En la fiesta de la Virgen del Carmen

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San Josemaría decía que “pocas devociones marianas tienen tanto arraigo entre los fieles y tantas bendiciones de los Pontífices”.

16 de julio de 2009

Opus Dei -

Madre! -Llámala fuerte, fuerte. -Te escucha, te ve en peligro quizá, y te brinda, tu Madre Santa

María, con la gracia de su Hijo, el consuelo de su regazo, la ternura de sus caricias: y te encontrarás reconfortado para la nueva lucha.
Camino, 516

Lleva sobre tu pecho el santo escapulario del Carmen. —Pocas devociones —hay muchas y muy buenas devociones marianas— tienen tanto arraigo entre los fieles, y tantas bendiciones de los Pontífices. —Además ¡es tan maternal ese privilegio sabatino!
Camino, 500

No estás solo. -Lleva con alegría la tribulación. -No sientes en tu mano, pobre niño, la mano de tu Madre: es verdad. -Pero… ¿has visto a las madres de la tierra, con los brazos extendidos, seguir a sus pequeños, cuando se aventuran, temblorosos, a dar sin ayuda de nadie los primeros pasos? -No estás solo: María está junto a ti.
Camino, 900

Permíteme un consejo, para que lo pongas en práctica a diario. Cuando el corazón te haga notar sus bajas tendencias, reza despacio a la Virgen Inmaculada: ¡mírame con compasión, no me dejes, Madre mía! -Y aconséjalo a otros.
Surco, 849

Nuestra Madre es modelo de correspondencia a la gracia y, al contemplar su vida, el Señor nos dará luz para que sepamos divinizar nuestra existencia ordinaria. A lo largo del año, cuando celebramos las fiestas marianas, y en bastantes momentos de cada jornada corriente, los cristianos pensamos muchas veces en la Virgen. Si aprovechamos esos instantes, imaginando cómo se conduciría Nuestra Madre en las tareas que nosotros hemos de realizar, poco a poco iremos aprendiendo: y acabaremos pareciéndonos a Ella, como los hijos se parecen a su madre.

Imitar, en primer lugar, su amor. La caridad no se queda en sentimientos: ha de estar en las palabras, pero sobre todo en las obras. La Virgen no sólo dijo fiat, sino que cumplió en todo momento esa decisión firme e irrevocable. Así nosotros: cuando nos aguijonee el amor de Dios y conozcamos lo que El quiere, debemos comprometernos a ser fieles, leales, y a serlo efectivamente. Porque no todo aquel que dice Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos; sino aquel que hace la voluntad de mi Padre celestial.

Hemos de imitar su natural y sobrenatural elegancia. Ella es una criatura privilegiada de la historia de la salvación: en María, “el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros”. Fue testigo delicado, que pasa oculto; no le gustó recibir alabanzas, porque no ambicionó su propia gloria. María asiste a los misterios de la infancia de su Hijo, misterios, si cabe hablar así, normales: a la hora de los grandes milagros y de las aclamaciones de las masas, desaparece. En Jerusalén, cuando Cristo —cabalgando un borriquito— es vitoreado como Rey, no está María. Pero reaparece junto a la Cruz, cuando todos huyen. Este modo de comportarse tiene el sabor, no buscado, de la grandeza, de la profundidad, de la santidad de su alma.

Tratemos de aprender, siguiendo su ejemplo en la obediencia a Dios, en esa delicada combinación de esclavitud y de señorío. En María no hay nada de aquella actitud de las vírgenes necias, que obedecen, pero alocadamente. Nuestra Señora oye con atención lo que Dios quiere, pondera lo que no entiende, pregunta lo que no sabe. Luego, se entrega toda al cumplimiento de la voluntad divina: “he aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra”. ¿Veis la maravilla? Santa María, maestra de toda nuestra conducta, nos enseña ahora que la obediencia a Dios no es servilismo, no sojuzga la conciencia: nos mueve íntimamente a que descubramos la libertad de los hijos de Dios.
Es Cristo que pasa, 173

Santa María de la Paz: Iglesia prelaticia del Opus Dei

Sta María de la Paz, movimiento Opus Dei  Tagged , , , , , No Comments »

Santa María de la Paz: esa es la advocación mariana a la que está dedicada la Iglesia prelaticia del Opus Dei en Roma. Recordamos la historia de esta iglesia donde reposan los sagrados restos de san Josemaría Escrivá de Balaguer.

Altar de la iglesia prelaticia

Así es Santa María de la Paz

En el vestíbulo de acceso se encuentra una imagen de la Virgen María, Madre del Amor Hermoso.

En el atrio se contempla la pila bautismal donde fue bautizado san Josemaría el 13 de enero de 1902. Fue donada por el Obispo y el Capítulo de la Catedral de
Barbastro, su ciudad natal.

El altar del templo está situado bajo un pequeño baldaquino, siguiendo la costumbre de tantas iglesias romanas.

La iglesia está presidida por una imagen de la Virgen, obra de Manuel Caballero. Se puso a la veneración de los fieles el 18 de diciembre de 1959.

Los fieles pueden rezar ante la tumba de san Josemaría, dispuesta bajo el altar.

San Josemaría y Juan Pablo II: testigos de una historia

El 31 de diciembre de 1959, san Josemaría celebró la primera Misa en Santa María de la Paz, que desde la erección del Opus Dei como Prelatura personal pasó a ser la Iglesia Prelaticia. La devoción de Mons. Escrivá de Balaguer a la Virgen es la razón del título de la iglesia y de la imagen que la preside. En la cripta de la Iglesia se encuentran la Capilla del Santísimo y los confesonarios. San Josemaría predicó con incansable celo la necesidad de frecuentar los sacramentos de la Reconciliación y la Eucaristía, dones de Dios a sus hijos los hombres, fuente de paz y de alegría imperecedera.

En palabras de san Josemaría: “Santa María es —así la invoca la Iglesia— la Reina de la paz. Por eso, cuando se alborota tu alma, el ambiente familiar o el profesional, la convivencia en la sociedad o entre los pueblos, no ceses de aclamarla con ese título: “Regina pacis, ora pro nobis!” —Reina de la paz, ¡ruega por nosotros! ¿Has probado, al menos, cuando pierdes la tranquilidad?… —Te sorprenderás de su inmediata eficacia”.

Santa María de la Paz

Juan Pablo II estuvo en esa Iglesia Prelaticia el 24 de marzo de 1994, para rezar ante los restos mortales del obispo Álvaro del Portillo, prelado del Opus Dei. El Papa había estado rezando en 1978 en ese lugar, cuando era cardenal.

En la cripta de la iglesia prelaticia

En una pequeña cripta bajo la Iglesia Prelaticia, a la que se accede bajando unas escaleras, está enterrado el obispo Álvaro del Portillo, primer sucesor de san Josemaría al frente del Opus Dei.

El 27 de junio de 1975 san Josemaría fue sepultado en esa cripta. Sobre la losa de mármol se colocó, bajo el sello del Opus Dei, la inscripción: EL PADRE, que aún perdura.

Millones de personas en todo el mundo acuden a san Josemaría para solicitar a Dios nuestro Señor gracias de toda clase. Y son muchos quienes se acercan hasta la Iglesia Prelaticia para seguir pidiendo o para agradecer las gracias recibidas por su intercesión.

Tras la beatificación en 1992 el cuerpo del Fundador se depositó arriba, en la iglesia prelaticia, bajo el altar, donde se encuentra en la actualidad.

En esa misma cripta está enterrada Carmen Escrivá, hermana del fundador; y se ha enterrado en ella recientemente a la primera numeraria auxiliar del Opus Dei, Dora del Hoyo.


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