«Terriblemente exigente y terriblemente libre»

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“La herencia de Mons. Escrivá de Balaguer”, escrito por Luis Ignacio Seco.

–¿En qué se basa fundamentalmente el apostolado del Opus Dei?

–Creo que en la amistad y en un auténtico cariño… –dice María Luisa, profesora universitaria–. Me ha pasado en muchas ocasiones empezar a hablar con algunas universitarias y te encuentras que lo que tienen es un problema de confusionismo terrible. A mí me indignan cuando se habla de las generaciones jóvenes. ¡Pero si no les ha dado tiempo a hacer muchas tonterías! ¡Las tonterías las hemos hecho los mayores! Pienso que tenemos que recordar cómo éramos nosotros cuando no teníamos nada que conservar y todo por hacer… Y la experiencia que tengo es que cuando te ven que vives con autenticidad y les explicas las razones de tu actitud, te aceptan siempre.

–¿No resulta difícil vivir en su posición la virtud de la pobreza?

–Pasa lo mismo que con otras virtudes. Hay que vivirla de cara a Dios y es muy personal. A mí nadie me ha dicho que tenga que aportar una cantidad determinada al mes, porque eso dependerá exclusivamente de mi generosidad. Por supuesto, la pobreza la tienes que vivir tú, no tu marido ni tus hijos. Para una persona será prescindir de un perfume o de una marca de cigarrillos, o de la merienda, o de los vestidos de modisto. Cada uno conoce sus puntos débiles y, como todo, creo que es un problema de no escurrir el bulto. La pobreza del Opus Dei está hecha de muchas cosas pequeñas y de muchas cosas que cuestan.

–¿Y no se puede desvirtuar la vocación en un momento dado?

–Bueno… depende de la exigencia, claro, porque desde luego la libertad es terrible. Éste es un examen que se tiene que hacer cada uno. Pero creo que resulta muy difícil aburguesarse dentro del Opus Dei, por los medios de formación, que te van recordando tu entrega y tu amor a Dios constantemente… Además existe una dirección espiritual muy personal, donde te van ayudando y exigiendo. Esto te hace estar al día. Además el OpusDei es una familia y sientes el cariño de la gente que te rodea… si pasas una temporada difícil, sabes que cuentas siempre con la oración y el cariño de todos. Y desde luego, la situación de una persona aburguesada es insostenible. Se marcharía sola, porque además la puerta está completamente abierta para salir. Cuando llevas unos cuantos años encuentras que tienes todo el cariño, la comprensión y la ayuda, pero que todo depende de ti. Yo diría que el espíritu del Opus Dei es terriblementeexigente y terriblemente libre. A mí lo que más me impresiona es que estoy aquí porque me da la gana y soy responsable de mis actos.

–¿Y evolucionará con los años ese espíritu del Opus Dei?

–Cambiarán las personas –concluye María Luisa–, pero el espíritu seguirá siendo el mismo, porque es la doctrina de la Iglesia, el querer de Dios y los medios tradicionales de piedad. Esto no puede cambiar. Yo me río, porque pienso que muchas cosas que vivo perteneciendo al Opus Dei las he aprendido de mi abuela. No defiendo la doctrina del Opus Dei, sino la doctrina de la Iglesia. Y hay una serie de temas que no cambiarán nunca, coma puede ser el tema del matrimonio. Yo di una serie de charlas a universitarias y lo entendían perfectamente. Comentaban que era muy duro, y estoy de acuerdo. El matrimonio es un camino de santidad y esto es exactamente igual para unos que para otros.

«Entusiasmarlas con este trabajo»

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“La herencia de Mons. Escrivá de Balaguer”, escrito por Luis Ignacio Seco.

A mí me parece –dice Salomé, la empleada del hogar– que para que haya amistad, a las personas las tiene que unir algo, y, por supuesto lo que más nos puede unir es el trabajo. Por eso las amigas que tengo son también empleadas del hogar, como yo. Lo primero que hago es entusiasmar a mis amigas con este trabajo… No les puedo hablar de que lo santifiquen sino les gusta, si no lo quieren… Hay que empezar por la base y explicarles la importancia y la dignidad que tiene dentro de la familia. Les insisto mucho en el sentido de que traten de especializarse. El prestigio no nos lo va a dar nadie si no nos lo damos nosotras mismas… Luego les explico las alegrías que pueden dar en una casa, lo felices que pueden hacer a la gente que allí vive, les enseño lo que he aprendido… Entiendo la amistad así, como un lazo muy fuerte. Les hablo de que con el trabajo que ellas tienen y que hacen todos los días, pueden ser santas. Les explico que hay que procurar hacer este trabajo con la mayor perfección posible para poder de esta manera ofrecérselo a Dios…

En general –añade Salomé– suelen entender bien el Opus Dei. Muchas amigas mías que no pertenecen al Opus Dei se parten la cara por defenderlo. Una vez les comenté que después de conocer el Opus Dei tan bien como ellas lo conocían, después de conocer los fines sobrenaturales y la sencillez de su espíritu, que no es más que vivir bien las enseñanzas del Evangelio, no podían consentir algunas barbaridades que se oyen a veces por ahí, sin darse cuenta del dado que pueden hacer… Pues una amiga mía de diecisietc años estaba sirviendo la mesa. Sus señores tenían gente para cenar y empezaron a hablar del Opus Dei. Comentaban que todos eran banqueros, políticos, y que .sólo les importaba el dinero y la política. Entonces esta chica les dijo que eso no era verdad, que ella asistía a una Escuela de Hogar y Cultura y que conocía a montones de chicas del Opus Dei que eran empleadas del hogar y que lo único que les importaba era la vida interior, la formación. Luego me comentaba que ni sus señores ni sus amigos volvieron a hablar para nada de esté tema. “Yo me acordaba de todo lo que tú nos habías dicho, y ¿cómo me iba a quedar callada?”… Mis amigas descubren unos horizontes infinitos. Les suele impresionar mucho cuando les hablo de filiación divina. Les explico que a Dios hay que hablarle como a un Padre, y tratar de portarnos bien, no por miedo a que nos vaya a castigar, sino porque le queremos… Generalmente les llama la atención el interés que demuestra el Opus Dei en ayudarles espiritualmente.

Actividad apotólica del Opus Dei en Hungría.

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La actividad apostólica del Opus Dei en Hungría comenzó de modo estable en 1990. Ofrecemos algunos apuntes con motivo del reciente viaje del Prelado a Budapest.

Desde 1990 muchos húngaros han podido conocer con más profundidad el mensaje de la santificación de la vida ordinaria.

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Es el caso de los estudiantes que pasan sus años universitarios en las residencias Orbánhegy y Fenyvesliget. “Hay mucha gente aquí en Hungría que espera que vosotros les llevéis a Cristo. ¡Eso es verdadera amistad!”, dijo el Prelado a los estudiantes de Orbánhegy en su viaje a Budapest a finales del mes pasado.

Opus Dei - Residentes de  Fenyvesliget cantaron al Prelado una canción típica.

Residentes de Fenyvesliget cantaron al Prelado una canción típica.

En Fenyvesliget las residentes le recibieron con los trajes típicos del país y con canciones populares. “También Jesús fue joven como vosotros. Cuando estudiéis o trabajéis, cuando estéis haciendo deporte o divirtiéndoos, preguntaos: ¿Lo haría Jesús así como lo estoy haciendo yo ahora?”

El Prelado recomendó al grupo de mujeres que participan en los medios de formación cristiana que se ilusionen por compatibilizar su vida profesional y familiar “con paz, en la presencia de Dios, y haciendo las cosas con la mayor perfección posible para poder convertirlo en oración”.

Opus Dei - Con una  familia de Budapest.

Con una familia de Budapest.

También algunos sacerdotes diocesanos de Hungría han encontrado ayuda en el espíritu que difundió san Josemaría. A un grupo, monseñor Echeverría les aconsejó “ser muy fieles al Obispo, cuidar la amistad con los hermanos en el sacerdocio -sobre todo con los que están solos o enfermos-, rezar mucho por los demás y especialmente por Papa”.

El Prelado acudió a rezar a la iglesia de Santa Anna (Belvárosi Szent Anna Templom), templo que el Obispo local ha confiado a sacerdotes de la Prelatura.

Es la tercera vez que el Prelado acude a visitar a los fieles y amigos del Opus Dei a Budapest. Las anteriores fueron en 1995 y 2005.

Así le vieron

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Un libro que recoge testimonios sobre el Fundador del Opus Dei

Buscando a Dios en el trabajo ordinario, de Cardenal Albino Luciani (Patriarca de Venecia)

Una amistad de 43 años, de Mons. Pedro Altabella. Canónigo de San Pedro de Roma. Doctor en Teología y Derecho Canónico.

Amigo de la libertad, de Manuel Aznar, Periodista

Un viraje de espiritualidad, del Cardenal Sebastiano Baggio, Prefecto de la S. congregación para los Obispos

Imitando a Monseñor Escrivá he aprendido de nuevo a creer, de Peter Berglar, Profesor Ordinario de Historia Moderna De la Universidad de Colonia

Un santo de nuestro tiempo, de Félix Carmona Moreno, O. S. A.

Un hombre de fe, de Mons. Laureano Castán Lacoma, Obispo de Sigüenza (Guadalajara)

Ese “siervo de Dios”, tan delicadamente Padre, de Cesare Cavalleri, Director de la revista «Studi Cattolici» y crítico literario

Un trabajador de Dios, de Juan de Contreras y López de Ayala, Marqués de Lozoya

Monseñor Escrivá, peregrino de Fátima, de Mons. Alberto Cosme do Amaral, Obispo de Leiria

Un hombre que sabía querer, de Álvaro Domecq, Rejoneador y ganadero

Actitud eclesial del mensaje de Josemaría Escrivá, de P. Ambrogio Eszer, O. P. Relator General de la Congregación para las Causas de los Santos

Un maestro de la libertad cristiana, de Cornelio Fabro. Profesor Ordinario de Filosofia
en la Pontificia Universidad Lateranense y en la Universidad de Perugia

La llamada universal a la santidad, de Antonio Fontán. Catedrático de Filosofía Latina de la Universidad Complutense

El Padre en mi vida, de Ángel Galíndez, Ingeniero Agrónomo. Presidente del Consejo de Administración del Banco de Vizcaya

Mi encuentro con Monseñor Escrivá de Balaguer, de Víctor García Hoz. Catedrático de Pedagogía en la Universidad Complutense de Madrid

El secreto de una vida santa, de Manuel Garrido Bonaño, O. S. B. Profesor de Liturgia en la Facultad de Teología del Norte de España

El Padre Escrivá, de José A. Giménez–Arnáu, Embajador de España

¿Cuál sería su secreto?, de Cardenal Marcelo González Martín, Arzobispo de Toledo Primado de España

Creo que conocí a un santo, de Mons. William Gordon Wheeler, Obispo de Leeds

Un guía espiritual para nuestro tiempo, de Tatiana Goritscheva, Periodista y escritora rusa

Un apóstol de la amistad, Mons. Franz Hengsbach, Obispo de Essen

Corazón universal, de Juan Hervás, Obispo dimisionario de Ciudad Real

Un proyecto de renovación en el corazón del mundo contemporáneo, de Cardenal Franz Konig, Arzobispo de Viena

Recuerdos de una amistad, de Mons. Fray José López Ortiz, Arzobispo titular de Grado. Vicario General Castrense Emérito

Homenaje al Fundador del Opus Dei, del Cardenal Humberto Medeiros, Arzobispo de Boston

Un venerable siervo de Dios, de Mons. Jorge Medina Estévez, Obispo de Rancagua

La amistad que nos unió para siempre, del Cardenal Miguel Darío Miranda, Arzobispo Primado Emérito de México

Recuerdos de un corresponsal, de Eugenio Montes, De la Real Academia Española

Hablaba de lo que él mismo vivía, de Santos Moro Briz, Obispo dimisionario de Ávila

La enseñanza que tuve la suerte de recibir, de Covadonga O’Shea, Periodista. Directora de la revista «Telva»

Mi experiencia, de José Luis Olaizola, Escritor

Monseñor Escrivá de Balaguer y la Universidad, de Paul Ourliac, Miembro del Instituto de Francia

Las preguntas y respuesta de Pozoalbero, de José María Pemán, Escritor. Miembro de la Real Academia Española

Mis encuentros con su personalidad y su obra, de Mons. Johannes Pohlschneider, Obispo de Aquisgrán

Un santo de la vida corriente, de Cardenal Ugo Poletti, Presidente de la Conferencia Episcopal Italiana. Vicario General del Papa para la diócesis de Roma

En el aniversario de la muerte del Fundador de la Obra, de Cardenal Paul Poupard, Presidente del Consejo Pontificio de Cultura

Un recuerdo personal, de Eduardo Poveda, Obispo de Zamora

Monseñor Escrivá de Balaguer y el Opus Dei, de Mons. Antonio Quarracino, Obispo de Avellaneda. Secretario General del Celam

Mi testimonio sobre Monseñor Escrivá de Balaguer, de Silvestre Sancho Morales O.P. Rector de la Universidad Santo Tomás en Manila

Su amor a la virtud de la pobreza, de Cardenal Jaime Sin, Arzobispo de Manila

Evangelio y Vaticano II en el espíritu de Josemaría Escrivá de Balaguer, del Cardenal Ángel Suquía, Arzobispo de Madrid. Presidente de la Conferencia Episcopal Española

Una trayectoria espiritual, de Mons. Adolfo S. Tortolo, Arzobispo de Paraná. Presidente de la Conferencia Episcopal Argentina

La muerte de un gran aragonés, de José María Zaldívar, periodista

Una vida, un camino y una herencia, de Eduardo Zaragüeta, O. S. A.


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