El cardenal Ruini define a don Álvaro como “ejemplo de santificación en la vida ordinaria”

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El Vicario del Papa para la Diócesis de Roma ha presidido la sesión de clausura del proceso diocesano sobre la vida y las virtudes de Monseñor Álvaro del Portillo. Incluimos una galería fotográfica del acto en el Vicariato de Roma.

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El acto ha tenido lugar en el palacio del Laterano un 26 de junio, memoria litúrgica de San Josemaría Escrivá de Balaguer, de quien Álvaro del Portillo fue el primer sucesor al frente del Opus Dei.

En la ceremonia estaban presentes el actual Prelado, Monseñor Javier Echevarría, y numerosos fieles del Opus Dei, además de amigos de Mons. del Portillo, que vivió en Roma casi cincuenta años, desde 1946 hasta su muerte en 1994.

Como ha dicho el cardenal Ruini, “en su momento S.E.R. Mons. Javier Echevarría, aunque había sido reconocido por la Congregación para las Causas de los Santos como el Obispo competente para instruir la causa de su predecesor, por un delicado y riguroso sentido del derecho quiso que yo nombrara un Tribunal del Vicariato para escuchar su deposición y las de algunos otros testigos”.

Ruini: “Don Álvaro fue un ejemplo de fidelidad en el seguimiento del espíritu de santificación en el trabajo y en la vida ordinaria”.

“Accedí con placer a su petición –ha continuado–, en virtud de lo cual me encuentro hoy aquí clausurando formalmente la investigación procesal para, sucesivamente, entregar las actas a la Congregación para las Causas de los Santos: como es sabido, los Tribunales diocesanos tienen una función meramente instructora, pues la única instancia judicial es la Congregación”.

En sus palabras, el cardenal Ruini ha incluido algún recuerdo personal: “No olvidaré el afecto de don Álvaro cuando venía a visitarme al vicariato. Dejaba siempre un recuerdo y testimonio de su dedicación a Cristo”.

El proceso de canonización de Álvaro del Portillo se abrió hace cuatro años, el 5 de marzo de 2004, y se ha desarrollado, en esta primera fase, en dos tribunales, uno del Vicariato de Roma y otro de la Prelatura del Opus Dei.

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Este último aún no ha terminado sus trabajos. Algunos testigos, además, han sido escuchados por otros tribunales, en sus propias diócesis, en régimen de comisión rogatoria.

Álvaro del Portillo nació en Madrid el 11 de marzo de 1914. “El 7 de julio de 1935, siendo todavía estudiante de ingeniería”, ha recordado el cardenal Ruini en su discurso, “pidió la admisión en el Opus Dei. Tras los trágicos sucesos de la guerra civil española, permaneció junto al Fundador como su colaborador más estrecho. El 25 de junio de 1944 recibió la ordenación sacerdotal: fue uno de los tres primeros sacerdotes del Opus Dei (…)”.

“En 1946 se trasladó a Roma, donde desempeñó varios encargos al servicio de la Santa Sede: desde Consultor de diferentes dicasterios hasta Secretario de la Comisión conciliar que elaboraría el decreto Presibyterorum Ordinis. En 1975, tras la muerte de San Josemaría, fue llamado a sucederle al frente del Opus Dei”.

Murió en Roma, al regreso de un viaje a Tierra Santa, el 23 de marzo de 1994. El Papa Juan Pablo II, que tres años antes le había conferido la dignidad episcopal, acudió esa tarde a la capilla ardiente, en la iglesia prelaticia del Opus Dei, dedicada a Santa María de la Paz. Sus restos descansan ahora en la cripta de esa misma iglesia, en Roma.

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El cardenal Ruini ha dicho que Monseñor Álvaro del Portillo fue “un ejemplo de fidelidad en el seguimiento del espíritu de santificación en el trabajo y en la vida ordinaria”, que había aprendido directamente de San Josemaría, y ha concluido implorando a la Virgen que su ejemplo sea un estímulo para “contagiar el amor a Dios y al prójimo a muchas personas”.

Por su parte, el sucesor de don Álvaro como Prelado del Opus Dei, Mons. Javier Echevarría, ha dicho que éste “es sólo un primer paso, pero un paso que nos llena de alegría, pues vemos en el queridísimo don Álvaro el hombre íntegro, el cristiano auténtico, el buen pastor, el hijo fidelísimo de San Josemaría”.

Mons. Flavio Capucci, postulador de la Causa, ha recordado que en 1978, cuando comenzó el proceso de san Josemaría, Mons. Álvaro del Portillo insistió en que, al pedir al Papa el inicio de la causa del Fundador, el Opus Dei no buscaba su propia gloria, sino la de la Iglesia. “Hoy –ha dicho Capucci– con todo el corazón hacemos nuestras esas palabras”.

El próximo paso del proceso, una vez que el tribunal de la Prelatura del Opus Dei concluya sus sesiones, será la elaboración de la positio, una biografía del candidato a los altares que debe demostrar que éste ha vivido en grado heroico las virtudes cristianas.

La positio ha de ser presentada por el postulador de la causa de canonización: en el caso de Álvaro del Portillo, el postulador es Monseñor Flavio Capucci.

La positio es enviada luego a la Congregación para las Causas de los Santos para que la estudie y emita su dictamen.

Concluye en Roma la fase diocesana de la causa de canonización de don Álvaro del Portillo

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El  jueves 26 de junio de 2008, en el Palacio del Laterano, el cardenal Camillo Ruini presidió la sesión de clausura del proceso diocesano sobre la vida y las virtudes del Siervo de Dios Álvaro del Portillo (1914-1994), obispo y prelado del Opus Dei.

Opus Dei - Juan Pablo II y Mons. Álvaro del Portillo.

Juan Pablo II y Mons. Álvaro del Portillo.

Ese mismo día, la Iglesia celebra la memoria litúrgica de san Josemaría, fundador del Opus Dei.

El proceso se abrió el 5 de marzo de 2004. El actual Prelado del Opus Dei, Mons. Javier Echevarría, fue reconocido por la Congregación para las Causas de los Santos como obispo competente para instruir la causa de canonización de su predecesor.

Sin embargo, Mons. Echevarría pidió al cardenal Ruini que se nombrase un tribunal en el Vicariato de la Diócesis de Roma para que recibiera su testimonio y el de algunos otros testigos.

El resto de testigos han sido escuchados por el tribunal de la Prelatura en Roma o por tribunales de sus diócesis de residencia.

Mons. Flavio Capucci, Postulador de la causa, ha agradecido al tribunal del Vicariato el trabajo desarrollado. Con esa ocasión, ha recordado que en 1978, cuando comenzó el proceso de san Josemaría, Mons. Álvaro del Portillo insistió en que, al pedir al Papa el inicio de la causa del Fundador, el Opus Dei no buscaba su propia gloria, sino la de la Iglesia. “Hoy –ha dicho Capucci- con todo el corazón hacemos nuestras esas palabras”.

El próximo paso del proceso se dará cuando el tribunal de la Prelatura concluya las sesiones del proceso que instruye. Con el material que ambos tribunales hayan recogido, el Postulador elaborará la positio, que es una biografía del Siervo de Dios y un estudio de cómo ha vivido las virtudes cristianas en grado heroico.

En su momento, el Postulador enviará la positio a la Congregación para las Causas de los Santos para que sea estudiada.

Fotos de la Clausura del proceso de don Álvaro en Roma

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Galería de fotos del acto celebrado en el Vicariato de Roma. El cardenal Ruini presidió la clausura del Proceso diocesano de Mons. Álvaro del Portillo.

Un notario levantó acta de la clausura del Proceso diocesano de la causa de Canonización de Mons. Álvaro del Portillo (Fotos de Juan Mª San Millán).

El cardenal Camilo Ruini, vicario del Santo Padre para la diócesis de Roma, dijo que don Álvaro “fue un ejemplo de fidelidad en el seguimiento del espíritu de santificación en el trabajo y en la vida ordinaria”.

“No olvidaré -ha dicho el cardenal Ruini- el afecto de don Álvaro cuando venía a visitarme al vicariato. Dejaba siempre un recuerdo y testimonio de su dedicación a Cristo”.

A continuación, todos los documentos con las declaraciones de quienes han participado en el Proceso se han custodiado en cajas.

El notario ha lacrado las cajas, que se enviarán a la Santa Sede para que continúe el proceso.

Mons. Flavio Capucci, postulador de la Causa.

El acto se celebró en la Sala de los Pactos de Letrán, en el Vicariato de Roma.

Al acto asistió Mons. Javier Echevarría y otros obispos que trataron a Mons. Álvaro del Portillo.

“Vemos en el queridísimo don Álvaro -ha dicho el Prelado- el hombre íntegro, el cristiano auténtico, el buen pastor, el hijo fidelísimo de San Josemaría”.

Muchas personas acudieron a ver las cajas lacradas con la documentación recogida.

Galería de fotos sobre don Álvaro

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Bajo las fotos, recogemos algunos recuerdos acerca de su persona.

Cuando Mons. Leopoldo Eijo y Garay, Obispo de Madrid-Alcalá, supo que Álvaro iba a recibir la ordenación sacerdotal, le preguntó: “-Álvaro, ¿te das cuenta de que vas a perder la personalidad? Ahora eres un ingeniero prestigioso, y después vas a ser un cura más”. A don Leopoldo le conmovió la respuesta: “-Señor Obispo, la personalidad hace muchos años que se la he regalado a Jesucristo”. (Salvador Bernal, Recuerdo de Álvaro del Portillo. Ed. Rialp, p. 84).

Recuerdo que, cuando nos preparábamos para recibir la ordenación los tres primeros sacerdotes de la Obra, el Padre nos aconsejó a José María Hernández de Garnica, a José Luis Múzquiz y a mí, que dedicáramos más tiempo que antes -la lectura meditada de la Sagrada Escritura es una práctica de piedad vivida por todos los miembros de la Obra- a leer y meditar atentamente la Escritura; nos recomendaba con insistencia que nos acercásemos a ella con mucha fe, porque sólo así, sólo llevando el alma al dulce encuentro con Cristo, podríamos contagiar a los demás el amor y el deseo de identificarse con Él. (Álvaro del Portillo, Entrevista sobre el Fundador del Opus Dei, Ed. Rialp, p. 150).

“Yo quiero trabajar junto al Padre, con todas mis fuerzas, hasta el fin de mi vida”. (Salvador Bernal, Recuerdo de Álvaro del Portillo. Ed. Rialp, p. 108).

No dejó un solo momento de animar aquella conversación tan agradable y edificante. Una de las presentes le habló de los frutos apostólicos de una catequesis realizada en un país de América del Sur, y el Padre precisó: “Ten en cuenta que no era fruto vuestro: era fruto de la Pasión del Señor, del dolor del Señor; de los trabajos y de las penas llevadas con tanto amor por la Madre de Dios; de la oración de todos vuestros hermanos; de la santidad de la Iglesia. Se manifestaba en apariencia como fruto de vuestro trabajo, pero no tengáis el orgullo de pensar que es así”. (Álvaro del Portillo, Entrevista sobre el Fundador del Opus Dei, Ed. Rialp, p. 235).

El Papa necesita toda nuestra lealtad, todo nuestro cariño, toda nuestra piedad y nuestra devoción, todo nuestro deseo de ser santos, aunque seamos pobres pecadores. (Salvador Bernal, Recuerdo de Álvaro del Portillo. Ed. Rialp, p. 116).

Sus dotes humanas y espirituales, que constituyen como un compendio de las virtudes que deseamos encontrar en el sacerdote, ministro de Cristo y servidor de las almas: inteligencia humilde, piedad sencilla, entrega plena a los demás, solicitud y misericordia por los débiles y necesitados, fortaleza de padre, paz contagiosa. (Salvador Bernal, Recuerdo de Álvaro del Portillo. Ed. Rialp, p. 94).

Pedid al Espíritu Santo abundantes luces para el Papa y los Padres sinodales, a fin de que la profundización teológica y espiritual sobre la Iglesia, que se realice en esos días, traiga consigo un fuerte impulso de santidad y de apostolado que se difunda por todos los rincones de la tierra. (Salvador Bernal, Recuerdo de Álvaro del Portillo. Ed. Rialp, p. 131).

Hemos de continuar, como hasta ahora, bien unidos al Papa: a Juan Pablo II como a los anteriores y a los que vendrán después, porque el Papa es Cristo en la tierra. Nos dirán quizá que eso es papolatría… No nos importa nada. Tenemos el orgullo de sabernos hijos de Dios y también hijos del Papa, que es el Padre Común de los cristianos. (Salvador Bernal, Recuerdo de Álvaro del Portillo. Ed. Rialp, pp. 255-256).

La paternidad espiritual, encarnada por nuestro queridísimo Fundador de modo inigualable, pasó a este pobre hombre que ahora es vuestro Padre. Verdaderamente cor nostrum dilatatum est (II Cor. VI, 11): mi corazón se dilató para quereros, a todos, a cada una y a cada uno, con cariño de padre y de madre, como nuestro Padre había pedido para sus sucesores. (Salvador Bernal, Recuerdo de Álvaro del Portillo. Ed. Rialp, p. 157).

Rezad por mí para que cuando me presente al Señor -cuando Él quiera: hoy mismo o dentro de veinte años- pueda ofrecerle las perlas, los brillantes, las esmeraldas, las amatistas: la fidelidad de mis hijas y de mis hijos que yo, con la gracia divina, habré ayudado a conservar. Que me seáis fieles: no dejéis que me presente al Señor con las manos vacías. (Salvador Bernal, Recuerdo de Álvaro del Portillo. Ed. Rialp, pp. 291-292).

Mons. Álvaro del Portillo

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Clausura de la fase instructoria de la causa de canonización de Mons. Álvaro del Portillo en el tribunal de la Prelatura del Opus Dei.

En los últimos cuatro años, la vida y las virtudes de Monseñor Álvaro del Portillo (galería fotográfica) han sido objeto de estudio por parte de un tribunal de la Prelatura del Opus Dei y, paralelamente, por parte de otro del Vicariato de Roma. Ambos tribunales han interrogado a numerosos testigos en relación con el anterior Prelado del Opus Dei.

Opus Dei - Mons. Javier Echevarría firma las actas

Mons. Javier Echevarría firma las actas

El tribunal de la Prelatura ha clausurado sus sesiones el 7 de agosto, en un acto que ha tenido lugar en el aula magna Juan Pablo II de la Universidad de la Santa Cruz, en Roma. El Prelado del Opus Dei, Mons. Javier Echevarría, ha presidido el acto.

“Fue, ante todo, un hombre fiel”, ha dicho Mons. Echevarría en su alocución, hablando de su predecesor en el gobierno de la Prelatura. El Prelado ha recordado que hombre fiel significa hombre de fe. En el caso de don Álvaro, “fe en Dios, fe en la Iglesia, fe en el origen sobrenatural del Opus Dei y, por tanto, en el carácter divino de la empresa a la que el Señor le había llamado a colaborar”. Esta fe es la raíz profunda de su fidelidad al fundador, “de quien fue el más estrecho colaborador durante cuarenta años y, después, el primer sucesor al frente del Opus Dei”.

Opus Dei - El notario lacra las cajas con las actas

El notario lacra las cajas con las actas

El Prelado ha añadido: “Que don Álvaro, con su inolvidable sonrisa y su inalterable paz interior, con su firmeza en el cumplimiento del bien y con su humildad, nos ayude a irradiar en el mundo la luz de Cristo, por medio de un apostolado incesante que comunique a las almas la alegría del encuentro con Cristo. Recordad su enseñanza y su ejemplo: hacer amable la verdad, nos recomendaba” (texto completo en italiano).

El proceso del Vicariato fue clausurado el pasado 26 de junio en el palacio del Laterano. Fue, en la práctica, el último acto público del Cardenal Camillo Ruini como Vicario del Papa para la Diócesis de Roma.

Opus Dei - Los asistentes en el aula magna Juan Pablo II

Los asistentes en el aula magna Juan Pablo II

La causa de Mons. Del Portillo es la primera instruida en un tribunal de la Prelatura. El postulador de la causa, Monseñor Flavio Capucci, ha explicado que es praxis en la Iglesia que, cuando se tiene conciencia de la santidad de un Obispo, sea su propia circunscripción eclesiástica la que instruya el correspondiente proceso: de ahí que la Congregación para las Causas de los Santos haya reconocido al Prelado del Opus Dei como Ordinario competente para la instrucción de esta causa.

El próximo paso será la elaboración de la positio

Terminada la fase diocesana del proceso, el próximo paso será la elaboración de la positio, una biografía del candidato a los altares que debe demostrar que éste ha vivido en grado heroico las virtudes cristianas. La positio será presentada luego por el postulador a la Congregación para las Causas de los Santos para que la estudie y emita

D. Álvaro del Portillo

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Fotos: Clausurada la fase instructoria de la causa de don Álvaro en el tribunal de la Prelatura

El público se dirige al acto de clausura de la fase instructoria de la causa de canonización de Mons. Álvaro del Portillo por parte del tribunal de la Prelatura del Opus Dei (© Alberto García Marcos).

A las 11.00 de la mañana del 7 de agosto de 2008, los miembros del tribunal dan inicio al acto.

El Prelado del Opus Dei preside el tribunal como Ordinario competente para instruir la causa de don Álvaro.

El acto tuvo lugar en el aula magna Juan Pablo II de la Universidad Pontificia de la Santa Cruz.

Mons. Javier Echevarría firma el decreto de clausura de la fase instructoria.

El Notario invita a los otros miembros del tribunal a firmar las actas.

El Postulador de la causa, Mons. Flavio Capucci, firma las actas.

El Notario lacra las 8 cajas con la documentación recogida durante los últimos 4 años por el tribunal de la Prelatura.

El día 8 de agosto las cajas fueron entregadas a la Congregación para las Causas de los Santos, en el Vaticano

Numerosas personas que conocieron a don Álvaro quisieron estar presentes.

El Prelado del Opus Dei dijo: “Que don Álvaro, con su inolvidable sonrisa y su inalterable paz interior, con su firmeza en el cumplimiento del bien y con su humildad, nos ayude a irradiar en el mundo la luz de Cristo, por medio de un apostolado incesante que comunique a las almas la alegría del encuentro con Cristo”.

Seguir caminando

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“La herencia de Mons. Escrivá de Balaguer”, escrito por Luis Ignacio Seco.

Las primeras declaraciones de Monseñor Álvaro del Portillo, elegido en Roma por unanimidad en la primera votación, el 15 de septiembre de 1975, para suceder a Monseñor Escrivá de Balaguer fueron estas:

«¿Qué hará ahora el Opus Dei? Seguir caminando: hacer lo que hemos hecho siempre, también desde que el Señor se llevó consigo a nuestro Fundador. Seguir caminando con el espíritu que él nos ha dejado definitivamente establecido, inequívoco.

»El espíritu del Opus Dei nos ha enseñado a vivir todas las realidades humanas nobles, a tratar todas las cosas de la tierra que los hombres aman limpia y rectamente, con sentido cristiano, de cara a Dios, ejercitando la fe, la esperanza y la caridad. Por eso, la familia, el trabajo profesional, los derechos y deberes propios de la vida social: en una palabra, todo lo que forma parte de la vida ordinaria de la persona, puede ser santificado y así, en esa medida, es acogido por el espíritu del Opus Dei, que a nadie saca de su sitio y en nada violenta las realidades naturales y la autonomía personal de cada uno. Monseñor Escrivá de Balaguer, al darnos este espíritu, nos ha engendrado a esta nueva dimensión de nuestra vida, de servicio generoso, alegre y constante a la Iglesia, al Papa –el Vicecristo, como gustaba llamarle el Fundador–, a los obispos y a todos los hombres. Nueva dimensión que cada uno realiza en su propia vida, con la gracia de Dios y su propio esfuerzo, con su propia responsabilidad. Somos una familia de vínculos sobrenaturales, espirituales, en la que cada uno goza de la más amplia libertad personal con todo el amplísimo campo de las cosas temporales, sin otros límites que los de la fe y de la moral cristiana, tal como las propone el Magisterio de la Iglesia: por ejemplo, ahora a la luz de las enseñanzas del Concilio Vaticano II.

»En el Opus Dei no hay vértice ni base: todos somos igualmente hijos de nuestro Fundador, quien nos ha enseñado a poner a Cristo en la propia vida, y que ha dado para siempre a nuestra institución el carácter sencillo y cordial de una familia bien avenida.

»El trabajo que los miembros del Opus Dei desarrollan en todos los ambientes familiares, profesionales, sociales, es la ocasión normal y propicia del encuentro amistoso con sus iguales, y por eso, para hablarles de Dios con el testimonio de la propia vida.

»Nos llegan continuamente palabras de agradecimiento a nuestro Fundador, que, con su vida y su doctrina, ha llenado de luz cristiana el corazón de muchísimas personas, llevándolas al amor de Dios. Esto es lo que nos proponemos seguir haciendo los hijos de Monseñor Escrivá de Balaguer, con la mayor fidelidad posible y siempre, en todo momento, en la pequeña realidad cotidiana de cada uno».

Creo que no se podía expresar de mejor modo la continuidad del Opus Dei en el espíritu que le imprimió su Fundador.

Don Álvaro y la fe de una familia

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El 23 de marzo se cumple un nuevo aniversario de la partida al Cielo de Monseñor Álvaro del Portillo. Para recordarlo, publicamos la historia de Mateo, un favor concedido por su intercesión a una familia chilena que está convencida del poder de la fe y de la oración.

Opus Dei -  Jesús Brosel y María Cristina con Mateo.

Jesús Brosel y María Cristina con Mateo.

Esa tarde de noviembre de 2008, los Johnson Undurraga, como todos los domingos, se habían juntado con sus niños en la casa de sus padres, Hernán y María Cristina, en Huechuraba, cerca de Santiago. Después de alimentar a Lucas, su hijo menor, María Cristina Johnson, Maqui, fue a darle un vistazo al pequeño Mateo, de un año y ocho meses, que había dejado durmiendo la siesta. Al no encontrarlo, pensó que se había ido a ver las gallinas, su sitio preferido. Pero no. Recorrió toda la propiedad y al final llegó hasta la piscina, bastante retirada de la casa, “por si acaso”. Pensaba que el niño, tan pequeño, no se aventuraría solo hasta allí. No había nadie. De repente, volvió sobre sus pasos y vio, flotando, una mancha naranja, igual a la camisa de Mateo. Como loca, comenzó a gritar, sacó al niño del agua y le rogó a su papá, que había corrido a su encuentro: “¡sálvalo!”.

“Nunca en mi vida había hecho respiración artificial –recuerda Hernán Johnson– pero me puse a insuflar aire por la boca de Mateo y a rezar con todas mis fuerzas a Jesús, a don Álvaro del Portillo y a mi mamá (Inés Llona de Johnson, una de las primeras supernumerarias del Opus Dei en Chile). Como ella conoció mucho a don Álvaro, le pedí que lo ’importunara’ para que le rogara a Jesús que le devolviera la vida a Mateo. Así, seríamos tres los que acudiríamos al corazón misericordioso de Jesús.

Confieso que tengo una debilidad especial por este nieto. Cuando todos los días en la Misa, después de la Comunión, le digo a la Virgen que devuelvo en sus manos a Jesús niño –según una costumbre que aprendimos de nuestra mamá–, me imagino al niño Jesús con la carita de Mateo”.

Opus Dei -  Hernán Johnson, el abuelo: “Yo estaba absolutamente seguro de que Jesús  lo iba a salvar”.

Hernán Johnson, el abuelo: “Yo estaba absolutamente seguro de que Jesús lo iba a salvar”.

Hernán estuvo en esta tarea por minutos que le parecieron una eternidad, hasta que llegó Jesús Brosel, el papá, que, como buen catalán, ya se había vuelto a su casa en el mismo barrio, para ver un partido del Barcelona. Entre ambos trataron de hacer salir el agua del cuerpo totalmente inerte del niño que, según calcularon, había estado entre 10 y 15 minutos sumergido.

Aunque habían pedido ya una ambulancia, para ganar tiempo, subieron a Mateo en un auto y se dirigieron a Santiago, junto a una pediatra amiga y a una tía, que también se encontraban en la casa.

“Yo no sabía si rezar o desmayarme”
“Mi tía tenía algunas estampas de don Álvaro y dijo recémosle, porque necesitamos un milagro. Yo no sabía si quería rezar o desmayarme para olvidar todo y despertar después como de una pesadilla”, cuenta Maqui, la mamá. “La tía me animaba, diciéndome que estaba segura que mi hijo se iba a salvar. Rezamos nueve veces la oración de la estampa hasta que nos encontramos con la ambulancia que venía bajando por Vespucio. La hicimos parar y trasladamos a Mateo. Al verlo, los paramédicos nos dijeron que el niño ya estaba muerto y que era inútil entubarlo. La pediatra que venía con nosotros convenció al equipo de la ambulancia que le pusieran oxígeno, argumentando que aún se le sentía el pulso débilmente y ‘con los niños todo puede pasar’. Mientras trasladábamos a Mateo, se produjo un enorme taco en Vespucio que mi tía aprovechó para repartir estampas de don Álvaro entre los ocupantes de los autos, los curiosos y hasta los limpiadores de parabrisas, pidiéndoles que rezaran por el niño.”

Como el Hospital Roberto del Río estaba más cerca, lo llevaron allá. Los médicos que lo recibieron no dieron ninguna esperanza: era muy difícil que Mateo sobreviviera y, si lo hacía, las secuelas serían extremadamente severas.

Conocidos y desconocidos empezaron a pedir
“Yo estaba absolutamente seguro de que Jesús lo iba a salvar –dice el abuelo–, y rezaba con una confianza total. Cuando dos de mis hijos llegaron llorando, me enojé con ellos por su falta de fe”.

María Cristina Undurraga, la abuela, cuenta que ella pasó una estampa con reliquia de don Álvaro por todo el cuerpecito inmóvil de Mateo “para que la curación fuera completa y no quedara con secuelas ni en su cerebro ni en sus extremidades”.

Inmediatamente que se supo la noticia, familiares, vecinos, amigos, conocidos y desconocidos empezaron a pedir. Cada día, a las 12, junto con el Angelus, se rezaba una estampa a don Álvaro. Por las tardes, la gente se apretujaba en la pequeña iglesia de Jesús esperanza de los pobres, en Huechuraba, para encomendar a Mateo.

“Mi tía Tere, numeraria del Opus Dei, me trajo los mails llegados de diferentes partes del mundo en que contaban que estaban rezando por mi hijo: Singapur, Israel, Roma, Madrid, Concepción…”, señala Maqui.

“Cuando la gente rezaba, Mateo mejoraba”
“Extraordinariamente, cada vez que la gente se juntaba para rezar, Mateo tenía alguna mejoría,” afirma su padre Jesús Brosel. “La primera fue el mismo domingo, cuando le pincharon un dedito del pie y encogió la pierna. El lunes llegué muy temprano al hospital y comencé a acariciarle la cabecita y a decirle palabras en catalán al oído. Al tomarle la manita, se movió con todo el cuerpo. Los doctores nos dijeron que era un buen signo pero que no nos hiciéramos ilusiones, porque era casi totalmente seguro que el niño tendría que estar en silla de ruedas por el resto de su vida. Pero, poco a poco, fue mejorando. El martes al mediodía le quitaron el respirador artificial y le dejaron una mascarilla. Como a las siete y media de la tarde, cuando estaban en Misa todos, le retiraron el oxígeno, porque ya no lo necesitaba. Por primera vez  dijo papá, mamá y pidió agua y su ‘tete’. Estas dos reacciones positivas se produjeron en los momentos en que la gente se había juntado a orar”.

El miércoles, los médicos consideraron que Mateo, fuera de riesgo vital, podía dejar la UTI y recomendaron que lo trasladaran a una clínica privada porque el personal del hospital estaba en paro y la atención en las salas no sería óptima.

En la clínica le hicieron  una resonancia magnética que dio como resultado una lesión profunda en el ganglio basal, que es el que afecta a los enfermos de Parkinson. El niño no se mantenía sentado y tampoco sujetaba la cabeza. Sin embargo, el mismo médico aseguró que no correspondía el resultado de la resonancia con el estado del chico. “De acuerdo al resultado del examen, el niño debería estar completamente postrado”, afirmó. Sin embargo, Mateo cogió en sus manos el encendedor que le alargaba su papá y luego se lo devolvió; reconocía a sus padres y podía hablar.

“No hay explicación médica”
“Esto es un verdadero milagro, aseguró el doctor. No hay explicación médica para lo que estoy viendo”. El jueves comenzó a mantenerse sentado. Le hicieron un nuevo examen y salió “perfecto”.

“Un joven médico de la Universidad de los Andes, amigo de un primo de Maqui, que estaba haciendo su práctica en la clínica, vino a rezar conmigo el Mes de María. El doctor que acababa de tomarle el examen a Mateo se acercó y dijo: vengo también a rezar con ustedes porque lo que estoy viendo no me lo puedo explicar”, cuenta Jesús.

“La neuróloga que lo veía nos dijo que no nos hiciéramos ilusiones, porque Mateo no sería el mismo, habría que enseñarle a caminar y también a hablar. Le preguntamos si Mateo se podría ir caminando a la casa y dijo que eso no iba a pasar. Tal vez podría caminar después de una larga rehabilitación, al cabo de un año o dos. Entonces empezamos a rezar con más fervor para que el milagro fuera completo y Mateo pudiera salir caminando de la clínica”, cuentan Jesús y María Cristina. “Para que se notara que Dios nos estaba escuchando y la recuperación era milagrosa.”

“Ahora el señor Del Portillo me cuida a míI”
“El domingo por la mañana, me desperté en la clínica muy temprano, como a las seis, y empecé a rezar: Señor, Tú me tienes que ayudar. Yo estaba seguro de que mi hijo se iba a recuperar porque nosotros habíamos perdido una hijita y en cierto modo sentíamos que Dios nos había enviado de regalo a Mateo. Saqué al niño de la cuna y lo llevé a la puerta de la habitación. Lo paré en el suelo y le dije: ven hacia mí. Y comenzó a cami…”, recuerda Jesús y no puede continuar por la emoción.

El martes, día en que se cumplía la novena a don Álvaro, al finalizar la Misa de la tarde en la capilla Jesús esperanza de los pobres, de Huechuraba, el Obispo monseñor Infante, que había celebrado todas las Misas por Mateo, anunció: les tengo una sorpresa. Y por la nave central, caminando de la mano de Jesús y Maqui, avanzaba Mateo… totalmente curado.

“La gente se puso a llorar de alegría, de emoción, cuenta la abuela, porque era palpable que el Señor estaba con nosotros y nos había escuchado. Fue algo maravilloso. Lo más lindo es que personas alejadas de la fe se sintieron removidas y la figura de don Álvaro, que muchos desconocían, pasó a ser la de un amigo. A veces, cuando bajamos por Vespucio hacia Huechuraba, uno de los  limpiadores de vidrios, luego de preguntar por Mateo, saca del bolsillo la estampita de don Álvaro y nos dice “ahora el señor del Portillo me está cuidando a mí”.

Agradecimiento

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Ante todo, deseo dejar constancia de mi más profundo reconocimiento a Mons. Alvaro del Portillo por la generosidad con que ha puesto a mi alcance sus recuerdos personales, junto con cartas y documentos, que iluminan rasgos hasta ahora inéditos de la atrayente figura del Fundador del Opus Dei, al que desde el 17 de mayo de 1992 la Iglesia venera como Beato.

Por sus cuarenta años de convivencia con Mons. Josemaría Escrivá, Mons. Alvaro del Portillo es un testigo privilegiado –es más, único– de la vida santa del Fundador y de su incansable y heroica actividad por el bien de la Iglesia y de todas las almas.

Este libro es relativamente breve, ya que sólo aborda algunos aspectos de la personalidad del Fundador y de su correspondencia a la iniciativa divina, sin pretender ser exhaustivo. Es tan grande su riqueza espiritual que tal vez ni siquiera pueda describirse adecuadamente en un libro más extenso. Considero que el mensaje del Fundador –una espiritualidad encarnada– se pone especialmente de manifiesto a través de un conjunto de anécdotas, hechos concretos, experiencias vividas, casi mejor que en una exposición conceptual. Este libro, por tanto, no pretende sustituir a las biografías del Fundador del Opus Dei, cuyo conocimiento en cierto sentido se presupone y, además, ayuda a situar históricamente las informaciones, en gran parte inéditas, que aquí se proporcionan.

Realizar esta entrevista ha constituido una experiencia profesional y espiritual gratificante. Profundizar en el conocimiento de un hombre de Dios, tan querido, a través de la experiencia viva del hijo más próximo, ha sido motivo de una íntima alegría.

Sólo me resta desear a los lectores de estas páginas que su alma quede removida por la vida y las virtudes del Beato Josemaría, fidelísimamente reflejadas en las palabras de su sucesor, Mons. Alvaro del Portillo.

Setenta años del Opus Dei

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El dos de octubre de 1998 se cumplen setenta años de la fundación del Opus Dei. Setenta años son quizá pocos para realizar un balance provisional. Pero es tiempo más que suficiente para hacer examen de conciencia ante Dios. “Gracias por la ayuda que me has dado, perdona mi debilidad, ayúdame más”: Mons. Álvaro del Portillo, primer sucesor del Beato Josemaría al frente del Opus Dei, rezaba con esas palabras en fechas como ésta. Hoy yo quiero hacer mía aquella oración.

¿Qué perspectivas se abren en este momento a la Prelatura del Opus Dei? Las mismas que el Beato Josemaría vio el 2 de octubre de 1928. El trabajo es tarea y dignidad perpetua del hombre sobre la tierra. Siempre será preciso, por tanto, mostrar que el trabajo es, a la vez, lugar donde los hombres pueden encontrar a Cristo y materia misma de su santidad.

Deseo transcribir un fragmento de una carta del Beato Josemaría fechada en 1932. En ella, el Opus Dei es descrito en su núcleo esencial: “Al suscitar en estos años su Obra, el Señor ha querido que nunca más se desconozca o se olvide la verdad de que todos deben santificarse y de que a la mayoría de los cristianos les corresponde santificarse en el mundo, en el trabajo ordinario. Por eso, mientras haya hombres en la tierra, existirá la Obra. Siempre se producirá este fenómeno: que haya personas de todas las profesiones y oficios, que busquen la santidad en su estado, en esa profesión o en ese oficio suyo, siendo almas contemplativas en medio de la calle”.

No nos santificamos a pesar del mundo, sino en el mundo. El Beato Josemaría escribió en otra ocasión: “Dios os llama a servirle en y desde las tareas civiles, materiales, seculares de la vida humana: en un laboratorio, en el quirófano de un hospital, en el cuartel, en la cátedra universitaria, en la fábrica, en el taller, en el campo, en el hogar de familia y en todo el inmenso panorama del trabajo, Dios nos espera cada día. Sabedlo bien: hay un algo santo, divino, escondido en las situaciones más comunes, que toca a cada uno de vosotros descubrir”.

Ningún cristiano puede olvidar que el camino de la santidad pasa por la Cruz de Cristo. El esfuerzo por identificarse con Cristo en el trabajo cotidiano no puede quedar confinado en la esfera de las intenciones, sino que implica también fatiga, fortaleza en las contrariedades, dedicación, espíritu de servicio, lealtad probada.

Por eso pido al Señor que enseñe a todos los hombres a amar el sacrificio. Junto a la Cruz descubriremos que somos hijos queridísimos de Dios y experimentaremos la protección materna de María.


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