Bula de la canonización del Beato Josemaría

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Traducción al castellano de la Bula por la que el Papa Juan Pablo II inscribe al Beato Josemaría en el Catálogo de los Santos.

Publicado en Romana, Boletín de la Prelatura de la Santa Cruz y Opus Dei, Año XVIII, Num. 35.

BULA DE LA CANONIZACIÓN DEL BEATO JOSEMARÍA

Domine, ut videam ! (cf Lc 18, 41), Domina, ut sit !, Omnes cum Petro ad Iesum per Mariam !, Regnare Christum volumus ! (cf 1 Cor 15, 25), Deo omnis gloria ! (cf Canon Romano, doxología). La biografía del Beato Josemaría se puede compendiar en estas jaculatorias. Comenzó a rezar las dos primeras cuando contaba apenas dieciséis años, al percibir los primeros barruntos de la llamada divina. De este modo expresaba el ardiente deseo de su corazón: ver lo que Dios quería de su vida, para tratar de cumplir amorosamente la voluntad del Señor. La tercera jaculatoria, que aparece con frecuencia en los escritos de sus primeros años de sacerdocio, revela cómo su celo por las almas iba unido a una firme fidelidad a la Iglesia y a una profunda devoción a la Virgen Maria, Madre de Dios. Regnare Christum volumus !: estas palabras resumen su constante preocupación pastoral por difundir, entre todos los hombres y mujeres, la llamada a participar, en Cristo, de la dignidad de los hijos de Dios, viviendo sólo para servirle: Deo omnis gloria !

Asumió y enseñó a asumir este programa en medio de las ocupaciones normales de cada día, por lo que con razón se le puede llamar “el santo de la vida ordinaria”. En efecto, su vida y su mensaje han llevado, a una innumerable multitud de fieles –sobre todo laicos que trabajan en las más diversas profesiones–, a convertir las tareas más comunes en oración, en servicio a todos los hombres y en camino de santidad.

El Beato Josemaría Escrivá de Balaguer nació en Barbastro (España) el 9 de enero de 1902. Recibió la ordenación sacerdotal el 28 de marzo de 1925. El 2 de octubre de 1928, el Señor le hizo ver la misión a la que le llamaba y ese día fundó el Opus Dei. Se abría así en la Iglesia un nuevo camino caracterizado por difundir entre hombres y mujeres de toda raza, condición social o cultura, la conciencia de que todos están llamados a la plenitud de la caridad y al apostolado, en el lugar que cada uno ocupa en el mundo. Ciertamente, el Señor nos busca en las circustancias de la vida ordinaria, verdadero quicio sobre el que gira nuestra respuesta llena de amor. En las enseñanzas de Josemaría Escrivá, el trabajo, realizado con la ayuda vivificante de la gracia, se convierte en fuente de inagotable fecundidad, ya que es instrumento para poner la Cruz en la cumbre de todas las actividades humanas, medio para transformar el mundo desde dentro según el Espíritu de Cristo y ocasión de reconciliarlo Dios.

La labor desarrollada por Josemaría Escrivá en favor de los sacerdotes, personalmente y a través de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz, que inició el 14 de febrero de 1943, le configura como un luminoso ejemplo de solicitud por la santidad y la fraternidad sacerdotales.

En 1946 se trasladó a Roma; sostenido por su incansable afán apostólico, se entregó a la difusión del mensaje cristiano por todo el mundo, siempre con plena adhesión al Romano Pontífice y con el deseo de servir a las Iglesias locales. Fomentó la creación de una vasta gama de iniciativas de promoción humana, que han contribuido eficazmente a la difusión del Evangelio y han logrado una amplia proyección social.

En sus numerosos viajes por Europa y América, llevó a cabo una incansable labor de catequesis. Multitud de hombres y mujeres acudían a escucharle, atraídos por su fama de santidad.

El 26 de junio de 1975, a mediodía, a consecuencia de un ataque al corazón, entregó su alma a Dios. Su cuerpo reposa en la Iglesia Prelaticia del Opus Dei, dedicada a Santa María de la Paz, a la que acuden a rezar fieles de todo el mundo.

Tras su muerte, la fama de santidad de Josemaría Escrivá de Balaguer siguió difundiéndose ampliamente. A su intercesión se atribuyen muchas curaciones científicamente inexplicables y abundantes favores espirituales.

Nos mismo beatificamos solemnemente al Fundador del Opus Dei el 17 de mayo de 1992 en la plaza de San Pedro. Desde entonces ha aumentado el número de gracias atribuidas por los fieles a la intercesión del Beato Josemaría Escrivá; entre estos favores, los Actores de la Causa eligieron una curación y la presentaron a la Sede Apostólica, para que, una vez examinada, permitiera que fueran otorgados al Beato los honores de los Santos.

En 1994 se instruyó un proceso sobre esa curación en la Curia Arzobispal de Badajoz. Realizadas con resultado positivo las acostumbradas investigaciones de la Congregación para las Causas de los Santos, el 20 de diciembre de 2001 fue promulgado en Nuestra presencia el correspondiente decreto sobre el milagro. Posteriormente, oído el parecer favorable de los Padres Cardenales y Obispos que habíamos convocado en Consistorio el 26 de febrero de 2002, decretamos que la ceremonia de canonización se celebrara el 6 de octubre de ese mismo año.

Hoy, por tanto, en una solemne Misa en la Plaza de San Pedro y ante una ingente multitud de fieles, hemos pronunciado la siguiente fórmula: En honor de la Santísima Trinidad, para exaltación de la fe católica y crecimiento de la vida cristiana, con la autoridad de Nuestro Señor Jesucristo, de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo y la Nuestra, después de haber reflexionado largamente, invocado muchas veces la ayuda divina y oído el parecer de numerosos hermanos en el Episcopado, declaramos y definimos Santo al Beato Josemaría Escrivá de Balaguer y lo inscribimos en el Catálogo de los Santos, y establecemos que en toda la Iglesia sea devotamente honrado entre los Santos. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Disponemos que lo que hemos decretado tenga validez ahora y siempre, y que nada sea dispuesto en contrario.

Dado en Roma, junto a San Pedro, el día 6 de octubre del año 2002, vigésimocuarto de Nuestro Pontificado.

Juan Pablo
Obispo de la Iglesia Católica

Canonización de San Josemaría

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Ante miles de fieles de todos los continentes, el 6 de octubre de 2002 Juan Pablo II proclamó santo a Josemaría Escrivá, fundador del Opus Dei.

Opus Dei -

Bula de la canonización.
Homilía de Juan Pablo II (6-X-2002).
Artículo del cardenal Joseph Ratzinger.

Otros documentos
Homilía en la beatificación (17 de mayo de 1992).
Artículo del cardenal Albino Luciani.

Homilía del Papa Juan Pablo II en la canonización de Josemaría Escrivá

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Homilía del santo padre Juan Pablo II en la misa de canonización del beato Josemaría Escrivá de Balaguer. “Elevar el mundo hacia Dios y transformarlo desde dentro: he aquí el ideal que el Santo Fundador os indica” ha dicho el Papa a los asistentes de más de 80 países presentes en la Plaza de San Pedro.

Opus Dei -

1. “Todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios” (Rm 8,14). Estas palabras del apóstol Pablo que acaban de resonar en nuestra asamblea, nos ayudan a comprender mejor el significativo mensaje de la canonización de Josemaría Escrivá de Balaguer, que celebramos hoy. Él se dejó guiar dócilmente por el Espíritu, convencido de que sólo así se puede cumplir plenamente la voluntad de Dios.

Esta verdad cristiana fundamental era un tema recurrente de su predicación. En efecto, no dejaba de invitar a sus hijos espirituales a invocar al Espíritu Santo para hacer que la vida interior, es decir, la vida de relación con Dios y la vida familiar, profesional y social, plena de pequeñas realidades terrenas, no estuvieran separadas, sino que constituyeran una única existencia “santa y llena de Dios”. “A ese Dios invisible —escribió—, lo encontramos en las cosas más visibles y materiales” (Conversaciones con Monseñor Escrivá de Balaguer, 114).

También hoy esta enseñanza suya es actual y urgente. El creyente, en virtud del bautismo, que lo incorpora a Cristo, está llamado a entablar con el Señor una relación ininterrumpida y vital.

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2. “Tomó, pues, Yahveh Dios al hombre y lo dejó en el jardín de Edén, para que lo labrase y cuidase” (Gn 2, 15). El libro del Génesis, como hemos escuchado en la primera lectura, nos recuerda que el Creador ha confiado la tierra al hombre, para que la ‘labrase’ y ‘cuidase’. Los creyentes, actuando en las diversas realidades de este mundo, contribuyen a realizar este proyecto divino universal. El trabajo y cualquier otra actividad, llevada a cabo con la ayuda de la gracia, se convierten en medios de santificación cotidiana.

“La vida habitual de un cristiano que tiene fe – solía afirmar Josemaría Escrivá -, cuando trabaja o descansa, cuando reza o cuando duerme, en todo momento, es una vida en la que Dios siempre está presente” (Meditaciones, 3 de marzo de 1954). Esta visión sobrenatural de la existencia abre un horizonte extraordinariamente rico de perspectivas salvíficas, porque, también en el contexto sólo aparentemente monótono del normal acontecer terreno, Dios se hace cercano a nosotros y nosotros podemos cooperar a su plan de salvación. Por tanto, se comprende más fácilmente, lo que afirma el concilio Vaticano II, esto es, que “el mensaje cristiano no aparta a los hombres de la construcción del mundo [...], sino que les obliga más a llevar a cabo esto como un deber” (Gaudium et spes, 34).

3. Elevar el mundo hacia Dios y transformarlo desde dentro: he aquí el ideal que el santo fundador os indica, queridos hermanos y hermanas que hoy os alegráis por su elevación a la gloria de los altares. Él continúa recordándoos la necesidad de no dejaros atemorizar ante una cultura materialista, que amenaza con disolver la identidad más genuina de los discípulos de Cristo. Le gustaba reiterar con vigor que la fe cristiana se opone al conformismo y a la inercia interior.

Opus Dei -

Siguiendo sus huellas, difundid en la sociedad, sin distinción de raza, clase, cultura o edad, la conciencia de que todos estamos llamados a la santidad. Esforzaos por ser santos vosotros mismos en primer lugar, cultivando un estilo evangélico de humildad y servicio, de abandono en la Providencia y de escucha constante de la voz del Espíritu. De este modo, seréis “sal de la tierra” (cf. Mt 5, 13) y brillará “vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mt., 5, 16).

4. Ciertamente, no faltan incomprensiones y dificultades para quien intenta servir con fidelidad la causa del Evangelio. El Señor purifica y modela con la fuerza misteriosa de la Cruz a cuantos llama a seguirlo; pero en la Cruz – repetía el nuevo Santo – encontramos luz, paz y gozo: Lux in Cruce, requies in Cruce, gaudium in Cruce!

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Desde que el 7 de agosto de 1931, durante la celebración de la santa misa, resonaron en su alma las palabras de Jesús: “Cuando sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí” (Jn 12, 32), Josemaría Escrivá comprendió más claramente que la misión de los bautizados consiste en elevar la Cruz de Cristo sobre toda realidad humana, y sintió surgir de su interior la apasionante llamada a evangelizar todos los ambientes. Acogió entonces sin vacilar la invitación hecha por Jesús al apóstol Pedro y que hace poco ha resonado en esta plaza: “Duc in altum!”. Lo transmitió a toda su familia espiritual, para que ofreciese a la Iglesia una aportación válida de comunión y servicio apostólico. Esta invitación se extiende hoy a todos nosotros. “Rema mar adentro – nos dice el divino Maestro – y echad las redes para la pesca” (Lc 5, 4).

Opus Dei -

5. Pero para cumplir una misión tan ardua hace falta un incesante crecimiento interior alimentado por la oración. San Josemaría fue un maestro en la práctica de la oración, que consideraba una extraordinaria “arma” para redimir el mundo. Aconsejaba siempre: “Primero, oración; después, expiación; en tercer lugar, muy en «tercer lugar», acción” (Camino, 82). No es una paradoja, sino una verdad perenne: la fecundidad del apostolado reside, ante todo, en la oración y en una vida sacramental intensa y constante. Éste es, en el fondo, el secreto de la santidad y del verdadero éxito de los santos.

Que el Señor os ayude, queridísimos hermanos y hermanas, a acoger esta exigente herencia ascética y evangelizadora. Os sostenga María, a quien el santo fundador invocaba como Spes nostra, Sedes Sapientiae, Ancilla Domini.

Que la Virgen haga de cada uno un testigo auténtico del Evangelio, dispuesto a dar en todo lugar una generosa contribución a la construcción del reino de Cristo. Que nos estimulen el ejemplo y las enseñanzas de san Josemaría para que, al final de nuestro peregrinar terreno, participemos también nosotros en la herencia bienaventurada del cielo. Allí, juntamente con los ángeles y con todos los santos, contemplaremos el rostro de Dios, y cantaremos su gloria por toda la eternidad.

Bahkita, la santidad que transforma el mundo

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El Papa Juan Pablo II canonizará el 1º de octubre a Josefina Bakhita, monja canosiana sudanesa, en la Plaza de San Pedro. La Madre Morenita fue beatificada junto con el fundador del Opus Dei el 17 de mayo de 1992.

Opus Dei - Portada del libro
Portada del libro “Inchiesta su una santa per il 2000″

“Los santos son la expresión suprema de la belleza”. Estas palabras del Papa, pronunciadas en un diálogo improvisado con periodistas durante un vuelo que lo llevaba a alguna parte del mundo a anunciar el Evangelio, me parecen muy adecuadas para describir la figura santa de Josefina Bakhita.

Los santos, con la fuerza de su testimonio, redimen la violencia contra el hombre impresa en el curso de la historia. Transforman en profundidad, cada uno a su manera, todo aquello que los demás padecen o, como mucho, se limitan a deplorar. Su actualidad es particularmente viva en nuestros días, en este siglo de “progreso” que ningún dato puede definir más crudamente como la cifra de sus mártires. Su paciencia ante la injusticia posee el vigor de la caridad más delicada; la docilidad con que sufren es una luz que ilumina la cotidianidad. Son los santos, con su obstinado amar siempre y a toda costa, quienes crean nuevas civilizaciones.

Un lugar destacado en este panorama corresponde a Josefina Bakhita, la monja canosiana muerta en Schio en 1947. Su vida estuvo marcada por grandes sufrimientos. Secuestrada y hecha esclava cuando era niña, torturada, vendida varias veces en los mercados de El Obeidh y Khartum (documentos recientes, también audiovisuales, testimonian la subsistencia de un floreciente comercio de esclavos en Sudán), rescatada por el cónsul italiano en 1882 y acogida por las canosianas de Schio, recibió el bautismo con 21 años y a los 27 se hizo monja canosiana. Su itinerario fue realmente duro, y no basta su bondad natural para explicar la compasión que mostró por quienes le habían hecho sufrir. Su perdón era la expresión de una caridad que puede venir sólo de Dios. La belleza -por volver a la imagen del Papa- no es un valor ornamental de objetos inertes.

Toda la Conferencia Episcopal de Sudán estará presente en la canonización de Bakhita. Los obispos recogen con la audacia de la fe el mensaje que emana de su figura: un mensaje fuerte de esperanza y de perdón para los católicos de Sudán, que en este momento son objeto de una cruel persecución que los priva de los derechos más elementales. Un mensaje para la conciencia de todos nosotros, que tantas veces tendemos a cubrir con el silencio la injusticia que se abate contra quienes están lejos y no tienen voz para hacerse escuchar.

En Bakhita vemos también la personificación de la paradoja cristiana de la libertad. Cuando tuvo finalmente la posibilidad de orientar con autonomía su propia vida, encontró a otro “Patrón” (así llamaba a Dios) y le donó, antes que el propio trabajo, los latidos más profundos de su corazón y todos sus pensamientos. Así, mientras realizaba con alegría las tareas más humildes, fue capaz de prodigar ternura y cariño a manos llenas, con sobriedad y sencillez. Bakhita sirvió al Señor a lo largo de casi cincuenta años. Renovar el propio sí al Señor cada día es dirigirse hacia la eternidad. Para ella, mirar hacia delante no significaba olvidar el pasado, sino más bien transfigurarlo, redimirlo con la libertad del amor.

Bakhita, al final de su vida, expresaba con estas simples palabras, escondidas detrás de una sonrisa, la odisea de su vida: “Me voy despacio, paso a paso, porque llevo dos grandes maletas: en una van mis pecados, y en la otra, mucho más pesada, los méritos infinitos de Jesús. Cuando llegue al cielo abriré las maletas y diré a Dios: Padre eterno, ahora puedes juzgar. Y a San Pedro: cierra la puerta, porque me quedo”.

La Madre “Moretta”, como la llamaban los habitantes de Schio, fue beatificada junto con el beato Josemaría, fundador del Opus Dei, el 17 de mayo de 1992. Para todos nosotros fue una experiencia inolvidable. Desde aquel día, comencé a sentirla muy cercana. Por este motivo, hoy es, también para mí, un día de gran alegría. El ejemplo heroico de Bakhita, de los mártires de China, de Katherine Drexel y de María Josefa del Corazón de Jesús muestran a los hombres el rostro glorioso de Cristo, que triunfa en la caridad. Cada canonización es la celebración de la santidad de la Iglesia, del prodigio continuo de la suprema belleza que la Esposa de Cristo irradia sobre el mundo. Y es siempre una fiesta para toda la Iglesia.

Estatua de san Josemaría en Marsella

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Mons. Javier Echevarría, prelado del Opus Dei, bendecirá una estatua de San Josemaría, obra del escultor Louis Taddeï, en la Basílica del Sagrado Corazón, en Marsella. El cardenal Bernard Panafieu, arzobispo de Marsella, presidió el acto.

Opus Dei -

Mons. Javier Echevarría, prelado del Opus Dei, ha viajado a Francia para participar en la ceremonia que tendrá lugar el sábado 18 de junio, a las 19 horas, en la Basílica del Sagrado Corazón, en Marsella.

La colocación y bendición de la monumental estatua de san Josemaría se produce pocos días antes de la celebración del 30 aniversario de la marcha al Cielo del fundador del Opus Dei. Mons. Echevarría ha querido estar presente en esta ceremonia que representa un reconocimiento significativo a la figura de san Josemaría, que tanto amó y rezó por Francia. El actual prelado del Opus Dei fue testigo directo de este especial afecto ya que fue estrecho colaborador del fundador desde 1953 hasta su muerte, en 1975.

Virginie Pappalardo, responsable de información del evento, explica que la idea de dedicar una estatua a san Josemaría surgió en el 2002, con ocasión de la canonización del fundador del Opus Dei. Días antes del 6 de octubre, “miles de personas partieron del puerto de Marsella en dirección a Roma para asistir a la canonización y, observando la fe de tanta gente, nos dimos cuenta de que era un santo con una gran devoción y reconocimiento también en Francia”.

Noticias de la Causa

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El 27 de marzo de 2009 comenzó en Valladolid el proceso de canonización de Encarnita Ortega Pardo, una de las primeras mujeres del Opus Dei.

El 26 de marzo de 2009 se celebró en el Colegio Alcazarén de Valladolid la Primera sesión de la Causa de Canonización, presidida por el arzobispo de la ciudad, monseñor Braulio Rodríguez Plaza.


Comienza en Valladolid el proceso de canonización de Encarnita Ortega Pardo, una de las primeras mujeres del Opus Dei.

Noticias de la Causa

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La Congregación para las Causas de los Santos, organismo de la Iglesia que instruye los procesos de canonización, aprobó que para el estudio de la vida de don Álvaro del Portillo se abrieran dos tribunales: uno de la diócesis de Roma; y otro de la Prelatura del Opus Dei.

El 5 de marzo de 2004 tuvo lugar la sesión de apertura del tribunal del Vicariato de Roma. El cardenal Camillo Ruini, vicario del Santo Padre para la diócesis de Roma, presidió el acto.

El 20 de marzo, el prelado del Opus Dei presidió la apertura del tribunal de la Prelatura.

El proceso del Vicariato fue clausurado el 26 de junio de 2008 en el palacio del Laterano y el tribunal de la Prelatura clausuró sus sesiones el 7 de agosto dl mismo año.

Terminada la fase diocesana del proceso, el próximo paso será la elaboración de la positio, una biografía del candidato a los altares que debe demostrar que éste ha vivido en grado heroico las virtudes cristianas. Lapositio ha de ser presentada por el postulador de la causa de canonización: en el caso de Álvaro del Portillo, el postulador es Monseñor Flavio Capucci. La positio es enviada luego a la Congregación para las Causas de los Santos para que la estudie y emita su dictamen.


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