El espiritu de un Concilio

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“Tiempo de caminar”, libro de Ana Sastre sobre el fundador del Opus Dei.

En agosto de 1964, Pablo VI publica la encíclica Ecclesiam Suam trazando las directrices por las que ha de caminar la Iglesia en el cumplimiento de su misión. Es, en realidad, el timón que marca rumbo al esquema sobre la Iglesia que el Concilio está estudiando. Desde el 14 de septiembre al 31 de noviembre tiene lugar la tercera etapa de sesiones del Concilio, en la que se aprueban tres nuevos e importantes documentos, uno de ellos la Lumen Gentium, Constitución dogmática sobre la Iglesia.

Entre el 14 de septiembre y el 8 de diciembre de 1965 tiene lugar la cuarta y última etapa.

El día 7 de diciembre, se celebra la Novena Sesión pública, presidida por el Papa. Los últimos documentos son aprobados definitivamente. Antes de la celebración de la Misa, Pablo VI y el Patriárca Atenágoras de Constantinopla leen, ante la imagen de Pedro de Galilea -primer Vicario de Cristo-, una declaración común pidiendo la unión de todas las Iglesias. La Misa solemne de clausura será oficiada por el Papa el día de la Inmaculada Concepción, en la plaza de San Pedro.

A lo largo del Concilio, múltiples aspectos que el espíritu del Opus Dei viene exponiendo y practicando desde 1928, van a ser refrendados y propuestos para todos los fieles por la Iglesia Católica reunida en la mayor asamblea de su historia. El Padre lo hará constar así ante sus hijas e hijos. No por afirmación personal, sino por certeza absoluta de que todo el espíritu de la Obra es sobrenatural y urgido por Dios.

Seis años después del fallecimiento del Fundador del Opus Dei, el 19 de febrero de 1981, se introducirá en Roma su Causa de Beatificación y Canonización. En el número de marzo-abril, la «Rivista Diocesana di Roma» publicará el decreto de introducción de la Causa, dado por el Cardenal Poletti, que contiene una breve síntesis de la vida de Monseñor Escrivá de Balaguer y de la espiritualidad del Opus Dei.

Comienza el decreto recordando, con palabra del Motu proprio Sanctitas clarior, que el Concilio Ecuménico Vaticano II «ha exhortado con premurosa insistencia a todos los fieles, de cualquier condición o grado, a alcanzar la plenitud de la vida cristiana y la perfección de la caridad. Esta fuerte invitación a la santidad puede ser considerada como el elemento más característico de todo el Magisterio conciliar y, por así decir, su fin último». Y añade:

«Por haber proclamado la vocación universal a la santidad, desde que fundó el Opus Dei en 1928, Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer ha sido unánimemente reconocido como un precursor del Concilio precisamente en lo que constituye el núcleo fundamental de su Magisterio, tan fecundo para la vida de la Iglesia».

Hoy, al concluir el Concilio Vaticano II, el Padre recuerda el arduo camino que ha tenido que abrir en el mundo este «espíritu viejo como el Evangelio y, como el Evangelio, nuevo»:

«Hemos de estar contentos al acabar este Concilio. Hace treinta años, a mí me acusaron algunos de hereje, por predicar cosas de nuestro espíritu, que ahora ha recogido el Concilio de modo solemne, en la Constitución dogmática De Ecclesia. Se ve que hemos ido delante, que habéis rezado mucho»(18).

Poco después de ser elegido Papa, Pablo VI declara públicamente que el trabajo puede ser santificado y santificante. En una audiencia, el Fundador del Opus Dei tiene la oportunidad de decirle:

-«Vuestra Santidad ha hablado hace poco sobre el trabajo santificado y santificador».

-«Sí. Es verdad».

-«Santidad, por decir eso mismo, hace muchos años, fui acusado al Santo Oficio»(19)

El Santo Padre sonríe con afecto. Las obras de Dios están marcadas, muchas veces, por la paciencia y la contradicción.

Recuerda un Obispo haber oído al Padre comentar en Villa Tevere unas palabras que el Papa le dirigió, y que sintetizan la inspiración sobrenatural de todo el espíritu de la Obra.

«Dios le ha dado a usted el carisma para que ponga en la calle la plenitud de la Iglesia»(20).

El día de la clausura del Concilio Vaticano II, junto a toda la Cristiandad, es fiesta para el Opus Dei, que se siente identificado con las palabras que Pablo VI dice ante los Padres Conciliares. Habla a los gobernantes, a los hombres y mujeres de pensamiento y de ciencia, a los artistas, a los trabajadores, a los pobres, a los enfermos, a los que sufren, a los que se inician en las responsabilidades de la vida.

El Opus Dei se sabe aludido por esta llamada a la plenitud de Cristo. Y subraya, con su entrega incondicional, las palabras con que el Papa clausura hoy el Concilio:

«La Iglesia (…) es la verdadera juventud del mundo. Posee lo que hace la fuerza y el encanto de la juventud: la facultad de alegrarse con lo que comienza, de darse sin recompensa, de renovarse y de partir de nuevo para nuevas conquistas. Miradla y veréis en ella el rostro de Cristo, el héroe verdadero, humilde y sabio, el Profeta de la verdad y del amor, el compañero y amigo (…)”

En un oratorio de Villa Tevere, lejos y cerca de la multitud, el Fundador del Opus Dei sigue, paso a paso, la Cerermonia de Clausura. Su oración es hoy una ancha y honda acción de gracias.

EPÍLOGO: Por todos los rincones de la tierra

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“La herencia de Mons. Escrivá de Balaguer”, escrito por Luis Ignacio Seco.

02 de diciembre de 2008

La fama de santidad de que gozó en vida Mons. Joseniaría Escrivá de Balaguer se ha ido luego extendiendo por todos los rincones de la tierra, como ponen de manifiesto los abundantes testimonios de favores espirituales y materiales, que se atribuyen a la intercesión del Fundador del Opus Dei, entre los que no han faltado Curaciones médicamente inexplicables.

A partir de junio de 1975, fueron numerosísimas las cartas procedentes de los cinco continentes pidiendo a la Santa Sede la apertura de su Causa de Beatificación y Canonización. Entre ellas, como va he relatado anteriormente, se encontraban las de rnás de un tercio del Episcopado mundial. Efectivamente, con el nihil obstat de la S. Congregación para las Causas de los Santos, ratificado por Juan Pablo II, el Cardenal Vicario de la diócesis de Roma emanó el Decreto de Introducción de la Causa el 19–11–1981; este Decreto queda recogido en un apéndice de este libro.

El Proceso sobre la vida y virtudes del Fundador del Opus Dei comenzó el 12 de mayo de 1981 en Roma, donde han prestado declaración decenas de testigos. Simultáneamente, testigos de habla castellana declararon en Madrid ante otro Tribunal, constituido por el Cardenal Enrique y Taraneón, y confirmado después por el Cardenal Suquía al ser nombrado Arzobispo de la diócesis. Presidió este Tribunal el Rvdo. P. Rafael Pérez, agustino, que había sido durante muchos años Promotor General de la Fe en la S. Congregación para las Causas de los Santos.

Al mismo tiempo han tenido lugar, también en Madrid, otros Procesos sobre dos curaciones, presuntamente extraordinarias, en una religiosa aragonesa, y en una mujer catalana, atribuidas a la intercesión de Mons. Escrivá de Balaguer.

Son innumerables los testimonios de personas, que han manifestado públicamente su agradecimiento al Fundador del Opus Dei, porque las ha escuchado en sus peticiones, y han enviado por escrito esos testimonios a la Postulación General en Roma, y a las Vicepostulaciones de los diversos países. Pero dejemos hablar a los protagonistas de unos pocos.


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