República.<a><br />
</a></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://opusdeit.org/2010/07/nuevos-ataques-del-gobierno-a-la-iglesia/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Las Cortes Constituyentes</title>
		<link>http://opusdeit.org/2010/07/las-cortes-constituyentes/</link>
		<comments>http://opusdeit.org/2010/07/las-cortes-constituyentes/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 22 Jul 2010 11:00:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>opusdeit</dc:creator>
				<category><![CDATA[movimiento Opus Dei]]></category>
		<category><![CDATA[católicos y conservadores]]></category>
		<category><![CDATA[cultura secular]]></category>
		<category><![CDATA[fundación del Opus Dei]]></category>
		<category><![CDATA[iglesia]]></category>
		<category><![CDATA[Las Cortes Constituyentes]]></category>
		<category><![CDATA[partidos anticlericales]]></category>
		<category><![CDATA[voto popular]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://opusdeit.org/?p=6258</guid>
		<description><![CDATA[&#8220;La fundación del Opus Dei&#8221;. Libro escrito por John F. Coverdale, en el que narra la historia del Opus Dei hasta 1943. En las elecciones para las Cortes Constituyentes, católicos y conservadores fueron derrotados. La ley electoral otorgaba cada escaño al partido que ganaba en el distrito, de forma que con pequeñas diferencias en el [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h2 style="text-align: center">&#8220;La fundación del Opus Dei&#8221;. Libro escrito por John F. Coverdale, en el que narra la historia del Opus Dei hasta 1943.</h2>
<p>En las elecciones para las Cortes Constituyentes, católicos y conservadores fueron derrotados. La ley electoral otorgaba cada escaño al partido que ganaba en el distrito, de forma que con pequeñas diferencias en el voto popular se podían producir grandes diferencias de representación parlamentaria. Los candidatos conservadores o declaradamente católicos sólo consiguieron unos pocos escaños, aunque habían obtenido un considerable número de votos.</p>
<p>Los partidos anticlericales obtuvieron una abrumadora mayoría en las Cortes Constituyentes. El principal bloque lo formaban los socialistas que, aunque estaban más preocupados por las cuestiones económicas que por la religión, apoyaban decididamente las medidas anticlericales. Otro grupo importante pertenecía al Partido Radical Republicano para quien el anticlericalismo era un elemento importante de su credo político.</p>
<p>La mayoría de la recién elegida asamblea no pretendía una sangrienta persecución de la Iglesia como la que se estaba produciendo en esos momentos en México o en la Unión Soviética. Eso sí, sus objetivos no se limitaban a convertir a España en un país no confesional, cortando las relaciones entre la Iglesia y el Estado, y poner un punto final a la subvención del Estado a la Iglesia. Los líderes republicanos querían que España se convirtiera en un país moderno y, a sus ojos, esto sólo podría hacerse reduciendo la influencia de la Iglesia en la vida cotidiana e imponiendo una cultura secular en la que la religión tuviera un protagonismo casi nulo.</p>
<p>Los líderes republicanos consideraban a la Iglesia, y en particular las órdenes religiosas que tenían un papel destacado en la educación española, como un obstáculo importante para sus planes de transformar España. Empezaron por expulsar a la Compañía de Jesús y limitar las actividades de las demás órdenes religiosas. Estaban decididos a eliminar, o al menos a reducir, la influencia católica en la educación, con lo que prohibieron dirigir escuelas a los sacerdotes y religiosos. Aunque muchos no se distinguieran por su fervor y una honda cultura religiosa, la mayoría de los católicos entendió estas medidas como un ataque sectario e injustificado a la Iglesia y la religión. Al principio, los obispos españoles se limitaron a exhortar a los católicos españoles a aceptar pacíficamente los decretos legítimos del gobierno y a permanecer unidos. Sin embargo, en agosto prepararon una carta pastoral colectiva que criticaba no sólo las propuestas de la Constitución, sino también “las libertades llamadas &#8220;modernas&#8221;, que son consideradas como la más preciada conquista de la Revolución francesa, y tenidas como intangible patrimonio de las democracias enemigas de la Iglesia”[1].Los miembros moderados de la jerarquía y el Nuncio consideraron inoportuno este documento, pero la facción intransigente, dirigida por el cardenal de Toledo, insistió, con éxito, en su publicación.</p>
<p>El borrador de la Constitución, preparado durante el verano y el otoño de 1931, incluía una serie de puntos que afectaba directamente a la Iglesia. La primera medida importante en ser aprobada, ponía fin a la unión de la Iglesia y Estado que había caracterizado a España durante siglos. “El Estado”, declaraba el artículo 3, “no tiene religión oficial”[2].</p>
<p>El 14 de octubre de 1931 se aprobó, por 178 votos contra 59, lo que sería el artículo 36 de la Constitución, el principal sobre asuntos eclesiásticos. Prohibía a los gobiernos central, regionales y locales favorecer o apoyar en modo alguno a la Iglesia o a cualquier asociación religiosa. Casi un siglo antes, el Estado había confiscado los bienes de la Iglesia. Desde entonces, el Estado pagaba al clero diocesano. El artículo 26 eliminaba estos subsidios en el plazo de dos años.</p>
<p>Las medidas más importantes del artículo 26 afectaban a las órdenes religiosas. El primer borrador preveía la disolución de todas. Lo que se aprobó no fue tan lejos, pero sirvió para la expulsión de los jesuitas y la confiscación de sus bienes. Otras órdenes quedaron bajo la misma amenaza si el gobierno entendía que sus actividades podían constituir un peligro para la seguridad del Estado. Además, se prohibió a las órdenes religiosas la posesión de nada más que lo estrictamente necesario para el mantenimiento de sus miembros y el cumplimiento de sus fines específicos.</p>
<p>Lo peor del artículo 26 fue la prohibición a los religiosos de dedicarse a la educación. Esta medida sectaria da cuenta de que la mayoría anticlerical de la cámara quería minar a la Iglesia a cualquier precio. España adolecía desesperadamente de falta de escuelas; y, a pesar de que los diputados consideraban que la educación era una de sus principales prioridades, trataban de forzar el cierre de las escuelas que educaban a cerca del 30% de los alumnos de secundaria y al 20% de primaria. Y todo porque pretendían reducir la influencia de la Iglesia en el país.</p>
<p>[1] Gonzalo Redondo. HISTORIA DE LA IGLESIA EN ESPAÑA 1931-1939. TOMO I: LA SEGUNDA REPÚBLICA (1931-1936).Ediciones Rialp. Madrid 1993. p. 146</p>
<p>[2] Ibid. p. 160, nota 7<a><br />
</a></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://opusdeit.org/2010/07/las-cortes-constituyentes/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Homilía en la Beatificación de Josemaría Escrivá</title>
		<link>http://opusdeit.org/2010/07/homilia-en-la-beatificacion-de-josemaria-escriva-2/</link>
		<comments>http://opusdeit.org/2010/07/homilia-en-la-beatificacion-de-josemaria-escriva-2/#comments</comments>
		<pubDate>Mon, 19 Jul 2010 12:14:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>opusdeit</dc:creator>
				<category><![CDATA[fundador]]></category>
		<category><![CDATA[beatificación]]></category>
		<category><![CDATA[camino a Emaús]]></category>
		<category><![CDATA[homilia]]></category>
		<category><![CDATA[iglesia]]></category>
		<category><![CDATA[Juan Pablo II]]></category>
		<category><![CDATA[San Josemaría]]></category>
		<category><![CDATA[testimonio]]></category>
		<category><![CDATA[vida espiritual]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://opusdeit.org/?p=6132</guid>
		<description><![CDATA[Texto de la homilía del Papa Juan Pablo II en la Plaza de San Pedro durante la Beatificación de Josemaría Escrivá, Fundador del Opus Dei. 1. &#8220;Es necesario pasar muchas tribulaciones para entrar en el reino de Dios&#8221; (Hech 14, 22). A los dos discípulos que iban por el camino a Emaús, Jesús les dice: [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h2 style="text-align: center">Texto de la homilía del Papa Juan Pablo II en la Plaza de San Pedro durante la Beatificación de Josemaría Escrivá, Fundador del Opus Dei.</h2>
<div><img src="http://www.opusdei.es/image/jpda.jpg" alt="Opus Dei - " width="280" height="226" /></div>
<p>1. &#8220;Es necesario pasar muchas tribulaciones para entrar en el reino de Dios&#8221; (Hech 14, 22).</p>
<p>A los dos discípulos que iban por el camino a Emaús, Jesús les dice: «¿No era preciso que el Mesías padeciese esto y entrase en su gloria?» (Lc 24, 26).</p>
<p>En la primera Lectura hemos visto a los apóstoles Pablo y Bernabé «confirmando las almas de los discípulos, exhortándoles a permanecer en la fe» (cfr Hech 14, 22). Ellos anuncian la misma verdad de que había hablado Cristo en el camino a Emaús; una verdad que su vida y su muerte habían confirmado: «Es necesario pasar muchas tribulaciones para entrar en el reino de Dios.» Por muchas generaciones a lo largo de los siglos, los discípulos de Cristo, crucificado y resucitado, abrazan el mismo camino que el Señor les había indicado. «Os he dado ejemplo» (Jn 13, 15).</p>
<p>2. Hoy se nos ofrece la ocasión de fijar una vez más nuestra mirada en esta vía de salvación: el camino hacia la santidad, y reflexionar sobre las figuras de dos personas que, de ahora en adelante, llamaremos Beatas: Josemaría Escrivá de Balaguer, sacerdote, Fundador del Opus DeI, y Josefina Bakhita, Hija de la Caridad, Canosiana.</p>
<p>La Iglesia desea servir y profesar la verdad completa sobre Cristo, ella quiere ser dispensadora del misterio completo de su Redentor. Si la vía hacia el reino de Dios pasa por muchas tribulaciones, entonces, al final del camino se encontrará también la participación en la gloria: la gloria que Cristo nos ha revelado en su Resurrección.</p>
<p>La medida de dicha gloria nos viene dada por la nueva Jerusalén, anunciada por las palabras inspiradas del Apocalipsis de San Juan: «Ésta es la morada de Dios con los hombres: acampará entre ellos. Ellos serán su pueblo y Dios estará con ellos» (Apoc 21, 3).</p>
<p>«Ahora hago el universo nuevo» (Apoc 21, 5), dice el Señor glorioso. El camino hacia la «novedad» definitiva de todo lo creado pasa obligatoriamente aquí en la tierra por el mandamiento nuevo: «Que os améis unos a otros como yo os he amado» (Jn 13, 34).</p>
<p>Este mandamiento nuevo ocupó el centro de la vida de dos hijos ejemplares de la Iglesia, que hoy, en la alegría pascual, son proclamados Beatos.</p>
<p>3. Josemaría Escrivá de Balaguer, nacido en el seno de una familia profundamente cristiana, ya en la adolescencia percibió la llamada de Dios a una vida de mayor entrega. Pocos años después de ser ordenado sacerdote dio inicio a la misión fundacional a la que dedicaría 47 años de amorosa e infatigable solicitud en favor de los sacerdotes y laicos de lo que hoy es la Prelatura del Opus Dei.</p>
<p>La vida espiritual y apostólica del nuevo Beato estuvo fundamentada en saberse, por la fe, hijo de Dios en Cristo. De esta fe se alimentaba su amor al Señor, su ímpetu evangelizador, su alegría constante, incluso en las grandes pruebas y dificultades que hubo de superar. «Tener la cruz es encontrar la felicidad, la alegría nos dice en una de sus Meditaciones tener la cruz es identificarse con Cristo, es ser Cristo y, por eso, ser hijo de Dios.»</p>
<p>Con sobrenatural intuición, el Beato Josemaría predicó incansablemente la llamada universal a la santidad y al apostolado. Cristo convoca a todos a santificarse en la realidad de la vida cotidiana; por ello, el trabajo es también medio de santificación personal y de apostolado cuando se vive en unión con Jesucristo, pues el Hijo de Dios, al encarnarse, se ha unido en cierto modo a toda la realidad del hombre y a toda la creación (cfr. Dominum et vivificantem, 50). En una sociedad en la que el afán desenfrenado de poseer cosas materiales las convierte en un ídolo y motivo de alejamiento de Dios, el nuevo Beato nos recuerda que estas mismas realidades, criaturas de Dios y del ingenio humano, si se usan rectamente para gloria del Creador y al servicio de los hermanos, pueden ser camino para el encuentro de los hombres con Cristo. «Todas las cosas de la tierra enseñaba , también las actividades terrenas y temporales de los hombres, han de ser llevadas a Dios» (Carta del 19 de marzo de 1954).</p>
<p>«Bendeciré tu nombre por siempre jamás, Dios mío, mi Rey.» Esta aclamación que hemos hecho en el salmo responsorial es como el compendio de la vida espiritual del Beato Josemaría. Su gran amor a Cristo, por quien se siente fascinado, le lleva a consagrarse para siempre a Él y a participar en el misterio de su Pasión y Resurrección. Al mismo tiempo, su amor filial a la Virgen María le inclina a imitar sus virtudes. «Bendeciré tu nombre por siempre jamás»: he aquí el himno que brotaba espontáneamente de su alma y que le impulsaba a ofrecer a Dios todo lo suyo y cuanto le rodeaba. En efecto, su vida se reviste de humanismo cristiano con el sello inconfundible de la bondad, la mansedumbre de corazón, el sufrimiento escondido con el que Dios purifica y santifica a sus elegidos.</p>
<p>4. La actualidad y transcendencia de su mensaje espiritual, profundamente enraizado en el Evangelio, son evidentes, como lo muestra también la fecundidad con la que Dios ha bendecido la vida y obra de Josemaría Escrivá. Su tierra natal, España, se honra con este hijo suyo, sacerdote ejemplar, que supo abrir nuevos horizontes apostólicos a la acción misionera y evangelizadora. Que esta gozosa celebración sea ocasión propicia que aliente a todos los miembros de la Prelatura del Opus Dei a una mayor entrega, en su respuesta a la llamada a la santificación y a una más generosa participación en la vida eclesial, siendo siempre testigos de los genuinos valores evangélicos, lo cual se traduzca en un ilusionado dinamismo apostólico, con particular atención hacia los más pobres y necesitados.</p>
<p>5. En la Beata Josefina Bakhita encontramos también un testimonio eminente del amor paternal de Dios y un signo esplendoroso de la perenne actualidad de las bienaventuranzas. Nacida en el Sudán, en 1869, raptada por negreros cuando aún era niña y vendida varias veces en los mercados africanos, conoció las atrocidades de una esclavitud que dejó en su cuerpo señales profundas de la crueldad humana. A pesar de estas experiencias de dolor, su inocencia permaneció íntegra, llena de esperanza. «Siendo esclava nunca me he desesperado decía , porque en mi interior sentía una fuerza misteriosa que me sostenía.» El nombre Bakhita como la habían llamado sus secuestradores significa Afortunada, y así fue efectivamente, gracias al Dios de todo consuelo, que la llevaba siempre como de la mano y caminaba junto a ella.</p>
<p>Llegada a Venecia por los caminos misteriosos de la divina Providencia, Bakhita se abrió muy pronto a la gracia. El Bautismo y, después de algunos años, la profesión religiosa entre las hermanas Canosianas, que la habían acogido e instruido, fueron la consecuencia lógica del descubrimiento del tesoro evangélico, para lo cual sacrificó todo, incluso el regreso ya siendo libre, a su tierra natal. Como Magdalena de Canosa, ella también quería vivir sólo para Dios, y con constancia heroica emprendió humilde y confiadamente el camino de la fidelidad al amor más grande. Su fe era firme, transparente, fervorosa. «Sabéis qué gran alegría da conocer a Dios», solía repetir.</p>
<p>6. La nueva Beata transcurrió 51 años de vida religiosa Canosiana dejándose guiar por la obediencia en un compromiso cotidiano, humilde y escondido, pero rico de genuina caridad y de oración. Los habitantes de Schio, donde residió casi todo el tiempo, muy pronto descubrieron en su «madre morenita» así la llamaban una humanidad rica en el dar, una fuerza interior no común que arrastraba. Su vida se consumó en una incesante oración con intención misionera, en una fidelidad humilde y heroica por su caridad, que le consintió vivir la libertad de los hijos de Dios y promoverla a su alrededor.</p>
<p>En nuestro tiempo, en que el recurso desenfrenado al poder, al dinero y al placer causa tanta desconfianza, violencia y soledad, el Señor nos presenta a sor Bakhita como hermana universal, para que nos revele el secreto de la felicidad más auténtica: las bienaventuranzas.</p>
<p>El suyo es un mensaje de bondad heroica a imagen de la bondad del Padre celestial. Ella nos ha dejado un testimonio de reconciliación y de perdón evangélico, que llevará ciertamente consuelo a los cristianos de su patria, Sudán, tan duramente probados por un conflicto que dura desde hace muchos años y que ha provocado tantas víctimas. Su fidelidad y su esperanza son motivo de orgullo y de acción de gracias para toda la Iglesia. En este momento de grandes tribulaciones, sor Bakhita les precede por el camino de la imitación de Cristo, de la intensificación de la vida cristiana y de la adhesión inquebrantable a la Iglesia. Al mismo tiempo, deseo una vez más dirigir una cálida exhortación a los responsables de la situación del Sudán, a fin de que lleven a término los ideales afirmados de paz y concordia; a fin de que el respeto de los derechos fundamentales del hombre y en primer lugar el derecho a la libertad religiosa sea garantizado para todos, sin discriminaciones étnicas o religiosas.</p>
<p>Preocupa enormemente la situación de cientos de miles de prófugos de las regiones meridionales, forzados por la guerra a abandonar casa y trabajo; recientemente han sido obligados a dejar también los campos, donde habían encontrado una cierta forma de asistencia, y han sido deportados a lugares desérticos e incluso se ha impedido el paso libre a los convoyes de ayudas de los organismos internacionales. Su situación es trágica y no puede dejarnos insensibles.</p>
<p>Exhorto vivamente a los organismos internacionales de asistencia que sigan enviando su ayuda benévola, necesaria y urgente.</p>
<p>Al saludar a la delegación de la iglesia del Sudán, presente en esta celebración, dirijo mi afectuoso recuerdo, junto con mi plegaria, a toda la Iglesia de aquel país: a los Obispos, al clero diocesano y misionero, a los laicos comprometidos en la pastoral, y también a los catequistas, colaboradores generosos y necesarios para la propagación de la verdad, de la palabra y del amor de Dios. Las poblaciones del Sudán siempre están presentes en mi corazón y en mis plegarias: las encomiendo a la intercesión de la nueva Beata Josefina Bakhita.</p>
<p>7. «Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros como yo os he amado. La señal por la que conocerán que sois discípulos míos será que os améis unos a otros» (Jn 13, 34-35). Con estas palabras de Jesús concluye el Evangelio de la Misa de hoy. En esta frase evangélica encontramos la síntesis de toda santidad; la santidad que han alcanzado, por caminos diversos pero convergentes en la misma y única meta, Josemaría Escrivá de Balaguer y Josefina Bakhita. Ellos han amado a Dios con toda la fuerza de su corazón y han dado prueba de una caridad que ha llegado hasta el heroísmo mediante las obras de servicio a los hombres, sus hermanos. Por eso la Iglesia los eleva hoy al honor de los altares y los presenta como ejemplos en la imitación de Cristo, que nos ha amado y se ha dado a Sí mismo por cada uno de nosotros (cfr Gal. 2, 20).</p>
<p>8. «Ahora es glorificado el Hijo del hombre y Dios es glorificado en él» (Jn 13, 31): el misterio pascual de la gloria.</p>
<p>Por medio del Hijo del hombre esta gloria se extiende a todo lo visible y lo invisible: «Que todas tus criaturas te den gracias, Señor, que te bendigan tus fieles; que proclamen la gloria de tu reinado» (Ps 144, 10-11).</p>
<p>Dice el Hijo del hombre: «¿No era necesario que&#8230; soportase estos sufrimientos para entrar en su gloria?» Estos son los que de generación en generación han seguido a Cristo: «A través de muchas tribulaciones, ellos han entrado en el reino de Dios.»</p>
<p>«Tu reinado es un reinado perpetuo» (Ps 144, 13). Amén.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://opusdeit.org/2010/07/homilia-en-la-beatificacion-de-josemaria-escriva-2/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>1. Madrid, 2 de octubre de 1928</title>
		<link>http://opusdeit.org/2010/07/1-madrid-2-de-octubre-de-1928/</link>
		<comments>http://opusdeit.org/2010/07/1-madrid-2-de-octubre-de-1928/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 06 Jul 2010 12:38:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>opusdeit</dc:creator>
				<category><![CDATA[fundador]]></category>
		<category><![CDATA[amor divino]]></category>
		<category><![CDATA[gozo]]></category>
		<category><![CDATA[grandeza]]></category>
		<category><![CDATA[iglesia]]></category>
		<category><![CDATA[misericordia de Dios]]></category>
		<category><![CDATA[obra de Dios]]></category>
		<category><![CDATA[Reina de los Ángeles]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://opusdeit.org/?p=5529</guid>
		<description><![CDATA[&#8220;Al paso de Dios&#8221; es una biografía de San Josemaría escrito por François Gondrand La Obra de Dios no la ha imaginado un hombre (&#8230;) Hace muchos años que el Señor la inspiraba a un instrumento inepto y sordo, que la vio por vez primera el día de los Santos Ángeles Custodios, dos de octubre [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h2 style="text-align: center">&#8220;Al paso de Dios&#8221; es una biografía de San Josemaría escrito por François Gondrand</h2>
<p>La Obra de Dios no la ha imaginado un hombre (&#8230;)</p>
<p>Hace muchos años que el Señor la inspiraba a un instrumento inepto y sordo,</p>
<p>que la vio por vez primera el día de los Santos Ángeles Custodios,</p>
<p>dos de octubre de mil novecientos veintiocho.</p>
<p>J. ESCRIVÁ DE BALAGUER</p>
<p>Muy de mañana, un joven sacerdote de veintiséis años está celebrando la Santa Misa en la Capilla de la planta baja de la Casa de los Misioneros de San Vicente de Paúl, en la madrileña calle de García de Paredes. Es uno de los seis sacerdotes que están haciendo unos ejercicios espirituales, comenzados dos días antes en dicha Casa.</p>
<p>Ese día la Iglesia celebra la fiesta de los Santos Ángeles Custodios, como lo recuerda la liturgia de la Misa: la colecta, la epístola -&#8221;Mira que enviaré al ángel mío para que te guíe, y guarde en el viaje, hasta introducirte en el país que te he preparado. Reverénciale y escucha su voz: por ningún caso le menosprecies&#8230;&#8221; (Ex. XXIII, 20-21)- y también el canto del Aleluya: &#8220;Bendecid al Señor todos vosotros, que componéis su milicia, ministros suyos, que hacéis su voluntad&#8221; (Ps. CII, 21). Y antes de iniciarse el Canon, el Prefacio:&#8230; &#8220;Per quem maiestatem tuam laudant angeli: Sanctus, Sanctus, Sanctus&#8230;&#8221;</p>
<p>Llega el momento supremo de la consagración, en el que se opera el misterio de amor de la Transubstanciación: &#8220;Esto es mi Cuerpo&#8230; Este es el cáliz de mi Sangre&#8230;&#8221; Y luego, la invocación a la Santísima Trinidad, por Cristo, con Él y en Él. Después, la Comunión con el Cuerpo y la Sangre de Cristo&#8230; Finalmente, nueva invocación a los Ángeles, la bendición final y el último Evangelio, el de San Juan: &#8220;En el principio existía el Verbo&#8230;&#8221;</p>
<p>Tras las preces al pie del altar, Josemaría Escrivá -que así se llama ese joven sacerdote- se va despojando de los ornamentos, mientras reza las oraciones acostumbradas. Acto seguido, comienza una larga acción de gracias.</p>
<p>Después de un desayuno frugal, que no interrumpe el silencio y el recogimiento de estos ejercicios cerrados, vuelve a su habitación. Sentado junto a la mesa de trabajo, ajeno a los rumores de la calle, que llegan débilmente, sigue ordenando algunas notas que ha ido tomando durante los últimos meses: resoluciones, propósitos, breves invocaciones, llamadas repetidas, insinuaciones percibidas en la oración, largamente meditadas desde entonces.</p>
<p>No ha hecho más que empezar a releer algunas cuando, de repente, se da cuenta de que todo aquello se ha ordenado por sí solo, iluminado por una luz completamente nueva, como un rompecabezas cuyas piezas se hubiesen colocado en su lugar automáticamente; como un cuadro del que hasta entonces sólo hubiese visto algunos detalles y que ahora contempla en su totalidad&#8230;</p>
<p>Visión de una realidad buscada incansablemente, a menudo a tientas, y sólo entrevista, que ahora se impone con clara evidencia al espíritu y al corazón: miles, millones de almas que elevan sus oraciones a Dios en toda la superficie de la tierra; generaciones y generaciones de cristianos, inmersos en toda clase de actividades humanas, ofreciendo al Señor sus tareas profesionales y las mil preocupaciones de una vida ordinaria; horas y horas de trabajo intenso, constante, que sube hacia el cielo como un incienso de agradable aroma desde los cuatro puntos cardinales&#8230; Una multitud formada por ricos y pobres, jóvenes y ancianos, de todos los países y de todas las razas. Millones y millones de almas, a través de los tiempos y a lo largo del mundo&#8230; Un latir invisible que recorre y riega la superficie de la tierra.</p>
<p>Miles, millones de almas como un volteo incesante de campanas que repican y cuyas vibraciones suben y suben, y se mezclan, y se amplifican&#8230;</p>
<p>Campanas&#8230; Precisamente ahora, desde hace unos instantes, llega hasta su cuarto el eco de las campanas de una iglesia cercana. A unos cientos de metros de allí, a vuelo de pájaro, en la glorieta de Cuatro Caminos, las campanas de la iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles voltean en honor de su Santa Patrona.</p>
<p>Benedicite Dominum, omnes angeli eius&#8230; (Ps. CII, 20).</p>
<p>Miles, millones de criaturas celestiales, presentan al Señor, por mediación de la Reina de los Ángeles, la ofrenda valiosa de unas vidas vividas totalmente para Él, de cara a El, en Él, entre gozos y lágrimas. Y la humilde prosa de esas vidas ordinarias queda convertida en verso heroico, en grandioso poema de amor divino.</p>
<p>-¡Así que era eso, Señor!</p>
<p>&#8220;Gozo, ¡lágrimas de gozo!&#8221;</p>
<p>Aquí estoy, Señor, porque me roas llamado&#8230; (I Sam. III, 5, 6 y 9).</p>
<p>Inmensidad de la grandeza y de la misericordia de Dios&#8230; gloria al Padre, gloria al Hijo, gloria al Espíritu Santo, gloria a la Santísima Trinidad. Gloria a Santa María, Madre de Dios.</p>
<p>Profunda, intensa, amplia, caudalosa como los ríos que van a dar a la mar, surge una acción de gracias que nunca terminará.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://opusdeit.org/2010/07/1-madrid-2-de-octubre-de-1928/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>3. &#8220;La barca de Pedro no se hunde&#8221;</title>
		<link>http://opusdeit.org/2010/07/3-la-barca-de-pedro-no-se-hunde/</link>
		<comments>http://opusdeit.org/2010/07/3-la-barca-de-pedro-no-se-hunde/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 06 Jul 2010 07:25:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>opusdeit</dc:creator>
				<category><![CDATA[iglesia]]></category>
		<category><![CDATA[compromiso]]></category>
		<category><![CDATA[Espíritu Santo]]></category>
		<category><![CDATA[fidelidad]]></category>
		<category><![CDATA[fundador]]></category>
		<category><![CDATA[generosidad]]></category>
		<category><![CDATA[llamada a la santidad]]></category>
		<category><![CDATA[testimonio]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://opusdeit.org/?p=5436</guid>
		<description><![CDATA[Extraído del libro &#8220;Apuntes&#8221; sobre San Josemaría Escrivá de Balaguer, escrito por Salvador Bernal y editado por Rialp Poco tiempo antes de celebrar sus bodas de oro sacerdotales ‑28 de marzo de 1975‑, Mons. Escrivá de Balaguer se dirigía a un grupo de socios del Opus Dei en estos términos: Cuando yo me hice sacerdote, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h2 style="text-align: center">Extraído del libro &#8220;Apuntes&#8221; sobre San Josemaría Escrivá de Balaguer, escrito por Salvador Bernal y editado por Rialp</h2>
<p>Poco tiempo antes de celebrar sus bodas de oro sacerdotales ‑28 de marzo de 1975‑, Mons. Escrivá de Balaguer se dirigía a un grupo de socios del Opus Dei en estos términos:</p>
<p><strong>Cuando yo me hice sacerdote, la Iglesia de Dios parecía fuerte como una roca, sin una grieta. Se presentaba con un aspecto externo que ponía enseguida de manifiesto la unidad: era un bloque de una fortaleza maravillosa. Ahora, si la miramos con ojos humanos, parece un edificio en ruinas, un montón de arena que se deshace, que patean, que extienden, que destruyen&#8230; El Papa ha dicho alguna vez que se autodestruye. ;‑Palabras duras, tremendas! Pero esto no puede suceder, porque Jesús ha prome­tido que el Espíritu Santo la asistirá siempre, hasta el final de los siglos.</strong></p>
<p><strong>¿Qué vamos a hacer nosotros? Rezar, rezar. Estoy seguro de que mis hijas y mis hijos, muchos miles de personas en todo el mundo, rezarán especialmente por las intenciones de mi Misa </strong><strong>cuando celebre mis bodas de oro sacerdotales. Serán las de siempre: la Iglesia, el Papa, la Obra. Siempre doy estas tres pinceladas, aunque cada día haya unos coloridos diversos, unas vibraciones distintas, unas luces cuya intensidad va de aquí para allá. Pero el común denominador de mi petición al Señor es siempre el mismo: la Iglesia, el Papa y el Opus Dei.</strong></p>
<p>Monseñor Escrivá de Balaguer esperó siempre en la Iglesia, <strong>a pesar de los pesares.</strong> Una vez confiaba a un Cardenal que, con mucha frecuencia, al recitar el Credo y afirmar su fe en la divinidad de la Iglesia una, santa, católica y apostólica, añadía: <strong>a pesar de los pesares.</strong> Cuando el Cardenal le preguntó a qué quería referirse, le respondió: <strong>a sus pecados y a los míos.</strong></p>
<p>Estaba firmemente persuadido de que es el Espíritu Santo quien gobierna la Iglesia. De ahí surgía su optimismo contagioso cuando la Barca de Pedro se veía zarandeada por dificultades aparentemente insuperables.</p>
<p>Vivió siempre una fidelidad plena al Magisterio, a todo el Magisterio de la Iglesia, y al carácter continuo y unitario de sus enseñanzas. Por eso, no era amigo del uso arbitrario ‑a veces, abusivo‑ del término postconciliar, olvidando ‑comentó alguna vez‑ que <strong>estamos en época postconciliar desde unos treinta años después de la muerte de Nuestro Señor Jesucristo: desde el Concilio de Jerusalén, donde con aquella autoridad tremenda, con aquel atrevimiento humano y divino, los apóstoles dijeron: </strong>visum est Spiritui Sancto et nobis, <strong>nos ha parecido al Espíritu Santo y a nosotros&#8230;</strong></p>
<p>Siguió muy de cerca la marcha del Concilio Vaticano 11. Ante todo, con la oración por los frutos de la Asamblea ecuménica. Mucho antes de que empezara la primera sesión, pidió a todos los socios del Opus Dei que encomendasen al Espíritu Santo los trabajos conciliares, ofreciendo cada uno a Dios lo que quisiera, pero que rezasen mucho y a diario.</p>
<p>Todos supieron pronto del cariño, del amor a la Iglesia con que siguió desde el primer momento los trabajos de los obispos, de la Curia, de los peritos conciliares. Y entre sus primeras preocupaciones destacó pronto una, por encima de todas: su gran amor al Romano Pontífice.</p>
<p>Cuando en 1967 el director de la revista Palabra le dirigió un extenso cuestionario, quiso iniciarlo inquiriendo el sentido que daba al término aggiornamento, muy usado en aquellos años para referirse a la Iglesia. La respuesta de Mons. Escrivá de Balaguer resume toda su actitud de fondo, toda su esperanza, ante la misión de la Iglesia:</p>
<p>Fidelidad. <strong>Para mí</strong> aggiornamento <strong>significa sobre todo eso: fidelidad. Un marido, un soldado, un administrador es siempre tanto mejor marido, tanto mejor soldado, tanto mejor adminis­trador, cuanto más fielmente sabe hacer frente en cada momen­to, ante cada nueva circunstancia de su vida, a los firmes compromisos de amor y de justicia que adquirió un día. Esa fidelidad delicada, operativa y constante ‑que es difícil, como difícil es toda aplicación de principios a la mudable realidad de lo contingente‑ es por eso la mejor defensa de la persona contra la vejez de espíritu, la aridez de corazón y la anquilosis mental.</strong></p>
<p><strong>Lo mismo sucede en la vida de las instituciones, singularísi­mamente en la vida de la Iglesia, que obedece no a un precario proyecto del hombre, sino a un designio de Dios. La Redención, la salvación del mundo, es obra de la amorosa y filial fidelidad de Jesucristo ‑y de nosotros con Él‑ a la voluntad del Padre celestial que le envió. Por eso, el</strong> aggiornamento <strong>de la Iglesia ‑ahora, como en cualquier otra época‑ es fundamentalmente eso: una reafirmación gozosa de la fidelidad del Pueblo de Dios a la misión recibida, al Evangelio.</strong></p>
<p><strong>Es claro que esa fidelidad ‑viva y actual ante cada circuns­tancia de la vida de los hombres‑ puede requerir, y de hecho ha requerido muchas veces en la historia dos veces milenaria de la Iglesia, y recientemente en el Concilio Vaticano II, oportunos desarrollos doctrinales en la exposición de las riquezas del Depositum Fidei, lo mismo que convenientes cambios y reformas que perfeccionen ‑en su elemento humano, perfectible‑ las estructuras organizativas y los métodos misioneros y apostólicos. Pero sería por lo menos superficial pensar que el aggiornamento consista primariamente en cambiar, o que todo cambio aggiorna. Basta pensar que no faltan quienes, al margen y en contra de la </strong><strong>doctrina conciliar, también desearían cambios que harían retro­ceder en muchos siglos de historia ‑por lo menos a la época feudal‑ el camino progresivo del Pueblo de Dios.</strong></p>
<p>Esperanza y prudencia fueron dos virtudes que Mons. Escrivá de Balaguer puso especialmente en ejercicio a partir de los años sesenta, para vivir su lealtad a la Iglesia. Al término de la entrevista citada, subrayaba el optimismo cristiano, <strong>la gozosa certeza de que el Espíritu Santo hará fructificar cumplidamente la doctrina con la que ha enriquecido a la Esposa de Cristo; </strong>pues ese enriquecimiento doctrinal ponía a la Iglesia toda ‑al entero Pueblo sacerdotal de Dios‑ <strong>de frente a una nueva etapa, suma­mente esperanzadora, de renovada fidelidad al propósito divino de salvación que se le ha confiado.</strong></p>
<p>Pero el optimismo esperanzado era inseparable de la prudencia, puesto que el momento no dejaba de ser delicado: muchas conclusiones teológicas tenían <strong>inmediatas y directas aplicaciones de orden pastoral, ascético y disciplinar, que tocan muy en lo íntimo la vida interna y externa de la comunidad cristiana ‑liturgia, estructuras organizativas de la Jerarquía, formas apostólicas, Magisterio, diálogo con el mundo, ecumenismo, etcétera‑ y, por tanto, también la vida cristiana y la conciencia misma de los fieles.</strong></p>
<p>De ahí la necesidad de <strong>la prudencia por parte de quienes investigan o gobiernan, porque especialmente ahora podría hacer un daño inmenso la falta de serenidad y ponderación en el estudio de los problemas.</strong></p>
<p>No es éste el lugar para describir la difícil situación que ha padecido la Iglesia en estos últimos tiempos. Aquí interesa más señalar cómo Mons. Escrivá de Balaguer no perdió nunca la alegría, la serenidad, la fe esperanzada en que Dios iría arreglando todas las cosas. Tampoco la prudencia, cuando como buen pastor de la extensa familia del Opus Dei, tenía que tomar disposiciones para cuidar de la salud espiritual de sus socios. Era consciente de la complejidad del problema, lo cual hacía con frecuencia <strong>más difícil discernir lo que es positivo y bueno ‑reales</strong> <strong>contribuciones al desarrollo de la ciencia teológica, deseos </strong>de auténtica vida cristiana y afanes apostólicos‑, de lo que constituye un grave atentado a la fe y a las costumbres.</p>
<p>Con auténtica y sabia vigilancia pastoral, ejercida a veces en términos realmente heroicos, impulsó en estos años la formación de los socios y asociadas del Opus Dei, <strong>en la doctrina común de la Iglesia</strong> ‑in libertate gloriae filiorum Dei‑, <strong>sin tener escuelas propias en las cuestiones que el Magisterio eclesiástico deja a la libre disputa de los hombres:</strong> fortes in fide, <strong>con rectitud de intención, con apertura y vigilancia, evitando extremismos o conformismos de cualquier tipo. Y sin miedo al ambiente y a las modas pasajeras: porque nuestro amor a la Iglesia, a la Obra y a las almas nos llevará a hacer una labor de criba que aprovecha lo bueno y deja lo demás, y a ir a veces, por lealtad a Jesucristo y a su doctrina, contra corriente.</strong></p>
<p>Desde estos sólidos puntos de apoyo, la labor pastoral de Mons. Escrivá de Balaguer destacó por esas dos notas ya seña­ladas: optimismo y prudencia. Supo estar en su sitio, y condujo la Asociación con una seguridad vibrante, que encendía a las almas, difundía fortaleza, y aseguraba el buen camino, cuajado de frutos sobrenaturales.</p>
<p>En conversaciones privadas, o con miles de personas, su enseñanza infatigable confortaba los espíritus, removía los cora­zones, confirmaba la fe y ampliaba el horizonte apostólico. Como escribe el Profesor Kummer, de la Universidad de Viena, que estuvo con el Fundador del Opus Dei en febrero de 196$, &#8220;de todas sus palabras se desprendía un profundo amor a la Iglesia y al Papa, que fue lo que dio a la conversación su verdadero tono. Me impresionó mucho que, a pesar de la seriedad de sus palabras, éstas desprendían un optimismo contagioso: una postu­ra que, dado su conocimiento de la situación, no podía salir más que de su profunda unión con Dios. Al despedirme me sentía confirmado en la fe y movido a una mayor dedicación apostó­lica&#8221;.</p>
<p>Un conocido sacerdote, don Juan Ordóñez Márquez, publicó en un periódico de Sevilla, al día siguiente del fallecimiento de Mons. Escrivá de Balaguer que había sido &#8220;posiblemente. El hombre a quien el Vaticano II poco o nada nuevo tuvo que decir, porque desde bien atrás ya venía andando sus caminos&#8221;.</p>
<p>Algo semejante apuntaría unas semanas después el Cardenal Primado de España, don Marcelo González Martín: &#8220;Mucho antes del Concilio Vaticano II trabajó él, como nadie, en la promoción del laicado, en la auténtica y profunda promoción, no en las ridículas y tristes experiencias que tanto han abundado y siguen haciendo acto de presencia en los años del postconcilio; y en el campo del ecumenismo, y en el diálogo con el mundo moderno, y en el reconocimiento efectivo de la sana autonomía de las realidades temporales.</p>
<p>&#8220;Precisamente por eso, ahora, cuando tantos se mueven alocadamente, sin rumbo, porque su frivolidad les priva de la luz, él supo mantenerse tan firme y enhiesto en la roca de la fidelidad sin convertirse jamás en un futurólogo insustancial que, creyendo atisbar el porvenir, consiente en que el presente se le desmorone entre las manos. Porque supo ser un auténtico progresista, fue también ‑como no puede ser menos‑ un conservador denodado y valiente, de la raza de los mártires y los confesores de la fe, o simplemente del linaje espiritual de los que, a imitación de María, saben conservar en su corazón de pobres del Reino lo que debe ser conservado siempre para ser fieles&#8221;.</p>
<p>Y es que el Fundador del Opus Dei no se dejó llevar de superficialidades. Rechazó siempre la conveniencia ‑incluso, la posibilidad‑ de catalogaciones o simplificaciones del tipo &#8220;inte­grismo contra progresismo&#8221;. Al director de la revista Palabra le puntualizaba en 1967:</p>
<p><strong>Esa división ‑que a veces se lleva hasta extremos de verda­dero paroxismo, o se intenta perpetuar como si los teólogos y los fieles en general estuvieran destinados a una continua</strong> orientación bipolar‑ <strong>me parece que obedece en el fondo al convencimiento de que el progreso doctrinal y vital del Pueblo de Dios sea resultado de una perpetua tensión dialéctica. Yo, en cambio, prefiero creer ‑con toda mi alma‑ en la acción del Espíritu Santo, que sopla donde quiere, y a quien quiere.</strong></p>
<p>Tiempo después, al comienzo de 1974, el Fundador del Opus Dei estuvo con el Cardenal König,</p>
<p>Presidente del Secretariado pontificio para los no creyentes, que, en un artículo aparecido el 9 de noviembre de 1975 en el Corriere della Sera (Milán), se refirió a la conversación que mantuvieron entonces. El Cardenal König destacaba la &#8220;gran autoridad espiritual&#8221; de Mons. Escrivá de Balaguer, &#8220;su serenidad, su espíritu abierto que desarmaba, sus dotes de organizador, cualidades que iban unidas a una comprensión cariñosa de las preocupaciones y alegrías de las demás personas y a un celo ardiente por las cosas de Dios&#8221;.</p>
<p>Y en Il Veltro, Rivista della Civiltá italiana, aseguraba por las mismas fechas el Cardenal Pignedoli, Presidente del Secreta­riado para los no cristianos: &#8220;Sufría en su alma los sufrimientos de la Iglesia y se alegraba con sus gozos. Le dolía profundamente la actual desorientación de muchas almas, rezaba y trabajaba con renovado celo, y pedía oraciones. Tendía la mano `como un pobrecito de Dios, implorando la limosna de la oración&#8217;. Recor­daba incesantemente que este tiempo de tormenta, en el que el demonio, una vez más, zarandea como el trigo a la Iglesia de Dios (cfr. Lc. XXII, 31), es tiempo de plegarias y de reparación, porque cuanto más se extiende la insidia y la infidelidad tanto más necesario es buscar la intimidad con Dios en la oración y en la penitencia.</p>
<p>&#8220;Pero su fe no le permitía estar triste y menos aún desalen­tado. Ofrecía sus sufrimientos y toda su vida por la Iglesia y por el Papa y seguía trabajando contento ‑sembrador de paz y de alegría‑, lleno de optimismo, infundiendo a su alrededor seguridad y consuelo&#8221;.</p>
<p>Una vita per la Chiesa, tituló la revista milanesa Studi Cattolici al informar sobre la muerte de Mons. Escrivá de Balaguer. El titular quería compendiar el amor a la Iglesia que dio sentido a la vida del Fundador Dei Opus Dei; amor que fue siempre in crescendo hasta el final de sus días. Como escribía el 29 de junio de 1975 don Álvaro del Portillo, refiriéndose a la mañana del día 26: &#8220;Nos resistíamos a convencernos de que había fallecido. Para nosotros, ciertamente, se ha tratado de una muerte repentina; para el Padre, sin duda, ha sido algo que venía madurándose ‑me atrevo a decir‑ más en su alma que en su cuerpo, porque cada día era mayor la frecuencia del ofrecimiento de su vida por la Iglesia&#8221;. Y don Álvaro del Portillo, actual Presidente General del Opus Dei, continuaba: &#8220;Desde hace tiempo, el Padre, con una progresiva intensidad, ofrecía al Señor su vida y mil vidas que tuviera ‑añadía habitualmente‑ por la Iglesia Santa y por el Papa, sea quien sea. Este ofrecimiento era intención diaria de su Misa, era fervor continuo de su alma, era dolor de su corazón, era el desvelo de su vida&#8221;.</p>
<p>Quienes vivieron cerca de Mons. Escrivá de Balaguer estos últimos años saben de sus noches en vela, abrumado por noticias tristes de la vida de la Iglesia, que no le dejaban tranquilo, al pensar en las almas que podían perder la vida eterna. Fueron años ‑días y noches‑ de oración continua, de trabajo constan­te, de permanente y amoroso desagravio. Fue una época larga en que prescindió de su persona ‑de su honra, de su fama‑ para servir sólo y de veras a la Iglesia, pensando en las almas y en la gloria de Dios. Fueron tiempos en que sostuvo a los socios del Opus Dei como auténtico buen pastor. Puso en su oración, en su mortificación y en su trabajo apostólico un empeño que, aunque pueda parecer imposible, aumentaba de día en día, tanto en el aparente sosiego de Roma, como en sus meses de predicación por medio mundo. En estas horas de tempestad apuntaló la espe­ranza sobrenatural en la Iglesia:</p>
<p>El mar está un poco revuelto&#8230; ;Ya se aplacará, no os preocupéis! También yendo Jesús en la barca, la barca parece que se hunde. ;La barca de Pedro no se hunde!</p>
<p>&#8220;Así ‑evocaría don Álvaro del Portillo‑ hasta la última jornada, hasta las últimas horas que pasó en la tierra&#8221;. El 26 de junio de 1975, menos de dos horas antes de morir, el Fundador del Opus Dei urgía a las almas ‑en este caso, a las alumnas del Istituto Internazionale di Pedagogía de Castelgandolfo‑ a que crecieran en vida interior, <strong>para tratar a Dios y a su Madre bendita, Nuestra Madre, y a San José, nuestro Padre y Señor, y a nuestros Ángeles Custodios, para ayudar a esta Iglesia Santa, nuestra Madre, que está tan necesitada, que lo está pasando tan mal en el mundo, en estos momentos. Hemos de amar mucho a la Iglesia, y al Papa, cualquiera que sea. Pedid al Señor que sea eficaz nuestro servicio para su Iglesia y para el Santo Padre.</strong><a><br />
</a></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://opusdeit.org/2010/07/3-la-barca-de-pedro-no-se-hunde/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
	</channel>
</rss>
