<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>Opus Dei Testimonios &#187; compromiso</title>
	<atom:link href="http://opusdeit.org/category/compromiso/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>http://opusdeit.org</link>
	<description>Testimonios sobre el Opus Dei y la vida cristiana</description>
	<lastBuildDate>Wed, 08 Sep 2010 14:49:42 +0000</lastBuildDate>
	<language>en</language>
	<sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency>
	<generator>http://wordpress.org/?v=3.0</generator>
		<item>
		<title>Sesenta años desde la Declaración Universal de los Derechos del Hombre</title>
		<link>http://opusdeit.org/2010/09/sesenta-anos-desde-la-declaracion-universal-de-los-derechos-del-hombre-2/</link>
		<comments>http://opusdeit.org/2010/09/sesenta-anos-desde-la-declaracion-universal-de-los-derechos-del-hombre-2/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 08 Sep 2010 09:04:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>opusdeit</dc:creator>
				<category><![CDATA[compromiso]]></category>
		<category><![CDATA[60° aniversario]]></category>
		<category><![CDATA[Asamblea General de las Naciones Unidas]]></category>
		<category><![CDATA[Benedicto XVI]]></category>
		<category><![CDATA[concepción relativista]]></category>
		<category><![CDATA[dignidad humana]]></category>
		<category><![CDATA[relaciones internacionales]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://opusdeit.org/?p=6888</guid>
		<description><![CDATA[Con motivo de este aniversario, recogemos parte del discurso de Benedicto XVI. El pasado 18 de abril, el Santo Padre Benedicto XVI dirigió su discurso a la Asamblea General de las Naciones Unidas. Entre otras cosas, dijo: &#8220;La referencia a la dignidad humana, que es el fundamento y el objetivo de la responsabilidad de proteger, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h2 style="text-align: center">Con motivo de este aniversario, recogemos parte del discurso de Benedicto XVI.</h2>
<div><img src="http://www.opusdei.es/image/phghapap1new.jpg" alt="Opus Dei - " width="180" height="244" /></div>
<p>El pasado 18 de abril, el Santo Padre <a href="http://www.opusdei.es/ssec.php?a=3553" rel='nofollow'>Benedicto XVI</a> dirigió su discurso a la Asamblea General de las Naciones Unidas. Entre otras cosas, dijo:</p>
<p>&#8220;La referencia a la dignidad humana, que es el fundamento y el objetivo de la responsabilidad de proteger, nos lleva al tema sobre el cual hemos sido invitados a centrarnos este año, en el que se cumple el 60° aniversario de la <em>Declaración Universal de los Derechos del Hombre</em>.</p>
<p>El documento fue el resultado de una convergencia de tradiciones religiosas y culturales, todas ellas motivadas por el deseo común de poner a la persona humana en el corazón de las instituciones, leyes y actuaciones de la sociedad, y de considerar a la persona humana esencial para el mundo de la cultura, de la religión y de la ciencia.</p>
<p>Los derechos humanos son presentados cada vez más como el lenguaje común y el sustrato ético de las relaciones internacionales. Al mismo tiempo, la universalidad, la indivisibilidad y la interdependencia de los derechos humanos sirven como garantía para la salvaguardia de la dignidad humana.</p>
<p>Sin embargo, es evidente que los derechos reconocidos y enunciados en la <em>Declaración</em> se aplican a cada uno en virtud del origen común de la persona, la cual sigue siendo el punto más alto del designio creador de Dios para el mundo y la historia.</p>
<p>Estos derechos se basan en la ley natural inscrita en el corazón del hombre y presente en las diferentes culturas y civilizaciones. Arrancar los derechos humanos de este contexto significaría restringir su ámbito y ceder a una concepción relativista, según la cual el sentido y la interpretación de los derechos podrían variar, negando su universalidad en nombre de los diferentes contextos culturales, políticos, sociales e incluso religiosos.</p>
<p>Así pues, no se debe permitir que esta vasta variedad de puntos de vista oscurezca no sólo el hecho de que los derechos son universales, sino que también lo es la persona humana, sujeto de estos derechos&#8221;.<a><br />
</a></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://opusdeit.org/2010/09/sesenta-anos-desde-la-declaracion-universal-de-los-derechos-del-hombre-2/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Combatir la pobreza, construir la paz</title>
		<link>http://opusdeit.org/2010/09/combatir-la-pobreza-construir-la-paz-3/</link>
		<comments>http://opusdeit.org/2010/09/combatir-la-pobreza-construir-la-paz-3/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 02 Sep 2010 12:22:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>opusdeit</dc:creator>
				<category><![CDATA[compromiso]]></category>
		<category><![CDATA[Benedicto XVI]]></category>
		<category><![CDATA[combatir la pobreza]]></category>
		<category><![CDATA[desigualdad entre ricos y pobres]]></category>
		<category><![CDATA[fraternidad y responsabilidad]]></category>
		<category><![CDATA[globalización]]></category>
		<category><![CDATA[Jornada Mundial de la Paz]]></category>
		<category><![CDATA[proyecto divino]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://opusdeit.org/?p=6858</guid>
		<description><![CDATA[Mensaje de Benedicto XVI para la Jornada Mundial de la Paz que se celebra el primer día del año 1. En este año nuevo que comienza, deseo hacer llegar a todos mis mejores deseos de paz, e invitar con este Mensaje a reflexionar sobre el tema: Combatir la pobreza, construir la paz. Mi venerado predecesor [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h2 style="text-align: center">Mensaje de Benedicto XVI para la Jornada Mundial de la Paz que se celebra el primer día del año</h2>
<p>1. En este año nuevo que comienza, deseo hacer llegar a todos mis mejores deseos de paz, e invitar con este Mensaje a reflexionar sobre el tema:<em> Combatir la pobreza, construir la paz.</em> Mi venerado predecesor Juan Pablo II, en el Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz de 1993, subrayó ya las repercusiones negativas que la situación de pobreza de poblaciones enteras acaba teniendo sobre la paz. En efecto, la pobreza se encuentra frecuentemente entre los factores que favorecen o agravan los conflictos, incluidas la contiendas armadas. Estas últimas alimentan a su vez trágicas situaciones de penuria. «Se constata y se hace cada vez más grave en el mundo –escribió Juan Pablo II– otra seria amenaza para la paz: muchas personas, es más, poblaciones enteras viven hoy en condiciones de extrema pobreza. La desigualdad entre ricos y pobres se ha hecho más evidente, incluso en las naciones más desarrolladas económicamente. Se trata de un problema que se plantea a la conciencia de la humanidad, puesto que las condiciones en que se encuentra un gran número de personas son tales que ofenden su dignidad innata y comprometen, por consiguiente, el auténtico y armónico progreso de la comunidad mundial»[1].</p>
<p>2. En este cuadro, combatir la pobreza implica<em> considerar atentamente el fenómeno complejo de la globalización</em>. Esta consideración es importante ya desde el punto de vista metodológico, pues invita a tener en cuenta el fruto de las investigaciones realizadas por los economistas y sociólogos sobre tantos aspectos de la pobreza. Pero la referencia a la globalización debería abarcar también la dimensión espiritual y moral, instando a mirar a los pobres desde la perspectiva de que todos comparten un único proyecto divino, el de la vocación de construir una sola familia en la que todos –personas, pueblos y naciones– se comporten siguiendo los principios de fraternidad y responsabilidad.</p>
<p>En dicha perspectiva se ha de tener una visión amplia y articulada de la pobreza. Si ésta fuese únicamente material, las ciencias sociales, que nos ayudan a medir los fenómenos basándose sobre todo en datos de tipo cuantitativo, serían suficientes para iluminar sus principales características. Sin embargo, sabemos que hay pobrezas inmateriales, que no son consecuencia directa y automática de carencias materiales. Por ejemplo, en las sociedades ricas y desarrolladas existen fenómenos de<em> marginación, pobreza relacional, moral y espiritual</em>: se trata de personas desorientadas interiormente, aquejadas por formas diversas de malestar a pesar de su bienestar económico. Pienso, por una parte, en el llamado «subdesarrollo moral»[2] y, por otra, en las consecuencias negativas del «superdesarrollo»[3]. Tampoco olvido que, en las sociedades definidas como «pobres», el crecimiento económico se ve frecuentemente entorpecido por<em> impedimentos culturales, </em>que no permiten utilizar adecuadamente los recursos. De todos modos, es verdad que cualquier forma de pobreza no asumida libremente tiene su raíz en la falta de respeto por la dignidad trascendente de la persona humana. Cuando no se considera al hombre en su vocación integral, y no se respetan las exigencias de una verdadera «ecología humana»[4], se desencadenan también dinámicas perversas de pobreza, como se pone claramente de manifiesto en algunos aspectos en los cuales me detendré brevemente.</p>
<p><strong><em>Pobreza e implicaciones morales</em></strong></p>
<p>3. La pobreza se pone a menudo en relación con el<em> crecimiento demográfico</em>. Consiguientemente, se están llevando a cabo campañas para reducir la natalidad en el ámbito internacional, incluso con métodos que no respetan la dignidad de la mujer ni el derecho de los cónyuges a elegir responsablemente el número de hijos [5] y, lo que es más grave aún, frecuentemente ni siquiera respetan el derecho a la vida. El exterminio de millones de niños no nacidos en nombre de la lucha contra la pobreza es, en realidad, la eliminación de los seres humanos más pobres. A esto se opone el hecho de que, en 1981, aproximadamente el 40% de la población mundial estaba por debajo del umbral de la pobreza absoluta, mientras que hoy este porcentaje se ha reducido sustancialmente a la mitad y numerosas poblaciones, caracterizadas, por lo demás, por un notable incremento demográfico, han salido de la pobreza. El dato apenas mencionado muestra claramente que habría recursos para resolver el problema de la indigencia, incluso con un crecimiento de la población. Tampoco hay que olvidar que, desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta hoy, la población de la tierra ha crecido en cuatro mil millones y, en buena parte, este fenómeno se produce en países que han aparecido recientemente en el escenario internacional como nuevas potencias económicas, y han obtenido un rápido desarrollo precisamente gracias al elevado número de sus habitantes. Además, entre las naciones más avanzadas, las que tienen un mayor índice de natalidad disfrutan de mejor potencial para el desarrollo. En otros términos, la población se está confirmando como una riqueza y no como un factor de pobreza.</p>
<p>4. Otro aspecto que preocupa son las<em> enfermedades pandémicas</em>, como por ejemplo, la malaria, la tuberculosis y el sida que, en la medida en que afectan a los sectores productivos de la población, tienen una gran influencia en el deterioro de las condiciones generales del país. Los intentos de frenar las consecuencias de estas enfermedades en la población no siempre logran resultados significativos. Además, los países aquejados de dichas pandemias, a la hora de contrarrestarlas, sufren los chantajes de quienes condicionan las ayudas económicas a la puesta en práctica de políticas contrarias a la vida. Es difícil combatir sobre todo el sida, causa dramática de pobreza, si no se afrontan los problemas morales con los que está relacionada la difusión del virus. Es preciso, ante todo, emprender campañas que eduquen especialmente a los jóvenes a una sexualidad plenamente concorde con la dignidad de la persona; hay iniciativas en este sentido que ya han dado resultados significativos, haciendo disminuir la propagación del virus. Además, se requiere también que se pongan a disposición de las naciones pobres las medicinas y tratamientos necesarios; esto exige fomentar decididamente la investigación médica y las innovaciones terapéuticas, y aplicar con flexibilidad, cuando sea necesario, las reglas internacionales sobre la propiedad intelectual, con el fin de garantizar a todos la necesaria atención sanitaria de base.</p>
<p>5. Un tercer aspecto en que se ha de poner atención en los programas de lucha contra la pobreza, y que muestra su intrínseca dimensión moral, es la <em>pobreza de los niños. </em>Cuando la pobreza afecta a una familia, los niños son las víctimas más vulnerables: casi la mitad de quienes viven en la pobreza absoluta son niños. Considerar la pobreza poniéndose de parte de los niños impulsa a estimar como prioritarios los objetivos que los conciernen más directamente como, por ejemplo, el cuidado de las madres, la tarea educativa, el acceso a las vacunas, a las curas médicas y al agua potable, la salvaguardia del medio ambiente y, sobre todo, el compromiso en la defensa de la familia y de la estabilidad de las relaciones en su interior. Cuando la familia se debilita, los daños recaen inevitablemente sobre los niños. Donde no se tutela la dignidad de la mujer y de la madre, los más afectados son principalmente los hijos.</p>
<p>6. Un cuarto aspecto que merece particular atención desde el punto de vista moral es la<em> relación entre el desarme y el desarrollo.</em> Es preocupante la magnitud global del gasto militar en la actualidad. Como ya he tenido ocasión de subrayar, «los ingentes recursos materiales y humanos empleados en gastos militares y en armamentos se sustraen a los proyectos de desarrollo de los pueblos, especialmente de los más pobres y necesitados de ayuda. Y esto va contra lo que afirma la misma <em>Carta de las Naciones Unidas,</em> que compromete a la comunidad internacional, y a los Estados en particular, a “promover el establecimiento y el mantenimiento de la paz y de la seguridad internacional con el mínimo dispendio de los recursos humanos y económicos mundiales en armamentos” (art. 26)»[6].</p>
<p>Este estado de cosas, en vez de facilitar, entorpece seriamente la consecución de los grandes objetivos de desarrollo de la comunidad internacional. Además, un incremento excesivo del gasto militar corre el riesgo de acelerar la carrera de armamentos, que provoca bolsas de subdesarrollo y de desesperación, transformándose así, paradójicamente, en factor de inestabilidad, tensión y conflictos. Como afirmó sabiamente mi venerado Predecesor Pablo VI, «el desarrollo es el nuevo nombre de la paz»[7]. Por tanto, los Estados están llamados a una seria reflexión sobre los motivos más profundos de los conflictos, a menudo avivados por la injusticia, y a afrontarlos con una valiente autocrítica. Si se alcanzara una mejora de las relaciones, sería posible reducir los gastos en armamentos. Los recursos ahorrados se podrían destinar a proyectos de desarrollo de las personas y de los pueblos más pobres y necesitados: los esfuerzos prodigados en este sentido son un compromiso por la paz dentro de la familia humana.</p>
<p>7. Un quinto aspecto de la lucha contra la pobreza material se refiere a la<em> actual crisis alimentaria</em>, que pone en peligro la satisfacción de las necesidades básicas. Esta crisis se caracteriza no tanto por la insuficiencia de alimentos, sino por las dificultades para obtenerlos y por fenómenos especulativos y, por tanto, por la falta de un entramado de instituciones políticas y económicas capaces de afrontar las necesidades y emergencias. La malnutrición puede provocar también graves daños psicofísicos a la población, privando a las personas de la energía necesaria para salir, sin una ayuda especial, de su estado de pobreza. Esto contribuye a ampliar la magnitud de las desigualdades, provocando reacciones que pueden llegar a ser violentas. Todos los datos sobre el crecimiento de la pobreza relativa en los últimos decenios indican un aumento de la diferencia entre ricos y pobres. Sin duda, las causas principales de este fenómeno son, por una parte, el cambio tecnológico, cuyos beneficios se concentran en el nivel más alto de la distribución de la renta y, por otra, la evolución de los precios de los productos industriales, que aumentan mucho más rápidamente que los precios de los productos agrícolas y de las materias primas que poseen los países más pobres. Resulta así que la mayor parte de la población de los países más pobres sufre una doble marginación, beneficios más bajos y precios más altos.</p>
<p><strong><em>Lucha contra la pobreza y solidaridad global</em></strong></p>
<p>8. Una de las vías maestras para construir la paz es una globalización que tienda a los intereses de la gran familia humana[8]. Sin embargo, para guiar la globalización se necesita una fuerte <em>solidaridad global</em>[9], tanto entre países ricos y países pobres, como dentro de cada país, aunque sea rico. Es preciso un «código ético común»[10], cuyas normas no sean sólo fruto de acuerdos, sino que estén arraigadas en la ley natural inscrita por el Creador en la conciencia de todo ser humano (cf.<em> Rm </em>2,14-15). Cada uno de nosotros ¿no siente acaso en lo recóndito de su conciencia la llamada a dar su propia contribución al bien común y a la paz social? La globalización abate ciertas barreras, pero esto no significa que no se puedan construir otras nuevas; acerca los pueblos, pero la proximidad en el espacio y en el tiempo no crea de suyo las condiciones para una comunión verdadera y una auténtica paz. La marginación de los pobres del planeta sólo puede encontrar instrumentos válidos de emancipación en la globalización si todo hombre se siente personalmente herido por las injusticias que hay en el mundo y por las violaciones de los derechos humanos vinculadas a ellas. La Iglesia, que es «signo e instrumento de la íntima unión con Dios y de la unidad de todo el género humano»[11], continuará ofreciendo su aportación para que se superen las injusticias e incomprensiones, y se llegue a construir un mundo más pacífico y solidario.</p>
<p>9. En el campo del<em> comercio internacional </em>y de las<em> transacciones financieras</em>, se están produciendo procesos que permiten integrar positivamente las economías, contribuyendo a la mejora de las condiciones generales; pero existen también procesos en sentido opuesto, que dividen y marginan a los pueblos, creando peligrosas premisas para conflictos y guerras. En los decenios sucesivos a la Segunda Guerra Mundial, el comercio internacional de bienes y servicios ha crecido con extraordinaria rapidez, con un dinamismo sin precedentes en la historia. Gran parte del comercio mundial se ha centrado en los países de antigua industrialización, a los que se han añadido de modo significativo muchos países emergentes, que han adquirido una cierta relevancia. Sin embargo, hay otros países de renta baja que siguen estando gravemente marginados respecto a los flujos comerciales. Su crecimiento se ha resentido por la rápida disminución de los precios de las materias primas registrada en las últimas décadas, que constituyen la casi totalidad de sus exportaciones. En estos países, la mayoría africanos, la dependencia de las exportaciones de las materias primas sigue siendo un fuerte factor de riesgo. Quisiera renovar un llamamiento para que todos los países tengan las mismas posibilidades de acceso al mercado mundial, evitando exclusiones y marginaciones</p>
<p>10. Se puede hacer una reflexión parecida sobre las finanzas, que atañe a uno de los aspectos principales del fenómeno de la globalización, gracias al desarrollo de la electrónica y a las políticas de liberalización de los flujos de dinero entre los diversos países. La función objetivamente más importante de las finanzas, el sostener a largo plazo la posibilidad de inversiones y, por tanto, el desarrollo, se manifiesta hoy muy frágil: se resiente de los efectos negativos de un sistema de intercambios financieros –en el plano nacional y global– basado en una lógica a muy corto plazo, que busca el incremento del valor de las actividades financieras y se concentra en la gestión técnica de las diversas formas de riesgo. La reciente crisis demuestra también que la actividad financiera está guiada a veces por criterios meramente autorrefenciales, sin consideración del bien común a largo plazo. La reducción de los objetivos de los operadores financieros globales a un brevísimo plazo de tiempo reduce la capacidad de las finanzas para desempeñar su función de puente entre el presente y el futuro, con vistas a sostener la creación de nuevas oportunidades de producción y de trabajo a largo plazo. Una finanza restringida al corto o cortísimo plazo llega a ser peligrosa para todos, también para quien logra beneficiarse de ella durante las fases de euforia financiera[12].</p>
<p>11. De todo esto se desprende que la lucha contra la pobreza requiere una cooperación tanto en el plano económico como en el jurídico que permita a la comunidad internacional, y en particular a los países pobres, descubrir y poner en práctica soluciones coordinadas para afrontar dichos problemas, estableciendo un marco jurídico eficaz para la economía. Exige también incentivos para crear instituciones eficientes y participativas, así como ayudas para luchar contra la criminalidad y promover una cultura de la legalidad. Por otro lado, es innegable que las políticas marcadamente asistencialistas están en el origen de muchos fracasos en la ayuda a los países pobres. Parece que, actualmente, el verdadero proyecto a medio y largo plazo sea el invertir en la formación de las personas y en desarrollar de manera integrada una cultura de la iniciativa. Si bien las actividades económicas necesitan un contexto favorable para su desarrollo, esto no significa que se deba distraer la atención de los problemas del beneficio. Aunque se haya subrayado oportunamente que el aumento de la renta <em>per capita</em> no puede ser el fin absoluto de la acción político-económica, no se ha de olvidar, sin embargo, que ésta representa un instrumento importante para alcanzar el objetivo de la lucha contra el hambre y la pobreza absoluta. Desde este punto de vista, no hay que hacerse ilusiones pensando que una política de pura redistribución de la riqueza existente resuelva el problema de manera definitiva. En efecto, el valor de la riqueza en una economía moderna depende de manera determinante de la capacidad de crear rédito presente y futuro. Por eso, la creación de valor resulta un vínculo ineludible, que se debe tener en cuenta si se quiere luchar de modo eficaz y duradero contra la pobreza material.</p>
<p>12. Finalmente, situar a los pobres en el primer puesto comporta que se les dé un espacio adecuado para una<em> correcta lógica económica</em> por parte de los agentes del mercado internacional, una<em> correcta lógica política</em> por parte de los responsables institucionales y una<em> correcta lógica participativa </em>capaz de valorizar la sociedad civil local e internacional. Los organismos internacionales mismos reconocen hoy la valía y la ventaja de las iniciativas económicas de la sociedad civil o de las administraciones locales para promover la emancipación y la inclusión en la sociedad de las capas de población que a menudo se encuentran por debajo del umbral de la pobreza extrema y a las que, al mismo tiempo, difícilmente pueden llegar las ayudas oficiales. La historia del desarrollo económico del siglo XX enseña cómo buenas políticas de desarrollo se han confiado a la responsabilidad de los hombres y a la creación de sinergias positivas entre mercados, sociedad civil y Estados. En particular, la sociedad civil asume un papel crucial en el proceso de desarrollo, ya que el desarrollo es esencialmente un fenómeno cultural y la cultura nace y se desarrolla en el ámbito de la sociedad civil[13].</p>
<p>13. Como ya afirmó mi venerado Predecesor Juan Pablo II, la globalización «se presenta con una marcada nota de ambivalencia»[14] y, por tanto, ha de ser regida con prudente sabiduría. De esta sabiduría, forma parte el tener en cuenta en primer lugar las exigencias de los pobres de la tierra, superando el escándalo de la desproporción existente entre los problemas de la pobreza y las medidas que los hombres adoptan para afrontarlos. La desproporción es de orden cultural y político, así como espiritual y moral. En efecto, se limita a menudo a las causas superficiales e instrumentales de la pobreza, sin referirse a las que están en el corazón humano, como la avidez y la estrechez de miras. Los problemas del desarrollo, de las ayudas y de la cooperación internacional se afrontan a veces como meras cuestiones técnicas, que se agotan en establecer estructuras, poner a punto acuerdos sobre precios y cuotas, en asignar subvenciones anónimas, sin que las personas se involucren verdaderamente. En cambio, la lucha contra la pobreza necesita hombres y mujeres que vivan en profundidad la fraternidad y sean capaces de acompañar a las personas, familias y comunidades en el camino de un auténtico desarrollo humano.</p>
<p><strong><em>Conclusión</em></strong></p>
<p>14. En la Encíclica <em>Centesimus annus</em>, Juan Pablo II advirtió sobre la necesidad de «abandonar una mentalidad que considera a los pobres –personas y pueblos– como un fardo o como molestos e importunos, ávidos de consumir lo que los otros han producido». «Los pobres –escribe– exigen el derecho de participar y gozar de los bienes materiales y de hacer fructificar su capacidad de trabajo, creando así un mundo más justo y más próspero para todos»[15]. En el mundo global actual, aparece con mayor claridad que solamente se construye la paz si se asegura la posibilidad de un crecimiento razonable. En efecto, las tergiversaciones de los sistemas injustos antes o después pasan factura a todos. Por tanto, únicamente la necedad puede inducir a construir una casa dorada, pero rodeada del desierto o la degradación. Por sí sola, la globalización es incapaz de construir la paz, más aún, genera en muchos casos divisiones y conflictos. La globalización pone de manifiesto más bien una necesidad: la de estar orientada hacia un objetivo de profunda solidaridad, que tienda al bien de todos y cada uno. En este sentido, hay que verla como una ocasión propicia para realizar algo importante en la lucha contra la pobreza y para poner a disposición de la justicia y la paz recursos hasta ahora impensables.</p>
<p>15. La Doctrina Social de la Iglesia se ha interesado siempre por los pobres. En tiempos de la Encíclica<em> Rerum novarum</em>, éstos eran sobre todo los obreros de la nueva sociedad industrial; en el magisterio social de Pío XI, Pío XII, Juan XXIII, Pablo VI y Juan Pablo II se han detectado nuevas pobrezas a medida que el horizonte de la cuestión social se ampliaba, hasta adquirir dimensiones mundiales[16]. Esta ampliación de la cuestión social hacia la globalidad hay que considerarla no sólo en el sentido de una extensión cuantitativa, sino también como una profundización cualitativa en el hombre y en las necesidades de la familia humana. Por eso la Iglesia, a la vez que sigue con atención los actuales fenómenos de la globalización y su incidencia en las pobrezas humanas, señala nuevos aspectos de la cuestión social, no sólo en extensión, sino también en profundidad, en cuanto conciernen a la identidad del hombre y su relación con Dios. Son principios de la doctrina social que tienden a clarificar las relaciones entre pobreza y globalización, y a orientar la acción hacia la construcción de la paz. Entre estos principios conviene recordar aquí, de modo particular, el «amor preferencial por los pobres»[17], a la luz del primado de la caridad, atestiguado por toda la tradición cristiana, comenzando por la de la Iglesia primitiva (cf. <em>Hch</em> 4,32-36; <em>1 Co</em> 16,1; <em>2 Co</em> 8-9;<em> Ga</em> 2,10).</p>
<p>«Que se ciña cada cual a la parte que le corresponde», escribía León XIII en 1891, añadiendo: «Por lo que respecta a la Iglesia, nunca ni bajo ningún aspecto regateará su esfuerzo»[18]. Esta convicción acompaña también hoy el quehacer de la Iglesia para con los pobres, en los cuales contempla a Cristo[19], sintiendo cómo resuena en su corazón el mandato del Príncipe de la paz a los Apóstoles: «<em>Vos date illis manducare</em> – dadles vosotros de comer» (<em>Lc</em> 9,13). Así pues, fiel a esta exhortación de su Señor, la comunidad cristiana no dejará de asegurar a toda la familia humana su apoyo a las iniciativas de una solidaridad creativa, no sólo para distribuir lo superfluo, sino cambiando «sobre todo los estilos de vida, los modelos de producción y de consumo, las estructuras consolidadas de poder que rigen hoy la sociedad»[20]. Por consiguiente, dirijo al comienzo de un año nuevo una calurosa invitación a cada discípulo de Cristo, así como a toda persona de buena voluntad, para que ensanche su corazón hacia las necesidades de los pobres, haciendo cuanto le sea concretamente posible para salir a su encuentro. En efecto, sigue siendo incontestablemente verdadero el axioma según el cual «combatir la pobreza es construir la paz».</p>
<p><em>Vaticano, 8 de diciembre de 2008</em></p>
<p><strong>BENEDICTUS PP. XVI</strong></p>
<p>[1] <em>Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz de 1993, </em>1.</p>
<p>[2] Pablo VI, Carta enc.<em> Populorum progressio</em>, 19.</p>
<p>[3] Juan Pablo II, Carta enc.<em> Centesimus annus</em>, 38.</p>
<p>[5] Cf. Pablo VI, Carta enc. <em>Populorum progressio</em>, 37; Juan Pablo II, Carta enc. <em>Centesimus annus</em>, 58.</p>
<p>[9] Juan Pablo II,<em> Discurso a las asociaciones cristianas de trabajadores italianos</em> (27 abril 2002), n. 4:<em> L&#8217;Osservatore Romano, ed. en lengua española</em> (10 mayo 2002), p. 10.</p>
<p>[10] Juan Pablo II,<em> Discurso a la Asamblea plenaria de la Academia Pontificia de Ciencias sociales </em>(27 abril 2001), n. 4: <em>L&#8217;Osservatore Romano, ed. en lengua española</em> (11 mayo 2001), p. 4.</p>
<p>[11] Concilio Vaticano II, Const. dogm. <em>Lumen gentium,</em> 1.</p>
<p>[12] Cf. Consejo Pontificio para la Justicia y la Paz, <em>Compendio de la Doctrina social de la Iglesia</em>, 368.</p>
<p>[13] Cf. <em>ibíd., </em>356.</p>
<p>[14] <em>Discurso a empresarios y sindicatos de trabajadores </em>(2 mayo 2000), n. 3:<em> L&#8217;Osservatore Romano, ed. en lengua española </em>(5 mayo 2000), p. 7.</p>
<p>[15] Juan Pablo II, Carta enc. <em>Sollicitudo rei socialis</em>, 42; Cf. Id. Carta enc.<em> Centesimus annus</em>, 58.</p>
<p>[20] <em>Ibíd.</em><a><br />
</a></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://opusdeit.org/2010/09/combatir-la-pobreza-construir-la-paz-3/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Misión de todos en la Iglesia</title>
		<link>http://opusdeit.org/2010/09/2-mision-de-todos-en-la-iglesia/</link>
		<comments>http://opusdeit.org/2010/09/2-mision-de-todos-en-la-iglesia/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 01 Sep 2010 11:36:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>opusdeit</dc:creator>
				<category><![CDATA[compromiso]]></category>
		<category><![CDATA[Encíclica Redemptor hominis]]></category>
		<category><![CDATA[evangelización]]></category>
		<category><![CDATA[Juan Pablo II]]></category>
		<category><![CDATA[Mons. Alvaro del Portillo]]></category>
		<category><![CDATA[sacerdotes]]></category>
		<category><![CDATA[universidad de Navarra]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://opusdeit.org/?p=6831</guid>
		<description><![CDATA[Conferencia de Mons. Alvaro del Portillo, Gran Canciller de la Universidad de Navarra, en la clausura del XI Simposio Internacional organizado por la Facultad de Teología (1990). Ante este mundo nuestro, está claro que —insisto— la evangelización será nueva no por el contenido esencial de la doctrina que se anuncie, ni por el modelo de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h2 style="text-align: center">Conferencia de Mons. Alvaro del Portillo, Gran Canciller de la Universidad de Navarra, en la clausura del XI Simposio Internacional organizado por la Facultad de Teología (1990).</h2>
<p>Ante este mundo nuestro, está claro que —insisto— la evangelización será nueva no por el contenido esencial de la doctrina que se anuncie, ni por el modelo de vida que se proponga a nuestros contemporáneos. La novedad habrá de residir en las nuevas energías espirituales y apostólicas puestas en juego por todos los fieles, pues todos somos partícipes y responsables de la misión de la Iglesia 14 . Particular importancia tendrá el testimonio coherente de los fieles laicos, a quienes —en palabras de Juan Pablo II— «corresponde testificar cómo la fe cristiana (…) constituye la única respuesta plenamente válida a los problemas y expectativas que la vida plantea a cada hombre y a cada sociedad. Esto será posible —continúa el Papa— si los fieles laicos saben superar en ellos mismos la fractura entre el Evangelio y la vida, recomponiendo en su vida familiar cotidiana, en el trabajo y en la sociedad, esa unidad de vida que en el Evangelio encuentra inspiración y fuerza para realizarse en plenitud» 15 .</p>
<p>Con gran fuerza y singular eficacia, anunció insistentemente esta doctrina Mons. Escrivá de Balaguer, siempre con acentos más atractivos y con renovado vigor, desde la tercera década de este siglo: «Todos, por el Bautismo —son palabras suyas, del año 1960—, hemos sido constituidos sacerdotes de nuestra propia existencia, para ofrecer víctimas espirituales, que sean agradables a Dios por Jesucristo (I Pet. II,5), para realizar cada una de nuestras acciones en espíritu de obediencia a la voluntad de Dios, perpetuando así la misión del Dios-Hombre» 16 . El amplio progreso doctrinal, por el que la vocación bautismal ha sido comprendida y presentada con el relieve eclesiológico que le corresponde, es sin duda uno de los pilares en los que la Iglesia se apoya para afrontar su futuro evangelizador.</p>
<p>La necesaria insistencia en que los fieles laicos asuman sus responsabilidades, para hacer posible una presencia más viva de la luz cristiana en la sociedad, debe ir a la par con la insistencia en la esencial necesidad de un ejercicio abundante, generoso, humilde y audaz al mismo tiempo, del ministerio público de los sacerdotes: «en la medida en que las familias cristianas y los laicos cristianos asumen en un más amplio nivel (…) sus múltiples compromisos apostólicos, mayor necesidad tienen de sacerdotes que sean plenamente sacerdotes, precisamente para la vitalidad de su vida cristiana. Y, en otro sentido, cuanto más descristianizado está el mundo o carece de madurez en la fe, mayor necesidad tiene de sacerdotes que estén totalmente consagrados a dar testimonio de la plenitud del misterio de Cristo» 17 .</p>
<p>La Iglesia, que queremos ver reflorecer y dar frutos nuevos, «la Iglesia del nuevo Adviento —como leemos en la Encíclica Redemptor hominis—, la Iglesia que se prepara continuamente a la nueva venida del Señor, debe ser la Iglesia de la Eucaristía y de la Penitencia. Sólo bajo este aspecto espiritual de su vitalidad y de su actividad, es ésta la Iglesia de la misión divina, la Iglesia in statu missionis, tal como nos la ha mostrado el Concilio Vaticano II» 18 . Y la Iglesia de la Eucaristía y de la Penitencia necesariamente es la Iglesia del ejercicio infatigable del sacerdocio ministerial, es la Iglesia del sacerdote santo, del sacerdote que ama en la raíz de su alma, de todo su ser, por tanto, la llamada que ha recibido del Maestro, para conducirse a toda hora como alter Christus, como ipse Christus 19 .</p>
<p>No es ahora necesario detenernos más sobre la necesidad del ministerio sacerdotal para la nueva evangelización, ni sobre la mutua ordenación entre el sacerdocio ministerial y el sacerdocio común de todos los fieles: a éstas y a otras cuestiones conexas habéis dedicado ya vuestra atención en estos días. Para todos es, en efecto, bien claro que, sin una abundante dispensación de esos grandes misterios de Dios 20 , que son la Eucaristía y la Penitencia, y con ellos del alimento de la palabra divina, languidecería la vida sobrenatural de los fieles. La nueva evangelización depende, de manera esencial, de que haya ministros que dispensen generosamente —con hambre de santidad propia y ajena— la palabra de Dios y los sacramentos, hombres formados por la Iglesia, que sienten siempre con la Iglesia, para ser, al ciento por ciento, sacerdotes a la medida de la donación de Cristo, siempre bien unidos a su respectivo Ordinario, con veneración a toda la Jerarquía de la Iglesia, y de modo peculiar al Romano Pontífice.<a><br />
</a></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://opusdeit.org/2010/09/2-mision-de-todos-en-la-iglesia/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Buscando a Dios en el trabajo ordinario</title>
		<link>http://opusdeit.org/2010/07/buscando-a-dios-en-el-trabajo-ordinario-3/</link>
		<comments>http://opusdeit.org/2010/07/buscando-a-dios-en-el-trabajo-ordinario-3/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 14 Jul 2010 10:13:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>opusdeit</dc:creator>
				<category><![CDATA[compromiso]]></category>
		<category><![CDATA[fundador]]></category>
		<category><![CDATA[gran libertad]]></category>
		<category><![CDATA[Madrid]]></category>
		<category><![CDATA[obediencia]]></category>
		<category><![CDATA[opus dei]]></category>
		<category><![CDATA[Padre Santo]]></category>
		<category><![CDATA[testimonio]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://opusdeit.org/?p=5777</guid>
		<description><![CDATA[Testimonio de Cardenal Albino Luciani, Patriarca de Venecia Capitulo de “Así le vieron”, libro que recoge testimonios sobre el Fundador del Opus Dei En 1941, al español Víctor García Hoz le dijo el sacerdote des­pués de confesarse: «Dios le llama por los caminos de la contem­plación». Se quedó desconcertado. Siempre había oído que la «con­templación» [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h2 style="text-align: center">Testimonio de Cardenal Albino Luciani, Patriarca de Venecia</h2>
<h2 style="text-align: center">Capitulo de “Así le vieron”, libro que recoge testimonios sobre el  Fundador del Opus Dei</h2>
<p>En 1941, al español Víctor García Hoz le dijo el sacerdote des­pués de  confesarse: «Dios le llama por los caminos de la contem­plación». Se  quedó desconcertado. Siempre había oído que la «con­templación» era  asunto de los santos destinados a la vida mística, y que solamente la  lograban unos pocos elegidos, gente que, por lo demás, se apartaba del  mundo. «En cambio, yo escribe García Hoz–, en aquellos años ya estaba  casado, tenía dos o tres hijos y la esperanza –confirmada después– de  tener más, y trabajaba para sacar adelante a mi familia.»</p>
<p>¿Quién era aquel confesor revolucionario, que se saltaba a cuer­po  limpio las barreras tradicionales, proponiendo metas místicas incluso a  los casados? Era Josemaría Escrivá de Balaguer, sacerdote español,  fallecido en Roma en 1975,a los setenta y tres años. Es conocido, sobre  todo, por ser el fundador del Opus Dei, asociación extendida por todo el  mundo, de la que los periódicos se ocupan con frecuencia, pero con  muchas imprecisiones. Lo que en realidad son y hacen los socios del Opus  Dei lo ha dicho su mismo fundador:</p>
<p>«Somos -declaraba en 1967– un pequeño tanto por ciento de sacerdotes, que antes han  ejercido una profesión o un oficio laical; un gran número de sacerdotes seculares de  muchas diócesis del mundo; una gran muchedumbre formada por hombres y  por mujeres &#8211; de diversas naciones, de diversas lenguas, de diversas  razas &#8211; que viven de su trabajo profesional, casados la mayor parte,  solteros muchos otros, que participan con sus conciudadanos en la grave  tarea de hacer más humana y más justa la sociedad temporal; en la noble  lid de los afanes diarios, con personal responsabilidad, expe­rimentando  con los demás hombres, codo con codo, éxitos y fracasos, tratando de  cumplir sus deberes y de ejercitar sus derechos sociales y cívicos. Y  todo con naturalidad, como cualquier cristiano consciente, sin  mentalidad de selectos, fundidos en la masa de sus colegas, mientras  procuran detectar los brillos divinos que rever­beran en las realidades  más vulgares».</p>
<p>Con palabras más sencillas, las «realidades vulgares» son el tra­bajo  que nos corresponde hacer todos los días; los «brillos divinos que  reverberan» son la vida santa que hemos de llevar. Escrivá de Balaguer,  con el Evangelio, ha dicho constantemente: Cristo no quiere de nosotros  solamente un poco de bondad, sino mucha bon­dad. Pero quiere que lo  consigamos no a través de acciones extraor­dinarias, sino con acciones  comunes; lo que no debe ser común es el modo de realizar esas acciones.  En mitad de la calle, en la oficina, en la fábrica, nos hacemos santos,  pero con la condición de cumplir el propio deber con competencia, por  amor de Dios y alegremente, de modo que el trabajo diario no sea la  «tragedia diaria», sino la «sonrisa diaria».</p>
<p>Cosas semejantes había enseñado San Francisco de Sales, hacía más de  trescientos años. Desde el púlpito, un predicador había con­denado al  fuego públicamente el libro en el que el santo explicaba que, con  ciertas condiciones, el baile podía ser lícito, y que incluso contenía  un capítulo entero dedicado a la «honestidad del lecho conyugal». Sin  embargo, en algunos aspectos, Escrivá supera a Francisco de Sales.  También éste proponía la santidad para todos, pero parece que enseña  solamente una «espiritualidad de los lai­cos», mientras que Escrivá  ofrece una «espiritualidad laical». Es decir, Francisco sugiere casi  siempre a los laicos los mismos medios utilizados por los religiosos,  con las oportunas adaptaciones. Escri­vá es más radical: habla incluso  de «materializar» &#8211; en el buen sentido &#8211; la santificación. Para él, lo  que debe transformarse en oración y santidad es el trabajo material  mismo.</p>
<p>El legendario barón de Múnchausen contaba la fábula de una liebre  «monstruosa», dos grupos de patas: cuatro debajo de la tripa y cuatro  sobre el lomo. Perseguida por los perros y sintiéndose casi alcanzada,  se daba la vuelta y seguía corriendo con las patas de refresco. Para el  fundador del Opus Dei, es un «monstruo» la vida de los cristianos que  pretendiesen tener dos grupos de acciones:</p>
<p>Uno hecho de oraciones, para Dios; otro hecho de trabajo, diver­siones y  vida familiar, para sí mismos. No –dice Escrivá–, la vida es única y  hay que santificarla en su conjunto. Por eso se habla de espiritualidad  «materializada».</p>
<p>Y habla también de un justo y necesario «anticlericalismo», en el  sentido de que los laicos no deben robar métodos y funciones a los curas  y a los frailes, ni viceversa. Creo que heredó este «an­ticlericalismo»  de sus progenitores, y especialmente de su padre, un caballero sin  tacha, trabajador infatigable, cristiano convencido, enamoradísimo de su  mujer y siempre sonriente. «Lo recuerdo siempre sereno escribió su  hijo; a él le debo la vocación&#8230;: por eso soy &#8220;paternalista&#8221;.» Otra  pincelada «anticlerical» le viene pro bablemente de las investigaciones  hechas para su tesis doctoral en derecho canónico, en el monasterio de  las monjas cistercienses de Las Huelgas, cerca de Burgos. Allí, la  abadesa había sido al mismo tiempo señora, superiora, prelado,  gobernadora temporal del monasterio, del hospital, de los conventos, de  las iglesias y de las villas dependientes, con jurisdicción y poderes  reales y «quasi» epis­copales. Otro «monstruo», a causa de los múltiples  oficios contra­puestos y superpuestos. Amasados así, estos trabajos no  reunían condiciones para ser como pretendía Escrivá–, trabajos de Dios.  Porque el trabajo decía–, ¿cómo puede ser «de Dios» si está mal hecho  con prisas y sin competencia? ¿Cómo puede ser santo un albañil, un  arquitecto, un médico, un profesor, si no es también, en la medida de  sus posibilidades un buen albañil, un buen arqui­tecto, un buen médico o  un buen profesor?. En la misma línea, había escrito Gilson en 1949:  «Nos dicen que ha sido la fe la que ha cons­truido las catedrales en la  Edad Media; de acuerdo&#8230; pero también la geometría». Fe y geometría, fe  y trabajo realizado con compe­tencia. Para Escrivá van del brazo; son  las dos alas de la santidad.</p>
<p>Francisco de Sales confió su teoría a los libros. Escrivá hizo lo mismo,  utilizando retales de tiempo. Si se le ocurría una idea o una frase  significativa, quizá mientras continuaba la conversación sacaba del  bolsillo la agenda y escribía rápidamente una palabra. Media línea, que  más tarde usaba para un libro. A propagar su gran empresa de  espiritualidad dedicó una actividad intensísima, aparte de sus  divulgadísimos libros, y organizó la asociación del Opus Dei. «Dad un  clavo a un aragonés dice el refrán–y lo clavará con su cabeza.» Pues  bien, «yo soy aragonés -escribió- y necesitamos ser tozudos». No perdía  ni un minuto. Al principio, en España, durante y después de la guerra  civil, pasaba de las clases a los uni­versitarios, a hacer la comida, a  fregar suelos, a hacer las camas y a atender a los enfermos. «Tengo en  mi conciencia –y lo digo con orgullo miles de horas dedicadas a confesar  niños en los barrios pobres de Madrid. Venían con los mocos hasta la  boca. Era necesario empezar por limpiarles la nariz, para limpiar  después aquellas pobres almas.» Así ha escrito, demostrando que vivía de  verdad «la sonrisa diaria». Y también: «Me iba a dormir muerto de  cansancio. Cuando me levantaba por las mañanas, todavía can­sado, me  decía: Josemaria, antes de comer te echarás un sueñecito&#8221;. En cambio,  apenas salía a la calle, contemplando el panorama de los trabajos que me  esperaban en aquella jornada, añadía: &#8216;Josemaría, te has vuelto a  engañar”” ­</p>
<p>Sin embargo, su gran trabajo fue fundar y desarrollar el Opus Dei. El  nombre llegó por casualidad. «Esto es una obra de Dios», le dijo uno.  «He aquí el nombre exacto, pensó: la obra no es mía, sino de Dios. Opus  Dei.» Vio crecer ante sus ojos esta obra hasta extenderse a todos los  continentes: comenzó entonces el trabajo de sus viajes  intercontinentales para las nuevas fundaciones y para dar conferencias.  La extensión, el número y la calidad de los socios del Opus Dei ha hecho  pensar en no se sabe qué intenciones de poder y de férrea obediencia de  gregarios. La verdad es lo contrario, sólo existe el deseo de hacer  santos, pero con alegría, con espíritu de servicio y de gran libertad.</p>
<p>«Somos ecuménicos, Padre Santo, pero no hemos aprendido el ecumenismo de  Vuestra Santidad», se atrevió a decir un día Escri­vá al Papa Juan  XXIII. Este sonrió: sabía que, desde 1950, el Opus Dei tenía permiso de  Pío XII para recibir como cooperadores a los no católicos y a los no  cristianos.</p>
<p>Escrivá fumaba cuando era estudiante. Cuando entró en el semi­nario,  regaló las pipas y el tabaco al portero y no volvió a fumar. Pero el día  en que fueron ordenados los tres primeros sacerdotes del Opus Dei,  dijo: «Yo no fumo, vosotros tres tampoco: Don Alva­ro, es necesario que  empieces a fumar tú&#8230;; deseo que los demás no se sientan obligados, y  que fumen, si les gusta». Ocurre a veces que un socio, a quien el Opus  Dei solamente ayuda a tomar res­ponsablemente decisiones libres, también  en política, ostenta un cargo importante. Eso es asunto suyo, no del  Opus Dei. Cuando en 1957, una alta personalidad felicitó a Escrivá  porque un socio había sido nombrado ministro en España recibió esta  respuesta, más bien seca: «¿Qué me importa que sea ministro o  barrendero? Lo que importa es que se santifique con su trabajo». En esta  respuesta está todo el pensamiento de Escrivá y el espíritu del Opus  Dei: que uno se santifique con su trabajo, aunque sea de ministro, si  tiene ese puesto: que sea santo de verdad. Lo demás importa poco.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://opusdeit.org/2010/07/buscando-a-dios-en-el-trabajo-ordinario-3/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>¡Todos llamados a la santidad!</title>
		<link>http://opusdeit.org/2010/07/%c2%a1todos-llamados-a-la-santidad/</link>
		<comments>http://opusdeit.org/2010/07/%c2%a1todos-llamados-a-la-santidad/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 14 Jul 2010 09:53:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>opusdeit</dc:creator>
				<category><![CDATA[compromiso]]></category>
		<category><![CDATA[identificación con Cristo]]></category>
		<category><![CDATA[intensa oración]]></category>
		<category><![CDATA[labor apostólica]]></category>
		<category><![CDATA[mortificación]]></category>
		<category><![CDATA[opus dei]]></category>
		<category><![CDATA[santificar el trabajo]]></category>
		<category><![CDATA[Virgen del Carmen]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://opusdeit.org/?p=5768</guid>
		<description><![CDATA[Breve biografía sobre el Fundador del Opus Dei escrita por José Miguel Cejas En Brasil una persona le preguntó si alguna vez le habían llamado loco. ¿Te parece poca locura —le contestó don Josemaría— decir que en medio de la calle se puede y se debe ser santo? ¿Que puede y debe ser santo el [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h2 style="text-align: center">Breve biografía sobre el Fundador del Opus Dei escrita por José  Miguel Cejas</h2>
<p>En Brasil una persona le preguntó si alguna vez le habían llamado  loco. <strong>¿Te parece poca locura </strong>—le contestó don Josemaría—<strong> decir  que en medio de la calle se puede y se debe ser santo? ¿Que puede y  debe ser santo el que vende helados en un carrito y la empleada que pasa  el día en la cocina, y el director de una empresa bancaria, y el  profesor de universidad y el que trabaja en el campo, y el que carga  sobre las espaldas las maletas&#8230;? ¡Todos llamados a la santidad! Ahora  esto lo ha recogido el último Concilio, pero en aquella época —1928—, no  le cabía en la cabeza a nadie. De modo que&#8230; era lógico que pensaran  que estaba loco.</strong></p>
<p>Muchas personas, incluso no creyentes, encuentran en las enseñanzas de  Josemaría Escrivá un estímulo y un aliento para mejorar en su vida  cotidiana. Con razón se le ha llamado, —además de “el santo del  trabajo”—, “el santo de la vida cotidiana”. Su mensaje ha revitalizado  la vida cristiana en muy diversos ambientes, y acuden a su intercesión  todo tipo de personas, con los más diversos carismas. En la actualidad,  por ejemplo, hay jóvenes religiosos que han elegido <em>Josemaría</em> como su nombre en religión</p>
<p>Josemaría Escrivá hizo en el mundo —y sigue haciendo— una gran siembra  de santidad y paz. Se ofrecen a continuación los perfiles de varios  hombres y mujeres, que lucharon por identificarse con Cristo siguiendo  su carisma y sus enseñanzas. Algunas de estas personas se encuentran en  camino de canonización.</p>
<p><strong>Alvaro del Portillo</strong>, <strong>obispo. Prelado del Opus Dei (Madrid,  11.III.1914 — Roma, 23.III.1994). </strong>Fue el más estrecho y fiel  colaborador de Josemaría Escrivá. Pertenecía al Opus Dei desde 1935, fue  ordenado sacerdote el  25.VI.1944. El 15.IX.1975, el Congreso General electivo del Opus Dei lo  escogió para llevar el gobierno de esta porción de la Iglesia, tras el  fallecimiento de su Fundador. El 28.XI.1982 Juan Pablo II erigió el Opus  Dei en Prelatura personal y le nombró Prelado del Opus Dei. El 6.I.1991  fue ordenado obispo. Falleció santamente en Roma en 1994, a la vuelta  de una peregrinación a Jerusalén. El Santo Padre acudió a rezar ante sus  restos mortales en la Sede Central del Opus Dei.</p>
<p><strong>Isidoro Zorzano, ingeniero de RENFE (Buenos Aires, 13.IX.1902 —  Madrid, 15.VII.1943)<em>.</em></strong> Es uno de los primeros fieles del Opus  Dei. Nacido en Argentina, en el seno de una familia de emigrantes,  Isidoro Zorzano conoció a Josemaría Escrivá hacia 1915, cuando —tras el  regreso a España— estudiaba el Bachillerato en Logroño. Durante la  persecución religiosa en España dio pruebas de caridad y valentía  heroica. Tuvo un gran afán por mejorar la situación laboral de los  trabajadores de la empresa de Ferrocarriles en la que trabajaba.  Sobrellevó cristianamente una enfermedad larga y dolorosa, y falleció  santamente en la víspera de la fiesta de la Virgen del Carmen de 1943.  Uno de los que le acompañaban escribió estas notas, que sintetizan su  vida: “Pasó inadvertido. Cumplió con su deber. Amó mucho. Estuvo en los  detalles. Y se sacrificó siempre”. Su Causa de Canonización se abrió en  Madrid el 11 de octubre de 1948.</p>
<p><strong>Luis Gordon Picardo, empresario cervecero (Cádiz, 20.VIII.1898 —  Madrid, 5.XI.1932).</strong> Nació en Jerez de la Frontera, en el seno de una  familia profundamente cristiana de dieciséis hijos, de los que muchos  eligieron el camino del sacerdocio o de la vida religiosa. Estudió  Ingeniería cervecera en la Facultad de Ciencias de la Universidad de  Nancy. Dirigió una empresa familiar —una pequeña fábrica de cerveza— en  Ciempozuelos. Fue uno de los primeros del Opus Dei, al que se incorporó  en 1932. Falleció santamente en Madrid el 5 de noviembre de aquel año,  atendido por el Fundador, tras una vida de abnegación y sacrificio. Se  preocupó hondamente por los obreros de su fábrica y los enfermos de los  hospitales.</p>
<p><strong>María Ignacia García Escobar. (Hornachuelos, Córdoba, 1896 — Madrid,  13.IX.1933). Fue una de las primeras mujeres del Opus Dei. Falleció con  fama de santidad tras una larga y dolorosa enfermedad, en el Hospital  del Rey de Madrid, atendida por el Fundador. Desarrolló un profundo  apostolado, lleno de alegría y sentido de reparación y desagravio, con  las personas que la rodeaban. </strong></p>
<p><strong>José María Somoano Berdasco, sacerdote diocesano  (Arriondas, Asturias, 5.II.1902 — Madrid, 16.VI.1932).</strong> Fue el hijo  mayor de una familia asturiana, muy cristiana, con doce hijos. Se ordenó  sacerdote en Madrid en  1927. Fue capellán de la Enfermería del Hospital del Rey y estuvo junto a  Josemaría Escrivá en los comienzos del Opus Dei, vinculándose  estrechamente con los afanes del fundador. Dedicó sus mejores esfuerzos  apostólicos a los niños abandonados de Madrid y a los enfermos de  tuberculosis del Hospital del Rey. Falleció santamente, posiblemente  envenenado por los enemigos de la Fe, en la fiesta de la Virgen del  Carmen, a la que tenía gran devoción.</p>
<p><strong>Montse Grases</strong>, <strong>estudiante de Escuela Profesional (Barcelona,  10.VII.1941 — 26.III.1959).</strong> Esta joven barcelonesa, nacida en el  seno de una familia numerosa y profundamente cristiana, era alegre y  emprendedora, muy deportista y con gran afán de almas. Estudió en la  Escuela Profesional para la Mujer de la Diputación de Barcelona, y se  incorporó al Opus Dei en plena juventud, el 24.XII.1957. Pocos meses  después se le diagnosticó un cáncer de huesos, enfermedad que llevó con  gran sentido sobrenatural, fortaleza, y abandono en Dios. Falleció en  olor de santidad el 26 de Marzo de 1959, Jueves Santo. Está abierta su  Causa de Canonización.</p>
<p><strong>Eduardo Ortiz de Landázuri, médico (Segovia, 31.X.1910 — Pamplona,  20.V.1985).</strong>Nació en Segovia, en el seno de una familia cristiana, y  estudió Medicina en Madrid. Tras el fusilamiento de su padre, el  8.IX.1936,durante la guerra, sufrió una crisis espiritual que le llevó  del alejamiento práctico de la Iglesia a una vida intensamente  cristiana. Casado, padre de siete hijos. El 1.VI.1952 pidió la admisión  en el Opus Dei. Se incorporó en 1958 a la naciente Facultad de Medicina  de la Universidad de Navarra, en cuya Facultad —y Clínica Universitaria—  trabajó hasta su jubilación, desviviéndose por sus enfermos.Falleció  santamente en la Clínica Universitaria de la Universidad de Navarra, en  Pamplona, el 20.V.1985. Su Causa de Canonización se abrió en Pamplona el  11.XII.1998.</p>
<p><strong>Ernesto Cofiño, pediatra (Ciudad de Guatemala, 5.VI.1899 —  17.X.1991).</strong> El “doctor Cofiño” —como le llamaban miles de indígenas  guatemaltecos— nació en el seno de una familia numerosa de Guatemala.  Casado, padre de cinco hijos. Pidió la admisión en el Opus Dei el  6.XII.1956. Es el pionero de la Pediatría en Guatemala y en  Centroamérica, donde ejerció la docencia universitaria y promovió  numerosas obras sociales en beneficio de la infancia. Se ocupó muy  especialmente de las necesidades del mundo indígena. Impulsó la creación  de escuelas para campesinos, para obreros, para universitarios, junto  con numerosas iniciativas a favor de las personas más pobres de  Centroamérica, siguiendo las enseñanzas sociales de la Iglesia. Falleció  con fama de santidad el 17 de octubre de 1991 a causa de un cáncer,  enfermedad que sobrellevó cristianamente. Su Causa de Canonización se  abrió en la Ciudad de Guatemala en el año 2001.</p>
<p>Alexia González-Barros, estudiante de Bachillerato (Madrid 7.III.1971 —  Pamplona, 5.XII.1985) Esta adolescente madrileña nació en el seno de una  familia numerosa. Estudió los primeros cursos de Bachillerato en el  Colegio Jesús Maestro, dirigido por las religiosas de la Compañía de  Santa Teresa de Jesús. Por deseo de sus padres, que tenían gran devoción  al Fundador del Opus Dei, hizo la primera Comunión el 8 de mayo de  1979, en la Cripta del Oratorio de Santa María de la Paz, donde estaba  enterrado Josemaría Escrivá. “¿Te das cuenta, Alexia —le preguntó  Monseñor Álvaro del Portillo—, de que vas a ser la primera niña que haga  la Primera Comunión a los pies de nuestro Padre?” Alexia contestó  ilusionada: “Sí”.</p>
<p>Al día siguiente, asistió vestida de Primera Comunión a la Audiencia  General en la Plaza de San Pedro, y entregó una carta a Juan Pablo II.  El Pontífice le hizo entonces el signo de la cruz sobre la frente. “La  cruz sobre Alexia”, intuyó su madre. Esa intuición se hizo pronto  realidad: en enero de 1985 comenzó a sentir fuertes dolores de cabeza y  el 4.II.1985 se declaró su grave enfermedad. Comenzó a sufrir diversas  intervenciones quirúrgicas, que llevó con gran fortaleza, afán de almas y  sentido sobrenatural. Murió con la ilusión de poder entregarse en el  Opus Dei, a cuyo fundador tenía gran devoción. Falleció santamente el  5.XII.1985. Pronto se expandió su fama de santidad en numerosos países.  El 11.V.2000 el Postulador de su Causa, Flavio Capucci, entregó en Roma  la <em>Positio</em>sobre la heroicidad de su vida y virtudes.</p>
<p><strong>Toni Zweifel, directivo de una ONG de Ayuda al Desarrollo (Verona,  Italia, 15.II.1938 — Zürich, Suiza, 24.XI.1989).</strong> Este suizo, nacido  en Verona, estudió ingeniería industrial en Zürich. Trabajó como  colaborador científico en un Instituto de Termodinámica. En 1962 pidió  la admisión en el Opus Dei, y diez años después creó una Fundación para  la Ayuda al Desarrollo, que llevó a cabo cientos de proyectos de  promoción humana y solidaridad en más de treinta países de cuatro  continentes. Miles de personas se beneficiaron de su amor de Dios y  solicitud por todos, especialmente por los más necesitados. Vivió con  heroísmo las virtudes cristianas en la normalidad de una vida corriente.  Falleció con fama de santidad en Zürich el 24 de noviembre de 1989,  donde se abrió su Causa de Canonización.</p>
<p><strong>Guadalupe Ortiz de Landázuri, química (Madrid, 12.XII.1916 —  16.VII.1975)</strong>. Nació en Madrid el día de la fiesta de la Virgen de  Guadalupe. Estudió Ciencias Químicas en la Universidad Central y pidió  la admisión en el Opus Dei en 1944. El 5 de marzo de 1950 se trasladó a  México, donde comenzó la labor apostólica con mujeres del Opus Dei de  diversos ambientes sociales. Permaneció en México hasta 1956. En los  años siguientes, obtuvo el doctorado y se dedicó a la docencia, mientras  realizaba un intenso apostolado. Tras una vida de intensa oración,  mortificación y búsqueda de la identificación con Cristo mediante la  santificación de su trabajo, falleció santamente el día de la Virgen del  Carmen de 1975. Su Causa de Canonización se abrió en 2001 en Madrid<a><br />
</a></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://opusdeit.org/2010/07/%c2%a1todos-llamados-a-la-santidad/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Yo los pasearía un poco&#8230;</title>
		<link>http://opusdeit.org/2010/07/yo-los-pasearia-un-poco/</link>
		<comments>http://opusdeit.org/2010/07/yo-los-pasearia-un-poco/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 14 Jul 2010 08:51:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>opusdeit</dc:creator>
				<category><![CDATA[compromiso]]></category>
		<category><![CDATA[bienes de la tierra]]></category>
		<category><![CDATA[catequesis]]></category>
		<category><![CDATA[compromiso cristiano]]></category>
		<category><![CDATA[corazón humano]]></category>
		<category><![CDATA[doctrina]]></category>
		<category><![CDATA[Es Cristo que pasa]]></category>
		<category><![CDATA[mandamiento nuevo]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://opusdeit.org/?p=5758</guid>
		<description><![CDATA[Breve biografía sobre el Fundador del Opus Dei escrita por José Miguel Cejas Conocía los fuertes desequilibrios económicos y sociales de algunos países que recorría en su siembra de doctrina, y ante determinados panoramas de pobreza y marginación, recordaba a los que le escuchaban las exigencias del compromiso cristiano con toda su radicalidad, previniéndoles ante [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h2 style="text-align: center">Breve biografía sobre el Fundador del Opus Dei escrita por José  Miguel Cejas</h2>
<p>Conocía los fuertes desequilibrios económicos y sociales de algunos  países que recorría en su siembra de doctrina, y ante determinados  panoramas de pobreza y marginación, recordaba a los que le escuchaban  las exigencias del compromiso cristiano con toda su radicalidad,  previniéndoles ante una falsa espiritualidad, individualista e  indiferente a la suerte de los demás.</p>
<p><strong>Se comprende muy bien</strong> —escribió en su libro de homilías <em>Es  Cristo que pasa</em>— <strong>la impaciencia, la angustia, los deseos  inquietos de quienes con un alma naturalmente cristiana, no se resignan  ante la injusticia personal y social que puede crear el corazón humano.  Tantos siglos de convivencia entre los hombres y, todavía, tanto odio,  tanta destrucción, tanto fanatismo acumulado en ojos que no quieren ver y  en corazones que no quieren amar.</strong></p>
<p><strong>Los bienes de la tierra, repartidos entre unos pocos; los bienes de  la cultura, encerrados en cenáculos. Y, fuera, hambre de pan y de  sabiduría, vidas humanas que son santas porque vienen de Dios, tratadas  como simples cosas, como número de una estadística. Comprendo y comparto  esa impaciencia, que me impulsa a mirar a Cristo, que continúa  invitándonos a que pongamos en práctica ese <em>mandamiento nuevo</em> del  amor.</strong></p>
<p><strong>En Brasil </strong>—comentó, durante un encuentro de catequesis—<strong> hay  mucho que hacer, porque hay gente necesitada de lo más elemental. No  sólo de instrucción religiosa —hay tantos sin bautizar—, sino también de  elementos de cultura corriente. Los hemos de promover de tal manera que  no haya nadie sin trabajo, que no haya un anciano que se preocupe  porque está mal asistido, que no haya un enfermo que se encuentre  abandonado, que no haya nadie con hambre de sed y de justicia, y que no  sepa el valor del sufrimiento.</strong></p>
<p>A los que podían ayudar especialmente a los menos favorecidas desde el  punto de vista económico, les insistía: <strong>Hay que intensificar las  labores con obreros y campesinos. Hemos de ayudarles, con calor humano y  afecto sobrenatural, a que adquieran la cultura necesaria para que  puedan sacar de su trabajo más fruto material, y lleguen a mantener la  familia con mayor desahogo y dignidad. Para eso no hay que hundir a los  que están arriba; pero no es justo que haya familias que estén siempre  abajo</strong>.</p>
<p>—<strong>Yo los pasearía un poco&#8230;</strong> —le dijo a un venezolano, que le  pidió un consejo para educar a sus hijos— <strong>por esos barrios que hay  alrededor de la gran ciudad de Caracas (&#8230;) para que vieran las  chabolas, unas encima de otras. (&#8230;) Que sepan que el dinero lo tienen  que aprovechar bien; que han de saberlo administrar, de modo que todos  participen de alguna manera de los bienes de la tierra. Porque es muy  fácil decir: yo soy muy bueno, si no se ha pasado ninguna necesidad.</strong></p>
<p><strong>Un amigo, hombre de mucho dinero, me decía una vez: yo no sé si soy  bueno, porque nunca he tenido a mi mujer enferma, encontrándome sin  trabajo y sin un céntimo; no he tenido a mis hijos debilitados por el  hambre, estando sin trabajo y sin un céntimo; no me he encontrado en  medio de la calle, tendido y sin un cobijo&#8230; No sé si soy un hombre  honrado: ¿qué habría hecho yo, si me hubiera sucedido todo eso?</strong></p>
<p><strong>Mirad, hemos de procurar que no le pase a nadie; hay que habilitar a  la gente para que, con su trabajo, pueda asegurarse un bienestar mínimo,  estar tranquilos en la vejez y en la enfermedad, cuidar de la educación  de los hijos, y tantas otras cosas necesarias. Nada de los demás puede  resultarnos indiferente y, desde nuestro sitio, hemos de procurar que se  fomente la caridad y la justicia. </strong><a><br />
</a></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://opusdeit.org/2010/07/yo-los-pasearia-un-poco/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Dios es un padre amoroso</title>
		<link>http://opusdeit.org/2010/07/dios-es-un-padre-amoroso/</link>
		<comments>http://opusdeit.org/2010/07/dios-es-un-padre-amoroso/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 14 Jul 2010 08:42:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>opusdeit</dc:creator>
				<category><![CDATA[compromiso]]></category>
		<category><![CDATA[biografía]]></category>
		<category><![CDATA[empleados]]></category>
		<category><![CDATA[Fundador del Opus Dei]]></category>
		<category><![CDATA[Padre amoroso]]></category>
		<category><![CDATA[predicación]]></category>
		<category><![CDATA[sacerdotes]]></category>
		<category><![CDATA[SANTIDAD]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://opusdeit.org/?p=5747</guid>
		<description><![CDATA[Breve biografía sobre el Fundador del Opus Dei escrita por José Miguel Cejas Los temas de su predicación se adecuaban a las circunstancias de los oyentes: padres y madres de familia, sacerdotes, profesores de diversas universidades sudamericanas, empleados, jóvenes estudiantes, empleadas del hogar, agricultores indígenas de las cordilleras andinas&#8230; Les recordaba, con don de lenguas, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h2 style="text-align: center">Breve biografía sobre el Fundador del Opus Dei escrita por José  Miguel Cejas</h2>
<p>Los temas de su predicación se adecuaban a las circunstancias de los  oyentes: padres y madres de familia, sacerdotes, profesores de  diversas universidades sudamericanas, empleados, jóvenes estudiantes,  empleadas del hogar, agricultores indígenas de las cordilleras  andinas&#8230;</p>
<p>Les recordaba, con don de lenguas, la llamada universal a la santidad,  con un profundo sentido de la filiación divina que lleva a saberse hijo  de Dios, y a luchar por identificarse con Cristo. <strong>Es preciso  convencerse de que Dios está junto a nosotros de continuo. —Vivimos como  si el Señor estuviera allá lejos, donde brillan las estrellas, y no  consideramos que también está siempre a nuestro lado.</strong></p>
<p><strong>Y está como un Padre amoroso —a cada uno de nosotros nos quiere más  que todas las madres del mundo pueden querer a sus hijos—, ayudándonos,  inspirándonos, bendiciendo&#8230; y perdonando. (&#8230;) Preciso es que nos  empapemos, que nos saturemos de que Padre y muy Padre nuestro es el  Señor que está junto a nosotros y en los cielos.</strong><a></a></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://opusdeit.org/2010/07/dios-es-un-padre-amoroso/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Olvidar y perdonar</title>
		<link>http://opusdeit.org/2010/07/olvidar-y-perdonar/</link>
		<comments>http://opusdeit.org/2010/07/olvidar-y-perdonar/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 14 Jul 2010 08:17:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>opusdeit</dc:creator>
				<category><![CDATA[compromiso]]></category>
		<category><![CDATA[biografía]]></category>
		<category><![CDATA[carácter jurídico]]></category>
		<category><![CDATA[colaborador]]></category>
		<category><![CDATA[cruz de Cristo]]></category>
		<category><![CDATA[esperanza en Dios]]></category>
		<category><![CDATA[Madrid]]></category>
		<category><![CDATA[sonrisa]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://opusdeit.org/?p=5730</guid>
		<description><![CDATA[Breve biografía sobre el Fundador del Opus Dei escrita por José Miguel Cejas La guerra había dejado en el país un clima de recelos y sospechas; y tras la persecución religiosa, don Josemaría tuvo que sufrir una nueva persecución, esta vez contra su predicación y su figura: habladurías, murmuraciones, calumnias. Uno de aquellos ataques pudo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h2 style="text-align: center">Breve biografía sobre el Fundador del Opus Dei escrita por José  Miguel Cejas</h2>
<p>La guerra había dejado en el país un clima de recelos y sospechas; y  tras la persecución religiosa, don Josemaría tuvo que sufrir una nueva  persecución, esta vez contra su predicación y su figura: habladurías,  murmuraciones, calumnias. Uno de aquellos ataques pudo costarle la vida:  llegaron a denunciarle, en la espiral absurda de acusaciones sin  fundamento, ante el terrible <em>Tribunal para la represión del marxismo y  la masonería. </em></p>
<p>Ante esos hechos, su enseñanza constante fue siempre <strong>olvidar y  perdonar</strong>. Aconsejaba:</p>
<p><strong>—No juzgues a los demás;</strong></p>
<p><strong>—no ofendas ni siquiera con la duda;</strong></p>
<p><strong>—ahoga el mal en abundancia de bien;</strong></p>
<p><strong>—siembra lealtad, justicia y paz;</strong></p>
<p><strong>—pasa por alto las interpretaciones torcidas;</strong></p>
<p><strong>—habla cuando pienses en conciencia que debes hablar;</strong></p>
<p><strong>—perdona, siempre, pronto, y todo con la sonrisa en los labios;</strong></p>
<p><strong>—y deja todo en manos de nuestro Padre Dios.</strong></p>
<p>Tenía los brazos abiertos para todos, aunque le hubiesen ofendido  seriamente, y sembraba la paz y el perdón, en medio de aquel clima  exaltado de odios y rencores. A uno, que le hablaba de venganzas y penas  de muerte contra unas personas enemigas de la fe, le explicó que él,  por el contrario, deseaba todo el bien a esas personas; y oraba para que  se convirtiesen y se acercasen al Señor. A otro, que quería levantar  una cruz donde habían asesinado a un pariente suyo, le aconsejó que no  lo hiciera, porque —le dijo con claridad— le movía el odio hacia los  asesinos, y el odio es incompatible con la Cruz de Cristo. Escribió en  su libro <em>Via Crucis</em>: <strong>Hay que unir, hay que comprender, hay que  disculpar. No levantes jamás una cruz sólo para recordar que unos han  matado a otros. Sería el estandarte del diablo. La Cruz de Cristo es  callar, perdonar y rezar por unos y por otros, para que todos alcancen  la paz.</strong></p>
<p>El 15 de julio de 1943, víspera de la Virgen del Carmen, falleció en  Madrid, con fama de santidad, Isidoro Zorzano, uno de los primeros  fieles del Opus Dei. En octubre de 1944, mientras predicaba unos  Ejercicios Espirituales a los agustinos de El Escorial, diagnosticaron a  don Josemaría una grave enfermedad: diabetes <em>mellitus. </em>Siguió  predicando, a pesar de su grave estado físico. Y acogió estas nuevas  penalidades redoblando su esperanza en Dios.</p>
<p>Mientras tanto, se fueron dando los primeros pasos de carácter jurídico y  pastoral, y el 25 de junio de 1944 tuvo lugar la ordenación sacerdotal  de tres fieles del Opus Dei: José María Hernández Garnica, José Luis  Múzquiz, y Álvaro del Portillo, su más fiel e inmediato colaborador.<a></a></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://opusdeit.org/2010/07/olvidar-y-perdonar/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>La oración</title>
		<link>http://opusdeit.org/2010/07/la-oracion/</link>
		<comments>http://opusdeit.org/2010/07/la-oracion/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 14 Jul 2010 08:07:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>opusdeit</dc:creator>
				<category><![CDATA[compromiso]]></category>
		<category><![CDATA[Cielo]]></category>
		<category><![CDATA[El sillar de la oración]]></category>
		<category><![CDATA[la Misa]]></category>
		<category><![CDATA[niños]]></category>
		<category><![CDATA[opus dei]]></category>
		<category><![CDATA[plegarias]]></category>
		<category><![CDATA[vista espiritual]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://opusdeit.org/?p=5716</guid>
		<description><![CDATA[Breve biografía sobre el Fundador del Opus Dei escrita por José Miguel Cejas El sillar de la oración: las plegarias confiadas de los niños a los que don Josemaría confesaba y daba catequesis. La oración de los sacerdotes a los que rogaba que pidiesen “por una intención”. La oración de los pobres y necesitados. Comentó [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h2 style="text-align: center">Breve biografía sobre el Fundador del Opus Dei escrita por José  Miguel Cejas</h2>
<p>El sillar de la oración: las plegarias confiadas de los niños a los  que don Josemaría confesaba y daba catequesis. La oración de los sacerdotes a los que rogaba  que pidiesen “por una intención”. La oración de los pobres y  necesitados. Comentó años después que cuando se dirigía a una iglesia,  habitualmente se <strong>encontraba una mendiga que estaba siempre en el  mismo sitio, en la calle, pidiendo limosna; me acerqué a ella y le dije:</strong></p>
<p><strong>—Hija mía, yo no puedo darte oro ni plata; yo, pobre sacerdote de Dios, te doy  lo que tengo: la bendición de Dios Padre Omnipotente. Y te pido que  encomiendes mucho una intención mía, que será para mucha gloria de Dios y  bien de las almas. ¡Dale al Señor todo lo que puedas!</strong></p>
<p><strong>Al poco tiempo, uno de los días que pasé a celebrar la Santa Misa, no  estaba, tampoco al otro&#8230; Como en esa época íbamos a visitar los  hospitales, en uno de ellos me encontré con esta mendiga en una de las  salas.</strong></p>
<p><strong>—Hija mía, ¿qué haces tú aquí, qué te pasa?</strong></p>
<p><strong>Me miró y me sonrió. Estaba gravemente enferma. Le indiqué: mañana  celebraré la Misa pidiéndole al Señor que te ponga buena. La mendiga me  contestó:</strong></p>
<p><strong>—Padre, ¿cómo se entiende? Usted me dijo que encomendase una cosa que  era para mucha gloria de Dios y que le diera todo lo que pudiera al  Señor: le he ofrecido lo que tengo, mi vida.</strong></p>
<p><strong>Sólo le dije: “Haz lo que quieras, pero le pediré al Señor por ti, y  si te vas, cumple muy bien este encargo”.</strong></p>
<p><strong>&#8220;Yo os digo </strong>—comentaba el Fundador—<strong> que, desde que aquella  pobre mendiga se fue al Cielo, es cuando la Obra comenzó a caminar  deprisa”.</strong></p>
<p>A partir de entonces consideró a aquella pobre mujer, desde un punto de  vista espiritual, como la <em>primera </em>mujer del Opus Dei.<a></a></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://opusdeit.org/2010/07/la-oracion/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Luces de Dios</title>
		<link>http://opusdeit.org/2010/07/luces-de-dios/</link>
		<comments>http://opusdeit.org/2010/07/luces-de-dios/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 14 Jul 2010 08:04:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>opusdeit</dc:creator>
				<category><![CDATA[compromiso]]></category>
		<category><![CDATA[Abba Pater]]></category>
		<category><![CDATA[caminos]]></category>
		<category><![CDATA[cooperación]]></category>
		<category><![CDATA[el querer de Dios]]></category>
		<category><![CDATA[Fundador del Opus Dei]]></category>
		<category><![CDATA[la Eucaristía]]></category>
		<category><![CDATA[la Santa Cruz]]></category>
		<category><![CDATA[Sociedad Sacerdotal]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://opusdeit.org/?p=5712</guid>
		<description><![CDATA[Breve biografía sobre el Fundador del Opus Dei escrita por José Miguel Cejas Tras aquella iluminación sobre toda la Obra del 2 de octubre de 1928, Dios le fue dando nuevas luces y mociones interiores: eran certezas inefables y sobrenaturales, que fueron perfilando en su alma la fisonomía espiritual de aquel querer divino. El 14 [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h2 style="text-align: center">Breve biografía sobre el Fundador del Opus Dei escrita por José  Miguel Cejas</h2>
<p>Tras aquella <strong>iluminación <em>sobre toda la Obra</em></strong> del 2 de  octubre de 1928, Dios le fue dando nuevas luces y mociones interiores:  eran certezas inefables y sobrenaturales, que fueron perfilando en su  alma la fisonomía espiritual de aquel querer divino. El 14 de febrero de  1930, mientras celebraba la Eucaristía en una casa particular de  Madrid, comprendióque debía poner en marcha la labor del Opus Dei con  las mujeres.</p>
<p>Meses después, el 7 de agosto de 1931<strong>, </strong>durante la Consagración,  en la iglesia del Patronato de Enfermos, entendió que<strong> serán los  hombres y las mujeres de Dios quienes levantarán la Cruz con las  doctrinas de Cristo sobre el pináculo de toda actividad humana.</strong></p>
<p>Y un mes más tarde, el 16 de octubre de 1931, durante un viaje en  tranvía por las calles de Madrid supo que Dios quería que el sentido de  la filiación divina debía ser fundamento del espíritu del Opus Dei. <strong>Sentí  la acción del Señor</strong>, <strong>que hacía germinar en mi corazón y en mis  labios, con la fuerza de algo imperiosamente necesario, esta tierna  invocación: Abba! Pater!</strong></p>
<p>Junto con estas y otras mociones, fue viendo, a medida que crecía la  labor apostólica, que necesitaba sacerdotes con su mismo  carisma para llevar a cabo este fenómeno ascético y apostólico. No era  sencillo encontrar una solución: el marco jurídico y canónico de la  Iglesia de aquel tiempo no contemplaba todavía esta nueva realidad  eclesial y pastoral, constituida por laicos y sacerdotes que trabajan en  mutua cooperación, con unidad de espíritu y de régimen.</p>
<p>Estudió el asunto, se asesoró, solicitó consejo y rezó intensamente,  pidiendo luces a Dios. Y cuando todos los caminos parecían cerrados, el  14 de febrero de 1943, de nuevo mientras celebraba la Eucaristía,  comprendió la solución: la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz.</p>
<p>Fue un nuevo don. Otra manifestación del querer de Dios, que tiene sus  propios tiempos. <strong>Después de buscar y no encontrar la solución  jurídica </strong>—escribía—<strong> el Señor quiso dármela, precisa y clara</strong>.<a><br />
</a></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://opusdeit.org/2010/07/luces-de-dios/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
	</channel>
</rss>
