Para que África crezca y progrese por sí misma

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María Jesús Otero es una enfermera vallisoletana, numeraria del Opus Dei, que ha vivido durante nueve años en Kenia y durante más de diez en Uganda

En la actualidad trabaja en los suburbios de Kampala, donde ha puesto en marcha una clínica móvil con la colaboración de un grupo de universitarias de Teemba Study Center. Esta clínica recibe donaciones de empresas farmacéuticas y de otros colectivos, y gracias a ella se completan consultas y tratamientos para la gente de la zona.

La entrevista se realizó durante una visita a su país natal.

¿Por qué decidió ser enfermera?

Porque era algo que deseaba desde muy pequeña: ayudar a los demás.

¿Y África?

Fue un paso más dentro de ese deseo de ayudar. En África viven  millones de personas con muchas más necesida des y con muchas menos comodidades que nosotros.

En Kenia y en Uganda, en concreto, como en tantos países del mundo, el mensaje de san Josemaría ha contribuido a la vivificación cristiana de toda la sociedad. Por ejemplo, en Kenia, cuando llegaron las primeras mujeres del Opus Dei, -antes de que alcanzara a independencia- había una fuerte discriminación racial y parecía impensable la creación de un centro donde estudiaran juntas personas de diversas razas.

Sin embargo el Fundador impulsó a las que trabajaban allí a superar esa mentalidad dominante, y gracias a su tenacidad, y a su confianza en los africanos, fueron naciendo diversas iniciativas multirraciales de carácter educativo y asistencial. “Sólo hay una raza –decía-: la raza de los hijos de Dios”.

¿Qué situación se vive en estos países?

En muchos países de Europa se tiene una visión de África exclusivamente negativa, alejada de la realidad. Evidentemen te, son sociedades del Tercer Mundo, que tienen una mala situación eco nómica. Sufren muchas carencias y hay necesidades básicas que no están del todo cubiertas.

Uganda

Pero eso no significa que las personas se sientan frustradas por no poseer ciertas cosas que parecen imprescindibles a los que viven en países occidentales.

En muchos países de Occidente se valora exageradamente el “tener” y muchos se consideran infelices si carecen de determinados bienes y objetos. Los africanos se mueven por otros valores: han aprendido a “ser” felices con lo que tienen y, además, saben compartirlo con los demás. Esto no quie re decir que tengan una actitud pasiva, que no luchen por alcanzar nuevas metas o no se esfuercen por progresar.

Es importante que Occidente entienda que hay que ayudar a los africanos a que crezcan y progresen por sí mismos. En África hay  mucha gente preparada, capaz de llevar a cabo grandes proyectos, que merecen que se les apoye.

En este sentido trabaja Harambee, un proyecto de ayuda a África que nació con motivo de canonización de san Josemaría por Juan Pablo II. Harambee ayuda a muchas entidades y programas de carácter educativo, médico, asistencial, etc., del continente.

¿Qué clase de trabajo desempeña en Uganda?

Llevo a cabo diversos proyectos para la formación de las mujeres africanas. Hemos cre ado recientemente una Escuela de Hostelería en las que se las capacita para trabajar en el sector hotelero, un sector en auge porque el país se va recuperando  económicamente y se están abriendo las puertas al turismo.

¿Y en Kenia?

Allí trabajé con niñas, adolescentes y mujeres jóvenes. Puse en marcha con ellas varios pro yectos de voluntariado en los que atendíamos distintos suburbios con clínicas móviles. Las estudiantes de Medi­cina atendían a los más necesitados y les ayudaban en lo que podían.

¿Ha corrido alguna vez algún tipo de peligro?

Cuan do llegué a Uganda en 1996 el país estaba en paz. En cuanto a los peligros… con frecuencia las televisiones occidentales ofrecen una imagen muy deformada de estas naciones, y sólo emiten imágenes de miseria y de violencia. Y la violencia está presente en todo el mundo.

Evidentemente en África hay pobreza, pero los africanos van saliendo adelante, y van incorporando progresivamente a sus vidas los modernos adelantos técnicos, como el móvil, la  televisión –que está presente en casi todas las casas,- etc.

-¿Llega ayuda de otros países?

Sí. La Escuela de Hostelería empezó gracias a la ayuda de Austria. Y estamos en contacto con familias españolas que apadrinan con becas a las chicas que vienen a las clases de hostelería y a niños huérfanos de SIDA para que puedan estudiar secundaria.

El SIDA sigue siendo un problema  grave. ¿Cómo se puede luchar contra él?

El primer objetivo es cambiar las pautas de comportamiento. En Uganda estamos llevando a cabo un pro grama de educación sexual lla­mado ABC, conocido en todo el mundo por los buenos resultados que ha obtenido.

¿Animaría a realizar la “experiencia africana”?

Desde luego; y a las personas que no tengan la posibilidad de hacer esa experiencia, les animo a ayudar a África desde Europa, desde donde se puede hacer tanto.

Una enfermera en el corazón herido de África

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Candelas Varela es una joven española del Opus Dei que está viviendo en primera persona el conflicto del Congo, país centroafricano sumido en una cruenta guerra civil desde hace 7 años.

Candela ante las obras del nuevo hospital de Monkole.

Cuando Candelas decidió ejercer su profesión de enfermera en la República democrática del Congo, sabía que tendría que afrontar situaciones difíciles, vivir de cerca la miseria, la falta de medios básicos para curar, pero lo que seguramente no podía sospechar es que, de los 11 años que lleva allí, 7 de ellos los viviría en un país en guerra…

“Soñaba con ir a África, aportar mi grano de arena para el desarrollo…”. Quería ayudar y le propusieron entonces ir al Congo, donde desde 1980 el Opus Dei desarrollaba su labor apostólica. “Y aquí vine, y no me arrepiento. En realidad son once años ya, pero pasaron como si hubieran sido uno o dos y, a pesar de la guerra que parece interminable, volvería a tomar la misma decisión…”.

Candelas admira al pueblo congoleño, que en realidad es un pueblo tranquilo, que se adapta facilmente y sabe vivir con muy poco. Les gusta más bailar que trabajar, aunque tienen habilidades manuales y son decididos. “De nada siempre sacan algo, es un pueblo que sabe acoger, ser alegre y sobrevivir donde otros murieron…”.

Conoce de cerca algunos problemas actuales graves: las altas cifras de niños-soldado, los problemas políticos y militares con otros países por la defensa del territorio o el control de sus ricos recursos naturales (especialmente el coltán), a la falta de medios sanitarios…

Con una alumna de la Escuela de enfermería. (C. Varela / Efe)

Para ayudar a la población, decidió hace años ir a este país, donde trabaja con entusiasmo como directora de la Escuela de Enfermería del Hospital Monkole, iniciativa de ayuda al desarrollo promovida por personas del Opus Dei, junto con cooperadores y amigos de diversos países, para intentar ayudar al Congo en el aspecto sanitario.

Formar profesionales nativos que puedan atender a la población es su objetivo desde hace años… Y también necesitan luchar diariamente por atender a los desplazados, a los heridos, etc.

“Fue preciso además abrir camino y hacer ver que las mujeres podían ser también enfermeras, y no sólo los hombres y que no es un trabajo de segunda clase, sino una gran ayuda social, un servicio importante y necesario”.

“Nuestra asociación CECFOR cree en el desarrollo a través de la formación, del intercambio de experiencias. Es un trabajo a muy largo plazo para el que es esencial tener paciencia. Pero claro, cuando hay inestabilidad política es muy difícil trabajar”.

Aún así, no faltan los proyectos: “Entre los que estamos desarrollando -refiere- hay uno financiado por la cooperación española para la formación de 2.300 enfermeros en salud infantil, higiene hospitalaria y educación para la salud”.

“También tenemos otro que quizá sea financiado por la Unión Europea, e incluso contemplamos la construcción de un nuevo Hospital, pues el actual quedó pequeñísimo, y si hay algo que verdaderamente hace falta aquí son los hospitales”.

Candelas Varela y otras enfermeras, rodeadas de niños. (C. Varela / Efe)

Los días pasan para Candelas trabajando… “La verdad es que no hago nada especial, trabajo, trabajo, trabajo… Por supuesto, rezo, y, en mi escaso tiempo de ocio, voy de excursión, escucho música, veo cine por TV, y procuro no perderme un partido de Rafa Nadal, si lo emiten…”.

Candelas aprendió mucho de los congoleños y está decidida a seguir promoviendo su capacitación profesional, para que puedan desarrollar su país, con su propia cultura y sus abundantes recursos humanos y naturales.


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