Un venerable siervo de Dios

fundador  Tagged , , , , , , , No Comments »

Testimonio de Mons. Jorge Medina Estévez, Obispo de Rancagua
Capitulo de “Así le vieron”, libro que recoge testimonios sobre el Fundador del Opus Dei

Hace muy poco, el 9 de abril de 1990, la Congregación para las Causas de los Santos ha publicado el Decreto que reconoce que el siervo de Dios Monseñor Josemaría Escrivá de Balaguer practicó las virtudes cristianas en grado heroico. Esta es, sin duda, una gran noticia para los numerosísimos católicos que se sitúan en la pos­teridad espiritual del fundador del Opus Dei. En efecto, reconocida la heroicidad de sus virtudes, sólo queda para que el Santo Padre pueda proceder a su beatificación que se pruebe canónicamente al menos un milagro obrado por Dios mediante la intercesión de Monseñor Escrivá de Balaguer.

Cuando se reflexiona en la obra de Monseñor Escrivá, uno se siente impulsado a recordar la palabra evangélica: «El árbol se conoce por sus frutos» (Mt 12, 33). ¿Cuáles son esos frutos? Muchos, muchísimos, pero de entre ellos me parece que pueden destacarse tres.

El primero es el de haber impreso en su obra una fidelidad sin restricciones a la fe católica, al magisterio, a la conducción pastoral del Romano Pontífice. En momentos de incertidumbres y vacila­ciones, los hijos de Monseñor Escrivá de Balaguer han dado tes­timonio de firmeza en la fe, de adhesión al magisterio y de amoroso apoyo y obediencia al Papa. Esas actitudes, profundamente cató­licas, las bebieron en el ejemplo y en las palabras del siervo de Dios. Para la Iglesia es importante este testimonio, que toca a lo más íntimo de su ser y que apunta al fundamento de su unidad.

El segundo es el de haber dado un impulso muy sólido y vital a una espiritualidad auténticamente laical. Para Monseñor Escrivá la santidad se busca y se consigue en el medio de vida de cada cual y no a pesar de él, sino precisamente a través de él. Es la santificación por el trabajo, de cualquier tipo que sea, haciendo del lugar donde la Providencia de Dios nos ha colocado, la expresión de la voluntad suya de que nos santifiquemos, y el camino para lograrlo. Un trabajo hecho por amor a Dios (ver Col 3, 22s), con competencia profe­sional, ejecutado con alta calidad, pensando que el fruto del trabajo no es sólo una fuente de recursos para satisfacer las propias nece­sidades, sino que es también un aporte a los demás, al bien común, al bienestar de la comunidad.

El tercero es el profundo aporte espiritual, tan concreto y pre­ciso, tan revelador de una rica experiencia personal y de dirección espiritual, constituido por los tres libro Camino, Surco y Forja. Bajo el género literario de «números», aparentemente independientes unos de otros, pero en realidad profundamente conexos y trabados por una visión de la vida y de la espiritualidad característica del fundador del Opus Dei, el siervo de Dios ha proporcionado a milla­res y centenares de millares de discípulos de Cristo un alimento espiritual singularmente apropiado para el hombre de hoy. Son fór­mulas breves, profundas, cargadas de experiencia, utilísimas para recordar verdades de siempre y para hacerse preguntas altamente pertinentes acerca de la propia vida espiritual y del estado real de nuestro seguimiento de Cristo. Como esas «pepitas de oro» apuntan a realidades de carne y hueso y no a vagos sentimientos o a impre­cisas posturas intelectuales plasmadas en frases que suenen bien, pero que dicen poco y exigen menos, sobre todo en lo que más cuesta, los «números» del Venerable Siervo de Dios son, en el mejor sentido de la palabra, «números»: especie de espectáculos del espí­ritu que golpean la inteligencia, la sensibilidad y el amor. Y no cua­lesquiera, sino los que están arraigados en la fe.

Se ha escrito mucho sobre Monseñor Josemaría Escrivá de Balaguer, y se escribirá todavía más, pero lo más grande que tal vez puede decirse de él no será nunca escrito, porque Dios, acogiendo su deseo de desaparecer, no dará plena satisfacción a nuestra curiosidad de medirlo todo y de reducirlo todo a estadísticas, sino que se reservará para el día del advenimiento del Señor, y sólo en ese día nos dará a conocer la verdadera dimensión de quien en este mundo fuera el fundador de una escuela y espiritualidad tan propia del siglo XX, del siglo del laicado cristiano y católico.

El reconocimiento de la heroicidad de las virtudes de Josemaría Escrivá de Balaguer es un hecho reconfortante en la valoración de la espiritualidad que hunde sus raíces en el Evangelio y en las ense­ñanzas del Concilio Vaticano II. No tardará la Iglesia en reconocer algún milagro atribuido a su intercesión, el que vendrá a sumarse al «milagro» de sus frutos y de los de su obra.

Aunque el título de «Venerable» no nos autoriza para rendirle culto público, muchos son y serán, cada día más, quienes desde ya lo veneren en el santuario de su corazón.

Libertad y responsabilidad personal

compromiso  Tagged , , , , , , , No Comments »

“La herencia de Mons. Escrivá de Balaguer”, escrito por Luis Ignacio Seco.

Observará el lector, como observo yo mientras escribo, que desde el comienzo de este capítulo, dedicado al gobierno del Opus Dei, estamos dando vueltas siempre en torno a la libertad y a la responsabilidad personal de los miembros de la Obra, que es esencial en la espiritualidad del Opus Dei y que explica la rápida difusión en el mundo entero de esta institución, eminentemente secular y comprensible sólo si se acepta su carácter sobrenatural como único denominador común. Porque, ¿qué otra cosa podría unir a gentes tan distintas, de origen tan diverso y de tantos países?… ¿Qué otra cosa podría atraer a su labor incluso a personas de otras religiones o de ninguna?…

Mons. Julián Herranz –en un artículo publicado en Cristianos Corrientes– ha estudiado a fondo este tema de la libertad y la responsabilidad personal de los cristianos, enlazando con rigor la más límpida tradición de la Iglesia con la encíclica Mater et Magistra de Juan XXIII y con la vida práctica de millones de personas.

Los miembros del Opus Dei –repetía Mons. Escrivá de Balaguer desde 1928– se unen «exclusivamente para recibir ayuda espiritual y formación cristiana, y para colaborar en las obras apostólicas de la Obra». No juntan sus esfuerzos, por tanto, para perseguir ningún fin de carácter temporal, ni el Opus Dei puede intervenir en esas actividades temporales de sus miembros, que son actividades de índole personal y privada. El Opus Dei se preocupa sólo de la formación religiosa y de la atención espiritual de los fieles de la Prelatura: en consecuencia, cada uno conserva la autonomía y la libertad para seguir –con plena responsabilidad personal– en sus actividades seculares la opinión que le parezca razonable, de acuerdo con la fe católica y con sus propios criterios particulares.

Porque –y aquí está la raíz jurídica del tema– la dependencia de los miembros a la Prelatura no se extiende al trabajo profesional o a las doctrinas políticas, económicas, etc., como sabe explícitamente toda persona desde el mismo momento de su incorporación al Opus Dei.

La Declaratio de la S. Congregación para los Obispos, publicada por orden de Juan Pablo 11 el 23–VIII82, despejaba todo género de dudas sobre el particular:

«Por lo que se refiere a sus opciones en materia profesional, social, política, etc., los fieles laicos que pertenecen a la Prelatura –dentro de los límites de la fe y de la moral católicas y de la disciplina de la Iglesia– gozan de la misma libertad que los demás católicos, conciudadanos suyos; por tanto, la Prelatura no hace suyas las actividades profesionales, sociales, políticas, económicas, etc., de ninguno de sus miembros

«Procede así el Opus Dei –explica Mons. Herranz– no por prudencia humana, táctica o comodidad, sino porque tiene plena conciencia de su participación en la única misión de la Iglesia, la salvación de las almas. Hay, sí, unos principios éticos generales de actuación temporal que, por ser propios del espíritu cristiano, han de ser también propios de todos los miembros del Opus Dei: respeto y defensa del Magisterio de la Iglesia; nobleza y lealtad de conducta, que favorece la caridad en el trato social; comprensión y respeto de las opciones ajenas; capacidad de sacrificarse en el servicio de los intereses de la comunidad civil, etc.

»Son principios éticos de conducta que tienen categoría de elemento básico, de cimiento; sobre él, luego, cada uno construye lo que puede, su propia opinión y actuación concreta, eligiendo libremente entre las diversas soluciones profesionales, sociales y políticas opinables, la que más le convenza. “Con esta bendita libertad nuestra –ha dicho Mons. Escrivá de Balaguer– el Opus Dei no puede ser nunca, en la vida política de un país, como una especie de partido político: en la Obra caben –y cabrán siempre– todas las tendencias que la conciencia cristiana pueda admitir, sin que sea posible ninguna coacción por parte de los directores internos”».

Las consecuencias prácticas de esta libertad, que está en la entraña del Opus Dei y que es condición esencial de su existencia, son tan variadas como el número de miembros y como las situaciones en que cada uno de ellos puede encontrarse a lo largo de su vida. «Si uno del Opus Dei –afirmaba, en marzo de 1962, la revista austríaca Der Grosse Entschluss–, que es zapatero, trabaja en una zapatería, no es el Opus Dei el que se dedica a hacer zapatos. Si uno que es economista y hombre de negocios, se asocia con otras personas para trabajar y poner en marcha una fábrica de automóviles, un banco o una empresa publicitaria, no es ciertamente el Opus Dei el que se dedica a fabricar automóviles, a realizar operaciones de banca o a anunciar frigoríficos. Todas esas son ocupaciones y actividades profesionales en las que trabaja el abogado, el zapatero, o el hombre de negocios, que es miembro del Opus Dei; como quizá también trabajarán en estas mismas actividades y empresas otros abogados, zapateros u hombres de negocios que serán, por ejemplo, miembros de la Acción Católica o de los Caballeros de Colón, o simplemente socios del Automóvil Club».

Mis encuentros con su personalidad y su obra

fundador  Tagged , , , , , , No Comments »

Testimonio de Mons. Johannes Pohlschneider, Obispo de Aquisgrán

Cuando el día 27 recibí por teléfono la noticia de la muerte totalmente inesperada del fundador y presidente general del Opus Dei, me quedé profundamente consternado y conmovido. Me resultó como si, de repente, una estrella luminosísima se hubiese apagado en el cielo de la Iglesia.

Durante los últimos veinte años, en numerosos encuentros con esta personalidad de sacerdote, verdaderamente única, y con su obra, he recibido impresiones que no podré olvidar jamás.

Siempre que le he encontrado -por ejemplo, durante el Concilio Vaticano II, o también el año pasado-, me ha parecido un hombre del todo extraordinario, de altas dotes intelectuales. Pero mucho más potentes aún que las fuerzas de su inteligencia eran los impulsos que su corazón irradiaba a su alrededor. Espontáneamente me viene a la cabeza lo que dice la Iglesia del gran apóstol de la juventud don Bosco, en el Introito de la Misa en la fiesta de este Santo: Dedit illi Deus sapientiam et prudentiam muham nimis, et latitudinem cordis quasi arenam quae est in littore maris.Esa latitudo cordis en la que cabían todos y todo, pero muy especialmente el Amor de Dios y del prójimo, era la característica esencial de este sacerdote. Amaba, quería a los hombres en el sentido más verda dero de esta palabra, y se preocupaba y cuidaba de ellos. Cuando hablaba de su preocupación apostólica por la salvación de los hom bres, entonces parecía no sólo que temblase su corazón, sino que vibrase al mismo tiempo el cuerpo entero. Su celo de almas no conocía límites. No se paraba ni ante pueblos ni ante países ni ante continentes. Y siempre pensaba en el bien del hombre entero. En el bien terreno, pero muy especialmente en la salvación eterna. Todo su pensar estaba, en el fondo, anclado en lo sobrenatural. Para él, la fuente inagotable de fuerza era su fe católica: la fe en la Revelación Divina tal como Cristo nos la ha entregado y como la Iglesia la guarda y transmite. Aquí no conocía concesiones ni compromisos con el variable espíritu del tiempo. Ante todo, la fidelidad al Papa y a los obispos; ésta era, a sus ojos, una condición imprescindible para cualquier eficaz labor de almas.

El Opus Dei es un fenómeno asombroso de nuestro tiempo. Aunque comenzó sólo en el año 1928, cuenta ahora con unos 60.000 socios de 80 países del mundo, hombres y mujeres de las más diversas condiciones sociales y profesionales. Con frecuencia, he tenido ocasión de observar su vida y su labor muy de cerca, no sólo en Alemania, sino en otros países, como especialmente en España, Italia, en Kenia y en Nigeria, etcétera. En todas partes he visto su empeño admirable, prudente, desinteresado por la edifi cación del Reino de Dios, su amor a la Iglesia y su piadosa vida de oración. A menudo creía poder sentir cómo en todos ellos estaba presente el espíritu del fundador. Estoy firmemente convencido de que Monseñor Escrivá era el instrumento elegido de Dios. Y el Opus Dei es una obra verdaderamente providencial, que habrá de contribuir decisivamente a sacar a la Iglesia de un tiempo de gran confusión espiritual y a reconducirla a nuevas orillas de un futuro mejor.

Monseñor Escrivá ha muerto. Los 60.000 socios del Opus Dei lloran la muerte del padre que se les ha ido. Pero después de su muerte le guardarán su fidelidad interior, porque saben lo que le deben. Pueden decir, con palabras de Lacordaire: «La felicidad más grande que un hombre puede encontrar en la tierra es haber encontrado en la vida a un verdadero hombre según el corazón de Dios, a un auténtico sacerdote». El Opus Dei que él ha dejado en la tierra está firmemente ensamblado en sus estructuras, tal como su fundador, prudente hombre de derecho, lo ha concebido. Pero nunca las solas estructuras podrán garantizar la estabilidad de una obra edificada por hombres; es el espíritu el que da vida. Confiamos en que el espíritu de su fundador no se perderá jamás en la Obra.

El espíritu del fundador es, ante todo, el espíritu del amor, del Amor a Dios y a los hombres. Decía, como el apóstol Pablo: Caritas Christi urget nos. Y: «Ay de mí, si no anunciara el Evangelio».

Lo que debe seguir vibrando en el Opus Dei –y seguirá vibran do- es especialmente también el fuego del entusiasmo de su fundador. A él le empujaban las palabras de Cristo Ignem veni mittere in terram, et quid volo, y ¿qué otra cosa quiero sino que el empeño por el Reino de Dios no sea un empeño por una causa perdida?. El creía en la victoria de Cristo y de su Iglesia. Haber pasado a los que le han seguido esta confianza, llena de fe, éste es el misterio de su personalidad arraigada completamente en Dios. Seguro que, desde la eternidad, sigue llamando a todos sus discípulos que ha dejado en la tierra, como en su tiempo San Agustín: «¡Amad lo que creéis. Anunciad lo que amáis!».

Mientras permanezcan vivos en el Opus Dei el espíritu apos tólico y el optimismo seguro que animaban al fundador, no hemos de temer por su futuro. Sigue siendo válido lo que dijo el Papa Pío XII hace ya más de veinte años: «El futuro pertenece a los que creen, no a los incrédulos ni a los que dudan. El futuro será de los valientes…, no de los hombres de poca fe ni de los indecisos. El futuro será de los que aman, no de los que odian. La misión de la Iglesia en el mundo, lejos de llegar a su fin, va al encuentro de nuevas pruebas y de metas nuevas».

Un venerable siervo de Dios

fundador  Tagged , , , , , , , , No Comments »

Testimonio de Mons. Jorge Medina Estévez, Obispo de Rancagua

Hace muy poco, el 9 de abril de 1990, la Congregación para las Causas de los Santos ha publicado el Decreto que reconoce que el siervo de Dios Monseñor Josemaría Escrivá de Balaguer practicó las virtudes cristianas en grado heroico. Esta es, sin duda, una gran noticia para los numerosísimos católicos que se sitúan en la pos teridad espiritual del fundador del Opus Dei. En efecto, reconocida la heroicidad de sus virtudes, sólo queda para que el Santo Padre pueda proceder a su beatificación que se pruebe canónicamente al menos un milagro obrado por Dios mediante la intercesión de Monseñor Escrivá de Balaguer.

Cuando se reflexiona en la obra de Monseñor Escrivá, uno se siente impulsado a recordar la palabra evangélica: «El árbol se conoce por sus frutos» (Mt 12, 33). ¿Cuáles son esos frutos? Muchos, muchísimos, pero de entre ellos me parece que pueden destacarse tres.

El primero es el de haber impreso en su obra una fidelidad sin restricciones a la fe católica, al magisterio, a la conducción pastoral del Romano Pontífice. En momentos de incertidumbres y vacila ciones, los hijos de Monseñor Escrivá de Balaguer han dado tes timonio de firmeza en la fe, de adhesión al magisterio y de amoroso apoyo y obediencia al Papa. Esas actitudes, profundamente cató licas, las bebieron en el ejemplo y en las palabras del siervo de Dios. Para la Iglesia es importante este testimonio, que toca a lo más íntimo de su ser y que apunta al fundamento de su unidad.

El segundo es el de haber dado un impulso muy sólido y vital a una espiritualidad auténticamente laical. Para Monseñor Escrivá la santidad se busca y se consigue en el medio de vida de cada cual y no a pesar de él, sino precisamente a través de él. Es la santificación por el trabajo, de cualquier tipo que sea, haciendo del lugar donde la Providencia de Dios nos ha colocado, la expresión de la voluntad suya de que nos santifiquemos, y el camino para lograrlo. Un trabajo hecho por amor a Dios (ver Col 3, 22s), con competencia profe sional, ejecutado con alta calidad, pensando que el fruto del trabajo no es sólo una fuente de recursos para satisfacer las propias nece sidades, sino que es también un aporte a los demás, al bien común, al bienestar de la comunidad.

El tercero es el profundo aporte espiritual, tan concreto y pre ciso, tan revelador de una rica experiencia personal y de dirección espiritual, constituido por los tres libro Camino, Surco Forja. Bajo el género literario de «números», aparentemente independientes unos de otros, pero en realidad profundamente conexos y trabados por una visión de la vida y de la espiritualidad característica del fundador del Opus Dei, el siervo de Dios ha proporcionado a millares y centenares de millares de discípulos de Cristo un alimento espiritual singularmente apropiado para el hombre de hoy. Son fór mulas breves, profundas, cargadas de experiencia, utilísimas para recordar verdades de siempre y para hacerse preguntas altamente pertinentes acerca de la propia vida espiritual y del estado real de nuestro seguimiento de Cristo. Como esas «pepitas de oro» apuntan a realidades de carne y hueso y no a vagos sentimientos o a impre cisas posturas intelectuales plasmadas en frases que suenen bien, pero que dicen poco y exigen menos, sobre todo en lo que más cuesta, los «números» del Venerable Siervo de Dios son, en el mejor sentido de la palabra, «números»: especie de espectáculos del espí ritu que golpean la inteligencia, la sensibilidad y el amor. Y no cualesquiera, sino los que están arraigados en la fe.

Se ha escrito mucho sobre Monseñor Josemaría Escrivá de Balaguer, y se escribirá todavía más, pero lo más grande que tal vez puede decirse de él no será nunca escrito, porque Dios, acogiendo su deseo de desaparecer, no dará plena satisfacción a nuestra curiosidad de medirlo todo y de reducirlo todo a estadísticas, sino que se reservará para el día del advenimiento del Señor, y sólo en ese día nos dará a conocer la verdadera dimensión de quien en este mundo fuera el fundador de una escuela y espiritualidad tan propia del siglo XX, del siglo del laicado cristiano y católico.

El reconocimiento de la heroicidad de las virtudes de Josemaría Escrivá de Balaguer es un hecho reconfortante en la valoración de la espiritualidad que hunde sus raíces en el Evangelio y en las ense ñanzas del Concilio Vaticano II. No tardará la Iglesia en reconocer algún milagro atribuido a su intercesión, el que vendrá a sumarse al «milagro» de sus frutos y de los de su obra.

Aunque el título de «Venerable» no nos autoriza para rendirle culto público, muchos son y serán, cada día más, quienes desde ya lo veneren en el santuario de su corazón.


WordPress Theme & Icons by N.Design Studio. WPMU Theme pack by WPMU-DEV.
Entries RSS Comments RSS Acceder