¿Cómo se explica la resurrección de Jesús?

testimonio  Tagged , , , , , , No Comments »

Francisco Varo

La resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas. Los Apóstoles dieron testimonio de lo que habían visto y oído. Hacia el año 57 San Pablo escribe a los Corintios: «Porque os transmití en primer lugar lo mismo que yo recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; y que se apareció a Cefas, y después a los doce» (1 Co 15,3-5).

Cuando, actualmente, uno se acerca a esos hechos para buscar lo más objetivamente posible la verdad de lo que sucedió, puede surgir una pregunta: ¿de dónde procede la afirmación de que Jesús ha resucitado? ¿Es una manipulación de la realidad que ha tenido un eco extraordinario en la historia humana, o es un hecho real que sigue resultando tan sorprendente e inesperable ahora como resultaba entonces para sus aturdidos discípulos?

A esas cuestiones sólo es posible buscar una solución razonable investigando cuáles podían ser las creencias de aquellos hombres sobre la vida después de la muerte, para valorar si la idea de una resurrección como la que narraban es una ocurrencia lógica en sus esquemas mentales.

De entrada, en el mundo griego hay referencias a una vida tras la muerte, pero con unas características singulares. El Hades, motivo recurrente ya desde los poemas homéricos, es el domicilio de la muerte, un mundo de sombras que es como un vago recuerdo de la morada de los vivientes. Pero Homero jamás imaginó que en la realidad fuese posible un regreso desde el Hades. Platón, desde una perspectiva diversa había especulado acerca de la reencarnación, pero no pensó como algo real en una revitalización del propio cuerpo, una vez muerto. Es decir, aunque se hablaba a veces de vida tras la muerte, nunca venía a la mente la idea de resurrección, es decir, de un regreso a la vida corporal en el mundo presente por parte de individuo alguno.

En el judaísmo la situación es en parte distinta y en parte común. El sheol del que habla el Antiguo Testamento y otros textos judíos antiguos no es muy distinto del Hades homérico. Allí la gente está como dormida. Pero, a diferencia de la concepción griega, hay puertas abiertas a la esperanza. El Señor es el único Dios, tanto de los vivos como de los muertos, con poder tanto en el mundo de arriba como en el sheol. Es posible un triunfo sobre la muerte. En la tradición judía, aunque se manifiestan unas creencias en cierta resurrección, al menos por parte de algunos. También se espera la llegada del Mesías, pero ambos acontecimientos no aparecen ligados. Para cualquier judío contemporáneo de Jesús se trata, al menos de entrada, de dos cuestiones teológicas que se mueven en ámbitos muy diversos. Se confía en que el Mesías derrotará a los enemigos del Señor, restablecerá en todo su esplendor y pureza el culto del templo, establecerá el dominio del Señor sobre el mundo, pero nunca se piensa que resucitará después de su muerte: es algo que no pasaba de ordinario por la imaginación de un judío piadoso e instruido.

Robar su cuerpo e inventar el bulo de que había resucitado con ese cuerpo, como argumento para mostrar que era el Mesías, resulta impensable. En el día de Pentecostés, según refieren los Hechos de los Apóstoles, Pedro afirma que «Dios lo resucitó rompiendo las ataduras de la muerte», y en consecuencia concluye: «Sepa con seguridad toda la casa de Israel que Dios ha constituido Señor y Cristo a este Jesús, a quien vosotros crucificasteis» (Hch 2,36).

La explicación de tales afirmaciones es que los Apóstoles habían contemplado algo que jamás habrían imaginado y que, a pesar de su perplejidad y de las burlas que con razón suponían que iba a suscitar, se veían en el deber de testimoniar.

Testimonios públicos de judíos sobre San Josemaría

testimonio  Tagged , , , , , , No Comments »

A) Testimonio de Viktor E. Frankl
Judío, prestigioso psiquiatra y autor del libro “El hombre en busca de sentido”, donde relata sus terribles experiencias en un campo de concentración nazi

Debo al profesor Torelló que Monseñor Escrivá de Balaguer nos recibiera a mí y a mi mujer, y el haber tenido así ocasión de hablar con él un rato.

Si debo decir lo que de su persona me fascinó particularmente fue ante todo la serenidad refrescante que de él emanaba e iluminaba toda la conversación; después, el ritmo inaudito con que su pensamiento fluye y, finalmente, su asombrosa capacidad de contacto inmediato con sus interlocutores. Evidentemente Monseñor Escrivá vivía totalmente en el instante, se abría a él completamente y se entregaba a él del todo. En una palabra, para él debía poseer el instante todas las cualidades de lo decisivo (‘Kairos-Qualitätem’)

B) Testimonio de Julian L. Simon
Judío, profesor de Administración de Empresas en la Universidad de Maryland, doctor Honoris Causae por la Universidad de Navarra.
Se trata de una carta (22-IX-1997) dirigida al Editor del Washington Post Book World, a raíz de la reseña de la versión inglesa del libro de María del Carmen Tapia. Traducimos algunos párrafos:
Las personas del Opus Dei que conozco, nunca me han preguntado por mis creencias religiosas. Creo adivinar dos razones para su comportamiento: 1) la delicadeza, porque saben que soy judío; y 2) la sensación de que soy una persona irreligiosa por naturaleza. Ellos simplemente me tratan como una persona de bien que les ha provisto de unos conocimientos científicos que encuentran valiosos. (…)

La mayoría de esas personas deslizan en ocasiones una consideración espiritual que yo no comparto. Pero esa espiritualidad no se ve diferente que la exhibida por muchas personas religiosas que conozco de diversas denominaciones.

C) Rabino Prof. Angel KREIMAN BRILL
Presidente de la Confraternidad Judeo-Cristiana de Chile y delegado para Hispanoamérica del International Council of Christian and Jews.

Es un rabino, cooperador del Opus Dei. Publicó un libro (La Iglesia dialoga con la sinagoga) que quiso presentar en el Congreso sobre el centenario del nacimiento de San Josemaría Escrivá, que organizó la Universidad Austral de Argentina el 29 de junio. El libro fue presentado por el arzobispo de La Plata, monseñor Héctor Aguer.

Ángel Kreiman es argentino y vivió en su tierra hasta el fallecimiento de su esposa Susy en el atentado contra la sede de la AMIA, Institución central de la Comunidad Judía de Argentina. Kreigman vive actualmente en Chile, donde fue Gran Rabino durante veinte años.

Además de abogado y doctor en jurisprudencia, el autor es «doctor honoris» causa en Teología por el Seminario Teológico de América.

Cuando le preguntan a Kreiman Brill por qué es cooperador del Opus Dei, el rabino contesta: «Me motiva de manera especial la idea de santificar el trabajo y hacer presente a Dios, en cada una de nuestras actividades tratando de perfeccionarnos y perfeccionar la obra del Creador por ser nosotros cooperadores o socios de Dios en la obra de la creación».

A continuación, transcribimos el contenido de su intervención “El trabajo santo y la santidad del trabajo”.
El Señor Todopoderoso se manifestó como Creador de la Humanidad haciendo su trabajo durante seis días. Según la tradición de Israel, el instrumento de trabajo con que realizó su labor es su Verbo, la Torah, anterior a la Creación misma, pero esencia del Creador. Toda la Creación fue hecha para goce y regocijo del ser humano, que lleva la imagen y semejanza de Dios. Y la obra del Creador finalizó con la creación del descanso llamado Shabbat. “Se trabajará seis días, pero día séptimo será día de descanso completo, dedicado a Yahveh… Los hijos de Israel guardarán el sábado y lo celebrarán por todas las generaciones… Será entre mí y ellos una señal perpetua, pues en seis días hizo Yahveh los cielos y la tierra, y el séptimo día cesó en su obra y descansó” (Éxodo, XXXI, 15-17).

Como precepto más sagrado de la religión judía, la observancia del descanso sabático está basada, pues, en el deber de trabajar durante seis días, los mismos que había durado la Creación. Según el Génesis, Dios puso al hombre en el jardín de Edén para que lo cuidase y cultivase. Por tanto, considerado en su origen, el trabajo no es un castigo, sino un deber que lleva consigo la bendición divina.

Esto es lo mismo que nos dice Mons. Escrivá de Balaguer en el número 482 de su libro Surco: “El trabajo es la vocación inicial del hombre; es una bendición de Dios, y se equivocan lamentablemente quienes lo consideran un castigo. El Señor, el mejor de los padres, colocó al primer hombre en el Paraíso ‘ut operaretur’, para que trabajara”.

Cuando el cuarto precepto del Decálogo dispone (Ex. XX, 9 y s.): “Seis días trabajarás, y en ellos harás todas tus obras; pero el séptimo día es día de descanso, consagrado a Yahveh, tu Dios”, está dejando muy claro que no es posible cumplir con el precepto del Shabbat si no se ha cumplido antes el deber de trabajar.

Cumplir bien este deber es tanto como santificar el trabajo, y con ello actuar el hombre según su condición de imagen y semejanza de Dios. Así lo explica también el Beato en el núm. 520 del mismo libro: “Algunos se mueven con prejuicios en el trabajo: por principio, no se fían de nadie y, desde luego, no entienden la necesidad de buscar la santificación de su oficio. Si les hablas, te responden que no les añadas otra carga a la de su propia labor, que soportan de mala gana, como un peso. –Ésta es una de las batallas de paz que hay que vencer: encontrar a Dios en la ocupación y -con Él y como Él- servir a los demás”.

En hebreo, la palabra correspondiente a “trabajo” –avat– se aplica también al culto religioso; de tal manera que entendemos la adoración como trabajo santo, y el trabajo mismo como santa adoración. En Pirke Avot, el tratado ético del Talmud, Rabi Shimon el Justo dice: “Sobre tres pilares se sostiene el mundo: la Torah [Ley, Luz, Verbo Divino, Pentateuco]; la Avoda [trabajo, culto divino, servicio], y la práctica del bien entre los hombres”. Este principio talmúdico nos está dejando claro que el verdadero servicio a Dios se logra a través de la santificación del trabajo diario.

Por su parte, el Beato relaciona el trabajo con la oración cuando en Surco, núm. 497, dice: “Trabajemos, y trabajemos mucho y bien, sin olvidar que nuestra mejor arma es la oración. Por eso, no me canso de repetir que hemos de ser almas contemplativas en medio del mundo, que procuran convertir su trabajo en oración”.

En otro párrafo del tratado antes citado, Rabi Tarfón escribe: “El día es corto; el trabajo, inmenso; los obreros, indolentes; el salario, considerable, y el Empleador [divino], exigente”. Por ello se entiende que Mons. Escrivá de Balaguer diga en el núm. 49 de Forja “Cualquier trabajo, aun el más escondido, aun el más insignificante, ofrecido al Señor, ¡lleva la fuerza de la vida de Dios!”.

Queda claro, por tanto, que el hombre es socio de Dios en la Creación, y continúa Su obra mediante su trabajo diario. Como conclusión, debemos entender que, si bien son mucho los conceptos del Beato basados en la tradición talmúdica, que muestran su profundo conocimiento de lo judío y su “amor apasionado”, como él decía, por Jesús y María, lo que acerca más al Opus Dei al Judaísmo religioso es, indudablemente, la vocación de servir al Dios Creador por medio del trabajo creativo del hombre, y perfeccionar cada día la obra del Creador a través del perfeccionamiento del hombre en su trabajo.

D) Simón Hassán Benasayag
Presidente de la Comunidad Israelita de Sevilla en 1992
Palabras publicadas en el ABC de Sevilla, el 12 de enero de 1992, pag. 40, en un artículo que llevaba como título “Respeto a la verdad”:

“Parecía que ya no se podría decir nada nuevo sobre el Opus Dei y la invención del nazismo o antisemitismo del fundador alcanza las cumbres más altas de la fantasía. Por lo que me consta, el fundador del Opus Dei no habló nunca mal de los judíos; está claro que a monseñor Escrivá se le quiere identificar, aprovechando la noticia de su beatificación, con el nazismo y posturas ideológicas de este signo”.

E) Ben Haneman
Médico y profesor en la Facultad de Medicina de la Universidad de New South Wales. Actualmente, vive en Sidney, Australia.

“Por ser judío, creo en Dios y, por tanto, en el hombre y su espiritualidad. Cualquier iniciativa guiada por motivos espirituales más que materiales, tiene automáticamente mi ayuda. En las labores educativas promovidas por personas del Opus Dei encontré hombres y mujeres preparados que desempeñan su trabajo con este fin: inyectar vida espiritual a este mundo nuestro. Congenio muy bien con este ideal. Ser cooperador ha sido para mí una gran ayuda, mi vida se ha enriquecido y no me ha supuesto ningún problema con respecto a mi condición de judío”.

Louise Lalu: mi vida

testimonio  Tagged , , , , , , , No Comments »

Louise Lalu, médico congoleña, ha presentado los proyectos del Proyecto Harambee en diversas ciudades españolas.

Opus Dei -

Mis padres

Soy de Lodja, un pueblecito del  Kasai Oriental, en la República Democrática del Congo. Mis padres, siguiendo la costumbre, se casaron muy jóvenes, y formaron una familia muy unida y muy numerosa. Dios le dio doce hijos, de los que vivimos diez. Se esforzaron por educarnos con un profundo sentido cristiano según la fe protestante. “¡Eres la campanilla de la casa!”, me decía mi padre riéndose, porque nos levantábamos muy pronto para rezar, a las seis de la mañana, y yo, que era la primera que me despertaba, saltaba rápidamente de la cama y empezaba a decir a mis hermanos:

-¡Levantaos, levantaos, vamos, vamos! ¡Que ya son las seis y es hora de rezar!

Mi madre, Marie-Josee, es una mujer fuerte, una materfamilias, que educó a su numerosa prole entre aluviones de cariño. Ese cariño tomaba unas veces la forma de besos y abrazos; otras veces, la de riñas y reprimendas por jugar y alborotar donde y cuando no debíamos; y otras veces –ay- tomaba la forma de palmetadas certeras y velocísimos cachetes, que intentábamos esquivar sin demasiado éxito. Es decir, nos educó como todas las buenas madres del mundo.

Mi madre con uno de mis hermanos

Opus Dei -

Mi padre, André Dimandja, que tiene ahora 57 años, es un hombre recto y bueno. Al recordar aquellos años de mi infancia, me viene a la mente una imagen suya que tengo grabada a fuego en la memoria. En África las casas están apretujadas entre sí, y era frecuente que escucháramos llorar a los niños de las casas vecinas, que se habían quedado solos en casa porque sus madres debían trabajar fuera para mantener a la familia. Mi padre no soportaba aquellos llantos:

-¿No escucháis como llora? Vamos –nos decía-, distraedle un rato, hasta que se calme.

Y en cuanto advertía que a un vecino le faltaba esto o aquello:

-¿No veis que el pobre está solo? ¿Por qué no vais a ayudarle?

Ese es el recuerdo más intenso de mi infancia: el afán de mi padre por consolar y ayudar a los demás en todo momento. Era maestro y daba clases en la escuela local a los alumnos de sexto de primaria, y… pero antes de seguir adelante, me gustaría hacer una precisión: cuando un europeo piensa en una escuela suele imaginarse un gran edificio lleno de pupitres, libros y lápices de colores. La realidad africana no suele ser así.

Opus Dei -

La escuela de mi pueblo era muy elemental, y estaba bastante vacía y desprovista, como tantas de África; y había muchos niños que no podían asistir a clase, porque no tenían dinero para pagar la matrícula, aunque ésta sólo era una pequeña cantidad, tan pequeña que a los ojos de un europeo podría parecer ridícula. Cuando mi padre se enteraba de que había un niño en esta situación, hablaba con el director:

-Si la familia de ese niño no puede pagar –le decía-, no os preocupéis; que el niño venga a clase; yo le pago la matrícula: me quitáis esa cantidad de mi sueldo y ya está.

En la escuela

Nosotros, al ser hijos de un maestro, teníamos la gran suerte de poder asistir gratuitamente a la escuela. Eso suponía un gran alivio económico para una economía como la nuestra, tan modesta que sólo nos permitía comprarnos algo de ropa nueva para fin de Año.

Mis padres hacían todo tipo de equilibrios para sacarnos adelante. Mi madre, por ejemplo, aprendió a elaborar un licor tradicional, hecho con maíz, con lo que se sacaba algún dinero para mantenernos en las cuestiones esenciales, que eran muy pocas. Los zapatos, por ejemplo, no entraban dentro de las cuestiones esenciales y por eso yo, al igual que mis hermanos y tantos niños de mi pueblo, iba descalza a la escuela. A mis padres les daba pena vernos así, pero éramos muchos en casa, y el sueldo de mi padre y los licores de mi madre no daban para más.

Opus Dei -

No hay mal que por bien no venga, dice un refrán castellano. Gracias a esa falta de calzado fui adquiriendo una gran habilidad para saltar de sombra en sombra, porque en África el sol recalienta la tierra a lo largo del día hasta convertirla en un horno ardiente.

Aprendí, en mis caminos de ida y vuelta a la escuela, a correr rápidamente, dando grandes saltos, desde la sombra del tejado de casa hasta la sombra del árbol más cercano; allí me detenía un rat¡to, hasta que se refrescaban las plantas de mis pies, casi chamuscadas y doloridas, y acto seguido me lanzaba, dando saltos, hacia la sombra siguiente. Así, dando grandes saltos, llegaba hasta la escuela, con la sensación del que camina sobre brasas…

La leche y el pan tampoco entraban dentro de las cuestiones esenciales: durante muchos años fueron para nosotros unos artículos de lujo, al alcance sólo de la gente rica, riquísima. Con gran esfuerzo, mi madre nos daba a veces un plátano para desayunar… cuando tenía dinero para comprarlo. Ahora pienso que si hubiéramos permanecido en la santa ignorancia, aquel ayuno hubiera sido menos duro para nosotros; lo malo es que luego, en clase, con el estómago vacío, el profesor nos hablaba –como materia de estudio- del pan y de la leche, productos que me parecían tan maravillosos como inalcanzables y lejanos.

Idas y venidas

Otra realidad maravillosa y lejana era la Escuela Secundaria. En nuestro pueblo no había y la de la ciudad, era alcanzable, pero estaba a siete kilómetros; siete kilómetros que comencé a recorrer cada día, en cuanto acabé la Primaria: siete kilómetros de ida y otros siete de vuelta, a través de la selva.

En Europa la selva es una especie de paraíso con pájaros y monos simpáticos, que la mayoría conoce sólo gracias al celuloide. Mi selva era mucho más real y concreta: tan real como los cementerios que se alojan en ella –porque se ponen siempre lejos de los poblados- a los que acuden toda clase de serpientes y bichos que merodean junto a las tumbas; y tan concreta como los leones que la pueblan; unos leones en libertad, no de zoológico, que me producían un pavor inmenso.

Cada viaje era una aventura. Mi padre me acompañaba hasta el lugar donde comenzaba la selva y allí me unía a un grupo de chicos que iban a mi misma escuela. Lo malo es que algunos días no iban, y entonces, mi padre tenía que acompañarme en el recorrido y volverse…

Opus Dei -

Fueron unos años muy duros: me levantaba y me ponía a caminar, con el estómago vacío, aquellos siete kilómetros, que recorría temblando de miedo. Luego asistía a las clases. Al terminar, otros siete kilómetros; y tras la comida en casa –bastante elemental- tenía que ponerme a estudiar.

Acabé desfallecida, como es lógico y no rendía en mis estudios. Muchas de mis amigas –las pocas del pueblo que habían decidido estudiar Secundaria- los dejaron, porque aquello las superaba.

El descubrimiento

Durante esas idas y venidas conocía a una chica, Colette Mpaka, de la que me hice muy amiga. – iba a un colegio católico, y un día me lo enseñó. Allí descubrí un tipo humano desconocido para mí hasta aquel momento: una monja católica, sor Jeanne Aliamutu.

Cuando mi amiga me la presentó, Sor Jeanne no podía creerse que yo, que parecía mucho más pequeña de lo que era en realidad, hubiera terminado la Enseñanza Primaria. Y me hizo una prueba: me trajo unos Evangelios en francés y me pidió que los leyera. Lo abrió al azar. Eran las Bienaventuranzas. Yo comencé a leer, ante su asombro:

- Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados…

A pesar de sus dudas iniciales hacia mí, aquella monja y aquel colegio me gustaron mucho. Más exactamente: muchísimo. Tanto, que en muy poco tiempo me planteé hacerme católica. Cuando lo hablé de mis planes, mi padre me dio la respuesta propia de un hombre de Dios, atento siempre a las mociones del Espíritu Santo:

-Si Dios te llama por ese camino, yo no quiero ser un obstáculo.

Asistí a la catequesis y me bauticé a los catorce años. Mi padre estaba muy contento.

Me dejó también que me fuera a vivir a aquel colegio, donde pude residir gracias a una beca. Allí pasé una etapa felicísima de mi vida. Podía estudiar con más facilidad y además los domingos cantaba en el coro de la parroquia, con otras cuatro amigas, que eran como yo, hijas de maestros; en su caso, de maestros católicos.

Así llegué hasta tercer curso de la Secundaria avanzando de forma algo desordenada en mis estudios, porque los años académicos iban variando según los caprichos del dictador del país: tan pronto se cerraba la Escuela, como se abría; y según las conveniencias políticas comenzaban las clases o se acababan.

Gracias a Dios, el párroco de la iglesia donde cantábamos nos animó mucho a las cinco chicas del coro a continuar con nuestros estudios y nos propuso que estudiáramos, mediante una beca que él nos proporcionaría a las cuatro chicas, en un internado católico que estaba en otra zona del país, tan alejada que se tardaban tres días en tren para llegar allí.

En aquel tiempo no era fácil conseguir el permiso de las familias para que los padres dejasen a sus hijas ir al internado. Ahora tampoco lo es, pero se han superado muchos prejuicios. Muchos padres ponían dificultades para que sus hijas estudiaran, porque pensaban que a una mujer le bastaba con aprender a coser y a limpiar la casa. Pero mi padre me dijo:

-Si ese internado te va a servir para tu mejorar formación, estoy de acuerdo.

El párroco, como he dicho, nos lo pagó todo de su bolsillo: el viaje y el uniforme del internado; las tres faldas, las tres blusas y las servilletas.

En el internado descubrí otro mundo; no sólo porque muchas de mis compañeras fueran de otro ámbito social –muchas procedían de familias ricas y adineradas- sino porque todo era diverso para mí: el clima, seco y frío; las costumbres; las comidas… Tan diferente era todo que de las cuatro chicas que fuimos, hubo dos que no lograron adaptarse y se volvieron al pueblo.

Prácticas de medicina

Allí terminé el Bachillerato y cuando el profesor nos preguntó que pensábamos estudiar después, le contesté, resuelta:

-Médica.

Esto no era nada nuevo. Había soñado dedicarme a la Medicina desde niña; y ya de pequeña, mientras mi amigas se dedicaban a otros juegos, yo me dedicaba a cazar sapos, a diseccionarlos y a analizar las vísceras. Mis amigas me miraban horrorizadas:

-Pero Louise, ¿qué estás haciendo?

Y yo les contestaba, toda sería:

-Prácticas de cirugía. ¡Voy a ser médica!

El problema, de nuevo, era el dinero. “¡Médica! –exclamó el profesor-. Pero, ¿cómo te vas a costear los estudios?”

Es la misma pregunta que me hizo mi padre cuando le conté mis proyectos.

-“¿Médica? ¿Te das cuenta, hija mía, de lo que cuesta eso, si sólo para pagarte el avión para viajar hasta allí se necesita un dineral?

De todas formas, me dejó en libertad y como siempre, me animó a buscar soluciones.

Siempre he pensado que querer es poder en la mayoría de las ocasiones. Lo importante es tener determinación y voluntad; estar dispuesto a afrontar cualquier sacrificio con tal de conseguir el ideal que te has propuesto. Hablé con diversas personas; entre otras con el obispo de la diócesis, Mons. Mambe Mukanga, que me miró también con gesto de asombro, mientras exclamaba:

-¡Medicina! ¡Quieres estudiar nada menos que Medicina!

A continuación fue a su escritorio y se puso a escribir, de su puño y letra, una carta para un amigo suyo que era el Secretario General de la Universidad de Kinshasa. Cerró el sobre y me lo entregó, diciéndome:

-Esta es una carta para el Secretario General. Le pido que te ayude en lo que pueda. Pero, por favor, no te olvides, ¡dásela en mano! Y el avión, ¿tienes dinero para pagar el billete?

-Pues… no.

-¡Ah! No tienes dinero para el billete… Bueno, pues no te preocupes: te lo pago yo. ¿Y donde vas a vivir en Kinshasa? ¿Tienes familia en Kinshasa?

La matrícula en la Universidad de Kinshasa

Afortunadamente, en lo que se refiere a familia yo era particularmente rica: mis padres tenían muchos hermanos, primos, sobrinos, parientes y contraparientes, más o menos lejanos, que vivían en diversas partes del país. En Kinshasa, en concreto, vivían dos tías mías, hermanas de mi madre.

Llegué a Kinshasa. Mis tías y mis primos me recibieron con asombro: el hecho de estudiar en la universidad era algo novedoso, y más que fuera una mujer la que lo hiciera. Era la primera persona de toda la familia que se lo proponía.

El problema es que ninguno de ellos hablaba francés y no sabían siquiera por dónde quedaba la universidad. Al final logramos aclararnos. Estaba bastante lejos de la casa. Fui para allá con una de mis tías. Preguntamos por el Rectorado. Yo iba rezando a la Virgen, pidiéndole que me ayudara a lograr mi objetivo de entregarle en mano la carta al Secretario. Algo que todos decían que era bastante difícil. Afortunadamente el secretario era de mi misma región y cuando preguntamos por él, su secretaria personal supuso que yo era hermana suya, y me dejó pasar al despacho.

-¡Estupendo! ¡Muy bien! –dijo el Secretario, tras leer la carta. Puedes empezar a estudiar cuando quieras. Yo me encargo de resolver la cuestión de la matrícula.

Otras cuestiones

El problema era que la matricula era sólo una de las cuestiones. Había volado a Kinshasa, estaba en casa de mis tías y ya estaba matriculada en la Universidad, pero me quedaban por resolver algunos pequeños detalles, como la comida, los libros… y el transporte, porque la casa de mi tía estaba a diez kilómetros de la Universidad.

El detalle de los libros lo solucioné pidiéndoselos prestados a algunos de mis amigos. Me los dejaban y como tenía poco tiempo para estudiarlos, los devoraba literalmente, mientras hacía unos esquemas que me sirvieran para repasar luego los temas. Al principio a mis amigos les costaba prestármelos, pero luego lo hacían con mucho gusto, porque yo les dejaba mis esquemas, que les resultaban muy útiles para estudiar.

El detalle de la comida lo resolví como pude; en ocasiones, no comiendo. Y el del transporte, haciéndome aquellos diez kilómetros a pie. Total, eran sólo tres kilómetros más de los siete a los que ya estaba acostumbrada…

Mi plan era el siguiente: me levantaba a las cuatro y media de la mañana y me ponía en camino –sin comer, naturalmente- hacia la universidad,     que estaba en lo alto de una montaña. Tenía que llegar lo suficientemente pronto para reservar sitio en primeras filas del aula, que era inmensa, con capacidad para mil estudiantes. Las clases duraban desde las ocho de la mañana hasta las seis de la tarde. A esa hora me volvía andando a casa de mi tía, salvo cuando algunas amigas me pagaban el billete del autobús. En alguna ocasión me pagaron el abono de todo un mes.

Me desmayé en clase en tres ocasiones, a causa del hambre y del cansancio. Afortunadamente el Secretario, cuando se enteró, ordenó que me dejaran un sitio libre en la primera fila, lo que me permitía dormir un poquito más.

Durante el segundo curso me pude trasladar, gracias a las gestiones de una amiga mía, a una Residencia Universitaria. Allí viví bastante de prestado: una me prestaba algo de comida, otra algo de ropa, y otra jabón o artículos elementales… y así fui tirando durante aquellos años, en los que hice todo tipo de trabajos para mantenerme: vendía pan, cocinaba para mis compañeras, hacía recados… No era fácil compatibilizar esos trabajos con los estudios tan exigentes de la Facultad, pero querer es poder y afortunadamente, obtuve buenas calificaciones.

En ese tiempo conocí el Opus Dei. Una mujer de la Obra había organizado unas charlas de vida cristiana en la Universidad y me invitaron. Descubrí un panorama nuevo para mí, como la santificación del trabajo y de la vida cotidiana. Aquel espíritu de santidad en medio del mundo me entusiasmó y decidí ser cooperadora.

En los grandes hospitales

Opus Dei - Con mis colegas, en el hospital

Con mis colegas, en el hospital

Al terminar la carrera, en el 2001, los médicos recién licenciados de mi país hacemos el programa de Residencia en los grandes hospitales públicos, superando unos exámenes bastante duros, que se hacen de una forma un tanto singular: se sortea un número de la habitación de un paciente del hospital, y según el número que te toca en suerte (o en desgracia) vas a una habitación -por ejemplo, la 813- visitas al enfermo, le preguntas, lo auscultas, le haces la historia clínica, etc., y a continuación te presentas ante un tribunal, abierto al público, que empieza a asaetearte a preguntas:

-¿Y por qué piensa que padece esa enfermedad y no ésta otra?

-¿Y por qué le ha prescrito ese tratamiento y no éste…?

-¿Cuál es la fisiopatología de esa enfermedad?

Mientras caía la bola del sorteo con el número de la habitación yo esperaba un momentito antes de cogerla, para terminar de rezar mi oración a la Virgen. Es una oración muy sencilla, que había compuesto años atrás. Dice así: “Santa Virgen María, ayúdame como ayudaste a tu Hijo desde su nacimiento hasta su muerte en la Cruz y la Resurrección”.

La rezaba con todo mi corazón, con toda mi alma, poniéndome enteramente en manos de la Virgen, diciéndola palabra por palabra, con toda calma. A veces, con excesiva calma, y el profesor que daba las bolas se impacientaba conmigo:

-Pero, doctora, ¿a qué está esperando?

Sentí siempre la protección maternal de la Virgen. Gracias a su ayuda, siempre me tocaron enfermos con enfermedades que conocía bien y que sabía diagnosticar. Ella me ayudó y me sigue ayudando.

El Jefe de Servicio de aquel Hospital tenía un hospital privado, y me propuso que trabajara con él. Me di cuenta entonces de la influencia que había tenido el espíritu del Opus Dei en mi vida. Gracias a formación que había recibido en el centro de la Obra me esmeraba en trabajar bien, con orden, con sentido de responsabilidad, viendo en cada paciente no un “caso” o un número más, sino una persona a la que debía tratar con toda dignidad.

Ahora

Se ha abierto un nuevo periodo en mi vida. Mi trabajo me permite ayudar a mi familia, que ha pasado por diversas pruebas durante todo este tiempo. Mis padres y mis hermanos tuvieron que abandonar el pueblo, a causa de la guerra, pero uno de mis hermanos se quedó, porque estaba casado allí, y le mataron.

Desde que comencé a trabajar puedo ayudar a mi familia, y estoy costeando los estudios de mis seis hermanos pequeños. Hemos hecho un trato: yo les ayudo económicamente, pero ellos se comprometen a estudiar intensamente y poner todos los medios para llegar a la universidad, porque como ya he dicho, querer es poder en la mayoría de las ocasiones. Además, he acogido en casa a dos primos, hijos de mis tías de Kinshasa, que ya murieron, y a las que les prometí que me ocuparía de ellos.

En el 2004 estuve en Madrid, participando en un Seminario Avanzado que organizaba el Instituto Nacional de Sanidad Carlos III. No sabía entonces que en ese hospital había estado san Josemaría, a quien debo tanto, atendiendo enfermos tuberculosos durante los difíciles años treinta, cuando la tuberculosis equivalía en muchas ocasiones a una condena a muerte.

Ahora estoy de nuevo en Madrid, gracias a una beca de la Agencia Española de Cooperación Internacional, realizando un master en Salud Pública y acabando los cursos de doctorado en Epidemiología, con estudios directamente relacionados con las enfermedades más frecuentes en mi país.

Aquí procuro ayudar todo lo que puedo, y colaboro en ongs, como Harambee, que nació con motivo de la canonización de san Josemaría y que ayuda a tantas iniciativas de africanos que quieren construir una nueva África.

Aunque sigo atravesando dificultades económicas, porque tengo una familia muy grande que sacar adelante, procuro ayudar en todo lo que está al alcance de mi mano, siguiendo el ejemplo de mis padres. Mi padre es ahora pastor protestante evangelista. Y le doy muchas gracias a Dios por haberme dado la fortaleza y tenacidad necesaria en los momentos duros y difíciles de mi vida.

Opus Dei - Mi padre es pastor protestante evangelista

Mi padre es pastor protestante evangelista

Estoy convencida de que Él, por intercesión de la Virgen, me ha ido poniendo al lado a esas personas que han sido tan decisivas para mí: desde mi amiga del colegio y las religiosas, gracias a las cuales soy católica, hasta el párroco, el obispo y las mujeres del Opus Dei que me ayudan a santificar mi trabajo como médico. ¡Sin olvidar a aquella secretaria que tuvo la confusión providencial de pensar que yo era la hermana del Secretario! Le doy gracias a Dios por todo, especialmente por las personas que me han ayudado. Gracias a ellos, ahora puedo también yo ayudar a los demás.

Louise Lalu: mi vida es también ¡Harambee!

testimonio  Tagged , , , , , , No Comments »

La historia de Louise es la historia de la tenacidad y de la lucha por un ideal en medio de la dureza de la vida africana

Opus Dei -

Louise Lalu: mi vida es también ¡Harambee!

Lousie Lalu: Relato de mi vida (versión completa)

La historia de Louise, una médico congoleña que está preparando su doctorado en España, es la historia de la tenacidad y de la lucha por un ideal contra viento y marea, en medio de la dureza de la vida africana.

Toda la vida de esta mujer ha sido una larga carrera de obstáculos, Cuando era pequeña, acudía descalza a la escuela, pisando el ardiente suelo africano: “Aprendí, en mis caminos de ida y vuelta a la escuela, a correr rápidamente, dando grandes saltos, desde la sombra del tejado de casa hasta la sombra del árbol más cercano; allí me detenía un rat¡to, hasta que se refrescaban las plantas de mis pies, casi chamuscadas y doloridas, y acto seguido me lanzaba, dando saltos, hacia la sombra siguiente. Así, dando grandes saltos, llegaba hasta la escuela, con la sensación del que camina sobre brasas…

La leche y el pan tampoco entraban dentro de las cuestiones esenciales: durante muchos años fueron para nosotros unos artículos de lujo, al alcance sólo de la gente rica, riquísima. Con gran esfuerzo, mi madre nos daba a veces un plátano para desayunar… cuando tenía dinero para comprarlo”.

“Gracias a una amiga de mi barrio”

testimonio  Tagged , , , , , , No Comments »

Primera parte del testimonio de Christian Kadjo, numeraria del Opus Dei de Abidjan, capital de Costa de Marfil, país francófono situado al oeste de África, donde los católicos suman el 12% de la población.

Opus Dei -

Me llamo Christian y  soy de Abidjan, Costa de Marfil, un país francófono situado al oeste de África, donde los católicos somos solamente el 12%. La mayoría de la población es animista, una religión natural donde la gente cree en Dios, en unos espíritus buenos y malos, pero nada más.

Yo fui bautizada recién nacida, lo mismo que toda mi familia, porque mis padres son católicos.

Conocí el Opus Dei de una forma muy sencilla. Un día, saliendo de Misa, me encontré con una amiga de mi barrio que me dio una estampa de San Josemaría. En esta época era Siervo de Dios.

Mi amiga me contó que había conocido el Opus Dei y había ido por un Centro donde vivían unas mujeres, europeas en su mayoría. Me contó como vivían y rezaban, y me invitó a ir a este Centro.

Opus Dei - Situación de Costa de Marfil

Situación de Costa de Marfil

La verdad es que al principio me resistía a ir, porque no sabía de qué se trataba. No sabía si el Opus Dei era algo católico o no, hasta que una tía mía me dijo que había ido a Misa en un Centro. Entonces pensé: bien, voy a ir, aunque sólo sea para  ver qué se hace allí.

Pero lo dejé para más adelante porque estaba preparando un viaje a Inglaterra. Yo estudié empresariales y el programa de estudios de mi carrera, de cuatro años, incluía un viaje a Inglaterra. Yo estaba en cuarto y a punto de salir para Bryton, en el sur de Inglaterra. Así que le dije a mi amiga que cuando volviera del viaje iría a ver el Centro.

La meditación

A la vuelta fui a verlo. Era una casa sencilla, un chalet, y ese día tenían una actividad que llamaban meditación. Me explicaron que  una meditación es una oración personal de media hora, predicada por un sacerdote.

Aquello me hizo mucho bien. Nunca había oído hablar así del Evangelio, de Dios, de los mandamientos.

Me encantó: nunca había oído hablar de la meditación; era una cosa nueva para mí. Todavía me acuerdo del tema de la meditación, hace ahora 20 años: era el cuarto mandamiento. El sacerdote nos hablaba del modo de tratar a los padres y explicaba cómo, siendo una buena estudiante, se podía ser una buena cristiana. Aquello me hizo mucho bien. Nunca había oído hablar así del Evangelio, de Dios, de los mandamientos. Y terminó se acabó, pensé: “este lugar es estupendo”.

Encontré a varias amigas del colegio, que no sabía que iban por allí, y tras la meditación me quedé a charlando con ellas.  Pensaba ir la semana siguiente, pero no pude porque tuve que asistir a una boda. Pensé: “bueno, aunque sólo sea por educación,  voy a llamarlas para decirles  que no puedo ir, y que ya iré el sábado que viene”. Y a partir de entonces, fui una de las asistentes regulares a las meditaciones en Kaisedra, que así se llamaba el centro. Antes era para jóvenes; ahora se dirige a señoras casadas.

Entonces acudían por allí personas de todas las edades porque era el único Centro que había. Organizaban programas de formación muy diversos: un club para niñas, actividades para bachilleres, universitarias como yo, para señoras…

La historia de Raimundo

testimonio  Tagged , , , , , , No Comments »

Testimonio del coordinador de las actividades de voluntariado del Colegio Altair, obra corporativa del Opus Dei en Sevilla

Opus Dei - Varios alumnos de Altair con José María, a la puerta de una chabola

Varios alumnos de Altair con José María, a la puerta de una chabola

Desde los comienzos del Colegio Altair hace más de 40 años, la preocupación social siempre ha estado presente. No en vano, el colegio nació en una modesta barriada de Sevilla, entre personas necesitadas de ayuda de diverso tipo, también material.

Hace un par de años ofrecimos al Colegio desde la ONG en la que trabajo, una serie de actividades de voluntariado para los alumnos de Secundaria y Bachillerato. La respuesta de los alumnos ha sido magnífica.

Hasta el mes de febrero se hacían visitas a residencias de personas mayores y a domicilios particulares. Las razones por las que elegíamos los domicilios eran evidentes: soledad, dificultades económicas, enfermedades, y en muchos casos, todo a la vez. Aún así, estábamos buscando ampliar el ámbito de estas visitas.

Opus Dei - Con Raimundo, en la explanada, el día siguiente al incendio de su chabola

Con Raimundo, en la explanada, el día siguiente al incendio de su chabola

Paseando un domingo por la tarde, a unos 10 minutos de Altair, me fijé en la hilera de seis chabolas junto a la tapia de las naves principales de Correos, en el barrio de Palmete. He pasado muchas veces por allí, pero nunca había pensado aventurarme a entrar y charlar con esos vecinos. Esa tarde me lancé. La primera persona a la que saludé fue Raimundo: después de interesarme por él, comprendí que muchos alumnos debían conocerle.

Raimundo tiene 69 años, ha trabajado toda la vida en el campo y desde hace más de 20 años vive en una de las denominadas chabolas. Junto a él vive José María, su hijo, de 25 años, sordomudo.

En febrero, comenzamos las visitas semanales, llevando algo de comida, ropa, y sobre todo, ganas de escuchar las necesidades de estas familias. Cada vez que nos encontrábamos con Raimundo siempre nos recibía con mucha educación, alegría y agradecimiento.

Opus Dei - Con Raimundo y José María, después de la rehabilitación de la chabola

Con Raimundo y José María, después de la rehabilitación de la chabola

Volvimos otra vez a visitarle después de Semana Santa y nos quedamos de piedra: las dos chabolas, anteriormente mencionadas, de padre e hijo, habían quedado reducidas a cenizas.

Raimundo nos contaba, con desolación y a la vez con mucha fortaleza: “se prendió todo; estábamos dormidos y se había quedado una vela encendida, se cayó y el plástico se quemó a toda velocidad. Tuvimos que salir corriendo con lo puesto. Cuando llegaron los bomberos, sólo pudieron salvar las siguientes chabolas”. Se quedaron con lo puesto, ya que las pocas pertenencias guardadas habían ardido.

Desde entonces el voluntariado ha sido aún más importante, como se puede comprender. Junto a gestiones administrativas para que el Ayuntamiento de Sevilla colabore, Raimundo, sin pausa, ha ido levantando su nueva casa. Los alumnos de Altair han continuado con las visitas: cada semana, un grupo distinto de 6 ó 7 alumnos, desde los 14 a los 18 años.

Actualmente, Raimundo ha vuelto a levantar su casa y a muchos de nosotros, su ejemplo y valor ante las dificultades nos ha edificado aún más.

Aún nos queda una pequeña batalla por ganar: conseguir que deje de llamarnos “señor” antes de mencionar nuestro nombre.

“Sed apóstoles”

testimonio  Tagged , , , , , , No Comments »

El  14 de junio de 2008, Benedicto XVI se dirigió a los jóvenes en Brindisi (capital de la provincia homónima en la región de Apulia en Italia). “Sois el rostro joven de la Iglesia –dijo el Santo Padre-; no dejéis de ofrecerle vuestra aportación”

Opus Dei - Vista de Brindisi

Vista de Brindisi

El Papa recordó que Brindisi, que había sido “un lugar de embarcación hacia Oriente”, sigue siendo “una puerta abierta hacia el mar” y en ese puerto desembarcan ahora numerosos prófugos del Este de Europa, que reciben “refugio y asistencia”.

“Esa solidaridad -subrayó- forma parte de las virtudes que constituyen vuestro rico patrimonio civil y religioso. (…) Entre los valores enraizados en vuestra tierra quisiera recordar el respeto de la vida y especialmente el apego a la familia, expuesta hoy al ataque de numerosas fuerzas que intentan debilitarla. ¡Qué necesario y urgente es, también frente a estos retos, que todas las personas de buena voluntad se comprometan a salvaguardar a la familia, base sólida sobre la que construir la vida de toda la sociedad!”.

Dirigiéndose después a los jóvenes, el Santo Padre afirmó que conocía muy bien tanto sus ganas de vivir como los problemas que les afligían. “Conozco en particular -dijo- el peso que grava sobre tantos de vosotros y sobre vuestro futuro debido al fenómeno dramático del desempleo. (…) Del mismo modo sé que vuestra juventud está asediada por la lisonja de fáciles ganancias, de la tentación de refugiarse en paraísos artificiales o de formas distorsionadas de satisfacción material”.

Opus Dei -

“¡No sucumbáis a las insidias del mal! -exclamó-. Buscad ante todo una existencia rica de valores, para dar vida a una sociedad más justa y abierta al futuro. (…) Depende de vosotros (…) que el progreso llegue a ser un bien para todos. Y el camino del bien tiene un nombre: amor”.

“El amor de Dios tiene el rostro dulce y compasivo de Jesucristo. Este es el fulcro del mensaje cristiano: Cristo es la respuesta a vuestras preguntas y problemas. (…) Seguidlo fielmente y para encontrarlo amad a su Iglesia, sentíos responsables de ella, no huyáis de ser, cada uno en su ámbito, protagonistas decididos”.

“Sois el rostro joven de la Iglesia -concluyó Benedicto XVI-; no dejéis de ofrecerle vuestra aportación para que el Evangelio que proclama se difunda por doquier. Sed apóstoles de vuestros coetáneos”.

La oración

testimonio  Tagged , , , , , , No Comments »

Breve biografía sobre el Fundador del Opus Dei escrita por José Miguel Cejas

El sillar de la oración: las plegarias confiadas de los niños a los que don Josemaría confesaba y daba catequesis. La oración de los sacerdotes a los que rogaba que pidiesen “por una intención”. La oración de los pobres y necesitados. Comentó años después que cuando se dirigía a una iglesia, habitualmente se encontraba una mendiga que estaba siempre en el mismo sitio, en la calle, pidiendo limosna; me acerqué a ella y le dije:

—Hija mía, yo no puedo darte oro ni plata; yo, pobre sacerdote de Dios, te doy lo que tengo: la bendición de Dios Padre Omnipotente. Y te pido que encomiendes mucho una intención mía, que será para mucha gloria de Dios y bien de las almas. ¡Dale al Señor todo lo que puedas!

Al poco tiempo, uno de los días que pasé a celebrar la Santa Misa, no estaba, tampoco al otro… Como en esa época íbamos a visitar los hospitales, en uno de ellos me encontré con esta mendiga en una de las salas.

—Hija mía, ¿qué haces tú aquí, qué te pasa?

Me miró y me sonrió. Estaba gravemente enferma. Le indiqué: mañana celebraré la Misa pidiéndole al Señor que te ponga buena. La mendiga me contestó:

—Padre, ¿cómo se entiende? Usted me dijo que encomendase una cosa que era para mucha gloria de Dios y que le diera todo lo que pudiera al Señor: le he ofrecido lo que tengo, mi vida.

Sólo le dije: “Haz lo que quieras, pero le pediré al Señor por ti, y si te vas, cumple muy bien este encargo”.

“Yo os digo —comentaba el Fundador— que, desde que aquella pobre mendiga se fue al Cielo, es cuando la Obra comenzó a caminar deprisa”.

A partir de entonces consideró a aquella pobre mujer, desde un punto de vista espiritual, como la primera mujer del Opus Dei.

La expiación

testimonio  Tagged , , , , , No Comments »

Breve biografía sobre el Fundador del Opus Dei escrita por José Miguel Cejas

El sillar, el cimiento de la expiación fueron las penas y dolores de los enfermos y agonizantes a los que atendía; los sufrimientos de las personas necesitadas a las que ayudaba en lo material, y en lo espiritual, enseñándoles a orar y sufrir con alegría. Iba pidiéndoles —recordaba— que ofrecieran esos dolores, sus horas de cama, su soledad —algunos estaban muy solos—: que ofrecieran al Señor todo aquello por la labor que hacíamos.

Una de las personas que participaban en la labor era Luis Gordon, un ingeniero cervecero, reciamente piadoso, que, además de sacar adelante la fábrica y de realizar un buen trabajo profesional llevó a cabo una intensa tarea social y asistencial con los obreros, entre los que era muy querido.

En una ocasión, cuando acompañaba a don Josemaría en una de sus frecuentes visitas a los hospitales, Gordon tuvo que limpiar un orinal usado como escupidera. Vi que palidecía tremendamente —recuerda el Fundador—, pero se dirigió a un pequeño cuarto del hospital, donde había un grifo y unas brochas para lavar esas cosas. Lo seguí, pensando que podía caerse redondo al suelo, y me lo encontré con la cara radiante de alegría. En vez de utilizar las escobillas, metía la mano para limpiar bien el orinal. Me quedé muy contento y le dejé hacer. (…) Después, me contaba que había pensado: ¡Jesús, que haga buena cara!

Entre los enfermos que atendía estaba una mujer, perteneciente a una de las familias más aristocráticas de España, que había llevado una vida irregular. Me la encontré ya podrida —contaba don Josemaría—; podrida de cuerpo y curándose en su alma, en un hospital de incurables. Había estado de carne de cuartel, por ahí, la pobre. Tenía marido, tenía hijos; había abandonado todo, se había vuelto loca por las pasiones, pero luego supo amar aquella criatura. Yo me acordaba de María Magdalena: sabía amar.

Un día hube de administrarle la Extremaunción (…). Y al ver la alegría de su alma, que consideraba que estaba cerca de Dios, le hice decir: bendito sea el dolor, y ella lo repetía a voz en grito; amado sea el dolor; santificado sea el dolor; ¡glorificado sea el dolor!

Poco después moría, y en el Cielo está, y nos ha ayudado mucho.

¡Todos llamados a la santidad!

testimonio  Tagged , , , , , No Comments »

Breve biografía sobre el Fundador del Opus Dei escrita por José Miguel Cejas

En Brasil una persona le preguntó si alguna vez le habían llamado loco. ¿Te parece poca locura —le contestó don Josemaría— decir que en medio de la calle se puede y se debe ser santo? ¿Que puede y debe ser santo el que vende helados en un carrito y la empleada que pasa el día en la cocina, y el director de una empresa bancaria, y el profesor de universidad y el que trabaja en el campo, y el que carga sobre las espaldas las maletas…? ¡Todos llamados a la santidad! Ahora esto lo ha recogido el último Concilio, pero en aquella época —1928—, no le cabía en la cabeza a nadie. De modo que… era lógico que pensaran que estaba loco.

Muchas personas, incluso no creyentes, encuentran en las enseñanzas de Josemaría Escrivá un estímulo y un aliento para mejorar en su vida cotidiana. Con razón se le ha llamado, —además de “el santo del trabajo”—, “el santo de la vida cotidiana”. Su mensaje ha revitalizado la vida cristiana en muy diversos ambientes, y acuden a su intercesión todo tipo de personas, con los más diversos carismas. En la actualidad, por ejemplo, hay jóvenes religiosos que han elegido Josemaría como su nombre en religión

Josemaría Escrivá hizo en el mundo —y sigue haciendo— una gran siembra de santidad y paz. Se ofrecen a continuación los perfiles de varios hombres y mujeres, que lucharon por identificarse con Cristo siguiendo su carisma y sus enseñanzas. Algunas de estas personas se encuentran en camino de canonización.

Alvaro del Portillo, obispo. Prelado del Opus Dei (Madrid, 11.III.1914 — Roma, 23.III.1994). Fue el más estrecho y fiel colaborador de Josemaría Escrivá. Pertenecía al Opus Dei desde 1935, fue ordenado sacerdote el 25.VI.1944. El 15.IX.1975, el Congreso General electivo del Opus Dei lo escogió para llevar el gobierno de esta porción de la Iglesia, tras el fallecimiento de su Fundador. El 28.XI.1982 Juan Pablo II erigió el Opus Dei en Prelatura personal y le nombró Prelado del Opus Dei. El 6.I.1991 fue ordenado obispo. Falleció santamente en Roma en 1994, a la vuelta de una peregrinación a Jerusalén. El Santo Padre acudió a rezar ante sus restos mortales en la Sede Central del Opus Dei.

Isidoro Zorzano, ingeniero de RENFE (Buenos Aires, 13.IX.1902 — Madrid, 15.VII.1943). Es uno de los primeros fieles del Opus Dei. Nacido en Argentina, en el seno de una familia de emigrantes, Isidoro Zorzano conoció a Josemaría Escrivá hacia 1915, cuando —tras el regreso a España— estudiaba el Bachillerato en Logroño. Durante la persecución religiosa en España dio pruebas de caridad y valentía heroica. Tuvo un gran afán por mejorar la situación laboral de los trabajadores de la empresa de Ferrocarriles en la que trabajaba. Sobrellevó cristianamente una enfermedad larga y dolorosa, y falleció santamente en la víspera de la fiesta de la Virgen del Carmen de 1943. Uno de los que le acompañaban escribió estas notas, que sintetizan su vida: “Pasó inadvertido. Cumplió con su deber. Amó mucho. Estuvo en los detalles. Y se sacrificó siempre”. Su Causa de Canonización se abrió en Madrid el 11 de octubre de 1948.

Luis Gordon Picardo, empresario cervecero (Cádiz, 20.VIII.1898 — Madrid, 5.XI.1932). Nació en Jerez de la Frontera, en el seno de una familia profundamente cristiana de dieciséis hijos, de los que muchos eligieron el camino del sacerdocio o de la vida religiosa. Estudió Ingeniería cervecera en la Facultad de Ciencias de la Universidad de Nancy. Dirigió una empresa familiar —una pequeña fábrica de cerveza— en Ciempozuelos. Fue uno de los primeros del Opus Dei, al que se incorporó en 1932. Falleció santamente en Madrid el 5 de noviembre de aquel año, atendido por el Fundador, tras una vida de abnegación y sacrificio. Se preocupó hondamente por los obreros de su fábrica y los enfermos de los hospitales.

María Ignacia García Escobar. (Hornachuelos, Córdoba, 1896 — Madrid, 13.IX.1933). Fue una de las primeras mujeres del Opus Dei. Falleció con fama de santidad tras una larga y dolorosa enfermedad, en el Hospital del Rey de Madrid, atendida por el Fundador. Desarrolló un profundo apostolado, lleno de alegría y sentido de reparación y desagravio, con las personas que la rodeaban.

José María Somoano Berdasco, sacerdote diocesano (Arriondas, Asturias, 5.II.1902 — Madrid, 16.VI.1932). Fue el hijo mayor de una familia asturiana, muy cristiana, con doce hijos. Se ordenó sacerdote en Madrid en 1927. Fue capellán de la Enfermería del Hospital del Rey y estuvo junto a Josemaría Escrivá en los comienzos del Opus Dei, vinculándose estrechamente con los afanes del fundador. Dedicó sus mejores esfuerzos apostólicos a los niños abandonados de Madrid y a los enfermos de tuberculosis del Hospital del Rey. Falleció santamente, posiblemente envenenado por los enemigos de la Fe, en la fiesta de la Virgen del Carmen, a la que tenía gran devoción.

Montse Grases, estudiante de Escuela Profesional (Barcelona, 10.VII.1941 — 26.III.1959). Esta joven barcelonesa, nacida en el seno de una familia numerosa y profundamente cristiana, era alegre y emprendedora, muy deportista y con gran afán de almas. Estudió en la Escuela Profesional para la Mujer de la Diputación de Barcelona, y se incorporó al Opus Dei en plena juventud, el 24.XII.1957. Pocos meses después se le diagnosticó un cáncer de huesos, enfermedad que llevó con gran sentido sobrenatural, fortaleza, y abandono en Dios. Falleció en olor de santidad el 26 de Marzo de 1959, Jueves Santo. Está abierta su Causa de Canonización.

Eduardo Ortiz de Landázuri, médico (Segovia, 31.X.1910 — Pamplona, 20.V.1985).Nació en Segovia, en el seno de una familia cristiana, y estudió Medicina en Madrid. Tras el fusilamiento de su padre, el 8.IX.1936,durante la guerra, sufrió una crisis espiritual que le llevó del alejamiento práctico de la Iglesia a una vida intensamente cristiana. Casado, padre de siete hijos. El 1.VI.1952 pidió la admisión en el Opus Dei. Se incorporó en 1958 a la naciente Facultad de Medicina de la Universidad de Navarra, en cuya Facultad —y Clínica Universitaria— trabajó hasta su jubilación, desviviéndose por sus enfermos.Falleció santamente en la Clínica Universitaria de la Universidad de Navarra, en Pamplona, el 20.V.1985. Su Causa de Canonización se abrió en Pamplona el 11.XII.1998.

Ernesto Cofiño, pediatra (Ciudad de Guatemala, 5.VI.1899 — 17.X.1991). El “doctor Cofiño” —como le llamaban miles de indígenas guatemaltecos— nació en el seno de una familia numerosa de Guatemala. Casado, padre de cinco hijos. Pidió la admisión en el Opus Dei el 6.XII.1956. Es el pionero de la Pediatría en Guatemala y en Centroamérica, donde ejerció la docencia universitaria y promovió numerosas obras sociales en beneficio de la infancia. Se ocupó muy especialmente de las necesidades del mundo indígena. Impulsó la creación de escuelas para campesinos, para obreros, para universitarios, junto con numerosas iniciativas a favor de las personas más pobres de Centroamérica, siguiendo las enseñanzas sociales de la Iglesia. Falleció con fama de santidad el 17 de octubre de 1991 a causa de un cáncer, enfermedad que sobrellevó cristianamente. Su Causa de Canonización se abrió en la Ciudad de Guatemala en el año 2001.

Alexia González-Barros, estudiante de Bachillerato (Madrid 7.III.1971 — Pamplona, 5.XII.1985) Esta adolescente madrileña nació en el seno de una familia numerosa. Estudió los primeros cursos de Bachillerato en el Colegio Jesús Maestro, dirigido por las religiosas de la Compañía de Santa Teresa de Jesús. Por deseo de sus padres, que tenían gran devoción al Fundador del Opus Dei, hizo la primera Comunión el 8 de mayo de 1979, en la Cripta del Oratorio de Santa María de la Paz, donde estaba enterrado Josemaría Escrivá. “¿Te das cuenta, Alexia —le preguntó Monseñor Álvaro del Portillo—, de que vas a ser la primera niña que haga la Primera Comunión a los pies de nuestro Padre?” Alexia contestó ilusionada: “Sí”.

Al día siguiente, asistió vestida de Primera Comunión a la Audiencia General en la Plaza de San Pedro, y entregó una carta a Juan Pablo II. El Pontífice le hizo entonces el signo de la cruz sobre la frente. “La cruz sobre Alexia”, intuyó su madre. Esa intuición se hizo pronto realidad: en enero de 1985 comenzó a sentir fuertes dolores de cabeza y el 4.II.1985 se declaró su grave enfermedad. Comenzó a sufrir diversas intervenciones quirúrgicas, que llevó con gran fortaleza, afán de almas y sentido sobrenatural. Murió con la ilusión de poder entregarse en el Opus Dei, a cuyo fundador tenía gran devoción. Falleció santamente el 5.XII.1985. Pronto se expandió su fama de santidad en numerosos países. El 11.V.2000 el Postulador de su Causa, Flavio Capucci, entregó en Roma la Positiosobre la heroicidad de su vida y virtudes.

Toni Zweifel, directivo de una ONG de Ayuda al Desarrollo (Verona, Italia, 15.II.1938 — Zürich, Suiza, 24.XI.1989). Este suizo, nacido en Verona, estudió ingeniería industrial en Zürich. Trabajó como colaborador científico en un Instituto de Termodinámica. En 1962 pidió la admisión en el Opus Dei, y diez años después creó una Fundación para la Ayuda al Desarrollo, que llevó a cabo cientos de proyectos de promoción humana y solidaridad en más de treinta países de cuatro continentes. Miles de personas se beneficiaron de su amor de Dios y solicitud por todos, especialmente por los más necesitados. Vivió con heroísmo las virtudes cristianas en la normalidad de una vida corriente. Falleció con fama de santidad en Zürich el 24 de noviembre de 1989, donde se abrió su Causa de Canonización.

Guadalupe Ortiz de Landázuri, química (Madrid, 12.XII.1916 — 16.VII.1975). Nació en Madrid el día de la fiesta de la Virgen de Guadalupe. Estudió Ciencias Químicas en la Universidad Central y pidió la admisión en el Opus Dei en 1944. El 5 de marzo de 1950 se trasladó a México, donde comenzó la labor apostólica con mujeres del Opus Dei de diversos ambientes sociales. Permaneció en México hasta 1956. En los años siguientes, obtuvo el doctorado y se dedicó a la docencia, mientras realizaba un intenso apostolado. Tras una vida de intensa oración, mortificación y búsqueda de la identificación con Cristo mediante la santificación de su trabajo, falleció santamente el día de la Virgen del Carmen de 1975. Su Causa de Canonización se abrió en 2001 en Madrid


WordPress Theme & Icons by N.Design Studio. WPMU Theme pack by WPMU-DEV.
Entries RSS Comments RSS Acceder