Londres, 1958: “Tú no puedes, pero Yo sí”

filiación divina  Tagged , , , , , , No Comments »

En agosto de 1958, San Josemaría paseaba por la “City” de Londres. El ir y venir de tanta gente que no conocía a Dios abrumó al sacerdote: “Josemaría –se dijo- aquí no puedes hacer nada”. E inmediatamente tuvo la respuesta: “Tú, no; pero Yo, sí. Yo estaré contigo y habrá eficacia”.

Opus Dei -

Con motivo del aniversario de los 50 años de la primera visita de san Josemaría a Inglaterra, recogemos el relato que uno de sus biógrafos, Andrés Vazquez de Prada, realiza en el libro “El Fundador del Opus Dei” (Tomo III).

“Casi doce años llevaban en Inglaterra cuando el Padre puso el pie en Londres en 1958. Pasó allí una larga estancia, desde primeros de agosto hasta mediado el mes de septiembre.

El 4 de agosto cruzaba el Canal, de Boulogne a Dover. Fecha memorable en la historia de la Obra en Inglaterra, donde el avance de fundación había empezado en la Navidad de 1946.

Hizo un recorrido por Londres. Se llegó a la City. Por sus calles se apresuraba la gente: oficinistas, empleados con hongo, traje oscuro y cuello almidonado. Había un tráfico denso de autobuses rojos y taxis de charol negro. Todo apretado, con prisas y febril.

Opus Dei - San Josemaría con don Álvaro, en Londres.

San Josemaría con don Álvaro, en Londres.

Por todas partes aparecían rótulos con fechas antiguas: Established in 1748; …in 1760; …1825… La mente del Padre penetraba su significado histórico, abarcándolo en sus consecuencias: continuidad en el trabajo, transacciones con todos los continentes, riqueza, poderío económico…; una costra secular y resistente.

Era la City como un viejo árbol centenario, con las raíces al aire. Y, circulando entre la multitud, cada cual a su tarea, se veían rostros y atuendos de lo más exótico: indios, africanos, chinos y árabes.

Calibraba el Fundador los hechos, instalado en la presencia de Dios. Consideraba cuán insuficientes serían su esfuerzo e intrepidez, vertidos en aquella encrucijada del mundo. Y debió sentir un roce de desaliento al medir sus fuerzas materiales con el poderío de la City

Opus Dei -

Pero no se dejó abatir. Al encararse interiormente con el Señor, examinó recursos, sacando la palmaria conclusión de que llevar todo eso a Cristo —tantas almas y tantas empresas— requería una palanca y un esfuerzo sobrehumanos.

Fueron días de oración y trabajo. Pensando en la gente que deambulaba por las calles, en tantos que no amaban a Dios, o tenían un conocimiento superficial de Cristo, se sentía impotente para hacer algo.

Esa impotencia le llevaba a Dios, como niño que acude a su padre. Y hacía oración, que es el secreto de la eficacia del Opus Dei, y, según les dijo en Londres, servía como un gran paraguas contra las incidencias del tiempo y las contrariedades (…).

“En el fondo de mi corazón, sentí la eficacia del brazo de Dios: tú no puedes nada, pero Yo lo puedo todo; tú eres la ineptitud, pero Yo soy la Omnipotencia. Yo estaré contigo, y ¡habrá eficacia!”

Debió ser por entonces cuando el Señor le contestó claramente con una locución, una de tantas como tuvo, y que tan firmes quedaron en su memoria: «¡tú, no!; ¡Yo, sí!» Tú, ciertamente, no podrás; pero Yo sí que puedo[3].

A esa experiencia sobrenatural se refirió, a su vuelta a Roma, cuando contaba a sus hijos en una meditación:

Al considerar ese panorama me desconcerté y me sentí incapaz, impotente: Josemaría, aquí no puedes hacer nada. Estaba en lo justo: yo solo no lograría ningún resultado; sin Dios, no alcanzaría a levantar ni una paja del suelo. Toda la pobre ineficacia mía estaba tan patente, que casi me puse triste; y eso es malo. ¿Que se entristezca un hijo de Dios? Puede estar cansado, porque tira del carro como un borrico fiel; pero triste, no. ¡Es mala cosa la tristeza!

De pronto, en medio de una calle por la que iban y venían gentes de todas las partes del mundo, dentro de mí, en el fondo de mi corazón, sentí la eficacia del brazo de Dios: tú no puedes nada, pero Yo lo puedo todo; tú eres la ineptitud, pero Yo soy la Omnipotencia. Yo estaré contigo, y ¡habrá eficacia!, ¡llevaremos las almas a la felicidad, a la unidad, al camino del Señor, a la salvación! ¡También aquí sembraremos paz y alegría abundantes![4]. (…)

Opus Dei - Trafalgar Square.

Trafalgar Square.

Dejó Inglaterra con muy gratas impresiones, pues había sacado la clara idea de que su estancia había sido providencial, como decía a sus hijos de España:

Yo sólo os digo que pienso que es providencial nuestra estancia en Inglaterra, y que pueden salir aquí muchas labores para gloria de Dios.

Rezad, poned como siempre a Nuestra Madre Santa María por intercesora, y veremos grandes trabajos de nuestro Opus Dei realizados en esta encrucijada de la tierra, para bien de las almas de todo el mundo[5].

[1] Carta a Juan Antonio Galarraga Ituarte, en EF-500220-2.

[2] Carta a sus hijos de Inglaterra, en EF-500124-3.

[3] Cfr. Álvaro del Portillo, PR, p. 1506; y Javier Echevarría, Sum. 2782.

[4] Meditación, 2-XI-1958, citada por Álvaro del Portillo en Sum. 1642.

[5] Carta, desde Londres, en EF-580813-1.

Últimas semanas antes de la Guerra Civil

movimiento Opus Dei  Tagged , , , , , , No Comments »

“La fundación del Opus Dei”. Libro escrito por John F. Coverdale, en el que narra la historia del Opus Dei hasta 1943.

A principios del verano de 1936, el clima político seguía empeorando. Por todas partes se oía hablar de complots contra el gobierno: ya fueran de la derecha con apoyo del Ejército, ya de los sindicatos y partidos de izquierda con el apoyo de las milicias populares. A comienzos de junio un grupo de oficiales del Ejército, dirigidos por el general Mola, tenía completamente planeado el levantamiento. Quería imponer un gobierno militar presidido por el general Sanjurjo, que había dirigido la intentona golpista de 1932. Una vez restaurado el orden, convocarían elecciones constituyentes y se redactaría una nueva constitución. Aparte de éstos, sus objetivos políticos eran vagos. Da la impresión de que su modelo era la dictadura de Primo de Rivera.

Sin traicionar los planes de los conspiradores, el 23 de junio de 1936 el general Franco escribió al presidente del Gobierno. Protestaba porque varios generales de derechas habían sido removidos de sus puestos y prevenía a Casares Quiroga de que la disciplina del ejército estaba en peligro. Nunca recibió respuesta.

El 1 de julio la prensa informaba, con grandes titulares, de que un destacado diputado socialista había amenazado de muerte en público al líder de la derecha Calvo Sotelo. El día 13 fue asesinado por las fuerzas de seguridad y su cuerpo arrojado junto a la tapia del cementerio de Madrid.

Como la mayoría de los españoles, los fieles del Opus Dei veían con horror cómo su país sucumbía a una espiral de violencia, pero no se quedaron paralizados por la inquietud. Justo cuando Zorzano llegaba a Madrid, se encontró una nueva casa para DYA en el número 16 de la misma calle Ferraz. El 17 de junio de 1936 firmaron el contrato de compra y a comienzos de julio empezaron el traslado. El 15 de julio se terminó, aunque quedaba mucho por hacer en la casa. Siguieron trabajando para preparar la nueva residencia y redoblaron su oración y sacrificio para llegar a una solución pacífica a la crisis.

Los anhelos de crecimiento y expansión se vieron frustrados por el estallido de una guerra civil que duraría casi tres años. La guerra y la persecución religiosa dispersaron a los miembros del Opus Dei. Dos de ellos, recientemente incorporados, murieron en el frente de Madrid; otros no perseverarían en su vocación a causa de las difíciles condiciones de la guerra. Al terminar la contienda, el Opus Dei contaba con menos miembros que cuando empezó y su único centro era un montón de escombros. Sin embargo, la prueba sufrida a causa de la guerra y la persecución religiosa fortaleció y templó la vocación de los que perseveraron y puso los cimientos de un nuevo periodo de expansión.

La Guerra Civil tuvo un efecto devastador para las todavía incipientes actividades apostólicas con las mujeres. El pequeño grupo de chicas jóvenes que pertenecía al Opus Dei en julio de 1936 quedó aislado de Escrivá durante tres años. Cuando empezó el conflicto, todavía no habían asimilado con profundidad el espíritu del Opus Dei, y para cuando se veía el final de la guerra ya habían enfocado sus vidas en otras direcciones. En abril de 1939, Escrivá concluyó que ninguna de ellas podía continuar en el Opus Dei. La única mujer con la que Escrivá podría contar para recomenzar la labro apostólica era Lola Fisac, que pidió pertenecer al Opus Dei en 1937, en plena Guerra Civil.

Las fuentes disponibles poco o nada dicen sobre las mujeres que eran del Opus Dei al comienzo de la guerra. Por eso, los siguientes capítulos están exclusivamente centrados en los hombres.

El siguiente capítulo resume los dramáticos acontecimientos que fueron el contexto de la historia del Opus Dei en el periodo de julio de 1936 a marzo de 1937.

Hijos de Dios

movimiento Opus Dei  Tagged , , , , , , , No Comments »

“La fundación del Opus Dei”. Libro escrito por John F. Coverdale, en el que narra la historia del Opus Dei hasta 1943.

Un día de finales de septiembre de 1931 Escrivá experimentó, con una fuerza arrolladora, la realidad de la paternidad de Dios y el sentido de su propia filiación. Contempló esas alegres realidades durante un largo periodo de oración, de unión con Dios y de acción de gracias. Apuntó la experiencia con concisión, pero con suficiente detalle para dar una idea de su contenido: “Estuve considerando las bondades de Dios conmigo y, lleno de gozo interior, hubiera gritado por la calle, para que todo el mundo se enterara de mi agradecimiento filial: ¡Padre, Padre! Y —si no gritando— por lo bajo, anduve llamándole así ¡Padre! muchas veces, seguro de agradarle”[1].

Unas semanas después, el 16 de octubre, experimentó más intensamente, y durante más tiempo, la realidad de su filiación divina. Una vez más, este rato de oración sublime, que más tarde definiría como la oración más elevada que Dios le concediera nunca, no sucedió en un templo, sino en la calle. Había pasado algún tiempo en una iglesia intentando rezar, pero sin lograrlo. Al salir de la iglesia -era una brillante mañana de otoño- compró un periódico y cogió el tranvía. Allí “sentí afluir la oración de afectos, copiosa y ardiente”, perdido en la contemplación de “esa maravillosa realidad: Dios es mi Padre”[2]. Escrivá sintió “la acción del Señor, que hacía germinar en mi corazón y en mis labios, con la fuerza de algo imperiosamente necesario, esta tierna invocación: Abba![3] Pater! Estaba yo en la calle, en un tranvía (…). Probablemente hice aquella oración en voz alta.

Y anduve por las calles de Madrid, quizá una hora, quizá dos, no lo puedo decir, el tiempo se pasó sin sentirlo. Me debieron tomar por loco. Estuve contemplando con luces que no eran mías esa asombrosa verdad, que quedó encendida como una brasa en mi alma, para no apagarse nunca”[4].

Años más tarde, al recordar esta experiencia, Escrivá se dio cuenta de la íntima conexión que había entre los sufrimientos que había estado padeciendo y el sentido de la filiación divina: “Cuando el Señor me daba aquellos golpes, por el año treinta y uno, yo no lo entendía. Y de pronto, en medio de aquella amargura tan grande, esas palabras: tú eres mi hijo (Ps. II, 7), tú eres Cristo. Y yo sólo sabía repetir: Abba, Pater!; Abba, Pater!; Abba!, Abba!, Abba! Ahora lo veo con una luz nueva, como un nuevo descubrimiento: como se ve, al pasar los años, la mano del Señor, de la Sabiduría divina, del Todopoderoso. Tú has hecho, Señor, que yo entendiera que tener la Cruz es encontrar la felicidad, la alegría. Y la razón – lo veo con más claridad que nunca—es ésta: tener la Cruz es identficarse con Cristo, es ser Cristo, y, por eso, ser hijo de Dios”[5].

Escrivá entendió que esta experiencia no debía ser exclusivamente personal. Al contrario, significaba que el sentido de la filiación divina sería una característica fundamental del espíritu del Opus Dei y Escrivá pidió a Dios que la conservara siempre en sus miembros. En una ocasión rezaba: “Señor, pido a tu Madre, a san José nuestro Patrono, a mi Arcángel ministerial, que pidan para mí y para mis hijos siempre este espíritu. Ne respicias peccata mea, sed fidem. ¡Esa fe, esa luz, ese amor a la Cruz, a la muerte! Esa luz divina, que nos hará siempre comprender con claridad que vale la pena clavarse en la Cruz, porque es entrar en la Vida, embriagarse en la Vida de Cristo. ¡La Cruz: allí está Cristo, y tú has de perderte en Él! No habrá más dolores, no habrá más fatigas. No has de decir: Señor, que no puedo más, que soy un desgraciado… ¡No!, ¡no es verdad! En la Cruz serás Cristo, y te sentirás hijo de Dios, y exclamarás: Abba, Pater!, ¡qué alegría encontrarte, Señor!”[6].

Naturalmente, la paternidad de Dios es una verdad revelada por Cristo en el Evangelio y forma parte importante de la doctrina cristiana. Como tal, estaba presente en el espíritu del Opus Dei desde sus mismos comienzos. Sin embargo, ahora cobraba nueva importancia en la propia vida de Escrivá y en la de los fieles de la Obra. En 1969 Escrivá explicaba: “Os podría decir hasta cuándo, hasta el momento, hasta dónde fue aquella primera oración de hijo de Dios.

Aprendí a llamar Padre, en el Padrenuestro, desde niño; pero sentir, ver, admirar ese querer de Dios de que seamos hijos suyos…, en la calle y en un tranvía —una hora, hora y media, no lo sé—; Abba, Pater!, tenía que gritar.

Hay en el Evangelio unas palabras maravillosas; todas lo son: nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquél a quien el Hijo lo quisiera revelar (Matth XI, 27). Aquel día, aquel día quiso de una manera explícita, clara, terminante, que, conmigo, vosotros os sintáis siempre hijos de Dios, de este Padre que está en los cielos y que nos dará lo que pidamos en nombre de su Hijo”[7].

[1] Andrés Vázquez de Prada. Ob. cit. p. 388

[2] Ibid. p. 389

[3] “Abba” es el término familiar y afectuoso usado por los niños judíos para dirigirse a su padre. Cristo lo usó en la oración en el huerto (cfr. Marcos 14, 36) y san Pablo lo emplea para describir cómo los cristianos, movidos por el Espíritu Santo, se dirigen a Dios (cfr. Romanos 8, 15 y Gálatas 4, 6)

[4] Ibid. p. 389-90

[5] Amadeo de Fuenmayor, Valentín Gómez-Iglesias, José Luis Illanes. EL ITINERARIO JURÍDICO DEL OPUS DEI. HISTORIA Y DEFENSA DE UN CARISMA. Eunsa. Pamplona, 1989, p. 31

[6] AGP P06 IV p. 479

[7] Andrés Vázquez de Prada. Ob. cit. p. 390-91

Zaragoza

movimiento Opus Dei  Tagged , , , , , , No Comments »

“La fundación del Opus Dei”. Libro escrito por John F. Coverdale, en el que narra la historia del Opus Dei hasta 1943.

Su padre le animó a compaginar los estudios sacerdotales con una licenciatura en Derecho, aunque no sabemos exactamente el porqué de ese consejo. Quizás previó la posibilidad de que su hijo mayor tuviera que contribuir en el futuro al sostenimiento de la economía familiar. Sea como fuere, Josemaría convino en que la idea era buena, pero no era posible estudiar esa carrera ni en Logroño ni en, donde los seminaristas completaban el último ciclo de estudios eclesiásticos. La Facultad de Derecho más próxima se encontraba en Zaragoza. Tenía también la ventaja de que allí podría obtener el doctorado en Teología, algo prácticamente imposible si permanecía en Logroño. Escrivá, por tanto, solicitó y obtuvo el permiso oportuno para trasladarse a Zaragoza y recibir las órdenes sagradas en aquella diócesis.

Zaragoza era una de las más importantes y populosas ciudades del país. Tenía una universidad estatal con C, otra Universidad Pontificia y dos seminarios. Tras la Primera Guerra Mundial, la ciudad atravesaba un período difícil y turbulento. Se habían producido recientemente hechos sangrientos: asesinatos e insurrecciones anarquistas y diversos brotes de pistolerismo que provocaron la declaración del estado de guerra y la supresión de las libertades cívicas. Entre 1917 y 1923 la violencia política se cobró veintitrés vidas en aquella ciudad.

En el otoño de 1920, Escrivá ingresó en el C, donde los alumnos vivían y recibían su formación espiritual; para las clases de teología tenían que trasladarse a la cercana Universidad Pontificia. Ésta es por tanto la primera vez que Escrivá vive –de hecho– en un seminario. Como el resto de sus compañeros, dispone de una pequeña habitación parcamente amueblada, sin cuarto de baño ni luz eléctrica. En todo el edificio no había ni una sola ducha o bañera; cada seminarista tenía una jofaina que podía llenar de agua fría en una pila ubicada al final del pasillo. La mayoría se contentaba con lavarse la manos y la cara puesto que el seminario no tenía calefacción, ni siquiera en los más crudos días del invierno. Los estudiantes se sorprendían de que Escrivá hiciera tantos viajes a la pila para conseguir el agua necesaria para lavarse de los pies a la cabeza. Algunos incluso llegaron a tildarle de melindroso y comentaban que tanta atención a la higiene personal no era lo más adecuado para un sacerdote. En una ocasión, un seminarista especialmente ordinario y que olía muy mal llegó a frotarle la cara con la manga empapada de sudor diciendo: “¡Hay que oler a hombre!”[1]. El joven Escrivá, que de naturaleza era bastante impulsivo, a duras penas pudo controlarse y se limitó a contestar: “No se es más hombre por ser más sucio”[2]

Pero no era sólo la pulcritud lo que motivaba que sus propios compañeros le tacharan de “señorito”[3]. Uno de los seminaristas que compartió sus años de alumno en el San Carlos recordaba más tarde: “Era Josemaría un señor de pies a cabeza, en todo su comportamiento: en la manera de saludar, en la forma de tratar a las personas, en cómo vestía, en la educación con que comía; sin proponérselo, representaba un fuerte contraste con lo que parecía costumbre entonces”[4].

La piedad de Escrivá también llamaba la atención. El régimen de vida del seminario incluía Misa, meditación, Rosario, lectura de un libro espiritual, visita al Santísimo Sacramento y examen de conciencia por la noche. Lo normal era que hasta los más piadosos se contentaran con cumplir estas observancias y demás actos de piedad establecidos; sin embargo, Josemaría hacía frecuentes visitas a la capilla del seminario durante el tiempo libre. Ahí, delante del Santísimo Sacramento, abría su corazón al Señor, a veces durante horas enteras y en ocasiones toda la noche, llenando el tiempo con actos de adoración a Cristo en la Eucaristía e implorando luces para ver la voluntad de Dios y obtener la gracia para llevarla a cabo. También adquirió la costumbre de acudir todos los días a la Basílica de Nuestra Señora del Pilar. En cierta ocasión, Escrivá consiguió el permiso necesario para permanecer en el interior del templo una vez cerrado al público y besar la imagen de la Virgen que ahí se venera, privilegio reservado sólo a los niños que se acercan a honrar a la Madre de Dios durante el tiempo en que la basílica mantiene sus puertas abiertas. En su habitación del seminario guardaba una pequeña reproducción en yeso de la Virgen del Pilar y en la base escribió con un clavo la jaculatoria, que tantas veces había formado parte de su oración habitual, “Domina, ut sit!” (Señora, ¡que sea!).

En esa ciudad aragonesa, la devoción a la Virgen que Escrivá aprendió de sus padres creció aún más en profundidad y fervor. Una y otra vez acudía a Ella suplicando su ayuda maternal y pidiéndole estar siempre cerca de su Hijo. “A Jesús siempre se va y se “vuelve” por María”[5], escribió en 1934 como fruto de su propia experiencia.

Trató de ser discreto en lo referente a su piedad personal pero en vano. Era de esperar que Escrivá encontrara piedad en el lugar más lógico para eso: el seminario. Pero sus compañeros no tardaron mucho en hacer mofa de su devoción adjudicándole los motes de “Rosa Mística” y “Soñador”.

Motivado en parte por la postura recelosa de sus compañeros, el rector del seminario no miraba con buenos ojos a Escrivá. En la hoja de evaluación al final del primer curso le puso un “bien” en el apartado de piedad, pero sólo “aceptable” en diligencia y disciplina, a pesar de que Josemaría había alcanzado unas notas excelentes y resultó ser uno de los pocos alumnos que no fue castigado en todo el año. Describía el carácter de Escrivá como “inconstante y altivo, pero educado y atento”[6]. Y lo más curioso es que debajo del apartado “vocación” escribió como de mala gana “parece tenerla”[7]. De algunos comentarios de Escrivá se desprende que, muy al principio de su estancia en el seminario, el rector trató incluso de disuadirle de su deseo de ser sacerdote. En el segundo año, el rector solicitó a su homólogo del Seminario de Logroño un informe sobre las cualidades personales de Escrivá y su posible vocación. El informe favorable que recibió y un trato más personal y asiduo con el joven seminarista le hicieron cambiar de opinión y llegó a ser uno de los más fieles defensores de Escrivá.

En algún momento en el transcurso de su estancia en Zaragoza, parece que Escrivá sufrió una dura prueba o crisis. En sus apuntes de principios de los años 30 y dirigiéndose a Cristo dice: “Si no hubieras estorbado mi salida del Seminario de Zaragoza, cuando creí haberme equivocado de camino— estaría alborotando en las Cortes españolas, como otros compañeros míos de Universidad lo están…, y no a tu lado, precisamente, porque [...] hubo momento en que me sentí profundamente anticlerical, ¡yo que amo tanto a mis hermanos en el sacerdocio!”[8]

Aunque la crisis puede haberse exacerbado por la dificultad de Escrivá en adaptarse al seminario y al trato un tanto difícil con alguno de los seminaristas, la nota nos sugiere que la raíz del asunto no está en eso, sino en lo que él describe como su “anticlericalismo”. Aquí hay que aclarar que en la España de los años 20, los políticos anticlericales pretendían eliminar la influencia de la Iglesia en la vida civil. Querían reducir la práctica de la religión al ámbito de lo privado como algo meramente personal, y borrar de la vida pública cualquier vestigio de religiosidad. El anticlericalismo de Escrivá era algo diametralmente distinto; se asentaba en el convencimiento de que el sacerdote está llamado a amar apasionadamente a Dios y a vivir una vida de servicio desinteresado como si fuera “otro Cristo, el mismo Cristo”. En este contexto, no hay, por consiguiente, hueco para que el sacerdote se involucre en el mundo de la política, o trate de manipular o controlar a los fieles con vistas a alcanzar sus propios objetivos. Con el paso del tiempo, Escrivá no tuvo sino palabras de elogio para los compañeros de seminario, la inmensa mayoría de los cuales trabajaron como buenos ministros de Cristo en sus parroquias y no pocos murieron mártires durante la Guerra Civil española. En los primeros años del seminario, sin embargo, le dolía la postura de algunos que pensaban que ser sacerdote era una forma de ganarse el sustento y prosperar en la vida. La idea de forjarse una carrera eclesiástica y la postura de sus compañeros que defendían el hecho de ordenarse sacerdotes porque no tenían otra forma mejor de ganarse la vida hicieron que llegara a preguntarse si no se habría equivocado, al pensar que el sacerdocio iba a satisfacer el deseo de amor que había llenado su corazón el mismo día en que vio aquellas pisadas sobre la nieve.

Las anotaciones de Escrivá no arrojan mucha luz ni sobre la duración de esa crisis ni el modo en que la superó. Lo más probable es que la respuesta a sus dudas y anhelos la encontrara en la oración, meditando en la presencia de Dios distintos pasajes del Antiguo y Nuevo Testamento y dialogando con Jesús, María y José sobre la vida y acontecimientos de la “Trinidad de la Tierra” y su propia vida. Un punto de “Camino” describe el estilo personal de su oración: “Me has escrito: “orar es hablar con Dios. Pero, ¿de qué?” -¿De qué? De Él, de ti: alegrías, tristezas, éxitos y fracasos, ambiciones nobles, preocupaciones diarias…, ¡flaquezas!: y hacimientos de gracias y peticiones: y Amor y desagravio. En dos palabras: conocerle y conocerte: “¡tratarse!”[9].

Su oración era una conversación íntima, personal, incluso apasionada. Le decía a Jesús: “Me hubiese gustado ser tuyo desde el primer momento: desde el primer latido de mi corazón, desde el primer instante en el que la razón mía comenzó a ejercitarse. No soy digno de ser –y sin tu ayuda no llegaré a serlo nunca- tu hermano, tu hijo y tu amor. Tú sí que eres mi hermano y mi amor, y también soy tu hijo”[10].

En ocasiones la oración no fluía tan fácilmente y entonces se aplicaba a sí mismo el consejo que luego daría a otros en “Camino”: “-Y, en mi meditación, se enciende el fuego. -A eso vas a la oración: a hacerte una hoguera, lumbre viva, que dé calor y luz. Por eso cuando no sepas ir adelante, cuando sientas que te apagas, si no puedes echar en el fuego troncos olorosos, echa las ramas y la hojarasca de pequeñas oraciones vocales, de jaculatorias, que sigan alimentando la hoguera”[11].

En otros momentos era Dios quien tomaba la iniciativa y le llenaba de instantes de auténtica oración mística. Apenas sabemos nada de esas experiencias porque Escrivá quemó la libreta en que apuntaba todos esos detalles que el Señor había tenido con él, por temor, sobre todo, a que cualquiera que leyese la historia de las gracias extraordinarias recibidas en la oración pensara que era un santo cuando él se consideraba a sí mismo “un pecador que ama con locura a Jesucristo”[12]. Álvaro del Portillo, uno de los primeros miembros del C que siempre estuvo a su lado y llegaría a ser su primer sucesor al frente de la Obra, comentaba al referirse a los años de Escrivá en Zaragoza: “Dios le ayudaba con muchas mociones, con muchas locuciones (…); el Señor habla, sin ruido de palabras, y sus frases quedan grabadas en el alma como si fuese a fuego”[13]. El propio Josemaría habló en alguna ocasión de las gracias especiales recibidas durante su estancia en la ciudad del Ebro: “Yo, no sabiendo cómo llamarlas, las llamaba gracias operativas, porque me ayudaban a trabajar, aunque fuese a contrapelo, sin que me costase esfuerzo alguno”[14]. Tras estudiar todas las pruebas existentes, el religioso dominico encargado por la Santa Sede para dirigir la causa de beatificación de Escrivá, resume sus conclusiones con las siguientes palabras: “El Señor le condujo a través de experiencias místicas que le llevaron a alcanzar las cumbres de la unión transformante: locuciones interiores, purificaciones y consolaciones que le hacían ‘sentir’, en toda su humildad, la acción impetuosa de la gracia, y que, como todos los verdaderos místicos, acompañaba con un rigurosísimo esfuerzo ascético”[15].

[1] Andrés Vázquez de Prada. ob. cit. p. 133

[2] ibid. p. 133

[3] ibid. p. 133

[4] ibid. p. 132

[5] Josemaría Escrivá de Balaguer. ob. cit. n. 495

[6] Andrés Vázquez de Prada. ob. cit. p. 137

[7] ibid. p. 137

[8] ibid. p. 136

[9] Josemaría Escrivá de Balaguer. ob. cit. n. 91

[10] AGP, P09 p. 117

[11] Josemaría Escrivá de Balaguer. ob. cit. n. 92

[12] José Orlandis. AÑOS DE JUVENTUD EN EL OPUS DEI. Ediciones Rialp. Madrid 1994. p. 178

[13] AGP, P01 1978 p. 1064

[14] ibid. p. 1064

[15] José Miguel Cejas. VIDA DEL BEATO JOSEMARÍA. Ediciones Rialp. Madrid 1993. p. 37-38

El Gobierno de Negrín

movimiento Opus Dei  Tagged , , , , , , No Comments »

“La fundación del Opus Dei”. Libro escrito por John F. Coverdale, en el que narra la historia del Opus Dei hasta 1943.

El Partido Comunista se mostraba cada vez más contrario a Largo Caballero. Aprovechó los sucesos de mayo en Barcelona y que era el cauce por el cual llegaba la ayuda militar desde la Unión Soviética para presionar y exigir una mayor centralización, la práctica del terror por parte de la policía, una menor presencia anarquista en el gabinete y el incremento de la influencia soviética en las decisiones militares. Como Largo Caballero se negó a admitir sus exigencias, en mayo de 1937 maquinaron su caída y su sustitución por Juan Negrín. Negrín, socialista, fue diputado desde 1931 y ocupó la cartera de Hacienda en el gobierno de Largo Caballero. Demostró ser un administrador capaz, sin tener especial apoyo político ni poder significativo entre las bases, todo lo cual le hacía aceptable para los grupos políticos dispares partidarios de la República

Como presidente, Negrín fue un oportunista y se mostró dispuesto a cualquier sacrificio con tal de ganar la guerra. Puso a Indalecio Prieto al frente del Ministerio de la Guerra. Nombró también a un segundo socialista, pero no contó para su gobierno con ninguno de la tendencia de Largo Caballero. Los comunistas conservaron sus dos asientos en el Consejo de Ministros. Completaban el gabinete dos republicanos, un nacionalista vasco y un catalán. Negrín invitó a los anarquistas, pero no quisieron entrar.

Podría interpretarse como un revés para los comunistas el hecho de que Indalecio Prieto –decidido anticomunista- se hiciera cargo de un ministerio tan crucial como el de la Guerra. A la larga, sin embargo, Negrín se apoyó cada vez más en el Partido Comunista, gracias a que moderó en cierta manera sus posiciones, a su realismo ante la guerra y al hecho de que el ejército republicano dependía absolutamente de la Unión Soviética. El programa económico del nuevo gobierno restringió el crecimiento y la actividad de la agricultura, redujo el control de los trabajadores en la industria y aumentó el control del gobierno central sobre los aspectos más importantes de la economía.

En marzo de 1938, el Partido Comunista lanzó un ataque político en toda regla sobre Prieto, criticándole por su derrotismo. Mientras el ejército nacional avanzaba a través de Aragón hacia la capital catalana, Prieto se venía abajo. Fue destituido el 5 de abril de 1938, día en que los nacionales alcanzaron a divisar el Mediterráneo. Negrín asumió el cargo del ministro cesado. Sería éste el último cambio de importancia en la composición del gobierno de la República hasta el final de la guerra.

Fusión de Falange con los Carlistas

movimiento Opus Dei  Tagged , , , , , No Comments »

“La fundación del Opus Dei”. Libro escrito por John F. Coverdale, en el que narra la historia del Opus Dei hasta 1943.

En la zona nacional, todos los partidos de izquierda y liberales fueron proscritos desde el principio de la guerra. Así, los dos principales grupos políticos eran los carlistas -fuertes en Navarra- y la Falange. En el ambiente creado por la Guerra Civil, el nacionalismo, el autoritarismo y el tono militarista de la Falange resultaron atractivos para muchos españoles de clase media. Su programa social y económico nacional-sindicalista le hizo ganar algún apoyo entre la clase trabajadora de la España nacional. El partido creció rápidamente durante los primeros meses de la guerra, a pesar de carecer de líderes competentes.

La política, sin embargo, casi no existió en la zona nacional. En los meses que siguieron a su nombramiento como generalísimo y jefe del Estado, Franco se centró en asuntos militares y de política exterior y prestó poca atención a la política doméstica.

Pero con la guerra avanzada, Franco se dio cuenta de que necesitaba una organización política que legitimara su mandato y justificara la guerra. Para esta tarea, contó con su cuñado, Ramón Serrano Súñer, abogado, ex diputado en las Cortes y simpatizante del nacionalsindicalismo de la Falange. En abril de 1937, Franco anunció la fusión entre los carlistas y la Falange en la Falange Española Tradicionalista y de las JONS (FET). La FET sería el partido oficial del Estado y la única organización política permitida en la España nacional. Algunos líderes falangistas intentaron oponerse a la fusión, pero fueron rápidamente sofocados. A los pocos días, el régimen nacional adoptó algunos eslóganes y símbolos falangistas, entre los que se contaba el saludo fascista con el brazo en alto.

El decreto de unificación declaró que el nuevo partido único proporcionaría una base política organizada para el nuevo estado “como en otros países de régimen totalitario”. Cuando Franco se refería a la España nacional como un régimen totalitario, pensaba más en un estado de corte unitaria y autoritaria tradicional que en el control riguroso y total que ejercían los estados soviético o nazi. Los estatutos de la FET, que no se publicaron hasta agosto de 1937, recogieron parte de la política sindicalista de la primera Falange, pero hacían hincapié en el papel de Franco quien, como “Caudillo supremo”, personificaría todos los valores del movimiento nacional.

Gracias a su condición de partido oficial, la FET creció rápidamente: pronto se afiliaba quien aspiraba a progresar en la España de Franco, o quería encubrir un pasado izquierdista o liberal. La mayoría de los nuevos adeptos prestó poca atención a la filosofía oficial del partido. Cuando Franco designó el Consejo Nacional de la FET en octubre de 1937, no más de veinte de sus cincuenta miembros podrían considerarse auténticos falangistas. Trece eran carlistas, cuatro eran monárquicos no carlistas, y siete eran militares. El Consejo Nacional no se reunía a menudo ni tenía autoridad real, pero su composición reflejaba la política que fue habitual en Franco: aprovechar todos los grupos partidarios de su régimen, pero sin permitir que ninguno de ellos consiguiera una posición de dominio.

En el sanatorio psiquiátrico del Doctor Suils

movimiento Opus Dei  Tagged , , , , , , , No Comments »

“La fundación del Opus Dei”. Libro escrito por John F. Coverdale, en el que narra la historia del Opus Dei hasta 1943.

El doctor Suils, antiguo compañero de colegio de Escrivá en Logroño, ya había dado asilo a varias personas en una clínica psiquiátrica que dirigía en Madrid. Aunque no había visto a Escrivá desde el colegio, se ofreció para acogerle en cuanto supo de su difícil situación. El doctor Herrero Fontana trasladó a Escrivá en un coche del hospital en el que trabajaba desde su casa hasta la clínica. Escrivá ocupó el asiento posterior. Herrero dijo al miliciano que conducía que el paciente estaba loco, pero que no era peligroso. Durante el traslado hacia la clínica, Escrivá hablaba consigo mismo, afirmando de vez en cuando que era el doctor Marañón, un conocido médico y escritor. El hecho convenció al conductor, que comentó: “Si está tan loco, es mejor fusilarlo y no gastar tiempo con él”.

Para cuando Escrivá llegó a la clínica, era probable que los nacionales conquistaran Madrid en pocas semanas. Sin embargo, sus asaltos a la ciudad fueron rechazados por las milicias populares y las Brigadas Internacionales. Se hacía paulatinamente más claro que España se enfrentaría a una guerra civil larga y que, aunque eventualmente ganasen los nacionales, necesitarían mucho tiempo para tomar la capital.

Pronto se reunió con Escrivá en la clínica su hermano Santiago. González Barredo y Jiménez Vargas, que había sido arrestado y encarcelado por poco tiempo, también buscaron escondite allí, pero enseguida decidieron irse. González Barredo encontró varios refugios temporales en Madrid, y Jiménez Vargas se alistó en una brigada anarquista. Para evitar luchar a favor de un régimen que estaba persiguiendo a la Iglesia, se puso inyecciones que le provocaron fiebre. A pesar de todo, las autoridades militares ordenaron su traslado al frente.

La clínica estaba lejos de ser un escondite seguro. Un día, en un registro, los milicianos se llevaron a uno de los pacientes. Otro día, apareció un grupo de milicianos debido a un soplo de que algunos de los pacientes, en realidad, eran refugiados políticos. Mientras ponían en fila a los internos, uno de los pacientes reales se acercó hasta un miliciano y preguntó si su subfusil ametrallador era un instrumento de viento o de cuerda. El hecho asustó tanto al miliciano que se fueron sin hacer el registro, convencidos de que allí estaban todos locos de remate.

Una de las enfermeras, sin embargo, sospechaba que algunos de los pacientes no estaban tan locos como pretendían. Tras varios días en la clínica, Escrivá pudo celebrar la Misa a diario en su habitación. Una enfermera de confianza se sentaba en un sofá en el vestíbulo de fuera. Si parecía que alguien iba a entrar en la habitación, avisaba a Escrivá para que cerrase las puertas del armario donde había preparado las cosas para la Misa. Después de la Misa daba la Sagrada Comunión a algunos de los refugiados. Cuando se marchó en marzo, les dejó varias Hostias consagradas envueltas una por una en papel de fumar. Así, después de su marcha podrían recibir la Sagrada Comunión, a la vez que respetaban las leyes litúrgicas de aquel tiempo que prohibían a los laicos tocar las formas consagradas. Uno de los presentes comentaría después: “Recuerdo con todo detalle esta escena porque me impresionó el profundo respeto que tenía por la Sagrada Forma”[1].

Los meses pasados en la clínica fueron de intenso sufrimiento. Había poca comida y estaban casi sin calefacción. Escrivá padeció un fuerte ataque de reuma, que le mantuvo en cama durante dos semanas. Peor que las privaciones físicas eran el aislamiento, la necesidad de fingir la locura y, sobre todo, la inseguridad sobre los demás miembros de la Obra, cuyas situaciones eran muy precarias.

[1] Ibid. p. 142

Franco toma el poder en la España Nacional

movimiento Opus Dei  Tagged , , , , , , No Comments »

“La fundación del Opus Dei”. Libro escrito por John F. Coverdale, en el que narra la historia del Opus Dei hasta 1943.

En los dos primeros meses de la guerra, la Junta de Defensa Nacional no desarrolló una estructura de gobierno ni una política común para las zonas de España bajo su control. Los jefes militares de los distintos frentes disfrutaron de gran autonomía y a menudo se produjeron discordias entre ellos.

Conforme se acercaban a Madrid, la necesidad de un mando único se hacía más urgente. A las alturas de septiembre de 1936, Franco no era miembro de la Junta, pero sí tenía gran autoridad en el bando nacional por estar al mando del Ejército de Africa y por haber conseguido las ayudas alemana e italiana. El 29 de septiembre, la Junta le nombró generalísimo y jefe del estado y le confirió todos los poderes.

Inmediatamente, Franco sustituyó la Junta de Defensa Nacional por una junta técnica, en la que sólo había un miembro de la Junta recién disuelta. No se pensó este nuevo organismo como una solución a largo plazo, sino como un ente supervisor de las operaciones bélicas. Funcionó como gobierno en la zona nacional durante un año y medio hasta que Franco nombró un gabinete convencional.

Dimensión internacional de la Guerra Civil

movimiento Opus Dei  Tagged , , , , , , No Comments »

“La fundación del Opus Dei”. Libro escrito por John F. Coverdale, en el que narra la historia del Opus Dei hasta 1943.

La Guerra Civil se convirtió rápidamente en un acontecimiento internacional. Ambos bandos buscaron con prontitud armamento y ayuda de los países que podrían simpatizar con su causa.

En los primeros días de la guerra, los nacionales acudieron a Alemania e Italia para pedir armas; los republicanos, a Francia. Alemania envió bombarderos –muy útiles para facilitar que el Ejército de África cruzara el estrecho de Gibraltar-, cazas, piezas de artillería antiaérea, ametralladoras y fusiles. Paco más tarde, Mussolini también suministró aviones.

Lógicamente, el gobierno frentepopulista francés simpatizaba con los republicanos. De todas formas, el primer ministro, el socialista Leon Blum, resolvió no involucrar al país en la guerra española para no provocar a los católicos y a la derecha francesa. Con esta medida también evitó enemistarse con el Reino Unido, que prefería mantenerse al margen del conflicto español. En efecto, Francia no prestó ayuda oficial a la República, pero facilitó el envío a España de aviones y armamento por vías extraoficiales.

En 1936, la principal preocupación exterior de la Unión Soviética era la Alemania nazi. Stalin adoptó una actitud conciliadora hacia Gran Bretaña y Francia, con la esperanza de contar con su apoyo en el caso de conflicto con Alemania. Por otra parte, había comenzado una campaña internacional para que los partidos comunistas y socialistas de Europa occidental se unieran en frentes populares que pararan el auge del fascismo y del nazismo. La Unión Soviética proporcionó ayuda financiera a la República y utilizó su red mundial de propaganda para conseguir apoyos, pero no envió armamento a España hasta más tarde.

El 30 de julio de 1936 se estrelló en el Marruecos francés un bombardero italiano que se dirigía a la zona española de la colonia. Este hecho puso en evidencia el apoyo de Italia al bando nacional. París y Londres hicieron un llamamiento internacional para no intervenir en España. Las principales potencias europeas se mostraron de acuerdo, salvo Alemania e Italia que continuaron enviando material a los rebeldes. En octubre de 1936, la Unión Soviética comenzó a proporcionar armas a la República. El Comintern, por su parte, promovió las Brigadas Internacionales para luchar junto al ejército republicano.

Durante la guerra, ambos bandos recibieron sustanciosa ayuda extranjera, aunque los historiadores están en desacuerdo en cuanto a la cantidad. Se estima que la República recibió entre 1200 y 1800 aviones. El número de los enviados al ejército nacional varía entre 1250 y 1500. Por otra parte, las Brigadas Internacionales alistaron a favor de la República a un número indeterminado de voluntarios: 30.000 según unos, 100.000 según otros. Lo más eficaz y valioso del armamento llegado de la Unión Soviética fueron los carros de combate. Pero no lo fueron tanto como toda la ayuda alemana e italiana a los nacionales.

Capítulo 12. Los comienzos de la Guerra Civil (julio de 1936 — marzo de 1937)

movimiento Opus Dei  Tagged , , , , , No Comments »

El levantamiento militar

“La fundación del Opus Dei”. Libro escrito por John F. Coverdale, en el que narra la historia del Opus Dei hasta 1943.

El asesinato de Calvo Sotelo confirmó a los conspiradores militares y a sus partidarios civiles en su opinión de que el Gobierno no tenía voluntad o era incapaz de controlar la situación; pensaban que España degeneraba rápidamente en el caos y la revolución. El plan último de los conspiradores preveía un levantamiento militar el 18 de julio con el que esperaban hacerse rápidamente con el poder. Al principio, los rebeldes no tenían ningún nombre, pero a las pocas semanas empezaban a llamarse “nacionales”.

La Guerra Civil comenzó, de hecho, un día antes de lo previsto, el 17 de Julio de 1936, con el alzamiento del Ejército en Marruecos. Pronto se propagó al resto del país. Los líderes eran, sobre todo, oficiales jóvenes, ya que la mayoría de los generales más antiguos se oponían a la rebelión o estaban indecisos. Parte importante del Ejército de Tierra y la Marina y el Ejército del Aire casi en bloque se negaron a unirse al levantamiento militar. En muchas zonas, la Guardia Civil y la Guardia de Asalto lucharon vigorosamente contra las unidades del ejército sublevadas.

Desconcertado por la insurrección militar contra su gobierno, el presidente Casares Quiroga dimitió. Su sustituto, el republicano moderado Martínez Barrio, intentó llegar a un acuerdo con los líderes nacionales, pero fracasó y a las pocas horas fue sustituido por José Giral, un republicano de izquierdas que había ocupado el cargo de ministro de la Marina. Giral formó un nuevo gobierno compuesto por completo de liberales de clase media, que desde el principio contó con el apoyo explícito de socialistas, anarquistas y comunistas. El 19 de julio de 1936, urgido por los socialistas y anarquistas, dio un paso crucial para el desarrollo posterior de los acontecimientos: armó a la población. Las milicias de izquierda se echaron a la calle. Esta decisión llevó a unirse a los nacionales a muchos jefes militares que hasta entonces no se habían decantado.

El 20 de julio de 1936 el país estaba dividido, más o menos claramente, en dos zonas. Las fuerzas republicanas ocupaban aproximadamente dos tercios del territorio, con la mayor parte de la costa atlántica y toda la mediterránea, excepto una zona cercana a Cádiz. Los nacionales habían tomado gran parte de la mitad norte del país, salvo Cataluña, el País Vasco, Santander y Asturias. En el sur, tan sólo ocupaban pequeños enclaves alrededor de Sevilla y Córdoba, y una zona de gran importancia estratégica en torno a Cádiz, que les permitiría trasladar tropas a la península desde el norte de Africa, también controlado por los nacionales.


WordPress Theme & Icons by N.Design Studio. WPMU Theme pack by WPMU-DEV.
Entries RSS Comments RSS Acceder