6. Testimonios de algunos primeros miembros del Opus Dei

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Capítulo del dossier informativo “Libertad política de los fieles del Opus Dei durante el régimen de Franco”

Testimonio de Pedro Casciaro en “Soñad y os quedareis cortos” (Rialp).

Durante aquellos meses fui testigo de su gran amor a la libertad y la responsabilidad personal, que le llevaría a no proponer nunca, a lo largo de su vida, a los miembros de la Obra ninguna directriz u opción determinada en el campo económico, político o cultural. Años más tarde precisó contundentemente este modo de actuar de los miembros del Opus Dei: Cada uno -recalcaba con fuerza- tiene plena libertad para pensar y de obrar como le parezca mejor en este terreno. En todo lo temporal los miembros de la Obra son libérrimos: caben en el Opus Dei personas de todas las tendencias políticas, culturales, sociales y económicas que la conciencia cristiana puede admitir.

Dio las indicaciones oportunas para que los directores de la Obra no pudieran imponer nunca un criterio político o siquiera profesional a los demás miembros. Y explicó que, si algún miembro de la Obra intentara hacerlo, o servirse de otros miembros para fines humanos, saldría expulsado sin miramientos, porque los demás se rebelarían legítimamente.

En sus conversaciones se manifestaba siempre celoso defensor de la libertad de las conciencias, que no es lo mismo -aclaraba- que la libertad de conciencia; y celoso defensor también de la dignidad de la persona humana, respetando siempre las opiniones de los demás; aunque jamás se inhibió a la hora de manifestar de su propia fe, una fe gorda -decía-, que se puede cortar.

Su apertura de mente -muy singular en aquel tiempo- no se quedaba sólo en palabras. En aquella época había cierta confusión político-religiosa por parte de algunos: una confusión que podía advertir cualquier persona no fanatizada. Por eso, el Padre sufría cada vez que la radio o la prensa informaba de actos o ceremonias oficiales que podían ser interpretadas como una instrumentalización de la religión para fines políticos.

Recuerdo una anécdota expresiva de aquel periodo que puede situar al lector: algunas autoridades franquistas habían organizado una ceremonia solemne en el Monasterio de las Huelgas. Lo habían preparado todo, pero se habían olvidado de un pequeño “detalle”: pedir permiso al Arzobispo, don Manuel de Castro, de quien dependía aquel recinto. Cuando se lo pidieron, tardíamente, el Arzobispo se negó diciendo que él “era el amo de la burra” y que aquel día el Monasterio estaba cerrado. Tuvieron que mediar varias personas para que accediera en el último momento.

Trató el Padre también durante aquel tiempo a muchos que no eran católicos -o al menos, que no practicaban- o que no estaban bien vistos en el ambiente político imperante. Intervino más tarde para mitigar alguna que otra injusticia, independientemente de la filiación política del interesado. Por ejemplo, era frecuente que algunos exiliados, cuando volvían a España, se encontrasen con un vacío, o al menos, con cierto ambiente de recelo. Recuerdo perfectamente que algún tiempo después y siguiendo una sugerencia del Padre, hice unas gestiones para que Gregorio Marañón dictara una conferencia en la Residencia de la Moncloa, obra corporativa del Opus Dei. Al terminar su conferencia, Marañón me comentó en privado -luego lo hizo en público- que aquélla era su primera conferencia pública después de haber sido desposeído de su cátedra en la Universidad Central.

“Lo que se entiende por ‘ayudar a morir’ es matar por compasión”

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Luis de Moya, sacerdote tetrapléjico, trabaja como capellán en la Universidad de Navarra. Extracto de la entrevista realizada por Rosa Mª Jané y publicada en “Cataluña Cristiana”.

Ermita dedicada a la Virgen en la Universidad de Navarra, donde Luis de Moya trabaja como capellán.

Luis de Moya, sacerdote, sufrió en 1991 un accidente de tráfico que le dejó tetrapléjico. A la pregunta, el hecho de ser tetrapléjico, ¿cómo le ha cambiado la vida?, responde: “Sólo de modo accidental. Me considero la misma persona: por resumir, el mismo sacerdote de Jesucristo que antes del accidente. Fue uno de los primeros convencimientos que tuve al recobrar la conciencia después del golpe. Me ha cambiado la vida, como es evidente, en el modo material de desenvolverme. Ahora todo lo llevo a cabo con ayuda de otros y apoyándome en medios técnicos. Pero sigo siendo yo. Mi vida tiene el mismo sentido, idéntico destino”.

A los 38 años. A partir de entonces su vida cambió, pero sólo de modo accidental, como nos explica. Luis de Moya se encarga de diferentes capellanías en la Universidad de Navarra, dentro de las limitaciones de su estado. Su actitud vital y su testimonio contrastan con la visión que ha presentado Alejandro Amenábar en su película ‘Mar adentro’, que recoge la historia de Ramón Sampedro y que ante el dolor humano ofrece como única respuesta terminar con la vida de quien padece.

¿La película ‘Mar adentro’ forma parte de una campaña para sensibilizar a la opinión pública española sobre la “necesidad” de legalizar la eutanasia?
No soy quién para emitir un juicio en ese sentido. Resulta, sin embargo, bastante claro que, de hecho, la película, según me han contado y por lo que he leído, transmite una visión favorable de la eutanasia que el protagonista de la cinta solicita. Dicen que los “buenos” de la película –los razonables, los inteligentes y en definitiva todos los personajes pensados para hacer caer bien al espectador- son partidarios de la eutanasia.

No así los que no están dispuestos a matarlo por compasión. Según parece, estos son o pueblerinos que no razonan o arrogantes sin fundamento o ridículamente tozudos, según los casos. En este sentido, en efecto, puede sensibilizar a la opinión pública a favor de la necesidad de legalizar esa práctica. Pero con actores, quién sabe, puede hacer lo que quiera.

¿Conoció a Ramón Sampedro?
Nunca estuve ante Ramón Sampedro. Le escribí en diversas ocasiones, nos encontramos en algún programa de radio, y, creo recordar, también de televisión, y charlé con él varias veces por teléfono. Precisamente, en la última de esas conversaciones telefónicas –estaba yo en Santiago de Compostela- concretamos una cita en su casa para aquella mañana. Finalmente, el encuentro no tuvo lugar. Ni siquiera bajé de la furgoneta, ni intercambiamos palabra alguna porque su casa era inaccesible para mí. Esto sucedía medio año antes de su muerte.

Lo que a usted le anima a vivir y da sentido a su vida ¿no era válido para Ramón Sampedro?
Considero que sí. Él, sin embargo, se negó de modo expreso a mantener conmigo una correspondencia en ese sentido. Puesto que ambos estábamos firmemente persuadidos de nuestras convicciones no tenía sentido alguno el diálogo. Así me lo escribía, de modo tajante lo entendí, en la única, larga (veinte cuartillas con la boca) y definitiva carta que recibí de él.

Luis de Moya saliendo de la Facultad de Arquitectura.

Si se legaliza la eutanasia en nuestro país, ¿qué consecuencias acarreará?
Me imagino que sucederá más o menos como en otros países, añadiendo a ello el apasionamiento propio del carácter español. También aquí se abrirán “centros especializados”; se producirá un cierto ahorro en pensiones; y veremos el “éxodo” de personas mayores y enfermos crónicos, si tienen posibilidades económicas, a otros países donde se sientan seguros; se producirá una crisis entre generaciones (los mayores se sentirán culpables) en cuanto se considere práctica normal la muerte anticipada de los que son una carga; en la práctica, la tercera parte al menos, se harán sin consentimiento del paciente por mucho que sea el control.

La aceptación social de esta práctica producirá unas personas esencialmente egoístas que actuarán con rectitud, en todo caso, procurando actuar dentro de la legalidad para no incurrir en delito: liberados finalmente de la generosidad gratuita por amor, las personas actúan a impulsos del miedo.

¿Por qué hay más interés en ayudar a morir que en ayudar a vivir?
Me atrevo a decir que, simplemente, porque es más fácil. Es menos costoso, desde todos los puntos de vista. Una vez superada la barrera de los sentimientos, acabar rápidamente con el dolor propio y ajeno ocasiona menos problemas que ayudar a morir dignamente al enfermo. En realidad, para ser precisos, lo que hoy se entiende por ayudar a morir es, en realidad, matar al paciente por compasión. Ayudar a morir, en el sentido genuino de las palabras, supone aportar los medios para que el paciente tenga una buena muerte de acuerdo con su situación y con su dignidad de persona. No es admisible, por consiguiente, acelerar la muerte o anticipar su momento.

Ayudar a un enfermo terminal conlleva dedicación de tiempo, de cuidados muchas veces pequeños y sencillos pero imprescindibles, la administración –en su caso- de los calmantes necesarios para el dolor, y, muchas veces, el simple acompañar que hace sentirse a la persona verdaderamente digna de atención: valorada como tal, querida.

Qué valor tienen el dolor y el sufrimiento
Hay que decir que se ha mitificado mucho el sufrimiento en la enfermedad. Cada vez se avanza más en el tratamiento del dolor y son más frecuente las ‘Unidades del dolor’ en los hospitales. Una buena medicina sabe calmar el dolor. En último extremo siempre se puede llegar a sedar al paciente si no se pudiera calmar su dolor de ningún modo. Muy pocas veces, sin embargo, es necesario. De hecho, los partidarios de la eutanasia acuden ya pocas veces al argumento de “dolores insoportables” como un justificante para provocar intencionadamente la muerte.

Me parece que todos tenemos experiencia de que amar de verdad cuesta. En cierto sentido supone siempre un cierto dolor, si no estamos hablando, desde luego, del amor superficial e inconsistente de una novela rosa. No en vano, se ha dicho que “el dolor es la piedra de toque del amor” o que “es tal la condición del hombre que no puede manifestar su amor sino en categorías de sufrimiento”. En definitiva: yo amo algo en la medida en que estoy dispuesto a sufrir por ello. El dolor serenamente llevado en el momento de la muerte, aunque debe calmarse en lo posible con fármacos y apoyo humano, puede ser una manifestación de reconocimiento de la propia condición de criatura. Todo ser humano, sin saber cómo y sin iniciativa alguna, se siente vivo de modo personal, y no se otorga la facultad de abandonar esa vida por propia iniciativa sin hacer una violencia a la realidad de las cosas.

Para un cristiano, hijo de Dios, el sufrimiento llega a alcanzar valor de corredención. En unión al sacrificio de Cristo en la Cruz, el cristiano, dispuesto a sufrir en diversas circunstancias de su vida si es necesario, llega a ser, en palabras de san Pablo, otro Cristo.

Una vida ligada a las Escuelas Familiares Agrarias

Camino  Tagged , , , , , , , , No Comments »

Teresa Ortillés, está casada, es supernumeraria del Opus Dei y madre de cuatro hijos; además es la directora de La Noria, Escuela Familiar Agraria (EFA), que se encuentra en Pinseque, localidad cercana a Zaragoza.

En mi casa –cuenta Teresa- aprendí a vivir con naturalidad el espíritu del Opus Dei. Mi padre, viudo y con cuatro hijos pequeños nos trasmitió la importancia de luchar por lo que uno cree, aunque a menudo se meta la pata y las dificultades sean grandes. También nos inculcó la importancia de complicarse la vida para servir a los demás por Dios. Fue promotor de las primeras Escuelas Familiares Agrarias en Aragón y de hecho, mis dos hermanos mayores estudiaron en la EFA de Epila. Desde pequeña, yo acompañaba a mi padre a la EFA La Noria, de Pinseque, y siempre me llamaba la atención el ambiente de cariño que se respiraba en el trato entre monitoras, alumnas y familias.

Al terminar mis estudios de Humanidades en Zaragoza, lo tuve claro: deseaba darme a los demás a través de la enseñanza, pero no de una enseñanza simplemente “de aula”, sino de una enseñanza integral que me proporcionara la oportunidad de tratar a las personas y de conocerlas a un nivel mucho más profundo.

Mis comienzos en la EFA

El primer año de trabajo en la EFA La Serna, de Ciudad Real, fue decisivo para darme cuenta que Dios me pedía servirle a través del Opus Dei. Fue un descubrimiento natural y evidente. Como dice San Josemaría Escrivá en el punto número uno de Camino, vi quedebía tratar de “ser útil y dejar poso” en todas aquellas actividades y personas que Dios me pondría delante. Al terminar aquel año me ofrecieron dirigir la EFA La Noria, de Pinseque, (Zaragoza). Al poco tiempo me casé y actualmente tengo cuatro hijos.

Mi trabajo consiste en preparar a las personas que viven en el medio rural para que a través de esa formación desarrollen y promocionen el medio en el que viven. En nuestra EFA nos especializamos en la rama sanitaria. Intentamos formar a nuestras alumnas para que teniendo una visión clara de la dignidad de la persona se desarrolle en ellas esa sensibilidad especial que deben tener para tratar con delicadeza y cariño al paciente, poniéndose en su lugar y sirviendo sin que se note. Queremos hacerles ver la importancia del trabajo bien hecho y ofrecido a Dios, cuidando las cosas pequeñas.

El trabajo y los hijos

Intentamos formar a nuestras alumnas para que tengan una visión clara de la dignidad de la persona.

Cuando empezaron a nacer mis hijos me trasladé con mi familia a Pinseque, para poder hacer compatible la atención a mi familia con el trabajo profesional. Vivir en un pueblo pequeño cerca de Zaragoza proporciona muchas ventajas y prácticamente ningún inconveniente. Mi marido también procede de la cantera de las EFAS: es antiguo alumno y monitor y me ayuda mucho a tener clara nuestra misión a pesar de que no faltan las dificultades y los problemas. Es importante no perder de vista que lo nuestro es sembrar y que no siempre vemos el fruto: a veces sí, pero eso no es lo importante.

En la última reunión de antiguas alumnas que tuvimos en la Escuela me alegró mucho ver cómo algunas antiguas alumnas valoraban la formación que habían recibido en la escuela, la sensación que tenían de estar “en su casa” y la capacidad para analizar la realidad y trasformarla.

La Noria: Historia de una EFA

La Noria se inauguró en el curso 1973-74. El grupo promotor de las Escuelas Familiares Agrarias (EFAS) en Aragón pensó que era importante la formación de mujeres en el medio rural para que se quedaran en él y lo desarrollaran.

En los primeros diez años, La Noriatuvo un papel decisivo para asentar a muchas mujeres en el medio rural, donde no había posibilidades de estudios más allá de la enseñanza básica. Eran pocos los Institutos y Centros de Enseñanza Media y la tendencia de ese momento era quedarse a trabajar en casa sin adquirir ninguna formación. Muy pocas mujeres salían a realizar estudios superiores a Zaragoza. La EFA, en cambio, ofrecía buenas instalaciones de residencia, trabajo en pequeños grupos y sistema de alternancia: primero en la propia empresa familiar, luego en empresas de la zona: cooperativas, ayuntamientos, cámaras agrarias…

En los últimos diez años, el sistema pedagógico de la EFA se ha adaptado a las nuevas leyes de educación (LOGSE) y a la nueva realidad del medio rural aragonés. La agricultura ha dejado de ser la actividad fundamental para dar paso a la industria y sobre todo a la demanda de servicios. Por esta razón, se imparten actualmente diferentes estudios de la rama de Comercio y Marketing, y de la rama Sanitaria

Cada uno de los pacientes

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Entrevista a Dolores López, encargada del Servicio de Lavandería de la Clínica Universitaria de Navarra. Con su trabajo procura crear “un clima familiar, ya que la familia y la persona importan mucho”

Lavadoras para doscientos kilos de sábanas, montañas de toallas, torres de batas que planchar, uniformes… Dolores López, supernumeraria del Opus Dei, se maneja alegre entre grandes máquinas y un concienzudo equipo de 24 personas a cargo del Área de Lavandería en el Servicio de Dietas y Limpieza de la Clínica Universitaria de Navarra. Aquí trabaja de siete y media a dos y reconoce que nunca pensó “encontrar tanto entre tela y tela”.

¿Te gusta este trabajo?

Me apasiona, disfruto muchísimo con él. Sólo me cuesta madrugar, físicamente no paramos, es muy cansado. Pero el trabajo me encanta.

¿Tus primeras impresiones?

El primer día, encontré una empresa con un ritmo de trabajo muy profesiona,l pero recuerdo que gran parte del personal se acercó a saludarme. Hay un clima familiar, no sé cómo explicártelo… La familia y la persona importan mucho. Por ejemplo, aquí la mayoría somos madres de familia, y si tienes que llevar a tu hijo al dentista o ir a un funeral, nadie te pone pegas. Se confía en tu responsabilidad ante el trabajo y en que recuperarás ese día o esas horas en otro momento. Cuando eres madre, eso se valora muchísimo.

Cuando se piensa en la Clínica Universitaria de Navarra, nos imaginamos, médicos, enfermeras, aparatos técnicamente muy sofisticados… nadie piensa en el servicio de lavandería.

No estoy de acuerdo. Yo lo vivo desde dentro. Lo primero que se hace con los nuevos médicos residentes es enseñarles el servicio de Dietas y Lavandería de la Clínica en pequeños grupos. Al ver cómo se trabaja, se asombran y todo lo demás que se les enseña en el día a día, en planta y consultas, adquiere un significado.

¿A qué te refieres?

Coges la bata del médico: la planchas, la repasas y cuidas de que cuellos y puños no estén rozados. ¿Por qué? Porque el modo de vestir del médico refleja el respeto que se tiene a cada paciente.

¿Qué tiene de distinto el servicio de lavandería de la Clínica?

Mira, una vez, un médico de aquí enseñó toda la Clínica a una familia. Al llegar a este Servicio les dijo: “hasta ahora os he enseñado muchas cosas importantes: quirófanos, equipos, salas de consulta… Pero todo eso lo encontráis en muchos otros centros hospitalarios. Lo que os voy a enseñar ahora sólo está así en la Clínica Universitaria”.

¿Y cuál es la clave de ese secreto?

La persona, cada una, tenga la edad que tenga. Esa es la idea que no se te puede ir de la cabeza, su dignidad e intentar que se sienta un poco más en casa. Yo lo noto en la personalización de las prendas. Mira, si es pijama de caballero, ribete beige, de señora, ribete rosa… Tenemos bodies para bebés con muñequitos en rosa o en azul… Yo no digo que el niño se vaya a sentir mejor por estar guapo, pero es muy duro para una madre tener a un hijo enfermo y así, es más agradable… Los médicos de Hemodinámica nos pidieron que hiciésemos unos patucos porque a los pacientes se les quedaban los pies fríos durante las pruebas. También hemos inventado un camisón con velcro que se le puede poner al paciente sin que éste se mueva. Así, evitamos que el paciente de la UCI tenga que estar desnudo y él lo agradece…

¿Cómo os enteráis de lo que le pasa a cada enfermo?

Nuestro principal contacto son las auxiliares y las enfermeras, están mucho rato con la familia, se enteran y te llaman al busca. Lo mismo con los cumpleaños o los aniversarios de boda; avisan a Dietas y se pone algún detalle en la comida con un mantel especial.

¿Llegáis a todo? El tiempo vale oro.

La mayor inversión económica es en maquinaria –hay una máquina que seca, plancha y dobla 500 juegos de sábanas cada hora- pero la inversión humana es capital. Una vez un empresario nos aconsejó trabajar por la noche para ahorrar energía… Pero ¿qué hacíamos con nuestras familias? Contradecía todo el ideario de trabajo. Para ahorrar tenemos otras vías. Con las colchas desechadas se hacen bolsas en bandolera para los goteros y tenemos unos termoparches con los que arreglamos cada agujero recuperando muchas sábanas. El equipo del costurero hace ingeniería.


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