Fines exclusivamente espirituales

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“La herencia de Mons. Escrivá de Balaguer”, escrito por Luis Ignacio Seco.

La responsabilidad personal de un miembro del Opus Dei es completa: ante su propia conciencia, ante los demás ciudadanos, ante el colegio profesional, sindicato o partido político a que pertenezca, ante las leyes civiles de su propio país. Por eso en su actividad pública, del tipo que sea, no representará jamás al Opus Dei, ni podrá actuar nunca en su nombre. Sus éxitos y sus fracasos serán siempre suyos, personales e intransferibles, pero no del Opus Dei, al cual le seguirá interesando siempre y solamente, en uno u otro caso, el progreso espiritual de esa persona.

«Sería absurdo e incluso molesto –escribía Mons. Herranz, en Nuestro Tiempo, en abril de 1957– que alguien felicitase a la Obra considerando como un triunfo del Opus Dei el éxito profesional, económico o político de algunos de sus miembros. No se enorgullece el Opus Dei, porque la gloria, el honor o lo que sea –si existe y si se merece– serán de la persona, nunca del Opus Dei, que no busca, ni quiere, ni acepta ningún provecho humano».

«No puede sorprender a nadie –dijo en cierta ocasión el Vicario Regional de la Prelatura en Alemania que cualquier persona del Opus Dei, en cualquier país, haga uso del derecho de sostener o defender opiniones que en conciencia considere acertadas. En este sentido, hay ciertamente diversidad de opiniones y divergencias políticas entre los miembros del Opus Dei. Esa realidad, basada precisamente en el derecho que tiene cada uno de defender sus opiniones personales, a la vez que respeta las de los demás, es una consecuencia del espíritu de libertad en que el Opus Dei forma a sus miembros». (Comunicado oficial recogido por el Informations–dienst de la agencia alemana KNA, el 18 de junio de 1960).

«He escrito hace tiempo –decía Mons. Escrivá de Balaguer a Julián Cortés Cavanillas en 1971– que, si alguna vez el Opus Dei hubiera hecho política aunque fuera durante un segundo, yo –en ese instante equivocado– me hubiera marchado de la Obra. Por tanto no debe ser creída ninguna noticia en la que puedan mezclar la Obra con cuestiones políticas, económicas ni temporales de ningún género. De una parte, nuestros medios son siempre limpios, y nuestros fines son siempre y exclusivamente sobrenaturales. De otra parte, cada uno de los miembros tiene la más completa libertad personal, respetada por todos los demás, para sus opciones ciudadanas, con la consiguiente responsabilidad, lógicamente también personal. Por tanto, no es posible que el Opus Dei se ocupe jamás de labores que no sean inmediatamente espirituales y apostólicas, que nada tienen que ver con la vida política de ningún país. Un Opus Dei metido en la política es un fantasma que no ha existido, que no existe y que nunca podrá existir: la Obra, si sucediera ese caso imposible, inmediatamente se disolvería».

Por su parte el norteamericano Dennis H. Helming termina así su testimonio personal:

«¿Qué influencia, pues, tiene el Opus Dei en mi vida? Busco su consejo espiritual, porque lo necesito y lo quiero. ¿Procuro ayudar a los demás por el mero hecho de pertenecer a la Obra? No. En todo momento cada miembro del Opus Dei mantiene su propia personalidad. No podría ser de otra manera. Por eso, yo no represento jamás al Opus Dei. Soy lo que soy, lo que he elegido ser, y yo sólo he de pechar con toda la responsabilidad de mis propias acciones y decisiones. Si me equivoco, soy yo quien merezco reproches. Si hago algo bien, preferiré que el mérito se atribuya a Dios, por Quien y con Quien lo hice. El Opus Dei me enseñó a dar valor sobrenatural a lo que hice y me animó a realizarlo. Pero fui yo quien lo hizo, porque quise. Aunque no sea menos cierto que no lo hubiera hecho así –o que tal vez no lo hubiera hecho en absoluto sin esa ayuda espiritual».

Podemos concluir, entonces, con dos afirmaciones evidentes. La primera es que sólo puede ser del Opus Dei quien comprenda su esencia sobrenatural, y entienda la libertad con plena responsabilidad personal. Y la segunda, que una institución de este tipo, cuya diversidad resulta naturalmente tan compleja, sólo puede ser dirigida, a nivel mundial, regional o local, con una «organización desorganizada». Porque en la «desorganización» está precisamente la libertad de cada miembro del Opus Dei.


Las huellas de un santo del seminario de Logroño

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El obispo de la diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño y el Prelado del Opus Dei intervinieron en un acto celebrado en el seminario de Logroño. En esta ciudad, san Josemaría vio su llamada y dio sus primeros para el sacerdocio.

Opus Dei - Mons. Búa y Mons. Echevarría, en el seminario de Logroño.

Mons. Búa y Mons. Echevarría, en el seminario de Logroño.

El Seminario Diocesano de Logroño acogió el pasado sábado un acto académico sobre la figura sacerdotal de san Josemaría. En esta ciudad vio el fundador del Opus Dei su llamada al sacerdocio -a raíz de las huellas en la nieve que dejaba un religioso- y en su seminario se formó entre 1918 y 1920.

Este acto, organizado por la Diócesis, estuvo presidido por el obispo Mons. Ramón Búa. Intervinieron además Mons. Javier Echevarría, prelado del Opus Dei; y José Luis Illanes, profesor ordinario de Teología de la Universidad de Navarra.

Mons. Ramón Búa destacó la importancia que tiene para la historia del seminario riojano “las huellas, los vestigios de santidad que quedaron impresas en nuestra ciudad por el paso del santo recientemente canonizado por la Iglesia”. “Es un santo nuestro, un santo que tenemos que hacer cosa nuestra, propuesto como modelo cercano”

También destacó la “cercanía que el Opus Dei tiene con todos nosotros facilitando ayuda espiritual a tantos sacerdotes y seglares de nuestra diócesis. A tantos que quieren responder a ese carisma de la santidad en lo ordinario”.

La segunda intervención correspondió a D. José Luis Illanes que desde una perspectiva histórica destacó la importancia que tuvieron para San Josemaría sus años de adolescente en Logroño. “Desde una perspectiva cronológica, en los años de Logroño, se consolidó su personalidad, pasando desde la adolescencia a la juventud. Fueron los años en que Dios, sirviéndose del frío de una mañana de invierno, se introdujo con gesto señorial en su existencia, haciéndole barruntar una misión”.

El profesor Illanes recordó muchos pequeños sucesos y acontecimientos familiares que sirvieron de contexto para enmarcar la importancia que tuvo lo ordinario en la vida del santo durante esos años. Terminó su intervención remarcando que “los años de Logroño, constituyen, con plena verdad una encrucijada –e incluso la encrucijada decisiva- en la vida de San Josemaría. Fue entonces Dios quién comenzó a marcarle un rumbo del que no debía apartarse en lo sucesivo. Y del que, de hecho, no se apartó jamás”.

Opus Dei - Intervención del Prelado del Opus Dei.

Intervención del Prelado del Opus Dei.

Virtudes sacerdotales
Mons. Javier Echevarría, prelado del Opus Dei, aludiendo a la predicación de San Josemaría sobre el sacerdocio, quiso hacer en su intervención un recorrido por los aspectos más relevantes de la identidad del sacerdote: la santidad sacerdotal como don y tarea, las virtudes humanas, el fundamento de la humildad, la caridad pastoral y la fraternidad sacerdotal.

“San Josemaría –señaló– quiso identificarse con Cristo, ser el mismo Cristo, en el ejercicio del ministerio sacerdotal y en toda su existencia. De ahí su vida de oración, su celebración pausada de la Misa, su ‘necesidad’ de permanecer largos ratos junto al Sagrario; y, al mismo tiempo, su urgencia por buscar a las almas para conducirlas, en Cristo, por caminos de santidad”.

Al destacar la caridad pastoral como una de las virtudes importantes para el sacerdote señaló como ejemplo a “San Josemaría, en sus andanzas por los barrios extremos del Madrid de los años 20 y 30, en perenne contacto con la pobreza y la enfermedad, atendiendo a los moribundos, confortando a los enfermos, ilustrando a los niños y a los adultos con la doctrina cristiana. Así gastó su existencia hasta la última jornada: siempre pendiente de los demás, cercanos y lejanos, conocidos y desconocidos: rezaba y se sacrificaba gustosamente por todas las almas, sin excepción”.

Desde la tahona

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Victoria Torres Navalón, nació y vive en Mondéjar, provincia de Guadalajara (España) hace 72 años. Es panadera y a su edad sigue con una actividad y ánimo extraordinarios. Tiene 4 hijos y 12 nietos. Es locuaz, divertida y muy popular entre los 3.000 habitantes de su pueblo

Victoria es supernumeraria del Opus Dei desde 1978. Hace muchos años, más de 40-todavía vivía Josemaría Escrivá de Balaguer-, leyó en el periódico una entrevista con el Fundador del Opus Dei. Sus palabras le llamaron la atención y se dijo “esto es lo mío”. Pocos años después, llegó a su pueblo un sacerdote del Opus Dei, más tarde conoció a algunas personas de la Obra y a través de ellas comprendió el mensaje de la santificación en el trabajo.

Un trabajo que en su caso es la panadería. Se hizo cooperadora del Opus Dei y más tarde pidió la admisión. Ahora Victoria está jubilada pero ha dedicado 31 años a la tahona que era de sus padres. Es una buena repostera, aprendió entre otras cosas a hacer tortas y rosquillas con la receta de su abuela, ahora las hace su hija, quien junto a una de sus nietas, está al frente de la tienda.

“A todos los que vienen a comprar les hablo de Jesucristo, intento no perder ocasión para acercar a la gente a Dios porque mi ilusión es salvar almas”

Además de sacar adelante a su familia, el trabajo detrás del mostrador le ha permitido, en estos años, estar en contacto con muchas personas: gente del pueblo y forasteros. “A todos los que vienen a comprar les hablo de Jesucristo, intento no perder ocasión para acercar a la gente a Dios porque mi ilusión es salvar almas”, señala.

Esa preocupación apostólica le ha llevado también a dedicar tiempo a impartir catequesis a niños en la parroquia de su pueblo, ahora da a niños que ya han hecho la primera comunión y siguen aprendiendo el catecismo. También tiene una gran dedicación a  acompañar a algunos enfermos y ancianos, acudiendo a una residencia de ancianos, al hospital o a sus domicilios; ha ayudado a muchos a morir cristianamente, y facilitándoles que pudieran recibir los Sacramentos. “Yo les leía un examen de conciencia y cuando estaban preparados, llamaba al sacerdote”.

Ha organizado desde su pueblo, viajes a Roma y peregrinaciones y no escatima esfuerzos para ayudar a quien lo necesita.

Victoria confiesa que “en mi vida cristiana ha sido fundamental la ayuda espiritual que me da la Obra para realizar mi trabajo y atender a mi familia”. Victoria tiene mucha devoción  a San Josemaría, a quien atribuye una sorprendente mejoría de una grave enfermedad que tuvo hace años.  


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